Este capítulo va dedicado Carlos González y FELIZ CUMPLEAÑOS y de nuevo por pasarme el libro el problema es que ahora tengo un trauma que no puedo superar lo que paso

Anubis172001: gracias por el apoyo voy a hacer lo posible por actualizar más seguido pero no prometo nada y espero te siga gustando
x29: me motiva mucho el saber que mi historia les ha gustado aunque haya varios fics de Leyendo y creo yo voy muy avanzada a comparación de otros que ya están publicados y no pienso abandonar esta historia
Kira Potter Jackson: gracias por el animo

AHORA A LEER

Yo —dijo Orión haciendo una pequeña ola para atraer el libro hacia el— Capítulo 13 Me aboco a mi muerte no pues si con estos títulos a papá le dará algo —dijo viendo a Poseidón palidecer—

Pasamos dos días viajando en el tren Amtrak, a través de colinas, ríos y mares de trigo ámbar. No nos atacaron ni una vez, pero tampoco me relajé.

Eso es bueno —dijo Aquiles—

Me daba la sensación de que viajábamos en un escaparate, que nos observaban desde arriba y puede que también desde abajo

Con el tiempo te acostumbras —dijo Hazel—

Que había algo acechando, a la espera de la oportunidad adecuada.

Buenos instintos —dijo Laura—

Intenté pasar inadvertido porque mi nombre y mi foto aparecían en varios periódicos de la costa Este.

Eso es tener mala suerte —dijo Frank—

El Trenton Register—News mostraba la fotografía que me hizo un turista al bajar del autobús Greyhound. Tenía la mirada ida.

Varios se estremecieron

La espada era un borrón metálico en mis manos. Habría podido ser un bate de béisbol

A mí me gusta más el bate de Nico —dijo Thalía—

O un palo de lacrosse.

-En el pie de foto se leía: «Percy Jackson, de doce años de edad, buscado para ser interrogado acerca de la desaparición de su madre hace dos semanas.

Más te vale que tu no lo culpes por eso —dijo Jim golpeando a Gabe sangrándole nuevamente la nariz—

Aquí se le ve huyendo del autobús en que abordó a varias ancianas. El autobús explotó

Poseidón le mando una fea mirada a Zeus

En una carretera al este de Nueva Jersey poco después de que Jackson abandonara el lugar. Según las declaraciones de los testigos, la policía

Todos los hijos de Hermes gruñeron

Cree que el chico podría estar viajando con dos cómplices adolescentes.

No éramos sus cómplices —dijo Annabeth—

Su padrastro, Gabe Ugliano, ha ofrecido una recompensa en metálico por cualquier información que conduzca a su captura.»

—Jim le mando una fea mirada a Gabe— recompensa voy a pedir yo por ver quién quiere tu cabeza —dijo golpeándolo dejándolo aturdido—

No te preocupes —me dijo Annabeth—. Los policías son mortales, no podrán encontrarnos.

De eso me encargo yo —dijo Hermes orgulloso—

Pero no parecía muy segura de sus palabras.

Pasé el resto del día paseando por el tren (lo pasaba fatal sentado quieto)

A todos nos pasa —dijeron los mestizos—

O mirando por las ventanillas.

Una vez vi una familia de centauros galopar por un campo de trigo, con los arcos tensados, mientras cazaban el almuerzo. El hijo centauro, que sería del tamaño de un niño de segundo curso montado en poni

Como nacen los centauros —pregunto el joven Nico—

De forma normal gracias a las centaurides —dijo Quirón—

Me vio y saludó con la mano.

Miré alrededor en el vagón, pero nadie más los había visto. Todos los adultos estaban absortos en sus ordenadores portátiles o revistas.

A este paso la niebla ya no será necesaria —dijo Hestia—

En otra ocasión, por la tarde, vi algo enorme moviéndose por un bosque. Habría jurado que era un león, sólo que no hay leones sueltos en América, y aquel bicho era del tamaño de un todoterreno militar.

El león de Nemea —dijo Artemisa a lo que Heracles se empezó a pavonear y señalo su lado de la pantalla—

Su melena refulgía dorada a la luz de la tarde. Después saltó entre los árboles y desapareció.

El dinero de la recompensa por devolver al caniche nos había dado sólo para comprar billetes hasta Denver. No nos alcanzaba para literas, así que dormitábamos en nuestros asientos. El cuello se me quedó hecho un cuatro. Intenté no babear,

Cuando haces eso babeas más —dijo Laura— pero puedes echarle la culpa a Jim de eso a lo que Jim solo mostro su sonrisa digna de un comercial de pasta de dientes—

Ya que Annabeth se sentaba a mi lado.

Grover no paraba de roncar, balar y despertarme.

Lo siento —se disculpó el joven sátiro—

Una vez se revolvió en el asiento y se le cayó un pie de pega. Annabeth y yo tuvimos que ponérselo de nuevo antes de que los otros pasajeros se dieran cuenta.

El campamento estallo en risas haciendo sonrojar a Grover

Vale —me dijo Annabeth en cuanto terminamos de ponerle la zapatilla a Grover—, ¿quién quiere tu ayuda?

¿Perdona?

Hace un momento, cuando estabas durmiendo, murmurabas «No voy a ayudarte». ¿Con quién soñabas?

No te dije que hablabas dormido —dijo Annabeth—

Si me lo dijiste y luego Paul me lo confirmo y se aprovechó de eso —dijo Percy viendo a Paul que sonreía—

Jim iba a reclamarle pero la risa de Sally lo detuvo

¿Porque se aprovechó? —Pregunto Laura—

Paul tiene una grabación de Percy revelando unos secretos y la usa para que estudie —dijo Sally—

Que secretos —pregunto Annabeth—

Nada —dijo Percy—

No quería contárselo. Era la segunda vez que soñaba con la voz maligna del foso, pero me preocupaba tanto que al final se lo dije.

Annabeth reflexionó un rato.

No parece que se trate de Hades —dijo por fin—. Siempre aparece encima de un trono negro, y nunca ríe.

Si me rio —dijo Hades—

Pero tu risa da algo de cosa —dijo Apolo palmeándole la espalda— tu risa suena como si no quisieras a nadie cerca

No quiero a nadie cerca y menos alguien que empieza con Deme y termina con Ter —dijo Hades a lo que la diosa se indignó— y si no dejas de tocarme juro por el rio estigio que te amputare las manos —un trueno retumbo y Apolo alejo sus manos de Hades—

Por favor tío no deberías ser tan amargado —dijo Apolo y nadie supo cuando el bate de Nico fue a dar a la cabeza de Apolo y estaba inconsciente en el piso—

Artemisa saco el bate y lo dejo a un lado escurriendo unas gotas de icor dorado y Apolo era atendido por sus hijos

Pudiste haberlo matado —regaño Poseidón—

Es inmortal no puede morir —dijo Hades como si nada—

Media hora después pudieron seguir la lectura con Apolo sentado con un nada cool vendaje en la cabeza

Me ofreció a mi madre a cambio. ¿Quién más podría hacer eso?

Poseidón vio muy serio a Hades

Supongo… pero si lo que quería es que lo ayudaras a salir del inframundo, si lo que busca es desatar una guerra contra los Olímpicos, ¿por qué te pide que le lleves el rayo maestro si ya lo tiene?

—Dijo Hades rolando los ojos fastidiado— yo no tengo ese cacharro

Negué con la cabeza, deseando conocer la respuesta. Pensé en lo que Grover me había contado, que las Furias del autobús parecían buscar algo. « ¿Dónde está? ¿Dónde?»

Athena y sus hijos hicieron sus teorías

Quizá Grover presentía mis emociones. Roncó en sueños, murmuró algo sobre verduras y volvió la cabeza.

No creo que haya sentido nada —dijo Leo—

Annabeth le remetió la gorra para que le tapara los cuernos.

Percy, no puedes hacer un trato con Hades. Ya lo sabes, ¿verdad? Es mentiroso, no tiene corazón y sí mucha avaricia.

Así lo pintan en los mitos pero es completamente diferente —dijo Icaros defendiéndolo—

No me importa que sus Benévolas no se mostraran tan agresivas esta vez…

Las jóvenes Annabeth Thalía el joven Luke Grover y Nico asintieron

¿Esta vez? ¿Quieres decir que ya te habías encontrado con ellas antes?

Se sacó su collar y me mostró una cuenta blanca pintada con la imagen de un pino, uno de sus premios por concluir un nuevo verano.

Digamos que no tengo ningún aprecio por el Señor de los Muertos. No puede tentarte para hacer un trato a cambio de tu madre.

Claro —dijeron ambos Percy—

Siendo hijo de Poseidón no me extraña que hiciera cualquier cosa por su madre —dijo Aquiles—

¿Qué harías tú si fuera tu padre?

Eso es fácil —contestó—. Lo dejaría pudrirse.

Varios se le quedaron viendo a ambas Annabeth mientras Frederick bajo la cabeza

¿A qué viene eso?

Annabeth me miró fijamente con sus ojos grises. Tenía la misma expresión que le había visto en el bosque cuando desenvainó la espada contra el perro del infierno.

A mi padre le molesto desde el día que nací, Percy —dijo—. Nunca le gustaron los niños.

Athena hizo una mueca

Cuando me tuvo, le pidió a Atenea que me recogiera y me criara en el Olimpo, porque él estaba demasiado ocupado con su trabajo.

en defensa de Frederick —dijo Paul— el que te digan de un momento a otro que tienes un hijo y que te tienes que hacer cargo de él no ayuda mucho además que no a todos les gustan los niños o no están en sus planes por el momento

Varias diosas lo vieron serias

A ella no le hizo mucha gracia. Le dijo que los héroes tienen que ser criados por su padre mortal.

Pero ¿cómo…? Es decir, supongo que no naciste en un hospital.

Aparecí en la puerta de mi padre, en una cesta de oro, transportada desde el Olimpo por Céfiro, el Viento del Oeste. Cualquiera recordaría el momento como un milagro, ¿no?

Mi padre aún tiene la cuna —dijo Malcolm sonriendo y varios de sus hermanos lo apoyaron—

Icaros vio a Paul en señal de pregunta

Yo no tengo la cuna pero si tengo la cobija —dijo Paul—

Porque no la tiene —pregunto Annabeth—

Necesitaba dinero así que la vendí —dijo Paul como si nada—

Ambas Annabeth vieron fijamente a Frederick

Yo también la guarde —dijo Frederick— y se la preste a Natalie cuando nació Magnus y después a Caroline cuando nació Aubrey pero se quedó en casa de Randolph cuando nos peleamos lo que si tengo guardada es la cobija

Annabeth le sonrió mientras la joven Annabeth lo veía sorprendida

Y hasta sacaría unas fotos digitales o algo así.

Pues bien, siempre hablaba de mi llegada como si fuera lo más molesto que le hubiera sucedido en la vida. Cuando cumplí cinco años, se casó y se olvidó por completo de Atenea. Se buscó una mujer mortal «normal» y un par de hijos mortales «normales», e intentó fingir que yo no existía.

Frederick recibió varias miradas molestas por parte de las diosas

Miré por la ventanilla del tren. Vi las luces de una ciudad dormida a toda velocidad. Quería que Annabeth se sintiera mejor, pero no sabía cómo lograrlo.

Annabeth se acurruco en Percy y este solo la abrazo

Mi madre se casó con un hombre absolutamente espantoso —le conté—.

Gabe hizo una mueca

Grover dice que lo hizo para protegerme, para ocultarme tras el aroma de una familia humana. A lo mejor tu padre intentaba hacer lo mismo.

Lo dudo —murmuro la joven Annabeth a lo que Icaros solo negó con la cabeza—

Annabeth seguía jugueteando con su collar. No dejaba de pellizcar el anillo de oro de la universidad, que colgaba entre las cuentas. Se me ocurrió que el anillo probablemente era de su padre. Me pregunté por qué lo llevaba si lo odiaba tanto.

Como un recordatorio —murmuro la joven Annabeth—

No le importo —dijo—.

Icaros suspiro

Su mujer, mi madrastra, me trataba como a un monstruo. No me dejaba jugar con sus hijos. A mi padre le parecía bien. Cada vez que pasaba algo peligroso (lo típico, que llegaban los monstruos), los dos me miraban con resentimiento, como diciéndome: «¿Cómo te atreves a poner en peligro a nuestra familia?» Al final lo entendí: no me querían. Así que me escapé.

Frederick bajo la cabeza después de unos segundos la alzo un poco y vio el abrazo mutuo de Icaros y Paul sintiendo envidia

¿Cuántos años tenías? —

Los mismos que cuando entré en el campamento. Siete.

Icaros llego con 5 años al campamento —dijo Selena—

Pero la gran diferencia es que es que ella llego en compañía de 2 mestizos es anual y a mí, mi padre me traía y recogía al inicio y final del verano por lo que yo solo venia en verano —dijo Icaros—

Pero… no podías llegar sola hasta la colina Mestiza.

No, sola no. Atenea me vigilaba, me guio hasta conseguir ayuda.

Athena sonrió mientras Icaros hizo una mueca

Hice un par de amigos inesperados que cuidaron de mí, al menos durante un tiempo.

Ambos Luke y ambas Thalía sonrieron

Quería preguntar qué había ocurrido, pero Annabeth parecía absorta en sus recuerdos. Así que escuché los ronquidos de Grover y miré por la ventanilla del tren, mientras los campos oscuros de Ohio pasaban a toda velocidad.

Hacia el final de nuestro segundo día en el tren, el 13 de junio, ocho días antes del solsticio de verano, cruzamos unas colinas doradas y el río Mississipi hasta San Luis. Annabeth estiró el cuello para ver el famoso arco, el Gateway Arch, que a mí me pareció una enorme asa de bolsa de la compra en medio de la ciudad.

Annabeth golpeo a Percy mientras la joven Annabeth veía feo al joven Percy

Es bueno saber que no soy el único que piensa eso —dijo Icaros—

Siendo hijo de Athena es raro que pienses eso —dijo Malcolm—

Yo nunca quise ser arquitecto como muchos de mis hermanos que al ver algún monumento o edificio ven genialidad pero a mi parecer ese famoso arco se me hace de lo más abstracto y no le encuentro chiste —dijo Icaros encogiéndose de hombros—

Tenías pensado algo —pregunto Charles—

Quería criminalística —dijo con un brillo en los ojos

Quiero hacer eso —suspiró.

¿El qué? —pregunté.

Construir algo como eso. ¿Has visto alguna vez el Partenón, Percy?

El joven Percy negó con la cabeza mientras Percy asintió

Sólo en fotos.

Algún día iré a verlo en persona. Voy a construir el mayor monumento a los dioses que se haya hecho nunca. Algo que dure mil años.

Ambas Annabeth sonrieron orgullosas

Me reí.

¿Tú? ¿Arquitecta?

Annabeth vio muy seria a Percy y este se estremeció

No sé por qué, la idea de una Annabeth quietecita y dibujando todo el día me hizo gracia.

Se ruborizó.

Sí, arquitecta. Atenea espera de sus hijos que creen cosas

Creo es una principal razón para no querer estudiar arquitectura —dijo Icaros—

No sólo que las rompan, como cierto dios de los terremotos que me sé muy bien.

Poseidón no le dio importancia a las miradas que recibió

Observé los remolinos en el agua marrón del Mississipi.

Perdona —dijo Annabeth—. Eso ha sido una maldad.

Ya pensare como perdonarte

¿No podríamos colaborar un poquito? —propuse—. Quiero decir… ¿es que Atenea y Poseidón nunca han cooperado?

Annabeth tuvo que pensarlo.

Supongo que… en el tema del carro —dijo, vacilante—. Lo inventó mi madre, pero Poseidón creó los caballos con las crestas de las olas. Así que tuvieron que trabajar juntos para completarlo.

Entonces también podemos hacerlo nosotros, ¿no?

Ustedes trabajan muy buen juntos —dijo Piper—

Llegamos a la ciudad, Annabeth seguía mirando el arco mientras desaparecía detrás de un edificio.

Supongo —dijo al final.

Entramos en la estación Amtrak del centro de la ciudad. La megafonía nos indicó -que había tres horas de espera antes de partir hacia Denver.

Grover se estiró. Antes de despertarse por completo, dijo: —Comida.

Se escucharon un par de risas

Venga, chico cabra —dijo Annabeth—. Vamos a hacer turismo cultural.

¿Turismo?

El Gateway Arch. Puede que sea mi única oportunidad de subir. ¿Venís o no?

Ese día fue tu culpa —le susurro a Annabeth—

Una de cuantas —respondió Annabeth—

Grover y yo intercambiamos miradas.

Yo quería decir que no, pero supuse que si Annabeth pensaba ir de todos modos, no podíamos dejarla sola tan tranquilamente.

Me se cuidar sola —dijo Annabeth—

No lo dudo —dijo Percy—

Grover se encogió de hombros.

Si hay un bar sin monstruos, vale.

Con la suerte de Percy lo dudo —dijo Nico—

El arco estaba a un kilómetro y medio de la estación. A última hora, las colas para entrar no eran tan largas. Nos abrimos paso por el museo subterráneo, vimos vagones cubiertos y otras antiguallas del mil ochocientos.

Algunas hicieron muecas de aburrimiento

No era muy emocionante, pero Annabeth no dejó de contarnos cosas interesantes de cómo se había construido el arco, y Grover no dejó de pasarme gominolas, así que tampoco me aburrí.

Percy con los dulces es feliz —dijo Sally a lo que ambos Percy se sonrojaron—

No obstante, no dejé de mirar alrededor, a las demás personas de la fila.

¿Hueles algo? —le susurré a Grover.

Sacó la nariz de la bolsa de gominolas lo suficiente para inspirar.

Estamos bajo tierra —dijo con cara de asco—. El aire bajo tierra siempre huele a monstruos.

Probablemente no signifique nada.

Pero yo tenía un mal presentimiento, la impresión de que no deberíamos estar allí.

Percy —dijo Jim— siempre hazle caso a tus instintos

Ambos Percy asintieron

Chicos —les dije—, ¿sabéis los símbolos de poder de los dioses?

Annabeth estaba intentando leer la historia del arco, pero levantó la vista.

¿Sí?

Bueno, Hade… —Grover se aclaró la garganta—. Estamos en un lugar público… ¿Te refieres a nuestro amigo de abajo?

Hades bufo ante la risa de sus hermanos

Esto… sí, claro —contesté—. Nuestro amigo de muy abajo.

¿No tiene un gorro como el de Annabeth?

Mi yelmo es mucho más poderoso —dijo Hades—

¿El yelmo de oscuridad? —dijo ella—. Sí, ése es su símbolo de poder. Lo vi junto a su asiento durante el concilio del solsticio de invierno.

¿Estaba allí? —pregunté.

Asintió.

Es el único momento en que se le permite visitar el Olimpo: el día más oscuro del año. Pero si lo que he oído es cierto

Lo que dicen no es nada con el poder de mi yelmo —dijo Hades muy serio—

Su casco es mucho más poderoso que mi gorra de invisibilidad.

Le permite convertirse en oscuridad —confirmó Grover—. Puede fundirse con las sombras o atravesar paredes. No se le puede tocar, ver u oír. Y es capaz de irradiar un miedo tan intenso que puede volverte loco o paralizarte el corazón. ¿Por qué crees que todas las criaturas racionales temen la oscuridad?

Pero entonces… ¿cómo sabemos que no está aquí justo ahora, vigilándonos? —pregunté.

Tengo cosas mejores que hacer que andar vigilando diosecillos —dijo Hades—

Annabeth y Grover intercambiaron sendas miradas.

No lo sabemos —repuso Grover.

Gracias, eso me hace sentir mucho mejor —respondí—. ¿Te quedan gominolas azules?

Tiene la misma facilidad de poner de nervios a las personas y luego cambiar de tema como si nada del tío Poseidón—dijo Hermes—

Casi había conseguido dominar mis frágiles nervios cuando vi el curioso ascensor que iba a llevarnos hasta la cima del arco y supe que tendría problemas. No soporto los lugares cerrados. Me vuelven loco.

A mí también —dijeron al unitono Orión Teseo y Tritón—

Al mar no le gusta ser contenido —dijo Poseidón

Nos apretujaron en una de las cabinas, junto a una señora gorda y su perro

Con la señora gorda menos espacio va a tener —dijo Leo

Un chihuahua con collar de estrás. Supuse que debía de ser un chihuahua lazarillo

No existen los chihuahuas lazarillos —dijo Annabeth—

Porque ningún guardia le dijo nada a la señora.

Empezamos a subir por el interior del arco. Nunca había estado en un ascensor curvo, y a mi estómago no le entusiasmó la experiencia.

No quiero detalles —dijo Teseo—

No que te encantaban los detalles —dijo Perseo—

Pero no esos —se justificó Teseo—

¿No tenéis padres? —preguntó la gorda.

Tenía ojos negros y brillantes; dientes puntiagudos y manchados de café; llevaba un sombrero tejano de ala flácida, y un vestido que le sacaba tantos michelines que parecía un zepelín vaquero

Varias hijas de Afrodita hicieron ademan de desmayarse

Se han quedado abajo —respondió Annabeth—. Les asustan las alturas.

Oh, pobrecillos.

El chihuahua gruñó y la mujer le dijo:

Venga, hijito, ahora compórtate.

Esa sí que es una vieja loca —dijo Nico—

Hay gente que trata a sus perros como hijos hasta les pusieron el nombre "canijos" hasta les compran ropa y algunas que hasta les festejan su cumpleaños y cosas así —dijo Will—

Reitero vieja loca —dijo Nico—

El perro tenía los mismos ojos brillantes de su dueña, inteligentes y malvados.

¿Se llama Igito? —pregunté.

No —contestó la señora y sonrió, como si eso lo aclarara todo.

Icaros frunció el ceño

Encima del arco, la plataforma de observación me recordó a una lata de refresco enmoquetada. Filas de pequeñas ventanitas daban a la ciudad por un lado y al río por el otro. La vista no estaba mal, pero si hay algo que me guste menos que un espacio reducido, es un espacio reducido a ciento ochenta metros de altura.

Ambas Thalía palidecieron

No tardé en sentirme mal.

Annabeth no dejó de hablar de los soportes estructurales, y de que ella habría hecho más grandes las ventanas y el suelo transparente.

Qué bueno que tu no lo hiciste —murmuro Thalía—

Probablemente habría podido quedarse horas allí arriba

Toda la cabaña de Athena asintió

Pero, por suerte para mí, el guarda anunció que la plataforma de observación cerraría en pocos minutos.

Tuviste suerte —dijo Icaros—

Conduje a Grover y Annabeth hacia la salida, los hice subir a una cabina del ascensor y, cuando estaba a punto de entrar yo también, reparé en que ya había dos turistas dentro. No quedaba espacio para mí.

Tú y tu mala suerte —dijo Teseo—

Siguiente coche, señor —dijo el guarda.

¿Bajamos y esperamos contigo? —dijo Annabeth.

Pero eso iba a ser un lío y tardaríamos aún más tiempo, así que dije:

No, no pasa nada. Nos vemos abajo, chicos.

Debí haber insistido más —murmuro Annabeth—

Grover y Annabeth parecían algo nerviosos, pero dejaron que la puerta se cerrara. Su cabina desapareció por la rampa.

En la plataforma sólo quedábamos yo, un crío con sus padres, el guarda y la gorda del chihuahua.

No me gusta la señora gorda —dijo Poseidón—

Le sonreí incómodo y ella me devolvió la sonrisa y se pasó la lengua bífida por los dientes.

Lengua bífida —dijeron Jim y Laura frustrados—

Un momento.

¿Lengua bífida?

Antes de que pudiese decidir que efectivamente había visto eso, el chihuahua saltó hacia mí y empezó a ladrarme.

Estúpido perro —dijo Teseo—

Bueno, bueno, hijito —dijo la señora—. ¿Te parece éste un buen momento? Tenemos delante a esta gente tan amable.

¡Perrito! —Dijo el niño pequeño—. ¡Mira, un perrito!

Sus padres lo apartaron.

Siempre hay que poner a los niños como prioridad —dijo Jim—

El chihuahua me enseñó los dientes y de su hocico negro empezó a salir espuma.

Bueno, hijo —susurró la gorda—. Si insistes.

Que sacrificada —dijo Nico—

El estómago se me congeló.

Oiga, perdone, ¿acaba de llamar hijo a este chihuahua?

Quimera, querido —me corrigió la gorda—.

Cuando menos se lo espero Zeus tenía el tridente de Poseidón estaba en su cuello

Escúchame perfectamente —dijo Poseidón— algo le llega a pasar y juro por el rio estigio que sufrirás mi ira —el tridente brillo y una pequeña foca apareció y cacheteo a Zeus para risa de muchos— sigue leyendo

—Orión asintió— No es un chihuahua. Es fácil confundirlos.

Cualquiera se podría equivocar —dijo Nico sarcástico—

Se remangó las mangas vaqueras y reveló una piel azulada y escamosa. Cuando sonrió, sus dientes eran colmillos. Las pupilas de sus ojos eran rajitas como de reptil.

Poseidón le mando una mirada muy seria a lo que Zeus se estremeció

El chihuahua ladró más alto, y con cada ladrido crecía. Primero hasta adoptar el tamaño de un doberman, después hasta el de un león. Entonces el ladrido se convirtió en rugido.

El niño pequeño gritó.

Pobre niño no logro pensar algo que asustara al pobre —dijeron Hestia y Sally—

Sus padres lo arrastraron hacia la salida, detrás del guarda,

Bien primero los niños —dijo Hestia—

Que se quedó atónito, mirando al monstruo con la boca abierta.

Que no se supone que el debería protegerlos —dijo Nico—

Se supone pero no tengo idea de que es lo que vio —dijo Will—

Quimera era ahora tan alta que tenía la peluda espalda pegada al techo. La melena de la cabeza de león estaba cubierta de sangre seca, el cuerpo y las pezuñas eran de cabra gigante, y por cola tenía una serpiente, tres metros de cola de cascabel.

Varios mestizos se estremecieron al imaginarse a la quimera mientras los hijos de Ares esperaban poder enfrentarse a un monstruo así

El collar de estrás aún le colgaba del cuello, y la medalla para perros del tamaño de una matrícula era fácilmente legible: «Quimera: tiene la rabia, escupe fuego, es venenoso. Si lo encuentran, por favor, llamen al Tártaro, extensión 954.»

Muchos se estremecieron al escuchar de ese lugar

Reparé en que ni siquiera había destapado el bolígrafo.

Y es en momentos como ese que me pregunto cómo es que sigues vivo —dijo Thalía—

Créeme no eres la única —dijo Nico—

Tenía las manos entumecidas. Estaba a tres metros de las fauces sangrientas de Quimera y sabía que, en cuanto me moviera, la criatura se abalanzaría sobre mí.

Poseidón palideció un poco más siendo consolado por Anfitrite

La señora serpiente dejó escapar un silbido que bien podría haber sido una risa.

Siéntete honrado, Percy Jackson. El señor Zeus rara vez me permite probar un héroe con uno de los de mi estirpe.

Poseídon provoco un terremoto por todo Nueva York mientras le mandaba una muy fea mirada a Zeus el cual se estremeció

¡Pues yo soy la madre de los monstruos, la terrible Equidna!

Me quedé mirándola y sólo atiné a decir:

¿Eso no es una especie de oso hormiguero?

No me extraña que la mayoría de los monstruos te odien —dijo Annabeth—

Y también eso demuestra que Percy aunque es medio alelado es inteligente —dijo Nico— aparte de los hijos de Athena quien sabia eso

Nadie alzo la mano

Aulló y su rostro ofidio se volvió marrón verdoso de la rabia.

¡Detesto que la gente diga eso! ¡Odio Australia! Mira que llamar a ese ridículo animal como yo.

Pobre animal —dijo Hazel—

Por eso, Percy Jackson, ¡mi hijo va a destruirte!

Quimera cargó, sus dientes de león rechinando. Conseguí saltar a un lado y evitar el mordisco.

La mayoría del campamento estaba tenso

Acabé junto a la familia y el guarda, todos gritando e intentando abrir las puertas de emergencia.

Lo que veían debió ser horrible —dijo Frank—

No podía consentir que les hiciera daño.

Dudo que a un monstruo le interesen los mortales —dijo Aquiles—

Destapé la espada

Ya era hora —dijo Ares indignado—

Corrí al otro lado de la plataforma y grité: —¡Ey, chihuahua!

Quimera se volvió con insólita rapidez

Nunca hay que subestimar a un enemigo

Y, antes de que mi espada estuviese dispuesta, abrió su pestilente boca y me lanzó directamente un chorro de fuego. Logré arrojarme a un lado y la moqueta se incendió, desprendiendo un calor tan intenso que casi me deja sin cejas.

Como te verías sin cejas —pregunto Leo—

No tengo idea pero podría pintárselas mientras vuelven a crecerle —dijo Jason—

Muy gracioso Grace pero dime a que sabe una engrapadora —dijo Percy—

Jason le mando una fea mirada a Percy

Por detrás de donde me encontraba un instante antes, en uno de los lados del arco había ahora un boquete. Se veía el metal fundido por los bordes. «Fantástico —pensé—. Acabamos de cargarnos un monumento nacional.»

El primero de muchos —murmuro Percy—

Espero sea el único —dijo Athena mandándole una fea mirada—

Anaklusmos ya estaba preparada y cuando Quimera se dio la vuelta, le lancé un mandoble al cuello.

No ese es un gran error —dijo Jasón— con el collar podría atorarse o perder el equilibrio y tardarías unos segundos en reponerte en los cuales te podría incinerar

Ese fue mi error

Como no tienes idea —dijo Aquiles—

La hoja chisporroteó contra el collar de perro y la inercia del impulso me desequilibró. Intenté recuperarme al tiempo que me defendía de la fiera boca de león, pero descuidé por completo la cola de serpiente

Teseo le echaba aire a Poseidón de lo pálido que se encontraba

Que se sacudió y me hincó los colmillos en la pantorrilla.

Ambos Percy hicieron una mueca de dolor

Sentí la pierna entera arder. Intenté clavarle la espada en la boca, pero la cola se revolvió y me hizo trastabillar. La espada se me escurrió entre las manos y cayó por el boquete a las aguas del Mississipi.

Tritón ayudaba a Teseo pues Poseidón había palidecido aún más

Conseguí ponerme en pie, pero sabía que había perdido.

Heracles sonrió feliz que poco le faltaba para que ese monstruo para que destruyera a ese niño y se le ocurrió algo

Quiero ver si eres tan bueno como para vencerme —dijo Heracles— o eres un cobarde

Todos voltearon a ver a Percy por su respuesta

De acuerdo —dijo suspirando—

Bien si yo gano me entregaras a Anaklusmos —dijo Heracles—

Y si yo gano le bajaras a tu humorcito que solo llevas pocas horas aquí y no te soporto —dijo Percy—

Heracles vio fijamente a Zeus

Terminando este capítulo tienen 10 minutos para preparase y nos vemos en la arena —dijo Zeus—

Pero si pelean aquí posiblemente destruyan el campamento —dijo Athena—

Puede que tengas razón —dijo Zeus— Ares consigue un buen lugar para la batalla y Hefestos consigue que sea trasmitido por TV Hefestos tienen media hora para hacerlo

Estaba desarmado. Sentía el veneno mortal subiéndome hacia el pecho.

Recordé que Quirón había dicho que la espada siempre regresaría a mí, pero no había bolígrafo alguno en mi bolsillo.

Quizá había ido a parar demasiado lejos, o tal vez sólo regresaba en forma de bolígrafo.

Mientras más lejos caiga más tarda —dijo Quirón—

No lo sabía, y tampoco iba a vivir lo suficiente para averiguarlo.

Y el pesimista soy yo —dijo Nico—

Retrocedí hacia el muro y Quimera avanzó, gruñendo y exhalando vaho por su asquerosa boca. La serpiente, Equidna, se carcajeó.

Ya no hacen héroes como los de antes, ¿eh, hijo?

Eso es cierto —dijo Teseo— ya no son tan perfectos como yo

La ventaja que ellos tienen es que la mayoría de los monstruos ya los vencimos por lo tanto si leen un poco sabrán como vencerlos —dijo Aquiles—

El monstruo gruñó. No parecía tener prisa por acabar conmigo, ahora que me había vencido.

Miré al guarda y a la familia. El chavalín se escondía tras las piernas de su padre.

Pobrecito —dijo Hestia—

Tenía que proteger a aquella gente. No podía morir sin más. Intenté pensar, pero me dolía todo el cuerpo y la cabeza me daba vueltas. Me enfrentaba a un monstruo enorme que escupía fuego y a su madre, y tenía miedo.

Lo importante es superar tu miedo —dijo Nico—

No podía huir, así que me acerqué al borde del boquete y miré. Allá abajo, el río brillaba.

SALTA —gritaron Orión Poseidón Teseo y Tritón

Ok creo ya vi de donde saco lo suicida —murmuro Nico—

Si moría

No lo harás —dijo Anfitrite—

¿Se marcharían los monstruos? ¿Dejarían en paz a los humanos?

Varios asintieron

Si eres hijo de Poseidón —silbó Equidna—, no debes tener miedo al agua.

HAZLO YA —gritaron nuevamente los 4—

Salta, Percy Jackson.

Demuéstrame que el agua no te hará daño. Salta y recupera tu espada. Demuestra tu linaje.

Sí, vale, pensé. En alguna parte había leído que saltar al agua desde dos pisos de altura es como saltar sobre asfalto sólido. Desde allí, el impacto me espachurraría.

Si fueras hijo de cualquier dios eso pasaría pero siendo hijo de Poseidón no —dijo Anfitrite—

La boca de Quimera empezó a ponerse incandescente, calentándose antes de soltar otra vaharada de fuego.

No tienes fe —me retó Equidna—. No confías en los dioses. Pero no puedo culparte, pequeño cobarde.

Percy puede ser todo menos un cobarde —dijo Thalía—

A que te refieres con todo —pregunto Percy—

Idiota, fiel, suicida —contesto Thalía—¿le paro o le sigo?

Los dioses son desleales. Será mejor para ti morir ahora. El veneno ya está en tu corazón.

Tenía razón: estaba muriendo. Mi respiración se ralentizaba. Nadie podía salvarme, ni siquiera los dioses.

Ten fe en nosotros —dijo Hermes—

Retrocedí y miré hacia abajo, al agua. Recordé la cálida sonrisa de mi padre cuando yo era un bebé. Tenía que haberme visto.

Siempre visito a todos mis hijos ya sea en la noche o cuando están dormidos para evitar que recuerden y corran más peligro del que de por sí ya están destinados

Seguramente me visitó cuando yo estaba en la cuna.

Aunque tú no tenías cuna antes de irte a ver la primera vez —dijo Poseidón—

Quien le dio la cuna fue mamá —dijo Tritón a lo que Sally le dio las gracias a Anfitrite— no te apañes el crédito

Bueno si pero deje de visitarte cuando cumpliste 12 años para evitar que los monstruos te descubrieran cosa que fue inútil —dijo Poseidón—

Recordé el tridente verde que se había formado encima de mi cabeza la noche de la captura de la bandera, cuando Poseidón me reclamó como su hijo.

Pero aquello no era el mar. Era el Mississipi, en el centro de Estados Unidos de América. No había ningún dios del mar.

No importa ya salta —dijo Poseidón—

¡Muere, descreído! —rugió Equidna, y Quimera me lanzó un chorro de llamas a la cara.

Ya salta antes de que a padre le dé algo —dijo Teseo mientras seguía abanicando—

Padre, ayúdame —recé.

Siempre lo hago —dijo Poseidón—

Me volví y salté al vacío. Mi ropa estaba ardiendo, el veneno recorría mis venas y estaba cayendo al río.

Aquí termina —dijo Orión cerrando el libro—

Prepárense para la pelea —dijo Quirón— nos vemos en 30 minutos aquí

Cabe aclarar que no tengo nada en contra de las personas que cuidan a sus perros como si fueran sus hijos yo lo hacía antes de que naciera mi hija

Nos leemos en un mes

Se despide por ahora ACUARIO NO JUNE4311