Espero les guste y ya estaré actualizando con regularidad cada mes

Kleopever: Gracias por el ánimo para seguir escribiendo

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Aquí termina —dijo Tritón cerrando el libro— quien lee

Yo quiero leer —dijo Piper—

Tritón convoco una pequeña ola llevando el libro las piernas de Piper

Capítulo 15: Un dios nos invita a hamburguesas —leyó Piper haciendo que los dioses se vieran entre si—

La tarde siguiente, el 14 de junio, siete días antes del solsticio

—varios tragaron saliva preocupados—

nuestro tren llegó a Denver. No habíamos comido desde la noche anterior en el coche restaurante, en algún lugar de Kansas.

Pobres —dijeron Hestia y Sally—

Y no nos duchábamos desde la colina Mestiza. Desde luego tenía que notarse, pensé.

En tu caso no tanto olerías un poco más a océano —dijo Anfitrite— pero en el caso de ellos sería diferente sobre todo el sátiro

Intentaremos contactar con Quirón —dijo Annabeth—. Quiero hablarle de tu charla con el espíritu del río.

No podemos usar el teléfono, ¿verdad?

Si quieres que más monstruos aparezcan órale llama —dijo Nico—

No estoy hablando de teléfonos.

Caminamos sin rumbo por el centro durante una media hora, aunque no estaba seguro de lo que Annabeth iba buscando. El aire era seco y caluroso, y nos parecía raro tras la humedad de San Luis.

De hecho todos nosotros nos sentimos raros en un ambiente seco —dijo Tritón—

Y es una de las razones por la que el campamento se construye cerca de las playas —dijo Quirón—

Donde quiera que miráramos, nos rodeaban las montañas Rocosas, como si fueran un tsunami gigantesco a punto de estrellarse contra la ciudad.

Al final encontramos un lavacoches con mangueras vacío.

Con eso servirá —dijeron los hijos de Athena dejando extrañados a los romanos—

Nos metimos en la cabina más alejada de la calle, con los ojos bien abiertos por si aparecían coches de policía.

Bien —dijeron los hijos de Hermes—

Éramos tres adolescentes rondando en un lavacoches sin coche cualquier policía que se ganara sus dónuts se imaginaría que no tramábamos nada bueno.

Hay gente que los usa para bañarse así que con la pinta que traen posiblemente pensarían que se van a bañar y mientras paguen el agua no les dirán nada —dijo Icaros—

¿Qué estamos haciendo exactamente? —pregunté mientras Grover agarraba una manguera.

Son setenta y cinco centavos —murmuró—. A mí sólo me quedan dos cuartos de dólar. ¿Annabeth?

A mí no me mires —contestó—. El coche restaurante me ha desplumado.

Rebusqué el poco cambio que me quedaba y le pasé a Grover un cuarto de dólar, lo que me dejó dos monedas de cinco centavos y un dracma de Medusa.

Fenomenal —dijo Grover—. Podríamos hacerlo con un espray, claro, pero la conexión no es tan buena, y me canso de apretar.

¿De qué estás hablando?

Lo de los mensajes Iris debería estar en la película de orientación —dijo Percy—

Los que —pregunto Reyna—

Lo explicaran en un momento —dijo Percy—

Metió las monedas y puso el selector en la posición «LLUVIA FINA».

Mensajería I.

¿Mensajería instantánea?

Los romanos estaban aún más extrañados

Mensajería Iris —corrigió Annabeth—. La diosa del arco iris, Iris, transporta los mensajes para los dioses. Si sabes cómo pedírselo, y no está muy ocupada, también lo hace para los mestizos.

¿Enserio? —Preguntaron extrañados los romanos—

Y funcionaria con nosotros —pregunto Dakota—

Si pero tienen que decir Arco en lugar de Iris —dijo Jim— y si acepta denarios

¿Invocas a la diosa con una manguera?

Grover apuntó el pitorro al aire y el agua salió en una fina lluvia blanca.

A menos que conozcas una manera más fácil de hacer un arco iris.

Yo conozco una —dijo Teseo alzando una mano y una pequeña corriente de agua llego a llego a su mano convirtiéndose en una esfera y la puso en posición con la luz de una antorcha haciendo un arcoíris—

Pero los que no son hijos de Poseidón —dijo Jason—

Yo conozco una —dijo Icaros metiendo una mano en el bolsillo interno de su chamarra y saco un pequeño prisma y lo coloco en posición con la luz de una antorcha haciendo un arcoíris— así que ya saben siempre carguen uno de estos con ustedes

Y vaya que sí, la luz de la tarde se filtró entre el agua y se descompuso en colores.

Annabeth me tendió una palma.

El dracma, por favor.

Por lo menos lo pidió por favor —dijo Hestia—

Se lo di.

Levantó la moneda por encima de su cabeza.

Los romanos pusieron más atención después que su ex augur les confirmo que funcionaban estaban más interesados en cómo funcionaban

Oh, diosa, acepta nuestra ofrenda.

Lanzó el dracma dentro del arco iris, que desapareció con un destello dorado—. Colina Mestiza — pidió Annabeth.

Por un instante, no ocurrió nada.

Después tuve ante mí la niebla sobre los campos de fresas, y el canal de Long Island Sound en la distancia.

Los mestizos romanos estaban sorprendidos

Porque nunca supimos de esos mensajes —dijo Reyna—

Porque a diferencia de los griegos nosotros solo les dimos importancia a los olímpicos y los más conocidos —explico Jim— es por eso que no sabíamos de ellos

Era como si estuviéramos en el porche de la Casa Grande. De pie, dándonos la espalda, había un tipo de pelo rubio apoyado en la barandilla, vestido con pantalones cortos y camiseta naranja.

Algunos le sonrieron a ambos Luke mientras otros gruñeron

Tenía una espada de bronce en la mano y parecía estar mirando fijamente algo en el prado.

¡Luke! —lo llamé.

Se volvió, sorprendido. Habría jurado que estaba a un metro delante de mí a través de una pantalla de niebla, salvo que sólo podía verle la parte del cuerpo que cubría el arco iris.

Esos mensajes son impresionantes de ver la primera vez —dijo Jim—

¡Percy! —Su rostro marcado se ensanchó en una sonrisa—. ¿Y ésa es Annabeth?

No es una chica que se encontraron en el camino —ironizo la joven Thalía—

¡Alabados sean los dioses! Eh, chicos, ¿estáis bien?

Estamos… bueno… Sí, bien —balbuceó Annabeth. Se alisaba la camiseta sucia y se peinaba para apartarse el pelo de la cara—.

Tomando en cuenta la pinta que traían después de tantos días sin bañarse no creo que así puedan hacer algo —dijo Laura—

Pensábamos que Quirón… bueno…

Está abajo en las cabañas. —La sonrisa de Luke desapareció—. Estamos teniendo algunos problemas con los campistas.

Los dioses con hijos en el campamento se preocuparon

Escuchad, ¿va todo bien? ¿Le ha pasado algo a Grover?

¡Estoy aquí! —gritó Grover. Apartó el pitorro y entró en el campo de visión de Luke—. ¿Qué clase de problemas?

En aquel momento un enorme Lincoln Continental se metió en el lavacoches con la radio emitiendo hip hop a tope.

Escuchar música tan alto puede afectarles el sistema auditivo —dijo Apolo—

Cuando el coche entró en la cabina de al lado, el bajo vibró tanto que hizo temblar el suelo.

Quirón tenía que… ¿Qué es ese ruido? —preguntó Luke.

Un Lincoln Continental con música hip hop con un volumen que podría dejarte sordo —respondió Will—

¡Yo me encargo! —exclamó Annabeth, aparentemente aliviada por tener una excusa para apartarse de en medio—.

Annabeth golpeo el hombro de Percy sonrojada

¡Venga, Grover!

¿Qué? —dijo Grover—. Pero…

¡Dale a Percy la manguera y ven! —le ordenó.

Grover murmuró algo sobre que las chicas eran más difíciles de entender que el oráculo de Delfos,

Como no tienes idea —dijeron la mayoría de los hombres recibiendo la fea mirada de todas las mujeres—

Y tomando en cuenta que el oráculo de Delfos es mujer empeora las cosas —dijo Will—

Ya te veré cuando tengas novia —dijo Rachel—

Dudo que eso pase —respondió Will como si nada—

Después me entregó la manguera y siguió a Annabeth.

Ajusté el pitorro para mantener el arco iris y seguir viendo a Luke.

¡Quirón ha tenido que detener una pelea! —me aulló Luke por encima de la música—. Las cosas están muy tensas aquí, Percy. Se ha corrido la voz de la disputa entre Zeus y Poseidón.

Eso no es bueno —dijo Hestia preocupada—

Aún no sabemos cómo; probablemente el mismo desgraciado que invocó al perro del infierno.

Piensa Icaros piensa quien puede ser el traidor —dijo dándose pequeños golpecitos en la sien mientras veía a cada campista—

Ahora los campistas están empezando a tomar partido. Se están organizando otra vez como en la guerra de Troya. Afrodita, Ares y Apolo apoyan a Poseidón

Poseidón vio a dichos dioses sonriéndoles

Más o menos. Atenea está con Zeus.

Como debe de ser —dijo Athena—

Aunque con Annabeth puede que se pondría en contra de madre —dijo Icaros a lo que Athena se quedó viendo a Icaros y a ambas Annabeth—

Me estremecí al pensar que la cabaña de Clarisse se pusiera del lado de mi padre para nada.

Ares no es confiable cambia de bando como cambia de parejas —dijo Poseidón—

En la cabina contigua oía a Annabeth discutir con un tipo, después el volumen de la música descendió drásticamente.

Me da miedo preguntar que paso —dijo Leo—

Y te dará más miedo saber la respuesta —dijo Annabeth—

¿Y en qué situación estás? —me preguntó Luke—. Quirón sentirá no haber podido hablar contigo.

Se lo conté todo, incluidos mis sueños.

Hay Percy —dijo Nico— sí que eres idiota

Todos los mestizos lo voltearon a ver extrañados si era bueno confiar en Luke

Me sentí tan bien al verlo, al tener la impresión de que regresaba al campamento aunque fuera por unos minutos, que no me di cuenta de cuánto tiempo llevaba hablando, hasta que sonó el pitido de la manguera y advertí que sólo me quedaba un minuto antes de que se cortara el agua.

Pero podrías hacer que saliera más —dijo Orión—

Podría pero como en ese tiempo no sabía controlar mis poderes seguramente destruiría el lugar —respondió Percy—

Ojalá estuviera ahí —dijo Luke—. Me temo que no podemos ayudarte demasiado desde aquí, pero escucha… Tiene que ser Hades el que robó el rayo maestro.

Hades hizo una mueca mientras le lanzaba una muy fea mirada a ambos Luke haciendo -que se estremeciera

Estaba en el Olimpo en el solsticio de invierno. Yo acompañaba una excursión y lo vimos.

Esperen un momento —interrumpió Icaros—

Ahora que quieres niño —dijo Heracles fastidiado—

Dicen que el día del solsticio se perdió el rayo no es así —dijo Icaros—

Lo dijeron casi desde el principio —dijo Hera aburrida—

Y el que el señor Hades haya mandado una furia a un mestizo quiere decir que ese día no solo se robaron el rayo maestro si no también el yelmo de obscuridad —dijo Icaros—

Esa es una acusación muy fuerte —dijo Malcolm— y más si no tienes pruebas

Me sorprende que un hijo tuyo se haya dado cuenta de algo que tú no —dijo Hades viendo seriamente a Athena—

Porque no dijiste nada de su desaparición —dijo Athena—

Porque no albergaba ilusiones de alguno de ustedes me ofreciera la menor justicia ni la menor ayuda —dijo Hades— todos estarían más interesados en el rayo —fijo su mirada en Icaros— superaste la disque inteligencia de tu madre —dijo a lo que Icaros sonrió—

Pero Quirón dijo que los dioses no pueden tocar los objetos mágicos de los demás directamente.

Quirón podrías darme una lista de los que fueron al Olimpo ese día —dijo Icaros—

Por supuesto en cuanto termine este capítulo te la doy —respondió Quirón—

Gracias —dijo Icaros—

Eso es cierto —convino Luke, y parecía agobiado—. Aun así… Hades tiene el yelmo de oscuridad. Si no, ¿cómo es posible entrar en la sala del trono y robar el rayo maestro? Hay que ser invisible.

Me estas culpando a mí —dijo Annabeth furiosa—

Lo cual tendría sentido —dijo Icaros— pero dudo que fuera Annabeth

Ambos nos quedamos callados, hasta que Luke pareció darse cuenta de lo que acababa de decir.

Un momento —protestó—. No estoy diciendo que haya sido Annabeth. La conozco desde siempre. Ella jamás… quiero decir que es como una hermana pequeña para mí.

La joven Annabeth bajo ligeramente la cabeza

Me pregunté si a Annabeth le gustaría esa descripción.

Pues eso no estoy seguro —dijo Icaros— pero de quien si estoy seguro es que si Lacy le dijera eso a Malcolm caería en depresión

Icaros —grito Malcolm más rojo que una manzana al igual que Lacy—

Lo dije o lo pensé —dijo inocentemente— perdón se me salió

En la cabina contigua la música cesó por completo. Un hombre gritó horrorizado, se oyeron cerrarse las portezuelas del coche y el Lincoln salió del lavacoches a toda velocidad.

Y sigue dándome miedo preguntar —dijo Leo—

Será mejor que vayas a ver qué ha sido eso —dijo Luke—. Oye, ¿estás usando las zapatillas voladoras? Me sentiré mejor si sé que te sirven de algo.

Annabeth y Percy se miraron fijamente

¡Oh… sí, claro! —mentí con desfachatez—. Me han venido muy bien.

¿En serio? —Sonrió—. ¿Te van bien?

El agua se terminó. La lluvia fina empezó a evaporarse.

¡Bueno, cuidaos ahí en Denver! —gritó Luke, y su voz fue amortiguándose—. ¡Y dile a Grover que esta vez irá mejor! Que nadie se convertirá en pino si…

Annabeth hizo una mueca mientras Grover bajo la cabeza

Pero la lluvia había desaparecido y la imagen de Luke se desvaneció por completo.

Estaba solo en una cabina mojada y vacía de un lavacoches.

Annabeth y Grover aparecieron por la esquina, riendo, pero se detuvieron al verme la cara. La sonrisa de Annabeth desapareció.

¿Qué ha pasado, Percy? ¿Qué te ha dicho Luke?

No demasiado —mentí.

Pudiste habérmelo dicho sesos de alga —dijo Annabeth—

Perdón —dijo Percy—

Sentía el estómago tan vacío como la enorme cabaña 3-.

Pues ahora no esta tan vacía —dijo Teseo—

Bueno, vamos a buscar algo de cenar.

Y como pensaban hacerlo sin dinero —dijo Icaros—

Annabeth y Percy bajaron la cabeza apenados

Es como si se subieran a un autobús sin dinero y le pidieran a un conocido que afortunadamente encontraron en ese autobús —dijo Icaros—

Unos minutos más tarde estábamos sentados en el reservado de un comedor de cromo brillante, rodeados por un montón de familias que zampaban hamburguesas y bebían refrescos.

A ambos Nico empezaron a babear por el antojo de hamburguesas

Al final vino la camarera. Arqueó una ceja con aire escéptico e inquirió:

¿Y bien?

Bueno… queríamos pedir la cena —dije.

¿Tenéis dinero para pagar, niños?

No —dijeron varios—

El labio inferior de Grover tembló. Me preocupaba que empezara a balar, o peor aún, a comerse el linóleo. Annabeth parecía a punto de fenecer de hambre.

Frederick vio preocupado a ambas Annabeth

Intentaba pergeñar una historia tristísima para la camarera cuando un rugido sacudió el edificio: una motocicleta del tamaño de un elefante pequeño acababa de parar junto al bordillo.

La mirada de todos los dioses se posó sobre Ares

Todas las conversaciones se interrumpieron. El faro de la motocicleta era rojo. El depósito de gasolina tenía llamas pintadas y a los lados llevaba fundas para escopetas… con escopetas incluidas.

Que rayos haces ahí —encaro Zeus—

Ares solo se encogió de hombros

El asiento era de cuero, pero un cuero que parecía… piel humana.

Es piel —pregunto Leo curioso—

Es piel de los que han tocado mi moto sin permiso —dijo haciendo que todos se estremecieran—

El tipo de la motocicleta habría conseguido que un luchador profesional llamase a gritos a su mamá.

Creo cualquiera de nosotros aria eso con los luchadores ahora todo es puro show —dijo Apolo sobándose la cabeza—

Iba vestido con una camiseta de tirantes roja, téjanos negros y un guardapolvo de cuero negro, y llevaba un cuchillo de caza sujeto al muslo. Tras sus gafas rojas tenía la cara más cruel y brutal que he visto en mi vida —guapo, supongo, pero de aspecto implacable—; el pelo, cortísimo y negro brillante, y las mejillas surcadas de cicatrices sin duda fruto de muchas, muchas peleas.

Ares sonrió arrogante por la descripción

Lo raro era que su cara me sonaba.

Todos tenemos un parecido físico con nuestro pariente divino —dijo Nico— si viste a los campistas es obvio que su cara te va a sonar

Al entrar en el restaurante produjo una corriente de aire cálido y seco. Los comensales se levantaron como hipnotizados

Es el efecto que tenemos los dioses —dijo Hermes—

Pero el motorista hizo un gesto con la mano y todos volvieron a sentarse.

Regresaron a sus conversaciones. La camarera parpadeó, como si alguien acabara de apretarle el botón de rebobinado.

¿Tenéis dinero para pagar, niños? —volvió a preguntarnos.

Ponlo en mi cuenta —respondió el motorista.

Que tienes pensado hacer —dijo Poseidón viéndolo sospechosamente—

Ares se encogió de hombros

Se metió en el reservado, que era demasiado pequeño para él, y acorraló a Annabeth contra la ventana.

Ambas Annabeth hicieron una mueca mientras Athena le mando una fea mirada a Ares

Levantó la vista hacia la camarera, la miró a los ojos y dijo—: ¿Aún sigues aquí?

Hestia vio a Ares muy seria haciendo que este se estremeciera

La muchacha se puso rígida, se volvió como una autómata y regresó a la cocina.

El motorista se quedó mirándome. No le veía los ojos tras las gafas rojas, pero empezaron a hervirme malos sentimientos.

Es el efecto que causo en los mortales —dijo Ares orgulloso—

Ira, rencor, amargura. Quería darle un golpe a una pared, empezar una pelea con alguien. ¿Quién se creía que era aquel tipo?

El dios de la guerra —dijo Hermes—

Me dedicó una sonrisa pérfida.

Así que tú eres el crío del viejo Alga, ¿eh?

Una ola llego directamente a Ares salpicando a Apolo

Y a mí porque —se quejó Apolo—

Estas a un lado —se justificó Poseidón—

Debería haberme sorprendido o asustado, pero sólo sentí que me hallaba ante mi padrastro Gabe.

Ahí si te pasaste —dijo Jim golpeando a Gabe en un costado—

Quería arrancarle la cabeza a aquel tipejo.

¿Y a ti qué te importa?

Percy faltándole al respeto a los dioses desde los 12 años —dijo Thalía—

Pero por lo que veo él no sabía quién era y dudo mucho que le hubiera importado —dijo Nico—

Annabeth me advirtió con la mirada.

Percy, éste es…

El motorista levantó la mano.

No pasa nada —dijo—. No está mal una pizca de carácter. Siempre y cuando te acuerdes de quién es

el jefe. ¿Sabes quién soy, primito?

Tengo muchos primos —dijo Percy—

En serio cuales —pregunto el joven Percy

Más de medio consejo olímpico los que no serían mis primos serian Zeus Hera Deméter Afrodita y obviamente papá —explico Percy— también todos los hijos de estos últimos

Por lo que tus abuelos también vendrían siendo tus sobrinos —dijo Icaros—

Ok eso se escucha medio enfermo —dijo Percy

Entonces caí en la cuenta. Tenía la misma risa malvada de algunos críos del Campamento Mestizo, los de la cabaña 5.

Eres el padre de Clarisse —respondí—.

No solo Clarisse —dijeron los miembros de la cabaña 5—

Ares, el dios de la guerra.

Ares sonrió y se quitó las gafas. Donde tendrían que estar los ojos, había sólo fuego, cuencas vacías en las que refulgían explosiones nucleares en miniatura.

Has acertado, pringado. He oído que le has roto la lanza a Clarisse.

Lo estaba pidiendo a gritos.

La joven Clarisse vio feo al joven Percy

Probablemente. No intervengo en las batallas de mis críos, ¿sabes? He venido para… He oído que estabas en la ciudad y tengo una proposición que hacerte.

Athena y Poseidón se pusieron alerta

La camarera regresó con bandejas repletas de comida: hamburguesas con queso, patatas fritas, aros de cebolla y batidos de chocolate.

Ambos Nico volvieron a relamerse los labios haciendo que Will perdiera un poco la cordura

Sé que dijiste que no podía besarte hasta que en los libros admitieras tu homosexualidad pero en el próximo descanso necesito una buena dotación para mantenerme tranquilo —le susurro Will haciendo que Nico se estremeciera—

Ares le entregó unos dracmas.

Los dracmas servirán —pregunto Hazel—

Al ser oro si —explico Quirón—

Ella miró con nerviosismo las monedas.

Pero éstos no son…

Ares sacó su enorme cuchillo y empezó a limpiarse las uñas.

¿Algún problema, chata?

¿Qué educación te dieron? —Pregunto Hestia—

Pregúntale a ella —dijo Ares señalando a Hera que no hizo caso—

La camarera se tragó las palabras y se marchó sin rechistar.

Eso está muy mal —le dije a Ares—. No puedes ir amenazando a la gente con un cuchillo.

Hestia asintió de acuerdo

Nunca conocí a alguien con tantos testículos para regañar a un dios —dijo Aquiles—

Ares soltó una risotada y luego dijo:

¿Estás de broma? Adoro este país. Es el mejor lugar del mundo desde Esparta.

Si tú lo dices —dijo Afrodita—

¿Tú no vas armado, pringado? Pues deberías. Ahí fuera hay un mundo peligroso. Y eso nos lleva a mi proposición. Necesito que me hagas un favor.

¿Qué favor puedo hacerle yo a un dios?

De donde crees que nacemos los semidioses —dijo Teseo—

Yo no hago ese tipo de favores —dijo Percy—

Algo que un dios no tiene tiempo de hacer.

Contigo no es falta de tiempo contigo es falta de ganas —dijo Apolo—

No es demasiado. Me dejé el escudo en un parque acuático abandonado aquí en la ciudad. Tenía cita con mi novia

Varias miradas se dirigieron hacia Afrodita

Pero nos interrumpieron.

Las miradas se dirigieron hacia Hefestos

En la confusión me dejé el escudo. Así que quiero que vayas por él.

¿Por qué no vas tú?

Ya lo dije por flojera —dijo Apolo—

El fuego en las cuencas de sus ojos brilló con mayor intensidad.

También podrías preguntarme por qué no te convierto en una ardilla y te atropello con la Harley.

Porque le tienes miedo al tío Poseidón —dijo Hermes—

La respuesta sería la misma:

De hecho no es la misma —dijo Hermes—

Porque de momento no me apetece. Un dios te está dando la oportunidad de demostrar qué sabes hacer, Percy Jackson. ¿Vas a quedar como un cobardica? —Se inclinó hacia mí—.

O a lo mejor es que sólo peleas bajo el agua, para que papaíto te proteja.

Una ola baño a Ares

Estoy seguro que mi hijo te podrá vencer pero toma eso como una advertencia —dijo Poseidón—

Tuve el irreprimible impulso de darle un puñetazo en la cara, aunque sabía que era lo que él estaba buscando. El poder de Ares causaba mi ira y le habría encantado que lo atacara. No pensaba darle el gusto.

Probablemente —dijo Ares—

No estamos interesados —repuse—. Ya tenemos una misión.

Ojala fuera tan fácil negarnos —dijo Piper—

Los fieros ojos de Ares me hicieron ver cosas que no quería ver: sangre, humo y cadáveres en la batalla.

Ahora entiendo porque mi padre le hablo así a Percy —le susurro Frank a Hazel—

Lo sé todo sobre tu misión, pringado. Cuando ese objeto mortífero fue robado, Zeus envió a los mejores a buscarlo: Apolo, Atenea, Artemisa y yo, naturalmente.

Ahora bien, si yo no percibí ni un tufillo de un arma tan poderosa…

Annabeth y Percy se vieron fijamente

Se relamió, como si el pensamiento del rayo maestro le diera hambre—

Zeus arqueo una ceja

Pues entonces tú no tienes ninguna posibilidad. Aun así, estoy intentando concederte el beneficio de la duda. Pero tu padre y yo nos conocemos desde hace tiempo. Después de todo, yo soy el que le transmitió las sospechas acerca del viejo Aliento de Muerto.

¿Que tú qué? —dijo Hades mientras le mandaba una mirada de no te descuides ni un segundo—

Da más miedo la mirada de tu padre que la de Percy —dijo Will— recuérdame no hacerlo enojar

¿Tú le dijiste que Hades robó el rayo?

Claro. Culpar a alguien de algo para empezar una guerra es el truco más viejo del mundo.

El bate de Nico salió volando pero Ares estaba preparado para esquivarlo pero se desvió dándole en la entrepierna haciendo que Ares se quejara con un tono más agudo

En cierto sentido, tienes que agradecerme tu patética misión.

Gracias —farfullé.

Gran sarcasmo —dijo Hermes—

Eh, ya ves que soy un tío generoso. Tú hazme ese trabajito, y yo te ayudaré en el tuyo. Os prepararé el resto del viaje.

Nos las arreglamos bien por nuestra cuenta.

No estoy seguro de eso —dijo Icaros—

Sí, seguro. Sin dinero. Sin coche. Sin ninguna idea de a qué os enfrentáis. Ayúdame y quizá te cuente algo que necesitas saber. Algo sobre tu madre.

Sabiendo que es hijo de Poseidón sabe que haría lo que fuera por su madre —dijo Jasón—

¿Mi madre?

Sonrió.

Eso te interesa, ¿eh? El parque acuático está a un kilómetro y medio al oeste, en Delancy. No puedes perderte. Busca la atracción del Túnel del Amor.

¿Qué interrumpió tu cita? —le pregunté—. ¿Te asustó algo?

Ares frunció el ceño

Ares me enseñó los dientes, pero ya había visto esa mirada amenazante en Clarisse. Había algo falso en ella, casi como si traicionara cierto nerviosismo.

Todos los dioses vieron extrañados a Ares él podía ser todo menos un cobarde

Tienes suerte de haberme encontrado a mí, pringado, y no a algún otro Olímpico. Con los maleducados no son tan comprensivos como yo.

Tu eres todo menos comprensivo algo estas tramando —dijo Hermes—

Volveremos a vernos aquí cuando termines. No me defraudes.

Después de eso, debí de desmayarme o caer en trance, porque cuando volví a abrir los ojos Ares había desaparecido. Habría creído que aquella conversación había sido un sueño, pero las expresiones de Annabeth y Grover me indicaron lo contrario.

No me gusta —dijo Grover—. Ares ha venido a buscarte, Percy. No me gusta nada de nada.

Desde cuando ver al dios de la guerra es bueno —pregunto Leo—

Para nosotros lo es —dijo Octavian—

Y ser un hijo de él es como ser un hijo de Júpiter —dijo Jim— o un hijo de los tres grandes

¿Es muy raro que lleguen hijos de Ares al campamento Júpiter? —Pregunto Laura—

En mis 10 años de servicio nunca conocí un hijo de Marte —dijo Jim— así que si es muy raro encontrar un hijo de Marte

Miré por la ventana. La motocicleta había desaparecido.

¿Sabría Ares de verdad algo sobre mi madre, o sólo estaba jugando conmigo?

Varios dioses se hacían esa pregunta

En cuanto se hubo ido, la ira desapareció por completo de mí. Supuse que a Ares le encantaba embarullar las emociones de la gente. Ése era su poder: confundir las emociones al extremo de que te nublaran la capacidad de pensar.

Es impresionante que no hayas sucumbido ante Ares —dijo Hestia—

Quizá no fue más que un espejismo —dije—. Olvidaos de Ares. Nos vamos y punto.

Lamentablemente no pueden hacer eso —dijo Quirón—

No podemos —contestó Annabeth—. Mira, yo detesto a Ares como el que más, pero no se puede ignorar a los dioses a menos que quieras buscarte la ruina. No bromeaba cuando hablaba de convertirte en un roedor.

No lo hará si sabe lo que le conviene —dijo Poseidón—

Miré mi hamburguesa con queso, que de repente no parecía tan apetecible.

¿Por qué nos necesita para una tarea tan sencilla?

Porque tengo hueva hacerlo yo —dijo Ares

A lo mejor es un problema que requiere cerebro —observó Annabeth—. Ares tiene fuerza, pero nada más.

Athena asintió mientras Ares hizo una mueca

Y a veces la fuerza debe doblegarse ante la inteligencia.

Pero ¿qué habrá en ese parque acuático? Ares parecía casi asustado. ¿Qué haría interrumpir al dios de la guerra una cita con su novia y huir?

Varias miradas se dirigieron a Hefestos

Annabeth y Grover se miraron nerviosos.

Me temo que tendremos que ir a descubrirlo —dijo Annabeth.

Que gran novedad —dijo Thalía—

El sol se hundía tras las montañas cuando encontramos el parque acuático. A juzgar por el cartel, originalmente se llamaba «waterland», pero algunas letras habían desaparecido, así que se leía: «WATR A D».

Y como leyeron eso —pregunto Travis—

Grover lo hizo —dijo Percy

La puerta principal estaba cerrada con candado y protegida con alambre de espino. Dentro, enormes y secos toboganes, tubos y tuberías se enroscaban por todas partes, en dirección a las piscinas vacías.

Era un lugar bastante impresionante —dijo Nico—

Y como sabes eso —le pregunto Will—

Tengo un vago recuerdo de ese lugar fui cuando tenía uno años —dijo Nico encogiéndose de hombros—

Apoyo al chico era un lugar muy impresionante —dijo Jim— como lo sabe un chico tan joven no lo se

Entradas viejas y anuncios revoloteaban por el asfalto. Al anochecer, aquel lugar tenía un aspecto triste y daba escalofríos.

Pero creo me gustara más ahora —dijo Nico—

Si Ares trae aquí a su novia para una cita —dije mirando el alambre de espino—, no quiero imaginarme qué aspecto tendrá ella.

Que quieres decir con eso —dijo Afrodita—

Nada —dijo Percy encogiéndose en su lugar—

Percy —me avisó Annabeth—, tienes que ser más respetuoso.

¿Por qué? Creía que odiabas a Ares.

Sigue siendo un dios. Y su novia es muy temperamental.

Como no tienes idea —dijo Hermes—

No insultes su aspecto —añadió Grover.

¿Quién es? ¿Equidna?

Lo cual no me sorprendería —dijo Apolo—

Afrodita empezó a brillar haciendo que todos los mortales cerraban los ojos

Tranquila Afrodita el chico no sabía que eras tú —dijo Hestia—

Tienes suerte de ser legado mío si no—dijo Afrodita—

Creo que ya vi de donde saco mi madre su carácter —dijo Jim a Laura—

No; Afrodita… —repuso Grover y suspiró con embeleso—. La diosa del amor.

Pensaba que estaba casada con alguien —dije—. ¿Con Hefesto?

Hefestos no le dio importancia

¿Y qué si fuera así?

Bueno… —Mejor cambiar de tema—. ¿Y cómo entramos?

Maya!

Maya —dijo Hermes cuando floto un poco—

Al punto surgieron las alas de los zapatos de Grover.

Voló por encima de la valla, dio un involuntario salto mortal y aterrizó en una plataforma al otro lado.

El sátiro volador la tiene fácil —dijo Teseo divertido—

Se sacudió los vaqueros, como si lo hubiera -previsto todo.

Vamos, chicos.

Annabeth y yo tuvimos que escalar a la manera tradicional, aguantándonos uno a otro el alambre de espino para pasar por debajo.

Eso también sirve —dijo Aquiles—

Otra cosa que pudieron haber intentado era buscar alguna zona con el alambre cortado —dijo Icaros—

O el viaje a vapor también podría servir —dijo Teseo—

El que —pregunto el joven Percy—

Como sabes el agua tiene tres estados solido líquido y gaseoso y el cuerpo humano está compuesto en 70% de agua por lo tanto si entrenas te podrías convertir en vapor mira —dijo Teseo cerrando los ojos y segundos después donde se encontraba había una nube de vapor que dio un par de vueltas alrededor de la hoguera y después se materializo Teseo—

Increíble —dijeron ambos Percy—

Si quieres después les enseño —dijo Teseo con una sonrisa—

Las sombras se alargaron mientras recorríamos el parque, examinando las atracciones. Pasamos frente a la Isla de los Mordedores de Tobillos, Pulpos Locos y Encuentra tu Bañador.

Que nombres tan extravagantes —dijo Leo—

Ningún monstruo nos atacó y no oímos el menor ruido.

Aun así no bajes la guardia —dijo Orión—

Encontramos una tienda de souvenirs que había quedado abierta. Aún había mercancía en las estanterías: bolas de nieve artificial, lápices, postales e hileras de…

Ropa —dijo Annabeth—. Ropa limpia.

Ropa limpia es ropa limpia —dijo Laura— agárrenla

Sí —dije—. Pero no puedes ir y…

¿Ah, no?

Agarró una hilera llena de cosas y desapareció en el vestidor. A los pocos minutos salió con unos pantalones cortos de flores de Waterland, una gran camiseta roja de Waterland y unas zapatillas surferas del aniversario de Waterland. También llevaba una mochila Waterland colgada del hombro, llena con más cosas.

Estoy tan orgulloso —dijo Hermes limpiándose una falsa lagrima—

Qué demonios. —Grover se encogió de hombros.

En pocos minutos estuvimos los cuatro engalanados como anuncios andantes del difunto parque temático. Seguimos buscando el Túnel del Amor. Tenía la sensación de que el parque entero contenía la respiración.

Esa sensación suele pasar cuando el lugar al que vas lleva mucho abandonado o paso algo realmente malo en ese sitio —dijo Jim—

Crees que haya pasado algo en ese sitio —pregunto Laura—

No estoy seguro pero al ser un parque posiblemente pudo haber habido la muerte de alguien en alguna atracción y ahí por qué lo cerraron —dijo Jim—

Así que Ares y Afrodita —dije para mantener mi mente alejada de la oscuridad creciente— tienen un asuntillo.

Todos los dioses asintieron

Ese chisme es muy viejo, Percy —dijo Annabeth—. Tiene tres mil años.

¿Y el marido de Afrodita?

Hefestos se encogió de hombros restándole importancia

Bueno, ya sabes… Hefesto, el herrero, se quedó tullido cuando era pequeño, Zeus lo tiró monte Olimpo abajo.

No fue Zeus fue Hera —dijo Hefestos a lo que la mencionada solo hizo una mueca—

Así que digamos que no es muy guapo. Habilidoso con las manos, sí, pero a Afrodita no le van los listos con talento, ¿comprendes?

Eso no es cierto —dijeron todas las hijas de Afrodita a lo que ambas Annabeth se encogieron en su lugar—

Le gustan los motoristas.

Lo que sea.

¿Hefesto lo sabe?

Claro que lo sé —dijo Hefestos—

Oh, claro —repuso Annabeth—. Una vez los pilló juntos, quiero decir in franganti.

¿Solo una? Si parecen conejos —dijo Hefestos—

Entonces los atrapó en una red de oro e invitó a todos los dioses a que fueran a reírse de ellos.

Pero aun así lo siguen haciendo —dijo Hefestos—

Hefesto siempre está intentando ridiculizarlos.

No lo intento lo hago —dijo Hefestos—

Por eso se ven en lugares remotos como… —se detuvo, mirando al frente—.

Como ése.

No tienes idea de los lugares en los cuales han salido en Hefestos TV —dijo Apolo—

Era una piscina que habría sido alucinante para patinar, de por lo menos cuarenta y cinco metros de ancho y con forma de cuenco.

Era un gran sitio para patinar —asintió Percy—

Alrededor del borde, una docena de estatuas de Cupido montaba guardia con las alas desplegadas y los arcos listos para disparar.

Los hijos de Hefestos pensaban que podrían hacer con esos cupidos a lo que empezaron a hacer planos

Al otro lado se abría un túnel, por el que probablemente corría el agua cuando la piscina estaba llena. Tenía un letrero que rezaba:

«EMOCIONANTE atracción DEL AMOR: ¡ÉSTE NO ES EL TÚNEL DEL AMOR DE TUS PADRES!»

¿Qué clase de letrero es ese? —Dijo Will—

No tengo ni idea —dijo Nico— pero apenas entendí ese letrero —le susurro a Will—

Grover se acercó al borde.

Chicos, mirad.

En el fondo de la piscina había un bote de dos plazas blanco y rosa con un dosel lleno de corazones.

Las hijas de Afrodita y esta suspiraron encantadas a lo que varios suspiraron encantados al ver sus caras

En el asiento izquierdo, reflejando la luz menguante, estaba el escudo de Ares, una circunferencia de bronce bruñido.

Nada es tan fácil —dijo Icaros—

Y menos para ti sesos de alga —dijo Annabeth recordando todo lo que habían pasado por ese escudo

Esto es demasiado fácil —dije—. ¿Así que bajamos y lo tomamos y ya está?

Annabeth pasó los dedos por la base de la estatua de Cupido más cercana.

Aquí hay una letra griega grabada —dijo—.

Poseidón le mando una fea mirada a Hefestos

La trampa era para ellos —señalo a Ares—

Eta. Me pregunto…

Grover —pregunté—, ¿hueles monstruos?

Olisqueó el viento.

Nada.

¿Nada como cuando estábamos en el arco y no olfateaste a Equidna, o nada de verdad?

Grover bajo la cabeza apenado

Lo siento chico cabra —dijo Percy—

Grover le mando una pequeña sonrisa

Grover pareció molesto.

Aquello estaba bajo tierra —refunfuñó.

Vale, olvídalo. —Inspiré hondo—. Voy a bajar.

Te acompaño. —Grover no parecía demasiado entusiasta, pero me dio la impresión de que intentaba enmendarse por lo sucedido en San Luis.

Lo más probable —dijeron ambas Annabeth ambos Luke y ambas Thalía—

No —repuse—. Te quedarás arriba con las zapatillas voladoras. Eres el Barón Rojo, un as del aire, ¿recuerdas? Cuento contigo para que me cubras, por si algo sale mal.

Bien pensado —dijeron los hijos de Athena—

A Grover se le hinchó el pecho.

Claro. Pero ¿qué puede ir mal?

En serio pregunto eso —dijo Annabeth recordando esa mini misión—

No lo sé. Es un presentimiento.

Hazle caso a esos presentimientos —dijo Jim—

Annabeth, ven conmigo.

¿Estás de broma?

¿Y ahora qué pasa? —quise saber.

¿Yo, contigo en… —se ruborizó levemente— en la «emocionante atracción del amor»?

Ahora lo arias sin quejarte —dijo Thalía—

La joven Annabeth se sonrojo mientras Annabeth asentía con la cabeza

Me da vergüenza. ¿Y si me ve alguien?

¿Quién te va a ver?

Los mestizos asintieron

Si es trampa de Hefestos probablemente nosotros —dijo Hermes—

Pero yo también me ruboricé un poco. Las chicas siempre le buscan tres pies al gato—.

Hey —fue la queja colectiva de todas las mujeres—

Vale —le dije—. Lo haré solo. —Pero cuando empecé a bajar a la piscina, me siguió, murmurando algo sobre que los chicos siempre lo embarullan todo.

Fue el turno de los chicos para quejarse

Llegamos al bote. Junto al escudo había un chal de seda de mujer.

Intenté imaginarme a Ares y Afrodita allí, una pareja de dioses que se encontraban en una atracción abandonada de un parque de atracciones. ¿Por qué? Entonces reparé en algo que no había visto desde arriba: espejos por todo el borde de la piscina, orientados hacia aquel lugar. Podíamos vernos en cualquier dirección que miráramos. Eso debía de ser. Mientras Ares y Afrodita se daban besitos podían mirar a sus personas favoritas: ellos mismos.

Pequeño hermanito como te explico que no solo se daban besitos —dijo Teseo—

Ya sé lo que hacen pero no quiero un trauma más —dijo el joven Percy—

¿Cómo qué más? —Pregunto Orión—

Ya tengo el trauma de enterarme que fui creado en la cabaña que tanto me gusta la cual tiene solo una cama en la cual dormí con mamá hasta los 10 años —dijo el joven Percy a lo Percy asintió Sally se sonrojo y Poseidón sonrió—

Recogí el chal. Reflejaba destellos rosa y su aroma era una exquisita mezcla floral. Algo embriagador. Sonreí con aire de ensoñación, y estaba a punto de frotarme la mejilla con el chal cuando Annabeth me lo arrebató y se lo metió en el bolsillo.

Que hubiera pasado de habérselo frotado —pregunto Orión—

Despertaría la pasión —contesto Afrodita—

Ah, no, de eso nada. Apártate de esa magia de amor.

¿Qué?

Tú recoge el escudo, sesos de alga, y larguémonos de aquí.

No creo que sea tan fácil —dijo Teseo—

En el momento en que toqué el escudo supe que teníamos problemas. Mi mano rompió algo que lo unía al tablero de mandos. Una telaraña

Los hijos de Athena se estremecieron

Pensé, pero lo examiné en la palma y vi que era un delgado filamento de metal. Estaba puesto ahí para tropezar con él.

Espera —dijo Annabeth.

Demasiado tarde.

Hay otra letra griega a este lado del bote, otra eta. Esto es una trampa.

Enserio si no me dices no me doy cuenta —dijo Nico—

Se produjo el chirriante ruido de un millón de engranajes que comenzaban a funcionar, como si la piscina estuviera convirtiéndose en una máquina gigante.

Los hijos de Hefestos se quedaron maravillados de las creaciones de su padre

¡Cuidado, chicos! —gritó Grover.

Arriba, en el borde, las estatuas de Cupido tensaban sus arcos en posición de disparo.

Sin darnos tiempo de ponernos a cubierto, dispararon, pero no hacia nosotros sino unas a otras, a ambos lados de la piscina. Las flechas arrastraban cables sedosos que describían arcos sobre la piscina y se clavaban en el borde, formando un enorme entramado dorado. Entonces, por arte de magia, empezaron a tejerse hilos metálicos más pequeños, entrelazándose hasta formar una red.

No es magia son maquinarias especializadas —dijo Hefestos—

Tenemos que salir de aquí —dije.

Enserio no mejor quédense ahí —ironizo Nico—

¡Menudo lumbrera! —ironizó Annabeth.

Agarré el escudo y echamos a correr, pero salir de la piscina no era tan fácil como bajar.

¡Venga! —nos urgió Grover.

Intentaba rasgar la red para abrirnos una salida

No funcionara papá no deja nada a la suerte —dijo Charles—

Pero cada vez que la tocaba los hilos de oro le envolvían las manos.

Te lo dije —dijo nuevamente Charles—

De repente, las cabezas de los cupidos se abrieron y de su interior salieron videocámaras y focos que nos cegaron al encenderse. Un altavoz retumbó:

«Retransmisión en directo para el Olimpo dentro de un minuto… Cincuenta y nueve segundos, cincuenta y ocho…»

Genial lo vamos a ver —dijo Hermes con una bolsa de palomitas—

¡Hefesto! —gritó Annabeth—. ¡Cómo no me di cuenta antes! Eta es hache.

No me digas y se supone que eres la inteligente del grupo —dijo Teseo—

Fabricó esta trampa para sorprender a su mujer con Ares. ¡Ahora van a retransmitirnos en vivo al Olimpo y quedaremos como idiotas totales!

Bueno Percy ya lo parece —dijo Thalía—

Casi habíamos llegado al borde, cuando de pronto los espejos en hilera se abrieron como trampillas y de ellas emergió un torrente de diminutas cosas metálicas…

Annabeth soltó un grito de horror.

Sus hermanos se preguntaron que había para que Annabeth sintiera miedo

Parecía un ejército de bichitos de cuerda: cuerpos de bronce, patas puntiagudas y afiladas pinzas, y se dirigían hacia nosotros como una marabunta, en una oleada de chasquidos y zumbidos metálicos.

¡Arañas! —exclamó Annabeth, despavorida—. ¡A-aaa-raaaaa…!

Todos los hijos de Athena se abrazaron a la persona que estaba a un lado algunos estaban extrañados sobre todo los hijos de Ares

Para extrañes de Athena los únicos tranquilos eran Annabeth e Icaros

Nunca la había visto así. Trastabilló y cayó hacia atrás, presa del pánico, y las arañas robot casi la cubrieron completamente antes de que lograse levantarla y tirar de ella hacia el bote.

Gracias por eso —dijo Annabeth—

No te preocupes chica lista —dijo Percy—

Aquellas cosas seguían apareciendo por doquier, miles de ellas, bajando sin cesar a la piscina y rodeándonos.

Se oyeron más quejidos de los hijos de Athena

Me dije que probablemente no estaban programadas para matar, sólo para acorralarnos, mordernos y hacernos parecer idiotas.

Ya te dije que eso lo haces sin problema —dijo Thalía—

Entonces caí en la cuenta de que era una trampa para dioses. Y nosotros no éramos dioses.

Punto para el chico —dijo Apolo—

Subimos al bote y empecé a apartar arañas a patadas a medida que trepaban. Le grité a Annabeth que me ayudara, pero estaba como paralizada y sólo podía gritar.

Algo no muy útil —dijo Teseo frunciendo el ceño—

«Treinta, veintinueve, veintiocho…», proseguía el altavoz.

Las arañas empezaron a escupir filamentos de metal buscando amarrarnos. Al principio fue fácil zafarnos, pero había demasiados y las arañas no dejaban de llegar. Le aparté una a Annabeth de la pierna, y otra se llevó un trocito de mis zapatillas surferas con las pinzas.

Los hijos de Athena sollozaron

Grover revoloteaba por encima de la piscina con las zapatillas voladoras, intentando perforar la red, pero no cedía.

No creo que sea tan fácil salir de una trampa de papá —dijo Leo a lo que todos los hijos de Hefestos asintieron—

«Piensa —me dije—. Piensa.»

Es una piscina —dijeron Orión Poseidón y Teseo

Podríamos haber huido por la entrada del Túnel del Amor, de no haber estado bloqueada por un millón de arañas robot.

vlasfi Arachni * —dijo Athena—

«Quince, catorce, trece…», contaba sin pausa el altavoz.

«Agua… ¿De dónde sale el agua?»

Normalmente de un grifo de agua —dijo Leo—

Y entonces las vi: los espejos trampilla eran el desagüe de gruesas tuberías de agua, y por allí habían venido las arañas.

Poseidón suspiro un poco más tranquilo sabiendo que había agua

Encima de la red, junto a uno de los cupidos, había una cabina de cristal que debía de contener los mandos.

¡Grover! —grité—. ¡Ve a la cabina y busca el botón de encendido!

Pero…

No hables y hazlo —dijo Teseo—

¡Hazlo! —Era una esperanza loca, pero nuestra única oportunidad. Las arañas ya rodeaban el bote por completo y Annabeth seguía gritando como una posesa.

Annabeth golpeo a Percy ya sonrojada

Teníamos que salir allí.

Grover se metió en la cabina y empezó a pulsar botones a la desesperada.

«Cinco, cuatro…»

Va a estar muy entretenido ver eso —dijo Hermes bebiendo de un pepsilindro—

Me hizo señas con las manos, dándome a entender que había apretado todos los botones pero seguía sin pasar nada.

Todos los mestizos maldijeron

Cerré los ojos y pensé en olas, agua desbordante, el río Mississipi… Sentí un tirón familiar en el estómago. Intenté imaginar que arrastraba todo el océano hasta Denver.

Eso es —dijo Orión—

«Dos, uno, ¡cero!»

Las tuberías se sacudieron y el agua inundó con un rugido la piscina, arrastrando las arañas.

Tiré de Annabeth para sentarla a mi lado y le abroché el cinturón justo cuando la primera ola nos cayó encima y acabó con todas las arañas.

Se oyó el suspiro de alivio de todos los hijos de Athena

El bote viró, se levantó con el nivel del agua y dio vueltas en círculo encima del remolino. El agua estaba llena de arañas que chisporroteaban en cortocircuito, algunas con tanta fuerza que incluso explotaban. Los focos nos iluminaban y las cámaras cupido filmaban en directo para el Olimpo.

Oh genial —murmuraron muchos—

Me concentré en controlar el bote y lograr que siguiera la corriente sin estrellarse contra las paredes.

Quizá fue mi imaginación, pero el bote pareció responder.

No fue tu imaginación —dijo Orión— todo hijo de Poseidón lo hace

Por lo menos no se hizo añicos.

Con tu suerte me sorprendería que no lo haya hecho —dijo Nico—

Dimos una última vuelta cuando el nivel del agua era casi tan alto como para cortarnos en juliana contra la red.

Entonces la proa viró en dirección al túnel y nos lanzamos a toda velocidad hacia la oscuridad.

Nos sujetamos fuerte y gritamos al unísono cuando el bote remontó olas, pasó pegado a las esquinas y se escoró cuarenta y cinco grados al paso de imágenes de Romeo y Julieta y otro montón de tonterías de San Valentín. En la recta final del túnel, la brisa nocturna nos revolvió el pelo cuando el bote se lanzó como un bólido hacia la salida.

Si la atracción hubiese estado en funcionamiento, habríamos llegado a una rampa entre las Puertas Doradas del Amor y, de allí, chapoteado sin problemas hasta la piscina de salida. Pero había un problema: las Puertas del Amor estaban cerradas con una cadena. Un par de botes que al parecer habían salido del túnel antes que nosotros se habían estrellado contra las puertas: uno estaba medio sumergido, y el otro partido por la mitad.

Varios maldijeron por la mala suerte de Percy

¡Quítate el cinturón! —le grité a Annabeth.

¿Estás loco?

Y apenas te das cuenta —dijo Thalía—

A menos que quieras morir aplastada. —Me amarré el escudo de Ares al brazo—. Tendremos que saltar. —Mi idea era tan sencilla como demencial:

¿Y cuál de ellas no lo es? —Pregunto Nico—

Cuando el bote chocara, aprovecharíamos el impulso como trampolín y saltaríamos por encima de la puerta. Jamás había oído que nadie sobreviviera a impactos de esa índole, arrojados a diez o doce metros del lugar del accidente. Pero nosotros, con un poco de suerte, aterrizaríamos en la piscina.

Haber Percy recordemos que tú no tienes suerte —dijo Nico—

Annabeth pareció comprender y me aferró la mano. Las puertas se acercaban a gran velocidad.

Yo doy la señal —dije.

¡NO! —Grito todo el campamento—

¡No! ¡La doy yo!

Pero ¿qué…?

¡Física sencilla, amiguito! —me gritó—. La fuerza calcula el ángulo de la trayectoria…

Cállate —dijo Icaros— un par de segundos hablando y morirán estrellados

Ambas Annabeth se sonrojaron

¡Vale! —exclamé—. ¡Tú das la señal!

Buena forma de callarla de no haberlo hecho habrían muerto —dijo Teseo—

Vaciló… vaciló… y de repente gritó:

¡Ahora!

Annabeth tenía razón.

De haber saltado cuando decía yo, nos habríamos estrellado contra las puertas.

Poseidón suspiro aliviado

Consiguió el máximo impulso… más del que necesitábamos: el bote se estrelló contra las barcas estropeadas y salimos despedidos violentamente por el aire, justo por encima de las puertas y la piscina, directos al sólido asfalto.

La piscina tampoco era una opción —dijo Orión—

Porque —pregunto Frank—

Con las arañas podrían haberse electrocutado —contesto Orión—

Algo me agarró por detrás.

¡Ay! —se quejó Annabeth.

¡Grover! En pleno vuelo nos había atrapado, a mí por la camisa y a Annabeth por el brazo, e intentaba evitarnos un aterrizaje accidentado, pero íbamos embalados.

¡Pesáis demasiado! —dijo Grover—. ¡Nos caemos!

Hay no aguantas nada —dijo Teseo divertido—

Descendimos al suelo describiendo espirales, Grover esforzándose por amortiguar la caída. Chocamos contra un tablón de fotografías y la cabeza de Grover se metió directamente en el agujero donde se asomaban los turistas para salir en la foto como Noo-Noo la ballena simpática.

El campamento estallo en risas mientras el pobre sátiro enrojeció de vergüenza

Annabeth y yo dimos contra el suelo; fue un golpe duro,

Ambas Annabeth y ambos Percy se sobaron la cadera

Pero estábamos vivos y el escudo de Ares seguía en mi brazo.

Ares suspiro aliviado

En cuanto recuperamos el aliento, liberamos a Grover del tablón y le dimos las gracias por salvarnos la vida. Me volví para contemplar la Emocionante Atracción del Amor. El agua remitía. Nuestro bote, estrellado contra las puertas, había quedado hecho trizas.

Cien metros más allá, en la piscina, los cupidos seguían filmando. Las estatuas habían girado de manera que las cámaras y las luces nos enfocaban.

¡La función ha terminado! —grité—. ¡Gracias! ¡Buenas noches!

Apolo y Hermes se pararon y empezaron a aplaudir

Esperare impaciente para poderlo ver —dijo Apolo—

Los cupidos regresaron a sus posiciones originales y las luces se apagaron. El parque quedó tranquilo y oscuro otra vez, excepto por el suave murmullo del agua en la piscina de salida de la Emocionante Atracción del Amor.

No cualquiera sobrevive a mis trampas —dijo Hefestos a la par que escribía en su celular—

Hefestos escribía en su celular y cuando acabo la pantalla decía:

1. Vencer a una furia sin entrenamiento.
2. Ver a las Moiras y seguir vivo
3. Vencer al minotauro sin entrenamiento y sin armas
4. Vencer a dos furias con poco entrenamiento
5. Decapitar a Medusa con poco entrenamiento
6. Sobrevivir a una trampa de Hefestos

Me pregunté si el Olimpo habría pasado a publicidad y si habríamos estado bien de audiencia.

Es enserio sesos de alga —dijo Annabeth—

Detestaba que me provocaran y me la jugaran.

Los héroes asintieron de acuerdo

Y tenía mucha experiencia en el trato con abusones a los que les gustaba hacerme esa clase de cosas. Levanté el escudo que llevaba en el brazo y me volví hacia mis amigos.

Vamos a tener unas palabritas con Ares.

Ares arqueo una ceja

Aquí termina —dijo Piper cerrando el libro—

Antes de que alguien dijera algo Quirón galopo a la casa grande y minutos después llego con una hoja que le entrego a Icaros

Vayan a descansar un poco —dijo Hestia— ya mañana seguimos con la lectura

Poco a poco la hoguera fue vaciándose

Bien Percy es hora de aprender a leer los augures

.

.

.

Espero les haya gustado ahora bien en el capítulo pasado comente que mi imaginación esta mejor el problema fue que se cayó mi cel. Y murió así que el siguiente capítulo que es cuando Jim le enseña a leer los augures a Percy y la experiencia de los dioses en otro territorio lo tendré que escribir en mi computadora así que estaré subiendo el capítulo en Navidad

vlasfi Arachni significa Maldita Aracne