Bien como saben hoy 7 de febrero actualice como regalo de cumpleaños de mi para ustedes espero les guste

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Después de una noche de sueño se dirigían al pabellón del comedor para poder desayunar

Jim intercepto a Paul

Ayer se dijo que tienes una conversación que compromete a Percy y aunque Sally se rio no quiero que mi nieto se vea afectado por ti —dijo Jim muy serio—

Créeme que aunque tengo esta conversación lo que menos quiero es que Percy se vea afectado por ella pero después de ella Percy puso más atención en clases —dijo Paul con la misma seriedad— si quieres puedes oírla pero tendrás que prometerme que no le dirás a nadie

Jim asintió y Paul saco un BlackBerry 8520 y puso la grabación:

Percy —se oyó la voz de Paul—

Se oyó un quejido

Quien te gusta —pregunto Paul—

Rachel pero no le digas a Annabeth —dijo Percy—

Porque no le puedo decir —dijo Paul—

Porque también me gusta ella —dijo Percy—

Y qué pasaría si ella se entera —dijo Paul—

No lo sé pero no quiero saberlo —dijo Percy—

Esa es la conversación —dijo Paul guardando su celular — y aunque Percy no hubiera mejorado sus calificaciones no se la hubiera enseñado a nadie

Quien la ha oído —pregunto Jim—

Sally Percy y tú —respondió— pero créeme que no quiero arruinar la relación de que tiene Percy por una grabación de meses antes de que anduvieran

Eso me tranquiliza pero aun así te estaré observando —dijo Jim dirigiéndose al pabellón del comedor—

Ahora entiendo de donde saco Percy esa miradita —dijo Paul teniendo un escalofrió— pero da más miedo la de Percy

Después de comer todos se dirigieron a la hoguera para seguir la lectura

Antes de que alguien se ofreciera para leer una pequeña criatura de unos 50 centímetros medio gordito de cabellos castaños y ojos cafés vestido con una túnica blanca pies descalzos y unas alas blancas llego flotando hasta la hoguera

Señor tengo una queja —dijo flotando enfrente de Hades—

Lo siento pero ahora Zeus es el encargado —dijo Hades—

Él es el problema —dijo la pequeña creatura—

Ahora que pendejada hizo —pregunto Hades—

Encerró a todos los protectores y dijo que no saldríamos porque somos una amenaza para el mundo mortal —dijo la pequeña creatura—

¿Leíste las hojas que te di? —Pregunto Hades—

Ehhh si —dijo Zeus—

¿Qué es un protector? Y ¿Qué es un guardián? —Pregunto Hades—

Son los que se encargan de cuidar a ciertos mortales —dijo Zeus—

¿Y cómo se hacen? O ¿Por qué lo hacen? Y en que se diferensean —volvió a preguntar—

Son almas que… ¿en vida cuidaban? —Respondió Zeus— y los protectores son pequeños y los guardianes grandes

—Hades se pasó la mano por la cara— me vas a dejar más trabajo del que había —murmuro— los protectores son almas de niños que murieron antes de los 3 años y en lugar de ir a los campos elíseos decidieron quedarse a cuidar a sus familias y otros me ayudan con pequeños asuntos en el inframundo y los guardianes son almas mayores de 20 años son los llamados ángeles de la guarda que al igual que los protectores decidieron quedarse a cuidar a sus familias—explico Hades— él es Hesper uno de los más jóvenes y se encarga de cuidar a sus padres y hermana con ayuda de un guardián

Si ya tienen un guardián para que necesita un protector —dijo Zeus—

Porque hay mortales que solo tienen a uno algunos solo tienen guardianes y otros solo protectores todo depende de las almas de sus familiares —explico Hades—

Señor siento interrumpirlo pero que pasara con todos los protectores —dijo Hesper— además que tenemos un problema con un alma que se salió del inframundo

Una nota salió de la hoguera y cayó en las piernas de Hestia

Hasta que Hades regrese al inframundo Hesper quedara a cargo de los protectores —leyó Hestia— y podrás ayudarlo en el siguiente descansó

Espero que con eso Zeus no haga más estupideces aunque lo dudo —dijo Hades—

Puedo quedarme —pregunto con un dedo en la boca— aunque sea hasta el siguiente descansó

Supongo que si —dijo Hades— no creo que tengas influencia alguna en los libros

—El pequeño Hesper tomo un vaso— el señor Hades no es ningún ladrón —floto un poco y se sentó en las piernas de Nico—

Yo leo –dijo Artemisa y una cazadora se paro para darle el libro— Capítulo 16 Cebra hasta Las Vegas

Yo quiero ir —dijeron ambos Leo—

¡Nooo! —Gritaron Jason y ambas Piper—

Hay que aburridos —dijeron ambos Leo—

El dios de la guerra nos esperaba en el aparcamiento del restaurante.

Bueno, bueno —dijo—. No os han matado.

Para tu buena suerte —dijo Poseidón—

Sabías que era una trampa —le espeté.

Obviamente —dijo Ares—

Ares sonrió maliciosamente.

Seguro que ese herrero lisiado se sorprendió al ver en la red a un par de críos estúpidos. Das el pego en la tele, chaval.

En ese año creo fui la noticia del año —dijo Percy—

Le arrojé su escudo.

Eres un cretino.

Griegos y romanos contuvieron el aliento

Annabeth y Grover contuvieron el aliento.

Ares agarró el escudo y lo hizo girar en el aire como una masa de pizza. Cambió de forma y se convirtió en un chaleco antibalas. Se lo colocó por la espalda.

Porque no reacciono —se preguntó Icaros—

¿Ves ese camión de ahí? —Señaló un tráiler de dieciocho ruedas aparcado en la calle junto al restaurante—. Es vuestro vehículo. Os conducirá directamente a Los Ángeles con una parada en Las Vegas.

Bianca y ambos Nico se estremecieron

El camión llevaba un cartel en la parte trasera, que pude leer sólo porque estaba impreso al revés en blanco sobre negro, una buena combinación para la dislexia: «amabilidad internacional: TRANSPORTE DE ZOOS HUMANOS. PELIGRO: ANIMALES SALVAJES VIVOS.»

Artemisa frunció el ceño esos camiones casi siempre trataban mal a los animales

Estás de broma —dije.

Di que te fue bien con ese camión —dijo Ares—

Ares chasqueó los dedos. La puerta trasera del camión se abrió.

Billete gratis, pringado. Deja de quejarte. Y aquí tienes estas cosillas por hacer el trabajo.

Que estas tramando —dijo Poseidón— eso es demasiado para ti

Ares solo se encogió de hombros

Sacó una mochila de nailon azul y me la lanzó. Contenía ropa limpia para todos, veinte pavos en metálico, una bolsa llena de dracmas de oro y una bolsa de galletas Oreo con relleno doble.

Los regalos —murmuro Icaros—

No quiero tus cutres… —empecé.

Gracias, señor Ares —saltó Grover, dedicándome su mejor mirada de alerta roja—. Muchísimas gracias.

Me rechinaron los dientes. Probablemente era un insulto mortal rechazar algo de un dios,

Posiblemente pero recuerda lo que dijo la Náyade —dijo Icaros—

Meredit es una Nereida —interrumpió Tritón—

Bueno la Nereida ella dijo que no aceptaras regalos —dijo Icaros dejando pensando a todos—

Pero no quería nada que Ares hubiese tocado.

Te comprendo —dijeron Apolo y Hermes—

A regañadientes, me eché la mochila al hombro. Sabía que mi ira se debía a la presencia del dios de la guerra, pero seguía teniendo ganas de aplastarle la nariz de un puñetazo.

Creo ya se de quien saco lo impulsivo —dijo Laura viendo fijamente a Jim—

Me recordaba a todos los abusones a los que me había enfrentado: Nancy Bobofit, Clarisse, Gabe el Apestoso

Sigo con la idea que con él te estás pasando —dijo Jim—

Profesores sarcásticos; todos los cretinos que me habían llamado «idiota» en la escuela o se habían reído de mí cada vez que me expulsaban.

Ellos se burlan porque se sentían libres de que tú te fueras y dejaras de llamar la atención de las chicas —dijo Grover—

Miré el restaurante, que ahora tenía sólo un par de clientes. La camarera que nos había servido la cena nos miraba nerviosa por la ventana, como si temiera que Ares fuera a hacernos daño.

Inteligente después de todo —dijo Athena—

Sacó al cocinero de la cocina para que también mirase. Le dijo algo. Él asintió, levantó una cámara y nos sacó una foto.

«Genial —pensé—. Mañana otra vez en los periódicos.» Ya me imaginaba el titular:

Yo me imagino algo así como semidiós ataca a dios indefenso —dijo Hermes haciendo reír a varios—

«Delincuente juvenil propina paliza a motorista indefenso.»

Bueno casi se parecen —dijo Hermes—

Me debes algo más —le dije a Ares—. Me prometiste información sobre mi madre.

¿Estás seguro de que la soportarás? —Arrancó la moto—. No está muerta.

El joven Percy suspiro aliviado

Todo me dio vueltas.

¿Qué quieres decir?

Quiero decir que la apartaron de delante del Minotauro antes de que muriese. La convirtieron en un resplandor dorado, ¿no? Pues eso se llama metamorfosis. No muerte. Alguien la tiene.

Las miradas se dirigieron hacia Hades

¿La tiene? ¿Qué quieres decir?

Rehenes —dijo Clarisse—

Necesitas estudiar los métodos de la guerra, pringado. Rehenes… Secuestras a alguien para controlar a algún otro.

Nadie me controla.

Eso es cierto —dijeron los que habían salido de misión con Percy—

Se rio.

¿En serio? Mira alrededor, chaval.

Cerré los puños.

Sois bastante presuntuoso, señor Ares, para ser un tipo que huye de estatuas de Cupido.

Ares gruño a la vez que Apolo Hefestos y Hermes reían

Tras sus gafas de sol, el fuego ardió. Sentí un viento cálido en el pelo.

Volveremos a vernos, Percy Jackson. La próxima vez que te pelees, no descuides tu espalda.

Estas amenazando a mi hijo —dijo Poseidón frunciendo el ceño a la vez que apretaba su tridente—

Aceleró la Harley y salió con un rugido por la calle Delancy.

Eso no ha sido muy inteligente, Percy —dijo Annabeth.

Pero estamos hablando de Percy —dijo Thalía—

Me da igual.

No quieras tener a un dios de enemigo. Especialmente ese dios.

Bueno en ese tiempo los dioses eran mi mayor preocupación —dijo Percy haciendo que Poseidón palideciera—

Eh, chicos —intervino Grover—. Detesto interrumpiros, pero…

Señaló al comedor. En la caja registradora, los dos últimos clientes pagaban la cuenta, dos hombres vestidos con idénticos monos negros, con un logo blanco en la espalda que coincidía con el del camión: «amabilidad internacional.»

Si vamos a tomar el expreso del zoo —prosiguió Grover—, debemos darnos prisa.

No me gustaba, pero no teníamos opción. Además, ya había tenido suficiente Denver. Cruzamos la calle corriendo, subimos a la parte trasera del camión y cerramos las puertas.

Las cazadoras prestaron más atención

Lo primero que me llamó la atención fue el olor. Parecía la caja de arena para gatos más grande del mundo.

Qué asco —dijeron todas las hijas de Afrodita—

El interior del camión estaba oscuro, hasta que destapé a Anaklusmos. La espada arrojó una débil luz broncínea sobre una escena muy triste. En una fila de jaulas asquerosas había tres de los animales de zoo más patéticos que había visto jamás: una cebra, un león albino y una especie de antílope raro.

Artemisa frunció el ceño

Alguien le había tirado al león un saco de nabos que claramente no quería comerse. La cebra y el antílope tenían una bandeja de polispán de carne picada. Las crines de la cebra tenían chicles pegados, como si alguien se hubiera dedicado a escupírselos. Por su parte, el antílope tenía atado a uno de los cuernos un estúpido globo de cumpleaños plateado que ponía: « ¡Al otro lado de la colina!»

Los sátiros maldijeron en griego

Al parecer, nadie había querido acercarse lo suficiente al león, y el pobre bicho se removía inquieto sobre unas mantas raídas y sucias, en un espacio demasiado pequeño, entre jadeos provocados por el calor que hacía en el camión. Tenía moscas zumbando alrededor de los ojos enrojecidos, y los huesos se le marcaban.

Dionisio y sus hijos refunfuñaban

¿Esto es amabilidad? —Exclamó Grover—. ¿Transporte zoológico humano?

Seguro que habría salido otra vez a sacudirles a los camioneros con su flauta de juncos

No lo dudes —dijo Grover—

Y desde luego yo le habría ayudado

Eso tampoco lo dudes —dijo el joven Percy—

Pero justo entonces el camión arrancó y el tráiler empezó a sacudirse, así que nos vimos obligados a sentarnos o caer al suelo.

Nos apiñamos en una esquina junto a unos sacos de comida mohosos

Espero que no sea para los animales —dijo Artemisa—

Intentando hacer caso omiso del hedor, el calor y las moscas. Grover intentó hablar con los animales mediante una serie de balidos, pero se lo quedaron mirando con tristeza.

Grover bajo un poco la cabeza

Annabeth estaba a favor de abrir las jaulas y liberarlos al instante, pero yo señalé que no serviría de nada hasta que el camión parara. Además, me daba la sensación de que teníamos mucho mejor aspecto para el león que aquellos nabos.

Talvez con Grover ahí podría no atacarlos —dijo Deméter—

Encontré una jarra de agua y les llené los cuencos

No sé si sea buena idea hacer eso —dijo Icaros—

El agua era lo único que estaba limpio —dijo Percy—

Después usé a Anaklusmos para sacar la comida equivocada de sus jaulas. Le di la carne al león y los nabos a la cebra y el antílope.

Bien hecho —dijo Perséfone—

Grover calmó al antílope, mientras Annabeth le cortaba el globo del cuerno con su cuchillo.

Quería también cortarle los chicles a la cebra, pero decidimos que sería demasiado arriesgado con los tumbos que daba el camión.

Athena y sus hijos asintieron de acuerdo

Le dijimos a Grover que les prometiera a los animales que seguiríamos ayudándolos por la mañana, después nos preparamos para pasar la noche.

Si no supiera lo agotado que quedas cuando sales en misión me sorprendería que pudieran dormir —dijo Laura—

Pero supongo que muy cómodo no fue —dijo Jim— y que tuviste un sueño

Grover se acurrucó junto a un saco de nabos; Annabeth abrió una caja de nuestras Oreos con relleno doble y mordisqueó una sin ganas; yo intenté alegrarme pensando que ya estábamos a medio camino de Los Ángeles. A medio camino de nuestro destino. Sólo estábamos a 14 de junio. El solsticio no era hasta el 21. Teníamos tiempo de sobra.

Eso da mala suerte —dijeron varios—

Otra vez tu culpa —dijo Annabeth dándole un puñetazo—

Por otro lado, no tenía idea de qué debía esperar. Los dioses no paraban de jugar conmigo. Por lo menos Hefestos había tenido la decencia de ser honesto: había puesto cámaras y me había anunciado como entretenimiento.

Cabe mencionar que la trampa era para la parejita que cogen como si fueran conejos —se justificó Hefestos—

Hay niños presentes —regaño Hestia—

Pero incluso cuando aquéllas aún no estaban rodando, había tenido la impresión de que mi misión era observada.

Siempre observamos las misiones —dijo Athena—

Yo no era más que una fuente de diversión para los dioses.

Oye —me dijo Annabeth—, siento haber perdido los nervios en el parque acuático, Percy.

No pasa nada.

Es que… —Se estremeció—. ¿Sabes?, las arañas…

Los hijos de Athena se estremecieron

¿Por la historia de Aracne? —supuse—.

El simple nombre provoco que los hijos de Athena soltaran varios gritos

Acabó convertida en araña por desafiar a tu madre a ver quién tejía mejor, ¿verdad?

Si mal no recuerdo —dijo Hermes— quien había ganado esa competencia había sido Aracne y tú como mala perdedora la convertiste en lo que es ahora

Sus hijos la vieron avergonzados excepto Icaros y Annabeth la veían con rencor

Annabeth asintió.

Los hijos de Aracne llevan vengándose de los de Atenea desde entonces.

Y ahora entiendo porque —dijo Icaros—

Si hay una araña a un kilómetro a la redonda, me encontrará. Detesto a esos bichejos.

Todos los hijos de Athena asintieron

De todos modos, te la debo.

Somos un equipo, ¿recuerdas? —dije—. Además, el vuelo molón lo ha hecho Grover.

El campamento estallo en risas

Pensaba que estaba dormido, pero desde la esquina murmuró:

Me asustaste —confeso Percy—

¿A que he estado total? Annabeth y yo nos reímos. Sacó una Oreo y me dio la mitad.

En el mensaje Iris… ¿de verdad Luke no dijo nada?

Te atraparon —dijo Nico—

Mordisqueé mi galleta y pensé en cómo responder. La conversación del arco iris me había tenido preocupado durante toda la tarde.

Luke me dijo que él y tú os conocéis desde hace mucho. También dijo que Grover no fallaría esta vez. Que nadie se convertiría en pino.

Grover bajo la cabeza mientras algunos gruñeron

Al débil resplandor de la espada era difícil leer sus expresiones.

Grover baló lastimeramente.

Debería haberte contado la verdad desde el principio. —Le tembló la voz—. Pensaba que si sabías lo bobo que era, no me querrías a tu lado.

Quien quiere a un sátiro inútil como yo —dijo Grover antes de caer medio inconsciente—

Te dije que si te volvías a menospreciar te daría con la punta —dijo con el bate goteando sangre—

Después de media hora Grover estaba sentado con la cabeza vendada con los cuernos por entre las vendas

Espero hayas aprendido a no menospreciarte —dijo Percy dándole el bate a Nico—

Eras el sátiro que intentó rescatar a Thalía, la hija de Zeus.

Los que no sabían vieron al sátiro con pena

Asintió con tristeza.

Y los otros dos mestizos de los que se hizo amiga Thalía, los que llegaron sanos y salvos al campamento… —Miré a Annabeth—. Erais tú y Luke, ¿verdad?

Los 4 asintieron mientras los romanos veían al sátiro

Annabeth dejó su Oreo sin comer.

Como tú dijiste, Percy, una mestiza de siete años no habría llegado muy lejos sola. Atenea me guió hacia la ayuda.

Athena sonrió un poco

Thalía tenía doce; Luke, catorce. Los dos habían huido de casa, como yo. Les pareció bien llevarme.

Todos recordaron el anterior libro donde explicaban los contratiempos que habían tenido y como habían conocido a Annabeth

Eran… unos luchadores increíbles contra los monstruos, incluso sin entrenamiento.

Ambos Luke y ambas Thalía sonrieron arrogantes

Viajamos hacia el norte desde Virginia, sin ningún plan real, evitando monstruos hasta que Grover nos encontró.

Se suponía que tenía que escoltar a Thalía al campamento —dijo Grover entre sollozos—. Sólo a Thalía. Tenía órdenes estrictas de Quirón: no hagas nada que ralentice el rescate. Verás, sabíamos que Hades le iba detrás,

Ya dije que yo no mande a nadie —dijo Hades— lo que iba atrás de ella era la maldición impuesta por Poseidón y yo

A ver si entiendo —dijo Icaros— la maldición hacia que aparecieran más monstruos aparecieran de los que de por si tienen los hijos de los 3 grandes

Hades y Poseidón asintieron

Pero no podíamos dejar a Luke y Annabeth solos. Pensé… que podría llevarlos a los tres sanos y salvos.

Podrías haberlo hecho de no ser por la maldición —dijo Poseidón—

Fue culpa mía que nos alcanzaran las Benévolas.

Grover asentía

No fue tu culpa —dijo Thalía— y si vuelvo a escuchar que te culpas por lo que paso ahora juro yo que te daré con el bate

Grover vio el bate siendo custodiado por Nico el cual aún goteaba y trago saliva

Me quedé en el sitio. Me asusté de vuelta al campamento y me equivoqué de camino. Si hubiese sido un poquito más rápido…

Ya basta —lo interrumpió Annabeth—. Nadie te echa la culpa. Thalía tampoco te culpaba.

Thalía asintió

Se sacrificó para salvarnos. Murió por mi culpa. Así lo dijo el Consejo de los Sabios Ungulados.

No les hagas caso a esas cabras amargadas —dijo Percy recibiendo la fea mirada de los 3 sátiros—

¿Porque no pensabas dejar a otros dos mestizos atrás? —dije—. Eso es injusto.

Percy tiene razón —convino Annabeth—. Yo no estaría aquí hoy de no ser por ti, Grover. Ni Luke. No nos importa lo que diga el Consejo.

Cierto —dijeron Ambas Annabeth Luke ambos Percy y ambas Thalía—

Grover siguió sollozando en la oscuridad.

¡Menuda suerte tengo! Soy el sátiro más torpe de todos los tiempos y voy a dar con los dos mestizos más poderosos del siglo, Thalía y Percy.

Y yo que —replico el joven Nico—

Cierto también encontró a Nico —dijo Percy—

Enserio que tienes una suertecita —dijo Thalía—

Porque de quien es hijo —pregunto un hijo de Athena—

Indeterminado por ahora —dijo Nico— supongo que saldrá en el 3er o 4to libro

No eres torpe —insistió Annabeth—. Y eres más valiente que cualquier otro sátiro que haya conocido.

Y mucho más valiente que los faunos que yo eh conocido —dijo Jim—

Nómbrame alguno que se atreva a ir al inframundo.

Eres el primero y único hasta le fecha que va al inframundo —dijo Hades—

Seguro que Percy también se alegra de que estés aquí.

Por supuesto —dijeron ambos Percy—

Me dio una patada en la espinilla.

Sí —contesté, aunque lo habría dicho incluso sin la patada—.

Era para confirmar que lo hicieras —dijo Annabeth—

No fue la suerte lo que hizo que nos encontraras a Thalía y a mí, Grover. Eres el sátiro con más buen corazón del mundo.

Si hubiera sido otro hubiera dejado a Annabeth y Luke a su suerte mientras Thalía llegaba a salvo al campamento —dijo Icaros—

Eres un buscador nato. Por eso serás el que encuentre a Pan.

No le den falsas esperanzas al sátiro —dijo Lineo Percy iba a decir algo pero Annabeth lo detuvo—

Todavía no —dijo Annabeth—

Oí un hondo suspiro de satisfacción. Esperé que Grover dijera algo, pero sólo volvió más pesada su respiración. Cuando empezó a roncar, me di cuenta de que se había dormido.

Lo importante fue que lo tranquilizaste —dijo Hestia—

¿Cómo lo hará? —me asombré.

Al hablarle lo calmaste y pudo dormir más tranquilo —dijo Icaros— además que estaban cansados

No lo sé —repuso Annabeth—. Pero ha sido muy bonito eso que le has dicho.

Hablaba en serio.

Gracias —susurro Grover con una sonrisa—

Guardamos silencio varios kilómetros, zarandeados contra los sacos de comida. La cebra comía nabos. El león lamía lo que quedaba de carne picada y me miraba esperanzado.

No solo le dieron ánimos a Grover —dijo Rachel—

Annabeth se frotó el collar como si estuviera concentrada pensando.

Esa cuenta del pino —le pregunté—, ¿es del primer año?

Los campistas con esa cuenta se llevaron inconscientemente la mano a esa cuenta

Icaros se llevó la mano al cuello sin encontrar nada a lo que Paul le dio el collar con 5 cuentas sonrió y se lo puso

Miró el collar. No se había dado cuenta de lo que estaba haciendo.

Sí —contestó—. Cada agosto, los consejeros eligen el evento más importante del verano y lo pintan en las cuentas de ese año. Tengo el pino de Thalía, un trirreme griego en llamas, un centauro con traje de graduación… Bueno, ése sí que fue un verano raro…

Mi último año fue bastante raro —dijo Icaros—

¿Y el anillo universitario es de tu padre?

Eso no es asunto… —Se detuvo—. Sí. Sí que lo es.

No tienes que contármelo.

No… no pasa nada. —Inspiró con dificultad—.

A cabron —dijo Icaros sorprendido—

Que sucede —pregunto Malcolm—

Yo tarde cerca de un verano para que me hablara de ella —dijo Icaros viendo a ambas Annabeth—

¿Y eso es raro porque? —Pregunto Piper—

Casi cuando Icaros llego se volvió consejero de todo el campamento —dijo Charles— con el teníamos la facilidad de poder expresarnos y sus consejos eran muy buenos

De hecho me se la vida de todos los campistas que había hasta ese momento —dijo Icaros—

Y si mal no recuerdo cuando llegaban siempre iban a buscarte para que los determinaras —dijo Sirena—

Yo no los determinaba solo daba mis teorías —dijo Icaros—

Las cuales siempre fueron ciertas —dijo Annabeth—

Mi padre me lo envió metido en una carta, hace dos veranos. El anillo era… En fin, su mayor recuerdo de Atenea.

El recuerdo que nunca iba a regresar —dijo Icaros— a menos que necesite algo

No habría superado su doctorado en Harvard sin ella… Bueno, es una larga historia. En cualquier caso, dijo que quería que lo tuviera. Se disculpó por haber sido un estúpido, dijo que me quería y me echaba de menos.

Las personas hacen el intento pero hay gente terca que se aferra a hacerse los sufridos —dijo Icaros viendo a ambas Annabeth—

Quería que volviera a casa y viviera con él.

Eso no suena tan mal.

Sí, bueno… El problema es que me lo creí.

La joven Annabeth se abrazó a si misma recordando el error de haberse ido con su padre

Intenté volver a casa aquel año académico, pero mi madrastra seguía como siempre. No quería que sus hijos corrieran peligro por vivir con un bicho raro.

Athena hizo una mueca

Siempre que hay una relación con una persona con un pasado hay que apoyar eso y más cuando se trata de un mestizo se tiene que explicar muy bien que hay ocasiones en la cuales monstros atacaran pero nunca lo harán a los mortales solo a los semidioses —dijo Paul—

Pero tú también tuviste un hijo mestizo —dijo María Di Ángelo—

El cual lleva muerto casi 3 años —dijo Paul acariciando la cabeza de Icaros— lo cual a mí se me hizo más fácil entender a Sally y Percy

¿Desde cuándo supiste que Percy era un mestizo? —Pregunto Annabeth—

Desde que fui a casa de Sally y vi una foto de Percy con la playera del campamento y el collar

Los monstruos atacaban. Peleábamos. Los monstruos atacaban. Peleábamos. No llegué a las vacaciones de Navidad. Llamé a Quirón y volví directamente al Campamento Mestizo.

Varios vieron con compasión a Annabeth

¿Crees que podrás vivir con tu padre otra vez?

No me miraba a los ojos.

Por favor. Paso de auto infligirme daño.

Yo a eso le llamo hacerse la sufrida —dijo Icaros—

No deberías desistir —le dije—. Deberías escribirle una carta o algo así.

Buen intento pero a mí me tomo cerca de 2 años convencer a Annabeth que se comunicara con su padre —dijo Icaros—

Frederick vio agradecido a Icaros sabiendo que él había ayudado a que Annabeth regresara aunque sea por unas semanas

Gracias por el consejo —me dijo fríamente—, pero mi padre ha escogido con quién quiere vivir.

Frederick bajo un poco la cabeza sin saber que decir

Guardamos silencio durante unos cuantos kilómetros.

Así que si los dioses pelean —dije al cabo—, ¿se alinearán del mismo modo que en la guerra de Troya? ¿Irá Atenea contra Poseidón?

Qué raro —ironizo Hermes—

Annabeth apoyó la cabeza en la mochila que Ares nos había dado y cerró los ojos.

No sé qué hará mi madre. Sólo sé que yo lucharé en tu bando.

Ok eso es raro —dijo Apolo—

¿Por qué?

Porque eres mi amigo, sesos de alga. ¿Alguna otra pregunta idiota?

Y que dices de ahora —pregunto Percy—

Pienso igual solo espero que no me hagas cambiar de opinión sesos de alga —dijo Annabeth—

No se me ocurría qué decir. Afortunadamente no tuve que hacerlo. Annabeth se había dormido.

Yo tuve problemas para seguir su ejemplo, con Grover roncando y un león albino mirándome hambriento

Eso te quita el sueño —dijo Leo—

Pero al final cerré los ojos.

La pesadilla se inició como algo que había soñado antes un millón de veces: me obligaban a realizar un examen oficial metido en una camisa de fuerza. Los demás chicos estaban saliendo al patio

Y el profesor no paraba de decir: "Venga. No eres tonto, ¿verdad? Agarra el lápiz." —dijo Nico haciendo que varios lo voltearan a ver—

Y el profesor no paraba de decir: «Venga, Percy. No eres tonto, ¿verdad? Agarra el lápiz.»

Ok da miedo soñar lo mismo que tu —dijo Nico—

Y entonces el sueño se desviaba de su camino habitual.

Miraba hacia el pupitre de al lado y veía a una chica sentada allí, también con camisa de fuerza. Tenía mi edad, el pelo negro y revuelto, peinado a lo punk, los ojos verdes y tormentosos pintados con lápiz oscuro, y pecas en la nariz. De algún modo, sabía quién era: Thalía, hija de Zeus.

Una muy correcta descripción de no ser por los ojos —dijo Thalía—

Unos sueños demasiado reales para ser un legado de Apolo algo más debe estar pasando para que tengas esos sueños —dijo Jim—

Ella forcejeaba con la camisa de fuerza, me lanzaba una airada mirada de frustración y espetaba:

Bueno, sesos de alga. Uno de los dos tendrá que salir de aquí.

Hasta suena como tú —dijo Rachel—

«Tiene razón —pensaba yo en el sueño—. Voy a volver a esa cueva. Voy a darle a Hades mi opinión.»

Hades arqueo una ceja viendo fijamente a Percy

La camisa de fuerza se desvanecía. Caía a través del suelo de la clase. La voz del maestro se volvía fría y malvada, resonando desde las profundidades de un gran abismo.

Gran abismo —murmuro Hades mientras palidecía un poco—

Percy Jackson —decía—. Sí, veo que el intercambio ha funcionado.

¿Intercambio? —se preguntaron varios

Estaba otra vez en la caverna oscura, los espíritus de los muertos vagaban alrededor. Oculta en el foso, la cosa monstruosa hablaba, pero esta vez no se dirigía a mí. El poder entumecedor de su voz parecía dirigido hacia otro lugar.

Hades deseo que no fuera su padre

¿Y no sospecha nada? —preguntaba.

Otra voz, una que me resultaba conocida, respondía a mi espalda:

Algunas miradas se dirigieron hacia Luke

Nada, mi señor. Está totalmente en la inopia.

Yo miraba, pero no había nadie. El que hablaba era invisible.

El joven Luke suspiro aliviado

Un engaño tras otro —musitaba la cosa del foso—. Excelente.

En serio, mi señor —decía la voz a mi lado—, hacen bien en llamaros el Retorcido,

Los dioses se vieron preocupados entre ellos

Pero ¿era esto realmente necesario? Podría haberos traído lo que robé directamente…

Icaros veía la lista de los campistas que le habían dado

¿Tú? —Se burlaba el monstruo—. Has mostrado tus límites con creces. Me habrías fallado por completo de no haber intervenido yo.

Pero, mi señor…

Haya paz, pequeño sirviente. Estos seis meses nos han rendido mucho. La ira de Zeus ha aumentado. Poseidón ha jugado su carta más desesperada.

En caso de ser Hades nos diría hermanos —dijo Poseidón—

Yo no diría hermanos yo diría par de idiotas —dijo Hades— o en su defecto diría reina del drama y sirenito

Ahora la usaremos contra él. Pronto obtendrás la recompensa que deseas, y tu venganza.

—Icaros tenía la vista en la hoja y se fijó en un nombre— Annabeth puedo hablar contigo un momento

Annabeth asintió

No tardamos —dijo parándose caminando siendo seguido por Annabeth

Hay que esperarlos —dijo Hestia—

Varios metros de ahí

Luke es el traidor no es así —dijo Icaros—

Eso es predecible él lo dijo cuando llego —dijo Annabeth—

Dudo que muchos se acuerden que el mencionara ser el traidor siendo sincero también se me estaba hiendo ese detalle —dijo Icaros— pero recuerdo que cuando Luke llego estaba muy obsesionado con demostrarle a los dioses que él era un gran héroe y todo cambio desde que regreso de esa misión después de eso estaba roto y distante además que a pesar de dijo que era traidor no sabía si Luke había ido al olimpo

Hay que regresar —dijo Annabeth—

Otra cosa más —dijo Icaros— y espero estar equivocado el que está detrás de todo esto es el titán del tiempo no es así

Annabeth asintió levemente

Icaros maldijo en griego y ambos regresaron a la hoguera

En cuanto ambos objetos me sean entregados… Pero espera.

Está aquí.

¿Qué? —El sirviente invisible de repente parecía tensarse—. ¿Lo habéis convocado, mi señor?

No. —El monstruo centraba toda la fuerza de su atención en mí, dejándome inmóvil en el sitio—. Maldita sea la sangre de su padre: es demasiado voluble, demasiado impredecible.

No tiene idea —dijo Hades—

El chico ha venido solo.

Con 12 años y sin entrenamiento te puedes mover un poco en los sueños y eso es muy difícil de hacer —dijo Jim— no tengo ni idea que podrás hacer cuando tengas unos 18 años

¡Imposible! —gritaba el sirviente.

¡Para un débil como tú, puede! —rugía la voz.

Ambos Luke fruncieron el ceño

Entonces su frío poder se volvía hacia mí—. Así que… ¿quieres soñar con tu misión, joven mestizo? Pues te lo concederé.

La escena cambiaba.

Estaba de pie en un enorme salón del trono con paredes de mármol negro y suelos de bronce. El trono, vacío y horrendo, estaba hecho de huesos humanos soldados.

Varias miradas se dirigieron hacia Hades

De pie, junto al pedestal, estaba mi madre, helada en una luz dorada reluciente, con los brazos extendidos. Intentaba acercarme a ella, pero las piernas no me respondían. Estiraba los brazos para alcanzarla, pero sólo para comprobar que se me estaban secando hasta los huesos.

Sally lo vio con comprensión mientras abrazaba al joven Percy

Esqueletos sonrientes con armaduras griegas se cernían sobre mí, me envolvían en una túnica de seda y me coronaban con laureles que olían como el veneno de Quimera y me quemaban la piel.

La voz malvada se echaba a reír.

¡Salve, héroe conquistador!

Varios se estremecieron

Desperté con un sobresalto.

Grover me sacudía por el hombro.

El camión ha parado —dijo—. Creemos que vendrán a ver los animales.

¡Escóndete! —susurró Annabeth.

Ella lo tenía fácil. Se puso la gorra de invisibilidad y desapareció.

Teseo hizo una mueca

Grover y yo tuvimos que escondernos detrás de unos sacos de comida y confiar en parecer nabos.

Espero que sepan actuar —dijo Nico—

Las puertas traseras chirriaron al abrirse. La luz del sol y el calor se colaron dentro.

¡Qué asco! —Rezongó uno de los camioneros mientras sacudía la mano por delante de su fea nariz—.

Ojalá transportáramos electrodomésticos. —Subió y echó agua de una jarra en los platos de los animales—. ¿Tienes calor, chaval? —le preguntó al león, y le vació el resto del cubo directamente en la cara.

Estúpido mortal —dijo Dionisios—

El león rugió, indignado.

Vale, vale, tranquilo —dijo el hombre.

A mi lado, bajo los sacos de nabos, Grover se puso tenso. Para ser un herbívoro amante de la paz, parecía bastante mortífero, la verdad.

No tienes idea de lo violentos que pueden ser los sátiros —dijo Connor—

El camionero le lanzó al antílope una bolsa de Happy Meal aplastada. Le dedicó una sonrisita malévola a la cebra.

¿Qué tal te va, Rayas? Al menos de ti nos deshacemos en esta parada. ¿Te gustan los espectáculos de magia? Éste te va a encantar. ¡Van a serrarte por la mitad!

Me da miedo decirlo pero coincido con Dionisio —dijo Poseidón— estúpido mortal

La cebra, aterrorizada y con los ojos como platos, me miró fijamente.

No emitió sonido alguno, pero la oí decir con nitidez: «Por favor, señor, liberadme.» Me quedé demasiado conmocionado para reaccionar.

La primera vez que los oyes hablar es sorpresivo con el tiempo te acostumbras —dijo Percy—

Se oyeron unos fuertes golpes a un lado del camión.

El camionero gritó:

¿Qué quieres, Eddie?

Que salgas —murmuro Annabeth—

Una voz desde fuera —sería la de Eddie—, gritó:

¿Maurice? ¿Qué dices?

¿Para qué das golpes?

Toe, toe, toe.

Buena estrategia —dijo Icaros—

Desde fuera, Eddie gritó:

¿Qué golpes?

Nuestro tipo, Maurice, puso los ojos en blanco y volvió fuera, maldiciendo a Eddie por ser tan imbécil.

Pues el otro no se queda atrás —dijo Annabeth—

Un segundo más tarde, Annabeth apareció a mi lado. Debía de haber dado los golpes para sacar a Maurice del camión.

Este negocio de transporte no puede ser legal —dijo.

No me digas —dijo Grover y Percy—

No me digas —contestó Grover. Se detuvo, como si estuviera escuchando—. ¡El león dice que estos tíos son contrabandistas de animales!

Artemisa y las cazadoras maldijeron en voz baja

«Es verdad», me dijo la voz de la cebra en mi mente.

¡Tenemos que liberarlos! —sugirió Grover, y tanto él como Annabeth se quedaron mirándome, esperando que los dirigiera.

Lo hubieran hecho aunque les hubiera dicho que no —dijo Percy—

Había oído hablar a la cebra, pero no al león.

Porque eres hijo de Poseidón no de Dionisios —dijo Annabeth—

¿Por qué? Quizá se debiera a otra disfunción cognitiva…

Quizá sólo podía entender a las cebras. Entonces pensé: caballos. ¿Qué había dicho Annabeth sobre que Poseidón había creado los caballos? ¿Se parecía una cebra lo suficiente a un caballo? ¿Por eso era capaz de entenderla?

Poseidón asintió

La cebra dijo: «Ábrame la jaula, señor. Por favor. Después yo me las apañaré por mi cuenta.»

Fuera, Eddie y Maurice aún seguían gritándose, pero sabía que volverían en cualquier momento para atormentar otra vez a los animales. Empuñé la espada y destrocé el cerrojo de la jaula de la cebra. El pobre animal salió corriendo. Se volvió y me hizo una reverencia con la cabeza. «Gracias, señor.»

Una cebra muy educada —dijo Hestia—

Grover levantó las manos y le dijo algo a la cebra en idioma cabra, una especie de bendición.

Bien hecho —felicitaron Artemisa y Hestia—

Justo cuando Maurice volvía a meter la cabeza dentro para ver qué era aquel ruido, la cebra saltó por encima de él y salió a la calle. Se oyeron gritos y bocinas. Nos abalanzamos sobre las puertas del camión a tiempo de ver a la cebra galopar por un ancho bulevar lleno de hoteles, casinos y letreros de neón a cada lado.

Acabábamos de soltar una cebra en Las Vegas.

Y me lo perdí —dijeron ambos Nico—

Maurice y Eddie corrieron detrás de ella, y a su vez unos cuantos policías detrás de ellos, que gritaban:

¡Eh, para eso necesitan un permiso!

Enserio se necesita permiso para eso —preguntaron algunos extrañados—

Este sería un buen momento para marcharnos —dijo Annabeth.

Primero los animales —dijo Thalía—

Los otros animales primero —intervino Grover.

Thalía asintió

Rompí los cerrojos con la espada. Grover levantó las manos y les dedicó la misma bendición caprina que a la cebra.

Buena suerte —les dije a los animales. El antílope y el león salieron de sus jaulas con ganas y se lanzaron juntos a la calle.

Algunos turistas gritaron. La mayoría sólo se apartaron y sacaron fotos, probablemente convencidos de que era algún espectáculo publicitario de los casinos.

Buenas técnicas de publicidad —dijo Rachel—

Voy a implementarla —dijo Hermes decidido—

¿Estarán bien los animales? —le pregunté a Grover—. Quiero decir, con el desierto y tal…

No te preocupes —me contestó—. Les he puesto un santuario de sátiro.

¿Qué significa?

Significa que llegarán a la espesura a salvo —dijo—. Encontrarán agua, comida, sombra, todo lo que necesiten hasta hallar un lugar donde vivir a salvo.

¿Por qué no nos echas una bendición de ésas a nosotros? —le pregunté.

Sólo funciona con animales salvajes.

Ósea que solo funcionaria con Percy —dijeron Nico y Thalía—

Así que sólo afectaría a Percy —razonó Annabeth.

Varios rieron

¡Eh! —protesté.

Es una broma —contestó—.

Bromistas estúpidas —murmuro Teseo—

Vamos, salgamos de este camión asqueroso.

Salimos a trompicones a la tarde en el desierto. Debía de haber cuarenta y cinco grados, así que seguramente parecíamos vagabundos refritos, pero todo el mundo estaba demasiado interesado en los animales salvajes para prestarnos atención.

Y también sirve como distracción —dijo Hermes con un brillo en los ojos—

Pasamos junto al Monte Casio y el MGM. Dejamos atrás unas pirámides, un barco pirata y la estatua de la Libertad, una réplica bastante pequeña pero que me provocó la misma añoranza.

No estaba seguro de qué íbamos buscando. Tal vez sólo un lugar donde librarnos del calor por unos instantes, encontrar un sándwich y un vaso de limonada y trazar un nuevo plan para llegar a Los Ángeles.

No estas pidiendo mucho —dijo Frank—

Percy se encogió de hombros

Debimos de girar en el lugar equivocado, porque de repente nos encontramos en un callejón sin salida, delante del Hotel Casino Loto.

Nico presto principal atención a eso aferrándose a Will que lo observo preocupado

La entrada era una enorme flor de neón cuyos pétalos se encendían y parpadeaban. Nadie salía ni entraba, pero las brillantes puertas cromadas estaban abiertas, y del interior emergía un aire acondicionado con aroma de flores: flores de loto, quizá. Jamás las había olido, así que no estaba seguro.

El portero nos sonrió.

E, chicos. Parecéis cansados. ¿Queréis entrar y sentaros?

No entren —murmuraba Nico—

Durante la última semana había aprendido a sospechar. Suponía que cualquiera podía ser un monstruo o un dios. No se podía saber. Pero aquel tipo era normal.

¿Cuál es tu definición de normal?— pregunto Rachel

Saltaba a la vista. Además, me sentí tan aliviado al oír a alguien que parecía comprensivo que asentí y le dije que nos encantaría entrar.

Sally murmuro algo de una semana más

Dentro, echamos un vistazo y Grover exclamó:

¡Uau!

El recibidor entero era una sala de juegos gigante. Y no me refiero a los comecocos cutres o las máquinas tragaperras. Había un tobogán de agua que rodeaba el ascensor de cristal como una serpiente, de una altura de por lo menos cuarenta plantas. Había un muro de escalar a un lado del edificio, así como un puente desde el que hacer puenting. Y cientos de videojuegos, cada uno del tamaño de una televisión gigante. Básicamente, tenía todo lo que se te pueda ocurrir. Vi a otros chicos jugando, pero no muchos. No había que esperar para ningún juego. Por todas partes se veían camareras y bares que servían todo tipo de comida.

Un brillo en los ojos paso por varios mestizos

¡Eh! —dijo un botones. Por lo menos eso me pareció. Llevaba una camisa hawaiana blanca y amarilla con dibujos de lotos, pantalones cortos y chanclas—.

Me gusta —dijo Poseidón—

Bienvenidos al Casino Loto. Aquí tienen la llave de su habitación.

¿Así de fácil y no sospecharon? —Pregunto Teseo—

Esto, pero… —mascullé.

No, no —dijo sonriendo—. La cuenta está pagada. No tienen que pagar nada ni dar propinas.

A mí me suena muy sospechoso —dijo Orión—

Sencillamente suban a la última planta, habitación cuatro mil uno.

Cuatro mil —murmuro Nico—

Si necesitan algo, como más burbujas para la bañera caliente, o platos en el campo de tiro, lo que sea, llamen a recepción. Aquí tienen sus tarjetas LotusCash. Funcionan en los restaurantes y en todos los juegos y atracciones.

Nos entregó a cada uno una tarjeta de crédito verde.

Sabía que tenía que tratarse de un error. Evidentemente pensaba que éramos los hijos de algún millonario.

Con la pinta que teníamos parecíamos vagabundos —dijo Percy—

Pero acepté la tarjeta y pregunté:

¿Cuánto hay aquí?

Infinito —murmuro Nico—

¿Qué quiere decir? —inquirió con ceño.

Quiero decir que… ¿cuánto se puede gastar aquí?

Se rio.

Ah, estaba bromeando. Bueno, eso mola. Disfruten de su estancia.

No entiendo —dijeron varios de la cabaña de Hermes—

Subimos al ascensor y buscamos nuestra habitación. Era una suite con tres dormitorios separados y un bar lleno de caramelos, refrescos y patatas. Línea directa con el servicio de habitaciones. Toallas mullidas, camas de agua y almohadas de plumas. Una gran pantalla de televisión por satélite e internet de alta velocidad. En el balcón había otra bañera de agua caliente y, como había dicho el botones, una máquina para disparar platos y una escopeta, así que se podía lanzar palomas de arcilla por encima del horizonte de Las Vegas y llenarlas de plomo.

Yo quiero ir —dijo Leo—

Yo no creía que aquello fuera legal, pero desde luego molaba. La vista de la Franja, la calle principal de la ciudad, y el desierto eran alucinantes, aunque dudaba que tuviera tiempo para admirar la vista con una habitación como aquélla.

¡Madre mía! —Exclamó Annabeth—. Este sitio es…

Genial —concluyó Grover—. Absolutamente genial.

No lo es —dijo Nico—

Había ropa en el armario, de mi talla. Puse cara de extrañeza.

Tiré la mochila de Ares a la basura. Ya no iba a necesitarla. Cuando nos marcháramos, podría apuntar otra a mi cuenta en la tienda del hotel. Me di una ducha, que me sentó fenomenal tras una semana de viaje mugriento.

Una buena ducha siempre es buena —dijo Teseo— y más si tienes tu propia harem

Deja de decir esas cosas —regaño Orión—

Mira el que yo si haya disfrutado mi vida es problema mío —dijo Teseo—

No me importa si disfrutaste o no —dijo Orión— pero hay niños presentes

Me cambié de ropa, comí una bolsa de patatas, bebí tres Coca-Colas y acabé sintiéndome mejor que en mucho tiempo. En el fondo de mi mente, algún problemilla seguía incordiándome. Habría tenido un sueño o algo… tenía que hablar con mis amigos. Pero estaba seguro de que podía esperar.

Eso no puede esperar y mucho menos en ese sitio —dijo Nico—

Salí de la habitación y descubrí que Annabeth y Grover también se habían duchado y cambiado de ropa. Grover comía patatas con fruición, mientras Annabeth encendía el canal del National Geographic.

Quien ve eso —pregunto Leo—

Mucha gente —dijo Annabeth—

Entre los cuales se encuentran hijos de Athena —dijo Percy—

Con todos los canales que hay —le dije—, y tú pones el National Geographic. ¿Estás majara?

Emiten programas interesantes.

Si tú lo dices —dijo Leo—

Me siento bien —comentó Grover—. Me encanta este sitio.

Sin que reparara siquiera en ello, las alas de sus zapatillas se desplegaron y por un momento lo levantaron treinta centímetros del suelo.

¿Y ahora qué? —Preguntó Annabeth—. ¿Dormimos?

Lo cual sería lo más recomendable pero cuanto tiempo pasaría —dijo Nico ante la extrañeza de varios—

Grover y yo nos miramos y sonreímos. Ambos levantamos nuestras tarjetas de plástico verde LotusCash.

Hora de jugar —dije.

¡Siiiiii! —gritaron varios—

No ya váyanse de ahí —dijo Nico para extrañeza de muchos—

No recordaba la última vez que me lo había pasado tan bien. Venía de una familia relativamente pobre.

Nuestra idea de derroche era salir a comer a un Burger King y alquilar un vídeo. ¿Un hotel de Las Vegas de cinco estrellas? Ni hablar.

No es que me queje —dijo Percy—

Hice puenting en el recibidor cinco o seis veces, bajé por el tobogán, practiqué snowboard en la ladera de nieve artificial y jugué a un juego de realidad virtual con pistolas láser y a otro de tiro al blanco del FBI. Vi a Grover unas cuantas veces, pasando de juego en juego.

Varios mestizos babeaban queriendo ir

Le encantó el cazador cazado: donde el ciervo sale a disparar a los sureños.

Quien esta tan loco para darle un arma a un sátiro —dijo Hefestos— además de Ares o alguno de sus hijos

Vi a Annabeth jugar a juegos de trivial y otras cosas para cerebritos.

Annabeth le dio un puñetazo

Tenían un juego enorme de simulación en 3D en el que construías tu propia ciudad y, de hecho, veías los edificios holográficos levantarse en el tablero. A mí no me pareció gran cosa, pero a ella le encantó.

Como no tienes idea —dijo Annabeth—

Mejor que lo que paso en Paris —susurro Percy—

Bueno no tanto —dijo Annabeth sonrojada—

No sé en qué momento me di cuenta de que algo iba mal.

Sigue esos sentidos —dijo Orión—

Probablemente fue cuando reparé en el chico que tenía a mi lado en el tiro al blanco de realidad virtual.

Tendría unos trece años, pero llevaba ropa muy rara. Pensé que sería hijo de algún imitador de Elvis.

Posiblemente —dijo Will—

No lo era —dijo Nico cada vez más nervioso—

Vestía vaqueros de campana y una camiseta roja con estampado de tubos negros, y llevaba el pelo repeinado con gomina como un chico de Nueva Jersey en la fiesta de principio de curso.

Quizás fiesta de disfraces —dijo Will—

Que no —dijo Nico—

Jugamos una partida juntos y dijo:

Cómo enrolla, colega. Llevo aquí dos semanas y los juegos no dejan de mejorar.

«¿Cómo enrolla?»

Que no era expresión de los 70's —dijo Icaros—

Paul asintió

Más tarde, mientras hablábamos, dije que algo «desentonaba» y me miró sorprendido, como si nunca hubiera oído la palabra.

Lo cual es probable —dijo Nico—

Se llamaba Darrin, pero en cuanto empecé a hacerle preguntas, se aburrió de mí y regresó a la pantalla.

Eh, Darrin.

¿Qué?

¿En qué año estamos? —le pregunté.

Puso ceño.

¿En el juego?

No. En la vida real.

Tuvo que pararse a pensarlo.

En mil novecientos setenta y siete.

Ok eso ya no me gusta —dijo Will—

No —dije, y empecé a preocuparme—. En serio.

Oye, tío, me das malas vibraciones. Tengo una partida que atender.

Después de eso, me ignoró por completo.

Empecé a hablar con los demás, y descubrí que no era fácil. Estaban pegados a la pantalla del televisor, o al videojuego, o a su comida, o a lo que fuera.

Di que te hicieron caso —dijo Nico—

Encontré un tipo que me dijo que estábamos en 1985; otro, que en 1993. Todos aseguraban que no llevaban demasiado tiempo, sólo unos días, como mucho unas semanas.

Eh Nico —murmuro Percy—

Que quieres Jackson —dijo Nico—

La verdad no recuerdo ¿pero te pregunte a ti? —Pregunto Percy—

No recuerdo —dijo Nico— pero creo que si

En realidad ni lo sabían ni les importaba.

Entonces se me pasó por la cabeza: ¿cuánto tiempo llevaba yo allí? Parecía sólo un par de horas, pero ¿cuánto había sido? Intenté recordar por qué estábamos allí. Íbamos a Los Ángeles. Teníamos que encontrar la entrada del inframundo. Mi madre… Por un horrible instante me costó recordar su nombre.

Fue horrible —dijo Percy—

Sally. Sally Jackson. Tenía que dar con ella. Tenía que evitar que Hades causara la Tercera Guerra Mundial.

Que yo no quiero una maldita guerra —dijo Hades—

Encontré a Annabeth aun construyendo su ciudad.

Venga —le dije—. Nos marchamos.

No hubo respuesta. La sacudí por los hombros.

¿Annabeth? —Pareció molestarse.

Todo hijo de Athena se enoja que interrumpan cuando están bien metidos en algo —dijo Katy— y suelen ser violentos

¿Qué?

Tenemos que irnos.

¿Irnos? ¿De qué estás hablando? Si acabo de construir las torres…

Este sitio es una trampa.

No respondió hasta que volví a sacudirla.

¿Qué pasa?

Escucha. Tenemos una misión, ¿recuerdas?

Oh, Percy, sólo unos minutos más.

Annabeth, aquí hay gente desde mil novecientos setenta y siete. Niños que no han crecido más. Te inscribes y te quedas para siempre.

¿Y qué? —replicó—. ¿Te imaginas un lugar mejor?

La verdad si —dijo Nico—

La agarré de la muñeca y la aparté del juego.

¡Eh! —me gritó, e intentó pegarme, pero nadie se molestó siquiera en mirarnos. Estaban demasiado absortos.

La obligué a mirarme a los ojos.

Arañas. Enormes arañas peludas —le dije.

Los hijos de Athena se estremecieron

Un buen truco —dijo Icaros—

Eso la estremeció y le aclaró la mirada.

Oh, santo Olimpo —musitó—. ¿Cuánto tiempo llevamos…?

No lo sé, pero tenemos que encontrar a Grover.

Tras buscar un buen rato, lo vimos jugando al cazador cazado virtual.

¡Grover! —llamamos.

Él contestó:

¡Muere, humano! ¡Muere, asquerosa y contaminante persona!

Creo no solo el entrenador Hedge es violento —dijo Leo—

¡Grover!

Se volvió con la pistola de plástico y siguió apretando el gatillo, como si sólo fuera otra imagen en la pantalla.

Miré a Annabeth, y entre los dos lo agarramos por los brazos y lo apartamos. Sus zapatos voladores desplegaron las alas y empezaron a tirar de sus piernas en la otra dirección mientras gritaba:

¡No! ¡Acabo de pasar otro nivel! ¡No!

El botones del Loto se acercó presuroso.

Bueno, bueno, ¿están listos para las tarjetas platino?

Artillería pesada —dijo Will—

Nos vamos —le dije.

Qué lástima —repuso él, y me dio la sensación de que era sincero, como si nuestra partida le doliese en el alma—.

Era sincero —dijo Nico—

Acabamos de abrir una sala nueva entera, llena de juegos para los poseedores de la tarjeta platino.

Nos mostró las tarjetas. Sabía que si aceptaba una, jamás me iría. Me quedaría allí, feliz para siempre, jugando para siempre, y pronto olvidaría a mi madre, mi misión e incluso mi propio nombre. Jugaría al francotirador virtual con Darrin el Enrollado por los siglos de los siglos.

Grover tendió un brazo hacia la tarjeta, pero Annabeth le pegó un tirón y la rechazó.

No, gracias.

Gracias por eso —dijo Grover sonrojado—

Caminamos hacia la puerta y, a medida que nos acercábamos, el olor a comida y los sonidos de los videojuegos parecían más atractivos. Pensé en nuestra habitación del piso de arriba. Podíamos quedarnos sólo por esa noche, dormir en una cama cómoda y mullida por una vez…

Salimos a toda prisa del Casino Loto y corrimos por la acera. Era por la tarde, aproximadamente la misma hora del día que habíamos entrado en el casino, pero algo no cuadraba. El clima había cambiado por completo. Había tormenta y el desierto rielaba por el calor.

Llevaba la mochila que me había dado Ares colgada del hombro, cosa rara,

Muy rara —dijo Icaros—

Pues estaba seguro de que la había desechado en la habitación 4001, pero de momento tenía otros problemas de qué preocuparme.

Fui hasta el quiosco más cercano, miré la fecha de un periódico. Gracias a los dioses, seguía siendo el mismo año en que habíamos entrado. Después reparé en la fecha: 20 de junio.

Eso los deja con un día para terminar la misión si no todo hace KABOOM —dijo Leo

Habíamos pasado cinco días en el Casino Loto.

Sólo nos quedaba un día para el solsticio de verano. Un día para llevar a buen puerto nuestra misión.

Aquí termina —dijo Artemisa— quien lee

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Espero les haya gustado espero seguir actualizando como hasta ahora

Nos leemos luego dejen Reviews

Se despide por ahora ACUARIO NO JUNE4311