Aquí tienen el capítulo del mes pensaba subirlo ayer en la noche pero me quede dormida pero aprovechando que es un poco temprano aquí tienen su capitulo

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Aquí termina —dijo la joven Hazel cerrando el libro—

Yo leo —dijo Nico haciendo que mediante sombras apareciera enfrente de el— cabe advertir que el que se atreva a interrumpirme va a conocer mi bate —dijo muy serio antes de abrir el libro— Capítulo 19: Descubrimos la verdad

Ya era hora —gritaron los Stoll antes de quejarse de dolor cubriéndose el pecho con los brazos el cual sangraba—

Creyeron que estaba jugando —dijo Nico enfrente de ellos con el bate en manos el cual goteaba sangre— que eso sirva de advertencia —dijo sentándose nuevamente y agarrando el libro mientras algunos hijos de Apolo revisaban a los Stoll mientras el pequeño Hesper volvió a flotar por la hoguera y se sentó en las piernas de Bianca para molestia de esta y María vio preocupada a Nico — Capítulo 19: Descubrimos la verdad, más o menos

Imagínate el concierto más multitudinario que hayas visto jamás, un campo de fútbol lleno con un millón de fans.

Varios asintieron

Ahora imagina un campo un millón de veces más grande, lleno de gente, e imagina que se ha ido la electricidad y no hay ruido, ni luz, ni globos gigantes rebotando sobre el gentío. Algo trágico ha ocurrido tras el escenario. Multitudes susurrantes que sólo pululan en las sombras, esperando un concierto que nunca empezará.

Me lo imagino y no me gusta —le susurro Leo a Piper

Si puedes imaginarte eso, te harás una buena idea del aspecto que tenían los Campos de Asfódelos.

Ambas Hazel asintieron distraídas

La hierba negra llevaba millones de años siendo pisoteada por pies muertos. Soplaba un viento cálido y pegajoso como el hálito de un pantano.

Frank abrazo a Hazel

Aquí y allá crecían árboles negros, y Grover me dijo que eran álamos.

Ambas Hazel temblaron ligeramente

Nico interrumpió unos segundos la lectura y le susurro algo a Will el cual se acercó al joven Frank

Dice Nico que si no abrazas a Hazel te golpeara con el bate —le susurro Will al joven Frank el cual vio el bate con miedo y abrazo a Hazel —

El techo de la caverna era tan alto que bien habría podido ser un gran nubarrón, pero las estalactitas emitían leves destellos grises y tenían puntas afiladísimas. Intenté no pensar que se nos caerían encima en cualquier momento

Mejor ni pienses eso con tu suerte —dijo Thalía—

Aunque había varias de ellas desperdigadas por el suelo, incrustadas en la hierba negra tras derrumbarse. Supongo que los muertos no tenían que preocuparse por nimiedades como que te despanzurrara una estalactita tamaño misil.

Obviamente no —dijo Hades—

Annabeth, Grover y yo intentamos confundirnos entre la gente, pendientes por si volvían los demonios de seguridad. No pude evitar buscar rostros familiares entre los que deambulaban por allí, pero los muertos son difíciles de mirar.

Ambas Hazel asintieron

Sus rostros brillan. Todos parecen enfadados o confusos. Se te acercan y te hablan, pero sus voces suenan a un traqueteo, como a chillidos de murciélagos. En cuanto advierten que no puedes entenderlos, fruncen el entrecejo y se apartan.

Los muertos no dan miedo. Sólo son tristes.

Ellos en el caso de los que están en los Elíseos se pueden comunicar con facilidad —dijo Hades—

Seguimos abriéndonos camino, metidos en la fila de recién llegados que serpenteaba desde las puertas principales hasta un pabellón cubierto de negro con un estandarte que rezaba: «Juicios para el Elíseo y la condenación eterna. ¡Bienvenidos, muertos recientes!»

Por lo menos les das la bienvenida —dijo Deméter—

Es lo mínimo que puedo hacer si van a estar ahí una eternidad —dijo Hades—

Al igual que mi pobre Perséfone —dijo abrazándola—

Hades rodo lo ojos

Por la parte trasera había dos filas más pequeñas.

A la izquierda, espíritus flanqueados por demonios de seguridad marchaban por un camino pedregoso hacia los Campos de Castigo, que brillaban y humeaban en la distancia, un vasto y agrietado erial con ríos de lava, campos de minas y kilómetros de alambradas de espino que separaban las distintas zonas de tortura. Incluso desde tan lejos, veía a la gente perseguida por los perros del infierno, quemada en la hoguera, obligada a correr desnuda a través de campos de cactos o a escuchar ópera.

La ópera no es una tortura —dijo Apolo—

Si tú lo dices —dijo Hades—

Vislumbré más que vi una pequeña colina, con la figura diminuta de Sísifo dejándose la piel para subir su roca hasta la cumbre.

Thalía y Percy miraron de reojo a Nico

Y vi torturas peores; cosas que no quiero describir.

Gracias —murmuro Hazel—

La fila que llegaba del lado derecho del pabellón de los juicios era mucho mejor. Esta conducía pendiente abajo hacia un pequeño valle rodeado de murallas: una zona residencial que parecía el único lugar feliz del inframundo. Más allá de la puerta de seguridad había vecindarios de casas preciosas de todas las épocas, desde villas romanas a castillos medievales o mansiones victorianas. Flores de plata y oro lucían en los jardines. La hierba ondeaba con los colores del arco iris. Oí risas y olor a barbacoa.

El Elíseo —dijeron soñadoramente todos los mestizos—

El Elíseo.

En medio de aquel valle había un lago azul de aguas brillantes, con tres pequeñas islas como una instalación turística en las Bahamas. Las islas Bienaventuradas, para la gente que había elegido renacer tres veces y tres veces había alcanzado el Elíseo.

Y hay otra opción —interrumpió Hades— si cae tres veces en el las islas de los bienaventurados se podrá convertir en un dios

Y alguno lo ha hecho —pregunto Nico—

No se arriesgan o se desvían así que ningún alma ha llegado a tanto —explico Hades—

De inmediato supe que aquél era el lugar al que quería ir cuando muriera.

De eso se trata —me dijo Annabeth como si me leyera el pensamiento—. Ése es el lugar para los héroes.

Como yo —dijo Teseo—

Todos nosotros estamos en el Eliseo —dijo Perseo—

Excepto Orión que decidió renacer —dijo Teseo señalándolo—

Varias miradas se dirigieron hacia el

Estaba por sumergirme en el rio Lete cuando las Miras se me aparecieron y estoy aquí —explico Orión—

Se oyó una risa medio espeluznante y todos voltearon a ver a Bianca que era de donde venía la risa viendo al pequeño Hesper con el cráneo de cristal con ojos verdes

Hesper floto hasta Hades y le entrego el cráneo

Tardo más de lo esperado —dijo Hades viendo el cráneo de cristal— bastante curioso

¿Qué es curioso cariño? —Dijo Perséfone—

—Tenía la sospecha que su alma era una reencarnada y no me equivoque —dijo Hades viendo la calavera— pero tú caso es bastante curioso en cada una de las reencarnaciones siempre han tenido relación con los dioses

En cada una —dijo Poseidón— ¿quieres decir que ha tenido más de una?

Exacto —dijo Hades mostrando el cráneo del cual salió un holograma mostrando un hombre de cabello hasta la nuca una barba tupida y una mirada salvaje y loca— alguno lo reconoce

Grigori Rasputín 1869/1916 —dijo un hijo de Athena— e hijo del señor Hades

Esa es una de tus reencarnaciones pasadas —dijo Hades— esta es otra mostro un pelirrojo de cara redonda de mejillas rosadas y apariencia seria y ojos grises

Está diciendo que Percy en otra vida fue nuestro hermano George Washington —dijo Malcolm

Entonces para Percy ganarse el Eliseo se decide en esta vida —dijo Hazel—

No exactamente —dijo Hades revisando nuevamente el cráneo—

A que te refieres —pregunto Poseidón—

Que aún faltan reencarnaciones —dijo Hades mostrando el cráneo mostrando a un hombre mayor de cabellos largos y blancos con una barba larga con ojos azules—

Ese no es Leonardo da Vinci —dijo Lee— un hermano nuestro

Hasta ahora van un hijo de Hades uno de Athena y uno de Apolo —dijo Nico— y uno de Poseidón

Las miradas de todos se fijaron en ambos Percy haciendo que se sintieran incomodos

Cuantas le faltan —pregunto Perséfone—

Varias —dijo con el cráneo— este también era conocido —mostro a un hombre de avanzada edad con una barba y bigotes blancos con ojos marrones

¿Ese no es Arquímedes? —Dijo Charles sorprendido— el que nació en 287 y murió en 212 un hermano nuestro

Exacto —dijo Hades revisando nuevamente el cráneo— el siguiente es el último con una fecha definida —mostro un joven de unos 30 años de cabellos negros y ojos oscuros vestido con túnicas romanas

Se parece a Rea Silva —dijo Icaros—

Rea Silva no era la madre de Rómulo y Remo —dijo Annabeth—

Ósea que en una vida fue Rómulo o Remo —dijo Hazel—

Nació en 771 y murió en 717 —dijo Hades—

Entonces por las fechas es Rómulo porque Remo murió en el 753 a los 18 años —dijo Jim— eso significa que eres pretor de lo que fundaste en vidas pasadas

Y todos hasta ahora han sido hijos de dioses —dijo Nico—

Rómulo y Remo de quien eran hijos —pregunto Will—

Ellos fueron hijos de Marte —respondió Jim—

Y aún faltan —dijo Hades y todas las miradas se fijaron en el— solo que las siguientes no tengo una fecha exacta y mostro a un hombre de cabellos negros y ojos negros con una apariencia ligeramente elfica y sonrisa socarrona

Tiene la pinta de los hijos de Hermes —dijo Katie—

Es probable que a este no lo reconozcan ya que no se supo mucho de el —dijo Hermes— pero él era Autolico

El idiota que me vendió las yeguas de Eurito —dijo Heracles—

Si ese —dijo Hades revisando el cráneo y mostrando a un joven de cabellos castaños y ojos azul brillante y unos rasgos muy finos—

Es mi imaginación o se parece a Calisto —pregunto Orión—

Es porque es el hijo de Calisto —dijo Phoebe—

De esa no me entere —dijo Orión—

Si mal no me equivoco era Arcas hijo de Zeus —dijo Icaros—

En efecto —dijo Hades— y este es el último y va a ser un poco sorpresivo para algunos —mostro a un joven bronceado de cabellos castaños rebeldes y ojos verdes con el—

Todas las miradas se dirigieron a Orión

A ver si entendí —dijo Icaros— Perseus Jackson y Orión fueron el mismo pero en diferente tiempo

En efecto y el hecho que sea un diosecillo tan fuerte se debe a todas las esencias se juntaron haciendo que tuviera un poco más de control sobre sus habilidades además a eso hay que agregarle el hecho de que está relacionado a diferentes dioses y es poca su ascendencia mortal —explico Hades—

Pero eso también quiere decir que el que Percy se convierta en un dios se decide en esta vida —dijo Nico—

Eso es correcto —dijo Hades— pero es suficiente de interrupciones sigue leyendo

—Nico asintió— Pero entonces pensé que había muy poca gente en el Elíseo, que parecía muy pequeño en comparación con los Campos de Asfódelos o incluso los Campos de Castigo. Qué poca gente hacía el bien en sus vidas. Era deprimente.

Porque tristemente muchos hacen las cosas esperando una recompensa —dijo Hestia— y las buenas acciones tienen que ser actos desinteresados

Abandonamos el pabellón del juicio y nos adentramos en los Campos de Asfódelos. La oscuridad aumentó. Los colores se desvanecieron de nuestras ropas. La multitud de espíritus parlanchines empezó a menguar.

Tienen el camino muy fácil —dijo Perséfone—

Tras unos kilómetros caminando, empezamos a oír un chirrido familiar en la distancia. En el horizonte se cernía un reluciente palacio de obsidiana negra. Por encima de las murallas merodeaban tres criaturas parecidas a murciélagos: las Furias. Me dio la impresión de que nos esperaban.

Lo cual es lo más seguro —dijo Hades—

Supongo que es un poco tarde para dar media vuelta —comentó Grover, esperanzado.

Demasiado diría yo —dijo Will—

No va a pasarnos nada. —Intentaba aparentar seguridad.

A lo mejor tendríamos que buscar en otros sitios primero —sugirió Grover—. Como el Elíseo, por ejemplo…

Apoyo al sátiro —dijo Leo—

Venga, pedazo de cabra.

Voto por que fue Annabeth —dijo Piper—

Annabeth lo agarró del brazo.

Grover emitió un gritito. Las alas de sus zapatillas se desplegaron y lo lanzaron lejos de Annabeth.

Aterrizó dándose una buena costalada.

Grover —lo regañó Annabeth—. Basta de hacer el tonto.

No creo que lo haga apropósito —dijo Laura—

Pero si yo no…

Otro gritito. Sus zapatos revoloteaban como locos. Levitaron unos centímetros por encima del suelo y empezaron a arrastrarlo.

¡Maya!

Maya —dijo Hermes unos centímetros del suelo—

Gritó, pero la palabra mágica parecía no surtir efecto—. ¡Maya! ¡Por favor! ¡Llamad a emergencias! ¡Socorro!

No creo que emergencias sea de mucha ayuda —murmuro Jim—

Evité que su brazo me noqueara e intenté agarrarle la mano, pero llegué tarde. Empezaba a cobrar velocidad y descendía por la colina como un trineo.

Varios campistas estaban nerviosos por lo que sucedía

Corrimos tras él.

¡Desátate los zapatos! —vociferó Annabeth.

Hazlo —dijeron varios campistas—

Era una buena idea, pero supongo que no muy factible cuando tus zapatos tiran de ti a toda velocidad.

Grover se revolvió, pero no alcanzaba los cordones.

Varios tragaron saliva

Lo seguimos, tratando de no perderlo de vista mientras zigzagueaba entre las piernas de los espíritus, que lo miraban molestos. Estaba seguro de que Grover iba a meterse como un torpedo por la puerta del palacio de Hades, pero sus zapatos viraron bruscamente a la derecha y lo arrastraron en la dirección opuesta.

No vayas por ahí —dijo Hades—

La ladera se volvió más empinada. Grover aceleró. Annabeth y yo tuvimos que apretar el paso para no perderlo. Las paredes de la caverna se estrecharon a cada lado, y yo reparé en que habíamos entrado en una especie de túnel. Ya no había hierba ni árboles negros, sólo roca desnuda y la tenue luz de las estalactitas encima.

Hermano esa no es la… —dijo Poseidón—

La entrada al Tártaro —dijo Hades a lo que muchos se estremecieron y otros tragaron saliva—

¡Grover! —grité, y el eco resonó—. ¡Agárrate a algo!

¿Qué? —gritó él a su vez.

Se agarraba a la gravilla, pero no había nada lo bastante firme para frenarlo.

El túnel se volvió aún más oscuro y frío. Se me erizó el vello de los brazos y percibí una horrible fetidez. Me hizo pensar en cosas que ni siquiera había experimentado nunca: sangre derramada en un antiguo altar de piedra, el aliento repulsivo de un asesino.

Los mestizos empezaron a temblar en solo pensar en ese sitio

Entonces vi lo que teníamos delante y me quedé clavado en el sitio.

El túnel se ensanchaba hasta una amplia y oscura caverna, en cuyo centro se abría un abismo del tamaño de un cráter.

Grover patinaba directamente hacia el borde.

¡Venga, Percy! —chilló Annabeth, tirándome de la muñeca.

Pero eso es…

¡Ya lo sé! —grite)-. ¡Es el lugar que describiste en tu sueño! Pero Grover va a caer dentro si no lo alcanzamos. —Tenía razón, por supuesto. La situación de Grover me puso otra vez en movimiento.

Gritaba y manoteaba el suelo, pero las zapatillas aladas seguían arrastrándolo hacia el foso, y no parecía que pudiéramos llegar a tiempo.

Lo que lo salvó fueron sus pezuñas.

Varios vieron extrañados el libro

Las zapatillas voladoras siempre le habían quedado un poco sueltas, y al final Grover le dio una patada a una roca grande y la izquierda salió disparada hacia la oscuridad del abismo.

Solo falta una —murmuraron algunos—

La derecha seguía tirando de él, pero Grover pudo frenarse aferrándose a la roca y utilizándola como anclaje.

Estaba a tres metros del borde del foso cuando lo alcanzamos y tiramos de él hacia arriba. La otra zapatilla salió sola, nos rodeó enfadada y, a modo de protesta, nos propinó un puntapié en la cabeza antes de volar hacia el abismo para unirse con su gemela.

Algunos rieron aunque seguían nerviosos

Nos derrumbamos todos, exhaustos, sobre la gravilla de obsidiana.

Salgan de ahí —dijo Perséfone—

Sentía las extremidades como de plomo. Incluso la mochila me pesaba más, como si alguien la hubiese llenado de rocas.

Extraño —murmuro Icaros—

Grover tenía unos buenos moratones y le sangraban las manos. Las pupilas se le habían vuelto oblongas, estilo cabra, como cada vez que estaba aterrorizado.

Y no era para menos —dijo Will—

No sé cómo… —jadeó—. Yo no…

Espera —dije—. Escucha.

Oí algo: un susurro profundo en la oscuridad.

Percy, este lugar… —dijo Annabeth al cabo de unos segundos.

Chist. —Me puse en pie.

El sonido se volvía más audible, una voz malévola y susurrante que surgía desde abajo, mucho más abajo de donde estábamos nosotros. Provenía del foso.

Ya váyanse de ahí —dijo Hades—

Grover se incorporó.

¿Q-qué es ese ruido?

Annabeth también lo oía.

El Tártaro. Ésta es la entrada al Tártaro.

Un escalofrió recorrió la espalda de todos

Destapé Anaklusmos. La espada de bronce se extendió, emitió una débil luz en la oscuridad y la voz malvada remitió por un momento, antes de retomar su letanía. Ya casi distinguía palabras, palabras muy, muy antiguas, más antiguas que el propio griego. Como si…

Magia —dije.

Tenemos que salir de aquí —repuso Annabeth.

Ya se están tardando —dijo Teseo—

Juntos pusimos a Grover sobre sus pezuñas y volvimos sobre nuestros pasos, hacia la salida del túnel.

Las piernas no me respondían lo bastante rápido. La mochila me pesaba.

Esa mochila no me gusta —dijo Perseo—

A nuestras espaldas, la voz sonó más fuerte y enfadada, y echamos a correr. Y no nos sobró tiempo. Un viento frío tiraba de nuestras espaldas, como si el foso estuviera absorbiéndolo todo. Por un momento terrorífico perdí el equilibrio y los pies me resbalaron por la gravilla.

Poseidón volvió a palidecer

Si hubiésemos estado más cerca del borde, nos habría tragado.

Seguimos avanzando con gran esfuerzo, y por fin llegamos al final del túnel, donde la caverna volvía a ensancharse en los Campos de Asfódelos. El viento cesó. Un aullido iracundo retumbó desde el fondo del túnel. Alguien no estaba muy contento de que hubiésemos escapado.

Está claro que no —dijo Hades—

¿Qué era eso? —musitó Grover, cuando nos derrumbamos en la relativa seguridad de una alameda

. ¿Una de las mascotas de Hades?

Ojala fuera una mascota —dijo Poseidón—

Annabeth y yo nos miramos. Estaba claro que tenía alguna idea, probablemente la misma que se le había ocurrido en el taxi que nos había traído a Los Ángeles, pero le daba demasiado miedo para compartirla. Eso bastó para asustarme aún más.

Y no es para menos —dijo Perséfone—

Cerré la espada y me guardé el bolígrafo.

Sigamos. —Miré a Grover—. ¿Puedes caminar?

Tragó saliva.

Sí, sí, claro —suspiró—. Bah, nunca me gustaron esas zapatillas.

Si tú lo dices —dijo Hermes—

Intentaba mostrarse valiente, pero temblaba tanto como nosotros. Fuera lo que fuese lo que había en aquel foso, no era la mascota de nadie. Era inenarrablemente arcaico y poderoso. Ni siquiera Equidna me había dado aquella sensación. Casi me alivió darle la espalda al túnel y encaminarme hacia el palacio de Hades.

Solo espero que no hagas una pendejada —dijo Poseidón—

Casi.

Envueltas en sombras, las Furias sobrevolaban en círculo las almenas. Las murallas externas de la fortaleza relucían negras, y las puertas de bronce de dos pisos de altura estaban abiertas de par en par.

Claramente lo estas esperando —dijo Perséfone—

Cuando estuve más cerca, aprecié que los grabados de dichas puertas reproducían escenas de muerte.

Deberías cambiar la decoración —dijo Deméter—

O si claro —dijo Hades— pongo una estatua tuya no y así con más razón mantengo a todos lejos de mi palacio

Deméter volteo la cara indignada

Algunas eran de tiempos modernos —una bomba atómica explotando encima de una ciudad, una trinchera llena de soldados con máscaras antigás, una fila de víctimas de hambrunas africanas, esperando con cuencos vacíos en la mano—, pero todas parecían labradas en bronce hacía miles de años. Me pregunté si eran profecías hechas realidad.

Si lo son —dijo Hades—

En el patio había el jardín más extraño que he visto en mi vida. Setas multicolores, arbustos venenosos y raras plantas luminosas que crecían sin luz. En lugar de flores había piedras preciosas, pilas de rubíes grandes como mi puño, macizos de diamantes en bruto. Aquí y allí, como invitados a una fiesta, estaban las estatuas de jardín de Medusa: niños, sátiros y centauros petrificados, todos esbozando sonrisas grotescas.

Perséfone sonrió ante la descripción su jardín

En el centro del jardín había un huerto de granados, cuyas flores naranja neón brillaban en la oscuridad.

Éste es el jardín de Perséfone —explicó Annabeth—. Seguid andando.

Entendí por qué quería avanzar. El aroma ácido de aquellas granadas era casi embriagador. Sentí un deseo repentino de comérmelas, pero recordé la historia de Perséfone: un bocado de la comida del inframundo y jamás podríamos marcharnos.

Déjame adivinar —dijo Icaros— tuvieron que arrastrar a Grover—

Annabeth y Percy asintieron

Tiré de Grover para evitar que agarrara la más grande.

Subimos por la escalinata de palacio, entre columnas negras y a través de un pórtico de mármol negro, hasta la casa de Hades.

Esa está en Epiro —dijo Hades—

El zaguán tenía el suelo de bronce pulido, que parecía hervir a la luz reflejada de las antorchas. No había techo, sólo el de la caverna, muy por encima. Supongo que allí abajo no les preocupaba la lluvia.

No te creas cuando las cosas están muy inestables en el tártaro cae lluvia acida —dijo Hades preocupando a varios—

Cada puerta estaba guardada por un esqueleto con indumentaria militar. Algunos llevaban armaduras griegas; otros, casacas rojas británicas; otros, camuflaje de marines. Cargaban lanzas, mosquetones o M —16. Ninguno nos molestó, pero sus cuencas vacías nos siguieron mientras recorrimos el zaguán hasta las enormes puertas que había en el otro extremo.

Espero no hagas alguna estupidez —dijo Poseidón—

Dos esqueletos con uniforme de marine custodiaban las puertas. Nos sonrieron. Tenían lanzagranadas automáticos cruzados sobre el pecho.

¿Sabéis? —Murmuró Grover—, apuesto lo que sea a que Hades no tiene problemas con los vendedores puerta a puerta.

Algunos rieron

Pues vendedores no pero sugerencia a suscribirme a revistas si es castroso —dijo Hades— y más las de jardinería

La mochila me pesaba una tonelada. No se me ocurría por qué. Quería abrirla, comprobar si había recogido por casualidad alguna bala de cañón por ahí, pero no era el momento.

Hay sesos de alga —dijo Annabeth—

Bueno, chicos —dije—. Creo que tendríamos que… llamar.

Un viento cálido recorrió el pasillo y las puertas se abrieron de par en par. Los guardias se hicieron a un lado.

Supongo que eso significa entrez-vous —comentó Annabeth.

La sala era igual que en mi sueño, salvo que en esta ocasión el trono de Hades estaba ocupado. Era el tercer dios que conocía, pero el primero que me pareció realmente divino.

Ares y Dionisios arquearon una ceja

Para empezar, medía por lo menos tres metros de altura, e iba vestido con una túnica de seda negra y una corona de oro trenzado. Tenía la piel de un blanco albino, el pelo por los hombros y negro azabache.

Esa descripción me suena a alguien más —dijo Leo viendo a Nico— pero quiero vivir con mi hermosura

No estaba musculoso como Ares, pero irradiaba poder. Estaba repantigado en su trono de huesos humanos soldados, con aspecto vivaz y alerta. Tan peligroso como una pantera.

Hades sonrió con suficiencia

Inmediatamente tuve la certeza de que él debía dar las órdenes: sabía más que yo y por tanto debía ser mi amo. Y a continuación me dije que cortase el rollo. El aura hechizante de Hades me estaba afectando, como lo había hecho la de Ares.

Con tu pasado no me sorprende tu resistencia —dijo Hades—

El Señor de los Muertos se parecía a las imágenes que había visto de Adolph Hitler, Napoleón o los líderes terroristas que teledirigen a los hombres bomba.

El primero fue hijo mío —dijo Hades—

Hades tenía los mismos ojos intensos, la misma clase de carisma malvado e hipnotizador.

Eres valiente para venir aquí, hijo de Poseidón —articuló con voz empalagosa—. Después de lo que me has hecho, muy valiente, a decir verdad. O puede que seas sólo muy insensato.

Yo creo micha y micha —dijo Percy—

Yo voto por lo insensato —dijo Nico— El entumecimiento se apoderó de mis articulaciones, tentándome a tumbarme en el suelo y echarme una siestecita a los pies de Hades. Acurrucarme allí y dormir para siempre.

Un consejo —dijo Teseo— no lo hagas

No lo hice —dijo Percy—

Luché contra la sensación y avancé. Sabía qué tenía que decir.

Señor y tío, vengo a haceros dos peticiones.

—Hades arqueo una ceja— no menciones a Caronte —murmuro—

Hades levantó una ceja. Cuando se inclinó hacia delante, en los pliegues de su túnica aparecieron rostros en sombra, rostros atormentados, como si la prenda estuviera hecha de almas atrapadas en los Campos de Castigo que intentaran escapar.

Que hicieron esas almas —pregunto Leo—

Son almas que después de su muerte se dedicaron a atormentar mortales y solo llegaron al inframundo gracias a los guardianes y protectores —dijo Hades— y por ser tan peligrosas están bajo mi supervisión

La parte de mí afectada por el THDA se preguntó, distraída, si el resto de su ropa estaría hecho del mismo modo. ¿Qué cosas horribles había que hacer en la vida para acabar convertido en ropa interior de Hades?

Son todavía más peligrosas que las que están en mi ropa —dijo Hades— porque en vida hicieron daño por simple ambición y después de su muerte hicieron aún más daño por el simple placer de hacerlo

¿Sólo dos peticiones? —Preguntó Hades—. Niño arrogante. Como si no te hubieras llevado ya suficiente. Habla, entonces. Me divierte no matarte aún.

Poseidón gruño mandándole una mirada de advertencia a Hades

Tragué saliva. Aquello iba tan mal como me había temido.

Miré el trono vacío, más pequeño que el que había junto al de Hades. Tenía forma de flor negra ribeteada en oro.

Perséfone sonrió ante la mención de su trono

Deseé que la reina Perséfone estuviese allí. Recordaba que en los mitos sabía cómo calmar a su marido. Pero era verano.

Claro, Perséfone estaría arriba, en el mundo de la luz con su madre, la diosa de la agricultura, Deméter.

Como debe de ser —dijo Deméter a lo que Hades solo rolo los ojos

Sus visitas, no la traslación del planeta, provocan las estaciones.

Ósea que tuve que entrar a clases de geografía a lo pendejo —dijo Chris—

Me temo que si —dijo Clarisse—

Annabeth se aclaró la garganta y me hincó un dedo en la espalda.

Señor Hades —dije—. Veréis, señor, no puede haber una guerra entre los dioses. Sería… chungo.

Muchos asintieron

Muy chungo —añadió Grover para echarme una mano.

Devolvedme el rayo maestro de Zeus —dije—. Por favor, señor. Dejadme llevarlo al Olimpo. Los ojos de Hades adquirieron un brillo peligroso.

Y no era para menos —dijo Will— tomando en cuenta que lo están culpando de algo y su yelmo desareci… AUCH —dijo sobándose la pierna mientras Nico lo golpeaba con la parte no letal del bate—

Dije que no me interrumpieran —dijo Nico—

De que privilegios goza Will —le murmuro Connor a Travis—

No tengo idea pero yo quiero esos privilegios —dijo Travis—

¿Osas venirme con esas pretensiones, después de lo que has hecho?

Él no ha hecho nada —dijo Poseidón—

Miré a mis amigos, tan confusos como yo.

Esto… tío —dije—. No paráis de decir «después de lo que has hecho». ¿Qué he hecho exactamente?

Es inocente —dijo Teseo—

El salón del trono se sacudió con un temblor tan fuerte que probablemente lo notaron en Los Ángeles.

Lo más seguro —dijo Hestia— ten más cuidado

Cayeron escombros del techo de la caverna. Las puertas se abrieron de golpe en todos los muros, y los guerreros esqueléticos entraron, docenas de ellos, de todas las épocas y naciones de la civilización occidental. Formaron en el perímetro de la sala, bloqueando las salidas.

Más te vale no hacerle nada a mi hijo —dijo Poseidón—

¿Crees que quiero la guerra, diosecillo? —espetó Hades.

Lo que quiero es evitarla AUCH —dijo llevándose la mano al brazo el cual sangraba—

Sobre advertencia no hay engaño —dijo Nico enfrente de Percy con su bate con gotas de sangre—

Quería contestarle «bueno, estos tipos tampoco parecen activistas por la paz», pero la consideré una respuesta peligrosa.

Demasiado —dijo Perseo—

Sois el Señor de los Muertos —dije con cautela—. Una guerra expandiría vuestro reino, ¿no?

Pregúntale a Zeus si realmente quiero expandir mi reino —dijo Hades— y si no quieres hablar con Zeus en 7 días le preguntas a tu padre

¡La típica frasecita de mis hermanos! ¿Crees que necesito más súbditos? Pero ¿es que no has visto la extensión de los Campos de Asfódelos?

Bueno…

¿Tienes idea de cuánto ha crecido mi reino sólo en este último siglo? ¿Cuántas subdivisiones he tenido que abrir?

Muy estresante —dijo Hades—

Abrí la boca para responder, pero Hades ya se había lanzado.

Más demonios de seguridad —se lamentó—. Problemas de tráfico en el pabellón del juicio. Jornada doble para todo el personal… Antes era un dios rico, Percy Jackson. Controlo todos los metales preciosos bajo tierra. Pero ¡y los gastos!

Y luego el sin fin de pendejadas que piden los demonios de seguridad —dijo Hades—

Caronte quiere que le subáis el sueldo —aproveché para decirle, porque me acordé en ese instante.

Sí que eres idiota Jackson —dijo Nico a lo que Jim alzo una ceja— o usted me va a negar que su nieto es un idiota

Yo no —murmuro Gabe a lo que Jim lo golpeo en el otro ojo dejándolo morado—

Pero al punto deseé haber tenido la boca cosida.

Siempre habla antes de pensar —dijo Annabeth—

¡No me hagas hablar de Caronte! —Bramó Hades—. ¡Está imposible desde que descubrió los trajes italianos!

Es gracias a el que los guardianes y protectores tienen que lidiar con almas malignas y si ahorita tengo que encargarme de otra alma menos le voy a dar un aumento —dijo Hades molesto—

Problemas en todas partes, y tengo que ocuparme de todos personalmente. ¡Sólo el tiempo que tardó en llegar desde palacio hasta las puertas me vuelve loco! Y los muertos no paran de llegar.

Y van a llegar más gracias a tu temblor —dijo Hermes—

No, diosecillo. ¡No necesito ayuda para conseguir súbditos! Yo no he pedido esta guerra.

Solo el dramático de Zeus —dijo Deméter—

Pero os habéis llevado el rayo maestro de Zeus.

Y dale con eso —dijo Hades—

¡Mentiras! —Más temblores.

Más trabajo —dijo Hades—

Hades se levantó del trono y alcanzó una enorme estatura—. Tu padre puede que engañe a Zeus, chico, pero yo no soy tan tonto.

No soy tonto —dijo Zeus—

Tú no eres tonto —dijo Hades— eres un completo imbécil

Veo su plan.

¿Su plan?

Tú robaste el rayo durante el solsticio de invierno —dijo—.

Zeus vio molesto a ambos Percy

Tu padre pensó que podría mantenerte en secreto.

Tomando en cuenta que a Hades le llega un registro de todos los nacimientos de mortales y de semidioses a él es al único que no se le pueden esconder —dijo Poseidón—

Te condujo hasta la sala del trono en el Olimpo y te llevaste el rayo maestro y mi casco.

Icaros sonrió ante su teoría del yelmo robado

De no haber enviado a mi furia a descubrirte a la academia Yancy, Poseidón habría logrado ocultar su plan para empezar una guerra.

Sí que te encargaste de que el pobre tío Poseidón fuera el culpable de todo —dijo Apolo—

Pero ahora te has visto obligado a salir a la luz. ¡Tú confesarás ser el ladrón del rayo, y yo recuperaré mi yelmo!

Yo no robe nada —dijo el joven Percy—

Pero… —terció Annabeth, desconcertada—. Señor Hades, ¿vuestro yelmo de oscuridad también ha desaparecido?

No te hagas la inocente, niña. Tú y el sátiro habéis estado ayudando a este héroe, habéis venido aquí para amenazarme en nombre de Poseidón, sin duda habéis venido a traerme un ultimátum.

Si lo ayudamos pero no por eso —dijo Annabeth—

¿Cree Poseidón que puede chantajearme para que lo apoye?

Con solo venir y pedírtelo de buenas maneras lo arias —dijo Poseidón—

¡No! —repliqué—. ¡Poseidón no ha… no ha…!

No he dicho nada de la desaparición del yelmo —gruñó Hades—, porque no albergaba ilusiones de que nadie en el Olimpo me ofreciera la menor justicia ni la menor ayuda.

Hades asentía mientras algunos dioses se removieron incomodos

No puedo permitirme que se sepa que mi arma más poderosa y temida ha desaparecido. Así que te busqué, y cuando quedó claro que venías a mí para amenazarme, no te detuve.

Y todos los monstruos que tuvieron que enfrentarse —pregunto Jasón—

Equidna y Quimera fueron enviados por Zeus —dijo Icaros— supongo que Medusa fue enviada por el traidor y a Procrustes lo atribuyo a su mala suerte

Y las furias —pregunto Jasón—

Supongo que las mando antes de asegurarse que se dirigían al inframundo —dijo Icaros—

AUCH —se quejó Jason viendo su brazo ensangrentado mientras Nico estaba parado enfrente de el—

Nico vio en dirección de Icaros el cual simplemente hizo el ademan de cerrar un cierre y se fue a sentar

¿No nos detuvisteis? Pero…

Devuélveme mi casco ahora, o abriré la tierra y devolveré los muertos al mundo —amenazó Hades

Por favor no haga eso suficiente tenemos con las almas que Caronte no deja pasar —suplico el pequeño Hesper—

. Convertiré vuestras tierras en una pesadilla. Y tú, Percy Jackson, tu esqueleto conducirá mi ejército fuera del Hades.

Te sugiero que no hagas una estupidez —dijo Poseidón—

Los soldados esqueléticos dieron un paso al frente y prepararon sus armas.

En ese momento supongo que debería haber estado aterrorizado. Lo raro fue que me ofendió. Nada me enoja más que me acusen de algo que no he hecho. Tengo mucha experiencia en eso.

Espero tu no seas la principal experiencia en ser acusado por algo —le dijo Jim a Gabe rompiéndole el dedo meñique de la mano derecha soltando un grito que fue interrumpido al meterle un trapo en la boca— y esto todavía no empieza

Sois tan chungo como Zeus —le dije—.

Yo si pienso —dijo Hades—

¿Creéis que os he robado? ¿Por eso enviasteis a las Furias por mí?

Por supuesto.

Yo no mando monstruos a los diosecillos sin razón alguna —dijo Hades—

¿Y los demás monstruos?

Icaros nos dio una teoría —dijo Malcolm—

Hades torció el gesto.

De eso no sé nada. No quería que tuvieras una muerte rápida: quería que te trajeran vivo ante mí para que sufrieras todas las torturas de los Campos de Castigo.

Poseidón le mando una mirada de advertencia a Hades

¿Por qué crees que te he permitido entrar en mi reino con tanta facilidad?

¿Tanta facilidad?

Hades tiene mucha seguridad y simplemente los dejaron pasar —dijo Deméter—

¡Devuélveme mi yelmo!

Pero yo no lo tengo. He venido por el rayo maestro.

¡Pero si ya lo tienes! —Gritó Hades—.

¿Dónde? —Fue la pregunta de varios mestizos—

¡Has venido aquí con él, pequeño insensato, pensando que podrías amenazarme!

¡No lo tengo!

Abre la bolsa que llevas.

Varios se sorprendieron

En qué momento llego el rayo a la mochila —fue el pensamiento de varios—

Me sacudió un presentimiento horrible. Mi mochila pesaba como una bala de cañón… No podía ser.

Me descolgué la mochila y abrí la cremallera. Dentro había un cilindro de metal de medio metro, con pinchos a ambos lados, que zumbaba por la energía que contenía.

No que no eras el ladrón —dijo Zeus—

Deja de estar de idiota mi hijo no robo nada —dijo Poseidón—

Percy —dijo Annabeth—, ¿cómo…?

N-no lo sé. No lo entiendo.

Como muchas cosas pero esa si era extraña —dijo Thalía—

Todos los héroes sois iguales —apostilló Hades—. Vuestro orgullo os vuelve necios…

En Percy no aplica —dijo Annabeth—

Mira que creer que podías traer semejante arma ante mí. No he pedido el rayo maestro de Zeus, pero, dado que está aquí, me lo entregarás. Estoy seguro de que se convertirá en una excelente herramienta de negociación.

No lo entregara tan fácilmente —dijo Frank—

Y ahora… mi yelmo. ¿Dónde está?

Me había quedado sin habla. No tenía ningún yelmo. No tenía idea de cómo había acabado el rayo maestro en mi mochila.

De alguna forma, Hades me la estaba jugando. Él era el malo.

No es cierto —defendió Hazel a Hades—

Pero de repente el mundo se había puesto patas arriba. Reparé en que estaban jugando conmigo. Zeus, Poseidón y Hades se enfrentaban entre sí, pero azuzados por alguien más. El rayo maestro estaba en la mochila, y la mochila me la había dado…

Las miradas se habían dirigido a Ares

Señor Hades, esperad —dije—. Todo esto es un error.

¿Un error? —rugió.

Un gran error —dijo Orión—

Los esqueletos apuntaron sus armas. Desde lo alto se oyó un aleteo, y las tres Furias descendieron para posarse sobre el respaldo del trono de su amo. La que tenía cara de la señora Dodds me sonrió, ansiosa, e hizo restallar su látigo.

Esa cosa me odia —murmuro el joven Percy—

No se trata de ningún error —prosiguió Hades—. Sé por qué has venido; conozco el verdadero motivo por el que has traído el rayo. Has venido a cambiarlo por ella.

Y solo por ella —dieron ambos Percy—

De la mano de Hades surgió una bola de fuego. Explotó en los escalones frente a mí, y allí estaba mi madre, congelada en un resplandor dorado, como en el momento en que el Minotauro empezó a asfixiarla.

Hermanos idiotas —murmuro Poseidón—

No podía hablar. Me acerqué para tocarla, pero la luz estaba tan caliente como una hoguera.

Sí —dijo Hades con satisfacción—. Yo me la llevé. Sabía, Percy Jackson, que al final vendrías a negociar conmigo. Devuélveme mi casco y puede que la deje marchar.

Jim vio muy serio a Hades pero una cosa era ponerse al tú por tú con un dios y otra maltratar a la basura de Gabe

Ya sabes que no está muerta.

El joven Percy suspiro aliado

Aún no. Pero si no me complaces, eso puede cambiar.

Pensé en las perlas en mi bolsillo. A lo mejor podrían sacarme de ésta. Si pudiera liberar a mi madre…

Las perlas son muy útiles pero solo tienes 3 perlas y con tu madre serian 4 personas —dijo Teseo— así que alguno tendrá que quedarse

Ah, las perlas —prosiguió Hades, y se me heló la sangre—. Sí, mi hermano y sus truquitos.

Siempre hace lo mismo —dijo Hades—

Tráemelas, Percy Jackson.

Mi mano se movió en contra de mi voluntad y sacó las perlas.

No manipules a mi hijo —dijo Poseidón molesto—

Sólo tres —comentó Hades—. Qué pena. ¿Te das cuenta de que cada perla sólo protege a una persona? Intenta llevarte a tu madre, pues, diosecillo. ¿A cuál de tus amigos dejarás atrás para pasar la eternidad conmigo? Venga, elige. O dame la mochila y acepta mis condiciones.

Una difícil decisión —dijo Teseo— yo dejaría a la hija de Athena

Si pero si hace eso la muerte de la chica lo marcaria para siempre —dijo Orión—

Además que Sally no aprobaría esa decisión —dijo Nico— y Percy no aria algo que vaya en contra de Sally

Miré a Annabeth y Grover. Sus rostros estaban sombríos.

Ciertamente es una difícil decisión —dijo Icaros—

Nos han engañado —les dije—. Nos han tendido una trampa.

Sí, pero ¿por qué? —Preguntó Annabeth—. Y la voz del foso…

Aún no lo sé —contesté—. Pero tengo intención de preguntarlo.

¡Decídete, chico! —me apremió Hades.

Percy —Grover me puso una mano en el hombro—, no puedes darle el rayo.

Cierto —dijo Zeus—

Eso ya lo sé.

Déjame aquí —dijo—. Usa la tercera perla para tu madre.

Sally vio con ternura al Sátiro

¡No!

Soy un sátiro —repuso Grover—. No tenemos almas como los humanos. Puede torturarme hasta que muera, pero no me tendrá para siempre. Me reencarnaré en una flor o en algo parecido. Es la mejor solución.

No la es —murmuro el joven Percy—

No. —Annabeth sacó su cuchillo de bronce—. Id vosotros dos. Grover, tú debes proteger a Percy. Además, tienes que sacarte la licencia para buscar a Pan. Sacad a su madre de aquí. Yo os cubriré. Tengo intención de caer luchando.

Athena vio con mala cara a Percy

Ni hablar —respondió Grover—. Yo me quedo.

Piénsatelo, pedazo de cabra —replicó Annabeth.

¡Basta ya! —Me sentía como si me partieran en dos el corazón. Ambos me habían dado mucho.

Recordé a Grover bombardeando a Medusa en el jardín de estatuas, y a Annabeth salvándonos de Cerbero; habíamos sobrevivido a la atracción de Waterland preparada por Hefestos, al arco de San Luis, al Casino Loto. Había pasado cientos de kilómetros preocupado por un amigo que me traicionaría, pero aquellos amigos jamás podrían hacerlo.

Claro que no sesos de alga —dijo Annabeth—

No habían hecho otra cosa que salvarme, una y otra vez, y ahora querían sacrificar sus vidas por mi madre.

Sé qué hacer —dije—. Tomad estas dos. —Les di una perla a cada uno.

Pero Percy… —protestó Annabeth.

Me volví y miré a mi madre. Quería sacrificarme y usar con ella la última perla, pero ella jamás lo permitiría. Me diría que mi deber era devolver el rayo al Olimpo, contarle a Zeus la verdad y detener la guerra. Nunca me perdonaría si yo optaba por salvarla a ella.

Eh de admitir que educo muy bien a su hijo —dijo Aquiles a lo que Sally sonrió— será un gran héroe

Pensé en la profecía que me habían hecho en la colina Mestiza, parecía haber transcurrido un millón de años: «Al final, no conseguirás salvar lo más importante.»

Volviste a perder a tu madre —dijo Leo viendo con comprensión a ambos Percy—

Lo siento —susurré—. Volveré. Encontraré un modo.

La mirada de suficiencia desapareció del rostro de Hades.

Siendo hijo de el sirenito es extraño que no prefieras a tu madre —dijo Hades—

¿Diosecillo…?

Encontraré vuestro yelmo, tío —le dije—. Os lo devolveré. No os olvidéis de aumentarle el sueldo a Caronte.

Enserio tenías que volver a mencionarlo —dijo Hades sobándose las cienes—

No me desafíes…

Y tampoco pasaría nada si jugaras un poco con Cerbero de vez en cuando. Le gustan las pelotas de goma roja.

Eso sí lo voy a anotar —dijo Hades—

Percy Jackson, no vas a…

¡Ahora, chicos! —grité.

Hefestos escribía en su celular y cuando acabo la pantalla decía:

1. Vencer a una furia sin entrenamiento.

2. Ver a las Moiras y seguir vivo

3. Vencer al minotauro sin entrenamiento y sin armas

4. Vencer a dos furias con poco entrenamiento

5. Decapitar a Medusa con poco entrenamiento

6. Sobrevivir a una trampa de Hefestos

7. Vencer a Procrustes

8. Dejar a un dios con la palabra en la boca

¡Destruidlos! —exclamó Hades.

Ni se te ocurra —gruño Poseidón—

El ejército de esqueletos abrió fuego, los fragmentos de perlas explotaron a mis pies con un estallido de luz verde y una ráfaga de aire fresco. Quedé encerrado en una esfera lechosa que empezó a flotar por encima del suelo.

Algunos suspiraron aliviados

Annabeth y Grover estaban justo detrás de mí. Las lanzas y las balas emitían inofensivas chispas al rebotar contra las burbujas nacaradas mientras seguíamos elevándonos. Hades aullaba con una furia que sacudió la fortaleza entera, y supe que no sería una noche tranquila en Los Ángeles.

Lo hace el dios que no quiere más trabajo —murmuro Hermes mientras Hades se sobaba las cienes—

¡Mira arriba! —Gritó Grover—. ¡Vamos a chocar!

Nos acercábamos a toda velocidad hacia las estalactitas, que supuse pincharían nuestras pompas y nos ensartarían como brochetas.

Ojala se poncharan tan fácilmente —murmuro Hades—

¿Cómo se controlan estas cosas? —preguntó Annabeth a voz en cuello.

¡No creo que puedan controlarse! —me desgañité.

No se puede —dijo Poseidón—

No estaría mal hacer unas burbujas así pero que se puedan controlar —dijo Leo haciendo planos en una libreta—

Gritamos a medida que las burbujas se estampaban contra el techo y… de pronto todo fue oscuridad.

¿Estábamos muertos?

No —dijo Hades—

No, aún tenía sensación de velocidad. Subíamos a través de la roca sólida con tanta facilidad como una burbuja en el agua. Caí en la cuenta de que ése era el poder de las perlas: «Lo que es del mar, siempre regresará al mar.»

Poseidón y sus hijos asintieron

Por un instante no vi nada fuera de las suaves paredes de mi esfera, hasta que mi perla brotó en el fondo del mar. Las otras dos esferas lechosas, Annabeth y Grover, seguían mi ritmo mientras ascendíamos hacia la superficie. Y de pronto… estallaron al irrumpir en la superficie, en medio de la bahía de Santa Mónica

Poseidón suspiro aliviado mientras Hefestos volvía a escribir en su celular cuando acabo la pantalla decía:

1. Vencer a una furia sin entrenamiento.

2. Ver a las Moiras y seguir vivo

3. Vencer al minotauro sin entrenamiento y sin armas

4. Vencer a dos furias con poco entrenamiento

5. Decapitar a Medusa con poco entrenamiento

6. Sobrevivir a una trampa de Hefestos

7. Vencer a Procrustes

8. Dejar a un dios con la palabra en la boca

9. Ir al inframundo y regresar

En menos de 6 meses has hecho casi la misma cantidad de hazañas que a Heracles le tomo cerca de 10 años —dijo Hermes—

Y la novena fue la doceava misión de Heracles —dijo Apolo para molestia de Heracles—

Derribando a un surfero de su tabla, que exclamó indignado:

Algunos rieron al imaginárselo

¡Eh, tío!

Agarré a Grover y tiré de él hasta una boya de salvamento. Fui por Annabeth e hice lo propio.

Teseo murmuro algo de dejarla ahogar

Un tiburón de más de tres metros daba vueltas alrededor, muerto de curiosidad.

¡Largo! —le ordené.

Sé más amable el solo quería ayudar —regaño Teseo—

Y tú quién eres para regañarme —dijo el joven Percy—

Soy tu hermano mayor y te chingas —dijo Teseo muy orgulloso antes de quejarse de un dolor y llevarse la mano a la pierna la cual sangraba—

Fui muy claro con las interrupciones —dijo Nico con su bate en las manos caminando hacia su lugar—

El escualo se volvió y se marchó a todo trapo.

Pobrecito —murmuro Tritón—

El surfero gritó no sé qué de unos hongos chungos y se largó pataleando tan rápido como pudo.

Y por eso amigos las drogas son malas —dijo Hermes—

De algún modo, sabía qué hora era: primera de la mañana del 21 de junio, el día del solsticio de verano.

Algunos contuvieron el aliento estaban a menos de 24 horas para salvar el mundo de una inminente guerra

En la distancia, Los Ángeles estaba en llamas, columnas de humo se alzaban desde todos los barrios de la ciudad. Había habido un terremoto, y había sido culpa de Hades.

Hades hizo una mueca

Probablemente acababa de enviar a un ejército de muertos detrás de mí.

Mínimo a las furias —dijo Hades—

Pero de momento el inframundo era el menor de mis problemas.

Tenía que llegar a la orilla. Tenía que devolverle el rayo maestro a Zeus en el Olimpo. Y sobre todo, tenía que mantener una conversación importante con el dios que me había engañado.

Aquí termina —dijo Nico cerrando el libro—

Yo quiero leer —dijo Clarisse y Nico le mando el libro mediante sombras— bien y misma amenaza el que me interrumpa le clavare mi lanza —vio a todos y abrió el libro satisfecha—

.

.

.

Espero les haya gustado si sienten que me la fume en algo no duden en decírmelo nos leemos en un mes

Se despide por ahora ACUARIO NO JUNE4311