Hoy se cumplen exactamente 2 años de la publicación de este fic y al ser su aniversario aquí su actualización espero les guste y gracias por seguir este fic por tanto tiempo

.

.

.

Aquí termina —dijo Nico cerrando el libro—

Yo quiero leer —dijo Clarisse y Nico le mando el libro mediante sombras— bien y misma amenaza el que me interrumpa le clavare mi lanza —vio a todos y abrió el libro satisfecha— Capítulo 20: Me peleo con mi familiar cretino oh genial —gruño—

Ares arqueo una ceja viendo a Percy

Una lancha guardacostas nos recogió, pero estaban demasiado ocupados para retenernos mucho tiempo o preguntarse cómo tres chavales vestidos con ropas de calle habían aparecido en medio de la bahía.

Eso fue suerte —dijo Chris—

Había que ocuparse de aquel desastre. Las radios estaban colapsadas con llamadas de socorro.

Hades hizo una mueca

Nos dejaron en el embarcadero de Santa Mónica con unas toallas en los hombros y botellas de agua en las que se leía: « ¡Soy aprendiz de guardacostas!» Luego se marcharon a toda prisa para salvar a más gente.

Dale las gracias a tu tío Hades —dijo Poseidón—

Teníamos la ropa empapada. Cuando la lancha guardacostas había aparecido, recé en silencio para que no me sacaran del agua con la ropa perfectamente seca, lo que habría provocado incredulidad y preguntas.

Cierto —dijo Orión—

Así que me esforcé en empaparme, y vaya si mi resistencia mágica al agua me abandonó.

Tienes un buen control sobre tus poderes —dijo Teseo—

También iba descalzo, pues le había dado mis zapatos a Grover. Mejor que los guardacostas se preguntaran por qué uno de nosotros iba descalzo que por qué tenía pezuñas.

La niebla se hubiera hecho cargo de eso —dijo Quirón—

A buena hora me lo dices —murmuro Percy—

Nos desplomamos sobre la arena y observamos la ciudad en llamas, recortada contra el precioso amanecer. Me sentía como si acabara de volver de entre los muertos

Cosa que habían hecho —dijo Nico antes de moverse evitando la lanza de Clarisse— tu lanza me toca y no te la vas a acabar conmigo—dijo viéndola fijamente haciendo que muchos se estremecieran por su mirada mientras Ares veían con desaprobación a Clarisse—

Suficiente —dijo Hestia— por favor sigue leyendo

—Clarisse se sentó y siguió leyendo— cosa que había hecho literalmente.

Nico se pasó las manos por la cara en señal de desesperación

La mochila me pesaba por el rayo maestro, pero el corazón aún me pesaba más después de haber visto a mi madre.

No le hagas nada a la madre del chico —regaño Hestia a Hades—

No puedo hacerle nada ella está protegida por Anfitrite—dijo Hades— además que su alma también está protegida por guardianes

No puedo creerlo —comentó Annabeth—. Hemos venido hasta aquí para…

Fue una trampa —dije—. Una estrategia digna de Atenea.

Athena vio molesta a Percy

Eh —me advirtió.

Pero ¿es que no lo pillas?

Bajó la mirada y se sosegó.

Sí. Lo pillo.

¡Bueno, pues yo no! —Se quejó Grover—. ¿Va a explicarme alguien…?

Estoy igual no te preocupes —le murmuro Leo a Grover—

Percy —dijo Annabeth—. Siento lo de tu madre. No te puedes imaginar cuánto…

Fingí no oírla. Si me ponía a hablar de mi madre, me echaría a llorar como un crío.

Sally abrazo al joven Percy

La profecía tenía razón —añadí—.

Siempre la tiene al igual que los augures —dijo Apolo—

«Irás al oeste, donde te enfrentarás al dios que se ha rebelado.» Pero no era Hades.

Por fin me libran de sus estupideces —murmuro Hades—

Hades no deseaba una guerra entre los Tres Grandes. Alguien más ha planeado el robo. Alguien ha robado el rayo maestro de Zeus y el yelmo de Hades, y me ha cargado a mí el mochuelo por ser hijo de Poseidón. Le echarán la culpa a Poseidón por ambas partes. Al atardecer de hoy, habrá una guerra en tres frentes. Y la habré provocado yo.

Un muy ingenioso plan —dijo Icaros—

Grover meneó la cabeza, alucinado. Luego preguntó:

¿Quién podría ser tan malvado? ¿Quién desearía una guerra tan letal?

Los dioses se vieron unos a otros

Veamos, déjame pensar —dije, mirando alrededor.

Y ahí estaba, esperándonos, enfundado en el guardapolvo de cuero negro y las gafas de sol, un bate de béisbol de aluminio apoyado en el hombro. La moto rugía a su lado, y el faro volvía rojiza la arena.

Todas las miradas se dirigieron a Ares el cual no les dio importancia

Eh, chaval —me llamó Ares, al parecer complacido de verme—. Deberías estar muerto.

Pues tienes suerte que no —gruño Poseidón—

Me has engañado —le dije—. Has robado el yelmo y el rayo maestro.

Ares sonrió.

Así que fuiste tú —dijo Zeus molesto y dispuesto a atacar a Ares—

No harás nada Zeus —se escucharon las voces de las 3 miras haciendo eco en toda la hoguera— los objetos robados les serán entregados en cuanto se les entreguen en el libro

Zeus aun furioso no le quedo de otra que obedecer

Bueno, a ver, yo no los he robado personalmente. ¿Los dioses toqueteando los símbolos de otros dioses? De eso nada.

Pero tú no eres el único héroe en el mundo que se dedica a los recaditos.

¿A quién utilizaste? ¿A Clarisse? Estaba allí en el solsticio de invierno.

La idea pareció divertirle.

Por el simple hecho que es mujer no le voy a dejar una tarea que de excelente manera puede hacer un hombre —dijo Ares recibiendo la fea mirada de las diosas—

No importa. Mira, chaval, el asunto es que estás impidiendo los esfuerzos en pos de la guerra. Verás, tenías que haber muerto en el inframundo. Entonces el viejo Alga

Poseidón le lanzo su tridente clavándoselo en las costillas a la vez que una ola con diferentes creaturas marinas como pulpos de anillos azules y serpientes de mar se le echaban encima dejándole marcas de las cuales salía icor dorado

Se hubiese cabreado con Hades por matarte. Aliento de Muerto hubiera tenido el rayo maestro y Zeus estaría furioso con él. Pero Hades aún sigue buscando esto… —Se sacó del bolsillo un pasamontañas, del tipo que usan los atracadores de bancos, y lo colocó en medio del manillar de su moto, donde se transformó en un elaborado casco guerrero de bronce.

Ahora unas manos salieron del suelo rasguñándolo mientras otras lo jalaban

El yelmo de oscuridad —dijo Grover, ahogando una exclamación.

Exacto —repuso Ares—. A ver, ¿por dónde iba? Ah, sí, Hades se pondrá hecho un basilisco tanto con Zeus como con Poseidón, ya que no sabe cuál le robó el yelmo. Muy pronto habremos organizado un bonito y pequeño festival de mamporros.

Eso suena demasiado para ti —dijo Hermes— tú no lo planeaste

¡Pero si son tu familia! —protestó Annabeth.

Una muy disfuncional pero familia a final de cuentas —dijo Poseidón—

Ares se encogió de hombros.

Los enfrentamientos dentro de una misma familia son los mejores, los más sangrientos. No hay como ver reñir a tu familia, es lo que digo siempre.

Y esa es su filosofía —dijo Apolo mientras Ares asentía—

Debería haber una diosa de la psicología familiar —murmuro Percy—

Me diste la mochila en Denver —dije—. El rayo maestro ha estado aquí todo el tiempo.

No lo creo —dijo Icaros— de habértelo dado se hubiera arriesgado a que tú no llegaras al inframundo y se perdiera para siempre

Sí y no —contestó Ares—. Quizá es demasiado complicado para tu pequeño cerebro mortal, pero debes saber que la mochila es la vaina del rayo maestro, sólo que un poco metamorfoseada.

Hasta te robaron la vaina enserio que eres descuidado —dijo Poseidón—

El rayo está conectado a ella, de manera parecida a esa espada tuya, chaval. Siempre regresa a tu bolsillo, ¿no?

No estaba seguro de cómo Ares sabía aquello, pero supongo que un dios de la guerra suele estar informado sobre las armas.

Con solo estar cerca de ellas puedo saber qué tipo de armas son cuáles son sus características y como se usan —dijo Ares—

En cualquier caso —prosiguió Ares—, hice unos pequeños ajustes mágicos a la vaina para que el rayo sólo volviera a ella cuando llegaras al inframundo.

Eso quiere decir que sigue en tu poder —dijo Zeus molesto—

De ese modo, si hubieses muerto por el camino no se habría perdido nada y yo seguiría en posesión del arma.

Y lo que le hubiera pasado a mi hijo iba a ser un suceso sin relevancia —dijo Poseidón con el ceño fruncido—

Pero ¿por qué simplemente no conservaste el rayo maestro? —pregunté—. ¿Para qué enviarlo a Hades?

De repente Ares se quedó absorto y pareció estar escuchando una voz interior.

¿Por qué no…? Claro… con ese poder de destrucción… —Seguía absorto.

Ok ya es oficial Ares se volvió loco —dijo Hermes—

Intercambié una mirada con Annabeth, pero de pronto Ares salió de su extraño trance—. Porque no quería problemas. Mejor que te pillaran a ti con las manos en la masa, llevando el trasto.

Eso no parece plan tuyo —dijo Athena—

Mientes —dije—. Enviar el rayo maestro al inframundo no fue idea tuya.

¿Si no fue idea de el entonces de quién? —Pregunto Malcolm—

¡Claro que sí! —De sus gafas de sol salieron hilillos de humo, como si estuvieran a punto de incendiarse.

Ya se empezó a enojar —dijo Apolo—

Tú no ordenaste el robo —insistí—. Alguien más envió a un héroe a robar los dos objetos. Entonces, cuando Zeus te envió en su busca, diste con el ladrón. Pero no se lo entregaste a Zeus. Algo te convenció de que lo dejaras ir. Te quedaste los objetos hasta que otro héroe llegara y completara la entrega.

Realmente me dejas impresionado —dijo Icaros— no cualquiera llegaría a esa conclusión tú ves más a ya de lo evidente

Clarisse ya tenía prepara su lanza para darle a Icaros

Ni se te ocurra tocarme con esa cosa —dijo Icaros— sabes que se cosas que no te conviene que salgan a la luz

Clarisse dejo su lanza y siguió leyendo

La cosa del foso te está mangoneando.

¡Soy el dios de la guerra! ¡Nadie me da órdenes! ¡No tengo sueños!

En ningún momento ha hablado de sueños —dijo Poseidón— así que si te esta mangoneado

Vacilé.

¿Quién ha hablado de sueños?

Ares parecía agitado, pero intentó disimularlo con una sonrisa.

Volvamos a lo nuestro, chaval. Estás vivo y no permitiré que lleves ese rayo al Olimpo.

Zeus vio molesto a Ares

Ya sabes, no puedo arriesgarme a que esos imbéciles testarudos te hagan caso. Así que tendré que matarte. Nada personal, claro.

Yo si lo veo muy personal —dijo Poseidón—

Chasqueó los dedos. La arena estalló a sus pies y de ella surgió un jabalí, aún más grande y amenazador que el que colgaba encima de la cabaña 5 del Campamento Mestizo.

Creo alguien se enojó —dijo Hermes—

El bicho pateó la arena y me miró con ojos encendidos mientras esperaba la orden de matarme. De inmediato me metí en el agua.

Bien —dijeron Orión y Tritón—

Pelea tú mismo conmigo, Ares —lo desafié.

Realmente es preocupante que seas más impulsivo que Teseo —dijo Orión sobándose las cienes—

Se rio con cierta incomodidad.

Sólo tienes un talento, chaval: salir corriendo. Huiste de Quimera. Huiste del inframundo. No tienes lo que hace falta.

No eres lo suficiente importante como para pelear conmigo —dijo Ares viendo sus uñas—

¿Asustado?

Estoy de acuerdo con Orión —dijo Tritón— enserio papá porque no tienes semidioses normales

Qué tonterías dices. —Pero las gafas habían comenzado a fundírsele por el calor que despedían sus ojos—. No me implico directamente. Lo siento, chaval, no estás a mi nivel.

Ares seguía sin darle importancia al libro

¡Percy, corre! —exclamó Annabeth.

Hazle caso a la hija de la señorita inteligente —dijo Ares viendo sus uñas—

El jabalí gigante cargó con sus afilados colmillos. Pero yo ya estaba harto de correr delante de monstruos. O de Hades, o de Ares, o de quien fuera. Así que destapé el boli y me aparté a un lado un segundo antes de que la bestia me atropellase, al tiempo que le lanzaba un mandoble. El colmillo derecho del jabalí cayó a mis pies, mientras el desorientado animal chapoteaba en el agua.

Poseidón y sus hijos sonrieron

¡Ola! —grité.

Una ola repentina surgió de ninguna parte y envolvió al jabalí, que soltó un mugido y se revolvió en vano. Al instante desapareció engullido por el mar.

Demuéstrale quien manda —dijo Teseo—

Si sabes que se está enfrentando a un dios verdad —dijo Orión—

Si ya venció a un dios —dijo Teseo orgulloso—

Pero no creo que sea lo mismo un dios menor a un olímpico —dijo Orión— además quien lo venció tiene 16 y en ese entonces tenía 12 años

Me volví hacia Ares.

¿Vas a pelear conmigo ahora? —le espeté—. ¿O vas a esconderte detrás de otro de tus cerditos?

Si algo le pasa a tu hijo claramente se lo está buscando —dijo Ares—

Ares estaba morado de rabia.

Ojo, chaval. Podría convertirte en…

—… ¿una cucaracha o una lombriz? Sí, estoy seguro. Eso evitaría que patearan tu divino trasero, ¿verdad?

Eso es no tenerle miedo a un dios —dijo Perseo—

Y no tenerle miedo a la muerte o la ira de un dios —dijo Aquiles—

Las llamas danzaban por encima de sus gafas.

No te pases, niño. Estás acabando con mi paciencia y te convertiré en una mancha de grasa.

Creo que se enojó —dijo Apolo—

Si ganas, conviérteme en lo que quieras y te llevas el rayo —propuse—. Si pierdes, el yelmo y el rayo serán míos y tú te apartas de mi camino.

Bien entonces es oficial —dijo Hermes poniéndose de pie— hagan sus apuestas

Travis y Connor se pusieron de pie con libreta y caja en manos pasaron por todos los mortales mientras Apolo y Hermes pasaron por los dioses

Después de casi 15 minutos todos estaban en su lugar

Ares resopló con desdén y esgrimió su bate de béisbol.

¿Cómo lo prefieres? ¿Combate clásico o moderno?

Le mostré mi espada.

Para estar muerto tienes mucha gracia —contestó—. Probemos con el clásico.

Entonces el bate se convirtió en una enorme espada cuya empuñadura era un cráneo de plata con un rubí en la boca.

No voy a negar que sea interesante —dijo Leo—

Percy, no lo hagas… —me advirtió Annabeth—. Es un dios.

Y desde cuando eso lo ha detenido —dijo Nico—

Supuse que iba a entrar en razón —dijo Annabeth— pero desde ese momento entendí que era suicida

Es un cobarde —repuse.

Ares hizo una mueca

Ella tragó saliva y dijo:

Por lo menos lleva esto, para que te dé suerte. —Se quitó el collar de cuentas y el anillo de su padre y me lo puso al cuello—. Reconciliación —añadió—. Atenea y Poseidón juntos.

Athena hizo una mueca mientras Poseidón se encogió de hombros

Me ruboricé un poco, pero conseguí sonreír.

Gracias.

Y toma este amuleto de la suerte —terció Grover, y me tendió una lata aplastada que llevaba en el bolsillo—. Los sátiros estamos contigo.

Gracias por el ánimo —dijo el joven Percy—

Grover… no sé qué decir.

Me dio una palmada en el hombro. Me metí la lata en el bolsillo trasero.

¿Ya has terminado de despedirte? —Ares avanzó hacia mí. El guardapolvo negro ondeaba tras él, su espada refulgía como el fuego al amanecer—. Llevo toda la eternidad luchando, mi fuerza es ilimitada y no puedo morir. ¿Tú que tienes?

Menos ego —dijo Thalía—

«Menos ego», pensé, pero no dije nada.

Oh dioses —dijo Thalía palideciendo mientras Nico reía—

Mantuve los pies en el agua y me adentré un poco hasta que me llegó a los tobillos. Volví a pensar en lo que Annabeth me había dicho hacía ya tanto tiempo: «Ares tiene fuerza, pero nada más. Y a veces la fuerza debe doblegarse ante la inteligencia.»

Athena y sus hijos asintieron mientras Ares y sus hijos hicieron una mueca

Un mandoble dirigido a mi cabeza silbó en el aire, pero yo ya no estaba allí. Mi cuerpo pensaba por mí.

Eso es tener un buen instinto —dijo Jim— aunque es preocupante que te arriesgues de esa manera

El agua me hizo botar y me catapultó hacia mi adversario, y cuando bajaba descargué mi espada. Pero Ares era igual de rápido

Y que esperabas de un dios —dijo Octavian—

Cállate o te mando a destripar ositos —dijo Percy— a no espera eso ya puedo hacerlo yo así que te puedo mandar a limpiar la casa de Aníbal

Octavian se quedó callado

Se retorció y desvió con su empuñadura el golpe que debería haberle dado directamente en la cabeza.

Sonrió socarrón.

No está mal, no está mal.

Volvió a atacar y me vi obligado a volver a la orilla. Intenté regresar al agua, pero Ares me cortó el paso y me atacó con tal fiereza que tuve que concentrarme al máximo para no acabar hecho trizas.

No voy a negar que se está poniendo un tanto interesante —dijo Ares bostezando—

Seguí retrocediendo, alejándome del agua, mi único territorio seguro. No encontraba ningún resquicio para atacar, pues su espada era más larga que Anaklusmos.

Acércate —murmuraron ambos Luke—

«Acércate —me había dicho Luke una vez en nuestras clases de esgrima—. Cuando tu espada sea más corta, acércate.»

Me metí en su campo de acción con una estocada, pero Ares estaba esperándolo. Me arrancó la espada de las manos con un brutal mandoble y me dio un golpe en el pecho.

Ambos Percy hicieron una mueca mientras se llevaron las manos al pecho

Salí despedido hacia atrás, ocho o diez metros. Me habría roto la espalda de no haber caído sobre la blanda arena de una duna.

Eso es suerte —murmuro Will—

¡Percy! —Chilló Annabeth—. ¡La policía!

Hermes y sus hijos hicieron una mueca

Veía doble y sentía el pecho como si acabaran de atizarme con un ariete, pero conseguí ponerme en pie.

Eso sí que debió doler —dijo Teseo—

No dejé de mirar a Ares por miedo a que me partiera en dos,

Eso nunca pierdas de vista a tus oponentes —dijo Orión—

Pero con el rabillo del ojo vi luces rojas parpadear en el paseo marítimo. Se oyeron frenazos y portezuelas de coche.

Estúpidos mortales —dijeron varios—

¡Están allí! —Gritó alguien—. ¿Lo ve?

Una voz malhumorada de policía:

Parece ese crío de la tele… ¿Qué diantres…?

Empiezo a creer que tienes peor suerte que Belerofonte —dijo Teseo—

Va armado —dijo otro policía—. Pide refuerzos.

Y eso confirma mi teoría —dijo Teseo—

Rodé a un lado mientras la espada de Ares levantaba arena.

Corrí hacia mi espada, la recogí y volví a lanzar una estocada al rostro de Ares, quien volvió a desviarla. Parecía adivinar mis movimientos justo antes de que los ejecutara.

Varios sonrieron felices de que iban a ganar su apuesta

Corrí hacia el agua, obligándolo a seguirme.

Admítelo, chaval —gruñó Ares—, no tienes ninguna posibilidad. Sólo estoy jugueteando contigo.

Mis sentidos estaban haciendo horas extra. Entendí entonces lo que Annabeth me había dicho sobre que el THDA te mantenía vivo en la batalla.

Y es ahí cuando tenemos que darle las gracias al THDA —dijo Chris—

Estaba totalmente despierto, reparaba en el más mínimo detalle. Veía cómo se tensaba Ares e intuía de qué modo atacaría. Asimismo, en todo momento era consciente de que Annabeth y Grover se hallaban a diez metros a mi izquierda. Un segundo coche de policía se acercaba con la sirena aullando. Los espectadores, gente que deambulaba por las calles a causa del terremoto, habían empezado a arremolinarse. Entre la multitud me pareció ver algunos que caminaban con los movimientos raros y trotones de los sátiros disfrazados.

Es que ver a un dios y un mestizo peleando no es algo que se ve todos los días —dijo Quirón—

Sobre todo el entrenador Hedge estaría encanado de verlo —dijo Leo—

También distinguía las formas resplandecientes de los espíritus, como si los muertos hubieran salido del Hades para presenciar el combate.

Y no dudes que salió por TV Hefestos —dijo Apolo—

Oí un aleteo coriáceo por encima de mi cabeza.

Más sirenas.

Me metí más en el agua, pero Ares era rápido. La punta de su espada me rasgó la manga y me arañó el antebrazo.

Una voz ordenó por un megáfono:

¡Tirad las escopetas! ¡Tiradlas al suelo! ¡Ahora!

La niebla puede hacer cosas muy extrañas —dijo Hazel—

¿Escopetas?

Miré el arma de Ares, que parecía parpadear: a veces parecía una escopeta, a veces una espada.

Realmente que eres un caso muy especial —dijo Tritón— la mayoría o ve el mundo mitológico o el mundo mortal nunca al mismo tiempo

No sabía qué veían los humanos en mis manos, pero estaba seguro de que, fuera lo que fuese, no iba a ganarme muchas simpatías.

Los mestizos asintieron

Aunque al final del día si lo hizo —murmuro Percy—

Ares se volvió para lanzar una mirada de odio a nuestro público, lo que me dio un respiro. Había ya cinco coches de policía y una fila de agentes agachados detrás de ellos, apuntándonos con sus armas.

Sally abrazo más al joven Percy preocupada por el

¡Esto es un asunto privado! —Aulló Ares—. ¡Largaos!

Hizo un gesto con la mano y varias lenguas de fuego hicieron presa en los coches patrulla.

Los agentes apenas tuvieron tiempo de cubrirse antes de que sus vehículos explotaran.

Hestia vio molesta a Ares

La multitud de mirones se desperdigó al instante.

Ares estalló en carcajadas.

Y ahora, héroe de pacotilla, vamos a añadirte a la barbacoa.

Yo te are barbacoa si algo le llega a pasar a mi hijo —murmuro Poseidón—

Atacó. Desvié su espada. Me acerqué lo suficiente para alcanzarlo e intenté engañarlo con una finta, pero paró el golpe. Las olas me golpeaban en la espalda. Ares estaba ya sumergido hasta las rodillas.

Poseidón sonrió al saber que su hijo estaba en sus dominios

Sentí el vaivén del mar, las olas crecer a medida que subía la marea, y de repente tuve una idea.

Dada la situación en la que estas lo más suicida es enfrentarte a un dios —murmuro Nico—

« ¡Retrocede y aguanta!», pensé, y el agua detrás de mí así lo hizo. Estaba conteniendo la marea con mi fuerza de voluntad, pero la presión aumentaba como la de una botella de champán agitada.

Poseidón no dejaba de sonreír

Ares se adelantó, sonriendo y muy ufano de sí mismo. Bajé la espada fingiendo agotamiento. «Espera, ya casi está», le dije al mar. La presión ya parecía incontenible.

Poseidón y sus hijos tenían una sonrisa sabiendo lo que iba a pasar

Ares levantó su espada y en ese momento dejé ir la marea. Montado en una ola, salí despedido bruscamente por encima del dios.

Todos estaban expectantes esperando saber si habían ganado o perdido su apuesta

Un muro de dos metros de agua le dio de lleno y lo dejó maldiciendo y escupiendo algas. Aterricé detrás de él y amagué un golpe a su cabeza, como había hecho antes.

Ares veía con furia a ambos Percy

Se dio la vuelta a tiempo de levantar la espada, pero esta vez estaba desorientado y no se anticipó a mi truco. Cambié de dirección, salté a un lado y hendí Anaklusmos por debajo del agua. Le clavé la punta en el talón. El alarido que siguió convirtió el terremoto de Hades en un hecho sin relevancia.

El campamento quedo en silencio para ser roto por los vítores de los pocos que habían ganado la apuesta

¡ESE ES MI HIJO! —Grito Poseidón—

¡ESE ES MI NIETO! —Gritaron Laura y Jim—

¡ESE ES MI HERMANO! —Gritaron los hijos de Poseidón—

¡ESE ES NUESTRO PRETOR! —Gritaron los romanos—

Ambos Percy se sonrojaron

Terminando este capítulo podrán cobrar sus apuestas —dijo Hermes mientras nuevamente se veía que rompían papelitos—

Hefestos volvió a escribir en su celular y cuando acabo la pantalla decía:

1. Vencer a una furia sin entrenamiento.
2. Ver a las Moiras y seguir vivo
3. Vencer al minotauro sin entrenamiento y sin armas
4. Vencer a dos furias con poco entrenamiento
5. Decapitar a Medusa con poco entrenamiento
6. Sobrevivir a una trampa de Hefestos
7. Vencer a Procrustes
8. Dejar a un dios con la palabra en la boca
9. Ir al inframundo y regresar
10. Vencer a Ares

Zeus pensaba que era demasiado poderoso y tenía que destruirlo

Hasta el mismo mar se apartó de Ares, dejando un círculo de arena mojada de quince metros de diámetro. Icor, la sangre dorada de los dioses, brotó como un manantial de la bota del dios de la guerra.

El cuerpo de Ares empezó a brillar y todos los mortales cerraron los ojos

Deja de estar de berrinchudo —dijo Poseidón con clara advertencia en su voz— tú te lo buscaste

El brillo desapareció pero Ares seguía furioso

Puedes seguir leyendo —dijo Poseidón—

Clarisse abrió los ojos y siguió leyendo

Su expresión iba más allá del odio. Era dolor, desconcierto, imposibilidad de creer que lo habían herido. Cojeó hacia mí, murmurando antiguas maldiciones griegas,

Poseidón le mando una mirada de advertencia a Ares

Pero algo lo detuvo. Fue como si una nube ocultase el sol, pero peor. La luz se desvaneció, el sonido y el color se amortiguaron, y entonces una presencia fría y pesada cruzó la playa, ralentizando el tiempo y bajando la temperatura abruptamente.

Padre está regresando —dijo Hestia haciendo que la hoguera perdiera el color—

Me recorrió un escalofrío y sentí que en la vida no había esperanza, que luchar era inútil.

La oscuridad se disipó.

Ares parecía aturdido.

Los coches de policía ardían detrás de nosotros. La multitud de curiosos había huido.

Inteligentes al final del día —dijo Icaros—

Annabeth y Grover estaban en la playa, conmocionados, mientras el agua rodeaba de nuevo los pies de Ares y el icor dorado se disolvía en la marea.

Ares bajó la espada.

Tienes un enemigo, diosecillo —me dijo—.

El primero de muchos —murmuro Percy—

Acabas de sellar tu destino. Cada vez que alces tu espada en la batalla, cada vez que confíes en salir victorioso, sentirás mi maldición. Cuidado, Perseus Jackson.

Acabas de maldecir a mi hijo —gruño Poseidón—

Mucho cuidado.

Su cuerpo empezó a brillar.

¡Percy, no mires! —gritó Annabeth.

Hazle caso —dijo Jason siendo apoyado por Leo y Piper—

Aparté la cara mientras el dios Ares revelaba su auténtica forma inmortal. De algún modo supe que si miraba acabaría desintegrado en ceniza.

No exactamente —murmuro Jason—

El resplandor se extinguió.

Volví a mirar. Ares había desaparecido. La marea se apartó para revelar el yelmo de oscuridad de Hades.

Hades suspiro aliviado

Lo recogí y me dirigí hacia mis amigos, pero antes de llegar oí un aleteo. Tres ancianas con caras furibundas, sombreros de encaje y látigos fieros bajaron del cielo planeando y se posaron frente a mí.

La furia del medio, la que había sido la señora Dodds, dio un paso adelante. Enseñaba los dientes, pero por una vez no parecía amenazadora. Más bien parecía decepcionada, como si hubiera previsto comerme aquella noche y luego hubiese decidido que podía resultar indigesto.

No dudo que haya pensado eso —dijo Nico—

Lo hemos visto todo —susurró—. Así pues, ¿de verdad no has sido tú?

Pues claro que no fui yo —dijeron ambos Percy—

Le lancé el casco, que agarró al vuelo, sorprendida.

Devuélvele eso al señor Hades —dije—. Cuéntale la verdad. Dile que desconvoque la guerra.

Vaciló y la vi humedecerse los labios verdes y apergaminados con una lengua bífida.

Vive bien, Percy Jackson. Conviértete en un auténtico héroe. Porque si no lo haces, si vuelves a caer en mis garras…

Desde su primer año se convirtió en un gran héroe —dijo Apolo—

Estalló en carcajadas, saboreando la idea. Después las tres hermanas levantaron el vuelo hacia un cielo lleno de humo y desaparecieron.

De la hoguera salió una luz que fue directo hacia Hades apareciendo el Yelmo de obscuridad en sus manos

Grover y Annabeth me miraban ñipados.

Percy… —dijo Grover—. Eso ha sido alucinante…

Concuerdo con el fauno —dijo Jim—

Ha sido terrorífico —terció Annabeth.

¡Ha sido guay! —se obstinó Grover.

Yo no me sentía aterrorizado, pero tampoco me sentía guay. Estaba agotado y me dolía todo.

Algo normal tomando en cuenta el desgaste al usar tanto poder sin el entrenamiento necesario —dijo Anfitrite—

¿Habéis sentido eso… fuera lo que fuese? —pregunté.

Supongo que hasta los mortales lo llegaron a sentir —dijo Annabeth—

Los dos asintieron, inquietos.

Deben de haber sido las Furias —dijo Grover.

Las furias no son capases de eso —dijo Hades—

Pero yo no estaba tan seguro. Algo o alguien había evitado que Ares me matara, y quienquiera que fuese era mucho más fuerte que las Furias.

Como no tienes idea —dijo Hades—

Observé a Annabeth, y cruzamos una mirada de comprensión. Supe entonces qué había en el foso, qué había hablado desde la entrada del Tártaro.

Varios se estremecieron

Le pedí la mochila a Grover y miré dentro. El rayo maestro seguía allí. Vaya menudencia para provocar casi la Tercera Guerra Mundial.

No suena muy alentador —dijo Will—

Tenemos que volver a Nueva York —dije—. Esta noche.

Eso es imposible —contestó Annabeth—, a menos que vayamos…

—… volando —completé.

Estás loco —grito Teseo—

Pues un poco pero tenía que hacerlo rápido —dijo Percy—

Se me quedó mirando.

¿Volando?… ¿Te refieres a ir en un avión, sabiendo que así te conviertes en un blanco fácil para Zeus si éste decide reventarte, y además transportando un arma más destructiva que una bomba nuclear?

El cabeza de aire primero actúa y luego piensa así que si es peligroso que vueles con el rayo —dijo Hades siendo apoyado por Poseidón—

Sí —dije—. Más o menos eso. Vamos.

Fue la peor experiencia de mi vida —dijo Percy—

Aquí termina —dijo Clarisse cerrando el libro—

Bien a comer —dijo Hestia—

Varios se pararon y de forma algo desordenada se dirigieron al pabellón del comedor mientras otros cobraban sus apuestas

Puedo hablar contigo un momento —dijo Percy deteniendo al joven Luke que iba caminando junto a la joven Thalía—

Luke vio a Percy y asintió y ambos caminaron varios metros de ahí donde los recibieron Annabeth Nico y Thalía

.

.

.

Espero les haya gustado y de nuevo gracias por la paciencia durante estos 2 años

Otra cosa necesito su ayuda como dije ya estoy trabajando en la tortura de Gabe pero no estoy segura de que podría hacer Annabeth alguno podría darme alguna idea

Se despide por ahora ACUARIO NO JUNE4311