Capítulo 6: Secuestro.
Gray Fullbuster
El suelo estaba frío, a mí ya no me importó, tampoco me importaba el frío que entraba de aquella puerta que yo mismo había roto para defenderme, ya ni siquiera me importaba defenderme ¡Tampoco podía! La condición para que no tocaran a Natsu era obedecerles, era dejarles hacer lo que quisieran conmigo, así que ya todo daba igual. Me quedé tumbado en el suelo, sin moverme, allí donde me habían empujado. Notaba alguna lágrima caer por mi mejilla e intenté concentrarme en el cosquilleo que me provocaba al recorrer su camino antes de perderse en la madera del suelo, concentrarse en eso era mejor que concentrarse en aquella lengua que chupaba mi cuello, en aquellos labios que dejaban marcas por mi cuerpo, en aquellas manos que tocaban mi torso. Oía sus voces, hablaban entre ellos o quizá me hablaban a mí, yo no podía escucharles, sólo oía ruido, las palabras carecían de sentido para mí. ¡Daba igual como me llamasen, me daba igual lo que me estuvieran contando, me daba igual los insultos que me estuvieran ofreciendo!
Un golpe en mi cara me hizo volver a la realidad, ver al tipo moreno frente a mi rostro sonriendo, indicándome que no me perdiese en mis pensamientos, querían que me centrase en ellos, querían verme sufrir. El rubio cogió mi pelo y aceró mi cara hasta casi tocar la suya. Veía sus ojos fijos en los míos, esa mirada que él siempre tenía, la que decía que se saldría con la suya hiciera lo que hiciera.
~ 19 años Gray – me dijo – da igual cuanto tiempo pase, para mí siempre serás ese crio de culo estrecho al que me gusta follarme. Pero hay que reconocer que has mejorado con el tiempo, mírate, ¡Todo un hombre! ¿por qué no me enseñas cuanto ha crecido tu polla? – me preguntó cogiendo entre sus manos mi miembro y aunque aún estaba el pantalón, me dio asco y me dio miedo – pues parece que sí ha crecido – dijo con una sonrisa macabra.
~ Parece que llora menos que antes – indicó el moreno a mi espalda en dirección a su compañero.
~ Ya, eso es lo único que no me gusta, pero me encanta verle tan obediente, tanto tiempo tratando de dominarle y sólo había que amenazar a ese dragón para conseguirlo – se rió – porque… ¿Verdad que vas a complacerme en todo lo que te pida? – me preguntó
~ Por favor, no le hagas nada a Natsu – me llevé un tirón de pelo y me elevó más la cara hacia él.
~ Perdona… ¿qué decías?
~ TE COMPLACERÉ EN TODO, HARÉ LO QUE QUIERAS – le grité – por favor… no toques a Natsu - él sonrió creciéndose a medida que yo me debilitaba cada vez más.
No podía parar de pensar en Natsu, quizá era porque me recordaban una y otra vez lo que le harían a él si yo hacia algo mal, si yo me escapaba, si no obedecía. No quería llorar, no quería darles ese gusto como hice cuando era niño, intentaba aparentar fuerte, intentaba hacerles ver que no me importaba lo que me hiciesen, pero mi mente estaba muy lejos de allí, estaba en Natsu, pensaba qué estaría haciendo ahora en su destartalada casa, recordé sus besos, sus abrazos y entonces supe que jamás volvería a tenerlo, me odiaba, había hecho que me odiase, quizá me merecía esto, le hice daño, hacía daño siempre a la gente a la que le importaba.
~ En realidad Gray, es fácil quedarte ahí tumbado y dejar que alguien haga con tu cuerpo lo que quiera – me dijo – pero ¿Sabes que es lo que quiero realmente de ti Gray? – me preguntó y yo negué con la cabeza – quiero que me folles, que seas tú quien meta mi polla en ti – dijo en mi oído – quiero que me hagas correrme, quiero que grites, que digas cuanto te gusta mi polla, que me pidas que te la hunda hasta el fondo.
Lloré, ya no pude evitarlo más, intenté con todas mis fuerzas aferrarme a una fuerza de voluntad que ya no encontraba en mí, me había abandonado. No podía seguir luchando contra él, no podía luchar de ninguna forma, sólo podía hacerles caso.
~ Suéltale – dijo el rubio hacia su compañero, quien me soltó al momento empujándome hacia el rubio – no creo que vaya a correr, no sabiendo lo que podemos hacerle a su amigo. ¿Vas a hacer lo que te he pedido, verdad?
~ Sí – le dije rindiéndome ¡Tras tanto tiempo, había conseguido lo que quería, verme rendirme!
~ Ves, así me gusta, que seas una buena puta, ahora hazme correrme en ese culito que tanto me excita.
Me arrastró tras él hasta uno de los sillones de mi casa y me empujó haciendo que cayese al suelo mientras él se sentaba en el sillón. Mis manos temblaban y veía gotas de mis ojos caer en el suelo. Me levanté sintiendo dolor por los golpes que ya me habían dado con anterioridad y empecé a quitar el cinturón. No podía dejar de temblar y aunque me costaba mucho poder quitar las cosas con ese temblor, a ellos parecía gustarles el espectáculo que les ofrecía. No quise levantar la cabeza para verles, tampoco quería que me vieran en mi estado, yo sólo podía pensar en lo avergonzado que estaría Natsu si alguna vez se enterase de esto, al final… iba a ser su puta.
Cuando el cinturón se abrió y desabroché los botones, el pantalón cayó al suelo y escuché de sus labios un "sí, ven aquí mi puta" mientras me rasgaba la única prenda que mantenía oculto mi miembro. Me acerqué hasta él temblando ¡No quería esto! Quería irme, quería que alguien entrara por ese maldito hueco que había dejado mi puerta y los detuviera, pero igual que cuando era un niño ¡Estaba solo! Nadie vendría a ayudarme. Sus manos se agarraron a mi trasero y me hizo caer encima de él, a horcajadas sobre sus piernas ya desnudas. Frente a mí se estaba tocando la polla, se estaba masturbando. Podía ver en el otro sillón como el moreno se masturbaba también viendo la escena ¡No podía detener mis lágrimas! Incorporó su espalda del sillón y su boca aprisionó mi pezón, mordiéndolo, succionándolo, lamiéndolo.
Me quedé estático, sintiendo repulsión de mí mismo por lo que estaba haciendo, intenté imaginarme a Natsu pero fue peor, veía su cara de odio, veía como ponía muecas de asco hacia mí, preferí no tener que pensar en él, no soportaba que me viera así.
~ ¿Qué pasa zorra? ¿No te gusta mi polla? – Me preguntó mientras él cogía mi miembro entre sus manos – porque a mí sí me gusta la tuya – dijo apretando hasta que grité por el dolor.
Mis manos temblaron y cogí aquel miembro que él había estado masturbando, lo tenía prácticamente listo y gimió cuando notó mis manos temblorosas empezar a moverse por toda su longitud, por lo menos, conseguí que quitase sus manos de mi intimidad. Sus manos volvieron a mi trasero y me elevaron un poco posicionándome encima para entrar ¡Miedo, sentía miedo! Él no era Natsu, no podía pararle, no podía detenerle porque sintiera miedo, no lo haría.
La clavó sin compasión, me hundió hasta las entrañas y grité, grité demasiado, sólo sentía dolor, un dolor desgarrador que hacía años no sentía, me estaba destrozando. Ahora no podía parar de llorar, sólo me preocupaba el dolor y que estuviera sangrando, porque tenía que estar sangrando.
~ Sí, cabálgame zorra – me exigió dándome un azote en la nalga del trasero y tuve que moverme encima de él clavándome yo una y otra vez, haciéndome daño yo mismo, gritando a cada movimiento - ¿Qué tenías que decirme? – me preguntó con esa mirada lujuriosa ¡ni siquiera sabía si era capaz de hablar con este dolor!
~ Hund… - intenté hablar pero la voz se me cortaba creando risa en él, sacando gemidos de placer por su parte y moviéndose cada vez más rápido – húndemela – le dije al final y él sonrió de una forma que no me gustó.
~ Qué pedazo de puta estás hecha – me dijo - ¿Así que quieres más eh? – dijo esta vez levantándose y tirándome en el sillón donde él estaba.
Se colocó encima y entró aún más hondo de mí con movimientos mucho más rápidos de lo que habían sido los míos. Grité ¡Dolor, Dolor y más Dolor! Pero no acabó ahí, el moreno se puso encima del sillón de frente a mí y cogiéndome del pelo metió su miembro en mi boca. Ni siquiera yo estaba haciendo el movimiento, él movía mi cabeza y su cintura entrando y saliendo como quería de mi boca, creándome arcadas haciéndome cerrar los ojos mientras las lágrimas me caían. Reía mientras me decía una y otra vez "chupa puta, chupa".
~ Que estrecho eres – gritaba el rubio una y otra vez – sí, me encanta, voy a correrme ¿Quieres que me corra? – yo no podía hablar, tenía el miembro de aquel moreno en la boca ¡Pero no, no quería! ¡Quería que me dejasen! – voy a hacerte mío, voy a llenarte este precioso culo con mi semen
Sentí aquel líquido entrando en mí, le oía suspirar como si estuviera cansado pero satisfecho con haber descargado hasta la última gota de su ser y yo sólo podía llorar, ahora se había puesto a mí lado y me miraba ahogarme con la polla de su amigo mientras él se relamía. Me agarró la cabeza y me empujó hasta el fondo para que metiera toda la polla entera y siguió haciendo fuerza evitando que pudiera sacarla mientras notaba como su amigo se corría en mi boca
~ Mira como le gusta – se reía el moreno mientras movía mi cabeza de forma afirmativa y yo intentaba escupir aquel líquido con el que me estaba atragantando, pero no me dejaban salir.
~ Bébetelo – me insistía el rubio mientras veía como parte del semen corría por las comisuras de mis labios al no poder tragarlo.
Cuando sacó el moreno su miembro, el rubio pasó la punta de su polla por mis labios, jugaba conmigo, me pegaba con ella y de golpe, volvió a abrirme la boca para meterla.
~ Límpiamela – me dijo y tuve que chupársela saboreando parte de su semen que ya había metido en mi interior.
La sacó y entonces mientras se vestían, me miró para felicitarme, me comentó que si seguía siendo tan obediente mi amigo estaría en perfectas condiciones. Yo no podía parar de llorar. Me levanté para coger mi ropa pero de un guantazo me tiraron al suelo completamente desnudo.
~ ¿Quién te ha dicho que te puedes vestir? – me preguntó el rubio.
~ Tu sitio para dormir, es el suelo – me dijo esta vez el moreno.
Me dejaron allí toda la noche, tumbado en el suelo, desnudo y sin poder moverme, temblando por lo que acababa de pasar ¡y sólo era el principio, porque nadie podía ayudarme! Se durmieron enseguida, allí de ocupas en mi casa después de haberme rebajado a este nivel y antes de caer inconsciente por el cansancio y el dolor, sólo una palabra salió de mis labios. "Na… Natsu"
Cuando me desperté, ya no estaba en el suelo, ya no estaba en mi casa, estábamos viajando a las afueras de la ciudad, me llevaban atado y escondido en un carro. Podía ver por una pequeña abertura los árboles del bosque cercano a la ciudad. Supe que ya no había vuelta atrás, no volvería a Magnolia, no volvería a ver el gremio, nadie más del gremio volvería a reír o llorar por mí, nunca más vería a Natsu.
Recordé sus palabras de golpe "debiste haber muerto en lugar de tu maestra", sonreí, seguramente no creo que tardase mucho en venir mi muerte a este paso. Quizá hasta podría utilizar el "Iced Shell" como un medio de escapar de esta vida, podría llevarme a todos conmigo y al menos Natsu conseguiría lo que esperaba, que desapareciera. Moriría solo y apaleado, tal y como había estado toda mi vida ¡Nadie me echaría de menos!
Mi mire las manos atadas y entonces me di cuenta de que mi pulsera no estaba ¡mierda! Moví mi cuerpo como pude aún con el intenso dolor que me provocaba cualquier gesto y la busqué a mi alrededor ¡No podía estar tan lejos! ¿Dónde se había podido caer? Era lo que me faltaba hoy, perder algo más, pero bueno… al final me di por vencido, tampoco era tan importante, supongo que ya nada tenía importancia para mí. ¡Pero me gustaba esa pulsera!
