Capítulo II
Le había dicho que se tomara su tiempo, pero diez minutos de silencio era demasiado, sin contar que seguía dándole la espalda. No podía negar que tuviera un cabello de ensueño, pero ya se estaba cansando de no verle el rostro.
Lo cierto es que estaba ansiosa, y el bendito silencio no la ayudaba.
Tenía que distraerse. Se estiró y reprimió un bostezo, miró a su alrededor para ver qué podía hacer, pero no encontró nada. Aburrida comenzó a golpear el lápiz contra su muslo. Cambio unas cuantas veces de posición en la silla, hasta que decidió mirar el expediente de su estoico paciente sin mucho interés, prefería enterarse de su propia boca y no por un papel; le dio una dura mirada a su espalda con un rictus perfecto, ni modo se dijo... Su atención fue al expediente, se fijó en la edad, tenía 33 años, era soltero y no tenía hijos. Volvió a bostezar, se rascó la cabeza.
—Me irritas —le habló por fin Sesshomaru— ¿…No puedes estar quieta? —Se levantó del suelo y fue hacia la ventana, pero no se giró.
—No, estoy viva —le respondió ella con naturalidad, a lo que Sesshomaru dio un resoplido. Decidió darle una respuesta más concreta— …Tengo hiperactividad.
—Ah… —Musitó él casi sin importancia. La joven arrugó el ceño.
—No para todos es fácil alcanzar ese estado zen que tienes ¿…No habrás vivido con los monjes Budistas por casualidad? —Le preguntó, pero Sesshomaru no respondió, en cambio ella rio de su propio sarcasmo.
—¿Qué es lo que sabes? —La asaltó él de imprevisto, cortando la broma con su tono serio. Esta vez fue ella quien soltó un suspiro.
—Que eres un abogado exitoso, nunca pierdes… Hasta que atacaste a uno de tus clientes, no recuerdo su nombre… —Trató de hacer memoria, hojeó el expediente, pero no lo encontró— …El hombre que se le acusó de matar a un delincuente. Tú eras su defensa.
—No era un delincuente… —Notó algo en su voz ¿desprecio?
—¿No lo era? —Preguntó ella, estaba confundida ¿los medios de comunicación mentían?— ...Pero entonces tú lo sabías. Quiero decir, lo estabas defendiendo.
Silencio…
—No, no hasta el momento del juicio.
Parecía que retomaría lo dicho, no quiso interrumpirlo, pero el silencio se alargaba y la lengua de la chica a veces tenía vida propia.
—Quieres decir cuando lo agrediste —Sesshomaru se removió en su sitio.
—Se lo merecía.
—¿Qué te ocurrió antes? En el tribunal dicen que tuviste un ataque.
Silencio otra vez.
—…Tuvo que decírmelo, lo presioné, el juicio no iba bien. Me confesó que había sido un chiquillo, no más de 10 años, pronto traerían pruebas… Tenía miedo, y con justa razón. Si hubiese sido un delincuente, un drogadicto como él decía, no se armaría tanto alboroto —se calló de pronto y al retomar su relato habló más para sí que para ella— …Nunca he sido muy escrupuloso al elegir mis casos… No me parecía un problema defenderlo aún así…
Ella lo escuchaba atenta, tenía claro que no podía hacer juicios de valor, pero no podía evitarlo. Aquel hombre era reconocido por su fría lógica, entre sus casos solo contaba gente de poder, y el poder por lo general no lo tenían los buenos ¿qué le impedía defender a un asesino? No lo decía, pero ella sabía que era por su estatus, ya estaba en la cima ¿qué más podría querer?
—…Pero en ese momento unas imágenes vinieron a mi —continuó y se llevó la mano a la frente aferrando su cabello—, pero no eran simples imágenes, era como si estuviera ahí —su voz parecía asombrada—. Una niña pequeña me sonreía, tenía el rostro golpeado, pero estaba feliz y yo…
...
—¿Si? ¿qué sucedió contigo? —Quiso saber ella, pero Sesshomaru parecía contrariado. Casi se giró a verla, pero se contuvo.
—Volví en mi, todos me miraban preocupados, creo que me desplomé en el suelo, no lo recuerdo bien. Pedí que prosiguiéramos, si hay algo que no tolero es verme vulnerable… Ya me encontraba bien, o eso me decía. En ese momento trajeron las pruebas que mi cliente temía. Las proyectaron para que todos la vieran. No era ningún niño, si no una niña.
Ella no quería interrumpirlo, ni mucho menos corregirlo, pero esas pruebas de las que hablaba eran de un muchacho, la noticia estaba en todas las redes sociales ¿o era posible que las trucaran y el jurado fuese silenciado? El presunto asesino tenía gran poder, pero era demasiada especulación ¿cómo se llamaba? No podía recordar su nombre.
—Apenas vi las fotografías, las imágenes regresaron, pero ya no veía a la niña sonriéndome. Estaba muerta, y sabía, yo tenía claro que aquel hombre que defendía la había matado o estaba implicado en su muerte.
Deliraba, estaba casi segura, mezclaba lo real con lo que estaba en su mente, pero esa convicción con la que hablaba la hacía dudar. Tenía que preguntar con cuidado, hilar los cabos sueltos.
—¿Qué relación guarda el hombre que defendías con la niña de tu memoria? Tú dices que mató a una niña, pero no es la misma del presente ¿o si?
—Koga, el hombre se llama Koga —le dijo y ella lo anotó en su libreta, lo buscaría más tarde para corroborar la información— …Es como si pudiera recordar el pasado, una vida muy antigua. Sé que suena a locura, pero estoy seguro... Él mato a la niña en esa vida, lo sé. Había un bosque… —Sacudió la cabeza con frustración—. Lo que tengo claro es que volví a encontrarme con ese Koga en este presente, y había hecho lo mismo, la mató nuevamente —apretó los puños—. Lo ataqué, es cierto, y no estoy arrepentido.
No quería decirle que, claramente lo que decía sonaba a pura locura. Una vida pasada mezclada con el futuro… No. Guardó silencio unos segundos y decidió seguir indagando en lo que ocurría por aquella mente confundida. Había un trauma de por medio, una situación escondida que había estallado y su deber era desenredar la madeja.
—¿Sabes cómo se llama la niña? Me refiero a la del presente y la del pasado —Sesshomaru negó con la cabeza.
—No puedo recordarlo —lo dijo con desazón— …Sé que hay más sobre ella, pero…
No quería forzarlo, quizás era mejor que no lo recordase aún, decidió cerrar el tema de la niña.
—Lo dejaste ciego, a Koga, puedes quedarte con ese consuelo. Buscaré sobre la niña —Sesshomaru asintió, ni una palabra de agradecimiento—, pero aclárame algo antes. En esa vida pasada, ¿tu nombre es Sesshomaru? —Asintió— pensé que era un sobrenombre por tu profesión.
—Ese nombre me parece más real que toda mi vida. Deja de recordarme que soy abogado.
—Tienes razón…
Silencio.
—¿Qué ocurre? —Le preguntó Sesshomaru.
Su tono de interés la tomó por sorpresa. Estaba pensando en si decirle su propio nombre, pero dudó ¿por qué tenía ese impulso?
—Pensaba en Kagura, ¿por qué llamas así a la Doctora…? —Iba a decir su verdadero nombre, pero se frenó.
—Es parte de esa vida pasada, una mujer que vivió por sus propios fines. Pero no es ella quien me inquieta… Es esa niña, sé que murió, pero…
De cierta manera las palabras de su paciente la afectaban más de lo que deberían. Se aferró a los barrotes, no sabía en qué momento había llegado hasta ahí, pero a unos metros de ella se encontraba Sesshomaru perdido en sus pensamientos, solo separados por ese frío metal. ¿Qué significaría esa niña para él?
—¿Pero…? —Lo instó a seguir.
—…De alguna forma volvió a vivir. Esa niña creció. Lo sé.
—¿Era importante para ti?
—Lo era todo.
Su respiración se alteró, esas palabras habían hecho que se sonrojara ¿qué había en su tono de voz? Casi podía escuchar su propio corazón, estaba tan ajena al exterior que no se percató del acercamiento de Sesshomaru. Unos iris amarillos la miraban con intensidad, algo ocurría tras ellos y ella no alcanzaba a dimensionar qué. Sesshomaru estiró su mano hacía su rostro, pero ella dio unos pasos hacía tras, asustada. En su frente había una herida mal cicatrizada, al igual que en sus mejillas.
—Rin, su nombre es Rin.
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C o r Ne L ia E s c i p I ó N
