Capítulo III
Su mano nívea se acercaba a su rostro, y ella como si estuviera clavada al suelo solo esperaba el roce. Habría cerrado los ojos, pero no lo hizo. No le decía nada, pero sus iris dorados no permitían interrumpir el contacto. Su respiración agitada se paralizó, la mano en el aire tan pronta a su rostro se demoraba más de la cuenta.
—Rin, su nombre es Rin.
Su voz, aunque tenía una tonalidad suave, escondía cierto poder que la atraía a seguir escuchando.
—Rin…
La había vuelto a llamar por ese extraño nombre, tragó saliva. Por qué era a ella a quien llamaba, ¿no?
—Rin…
Por algún motivo no podía responder, y tenía tantos deseos de que sus dedos tocaran su piel ¿por qué se demoraba? Se atrevió a dar un paso adelante, su mano estaba cada vez más cerca de ella.
—Rin… —La boca de Sesshomaru se abrió un poco más— …Rin… Rin… RING… RING.
Arrugó el ceño extrañada, su voz dejó de ser suave, ahora era aguda, casi no humana ¿qué le pasaba?
—¡RIIIING!
—¿…Sesshomaru? —Logró articular al fin, preocupada.
...
—¿Quién? ¿…Estabas soñando con tu paciente? ¡Horo despierta!
Se sobresaltó, era la voz de su mejor amiga que le reprochaba su confusión de nombres con un toque de picardía y sorpresa, pero ¿desde dónde le hablaba? Miró asustada a su alrededor buscando a Sesshomaru, pero solo vio el teléfono en su mano derecha. Dejó caer su cabeza sobre su mano libre. Había sido un sueño y se encontraba en su habitación a oscuras.
Pero Sesshomaru la había llamado Rin en su sueño, a ella, no a Kagura, a ella. Sonrió, pero la borró al segundo, Freud diría que era un deseo de su subconsciente.
—¿Cómo me has dicho? ¿Horo? ...Es Rin —le respondió ella confundida, ese nombre "Horo", ahora le parecía extraño, pero al instante cayó en la cuenta de su error. Se dio un palmazo en la frente— …Quiero decir que no soy Rin, es Horo. Discúlpame Kagome… —Bostezó, no alcanzó a terminar el nombre de su amiga— ¿Qué hora es?
—Te equivocaste de nuevo, soy Karumi, tu guía espiritual.
—Lo siento, yo… —Comenzó a disculparse sin entender de dónde había sacado ese nombre.
—No hay problema, pero ya despierta. Son las 5 de la mañana.
—Dime que es una broma.
—No, una broma es que me hayas dicho Kagome y que hayas soñado con tu paciente.
—Voy a cortar —le respondió Horo entre avergonzada y molesta, recordando que en dos horas debía levantarse, además de que su amiga impidió que unos dedos blanquecinos llegaran a tocar su rostro. Sacudió la cabeza.
—No, espera. Me dijiste que te llamara si era importante.
—¿Ah, yo dije…? ¡Ah, si! —Gritó con júbilo, ansiosa por saber.
—Me hice el tatuaje que te mencioné, el arco y la flecha… —Respondió Karumi, pero ante el silencio de Horo, rio a gusto— …Solo quería tener toda tu atención. Me pediste información del caso que llevaba tu abogado y ya la tengo. Es muy extraño porque…
Horo inspiró hondo mientras escuchaba a Karumi.
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A pesar de haber dormido poco, no tenía sueño. Estaba frente a la habitación de Sesshomaru con una apariencia lista y dispuesta, muy lejos de reflejar el torbellino que ocurría en su interior. Llevaba su pelo tomado con un prendedor de plata y un pequeño maletín en sus manos. Sabía lo que tenía que hacer, trató de infundirse entereza alisando aún más su delantal. Entró.
Ahí estaba él, de espaldas a ella, pero de pie. Caminó hacia Sesshomaru con paso seguro, pero se detuvo unos cuantos pasos antes de llegar a la división de los barrotes. Él se giró a verla.
—Has tardado —fue todo lo que le dijo en tono de reproche. Horo esperaba un recibimiento más cálido, tomando en consideración lo ocurrido su cita anterior.
—No ha sido mi intención. Kagura y el director querían hablar conmigo —Sesshomaru le sostuvo la mirada con sospecha— …Me han pedido un reporte de nuestras charlas —se calló, esperando ver alguna reacción de su parte, pero su rostro era indescifrable.
—Te negaste.
Pestañeó un par de veces antes de responder, aunque Sesshomaru no había hecho ninguna pregunta.
—Así es, te lo prometí —le dijo con solemnidad, como si esperara una recompensa por su lealtad.
—Por supuesto, tenemos un compromiso, tú y yo.
Otra vez sintió ese paralizamiento seguido de una agitación en su respiración. Tomó el pequeño maletín con más fuerza. Sesshomaru fijo su vista en él.
—No has permitido que te curen esas heridas —le dijo Horo, tratando de esconder su turbación. No le respondió, pero no se amedrentó— …Voy a entrar.
—¿…Piensas que a ti si te dejaré?
Se detuvo y lo estudió unos segundos, era una clara alusión al incidente con el enfermero al que había agredido. Le dio una media sonrisa.
—Claro que no —le respondió aparentando tranquilidad—, por eso no te preguntaré.
Sesshomaru no objeto ni se movió un ápice. Solo sus ojos se movían, siguiendo los movimientos de Horo. Vio como sacó unas llaves de su bolsillo y se acercó a la reja, pero antes de permitirle abrir la cerradura le dirigió unas palabras.
—Estas muy segura de que no te haré daño, o que no te quitaré esas llaves para escapar.
—Oh para nada —le dijo ella con una sonrisa—. Afuera hay cuatro cuidadores, entraran ante… cualquier cosa.
Sesshomaru no le dijo nada más, no se interpuso tampoco. Era una buena señal para ella. Entró, pero tuvo cuidado de cerrar la reja tras de si.
—Eres muy confiada, puede que te arrepientas de ello.
—Ayer me llamaste Rin, ella era importante para ti. No me harás daño.
—Tú no eres Rin.
Fueron cuatro palabras, pero las sintió como cuatro golpes, y todos en el mismo lugar ¿por qué le dolía escucharlo? Así que no era Rin después de todo, no quería demostrarle lo apesadumbrada que la había hecho sentir. Se encogió de hombros y le dio una media sonrisa, fingir sería su mejor defensa.
—En ese caso no te molestará saber que mi nombre es Horo —Sesshomaru no respondió, pero sus labios se apretaron hasta formar una sola línea, se había molestado y ella sintió una pequeña satisfacción en su interior— ¿…Podrías sentarte en la cama? Eres muy alto para mi.
No esperó a que lo hiciera, ella misma acercó una silla a la cama y abrió el maletín, comenzó a sacar gazas, algodones y unos frasquitos pequeños. Sesshomaru se sentó frente a ella unos momentos después. Horo levantó la vista y se encontró con los iris dorados muy cerca de ella, se maldijo por acercar tanto la silla a la cama. Trató de enfocar su atención a las cicatrices de Sesshomaru. Era un hombre atractivo, aunque sus mejillas estuvieran un poco hundidas y tuviera unas profundas ojeras, la vida de reclusión no debía de estar siendo fácil para él.
—¿Vas a contarme cómo ocurrió? —Tocó la cicatriz que tenía en la frente, su piel estaba tibia. Había sido ella después de todo quien lo tocó primero.
—Ya lo sabes, debe estar escrito en mi expediente.
—Me refiero al porqué. Ya te lo dije, me interesa tú verdad —recordó la conversación con su amiga y le provocó un sabor amargo en la boca.
Silencio. Aun así comenzó a limpiar la herida, tenía una forma extraña. Sesshomaru no dejaba de mirarla, Horo habría preferido que mirase a cualquier parte, trató de calmar sus nervios.
—…El juicio había terminado por mi causa —Habló él por fin—, antes de que la policía llegara por la agresión contra mi cliente fui al baño, me escabullí entre toda la agitación. Necesitaba tomar agua, pero nunca llegué a hacerlo... Vi mi imagen reflejada en el espejo, y ahí estaba —se detuvo, y también lo hizo Horo. La mirada de Sesshomaru se había perdido en el recuerdo— …No llevaba mi traje ni mi corbata, en su lugar tenía un extraño kimono de color blanco. Nunca había visto vestimenta semejante.
—Pero sabías que no se trataba de ti —dijo Horo, tratando de no alimentar la ilusión— ...Quiero decir, podías diferenciar que no eras tú.
—Era yo, Sesshomaru —la miró con intensidad—. Me acerqué al espejo, cada movimiento que hacía lo veía reflejado en él. Por muy extraño que parezca no me desagradaba mi apariencia, no lo encontraba inusual, de hecho… Estaba bien.
Horo sentía que su corazón se achicaba cada vez más. Era como si perdiera una oportunidad de salvarlo, de poder sacarlo de ahí. Sesshomaru estaba convencido de que lo que hablaba era real. Pero no podía ser.
—Entonces vi las marcas en mi rostro. Dos líneas horizontales en mis mejillas y una media luna en mi frente. Pero la imagen se desvaneció y solo quedó el recuerdo —tomó la mano de Horo y la llevó a su frente—. Es real, está ahí, bajo la piel. Nací con ella.
A pesar de la turbación que le causó aquel contacto, no le quitó la mano, esperó hasta que la soltara y siguió limpiando, pensando en lo que le había dicho, insegura de interrumpirlo, pero...
—En ese momento fue que te auto-agrediste, con una corta pluma trataste de hacer las marcas, pero la policía llegó antes de que pudieras terminar...
—…El resto ya lo sabes. Estamos aquí, conversando de algo que no me crees.
—No he dicho eso —le dijo ella no muy convencida—. Pero... ¿me culpas? ¿Me creerías tú si estuvieras en mi posición?
—Claro que no, te habría mandado a encerrar, no habría sido tan considerado como tú.
Horo dejó escapar una risa sencilla, no había podido controlarla. Sesshomaru la miró interesado, se acercó un poco más, sus rodillas se toparon y la pierna izquierda de Sesshomaru se abrió paso entre las piernas de Horo levemente. Se sonrojó, pero no trató de hacer distancia con Sesshomaru.
—Ya casi termino —le dijo mientras pasaba de dejar un parche en su mejilla izquierda, pero él le aprisionó la mano con brusquedad haciendo que Horo se sobresaltara—. ¿Te he hecho daño? A veces soy un poco torpe.
—Dices que te llamas Horo —se acercó más, sin intención de soltar su mano—, pero…
Estaba a palmos de su rostro, casi podía sentir su respiración sobre su piel. Lo que sea que fuera a intentar ella debía gritar, hacer distancia, lo que sea, pero estaba perdida en esos ojos, en la tonalidad de su voz y la calidez de su mano. Era lo que había deseado en el sueño ¿o era algo más?
Sesshomaru llevó su mano libre al cabello de Horo y tocó su prendedor.
—Una flor —le dijo, y su tono sonó como si siempre lo hubiera sabido. Con un leve movimiento lo quitó y el cabello oscuro le cayó como una cascada sobre los hombros—. Si, ahora si eres Rin.
Era tal su agitación, que el pecho no le aguantaría el corazón por mucho tiempo. Sesshomaru había comenzado a acariciarle el cabello, acercándose más y más. Su mirada la perturbaba, había tanta añoranza en ellos. Se levantó de un salto e hizo distancia. Rio nerviosa y le dijo que ya había terminado, guardó rápidamente las cosas en el maletín y abrió la reja. Sesshomaru se quedó impávido, mirando el suelo, luego fijó su vista en ella.
—Rin, recuérdalo.
Salió de la habitación con el corazón desbocado. Fuera no había ningún cuidador, le había mentido. Nunca hubo reunión con Kagura tampoco, llevaba dos días evitándola, sabía lo que querría. Solo necesitaba esas llaves, por eso había llegado más tarde, tomarlas no había sido sencillo, y si supieran que estuvo con él tras los barrotes con esa cercanía...
Era su última oportunidad por encontrar un resquicio de cordura en Sesshomaru. Debía salvarlo, quería salvarlo.
Se llevó la mano al corazón, una lágrima desfiló por su rostro. La había llamado Rin, ella era ese alguien tan importante para él ¿por qué se sentía tan feliz y desdichada entonces? Recordó a Karumi y como le confirmó sus miedos: Nunca sucedió el asesinato de una niña en el caso del cliente de Sesshomaru, como él había dicho, como él había asegurado; era un muchacho, había evidencia, además de encontrarse el cuerpo de ese niño… Era como decía Kouga, pero no como creía Sesshomaru.
Sesshomaru a fin de cuentas solo había distorsionado la realidad, la acomodó para poder vivir la fantasía de lo que debía ser su vida pasada. Lo que él creía que había sido y quería que fuera.
Y él quería a Rin, él la había llamado Rin… Temblaba ligeramente, se mordía el labio inferior. Ya había tomado una decisión.
Una pequeña aclaración, la pronunciación de Horo, es "Joro". ¿...Y? ¿qué teorías locas tienen? ¿van hilando cabos?
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C o r Ne L ia E s c i p I ó N
