Capítulo IV
El fin de semana son los días de descanso que todo trabajador espera… casi todos. Para Horo habían sido dos días interminables de pensar y pensar, sin llegar a nada concluyente. Y ya siendo lunes, no podía dejar de darle vueltas a lo mismo... Llevaba bastante tiempo observando los pasteles de la vitrina, había llegado a ese local de pura inercia, sin hambre, pero no eran pasteles realmente lo que veía, si no unos penetrantes iris dorados. Las palabras de Sesshomaru seguían reverberando en sus oídos "Rin, recuérdalo", y ella no podía dejar de preguntarse ¿recordar qué? ¿había algo que recordar?
—¿Rin?
Se sobresaltó. Un chico se acercó con un vaso humeante en las manos, mirando a todos los clientes del local, pero nadie respondía.
—¿Rin?
Insistió mirándolos a todos, pero nadie decía "si, soy yo". Horo pensó que debía de ser un nombre común después de todo, no era motivo para sentirse nerviosa, pero le sudaban las manos.
—Devuélvelo a la cocina —terminó de decir el chico a otro de los empleados al ver que nadie reclamaba el café.
—¿De qué hablas? —Le respondió la cajera ceñuda— La chica que lo pidió es ella.
Horo la miró confundida al ver que la señalaba. ¿Era posible que hubiese dado el nombre de Rin y no el propio? Estaba trastornándose, salió del local sin recibir lo que había comprado, pero seguía escuchando el nombre de Rin a su espalda, llamándola incansablemente "Rin, Rin, Rin...".
Necesitaba distraerse. Marcó por inercia el número de Karumi, y pronto su voz le dio la distracción que quería. La historia de cómo conoció a un chico de muy mal genio, que extrañamente agradaba a su amiga, la acompañó todo el trayecto hasta el centro psiquiátrico, habría sido una conversación perfecta, de no ser por la pregunta de Karumi "¿tu paciente ya admitió que está equivocado, que los hechos son otros? Eh Horo ¿qué harás?", pero ella solo colgó. Con los pocos días que llevaba viendo a Sesshomaru se había dado cuenta de que no había forma de que negara lo que ya había dicho, para él su vida era una mentira, pero Sesshomaru, Rin... ellos si eran reales. Rin... Se llevó la mano al corazón, estaba sufriendo por un completo extraño, sabía que lo era, pero sentía todo lo opuesto. Se mordió el labio, no quería ser parte de lo que ocurriría.
Inhaló y exhaló aire lentamente. Observó su vestimenta: su delantal estaba perfecto, y su cabello aprisionado en una coleta —no pudo encontrar su prendedor de flor—. Volvió a tomar aire para infundirse de valor y así ver al causante de sus confusiones. Estaba frente a su puerta lista para entrar, pero unas manos la tomaron por los hombros y la giraron bruscamente, la empujó contra la pared causando un ruido sordo. No le dio tiempo ni para asustarse.
—¿Quién te has creído?
Los ojos rojos de Kagura refulgían, y sus manos aferraban sus hombros como tenazas, la sorpresa y la rabia contenida que había en esa pregunta la dejó sin aliento, pero Kagura le enterró sus largas uñas.
—¿De qué hablas? Me estás haciendo daño —a Horo le molesto el propio sonido de su voz, débil y asustada.
—Quieres quitarme a mi paciente, sé lo que tramas, pero Sesshomaru es MI PACIENTE. Soy yo quien debe hablar con él, no tú ¿te quedó claro?
Fue un movimiento con demasiada fuerza y rápido, pero Horo se quitó las manos de Kagura como si se quitase un paño maloliente. El que le recalcase que era "suyo" y no de "ella" le había permitido reaccionar, pero solo momentáneamente. Los ojos de Kagura centellearon con ese tono rojizo tan poco natural. Por un instante tuvo miedo, y solo en ese momento entendió la frustración de Kagura.
—¿Sesshomaru no quiere hablar contigo? —La pregunta la sorprendió tanto a ella como a Kagura, pero no le respondió, sus labios se apretaron y un leve tic se formó en la comisura de sus labios, su odio hacia ella era palpable— ...No tienes de qué preocuparte —le respondió casi de manera automática, recordaba la pregunta de Karumi "¿qué harás?—, esta tarde te entregaré mi reporte. Te darás cuenta que a tu paciente no le quedará más remedio que hablar contigo.
La mirada hosca de Kagura se suavizó ligeramente, pero Horo no le dio tiempo a que dijera ninguna palabra mordaz, se giró y entró en la habitación de Sesshomaru.
¿Qué había dicho?
Una angustia empezó a florecer en su pecho, estaba renunciando a Sesshomaru. Habría llorado, pero ahí estaba él, mirándola fijamente.
—¿Qué ocurrió ahí fuera?
—¿A qué te refieres? —Trató de disimular caminando hacia él, era imposible que hubiese escuchado la conversación que había tenido con Kagura, esas paredes no dejaban pasar sonido.
—No me trates como un estúpido —su voz era fría como siempre, pero con un dejo de irritación—, sentí el golpe en la pared, traes el cabello desordenado y tienes la respiración agitada ¿qué ocurrió?
Horo tragó saliva, Sesshomaru parecía calmado, impávido, pero ella sabía que no era así, sus iris dorados mostraban toda su turbación, y no pudo contra ellos, reconoció que nunca podría.
¿Qué vas a hacer?
Le temblaban las manos.
—…No puedo seguir atendiéndote —bajó la vista, se sentía demasiado avergonzada. Sesshomaru no respondió—. Estoy demasiado involucrada, no soy objetiva… Yo… Lo siento.
Horo sentía que no podría continuar mucho tiempo ahí, pero Sesshomaru seguía en silencio y eso la estaba matando. Después de todo estaba faltando a su palabra, estaba rompiendo el compromiso que habían formado, ¿o se trataba de algo mucho más antiguo que escapaba a sus recuerdos?
—Siempre te ha gustado estar descalza —Horo se sorprendió por lo que acaba de escuchar, pero aun así siguió sin levantar la cabeza. Negó de manera enérgica y luego asintió—, por más que trataba de hacerte usar zapatos, te los quitabas como si fueran una molestia… ¿Es en lo que me he convertido para ti?
No había querido levantar la vista, las palabras de Sesshomaru calaban profundamente en ella, ¿cómo podía saber que no le gustaban los zapatos? pero aun así, no comprendía lo que le decía, el significado de esas palabras, y eso la carcomía. Le habría gustado decir "si, recuerdo nuestras batallas por los zapatos", pero no era así, iba a decírselo, pero cuando lo miró comenzó a llorar.
—…No puedo, no quiero estar presente —comenzó a moquearle la nariz, se sintió pequeña, pasó sus manos por ojos y nariz, Sesshomaru parecía conmovido— …No lo entiendes, Kagura no dejará que salgas de aquí, te dará un tratamiento largo, drogas… ¡Y todo por tu tozudez! —Le acababa de gritar, pero no le importó— Porque no dejas de lado la vida paralela que crees tener —hipó y se le colorearon las mejillas— …Me gustaría ser Rin y tú Sesshomaru, pero no lo somos... no lo somos.
Se dejó caer al suelo, ya no lloraba, pero los sollozos le hacían temblar el cuerpo. Volvió a mirar a Sesshomaru avergonzada por lo último que había dicho. Sus cicatrices estaban bajo los parches que ella misma había puesto, y eran un continuo recordatorio del futuro en reclusión que tendría.
Está enfermo, entiéndelo. Se decía internamente, pero ahí seguía, persistente, sufriendo, por algo que podía evitar. Darse la vuelta e irse.
—Si lo negara todo ¿cuánto tiempo estaré aquí?
No lo podía creer ¿hablaba enserio? Tuvo que ponerse en pie, dar unos últimos pasos hacía Sesshomaru y aferrarse a los barrotes. Después de sorbetear su nariz pudo responder.
—Máximo 6 meses si demuestras avances, si les aseguras que quieres volver a tu normal vida de abogado… ¿Lo harías?
Él se tomó un tiempo en responder, mirando en derredor, mirando por la mezquina ventana que tenía, hasta que clavó sus ojos en los de ella.
—¿Qué me espera fuera de este encierro? —Esta vez fue Sesshomaru quien acortó la distancia.
Horo se secó las lágrimas y sonrió, el corazón le palpitaba con fuerza. No le respondió nada, pero se quitó los zapatos y finalmente la coleta que aprisionaba su pelo. Sesshomaru le dio una sonrisa, ella estaba segura de que quién fuera que viese su rostro en ese momento diría que no había ninguna, pero ella sabía que si. Acercó su mano a los barrotes y se aventuró a su mejilla, la acarició y Sesshomaru puso su mano sobre la de ella. Ya no habían dudas, sabía lo que tenía que hacer.
—Lo negaré todo —volvió a afirmarle Sesshomaru.
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C o r Ne L ia E s c i p I ó N
