Capítulo V
Horo llevaba más de 30 minutos exponiéndole sobre los progresos de Sesshomaru. Mientras, Kagura aprisionaba con demasiada fuerza el lápiz sobre el papel, no había nada que escribir, pero enterrar esa punta afilada la hacía sentir ligeramente aliviada. Se decía internamente que debía calmarse, que lo que escuchaba no tenía gran significado. Si ella lo quisiera, Sesshomaru pasaría a una reclusión absoluta con atención profesional —de ella misma por supuesto— la semana completa, y a la inepta de Horo le quitarían la licencia, no volvería a acercársele; por lo que mientras tenía que soportar la cantarina voz de la mocosa. No dejaba de pensar "di lo que quieras, no lograrás nada, no permitiré que me lo quites…", pero su perorata se volvía insistente.
Horo decía que Sesshomaru estaba empezando a diferenciar una realidad de la otra, comenzaba a rechazar las ideas a las que tan fervientemente se había aferrado ¿y a ella qué le importaba? no cambiaba nada en absoluto.
Pero lo que realmente molestaba a Kagura, y la tenía de los nervios era lo que había visto. Porque sí, los había visto y mientras pensaba en ello más apretaba el lápiz sobre la mesa.
Kagura había visto todas las sesiones de Sesshomaru con Horo. Desde mucho antes que llegara la mocosa ella había hecho un pequeño agujero en la habitación donde lo espiaba a él, y luego fue bastante útil para espiarlos a ambos. Con cada sesión el odio, los celos y la impotencia crecían en ella.
Y ahí estaba la chiquilla con su cara de mosca muerta, tratando de arrebatárselo. Detestaba esa sensación, era como si la conociera, como si hubiese sucedido antes. No podía soportarlo.
Kagura se levantó de su asiento y puso ambas manos sobre la mesa, Horo dio un pequeño respingo interrumpiendo sus explicaciones.
—¿Me estás diciendo que quieres llevar el caso tú misma? ¿Es eso? —Kagura no le dio tiempo a responder—. Te recuerdo que es mi paciente y tú debías entregarme tu reporte y hacerte a un lado.
Horo le sostuvo la mirada, Kagura sabía que la intimidaba y que no tenía el carácter para enfrentársele, le repugnaba ¿qué podía verle Sesshomaru? Dejó su escritorio y se dirigió a la puerta para darle a entender que la conversación se había terminado, la abrió con violencia.
—Espero mañana ese reporte y tu renuncia, ya veré yo qué avances y qué tratamiento es el indicado para…
—Lo que se necesita aquí es recordar que trabajamos por los intereses de los pacientes y no por los nuestros —la interrumpió Horo, también poniéndose en pie y Kagura sintió bullir nuevamente esa rabia en su interior.
—¡Cómo te atreves…!
—Me atrevo porque es la verdad, Sesshomaru necesita un buen tratamiento y que lo lleve alguien en quien confíe… Son los deseos de Sesshomaru —Kagura notaba el temblor en las manos de Horo, pero su voz era firme. Kagura contrajo la mandíbula y se metió la mano derecha al bolsillo de su delantal, le sonrió.
—¿Te crees muy lista? —Horo parpadeó un par de veces claramente confundida— Sé lo que has estado haciendo, sé que se besaron o, mejor dicho, que tú besaste a "tu paciente…" ¿Cómo crees que verá ese gesto el Director?
Kagura se maldijo internamente, no debería haber dicho eso, pero recordaba aquel momento y perdía el control. Esos dos habían tenido muchos encuentros significativos, pero nada como su última sesión. Porque sería la última, de eso estaba segura. Kagura seguía vivenciando la forma en que Sesshomaru la había visto, el cómo acarició su cabello y por sobre todo la forma en que había correspondido el beso de Horo. Todo como imaginaba y le gustaría que fuera para ella. Cuánta amargura sentía...
Y ahora estaba frente a Kagura, la odiaba, oh cuánto la odiaba. Pero ya lo había dicho, era un arma de doble filo, y la desesperación comenzaba a ganarle, ya no pensaba racionalmente.
—Eso no es cierto, no sé de qué hablas —su rostro no mostraba sorpresa, pero Kagura notaba el miedo en su voz. Horo comenzó a cambiar la expresión en su rostro al de la incredulidad y el asco— …Pero, ¿acaso tú…? ¿…has estado viendo…? ¿Cómo?
—Hazte a un lado, o haré que te quiten la licencia —la terminó por amenazar, le molestaba ver como Horo la miraba reprobándola.
—No me importa —fue su respuesta tajante—, que me la quiten, pero no dejaré que sigas atendiéndolo, a él ni a nadie.
Kagura entendió lo que escondían las palabras de Horo, que no estaba en condiciones de ejercer, que ella misma necesitaba atención. Dio un suspiro, sabía que no era así, ella sabía que era lo mejor para Sesshomaru.
Kagura le dio una media sonrisa y cerró la puerta con calma, se quitó su prendedor en forma de pluma y el cabello oscuro le cayó sobre los hombros, si Horo encontró extraño lo que acababa de hacer no pudo expresarlo, ya que Kagura en un rápido movimiento corto el costado izquierdo de su cuello. Cuando Horo se dio cuenta de lo que acababa de pasar la sangre ya manaba de su garganta, trato de llevar sus manos al cuello en un intento de cerrar la herida, pero era inútil. Kagura disfruto del momento viéndola, pero la interrumpieron. Tocaron a la puerta, abrió con calma, Horo no podía hablar y poco a poco iba desplomándose en el suelo, que feliz se sentía.
—¿Qué sucede?
—Es su paciente —le informó uno de los enfermeros, ella sabía a quién se refería—. La llama, dice que necesita verla —Kagura sintió su corazón saltar, aquello era una señal.
—Iré, gracias —antes de salir le dio una mirada de complacencia a Horo— …Es mi momento con él esta vez.
Las palabras salieron de su boca, no pudo entender de dónde habían salido. No importaba, los ojos de Horo estaban anegados en lágrimas, impotente viendo como ella limpiaba su prendedor y se lo volvía a poner en el cabello.
Cerró la puerta y el sonido fue como un triunfo en su interior.
Kagura camino con soltura para encontrarse con Sesshomaru, sabía que Horo se desangraba en su despacho, pero qué importaba, los pacientes peligrosos se escapaban de vez en cuando, por eso dejó salir a uno y le indicó que se quedara fuera de su despacho. Le echaría la culpa, no es que fuera la primera vez que lo hacía.
Dejó de preocuparse. Estaba frente a él.
—Ah Sesshomaru ¿querías verme? —Como nunca sucedía estaba de frente, viéndola, Kagura estaba expectante, sonriendo.
—He reconsiderado mi situación —no demoró en hablar y Kagura borró su sonrisa, no quería escuchar lo mismo que le había dicho Horo— …Serás tú quien hable conmigo, nadie más.
—¿…Nadie más? —Kagura aguanto la respiración, no podía creer aquello. Él la estaba escogiendo a ella. Casi sintió un poco de pena por Horo desangrándose en su despacho.
Sesshomaru no volvió a responderle, había sido claro, pero le dio una mirada intensa, una mirada que Kagura no pudo resistir y se acercó a los barrotes. Como si se tratara de un sueño él le acarició la mejilla, su mano le pareció un poco fría, pero no le importó.
—Recuerdo la última vez que nos vimos, estabas despidiéndote en un campo de flores —le dijo Sesshomaru, y no había asomo de mentira en su voz, el corazón le palpitaba con violencia— ¿Vas a irte nuevamente?
La pregunta fue casi como un golpe, la trajo a la realidad. Ella jamás haría eso, la horrorizaba pensarlo, iba a decírselo, pero sus iris dorados la tenían embelesada.
—Ven conmigo —la quería, deseaba que entrara, podía notar la necesidad en su voz. No tenía miedo, pero antes de introducir la llave en la cerradura dudo, pero Sesshomaru tocó suavemente su mano— Kagura… —Con aquello fue suficiente.
Apenas entro, Sesshomaru la aprisionó en un abrazo, fue demasiado rápido para ella, casi antinatural. Pero estaba tan expectante que no se detuvo a pensar en ello, ni siquiera le importó dejar sin llave la puerta, lo sustancial era el contacto con él.
Lágrimas silenciosas bajaron por las mejillas de Kagura, estaba tan feliz, podía sentir como Sesshomaru disfrutaba de su aroma y le quitaba el broche de su cabello. Todo lo que había visto de ellos estaba sucediendo con ella, como debía ser. Kagura levanto la vista hacia Sesshomaru, buscando esa intensa mirada y su boca.
—No es la primera vez que tratas de herir a quien me importa —le dijo Sesshomaru con una frialdad que le congeló el corazón, no entendía que pasaba, pero luego reparó que en su mano tenía su broche, y en él había un ligero rastro de sangre, casi imperceptible. La mirada intensa de Sesshomaru había desaparecido igual que los latidos de su propio corazón.
Por unos minutos había sido feliz.
Sesshomaru no se detuvo ante nadie, no era importante si eran inocentes o no, si tenían familia o no. Si se interponían en su camino serían cortados. Crispo sus manos sintiendo las uñas largas, afiladas, poderosas, letales. Sus habilidades volvían, como debía ser, al igual que Rin en su vida.
Como debía ser.
Podía sentirla, su aroma, un aroma al que le quedaba muy poco de vitalidad. Se apresuró por el pasillo sin pensar en nada más que en ella. Sabía que lo necesitaba, podía sentir su llamado.
Debía llegar y sus pies dejaban el suelo, casi volaba. Era veloz, increíblemente veloz, pero llegaba tarde otra vez, su poder no valía nada si no podía protegerla.
Aquella visión, verla así en el suelo nuevamente… Que equivocado estaba, era él quien la necesitaba.
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Se le iba la vida.
Ya no podía sostener la herida, no le quedaban fuerzas y le costaba respirar, sentía que se ahogaba en su propia sangre. Todo lo que había imaginado que podía suceder viviendo con Sesshomaru fuera de ese lugar comenzaba a desaparecer. Y quería verlo, solo unos segundos de vida para verlo por última vez, pensaba con todas sus fuerzas.
Y ahí estaba, una hermosa ilusión pensó sonriéndole débilmente. Estaba con esa extraña vestimenta blanca que le había descrito, con una reluciente armadura y sus marcas violáceas en mejillas y frente. Pero lo cierto es que ya no le parecía extraña. Sesshomaru, trató de pronunciar, pero solo logró mover los labios. Quería decirle que lo entendía, que recordaba, pero no podía, no podía resistir más y el semblante de su ilusión tenía una expresión que le desgarraba el corazón.
Perdón Sesshomaru, soy solo humana.
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—¿Estás diciendo que todo esto lo causo un hombre?
—No sé cuántas veces voy a tener que repetirlo… —Respondió cansinamente a su compañero.
—Pero mira este desastre, cuerpos cercenados por todas partes… No puedo creerlo. ¿Viste como dejó a la Doctora? Para dejar un agujero así en el pecho… —Dio un silbido.
—El tipo estaba loco después de todo… —Tomaron unas cuantas fotografías, era el tercer caso que veían en el día, el peor de todos, otro más que no podrían resolver—. Tengo hambre y quiero darme una ducha. Vamos a interrogar al que quedo vivo, dicen que lo vio.
—¿Crees que sirva de algo? Es uno de los locos.
—Poco me importa, solo quiero terminar con esto.
Recorrieron el ensangrentado pasillo, había gritos e histeria por doquier, parte del personal se encontraba muerto en ese pasillo y quienes quedaban con vida no daban abasto para calmar a los pacientes. Agradecieron el llegar hasta la sala donde los esperaba el testigo. Pero él no se veía en mejores condiciones que el resto de los pacientes. Los policías trataron de calmarlo primero con palabras suaves, luego con gritos y finalmente con una cachetada que se aseguraron que nadie viera.
Lo único que lograron sacarle era que el hombre de cabello blanco había cortado a la mujer con una espada, los policías sabían que esa mujer era su psiquiatra y según el testigo, ya estaba muerta cuando la cortó, pero entre gritos de asombro les dijo que había vuelto a la vida.
Los policías se miraban entre sí y negaban con la cabeza ¿de dónde iba a sacar una espada un paciente?
El testigo también aseguró que el hombre había volado junto a la mujer, se habían ido volando, y él también quería volar, se veían tan bien en el cielo, les dijo con aire soñador y les preguntó a ambos si él podía volar también, que el amor hacía volar. Los policías se miraron unos segundos antes de salir, sin creer ni una sola palabra mientras que el paciente miraba soñadoramente hacia el cielo.
Último capítulo. Oficialmente hasta aquí llegaba este fic, pero como lo reedite y me volví a enamorar de la historia, decidí darles el epílogo que tantos me habían pedido. Por mi, por ustedes y por la salud mental de nuestros protagonistas.
Si llegaste hasta aquí y te gustó lo que leíste, déjame un review. Detrás de cada obra hay una gran imaginación y creatividad que son necesarias para crear y escribir un fic ¡cuesta un montón!, pero dejar un review no cuesta nada ;)
C o r Ne L ia E s c i p I ó N
