Este longfic está escrito para el Proyecto - Escribe a partir de una palabra

Palabra: Inquebrantable; Ser lo suficientemente fuerte como para no dejarse vencer por el némesis: uno mismo. Propuesta por Dunnik

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Death Spiral

Lore-chan


UNO: SINCRONIZACIÓN


Mimi vio como Yamato dio un par de pasos sin la necesidad de usar sus muletas y dio un salto de emoción junto con un chillido que dejó a más de algún kinesiólogo con problemas auditivos.

Pero es que ver a su novio poder hacer eso luego de largos meses de trabajo, era reconfortante. Él tenía un alma inquebrantable y sabía que Taichi Yagami era solo un reemplazo temporal, que luego del campeonato se iría quizás donde, pero se iría.

La relación con el moreno se había tornado tensa, patinaban a velocidades distintas, ambos daban excelentes saltos, pero siempre se caían en la sincronización, uno se adelantaba, el otro quedaba dos o hasta tres segundos atrás. Los saltos en paralelo eran el dolor de cabeza de Hiroaki. Lo único que hacían bien y con una naturalidad increíble eran los lanzamientos, los twits lifts y cualquier otra pirueta donde Mimi estuviera por sobre la cabeza de Taichi, es decir, todo lo que fuesen elevaciones. El Yagami la levantaba como una pluma.

—¡Otra vez! – gritaba el padre de Yamato desde las afueras de la pista.

Podían hacerlo diez veces y las diez veces se equivocaban.

—¡Mimi están yendo muy lento, gira a más velocidad!

—¡Lo estoy haciendo como siempre lo he hecho!

—¡Lo estás haciendo lento! – repetía Hiroaki Ishida.

Y maldiciendo por lo bajo se iba patinando a una esquina para hacerlo una vez más.

Nuevamente lo hacía mal, siempre ella. Taichi no recibía ningún tipo de insinuaciones y Mimi sentía que también merecía que le dijesen que giraba muy rápido, que él era hombre y los hombres tenían que ir un poco más lento para ir al mismo compas de su pareja, pero claro ¡Qué iba a saber él si era patinador individual!

En tres semanas, practicando de lunes a sábado, casi ocho horas diarias estaban desesperando a Mimi. Por eso fue que saltó tan alegre… quería creer que Yamato podría estar con ella en la competencia. Sabiendo que era imposible.

—¡Lo hiciste increíble! – la castaña abrazó al rubio por la cintura con cuidado y acomodó su oído a la altura de su corazón. Le encantaba oírlo palpitando y si ella estaba allí, palpitaba más rápido, con más fuerza.

Yamato le acarició el cabello torpemente, a él siempre le costaba demostrarle frente a otras personas que la quería.

—Vas bien Ishida – indicó el médico – trata de caminar sin apoyo un par de minutos al día, tampoco queremos forzarlo, pero por lo que hemos visto el hueso ya está sano, ahora todo lo que queda es tiempo para que se fortalezca.

—Gracias – fue lo único que dijo Yamato y tras una reverencia de despedida, tomó sus muletas y se encaminó a la salida.

Mimi caminó a su lado derecho, en silencio, mirando su pierna a cada instante. Habló poco y nada hasta que llegaron al departamento de los Ishida y el rubio sintió que algo no estaba bien allí.

Que su novia guardara silencio por tanto tiempo era como que nevara en Hawaii.

—¿Qué es lo que ocurre? – preguntó acostándose en su cama.

La castaña se sentó a la altura de su cintura y tras cavilar un par de segundos lo soltó.

—No quiero participar en la competencia sin ti.

—Mimi, ya hemos hablando…

—No, tú has hablado – interrumpió – tú y tu papá han tomado la decisión, a mí no me quedó más que acatarla. No me llevo bien con Yagami. Tú mismo has visto las practicas, han sido horribles… no hay sincronización en lo que hacemos, y quedan cuatro meses, no puedo alcanzar con él lo que teníamos ambos en la pista.

—Tienes que esforzarte más – y su tono era de total seriedad – no has puesto de tu parte y lo sabes. No me rebatas ese punto, porque es la verdad. Lo haces a propósito, Mimi.

—No quiero estar con él, quiero patinar contigo – dijo antes de acostarse a su lado, lo abrazo por el cuello y subió una de sus piernas hasta enredarla en su estómago.

—Pensé que no tendríamos esta discusión otra vez – Yamato se llevó el dedo índice y el pulgar a sus sienes, masajeándolas. Mimi a veces lo desesperaba, se comportaba como una niña.

—No voy a participar – repitió – dile a tu padre que le diga a Yagami que se devuelva por donde llegó. Además, patina horrible, no tiene la gracia que tienes tú.

El rubio rio besándola en la frente.

—Lo prometiste.

—Pues deshago la promesa ahora mismo.

Mimi se levantó solo para volver a sentarse en las caderas del rubio y sin pedir permiso ni nada, metió sus dos manos bajo su camiseta sintiendo sus músculos. Sus dedos viajaron hasta salir por el cuello de él que cerró los ojos, disfrutando al máximo la caricia, porque sabía que era el inicio de lo mejor.

—¿Qué hago para que entiendas que no quiero patinar con él? – preguntó ella traviesa. Un solo segundo bastó para desabrochar el botón del pantalón de Yamato que se mordió el labio cuando sintió que el cierre era bajado.

—Tienes que hacerlo – jadeó.

—Mmmmm… no – y rio cuando bajó la tela y lo tuvo entre su mano en todo su esplendor, su piel contra la de él. Ambas hirviendo. Subió y bajó.

—Mi pierna no estará bien hasta, al menos, siete meses más.

—Es una suerte que solo sea tu pierna y no… - no terminó su oración. Yamato ahogó un gemido cuando sintió su boca alrededor de su sexo. Solo ella sabía entregarle ese placer.

Llevó sus manos al cabello de la castaña, primero era una caricia, pero a medida que pasaban los minutos y todo se salía de control, la jaló del cabello. Mimi lo miró desde donde estaba, succionando, y el estómago de su novio se contraía sin control al igual que su pecho y sus ojos caramelo chocaron con los azules de él, y había ruego en los de él. Un ruego que se dividía entre un "más despacio" y un "hazlo más rápido". La segunda opción fue la que terminó por vencer y cuando ya no aguantó más, se lo hizo saber en un gemido gutural.

—¡¿Mimi?!

La voz de Hiroaki Ishida provocó que Mimi se levantara de la cama, tragándolo todo y limpiándose las comisuras para que no quedara rastro de lo que había hecho. Yamato se subió los pantalones, los abrochó y quedó como si nada hubiera pasado justo cuando su padre se asomó por la puerta del dormitorio.

—Aquí estas - miró a la castaña que le sonreía sin ninguna razón aparente. Su hijo estaba sentado en la cama. Algo había raro allí, pero no se molestó en averiguarlo – vamos a la pista, Yagami ya está allá.

—Yo…

—Lo harás bien – intervino Yamato mirándola con cariño – Yo sé que puedes.

—Pero…

—Todo volverá a ser como antes… ambos volveremos a ser inquebrantables.

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Mimi entró a la pista ajustándose el cierre de su polerón de algodón color celeste, un color muy parecido a la sudadera que llevaba el moreno que en la otra esquina practicaba complicados giros sobre su propio eje.

Era bueno, era muy bueno, pero ella se sentía casi siéndole infiel a Yamato por el solo hecho de patinar y practicar con otro que no fuese el rubio.

Escuchó desde afuera de la pista que su entrenador indicaba que la música comenzaría en dos minutos y que por mientras calentara.

—Hola – saludó Taichi, educado como siempre, cuando llegó a su lado.

—Hola – suspiró ella torciendo su boca mostrando tristeza.

Yagami trató de tener contacto visual con ella, pero Mimi miraba el hielo bajo sus patines incómoda, como siempre lo hacía cuando estaba con él. Eso aumentaba la ansiedad del moreno, que trataba por todos los medios de llevarse bien con la castaña, él en verdad quería participar en la competencia de parejas.

Había hecho una promesa.

Ese día de entrenamiento, por alguna razón en particular que Mimi no entendió, la coordinación entre ambos fue lejos la mejor en todo el mes que ya llevaban entrenando juntos, su único talón de Aquiles: los saltos combinados. Parecían imposibles.

Mimi patinó hacia el moreno para realizar un salto lanzado, hasta el momento habían salido bastante bien, solo en contadas ocasiones ella cayó al hielo y de eso ya tenía experiencia ya que con Yamato caer cuando recién comenzaban era pan de cada día. Se acercó a él dándole la espalda y sintió sus manos firmes apostadas en sus caderas, se deslizaron un par de metros y como si nada él la elevó para que Mimi girara tres veces y cayera… pero cayó con el pie equivocado y terminó estrellándose la espalda contra la barrera de la pista.

—¿Estás bien? – Taichi llegó al segundo a su lado.

—Sólo caí, no es la primera vez. Di mal la última vuelta – se levantó del hielo molesta consigo misma.

Ella se alejó para ir donde el padre de su novio.

—Estás desconcentrada – acusó su entrenador dándole una botella con agua – Mañana quiero que practiquen los saltos una vez más.

—Sí, señor – respondieron al unísono.

—Es todo por hoy.

Hiroaki dio media vuelta y se marchó. Mimi iba a hacer lo mismo, pero al mirar sobre su hombro Taichi volvió a la pista a practicar.

Ella fue hasta su bolso, el cual lo había dejado en uno de los primeros asientos, y marcó a Yamato. No era tan tarde recién daban las ocho de la noche, pero el hecho de que no le contestara las tres primeras veces, significaba que estaba durmiendo.

Giró una vez más a la pista, y se dio cuenta que Taichi no estaba patinando con la velocidad que siempre lo hacía, lo hacía más lento, casi invisible a los ojos de otra persona, pero ella lo notaba y lo estaba haciendo a propósito.

La cuarta vez que la llamada pasó al buzón de voz, se quedó en el espacio por donde ingresar al hielo, mirando al moreno mientras daba vueltas sobre sí mismo con la cabeza inclinada hacia atrás tocando el patín derecho con sus cabellos, sus dos manos ayudándolo a mantener la posición.

Tenía talento, podría perfectamente competir en solitario. ¿Por qué había aceptado a patinar en parejas? Se notaba que él estaba hecho para brillar en individuales.

—¿Cuán lejos has llegado? – preguntó Mimi una vez que Taichi se detuvo.

Él trato de menguar su respiración antes de responder.

—Quinto lugar en el Trofeo NHK – indicó estirando sus brazos al cielo.

—Allí nosotros…

—Sí, obtuvieron la plata –Taichi sonrió y, por primera vez, a ella le pareció una linda sonrisa - por los puntajes todos entramos al Grand Prix.

—En uno de los ensayos caí mal y me lastimé la rodilla – la castaña se abrazó a sí misma, queriéndose dar tranquilidad – no hicimos bien el death spiral y nos quitó más puntaje del que creí.

—Eres muy buena patinando, me recuerdas a mi hermana.

—¿A tu hermana?

—Hikari Yagami - Mimi abrió la boca, pero prefirió cerrarla nuevamente. Había olvidado el nombre, y, por supuesto, que, dentro de su enojo y molestia con el reemplazo de su novio; ni se percató que la chica con Taichi compartían el mismo apellido. Mucho menos, que eran hermanos.

Ahora las cosas se entendían un poco más.

—Ella, ¿está bien?

—Después de la caída, se inclinó por la fotografía. Es mi fotógrafa oficial en las competencias – la sonrisa del moreno estaba apagada. Y no era para menos.

—Lo lamento.

—Yo también – confirmó él – me hubiera gustado competir con ella. Después de lo que ocurrió y que ella no pudiera seguir patinando, me incliné a los individuales. Hasta que el Señor Ishida me llamó, habría sido un tonto si no hubiera aceptado ser tu pareja – Mimi se sonrojó ante tal declaración – sé que dentro del circuito eres de las más aventajadas. Además… - tomó las manos de la castaña instándola a seguirlo – le prometí a Hikari una foto mía dentro del podio.

—Tengo miedo que Yamato no pueda volver a patinar como antes – confesó ella colocándose de espaldas y estirando su pierna al mismo compas que él – son cuatro años con él. Juntos.

—Volverá. ¡Arriba! – y la alzó de las caderas para hacerla girar dos veces en el aire y recibirla en los brazos – estoy seguro que debes pesar menos que mi hermana – sonrió – no me cuesta levantarte.

Un cosquilleo en el estómago y la repentina aceleración del pulso hicieron que la Tachikawa no pudiese decirle nada.

—Esto es solo hasta que Ishida se recupere, no tengo porqué caerte bien… podemos fingir en la pista… ¿Un lanzamiento? – Mimi asintió tocando el hielo cuando Taichi la bajó al fin, patinaron de una esquina a otra tomados de la mano, hasta que nuevamente chocaron espalda con pecho y el moreno la tomó fuerte de la cintura, Mimi ahogó un suspiro y cerró los ojos cuando se sintió en el aire.

—Perfecto – aplaudió Taichi al verla caer con la precisión exacta.

—Nos falta coordinación.

—He estado tratando de patinar más lento, trato de recordar cuando lo hacía con mi hermana.

—¿Ella ya no puede patinar? ¿Nunca más?

—Puede, pero nada de saltos ni piruetas… nada de lo que a ella le gusta.

Mimi dio una vuelta y no se dio cuenta cuando Taichi la atrajo desde la espalda, pegándola a él.

—¿Te sientes culpable? – y la pregunta salió de su boca sin permiso. Se separó avergonzada. Siempre tenía que hacer la pregunta equivocada en el momento menos oportuno.

—Por supuesto que sí, por mi culpa cayó – tomó de su mano y la volvió a pegar a su cuerpo – pero a ti no te voy a dejar caer. Lo prometo. ¿ensayamos?

—¿Qué quieres ensayar? – Mimi sonrió. Ya no le estaba pareciendo tan desagradable.

—Las miradas.

—¿Ah? – aquello descolocó a la castaña.

—No me miras cuando patinamos, tenemos que hacerlo… complicidad, equilibrio. No solo coordinación.

Y mirarlo a los ojos por tanto tiempo, mientras él hablaba, fue como tener un repentino vacío en el pecho.

—No vine a reemplazar a tu novio, al menos no para siempre – rio – es solo esta competencia y me iré.

Giraron casi danzando sobre el hielo, Mimi enrolló uno de sus brazos en su cuello y dio vueltas en el aire, con su cara sobre la de Taichi. Hubo un quiebre, algo pasó en ese instante y cuando sus patines volvieron a tocar la pista, ninguno se alejó. Al contrario, hubo un abrazo mientras se deslizaban de una esquina a otra.

—Prometo no dejarte caer – susurró Taichi a su oído y la tomó de manera tal que la castaña quedó sentada sobre su cabeza, sosteniéndose ambos por una mano.

Abajo... nuevamente, en cámara lenta. Rozándose, sus rostros a centímetros. El roce de la nariz del moreno en la suya la hizo temblar.

Era retroceder en el tiempo, cuando recién comenzaba a patinar con Yamato y solo eran compañeros, cuando en ella habían empezado a aflorar sentimientos más profundos.

Se separó de golpe de Taichi cuando sus labios se rozaron. No supo si fue consciente o inconscientemente debido a la cercanía del movimiento realizado, ambos tenían los ojos cerrados.

—Es tarde. Mañana seguimos.

Taichi tragó complicado cuando la vio salir de la pista y se quedó solo en medio de la misma.

No solo había aceptado ser su pareja porque era una excelente patinadora, sino porque cuando la veía sobre el hielo algo nacía en su pecho y explotaba como fuegos artificiales y estos se multiplicaban ahora que la tenía cerca.

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Nos leemos.

Pd. Si buscan el Youtube "Wenjing Sui & Cong Han, Spanish Romance" encontraran la rutina que ellos están ensayando y por la cual escribo. Además, que el traje entre rosa y violeta de ella es tan lindo!

Amo esa pareja de patinadores *3*