Capítulo III

La primavera

La infancia es la época de la vida que con más nostalgia recordamos; al crecer, esas memorias se tiñen de profundos sentimientos. La insondable tristeza del comienzo de una vida miserable, o la inmensa felicidad de una primavera lleno de aventuras. Desde niños, nuestros caminos toman rumbo aún sin darnos cuenta. ¿Qué queremos ser de adultos? ¿Queremos ser como nuestros padres, o desearíamos ser todo lo contrario? Las decisiones comienzan, y pasan frente a nosotros contrarreloj.

En el mundo de Lily y Sev, desafortunadamente era muy importante lo que habían sido sus padres.

En el caso de Sev, era hijo único de un matrimonio humilde dedicado a la hilandería y el cuidado de un campo de lavanda. Sin embargo, Eileen, como se llamaba su madre, era descendiente de una familia muy reconocida en el mundo, una estirpe de sangre pura, ya que era hija del Conde Prince. ¿Cómo una joven de inmensa fortuna y opulencia como ella, había caído en las garras de alguien como Tobías Snape, un pobre individuo sin bienes ni futuro, con un terrible genio y personalidad agria y desapegada? Incluso la habían desheredado por culpa de ese matrimonio desventajoso. El pequeño Sev había preguntado a su madre por esa historia, que había logrado atisbar después de escuchar constantes discusiones, pero esta parecía nunca escucharle. Y una tarde cualquiera, al vagar por las pocas habitaciones que disponía su casa, y gracias a su desarrollado sentido de la observación, tropezó con la entrada al sótano, una casi imperceptible trampa escondida en el suelo afuera de la cocina, (justo donde nunca se aparecía su padre) le pareció algo extraño, y cuando entró, ayudado por una vela, encontró que esa minúscula habitación estaba llena de los recuerdos de juventud su madre. Varios baúles se apilaban de forma desordenada hasta formar una Torre de Pisa en miniatura. Papeles, libros y cartas llenaban la superficie, y un enorme cuadro con bordes de algo parecido al oro descansaba en un mueble enmohecido. Aquella pintura llamó su atención, ya que estaba rasgada con violencia. Se acercó con cautela y la alumbró, uniendo los retazos que sobresalían. Era el retrato del perfil de una joven de cabellos largos y azabaches, envuelta en una hermosa túnica del color del sol con bordados suntuosos y llena de gran elegancia; su cabeza la adornaba una especie de cofia pequeña llena de perlas y delgadas hojas doradas, y en sus manos sostenía un jarrón con un bouquet de flores de Jericó. ¡Qué interesante elección! Supo en ese instante que la joven del retrato era su madre, puesto que aún conservaba un par de ejemplares de esa extraña flor en su dormitorio; una planta originaria del desierto, y muy conocida por la leyenda de su poder de resurrección. Su madre se veía tan regia e imponente, joven y llena de vida, aunque siempre rodeada por esa aura de misterio… ¿Qué le había pasado para que terminara marchita, ensimismada y ausente incluso a la existencia de su propio hijo, al cual poco dirigía su mirada? ¿Qué tanto había sufrido para llegar a ese extremo? Tobías Snape era un hombre vil. La acritud corría por sus venas como veneno, reprendiendo cada movimiento de los habitantes de su casa, es decir, de Sev y Eileen; y motivo por el cual uno corría a refugiarse en los campos y la otra se encerraba en sí misma después de cada altercado. Si no hubiera sido por su amiga pelirroja, la infancia de Sev hubiera pasado entre las sombras grises de la amargura.

Lily, a pesar de tener el porte de una sangre pura, era una simple plebeya bien vestida gracias a sus conocidos, quienes la querían tanto y admiraban su tierna belleza, que siempre adulaban. Era la segunda descendiente de un clérigo de origen Galés recientemente transferido al condado de Gloucestershire: Harry Evans, casado con la hija de un próspero mercader de Cornualles, la ahora Señora Evans. Había sido recientemente nombrado rector del pequeño pueblo de Snowshill, donde se desarrolla nuestra historia, y vivía relativamente cerca de los campos de lavanda. Era un hombre alegre, culto y devoto de Dios. Amaba a su esposa profundamente, y ese amor se transfería a sus dos hijas, quienes, a pesar del poco ingreso que obtenía como beneficio del cargo, disfrutaban de una modesta felicidad doméstica. Petunia, la primogénita, sin embargo, había sido influida en sus maneras después de haber pasado una temporada de vacaciones con una amiga en Londres; después de eso, y a su corta edad, ya estaba segura de que cuando fuese mayor, se casaría con un hombre poseedor de una gran fortuna y saldría de su actual deshonrosa pobreza; es por ello que se esforzaba con ímpetu en copiar las actitudes de las jóvenes de la capital, despreocupadas en aprender ciencia, pero ocupadas en instruirse en frivolidades sociales, o simplemente en las habilidades caseras necesarias para ser una buena esposa. De hecho, Petunia a los 10 años ya era de excelente ayuda al cocinar las sopas de su casa, lo cual era un alivio inmenso para su madre, quien sólo contaba con una criada. Lily, en cambio, si bien era buena preparando salsas y lo que ella denominaba "pociones" culinarias, prefería concentrarse en aprender sobre los libros de su padre y los dibujos de su madre. Ansiaba conocer el mundo y algún día establecer una escuela para señoritas de todas las clases sociales; por eso, cuando Sev le habló de Hogwarts, todo su mundo se iluminó:

−¿Una escuela que admite a niños de todas clases sociales? –indagó Lily con mucho asombro a aquel muchachito delgaducho y pálido que acababa de conocer hacía pocas semanas, mientras arrastraba su vestido color hueso por el campo lleno de lavanda; ellos dos solos, ya que Petunia se negaba rotundamente a seguir encontrándose con semejante individuo de cabello graso y poca categoría.

−Niños y niñas de todo el reino, sean de sangre pura o los hijos de la servidumbre. Todos serán aceptados –confirmó Sev con solemnidad. Su aspecto contrastaba considerablemente con el de Lily, puesto que llevaba puesto ese día un pantaloncillo raído y el mismo blusón amarrado en la cintura que el que usaba el día en que la había conocido; debido al atisbo de calor de esa mañana de marzo, no llevaba chaqueta. Su cabello negro, por supuesto, seguía largo y enmarañado en sus sienes.

−Suena como un sueño –los ojos de Lily se dejaron llevar con el trayecto del viento reflejado en el movimiento de las espigas de lavanda, y se acomodó la capota de paja que utilizaba esa mañana. Sus tirabuzones rojos hoy lucían mejor peinados.

−También es un sueño para mí, señorita Evans, mi condición no es… −titubeó, tratando de escoger las palabras adecuadas− mis padres no podrían pagarme… ni siquiera la escuela más barata del condado.

Lily dirigió entonces su mirada color verde oliva de vuelta hacia Sev, en sus ojos él no pudo encontrar señal de repulsión alguna, a pesar de tamaña confesión; en cambio, sintió esas esmeraldas comprensivas, una comprensión tan sincera, que no cabía atisbo de lástima.

−Lo entiendo –asintió−. Mi padre planeaba enseñarme en casa, a pesar de los reproches de mi hermana y mi madre diciendo que no es lo correcto para una señorita… lo que no entiendo, es ¿cómo lograrán aceptar a todos los niños en tan renombrada escuela, si no tenemos los recursos?

−Le pregunté también eso al director Dumbledore –Sev tomó asiento cuando llegaron al claro, su sitio favorito, y le indicó a su compañera que le imitara; ella lo hizo−. Me dijo que cuatro grandes y bondadosos duques y duquesas del reino financiarían todo… o casi todo.

−¿Cómo es eso posible? ¿Quiénes son?

−Salazar Slytherin, Rowena Ravenclaw, Godric Gryffindor y Helga Hufflepuff –fue señalándonos uno a uno con sus dedos huesudos.

Lily abrió la boca con asombro y sonrió de forma brillante.

−Wow. ¿Cómo te aprendiste todos esos nombres tan rápido?

Él notó que lo tuteó. Se aclaró la garganta. Esa familiaridad con la que lo trataba lo complacía y a la vez le ponía muy nervioso.

−Me dijo los apellidos y yo investigué el resto. Venía su biografía en uno de los textos que me obsequió el Marqués… si quiere… podría traer ese libro mañana para enseñárselo. Él me dijo claramente que se cubrirán casi todos los gastos de los alumnos.

−¿Estás hablando en serio? Todo esto me parece tan imposible… sería tan maravilloso –dijo ella con anhelo.

−No tengo por qué mentirle, señorita Evans –aseguró Sev con rotunda confianza, y ella volvió a sonreír−. El Marqués en persona me extendió la invitación. Estoy seguro que aparecerá por su casa pronto, antes de que cumpla los once años.

−Por favor –resopló Lily−. Suficiente de este formalismo. No más llamarme Señorita Evans. Me quiero reír cada vez que lo me parecen necesarias tantas formalidades para hablar entre nosotros; puedes llamarme por mi nombre sin problemas. Y, te recuerdo que apenas tengo nueve, Severus.–suspiró al referirse a su edad.

Severus. Ella había dicho su nombre, sin ninguna formalidad ni recelo, había dicho Severus. Una gran sonrisa iluminó el rostro infantil del niño y ella se relajó al ver ese gesto.

–De acuerdo –dijo con aparente tranquilidad, aunque por dentro hiperventilaba–. Yo también tengo nueve, L-Lily… los acabo de cumplir el mes pasado. El tiempo pasa rápido y…

–¿Qué día? Yo los cumplí el treinta –interrumpió ella emocionada.

–Nací un 9 de enero, en medio de mucha nieve, dice mi madre –no parecía muy alegre al hablar de su madre, ya que bajó sus ojos un poco entristecidos y Lily lo notó.

–¡Qué coincidencia! Podremos celebrar todo el mes –afirmó ella con alegría, tratando de atraer su mirada nuevamente.

–Pues nunca he tenido la… oportunidad de celebrar –agregó Sev en tono sombrío. Lily también notó las ojeras que bordeaban aquellos ojos negros.

–No te preocupes, me aseguraré de que a partir de ahora, tu cumpleaños se convierta en el día más divertido del año, ya verás –su tono no admitía réplica alguna.

El niño pálido enmudeció aparte de sonrojarse sutilmente y, puesto que sus largos y desordenados cabellos taparon su rostro en ese momento gracias al viento, Lily no pudo ver su expresión. Si la palabra felicidad existía, este era el momento en el que Severus Snape la había conocido. Conoció la alegría en el momento en que su vida se cruzó con los caminos de la señorita Lily Evans.


¡Hola de nuevo! Gracias por leer este capítulo también. La historia poco a poco comienza a tomar forma. En este capítulo quise agregar un poco de contexto a las vidas familiares de Lily y Sev. En el caso del padre de Lily, me parece muy lógico pensar que su padre se llamaba Harry, por eso nombró así a su hijo... En fin. Deséenme inspiración para el siguiente capítulo.