CAPÍTULO IV
Una familia
Las almas gemelas han sido cuestión de debate, además de la inspiración de poesía y literatura durante los siglos de los siglos. Esa conexión tan especial, ese vínculo tan incomparable, ¿realmente es posible encontrarlo? Las personas pueden dedicar su vida entera en esta búsqueda, sin tener resultado alguno o, por el contrario, pueden conocer ese espíritu gemelo en la primavera de su existencia.
A Sev nunca le habían llamado la atención los asuntos sensibleros o los del corazón. En su familia el amor nunca fue un común denominador, pero, al conocer a Lily, su mundo se llenó de colores; y aunque al principio su ser infantil no lograba concebir el amor romántico, al cabo de los años acabó aceptando una verdad innegable que lo perseguiría durante toda su vida: el amor existe y tiene un gran poder sobre nosotros.
En su niñez, el tiempo pasó frente a sus ojos negros de forma borrosa, pero muy brillante. La primavera transcurrió entre paseos por los campos de lavanda y Sev explicando a Lily sobre las diferentes flores y plantas silvestres que con la florescencia llenaban su prado favorito en abril. En el verano, Lily le enseñó unas cuantas frutas exóticas que el niño pelinegro no había visto jamás, además de que siempre le llevaba algún tentempié para que él se alimentara, ya que lo veía muy delgado; y Sev siempre guardaba un poco de lo que ella le obsequiaba, para compartirlo con su madre consumida, quien nunca le hacía preguntas. Fue en esa época que conoció lo que la pelirroja llamaba "queso", uno de los bocadillos que más disfrutó.
–¿Tu madre no pregunta por qué siempre te llevas algún panecillo de la cocina a tus recorridos diarios? –le preguntó a su amiga mientras devoraba un trozo de tarta de champiñones aún caliente.
–No, porque no se ha dado cuenta –contestó ella con sencillez, mirándolo con satisfacción y recogiendo sus faldas para cruzar un tronco que obstaculizaba un poco el sendero que recorrían en ese momento.
–¿Y Petunia? ¿No te ha preguntado por qué pasas menos tiempo con ella?
–Pues… –ella desvió sus ojos verdes hacia sus pequeñas manos–. Tune está casi siempre enojada conmigo y mejor se la pasa bordando pañuelos con la vecina que dice que fue a muchos bailes en su juventud…
–Ese pensamiento no la llevará a ningún lado. Es mejor dedicarse a aprender cosas útiles para lograr salir de esta condición –la última palabra fue expresada por él con mucho resentimiento.
–Lograremos llegar muy lejos, Severus. Pero recuerda que el dinero no es lo más importante –le recordó Lily mirándolo a los ojos, y poniendo una de sus manos en su hombro. Él dio un respingo, nervioso, pero no respondió. Ella no entendía hasta qué punto él quería cambiar su situación, hasta qué punto él detestaba lo que era.
Siempre tratando de perseverar en su estudio del todo, ambos amigos ocupaban sus tardes leyendo un libro tras otro; aprendiendo de las plantas, de geografía, y un poco de matemáticas. Al cabo de seis meses, Lily y Sev ya sabían sumar y restar cantidades de dos cifras; no cabían en su júbilo.
–Tu inteligencia es asombrosa, Lily –exclamó su compañero con sincera alegría. Fue esa de las pocas veces que ella podía ver sus ojos brillar de forma radiante y llenos de dulzura. Se sonrojó adulada.
–Me gustó más ese cumplido tuyo que cuando las vecinas me dicen que mi vestido es bonito.
–Y es por eso que te lo digo, Lily Evans. Tu inteligencia… es lo más bonito que puede tener una mujer –dijo con despreocupación, mirándola a los ojos sin saber lo que iban a causar esas palabras en ella.
El rostro de Lily llegó a los colores más rojos que podía alcanzar, casi comparándose con sus cabellos, en ese momento desordenados. Se tapó el rostro con ambas manos y no pudo fabricar ninguna frase, ni tan siquiera palabra alguna. Sev se dio cuenta de que sus palabras habían sido muy osadas, y también comenzó a enrojecer de azoramiento. Tardó varios minutos en balbucear una oración y continuar su conversación. Así pasaban sus días. Era maravillosa la sensación de tener alguien con quien compartir esos momentos tan dulces.
El otoño llegó, y con él, las hojas crujientes color naranja. Severus y Lily eran inseparables ya para este punto, y cada vez recorrían un poco más lejos en sus caminos, hasta que encontraron un pequeño riachuelo en las faldas del pueblo. El clima aún era un poco templado, pero el viento del norte ya refrescaba en las sombras.
–Creo que deberías aprovechar el agua –le dijo ella de repente, distrayéndolo de la interesante, pero extraña lectura del último libro que le había dado la nueva familia de sangre pura que había llegado al pueblo los días de caridad, los Malfoy.
–¿Ah? ¿De qué manera?
–Tú… humm… cabello–. Sev levantó la vista enmarañada y se abochornó con ese pequeño enunciado. Sabía que su cabello estaba mal cuidado, que todo en él estaba mal acicalado, pero a Lily no parecía disgustarle, porque entendía, como él, que lo más importante eran las cualidades y destrezas cultivadas dentro de las personas. O había sido así hasta ese momento. Su ceño se frunció completamente. –¡No te enojes! No me molesta tu aspecto, pero sí me gustaría… me gustaría que conocieras a mis padres –la boca de Sev se abrió en ese momento y abrió los ojos como platos, sacudiendo la cabeza involuntariamente por lo repentino del asunto, pero ella no lo dejó replicar–. Petunia me vio esta mañana. Sabe que te veo todos los días y que leemos libros y todo eso. No sé cómo se enteró. Lo mencionó a mis padres y ellos quieren que hagas una visita a mi casa…
–Espera, espera, todo esto es muy repentino… ¿Por qué no me lo dijiste antes? –preguntó sin poder contenerse, confundido.
–Te estoy diciendo que me ataparon esta mañana… no… no sabía cómo decirte. Tu genio no es muy bueno cuando te enojas.
–Lo… lo siento. Pero… no… no se alegrarán de que yo sea tu amigo –dijo abatido y su mirada cayó. La idea de perder a Lily, quien era la única luz de su existencia en la penumbra, le partió el corazón.
–No digas eso. Puede que Petunia sea un poco difícil, pero mis padres son honestos y enaltecen más el buen espíritu que un apellido pomposo.
Severus la miró en silencio durante un largo rato, para después asentir.
–Está bien. Pero necesitaré ayuda con esto –y se señaló a sí mismo y a su ropa vieja y parchada.
–Ven aquí.
Él podría seguirla hasta el fin del mundo; pensó él de repente, pero zanjó esa cuestión interna ignorando el rápido acelere de su corazón.
Lily lo ayudó a lavar sus largos y desordenados cabellos a la orilla del arroyuelo, sus pequeños dedos eran como suave seda que acariciaba (aunque por accidente) su cuero cabelludo y sus sienes. Ella lo auxilió para atar el envejecido jubón que traía puesto y le indicó que debía fajarse. Él obedeció todo lo que le dijo, puesto que la ropa era de los temas en los que su aliada le llevaba mucha ventaja.
–Ahora parezco una oveja mojada –dijo Sev al cabo de un rato, al ver su reflejo en el agua cristalina, mostrando el cabello negro enmarañado en su frente.
–No. Eres como un gatito.
–Oye, aunque no lo creas, me gusta el agua.
Al cabo de unas horas, decidieron que no se podía hacer más con su causa, y emprendieron el camino hacia la casa Evans, que se encontraba cerca de la iglesia del pueblo.
–Mi padre es… un poco excéntrico. Y mi madre, muy amable, pero también un poco estricta. Tune… bueno, a ella ya la conoces.
–Gracias por las recomendaciones –dijo irónico, pero acongojado.
–Todo estará bien, Severus –extendió su mano y estuvo a punto de tocar la de él, que estaba casi flotando como cada vez al escucharla llamarle por su nombre, pero un grito interrumpió su charla. Era Petunia.
–¡Sabía que era él!
–Hola, Tune –dijo su hermana menor.
–Ese niño terrible, sabía que era él con quien te la pasas todo el tiempo –le recriminó Petunia a la pelirroja sin disimular. Sev la escuchó y frunció el entrecejo, pero no dijo nada, puesto que estaban llegando ya a su destino.
Una pequeña casa, aunque no tan chica como la de él, se divisaba detrás de una barda de piedra de un metro de altura. Petunia y Lily lo precedieron; la hermana mayor apretó los pasos, llevando la delantera y casi arruinando su vestido blanco de lino con el barro del patio mojado. Su amiga, en cambio, se volteó hacia él y le indicó con una seña que la siguiera; él entró y se encontró con unos escalones que subió con cuidado. Al alzar la vista, un hermoso, aunque diminuto jardín se extendía alrededor de las paredes de la modesta vivienda de dos pisos.
–Por aquí –dijo Lily, sonriendo y mostrándole lejos del fango un camino pedregoso que se dirigía hacia la puerta lateral.
–Estoy a punto de pegar la vuelta –le confesó en voz baja cuando vio aparecer en el umbral a una figura alta de un hombre vestido de ropas oscuras; ni siquiera la sonrisa de este sujeto, que presumiblemente era el padre de Lily, lo tranquilizó, todo lo contrario.
–No seas cobarde, Severus Snape.
Su mirada color verde lo apabulló por su intensidad, y él rápidamente la contradijo.
–No soy cobarde… –su voz era apenas un hilillo, pero alzó la cabeza y miró al padre de Lily.
–Qué bueno que ya regresaste, Lil. Veo que traes compañía.
El encuentro de Sev con la familia Evans fue extraño en muchos sentidos. En primer lugar, a pesar del aspecto que el niño mostraba, fue tratado con consideración por ambos padres, sin mencionar nada sobre los pantalones desgastados o la manga remendada (para disgusto de Petunia). En segundo lugar, tomaron con escepticismo lo de la escuela Hogwarts (para deleite de Petunia), puesto que jamás habían oído hablar de ella. Sin embargo, lo que más le sorprendió a Sev fue el hecho de que no les parecía mal la amistad que tenía con Lily. A pesar de sus miradas recelosas en cierto punto, en especial de la señora Evans, declararon ante sí que él no era un peligro para su hija menor. Aunque en realidad él no esbozó muchas palabras, sino que fue Lily quien delineó una imagen más agradable de la que él podría concebir como su persona. Sabía muy bien que su inteligencia era más grande que la que poseían muchos niños de su edad, ya que uno de los caballeros que le había regalado libros, el señor Malfoy, lo había mencionado con gran ímpetu el día que lo conoció. Pero… ¿Cuándo había demostrado ser apasionado? ¿Cuándo había manifestado ser un refugio de calma y paz, si es lo que él más buscaba? Parecía que eso es lo que veía Lily en él. Sin embargo, a pesar de todo… se sintió en una mezcla de comodidad y malestar. Los padres de su única amiga le recordaban en forma vívida lo que los suyos no podrían llegar a ser jamás; la calidez y el amor que se mostraban entre ellos hizo advertir en su corazón un sentimiento extraño y nuevo: la envidia. Añoraba, aunque no se lo confesara, la ternura de una familia.
N/A: ¡Hola de nuevo! Gracias por las reviews de la Asphodelus Black (inserte corazón aquí). Ciertamente, investigué un poco más, y lo del nombre Harry parece ser que sí viene de un familiar Potter. Pero en este fic reescribiremos las reglas. xD Espero les haya gustado este capítulo. Sé que seguimos en su infancia, pero creo que fue una época muy importante para sentar las bases de la relación entre Severus y Lily. Con un poquito de paciencia, la línea del tiempo avanzará. Saludos. Deséenme inspiración. Yo les deseo una excelentísima semana. Aquí en México los estudiantes salieron ya de vacaciones (afortunados ellos :D). Yo trabajaré casi todo el día a principios de semana, así que tendré mucho tiempo para escribir si todo sale bien.
