Caso VIII. La agenda oscura
Tom odiaba enfrentar la idea de que tenía una debilidad muy grande. Lo peor de todo es que no estaba relacionada con sus habilidades mágicas sino con sus sentimientos. Recordó los años en los que despreció el amor y a la gente que juró profesarlo. Luego llegó Harry Potter a su vida.
Vio a su joven amante repartirle a sus súbditos la agenda del año con las actividades del año.
—¿Uh, pequeño Señor? —llamó Barty Crouch.
—¿Si? —respondió Harry.
—¿Por qué la agenda está llena? ¿No se supone que nosotros tenemos que escribir en los espacios?
—Nah. —Harry sonrió—. Pueden comprarse otro organizador para eso. Esta agenda tiene anotadas las actividades recreativas que he planeado para ustedes. He leído hace unos días que mucho trabajo provoca estrés. No queremos que se enfermen.
Barty asintió sin comprender del todo. Pasó las hojas y leyó con verdadera curiosidad. ¿El Señor Oscuro permitiría la situación? Le echó un vistazo discreto a Riddle y resopló. Pero para qué dudaba, ¡por supuesto que su líder dejaría que pasara! El hombre era incapaz negarse a los caprichos de su amante.
—¿Potter, qué es esto de Olimpiadas Oscuras? —preguntó Bellatrix mientras comía una galleta.
—¡Oh, un evento deportivo! La finalidad no es ganar sino destrozar a tus oponentes —dijo Harry con felicidad.
Los mortífagos empezaron a murmurar, fascinados por la idea de sabotear a otros.
—¿Pequeño Señor? —volvió a llamar Barty.
—Dime.
—¿Qué es este... paquete de estampas que viene al final?
—¡Ahhh, es la Cuponera Oscura! Si presentan los cupones en las tiendas del Callejón Knockturn obtienen descuentos.
Lucius alzó una de sus cejas.
—¿Y la Pijamada Oscura? —cuestionó Rabastan.
—Una noche para hablar de secretos oscuros y hacer un desfile de pijamas.
Tom cerró los ojos, se llevó una mano a la cara y talló su frente. Harry definitivamente no estaba haciendo un buen trabajo volviéndose una persona mala. Su único consuelo era que al menos lo intentaba.
Caso IX. Maldad para tontos
El Señor Oscuro halló un libro en la cómoda de Harry.
El Señor Oscuro quemó dicho libro.
Harry no tenía porque enterarse que él era el responsable de la desaparición de su ejemplar Maldad para tontos, que mostraba cómo volverse malvado en diez pasos. Soltó un suspiró y comprendió porqué, días atrás, el heredero Potter dejó la basura cerca del bote y no en el bote, aquello había sido un acto de crueldad de su parte.
Sólo esperaba que Harry no volviera a adquirir el libro de dudosa calidad.
Caso X. Bingo Oscuro
Cuando Lucius llegó a la primera actividad planeada por el amante del Señor Oscuro se encontró con varias mesas acomodadas en las diferentes partes del salón que usualmente usaban para las reuniones, había muchos bocadillos sobre ellas. En una tarima apartada descansaba un taburete y un bombo con bolas de números.
Los demás mortífagos llegaron después de él y se acomodaron sin muchos problemas. Lucius se aseguró de alejarse de Bellatrix, su cuñada era todo menos agradable y cuerda.
En el momento que todos estuvieron en su lugar, el Señor Oscuro hizo su aparición, Harry iba a su lado, usaba su camiseta de Bad Boi y unos jeans. Potter repartió cartones con números impresos a los presentes.
—¡Las reglas son simples! —empezó Harry yendo a la tarima—. Yo saco una bola de aquí, anuncio el número y ustedes lo tachan si lo tienen. El primero en llenar su papeleta y gritar bingo gana.
—¡¿Qué ganamos?! —gritó Rabastan.
—Un beso mío —dijo Potter a modo de broma.
—NO —anunció el Señor Oscuro desde su lugar. Una de las esquinas de su papeleta estaba arrugada por su repentino disgusto.
—Bueno no —aclaró Harry nervioso—. Obtendrán una bolsa de galletas con chispas de chocolate extra y una foto autografiada de mi precioso Tom.
Bellatrix aulló de alegría. Ella necesitaba la foto autografiada de su Señor.
—¡Comencemos!
Los mortífagos y Tom se prepararon. Harry anunció el primer número, un 7.
Le siguieron el 16, el 21, el 31 y el 4.
Amycus Carrow comentó de repente que ya tenía cuatro números. Rabastan le lanzó una maldición para que se callara. Lucius rodó los ojos con decoro, él también tenía cuatro números y no estaba presumiendo, aunque ganas no le faltaban.
Después de más números anunciados, la tensión en la habitación aumento. Algunos hechizos malintencionados volaron por habitación, buscando sabotear a los oponentes. Harry hizo como que no veía nada, el Señor Oscuro estaba concentrado en su propia papeleta.
—¡Número 10!
—Me falta uno —susurró Rodolphus.
—¡Atáquenlo! —sugirió Bellatrix.
Los otros obedecieron con gusto.
Los números siguieron siendo cantados por Harry. Pasaron cinco minutos antes de que Bartemius gritara BINGO.
Bellatrix rugió. ¡El ingrato de Barty acababa de robarle la victoria y la foto de su Señor!
Harry soltó un yay y el Señor Oscuro apreció que Barty ganara. Al menos él usaría la foto para hacer, quizá, un altar. Bella, por otro lado, no dudaría en emplear la imagen para fines más sucios.
—¡Barty es nuestro primer campeón de Bingo Oscuro! Ven aquí querido, te daré tu premio.
Barty le dedicó una mirada de desprecio a Bella y fue hasta donde estaba Harry, recibió sus galletas y foto con orgullo. Enseguida la ira fluyó y los mortífagos perdedores decidieron que era hora del du-du-duelo.
