Disclaimer: EL mundo de Harry Potter y sus personajes no me pertenece. Todo es basado en la historia de la aurora J.K. Rowling. Yo solamente hago uso de ellos creando historias, no busco animo de lucro.


Agradecimientos: Quiero darle un especial agradecimiento a Bel potter por permitirme basarme en su historia para hacer y continuar avanzando mi historia, también a todos los autores con los que me inspire para realizar esta historia, haré mi mayor esfuerzo para terminar todos los libros.


Lo escrito en negrita es sacado del libro Harry Potter y La Piedra Filosofal

Capítulo 1 - El niño que vivió

...

La tercera generación estaba por comenzar a leer el primer capítulo cuando una puerta se abrió ante ellos y por esta entró una mujer muy conocida para ellos, Hermione Granger en su versión adulta, aunque poco se le notaba los años y tenía el cuerpo más maduro y el rostro no dejaba de ser hermoso.

- ¡Mamá! / Tía Hermione / Sra. Weasley – Dijeron todos mientras se acercaban a ella y esta abrazaba a sus hijos y saludaba a los demás chicos.

- Supongo que estaban por comen que estaban por comenzar a leer, bueno, me enviaron en caso de que tuvieran dudas, pero estas las diré conforme avance la historia, ¿de acuerdo? – Preguntó a lo que todos asintieron, se acomodaron en sus asientos y se dio inicio a la lectura.

- Capitulo 1: "El Niño-que-Vivió"

McGonagall habló con voz fuerte mientras la primera generación escuchaba atentamente.

Por su parte, la voz de Dumbledore resonó por todo el Gran Comedor, que había quedado silencioso cuando el director comenzó a leer. No había nadie en todo el mundo mágico que no conociera esa historia.

- Aquí fue donde comenzará todo – Dijo Sirius mientras bajaba la mirada mientras Remus le ponía una mano en el hombro.

El señor y la señora Dursley…

- ¿Dursley? – Dijeron los Sres. Evans, James - ¿Ese no es el apellido de tu hermana, Lily?

- Si, ese es el apellido de su marido – Confirmó la pelirroja mientras sus padres asentían. No tenían de por qué se mencionaba a su hermana e hija respectivamente, pero sabrían que todo se aclararía pronto.

Con la tercera generación era diferente estos habían quedado confundidos al escuchar aquel apellido, nunca en su vida lo habían escuchado, pero sabían que por algo formaba parte del pasado de Harry que nunca les había dicho.

Mientras tanto en el Gran Comedor todos veían extrañados el libro, ¿Quiénes eran esos Dursley? Pero solo unos pocos si los sabia y recordaban muy bien el incidente de hace 10 años.

Así que la lectura continúo.

Que vivían en el número 4 de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente.

- ¿Normales o aburridos? – Preguntó Ginny con sarcasmo ganándose la risa de algunos.

Eran las últimas personas que se esperaría encontrar relacionadas con algo extraño o misterioso, porque no estaban para tales tonterías.

El señor Dursley era el director de una empresa llamada Grunnings, que fabricaba taladros.

- ¿Falardos? ¿Qué son los Falardos? – Preguntaron los de sangre pura.

- Taladros, son herramientas Muggle ¿verdad? ¿Funcionan con electricidad? ¿No? – Dijo el señor Weasley emocionado.

- Sí, señor Weasley – Respondió Hermione rápidamente.

- Mejor será que no pregunten por cada artefacto Muggle que aparezca en esta historia, o si no vamos estar aquí hasta el próximo año – Dijo Ginny.

- Si, quizás sea mejor que pregunten una vez terminemos el capítulo – Propuso Hermione sonriendo al ver la cara de frustración de muchos – Y señor Weasley si quiere, después se lo explico con más detalle cómo se usan los taladros – Al hombre le brillaban los ojos de entusiasmo y la Sra. Weasley no pudo reprimir una sonrisa al verlo tan contento, sus hijos y Hermione rieron.

Mientras que en la tercera generación sonreía al saber que sin duda su querido abuelo estaría gustoso de conocer más sobre los muggles.

Era un hombre corpulento y rollizo, casi sin cuello, aunque con un bigote inmenso.

Varios se rieron por la descripción del hombre, pero otros solo arrugaron la cara, al parecer esa descripción les parecía algo asquerosa.

- Vaya que guapo – Dijo Fred.

- Sin duda muchos quieren ser como él – Dijo George y todos se rieron, sus tíos los felicitaron, la señora Weasley no les riño ya que también estaba sonriendo.

- Si, muy… encantador – Dijeron varias chicas a un tiempo, rompiendo a reír por el sentimiento compartido.

La primera generación había escuchado la descripción del hombre y no pudieron evitar arrugar la cara.

– Disculpa, Lily, pero creo que tu hermana no tiene muy buenos gustos para nada – Dijo Alice sonriendo a lo que Lily y los Merodeadores estaban riendo, mientras que los padres sonreían divertidos, sin duda su hija Petunia tenía gustos muy extraños.

La señora Dursley era delgada, rubia y tenía un cuello casi el doble de largo de lo habitual, lo que le resultaba muy útil, ya que pasaba la mayor parte del tiempo estirándolo por encima de la valla de los jardines para espiar a sus vecinos.

- Mi chica ideal, pero es muy chismosa – Se burló Canuto mientras los Merodeadores se reía junto con los Gemelos Prewett.

- ¡Sirius! / ¡Sr. Black! - Lo regañaron los Sres. Potter, Mcgonagall, Andrómeda. - Perdonen a mi hijo Sres. Evans - siguió Dorea.

- No se preocupe, Sra. Potter – Respondió sonriendo Elizabeth a Dorea – Y llámeme Elizabeth, ya que vamos a ser consuegros – Lily y James sonrieron, pero un poco sonrojados.

- Esta bien, entonces Elizabeth llámame Dorea – Dijo, y se volteó a ver a Sirius – Ahora jovencito discúlpate con los Sres. Evans – mirando severamente a Sirius.

- Lo siento, Sres. Evans – Se disculpó Canuto, con la cabeza un poco inclinada por la pena.

- No te preocupes muchacho – respondió John.

Mientras tanto, en la segunda generación, Sirius, Remus y Severus tenían el mismo pensamiento, esa mujer nunca cambiaría.

Los Dursley tenían un hijo pequeño llamado Dudley, y para ellos no había un niño mejor que él.

- Claro, si lo dicen ellos – Dijo Sirius mientras Remus asentía a lo que los demás apoyaron.

Los Dursley tenían todo lo que querían, pero también tenían un secreto, y su mayor temor era que lo descubriesen: no habrían soportado que se supiera lo de los Potter.

- ¿Qué tiene de malo los Potter? – Dijeron muchos de los que apreciaban a los Potter.

- Obviamente es una de las estupideces de mi hija, porque para mí ahora, los Potter son excelentes personas – Dijo Elizabeth mientras su esposo asentía totalmente de acuerdo.

Los Potter agradecieron a todos por las palabras mientras les sonreía.

- Sin duda esos Muggles están locos – Afirmo Lunático.

- Cierto, los Potter son los mejores – Reafirmo Canuto.

- Gracias chicos – Dijo James y luego se giró hacia su novia que parecía a punto de llorar – Tranquila Lily, tu hermana solo te tiene envidia – Su mujer le sonrió.

Por su parte en la segunda generación, la gran mayoría estaban indignados por la manera despectiva en que se dirigían a los Potter.

- ¿Qué se creerán esos Dursley? Los Potter son la mejor familia de la cual uno pueda estar relacionado – Dijeron Sirius y Remus mientras los más allegados estaban de acuerdo.

El resto del comedor solo miraba la escena entre confusos y felices, confusos porque no sabían quiénes eran esas personas de las que hablaban y felices por ver el apreció que le tenían a los Potter.

Por otro lado, la tercera generación estaba confusa.

- ¿Quiénes serán estos? Pero, sobre todo, como se atreve hablar así de nosotros los Potter, si somos una familia genial – Dijo James Sirius molesto por la manera en que se referían a su familia. Sus hermanos y primos estuvieron de acuerdo mientras Hermione sonreía a sus sobrinos.

La señora Potter era hermana de la señora Dursley, pero no se veían desde hacía años; tanto era así que la señora Dursley fingía que no tenía hermana,

La primera generación miraba a Lily horrorizados mientras ella intentaba reprimir las lágrimas. Pandora, Alice, Marlene se levantaron y fueron abrazarla mientras los señores Evans intentaban tranquilizarla.

- ¿Cómo puedes fingir que no tienes hermana? – Dijo Andromeda que estaba horrorizada, aunque ella quería a sus dos hermanas, nunca las negaría, ellas seguirían siendo sus hermanas sin importar que.

- Es increíble en lo que se ha convertido Petunia, cariño, ¿Cómo es que reniegue así de su propia hermana? – Se pregunto Elizabeth mientras su esposo la abrazaba consolándola.

En la segunda generación, la mayoría de los presentes estaban indignados por lo que se dijo.

– Esa Petunia, siempre le tuvo envidia a Lily por su buen corazón – Dijo Sirius mientras Remus asentía y Severus estuvo de acuerdo, Petunia Evans siempre fue una mujer envidiosa y esta misma la corroía. La mayoría de los presentes a pesar de que no conocían a esa mujer estaban indignados.

La tercera generación estaba sin duda más que indignada.

– ¿Cómo se puede fingir no tener hermana? A pesar de las peleas yo nunca negaría a Vic o Lou, ambos son molestos, pero jamás los negaría – Dijo Dominique mientras los demás reían y los hermanos de la chica la fulminaban con la mirada, pero con una sonrisa en sus labios.

- ¿Cómo puede ser posible que esa mujer esté relacionada con la abuela Lily? Ella era una mujer muy dulce, además papá no tuvo hermano, pero quiso a mis tíos como sus hermanos, incluso a tía Mione y a tía Luna – Dijo Lily Luna más que indignada al pensar eso. Hermione sonrió ante lo dicho por la pequeña Potter.

- Bueno, Lily, eso es porque Harry siempre nos vio como una familia, él quería una y la encontró en nosotros, ya saben lo importante que es para él – Dijo la castaña mientras los hermanos Potter asentía, incluso el mismo Ted, la prioridad número uno de Harry Potter era la familia.

Porque su hermana y su marido, un completo inútil, eran lo más opuesto a los Dursley que se pudiera imaginar.

- Pues yo creo que este libro te está describiendo muy bien, Cornamenta – Se burló Canuto y Lunático asintió a lo dicho. James volteo a ver a Sirius con una mirada de querer matarlo, mientras tanto todos reían y más por la cara de James.

- Gracias Canuto y a ti también Lunático, si así son mis amigos para que quiero enemigos – Dijo Cornamenta tratando de parecer enojado, aunque no lo logro del todo, ya que tenía una pequeña sonrisa.

- ¡Sirius! - Lo reto Lily – James no es un inútil, si un poco flojo, arrogante, presumido, pocas veces un poco ton…

- ¡Lily! Por favor di a dónde quieres llegar, ¿si, cariño? – Dijo James un poco rojo por lo que decía Lily, haciendo que los demás rieran todavía más.

- Ah sí perdón, amor, bueno a lo que iba es que James no es un inútil, es muy caballeroso, amable, lindo y, sobre todo, el mejor novio de todos – Terminó de decir dándole un beso en los labios a su novio.

Por su parte en el Gran Comedor, la indignación volvió a algunos de los presentes.

- ¿James, un inútil? Puede que algunas veces, pero aun así era un gran amigo – Dijo Sirius defendiendo la memoria de su amigo y casi hermano.

- Sin duda, además de un gran padre y esposo – Dijo Remus apoyando al animago.

- Un chico talentoso en transformaciones – Dijo la profesora McGonagall recordando a su alumno predilecto.

- Un gran hombre y auror – Dijo los aurores presentes que trataron con James.

Mientras en la tercera generación, estaban molestos.

- ¿Cómo que mi abuelo era un inútil? Esos están locos, si yo soy como él – Dijo James Sirius, pero se quedó callado ante la risa de su hermano y la de su amigo.

– No sé si eso le hace justicia al señor James Potter, pero en cuanto a ti si eres un inútil, a duras penas pasas los años y no digamos que no tienes el talento que tiene tu padre – Dijo Scorpius sonriendo mientras Albus reía ante la mirada de indignación de su hermano, ante de que dijera algo, Hermione continuó con la lectura para evitar un enfrentamiento entre esos dos.

Los Dursley se estremecían al pensar qué dirían los vecinos si los Potter apareciesen por la acera.

- Pues eso se podría arreglar, podríamos ir a visitarlos en representación de Lily y James – Dijo Remus, mientras acariciaba las manos de Tonks, al parecer, la chica se la había tomado para tranquilizar al hombre por lo sucedió anteriormente.

- Me encantan tus ideas, Lunático – Dijo sonriendo Sirius, mientras los gemelos Weasley se veían entre ellos, y luego a Sirius y a Remus.

- ¿Lunático? – Pregunto Fred.

- ¿Canuto? – Pregunto George.

- Si – Respondieron Sirius y Remus.

- Ustedes ¿Por qué se dicen así? – Preguntaron los gemelos.

- Oh cierto, ¿Yo nunca les dije? – Dijo Ron sonriendo burlón mientras Ginny se reía de las caras de sus hermanos.

- ¿Qué fue lo que no nos dijiste? – Preguntaron nuevamente a coro.

- El papá de Harry, Sirius y Remus son los Merodeadores – Dijo riendo.

- ¿El papá… de Harry? – Pregunto George asustado.

- Si, lo supimos en nuestro tercer año, pero olvidamos que eran sus ídolos, además era algo entre Harry y ellos, por eso no mencionamos nada – Dijo Ron sonriendo al igual que Ginny mientras Hermione negaba con la cabeza divertida.

Por su parte en la primera generación, al escuchar lo anterior, los señores Evans dijeron.

– Si ese es el caso, quizás podríamos invitar a los señores Potter junto a James y Lily y hacerles una visita, quizás así Petunia comprenda que no debe despreciar a su hermana – Dijeron mientras los señores Potter sonreían mientras James y Lily se sonrojaban al ya considerarlos parte de la familia.

Sabían que los Potter también tenían un hijo pequeño, pero nunca lo habían visto. El niño era otra buena razón para mantener alejados a los Potter: no querían que Dudley se juntara con un niño como aquél.

- ¿Un niño como aquel? ¿Cómo se atreve esa mujer a decir eso de Harry? Sin duda no es él el que quiera relacionarse con esos… muggles – Dijo Ginny molesta por escuchar lo que decían del chico ojiverde ausente, los presentes veían a la pelirroja entre curiosos y aterrados, curiosos por la forma en que reaccionó y aterrados por que la chica cuando estaba molesta era peligrosa.

Sirius y Remus miraban a la pelirroja encantados, sabían de los sentimientos de la chica por su ahijado y sobrino, además de lo especial que ella era para él. Mientras que Molly, Hermione y Tonks miraban de manera cómplice a la chica, solo estaban esperando a que sucediera el momento en que esos dos se hicieran pareja

Mientras que la primera generación estaba más que molesta, los señores Evans al oír la manera como se referían a su nieto, de igual manera estaban los señores Potter.

Lily estaba en silencio, pero estaba roja de la ira que sentía por su hermana, estaba segura que eso no sería todo lo que haría Petunia.

En la tercera generación, todos estaban callados al ver como al escuchar lo anteriormente dicho, la pequeña Lily se enojó y causó que su pelo se agitara, solo Albus pudo acercarse para calmar a su pequeña hermana y evitar que ocurriera algo, aunque este también estaba molesto al igual que su hermano.

Nuestra historia comienza cuando el señor y la señora Dursley se despertaron un martes, con un cielo cubierto de nubes grises que amenazaban tormenta.

- Que bello clima – Dijo Bill. Muchos asistieron en lo correcto.

Al igual que la primera y la tercera generación.

Pero nada había en aquel nublado cielo que sugiriera los acontecimientos extraños y misteriosos que poco después tendrían lugar en toda la región. El señor Dursley canturreaba mientras se ponía su corbata más sosa para ir al trabajo, y la señora Dursley parloteaba alegremente mientras instalaba al ruidoso Dudley en la silla alta.

- ¿Por qué comienza narrando de la familia de Petunia? Si es la hermana de Lily y tía de Harry, pero, ¿No debería comenzar nombrando a Lily, James y Harry? – Preguntó Pandora, pues se le hacía extraño que la historia no comenzara con la vida de su amiga. Marlene, Alice y Pandora se vieron un poco preocupadas.

- Esto no me gusta nada – Comentó Dorea, tenía un presentimiento de que algo malo iba a pasar.

- Tranquila, querida, hay que esperar a ver qué pasa – Dijo Charlus, estaba igual de preocupado que su esposa, pero tenía que ser fuerte para ella.

- Yo estoy de acuerdo con Dorea - Dijo Elizabeth - Esto no me gusta – John la abrazo y la acurruco en su pecho.

- James – Murmuró Lily - Tengo miedo, siento el presentimiento de que algo malo está pasando y no me gusta nada – James sin saber qué hacer, abrazo más fuerte a Lily y la beso en la frente para tranquilizarla, no le gustaba ver el miedo en los ojos de Lily.

Lunático y Canuto no estaban mejor que sus amigos ellos también tenían un presentimiento muy malo.

Mientras tanto en la segunda generación.

- Vaya familia – dijeron los gemelos Weasley - ¿Van a aparecer en muchos capítulos? Nosotros ni siquiera los conocemos.

- Espero que no, no fueron importantes antes mucho menos ahora – Dijo Ron.

- ¡Ron! – Exclamo Hermione.

- ¿Qué, Hermione? No puedes decirme que vas a defenderlos, ¡Ni siquiera los conociste y ya estás viendo lo desagradables que eran!

La chica se cruzó de brazo sin querer ceder. Que fuesen aburridos no quería decir que fuesen malas personas, ¿no?

La tercera generación pensaba igual, por eso no entendían que tenía que ver esa familia con Harry.

Ninguno vio la gran lechuza parda que pasaba volando por la ventana.

- ¿Una lechuza? – Pregunto Frank - ¿Qué hace una lechuza en un lugar Muggle?

- Ya lo sabremos, señor Longbottom, pero solo lo sabremos si me dejara continuar – Regaño Mcgonagall, estaba cansada de tantas interrupciones.

La segunda y tercera generación tampoco entendían que hacía una lechuza en un barrio muggle.

A las ocho y media, el señor Dursley cogió su maletín, besó a la señora Dursley en la mejilla

Todos los esposos gruñeron "¿Qué clase de esposo se despide de su esposa de un beso en la mejilla?" Bueno que se podía esperar de una persona así.

Y trató de despedirse de Dudley con un beso, aunque no pudo, ya que el niño tenía un berrinche y estaba arrojando los cereales contra las paredes. «Tunante», dijo entre dientes el señor Dursley mientras salía de la casa.

Andrómeda, Elizabeth y Dorea fruncieron el ceño ante la actitud del niño.

- Pero que niño tan mal educado – Dijo Elizabeth molesta – ¿Qué clase de educación le da mi hija y su esposo a mi nieto? - Se preguntó la mujer mientras las demás la apoyaban.

Se metió en su coche y se alejó del número 4. Al llegar a la esquina percibió el primer indicio de que sucedía algo raro: un gato estaba mirando un plano de la ciudad.

- Eso es raro, ¿no? – Preguntó John – Eso no pasa en nuestro mundo. ¿En el de ustedes sí? – Pregunto dirigiéndose a Charlus.

- Mmm pues un gato normal no, ya que existen en nuestro mundo gatos muy especiales – Contestó Charlus.

Los merodeadores se vieron entre ellos de forma muy curiosa, eso algo que solo compartían eso tres y significaba que pensaban en algo.

- Un gato leyendo un plano – Inició James - Piensan lo mismo que yo - Dijo sin apartar la vista de a sus amigos.

- No será el mismo gato que encontramos la primera vez que llegamos a la clase de transformaciones - Agregó Canuto volteando a ver a la profesora de forma curiosa.

- Se refieren a la vez que me hicieron llegar tarde por estar merodeando – Dijo Remus con una sonrisa.

- No reclames lunático si ni te molesto – Dijo Canuto.

Mientras que, en la segunda generación, todos estaban extrañados ante esto, pero Remus y Sirius se giraron a ver a Mcgonagall.

Por su parte la tercera generación debía tener una idea de quien podría ser ese gato.

Durante un segundo, el señor Dursley no se dio cuenta de lo que había visto, pero luego volvió la cabeza para mirar otra vez. Sí había un gato atigrado en la esquina de Privet Drive, pero no vio ningún plano.

- ¿Atigrado? – Preguntaron los Merodeadores y los bromistas, se vieron entre ellos y después dijeron – ¡Pero si es Minnie! – y todos rieron, pero trataron de disimularlo por la mirada que les mandaba Mcgonagall.

- ¡James! / ¡Remus! / ¡Sirius! / ¡Sres. Prewett! – Gritaron Lily, Dorea, Marlene y Mcgonagall y viéndolos con mala cara.

Estos se callaron, pero todavía tenían una sonrisa traviesa en los labios.

Mientras tanto, en la tercera generación todos sonrieron.

- ¡Por supuesto que es la abuelita Minnie! ¡Cuántas veces la hemos visto transformada cuando éramos niños! – Exclamo James Sirius sonriendo.

- ¡Claro, la abuelita Minnie nos dejaba verla en su forma animaga para entretenernos! – Exclamo Roxanne.

- ¡Si, la abuelita Minnie es y seguirá siendo genial! – Dijeron todos los de la tercera generación.

Por su parte en la segunda generación, Sirius y Remus ya sabían quiénes eran, pero fue una sorpresa escucharla de alguien más.

- ¡Es la profesora McGonagall! – Exclamó de pronto Ginny sonriendo a lo que todos la miraron asombrados y confundidos.

- ¿La profesora McGonagall? – Preguntaron algunos.

- Si, una vez Harry me comentó de la forma animaga de ella, aunque él se refería a ella como Minnie, al parecer esa era la forma en que su padre se refería a ella también – Dijo la pelirroja mientras los demás veían sorprendidos.

- Es cierto, de tal padre, tal hijo, James fue el que inventó ese nombre y la misma idea se le ocurrió a Harry, aunque con el tiempo le aprendí a tomar cariño y aceptarlo – Dijo la mujer recordando tanto al padre como al hijo que le dieron ese mote cariñoso.

¿En qué había estado pensando? Debía de haber sido una ilusión óptica. El señor Dursley parpadeó y contempló al gato. Éste le devolvió la mirada.

Minerva frunció el ceño. Ese día había sido un verdadero dolor de cabeza para ella, no solo por la muerte de dos de sus alumnos favoritos, sino también por vigilar a esa familia.

Mientras el señor Dursley daba la vuelta a la esquina y subía por la calle, observó al gato por el espejo retrovisor: en aquel momento el felino estaba leyendo el rótulo que decía «Privet Drive» (no podía ser, los gatos no saben leer los rótulos ni los planos).

- Un gato común y corriente no podrá leer ningún rotulo ni planos; pero si se trata de la abuelita Minnie, ¡todo es posible! – Exclamo James Sirius mientras sus hermanos, primos y amigos estaban de acuerdo.

En la segunda generación, Sirius y Remus se veían divertidos.

- Bueno, no todos los gatos lo harían, pero si se trata de Minnie es muy normal – Dijo Sirius sonriendo divertido mientras Remus solo disimulaba una sonrisa ante la mirada de McGonagall que los veía fijamente con una sonrisa casi imperceptible.

Albus, con una sonrisa en sus labios, siguió leyendo.

El señor Dursley meneó la cabeza y alejó al gato de sus pensamientos. Mientras iba a la ciudad en coche no pensó más que en los pedidos de taladros que esperaba conseguir aquel día.

- ¡Que aburrido! – Se quejó Fred, cruzado de brazos.

- La morsa es un Muggle empalagoso – Rio George, chocando las manos con su hermano.

Por otro lado, en la primera generación, los Merodeadores y los gemelos Prewett se miraron mutuamente antes de reír por lo bajo. Algo les decía a los Merodeadores que pasarían momentos agradables no solo con los gemelos Prewett.

Pero en las afueras ocurrió algo que apartó los taladros de su mente. Mientras esperaba en el habitual embotellamiento matutino, no pudo dejar de advertir una gran cantidad de gente vestida de forma extraña. Individuos con capa.

- ¿Qué tienen de extraño las capas? - Preguntó Draco Malfoy desconcertado.

- Usa tu cerebro, Malfoy - Dijo Daphne mordazmente - Son muggles, para ellos las capas son raras - varios rieron por la cara de odio de Draco.

Mientras tanto en la primera generación, los presentes quedaron confundidos.

- ¿Magos? - Se escuchó, esa fue la pregunta general.

- Así parece – Dijeron los merodeadores.

- Comprendo que no muchos saben vestir a lo muggle. Pero de eso a salir con sus atuendos normales, es una locura - Comentó Frank.

- Debió de haber pasado algo, sin duda, algo grande - Razonó Lily.

Por su parte la tercera generación sonreía divertidos.

- Jejeje que tiempos donde la gente usaba esa ropa anticuada, ahora gracias a Patil and Brown la moda de los magos es más moderna, aunque no se parece a la moda de los muggles, pero es muy buena – Dijo Victoire sonriendo mientras todos asentían, Parvarti Patil y Lavender Brown se asociaron para hacerle competencia a Madame Malkin en cuanto a la vestimenta de los magos y les iba muy bien, aunque aún había gente tradicional que aun compraba en Madame Malkin.

El señor Dursley no soportaba a la gente que llevaba ropa ridícula. ¡Ah, los conjuntos que llevaban los jóvenes! Supuso que debía de ser una moda nueva.

- No lo es – Dijo Sirius que cruzo los brazos, indignado - ¡Que no, estúpido! Insistió y varios rieron.

- Sirius, ¿Sabes que estás hablando con un libro? - Le dijo Remus burlón mientras algunos reían de nuevo.

Tamborileó con los dedos sobre el volante y su mirada se posó en unos extraños que estaban cerca de él. Cuchicheaban entre sí, muy excitados. El señor Dursley se enfureció al darse cuenta de que dos de los desconocidos no eran jóvenes. Vamos, uno era incluso mayor que él, ¡y vestía una capa verde esmeralda! ¡Qué valor!

El Gran Comedor gruño. Estaban enojados con la actitud de Vernon Dursley. Muchos querían hechizarlo si tuviesen la oportunidad.

- ¿Verde? – Pregunto Sirius haciendo una mueca de disgusto.

- ¿Sera de Slytherin? – Pregunto Charlie.

- ¿Qué importa eso, Charles? – Pregunto Tonks.

- Sabes que es de tontos responder una pregunta con otra – Dijo Charlie, y luego su rostro se enfureció - ¡Y no me llames Charles, Nymphadora!

El cabello de Tonks se puso rojo. Antes de que Charlie se diera cuenta, su pelo era color rosa. Todos soltaron una carcajada.

- ¡Te he dicho mil veces que no me llames Nymphadora! – Exclamo la chica Auror.

- Perdona, Tonks, ¿Me vuelves a dejar como antes? – Suplico Charlie

- Al final del capítulo – Respondió Tonks con una sonrisa.

Pero entonces se le ocurrió que debía de ser alguna tontería publicitaria; era evidente que aquella gente hacía una colecta para algo. Sí, tenía que ser eso.

- Esto es cada vez más extraño sin mencionar que es muy peligroso, podrían revelar nuestra existencia - Comentó Frank.

- Lo sabemos, amor, pero espero que luego nos expliquen qué ocurre - Lo tranquilizo su esposa.

Mientras tanto en la segunda generación, todos estaban confundidos.

- ¡Publicidad! – Exclamo el alumnado confundido.

- ¿Qué las capas son ridículas o que hacemos una colecta? – Gruñeron entre dientes los adultos.

A cada minuto que pasaba, Vernon Dursley era más y más odiado. Y todos concluyeron que jamás deseaban conocerlo. Una persona como aquella no merecía siquiera ser conocida por ellos.

- ¿Y para qué iba a querer un mago el sucio dinero Muggle? – Preguntó con desprecio Draco.

- Y tu cerebro sigue de paseo ¡que son Muggles te digo! - Se burló nuevamente Daphne, nunca había soportado los pavoneos de ese rubio.

Albus siguió con sus ojos sombríos y oscuros.

El tráfico avanzó y, unos minutos más tarde, el señor Dursley llegó al aparcamiento de Grunnings, pensando nuevamente en los taladros. El señor Dursley siempre se sentaba de espaldas a la ventana, en su oficina del noveno piso.

El señor Weasley se sorprendió "En serio ese hombre le daba la espalda a la ventana pudiendo ver por la ventana un hermoso paisaje" Sin duda ese hombre era alguien muy extraño.

Si no lo hubiera hecho así, aquella mañana le habría costado concentrarse en los taladros. No vio las lechuzas que volaban en pleno día, aunque en la calle sí que las veían y las señalaban con la boca abierta, mientras las aves desfilaban una tras otra.

Los profesores, Aurores y demás adultos del presente se miraban mutuamente. Cada línea confirmaba que era aquella noche, la noche en la que Lord Voldemort mato a James y Lily Potter.

De pronto, se sintieron nerviosos, tensos y angustiosos. No querían recordar aquella noche fatídica.

Mientras tanto, los de la primera generación estaban tensos, no sabían que era lo que iba ocurrir, pero estaban temerosos de enterarse de la triste realidad que podría suceder.

La mayoría de aquellas personas no había visto una lechuza ni siquiera de noche. Sin embargo, el señor Dursley tuvo una mañana perfectamente normal, sin lechuzas. Gritó a cinco personas.

- Tan encantador como siempre – Comentó Lily que tuvo la desgracia de conocerlo en una ocasión.

- Cómo es que tu hermana se interesó en esa criatura - Indago Remus.

- Créeme que no lo sé - le confeso - Tal vez es porque esa morsa compartiría mejor el desprecio que siente por la magia.

- No por nada mencionan que eran lo más apuesto a nosotros - Agrego Remus antes de retomar la lectura.

- Tal vez podríamos hacerles una visita, ¿no, Gideon?

- Concuerdo contigo, señor Fabián.

- Hey, ustedes dos cálmense - les hablo Canuto que los había escuchado - Si alguien va ir a visitarlos seremos nosotros – Alegó señalándose a sí mismo y a sus amigos.

Mientras tanto en el Gran Comedor.

- Pobres Muggles – Comentó Molly, negando con la cabeza – No se merecen ser tratados de aquella forma solo porque su jefe esta de mal humor.

- Vaya – Dijo Neville – El tío de Harry es muy amable.

- ¿Amable? – Repitió Ron – Neville, ¿Tú has visto cómo es?

- Neville estaba siendo sarcástico, Ron – Dijo Hermione.

Ron se sonrojo mientras veía como Neville le sonreía.

Hizo llamadas telefónicas importantes y volvió a gritar.

Los profesores gruñeron. Nada le daba el derecho a gritar de ese modo.

- Viendo como es él no me extraña en absoluto el comportamiento de su hijo – Le comentó la profesora Sprout a Mcgonagall quien asintió, completamente de acuerdo.

- Una mañana muy normal, vaya – Dijo Lee Jordán con evidente sarcasmo.

- Fred, ¿Cómo no me lo dijiste? – Fingió estar horrorizado George.

- Lo siento muchísimo, querido hermano. La próxima vez te diré que es imprescindible gritar a varias personas antes del mediodía para que tu día este completo.

Todos rieron ante el intercambio de los gemelos. Sirius y Remus se miraron. Ellos también hacían ese tipo de bromas.

Estuvo de muy buen humor hasta la hora de la comida, cuando decidió estirar las piernas y dirigirse a la panadería que estaba en la acera de enfrente.

- Uff – Respiro aliviado Tonks - Por un momento parecía que iba a hacer ejercicio voluntariamente. Todo vuelve a ser normal.

Muchos estallaron en carcajadas, en especial Sirius, Remus y los hermanos Weasley.

Había olvidado a la gente con capa hasta que pasó cerca de un grupo que estaba al lado de la panadería. Al pasar los miró enfadado. No sabía por qué, pero le ponían nervioso.

- Y nosotros estamos enfadados contigo, Dursley – Gruño gran parte de Hogwarts, en especial los de Gryffindor.

Todos asintieron, incluyendo Slytherin.

Aquel grupo también susurraba con agitación y no llevaba ni una hucha. Cuando regresaba con un donut gigante en una bolsa de papel, alcanzó a oír unas pocas palabras de su conversación.

—Los Potter, eso es, eso es lo que he oído...

Los alumnos se miraron unos a otros intuyendo de que hablaban. La muerte de los Potter. La noche en la que muchos consiguieron años de paz. La noche en la que Harry quedo huérfano.

Mientras tanto en la tercera generación quedaron confundidos.

- ¿Nosotros? - Preguntaron los tres hermanos Potter extrañados.

- No creo que se refiera a ustedes - Dijo Hermione con voz apagada, ya se hacía una idea de qué día hablaban - Supongo que hablan de los padres se Harry y el día de sus muertes.

—Sí, su hijo, Harry...

- Oh si, al parecer si se refiere a mi papá – Dijo Albus algo triste y avergonzado ya que suponía que tenía con la muerte de sus abuelos.

Por su parte la segunda generación quedo en silencio.

- Es la noche - Tartamudeó Sirius, agarrando su cabeza con ambas manos, intentando alejar las imágenes de aquel día, alejar esos recuerdos dolorosos que tanto mal le hacían. Sin embargo, también entendía que en algún momento de la lectura, esos recuerdos volverían y él no quería volver a sufrir. No ahora que tenía a su ahijado junto a él.

Nadie se atrevió a decir nada, solo se limitaron a sollozar por lo bajo.

Mientras tanto en la primera generación, todo el mundo contuvo la respiración.

- ¡¿Qué es lo que pasa con los Potter?! – Gritó desesperada Dorea, Charlus no sabía qué hacer para calmar a su esposa, ya que él estaba igual o peor que ella.

- ¡¿Y qué pasa con Harry?! – Preguntó al mismo tiempo que Dorea, Lily, que cada vez que avanzaban más en el capítulo se ponía más nerviosa y tenía mucho miedo de saber que seguía, pero se hacia la fuerte para no preocupar a James.

Nadie se atrevió a decir nada, solo se limitaron a sollozar por lo bajo.

Albus con sus ojos azules tristes, volvió a leer.

El señor Dursley se quedó petrificado. El temor lo invadió. Se volvió hacia los que murmuraban, como si quisiera decirles algo, pero se contuvo. Se apresuró a cruzar la calle y echó a correr hasta su oficina.

- Cobarde – Susurraron los gemelos Weasley y Prewett, frunciendo el entrecejo.

Dijo a gritos a su secretaria que no quería que le molestaran, cogió el teléfono y, cuando casi había terminado de marcar los números de su casa, cambió de idea.

- Es un Muggle exasperante y engreído – Acoto Tonks, rodando sus ojos.

- No lo dudes – Confirmo Remus, encogiéndose de hombros.

Nadie quiso decir nada, prefirieron seguir escuchando la lectura.

Dejó el aparato y se atusó los bigotes mientras pensaba... No, se estaba comportando como un estúpido.

- ¿Alguna vez no lo hace? – Preguntó de forma casual Theodore Nott, causando la risa de muchos, en especial la de los de su grupo y los demás Slytherin, ya que ellos sabían que había hecho la pregunta enserio, no en broma.

- No hace falta que se esfuerce mucho – Dijo George.

- Ya es un estúpido – Aclaró Fred intentando aligerar el ambiente.

Funciono a medias. Hubo algunas risas pero se apagaron enseguida.

Potter no era un apellido tan especial.

- Son los únicos Potter – Dijo Remus – Según la tradición solo nace un hijo por generación.

- Enserio – Dijeron los hermanos menores Weasley y Hermione.

Estaba seguro de que había muchísimas personas que se llamaban Potter y que tenían un hijo llamado Harry.

- Claro, hay un montón de Harry Potter por el mundo, ¿Cómo no se me había ocurrido? - Ironizo Tonks

Y pensándolo mejor, ni siquiera estaba seguro de que su sobrino se llamara Harry. Nunca había visto al niño. Podría llamarse Harvey. O Harold.

- ¿Cómo puede no saber cómo se llama su sobrino? – Dijo Ted Tonks indignado.

- ¡Nunca le pondría esos horribles nombres a mi hijo! – Dijo James.

- Y menos yo – siguió Lily – Harry James Potter Evans es perfecto.

Mientras tanto en la segunda generación todos estaban entre la estupefacción y la indignación.

- ¿Harvey o Harold? - Repitió Remus perplejo.

- Esos son los nombres más horribles que he escuchado en mi vida - Declaró la señora Weasley enfadada.

- No hubiese consentido que James y Lily le pusieran esos nombres a mi ahijado— expresó Sirius enrabiado.

- Además que Harry Potter es un nombre perfecto – Dijo la pelirroja molesta.

Por su parte la tercera generación estaba indignada, ¿Qué clase de estúpidos nombres eran eso? Obviamente Harry Potter y todo lo que él concernía era mejor de lo que ese hombre decía.

No tenía sentido preocupar a la señora Dursley, siempre se trastornaba mucho ante cualquier mención de su hermana.

Severus entrecerró los ojos recordando a Petunia, la hermana de su querida Lily. Petunia era estúpida, fea y arrogante. No podía compararse con Lily.

Y no podía reprochárselo. ¡Si él hubiera tenido una hermana así...!

Remus, Sirius e incluso Severus gruñeron.

- ¡Que ni se atreva a terminar esa frase! – Gritaron la mayoría de los que estaban en el Gran Comedor.

Pero de todos modos, aquella gente de la capa... Aquella tarde le costó concentrarse en los taladros, y cuando dejó el edificio, a las cinco en punto, estaba todavía tan preocupado que, sin darse cuenta, chocó con un hombre que estaba en la puerta.

—Perdón

- Un momento, ¿Escuche bien? – Dijo Ginny sorprendida.

- Vaya, al parecer si tiene educación – Dijo Molly algo molesta.

- ¡Es el fin del mundo! – Gritaron los gemelos Weasley.

- ¡La morsa ha pedido disculpas! – Gritaron Sirius y Remus.

Todos los observaban riéndose.

Por su parte la tercera generación estaba sonriendo.

- Vaya, al parecer si tiene educación – Dijo Albus mientras sonreía al igual que sus hermanos y primos.

— gruñó, mientras el diminuto viejo se tambaleaba y casi caía al suelo. Segundos después, el señor Dursley se dio cuenta de que el hombre llevaba una capa violeta. No parecía disgustado por el empujón. Al contrario, su rostro se iluminó con una amplia sonrisa, mientras decía con una voz tan chillona que llamaba la atención de los que pasaban:

— ¡No se disculpe, mi querido señor, porque hoy nada puede molestarme! ¡Hay que alegrarse, porque Quien-usted-sabe finalmente se ha ido! ¡Hasta los Muggles como usted deberían celebrar este feliz día!

- Se… se fue - Dijeron algunos sorprendidos por la noticia.

- Se ha ido – Comentó Canuto con seriedad, pero luego agrego alzando la voz como si estuviera festejando algo - Si finamente el nariz de rendija dejo este mundo.

- ¿Cómo te atreves a hablar así del señor tenebroso? - Increpo Lucius

- Muy fácil, serpiente - le respondió - Me pregunto que pasara ahora contigo, en mi opinión deberías pasar unos añitos en Azkaban, primito.

- Cierra la boca, tu y yo no tenemos nada en común.

- Claro que sí, recuerda que Narcisa es mi prima - le recordó - Aunque si no la quieres está bien, no dudo que estaría mejor si se casara con cualquier otro mago.

- Cierra la boca, Black

- ¿Por qué no me obligas, Malfoy? – Preguntó el animago.

Los demás solo los vieron y sonrieron un poco, si estaban felices de la noticia que Voldemort se había ido, pero algo les decía que faltaba algo más y que no era bueno.

- ¿Qué pasa Lily porque no festejas? – Preguntó James.

- Es que algo me dice que esto no es todo – respondió Lily con voz un poco temblorosa.

Mientras en la segunda generación, en el la mayoría bajo su cabeza en señal de luto y tristeza. Ese día, a pesar que en un principio todo era felicidad porque Lord Voldemort se había ido, fue absolutamente lamentable, ya que la noticia de la muerte de los Potter se esparció rápidamente, provocando que la alegría se convirtiera en melancolía. Nadie se imaginó que con la muerte de dos personas, la paz floreciera en el mundo mágico. Y aunque la gran mayoría se preguntaba qué era lo que paso ese día en la casa de James y Lily, comprendían que quizá nunca lo sabrían.

Los profesores miraban con los ojos vidriosos. Para ellos el haber perdido a dos excelentes brujos era todavía un sufrimiento.

Sirius era un asunto aparte debido a que se encontraba con sus manos sobre la cabeza, recordando esa noche. ¿Por qué no confié en Remus?, ¿Por qué no le dije mis sospechas? Hubiera detenido lo que vendría. Si tan solo hubiese sido más rápido y astuto nada de lo que paso hubiera pasado. James, Lily siento tanto lo que sucedió. Me duele que haya sido, en parte, mi culpa lo que les sucedió. Pensó Sirius recordando James y Lily.

Remus no estaba en mejores condiciones. Él se lamentaba al igual que Sirius Mis amigos, Lily, James, ¿Por qué les tuvo que pasar eso?, ¿Por qué a ustedes?, ¿Cómo fue que nos pasó esto?, ¿Por qué la rata los tuvo que traicionar?, ¿Por qué?

Tonks al percatarse de las condiciones en que se encontraban Sirius y Remus, les tomo la mano a ambos en señal de apoyo. Ellos agradecieron el gesto con una sonrisa débil y que no llego a sus hijos.

Luego de que la pena se hubiese pasado, Albus continúo leyendo.

Y el anciano abrazó al señor Dursley y se alejó. El señor Dursley se quedó completamente helado. Lo había abrazado un desconocido. Y por si fuera poco le había llamado Muggle, no importaba lo que eso fuera. Estaba desconcertado. Se apresuró a subir a su coche y a dirigirse hacia su casa, deseando que todo fueran imaginaciones suyas (algo que nunca había deseado antes, porque no aprobaba la imaginación).

- Vaya, que vida tan vacía, triste y aburrida – Murmuro Luna, pero muchos la escucharon y se rieron, en especial sus padres y Harry.

Por su parte en la tercera generación, una pequeña pelirroja tenía una opinión parecida.

- Vaya – Dijo la pelirroja Potter-Weasley - ¿Por qué no aprueba la imaginación? Eso no es divertido.

Sus hermanos y primos se rieron.

Cuando entró en el camino del número 4, lo primero que vio (y eso no mejoró su humor) fue el gato atigrado que se había encontrado por la mañana.

Mcgonagall esbozo una sonrisa maliciosa y seria que estremeció a la mayoría. Nadie quiso, eso sí, decir o hacer cualquier cosa. Odiaban ese tipo de mirada en la profesora.

En aquel momento estaba sentado en la pared de su jardín. Estaba seguro de que era el mismo, pues tenía unas líneas idénticas alrededor de los ojos.

— ¡Fuera! —dijo el señor Dursley en voz alta.

- Eso no funcionara, como si eso resultara para ese gato - Comento Canuto divertido

- Muy cierto, de hecho si ese gato quisiera podría mandar al tal Dursley directo a la…

- James - le recrimino su novia.

- Pero, si es cierto pelirroja - se justico el hombre

- De cualquier forma, ¿Qué hace usted ahí, profesora? - indago Lunático.

- En la lectura se dará cuenta, señor Lupin – Dijo la profesora Mcgonagall.

- Vamos, puede decirnos, Minnie – Dijo Canuto.

- Señor Black, le culmino a guardar silencio, solo sigamos leyendo, el libro lo explicara todo - Dijo a toda respuesta.

Por otro lado en la segunda generación cierto merodeador tenía su opinión.

- Como si eso fuera a espantarla - Dijo Remus, y muchos lo miraron un poco sorprendidos, era raro ver a su antiguo profesor de defensa tan… relajado.

El gato no se movió. Sólo le dirigió una mirada severa.

- ¿Cómo las que nos dirigía a nosotros? - Preguntó inocentemente Sirius, pero en su mirada se veía la travesura, la profesora simplemente lo ignoró, pero podía apreciarse cierto brillo en su mirada.

- Eso confirma que sin duda es Minnie – Confirmaron Sirius y Remus, sonrieron por lo bajo.

- Si, conocemos muy bien esa mirada – Dijeron los gemelos Weasley.

Mcgonagall lo miro, pero aun así esbozo una pequeña e imperceptible sonrisa. El resto del comedor, miraba atónitos y con la boca ligeramente abierta a ambos adultos mientras la madre de los gemelos les tiraba las orejas por lo desubicados que habían sido con la profesora.

El regaño de la señora Weasley provocó que unos poco rieran por lo bajo antes de que Albus, con los ojos brillando de diversión, siguiese leyendo.

El señor Dursley se preguntó si aquélla era una conducta normal en un gato.

- No – Indicaron Canuto, Cornamenta y Lunático junto a los gemelos Prewett sonriendo – Pero si se trata de Minnie, entonces sí.

Trató de calmarse y entró en la casa. Todavía seguía decidido a no decirle nada a su esposa.

- ¡Que cobarde! – Exclamo Tonks, todos asintieron dándole la razón.

La señora Dursley había tenido un día bueno y normal. Mientras comían, le informó de los problemas de la señora Puerta Contigua con su hija,

- ¡Que mujer tan entrometida y chismosa! – Exclamó Marlene enfadada.

Todas las mujeres le dieron la razón, incluida las mismas Lily y Elizabeth, sin duda su hermana e hija respectivamente, era una mujer muy chismosa.

Y le contó que Dudley había aprendido una nueva frase («¡no lo haré!»).

- ¡Linda y hermosa frase! – Pronunció sarcásticamente Mcgonagall, rodando los ojos.

Las mujeres le dieron la razón. Era una magnifica frase la que había aprendido. Sería un niño perfectamente mimado, no lo ponían en duda.

- Pero que malcriado es ese niño – Comentó Molly - Acaso no saben cómo criarlo.

- Aparentemente no mamá, no todas son tan buenas madres como tú - Comentaron sus hijos al unísono. La mujer les sonrió con ternura y cariño a sus hijos.

- ¡Sin duda es un encanto de niño! – Ironizó Tonks.

- Con lo que sabemos ahora sobre este niño – Dijo Remus con una mueca – Me sorprende que no fuese "¡Es mío!", o algo por el estilo.

El señor Dursley trató de comportarse con normalidad. Una vez que acostaron a Dudley, fue al salón a tiempo para ver el informativo de la noche.

—Y por último, observadores de pájaros de todas partes han informado de que hoy las lechuzas de la nación han tenido una conducta poco habitual.

- Se estaban comportando así por lo que le ocurrió a James y Lily – Detuvo su lectura Albus y posando sus ojos en Sirius y Remus – La noticia se esparció tan rápidamente y fue tan dolorosa e inesperada que la gente no se convencía que dos jóvenes llenos de vitalidad y, por lo demás, excelentes brujos murieran a manos de Voldemort – Varios se estremecieron – quien desapareció de la faz de la tierra luego de ese día.

- El ministerio – Acoto Fudge, mirando al suelo – Recibió aquel día un centenar o quizás un millar de cartas. Todas ellas esperando a que se desmintiera lo que salió en el profeta ese día. Naturalmente, y a consecuencia de la insistencia de las personas, nos vimos en la obligación de sacar en el otro ejemplar, una noticia con la confirmación.

- Esa confirmación la dio Albus y fue fuerte aceptar, luego de que todos habíamos celebrado la derrota del innombrable pensando y rogando que fue mentira que James y Lily estuviesen muertos, que era absolutamente cierto – Añadió Molly, llorando abrazada de su esposo.

El ambiente se tornó tenso y melancólico a sabiendas de lo que paso en el libro.

Pese a que las lechuzas habitualmente cazan durante la noche y es muy difícil verlas a la luz del día, se han producido cientos de avisos sobre el vuelo de estas aves en todas direcciones, desde la salida del sol. Los expertos son incapaces de explicar la causa por la que las lechuzas han cambiado sus horarios de sueño. —El locutor se permitió una mueca irónica.

—. Muy misterioso. Y ahora, de nuevo con Jim McGuffin y el pronóstico del tiempo. ¿Habrá más lluvias de lechuzas esta noche, Jim?

—Bueno, Ted —dijo el meteorólogo.

- ¡Ese es mi papa! – Dijo Tonks contenta.

- ¿Cómo sabes que es tu papá, Dora? – Dijo Remus, aunque a Sirius no se le paso la forma en cómo Remus le dijo a Tonks. Pero esta no dio señales de haberse dado cuenta.

- Bueno es que a mi papá le gusta a veces ir a la estación de radio – Contesto ella.

Mientras tanto en la primera generación, Ted Tonks al escuchar ese nombre se imaginó que podría ser él, su mayor sueño era el estar algún en radio o televisión.

Eso no lo sé, pero no sólo las lechuzas han tenido hoy una actitud extraña. Telespectadores de lugares tan apartados como Kent, Yorkshire y Dundee han telefoneado para decirme que en lugar de la lluvia que prometí ayer ¡tuvieron un chaparrón de estrellas fugaces!

- ¡Genial! – Exclamaron los merodeadores.

- Tenemos que aprender a hacer eso – Dijo Lee.

- Cierto – Corroboro Fred – Seria…

- Nuestro mejor producto – Siguió George.

Tal vez la gente ha comenzado a celebrar antes de tiempo la Noche de las Hogueras. ¡Es la semana que viene, señores! Pero puedo prometerles una noche lluviosa.

- Fantástico – Ironizó Frank– Hasta los Muggles han notado que ha pasado algo extraño.

- Sé que todos están alegres por la muerte de Voldemort - Comenzó Lily haciendo que algunos se estremecieran cuando pronuncio ese nombre - Pero lo que están haciendo es muy arriesgado, a ese paso podrían descubrir la existencia de los magos.

- Estoy completamente de acuerdo con usted, señorita Evans – Dijo, Mcgonagall en apoyo, fue justo lo que había pensado en su momento.

El señor Dursley se quedó congelado en su sillón. ¿Estrellas fugaces por toda Gran Bretaña? ¿Lechuzas volando a la luz del día? Y aquel rumor, aquel cuchicheo sobre los Potter...

- Si esta morsa está uniendo todos los indicios, tenemos un problema – Declaro Tonks.

Aquellos que la habían oído rieron mientras el resto los miraba como si estuvieran locos.

La señora Dursley entró en el comedor con dos tazas de té. Aquello no iba bien. Tenía que decirle algo a su esposa. Se aclaró la garganta con nerviosismo.

—Eh... Petunia, querida, ¿has sabido últimamente algo sobre tu hermana? Como había esperado, la señora Dursley pareció molesta y enfadada. Después de todo, normalmente ellos fingían que ella no tenía hermana.

- Ay Petunia hasta cuando me tendrás ese rencor – Dijo Lily un poco triste y derramando una lagrima. James la abrazo y le dio un dulce beso en la frente.

- Tranquila, cielo, algún día entenderá el error que comente – Trató de animarla James mientras la abrazaba.

- Y si no lo hace no importa, recuerda que nos tienes a nosotros - le dijo Canuto para animarla.

- Con eso solo logras que se deprima, Canuto - Bromeo Lunático haciendo que muchos rieran.

- Tenemos que hablar con Petunia – Murmuro Elizabeth a su esposo.

- Si querida, esto no puede seguir así – Término de decir John.

Mientras tanto en la segunda generación, el profesor de pociones tenía sus propios pensamientos.

Siempre con tu irracional odio, ¿no Tuney? Siempre quisiste ser una bruja, pero por tus venas no corría la sangre mágica como lo hacía en la hermosa Lily. Por ese motivo la odiaste, maldijiste y fingiste no tener una hermana. La envidia te corroe, por eso fuiste y seguirás siendo así con ella a pesar de que murió hace años Pensó Snape, apretando los puños con fuerza.

Mientras Severus pensaba aquello, Sirius y Remus entrecerraban los ojos irritados. Lily era una de las mejores personas que podía haber en la tierra, exceptuando cuando se enojaba, y no merecía tener una hermana como Petunia.

En cuando a los demás, gruñían. Albus, con los ojos melancólicos, volvió a leer.

—No —respondió en tono cortante.—. ¿Por qué?

—Hay cosas muy extrañas en las noticias —masculló el señor Dursley—. Lechuzas... estrellas fugaces... y hoy había en la ciudad una cantidad de gente con aspecto raro...

— ¿Y qué? —Interrumpió bruscamente la señora Dursley

—Bueno, pensé... quizá... que podría tener algo que ver con... ya sabes... su grupo.

- ¡¿Su grupo?! ¡¿Qué quiso decir con eso?! – Exclamó enojada la Sra. Weasley.

- No somos ningún grupo - Gruñeron unos.

- Somos magos civilizados - Apuntaron otras, cruzados de brazos.

- Y mucho mejores personas que ustedes, Dursley - Añadieron Ron, Ginny y Hermione, mirando con odio al libro.

Nadie los contradijo, porque tenían toda la razón. Hasta el momento, la aberración a los Dursley estaba aumentando rápidamente. Y no dudaban que se trasformase en odio puro.

La señora Dursley bebió su té con los labios fruncidos. El señor Dursley se preguntó si se atrevería a decirle que había oído el apellido «Potter». No, no se atrevería. En lugar de eso, dijo, tratando de parecer despreocupado:

—El hijo de ellos... debe de tener la edad de Dudley, ¿no?

—Eso creo —respondió la señora Dursley con rigidez.

— ¿Y cómo se llamaba? Howard, ¿no?

—Harry. Un nombre vulgar y horrible, si quieres mi opinión.

- ¡No es vulgar! - Exclamaron la mayoría de las chicas. La principal indignada era Ginny.

- Y nadie quiere tu opinión - Gruñó Sirius. Snape se sorprendió a si mismo cuando asintió al comentario de Sirius, por suerte para el nadie pareció darse cuenta.

- En realidad, Harry es un nombre muy lindo - Aclaró Ginny, frunciendo el ceño. Las demás alumnas asintieron - Lo que sí puedo decir es que el nombre de Dudley es vulgar, horrible y entretenido.

Varios rieron por lo bajo.

- Claro, como si Dudley fuera un nombre adorable - Comentó Tonks haciendo que muchos rieran.

- Muy buena esa Nympha…- Empezó a decir Sirius

- No me/le digas Nymphadora - dijeron al mismo tiempo la joven y Remus

- Vaya, como siempre lunático sale al rescate de mi sobrina - Se burló Sirius - Hasta sincronizados están - el castaño le dirigió una mirada severa.

—Oh, sí—dijo el señor Dursley, con una espantosa sensación de abatimiento —. Sí, estoy de acuerdo.

Muchos gruñeron, pero no dijeron nada, se limitaron a seguir oyendo.

No dijo nada más sobre el tema, y subieron a acostarse. Mientras la señora Dursley estaba en el cuarto de baño, el señor Dursley se acercó lentamente hasta la ventana del dormitorio y escudriñó el jardín delantero. El gato todavía estaba allí. Miraba con atención hacia Privet Drive, como si estuviera esperando algo.

- Es Minnie, Minnie - Empezó a cantar Sirius alegremente. McGonagall suspiró.

La gente le sonrió abiertamente a la profesora. Ella le estaba dando una pequeña lección a Vernon, poniéndolo maniático y nervioso.

Mcgonagall, en respuesta, se limitó a asentir levemente. No obstante, aun podía sentir la irritación que le produjo vigilar aquellos Muggles.

¿Se estaba imaginando cosas? ¿O podría todo aquello tener algo que ver con los Potter? Si fuera así... si se descubría que ellos eran parientes de unos... bueno, creía que no podría soportarlo.

- Pues nosotros tampoco soportaríamos tener algo que ver con esos Muggles – Dijo Canuto muy enojado – Lo siento pelirroja y Señores Evans, pero…

- No te preocupes hijo, yo tampoco los soporto y eso que dos de ellos son de mi sangre – Respondió John tratando de que el chico no se sintiera apenado.

Los Dursley se fueron a la cama. La señora Dursley se quedó dormida rápidamente, pero el señor Dursley permaneció despierto, con todo aquello dando vueltas por su mente. Su último y consolador pensamiento antes de quedarse dormido fue que, aunque los Potter estuvieran implicados en los sucesos, no había razón para que se acercaran a él y a la señora Dursley. Los Potter sabían muy bien lo que él y Petunia pensaban de ellos y de los de su clase... No veía cómo a él y a Petunia podrían mezclarlos en algo que tuviera que ver (bostezó y se dio la vuelta) ... No, no podría afectarlos a ellos...

Albus suspiro. Fue lamentable que haya sucedido ese hecho lamentable, aunque Harry hoy en día poco le importa.

¡Qué equivocado estaba!

Esa última frase no fue del agrado de nadie, en los pocos párrafos que llevaban se habían dado cuenta que nunca se llevarían bien con ese tipo de personas, y al menos para James y Lily no les agradaba nada que su hijo tuviera que sufrir por la ignorancia y los prejuicios de sus tíos.

El señor Dursley cayó en un sueño intranquilo, pero el gato que estaba sentado en la pared del jardín no mostraba señales de adormecerse. Estaba tan inmóvil como una estatua, con los ojos fijos, sin pestañear, en la esquina de Privet Drive.

La tensión se hizo aumento en todos los oyentes, sin lugar a dudas esa persona era un mago, pero que podría hacer un mago en un barrio donde vivían tal clase muggle, agudizaron el oído y prestaron la máxima atención pues creían que la parte importante de la historia había llegado.

Mientras que en la segunda generación, la gente miró a la profesora sin comprender por qué seguía en ese lugar. Ella, en respuesta, le hizo un gesto al director, intuyendo que saldría en el libro. No había necesidad de explicarlo.

Apenas tembló cuando se cerró la puertezuela de un coche en la calle de al lado, ni cuando dos lechuzas volaron sobre su cabeza. La verdad es que el gato no se movió hasta la medianoche.

- Tuvo que ser divertidísimo, ¿eh, Minnie? – Le dijo Sirius burlón, Mcgonagall rodo los ojos y no se molestó en contestar.

Un hombre apareció en la esquina que el gato había estado observando, y lo hizo tan súbita y silenciosamente que se podría pensar que había surgido de la tierra. La cola del gato se agitó y sus ojos se entornaron.

En Privet Drive nunca se había visto un hombre así. Era alto, delgado y muy anciano, a juzgar por su pelo y barba plateados, tan largos que podría sujetarlos con el cinturón. Llevaba una túnica larga, una capa color púrpura que barría el suelo y botas con tacón alto y hebillas. Sus ojos azules eran claros, brillantes y centelleaban detrás de unas gafas de cristales de media luna. Tenía una nariz muy larga y torcida, como si se la hubiera fracturado alguna vez.

- ¿Qué hace el director en ese lugar? - Preguntaron los estudiantes confundidos.

El director suspiró, pero no dijo nada. Él quería que con la lectura del capítulo se dieran cuenta de por qué se encontraba ahí.

Ron y Hermione, en tanto, miraban perplejos al director, intuyendo lo que tenía en mente.

El nombre de aquel hombre era Albus Dumbledore.

- Vaya, que descripción tan acertada – Comentó Remus mientras miraba a Dumbledore.

Albus Dumbledore no parecía darse cuenta de que había llegado a una calle en donde todo lo suyo, desde su nombre hasta sus botas, era mal recibido. Estaba muy ocupado revolviendo en su capa, buscando algo, pero pareció darse cuenta de que lo observaban porque, de pronto, miró al gato, que todavía lo contemplaba con fijeza desde la otra punta de la calle. Por alguna razón, ver al gato pareció divertirlo. Rió entre dientes y murmuró:

— Debería haberlo sabido.

- Lógico, después de conocerse durante años juntos es imposible que no la reconozca – Dijo James.

- Yo siempre me he preguntado por qué nunca tuvieron algo – Comentó Canuto en voz alta – Como una relación, o un hijo o una noche de… - Dijo, pero fue interrumpido.

- ¡Sirius! ¡Señor Black! – Gritaron a la vez Dorea, Lily, Marlene, Andrómeda y McGonagall, esta última con mirada acida al hombre.

Encontró en su bolsillo interior lo que estaba buscando. Parecía un encendedor de plata. Lo abrió, lo sostuvo alto en el aire y lo encendió. La luz más cercana de la calle se apagó con un leve estallido.

- ¡El desiluminador de papá! - Exclamaron Rose y Hugo entusiasmados. Hermione sonrió y asintió.

Mientras tanto en la segunda generación, a cierta metamorfomaga le brillaban los ojos al escuchar el funcionamiento de aquel artefacto.

- ¡Yo quiero uno! – Gritó Tonks, asustando un poco a Remus - ¿Profesor donde consiguió ese aparato?

- Debo de decir que es único, ya que yo lo hice, Srta. Tonks – Dijo Dumbledore mientras le sonreía con sus ojos brillando.

- ¿Me podría hacer uno por favor? – Dijo poniendo ojos de perrito mojado, que a Remus y a un pelirrojo se le hizo tierno.

- ¿Para qué quieres eso, Dora? – Preguntó Remus y Tonks como siempre no se dio cuenta de cómo la llamo Remus, pero los amigos de este y los padres de la chica sí.

- Bueno es que al ser aurora y eso podría ser útil – Dijo la chica.

Mientras tanto en la primera generación, un animago tenía otras ideas en que usar aquel artefacto.

- Increíble, ¿En dónde lo habrá conseguido? – Preguntó Canuto emocionado.

- Tengo entendido que el mismo profesor lo creo – Respondió McGonagall.

- Genial, cuando salgamos le pediré que me haga uno - Dijo Canuto con una sonrisa traviesa.

- ¿Y tú para que necesitas algo como eso? - Le preguntó James - No te convertirás en ladrón, ¿o sí?

- Claro que no - Respondió de inmediato – Pero imagina todas las cosas que se puede hacer con eso, como por ejemplo…

- Ya después hablan de eso hay que seguir leyendo – Dijo Mcgonagall.

Lo encendió otra vez y la siguiente lámpara quedó a oscuras.

- ¡Que genial! Yo quiero uno de esos – Dijo Ron con los ojos brillantes.

- Tal vez en el futuro – Le sonrió el director.

Doce veces hizo funcionar el Apagador, hasta que las únicas luces que quedaron en toda la calle fueron dos alfileres lejanos:

- Impresionante – Murmuró la casa de Ravenclaw, abriendo los ojos más de lo normal.

- Alucinante – Dijo los de la casa de Slytherin, asombrados.

- Fantástico – Profirió los de la casa de Hufflepuff, mirando sorprendidos al director.

- Queremos uno – Rogó los de la casa de Gryffindor, poniendo los ojos como perrito mojado.

Albus se limitó a sonreír con los ojos brillando intensamente antes de seguir leyendo.

Los ojos del gato que lo observaba. Si alguien hubiera mirado por la ventana en aquel momento, aunque fuera la señora Dursley con sus ojos como cuentas, pequeños y brillantes, no habría podido ver lo que sucedía en la calle. Dumbledore volvió a guardar el Apagador dentro de su capa y fue hacia el número 4 de la calle, donde se sentó en la pared, cerca del gato. No lo miró, pero después de un momento le dirigió la palabra.

—Me alegro de verla aquí, profesora Mcgonagall.

Todos asintieron como si ellos se hubieran dado cuenta por méritos propios de que ella era McGonagall, esta soltó un largo suspiro.

- ¡Lo sabía! ¡He ganado! – Grito Sirius.

- Muy bien, Canuto – Dijo Remus – Lastima que nadie haya apostado.

Sirius hizo un mohín mientras los demás se reían.

Mientras tanto, algo parecido sucedía en la primera generación.

- Lo sabíamos - Gritaron James y Canuto.

- Nadie les discutió que fuera ella - les recordó Lily haciendo que se enfurruñaran.

- Un momento, ¿Usted es un gato? Es su forma animaga – Dijo Canuto sonriéndole – Minnie es un gato, Minnie es un gato… pero un momento – Paro de cantar su ridícula canción, para pensamiento de muchos y miro a la profesora - ¿Minnie no es un ratón? – Preguntó haciendo que las mujeres lo vieran mal, pero algunos rieron por lo bajo, pero la profesora Mcgonagall los cayó a todos con una mirada como de que estaba a punto de lanzarle una maldición imperdonable.

- Si no cierra la boca, señor Black, no me molestare en convertirlo a usted en un ratón – Dijo y miro a Canuto, quien por su parte se sentó en silencio, pero sonriendo igual que todos.

Mientras tanto en la tercera generación, todos tenían el mismo pensamiento, les parecía increíble que aquella mujer que era la directora de Hogwarts tuviera aquella forma animaga de la que tanto recordaban y por eso le tenían un inmenso cariño.

Se volvió para sonreír al gato, pero éste ya no estaba. En su lugar, le dirigía la sonrisa a una mujer de aspecto severo que llevaba gafas de montura cuadrada, que recordaban las líneas que había alrededor de los ojos del gato. La mujer también llevaba una capa, de color esmeralda. Su cabello negro estaba recogido en un moño. Parecía claramente disgustada.

- Por supuesto que estaba disgustada. Observar a esos muggles horrendos todo el día fue suficiente para mí - Pensó Minerva contrariada

— ¿Cómo ha sabido que era yo? —preguntó.

—Mi querida profesora, nunca he visto a un gato tan tieso.

Las mejillas de Mcgonagall se tiñeron de rojo y todos se rieron por lo bajo hasta que Astoria no aguanto más dejando a varios sorprendidos al escuchar a una chica de Slytherin reír de una forma abierta y dulce, sin símbolo de sarcasmo, cuando se dio de cuenta que se reía más alto que los demás, dejo de hacerlo y pidió perdón sonrojada, haciendo que Draco se quedara mirándola embobado mientras Theo y Blaise lo veían divertido.

—Usted también estaría tieso si llevara todo el día sentado sobre una pared de ladrillo —respondió la profesora Mcgonagall.

- Yo estaría muy adolorida – Dijo Ginny.

Hermione estuvo de acuerdo recordando el fuerte dolor de espalda que tenía luego de que fue despetrificada, por suerte Madame Pomfrey lo soluciono con una poción, pero sí tuvo que aguantarse el dolor como por una hora.

— ¿Todo el día? ¿Cuándo podría haber estado de fiesta?

- ¿Te imaginas a Minnie de fiesta, Gred? – Pregunto George. Todos trataron de imaginárselo al instante, Mcgonagall, con túnica y su moño, se les vino, bailando sobre una barra de bar.

La carcajada fue tal que muchos, acabaron en el suelo, revolcándose. Los demás se sujetaban de las costillas mientras que algunas chicas se apoyaban en sus parejas que las abrazaron mientras seguían riendo y sonriendo.

Debo de haber pasado por una docena de celebraciones y fiestas en mi camino hasta aquí.

- Y no era para menos – Aseguró la mujer, aun después de años le parecía reprobable las acciones de los magos ese día.

Por su parte, en la segunda generación tanto Moody como otros aurores negaban con la cabeza, demostrando que no aprobaban el comportamiento de los magos que hicieron esas fiestas.

Mientras tanto, varios de los presentes bajaron la cabeza en señal de melancolía, increíble que sin saber, estaba no solo celebrando la muerte o desaparición de Voldemort, sino también de esa pareja dejando a un niño sin sus padres, niño que en este momento no se encontraba allí, pero que seguro estaría muy molesto al escuchar que hacían fiesta el día en que sus padres murieron.

Por otro lado en la tercera generación, todos estaban en silencio viendo a la pequeña pelirroja Potter, se le podía ver muy molesta, al igual que sus hermanos, después de todo, se trataba de su padre y la muerte de sus abuelos.

La profesora Mcgonagall resopló enfadada.

- Y no era para menos - aseguro la mujer, aun después de años le parecía reprobable las acciones de los magos ese día.

Harry le sonrió levemente a su querida figura de abuela, que le devolvió la sonrisa.

—Oh, sí, todos estaban de fiesta, de acuerdo —dijo con impaciencia—. Yo creía que serían un poquito más prudentes, pero no... ¡Hasta los Muggles se han dado cuenta de que algo sucede! Salió en las noticias. —Terció la cabeza en dirección a la ventana del oscuro salón de los Dursley—. Lo he oído. Bandadas de lechuzas, estrellas fugaces... Bueno, no son totalmente estúpidos. Tenían que darse cuenta de algo. Estrellas fugaces cayendo en Kent... Seguro que fue Dedalus Diggle. Nunca tuvo mucho sentido común.

- Por eso me cae tan bien – Dijeron los gemelos Prewett y los merodeadores.

Mientras tanto en la segunda generación, todos los que le conocían asintieron con la cabeza sonriendo, Diggle era un buen hombre pero era muy... peculiar.

—No puede reprochárselo —dijo Dumbledore con tono afable—. Hemos tenido tan poco que celebrar durante once años...

Los adultos que habían vivido esa época asintieron, fueron tiempos terribles. Los alumnos no eran capaces de imaginar lo que muchos habían tenido que vivir. Once años en guerra, temiendo por tu familia.

—Ya lo sé —respondió irritada la profesora Mcgonagall—. Pero ésa no es una razón para perder la cabeza. La gente se ha vuelto completamente descuidada, sale a las calles a plena luz del día, ni siquiera se pone la ropa de los Muggles, intercambia rumores...

- Eso es cierto – Dijo Molly estando de acuerdo – Fue un poco irresponsable actuar de esa forma en barrios Muggles. Podríamos haber celebrado en sitios completamente mágicos, como el Callejón Diagon o Hogsmade.

Mientras tanto en la primera generación, algunos estaban expectantes al saber lo que iba a suceder.

- Bueno creo que aquí empieza lo interesante - Comento Ted Tonks.

- Si querido, y dudo que seas el único que lo quiere saber, así que por favor deja que sigan leyendo - Dijo su esposa con un poco de enojo.

Lanzó una mirada cortante y de soslayo hacia Dumbledore, como si esperara que éste le contestara algo. Pero como no lo hizo, continuó hablando. —Sería extraordinario que el mismo día en que Quien-usted-sabe parece haber desaparecido al fin, los Muggles lo descubran todo sobre nosotros. Porque realmente se ha ido, ¿no, Dumbledore?

- ¡Si! Por supuesto que se ha ido - Saltó Umbridge quien estaba alterada por llevar mucho rato siendo ignorada por todos. Percy estaba de acuerdo con ella, él siempre había pensado que Potter mentía cuando decía que el innombrable había regresado.

- Umbridge, esta es su segunda advertencia, a la próxima la castigare sino mantiene la boca cerrada, lo que dice el libro es cierto, cualquiera que lo niegue solo quedará como un imbécil – Dijo el desconocido mirando a todos los presentes.

Mientras en la tercera generación, estos negaban al saber que no se había ido, que pronto regreso y trajo consigo guerra y muerte.

—Es lo que parece —dijo Dumbledore—. Tenemos mucho que agradecer. ¿Le gustaría tomar un caramelo de limón?

- ¿Un qué? – Preguntaron muchos nacidos de magos.

Algunos iban a contestar, pero Albus se rio por la frase que venía.

— ¿Un qué?

Los nacidos de magos sonrieron. Muchos fueron los que soltaron risitas por la coincidencia.

—Un caramelo de limón. Es una clase de dulces de los Muggles que me gusta mucho.

- ¿Y prefiere esos dulces antes que todos los dulces mágicos que tenemos? – Dijeron incrédulos muchos.

- Son los preferidos de Dumby – Dijo Sirius sonriendo divertido a su amigo Remus que sonrió devuelta mientras Tonks los observaba.

Mientras tanto en la primera generación, tanto los merodeadores como los Prewett asentían.

- Sip, eso es elemental, al profesor le gusta mucho esos dulces, es porque siempre se le debe llevar algunos para cuando McGonagall nos mandaba con él para que nos castigará, cosa que nunca pasaba – Dijeron los bromistas mientras la mayoría sonreía divertido bajo la mirada airada de McGonagall.

—No, muchas gracias —respondió con frialdad la profesora Mcgonagall, como si considerara que aquél no era un momento apropiado para caramelos

- Muy apropiado no era, profesor – Dijo Canuto.

- ¿Así que estás de acuerdo con Minnie, Canuto? – Se burló Lunático.

- ¡No! – Se horrorizo- Bueno, sí. No. Cállate, Lunático.

Todos se rieron por las ocurrencias de los merodeadores.

—. Como le decía, aunque Quien-usted-sabe se haya ido...

—Mi querida profesora, estoy seguro de que una persona sensata como usted puede llamarlo por su nombre, ¿verdad? Toda esa tontería de Quien-usted-sabe... Durante once años intenté persuadir a la gente para que lo llamara por su verdadero nombre, Voldemort.

Todos, exceptuando a los que no temían al nombre retrocedieron asustados.

- Aunque ese no es su verdadero nombre – Dijo Ron.

- Tiene razón, señor Weasley – Dijo Dumbledore.

Mientras tanto en la primera generación todos estaban de acuerdo con lo que decía Dumbledore en el libro.

- Será difícil que lo consiga – Habló Frank - La profesora es muy poderosa, pero siempre tiene sus reservas cuando se trata de Voldemort.

- Pero es cierto, ese es solo un simple nombre, es estúpido temerle a eso – Aseguró Lily segura de sí ganándose un beso de su azabache.

Mientras la tercera generación tenía su opinión.

- Eso es verdad, no hay razón para temerle a un nombre, asco te creo ¿pero miedo? — Dijo Albus Potter.

—La profesora Mcgonagall se echó hacia atrás con temor, pero Dumbledore, ocupado en desenvolver dos caramelos de limón, pareció no darse cuenta—. Todo se volverá muy confuso si seguimos diciendo «Quien-usted-sabe». Nunca he encontrado ningún motivo para temer pronunciar el nombre de Voldemort.

—Sé que usted no tiene ese problema —observó la profesora Mcgonagall, entre la exasperación y la admiración—. Pero usted es diferente. Todos saben que usted es el único al que Quien-usted... Oh, bueno, Voldemort, tenía miedo.

—Me está halagando —dijo con calma Dumbledore—. Voldemort tenía poderes que yo nunca tuve.

- Solo porque usted no es un loco desnarizado que se cree el mejor mago del mundo – Dijo Ginny, los gemelos Weasley chocaron la mano con su hermanita, igual que Sirius y Remus, mientras que todos reían, menos algunos pocos.

—Sólo porque usted es demasiado... bueno... noble... para utilizarlos.

- Me quedo con lo que dijo Ginny – Dijo Ron riendo a lo que muchos estuvieron de acuerdo.

—Menos mal que está oscuro. No me he ruborizado tanto desde que la señora Pomares me dijo que le gustaban mis nuevas orejeras.

El Gran Comedor se llenó de risas mientras McGonagall le lanzaba una mirada dura al director y Pomfrey se ruborizó y bajó la mirada. Las risas parecían no cesar y el director tuvo que interrumpirles.

- Ja, sería divertido ver al loco de nuestro director sonrojado - Comento Sirius sin pensar.

- Sirius - Dijo Remus señalando con la cabeza al anciano con la cabeza.

- Ay, lo siento, profesor Dumbledore – Se disculpó Sirius.

- Oh no hay problema, señor Black - le aseguro - Estaba distraído y no logre oír nada de su loco director - Todos rieron ante su comentario, incluso Sirius sonrió a pesar de que estaba un poco avergonzado por lo que había dicho.

Mientras tanto en la primera generación, algunos tenían para opinión de esto.

- Nosotros estuvimos ahí cuando paso – Dijo Fabian.

- Fueron años de pesadillas – Dijo Gideon.

- Si – Respondió Fabian.

La profesora Mcgonagall le lanzó una mirada dura, antes de hablar.

- Vamos Minnie no sea tan dura – Dijo Canuto ganándose una mirada severa de la profesora.

- Black, se lo advierto – Contesto ella mirándolo.

—Las lechuzas no son nada comparadas con los rumores que corren por ahí. ¿Sabe lo que todos dicen sobre la forma en que desapareció? ¿Sobre lo que finalmente lo detuvo?

Las risas se apagaron tan rápido como habían surgido y, solo aquellos con más tacto, intentaban no decir nada.

Parecía que la profesora Mcgonagall había llegado al punto que más deseosa estaba por discutir, la verdadera razón por la que había esperado todo el día en una fría pared pues, ni como gato ni como mujer, había mirado nunca a Dumbledore con tal intensidad como lo hacía en aquel momento.

Mcgonagall asintió de acuerdo con el libro. Estaba deseosa de discutir la verdadera razón por la que Voldemort desapareció.

Era evidente que, fuera lo que fuera «aquello que todos decían», no lo iba a creer hasta que Dumbledore le dijera que era verdad.

Una vez más, Mcgonagall asintió.

Dumbledore, sin embargo, estaba eligiendo otro caramelo y no le respondió.

- Siempre destete esa actitud relajada suya profesor - Comento Sirius con sinceridad - Es genial, pero un poco desesperante

- No debemos de perturbarnos por las cosas que pasan señor Potter – Dijo Dumbledore.

- Algo parecido hace Harry, pero con él es aún peor ya que él es demasiado tranquilo en cuanto a los momentos de tensión se refiere, es fuego cuando reacciona, pero hielo cuando no – Dijo Ron mientras los que conocían a Harry.

—Lo que están diciendo —insistió— es que la pasada noche Voldemort apareció en el valle de Godric. Iba a buscar a los Potter. El rumor es que Lily y James Potter están... están... bueno, que están muertos.

- ¡NO! - Se escucho un grito desgarrador, la mayoría de los presentes conocían de alguna forma a la pareja, y por el poco o el mucho cariño que les tenían, la noticia fue más que perturbadora.

- ¡No, no, no, eso no puede ser posible! - Decía Canuto mientras se paraba y caminaba por el lugar.

- Sirius cálmate - Dijo Lupin poniéndose de pie también, aunque sentía la misma frustración que su amigo.

- ¿Cómo quieres que me calme? Esto es una porquería, y no importa que se una grosería, profesora - afirmo antes que le dijera algo, pero no lo haría, no podía evitar recordar el dolor y la angustia que sintió aquel día - ¡Ellos, ellos no pueden estar muertos, no pueden…! - unas lágrimas traicioneras comenzaron a escapar de sus ojos, ellos y Remus eran, son y serian su mejor familia, no podía aceptarlo.

- Sirius esto no es una mentira - le aseguro corriendo el riego de ser golpeado - Quienes enviaron esto no habrían puesto algo así si fuera mentira, a todas luces esta es una de las cosas que debemos cambiar, entiendes - esas últimas palabras parecen que los tranquilizaron.

Los Sres. Evans y Potter lloraban por sus hijos, pues les dolía saber que dentro de unos años sus hijos morirían. Frank, Pandora, Alice y Marlene también lloraban por sus amigos, pues eran unas grandes personas y morirían injustamente solo por una estúpida guerra. Xeno y Narcissa estaban tristes, aunque no los conociera mucho, no les deseaban la muerte pues se veían que eran unas buenas personas.

Cuando los dos hombres voltearon notaron como sus amigos se encontraban peor que ellos, Lily sollozaba sin control sobre el pecho de James que hacia un intento por consolarla, pero el mismo estaba derramando lagrimas repitiendo "perdón", "era mi deber protegerte y falle", todos (a excepción de Malfoy) sentían como el corazón se le rompía al ver la escena, pero entonces a la pelirroja le llego un pensamiento.

- ¡Harry! - Dijo apresurada apartándose de James - Y Harry, ¿Qué paso con… con nuestro bebe?

- Ya lo averiguaremos, cariño – Dijo mientras se ponía de pie y se dirigía a un Sirius que no dejaba de caminar de un lado a otro.

Entonces Canuto sintió una mano posarse en su hombro, volteo y vio a James, este le sonrió un poco y asintió. Sirius abrazo James, como si temiera que este se fuera a ir si lo soltaba. Después de un rato se separaron.

- ¡Escúchame bien cuatro ojos! – Exclamo, todos se sorprendieron de cómo llamo Canuto a James - ¡Vamos a hacer hasta lo imposible por cambiar esto, vamos derrotar a ese estúpido e inútil de Voldemort y créeme que si mueres, yo mismo iré tras de ti, te revivió y te mato yo mismo! ¡¿Entendiste?!

- ¡Si señor! – Gritó James, haciendo un saludo militar. Y todos empezaron a reír. Esos dos nunca cambiarían, no importaba que pasara, esos dos siempre estarían bromeando - ¡Ven dame un abrazo, perro sarnoso! ¡Ven Lunático, que tú también eres mi hermano! – Lunático se levantó y se dieron un abrazo grupal entre los tres. Una vez separados James fue junto a Lily.

Mientras tanto en la segunda generación, todos estaban en silencio, Albus había perdido su brillo en sus ojos azules, Minerva, Sprout, Binns, Flitwick y Hagrid también lloraban pues eran dos de sus mejores alumnos y dos chicos maravillosos, aunque a veces James les había sacado canas verdes por sus travesuras. Los demás estaban tristes, pues no podía creer que unos chicos tan jóvenes hubiese o fueran a morir.

Sirius y Remus, en tanto, mantenían sus manos sobre la cabeza; recordando ese fatídico día. Tonks, para tranquilizarlos, les sacó las manos de la cabeza y se las tomó, infundiéndoles ánimo. Ellos le agradecieron el gesto, sonriendo. Los Weasley lloraban sabiendo lo que eso había causado, que Harry se hubiese quedado sin padres y viviese una vida como la que vivió.

En la tercera generación había absoluto silencio. No se oía nada en la sala, pues todos estaban en shock. Si alguien hubiera entrado en ese momento creerían que ellos eran estatuas, pues nadie se movía, ni hacia gesto alguno.

Los del futuro estaban todos callados esperando a que alguien dijera algo, pero algunos solamente lloraban.

Dumbledore inclinó la cabeza. La profesora Mcgonagall se quedó boquiabierta.

—Lily y James... no puedo creerlo... No quiero creerlo... Oh, Albus...

- Muchas gracias profesora / Minerva / Minnie – Dijeron los Señores Potter, Evans, Lily y James.

- ¡James! – Regaño Lily aunque tenía una pequeña sonrisa, al igual que Mcgonagall.

Por su parte en la segunda generación, muchos en la sala dejaron escapar un gemido, ya conocían la noticia y sus mentes la habían asimilado pero no pudieron evitarlo. Los más cercanos a ellos que estaban en el lugar tuvieron que hacer un gran esfuerzo para reprimir las lágrimas y alguno no pudo contenerlas.

Dumbledore se acercó y le dio una palmada en la espalda.

—Lo sé... lo sé... —dijo con tristeza.

- Nadie lo creía – Dijo Sirius – Fui un idiota, fue mi culpa.

- No Black – Interrumpió Severus – El culpable fue…

- El culpable fue Voldemort – Dijo el desconocido mirando a Sirius y a Snape – Nadie más, así que les pido, por favor, que no se echen la culpa, además, no solo es él, también la rata.

La voz de la profesora Mcgonagall temblaba cuando continuó.

—Eso no es todo. Dicen que quiso matar al hijo de los Potter, a Harry.

- ¿A papá? – Dijeron los hermanos Potter preocupados, ellos no sabían porque ese maldito quería matar a su padre, pero ya se sabría.

Pero no pudo. No pudo matar a ese niño. Nadie sabe por qué, ni cómo, pero dicen que como no pudo matarlo, el poder de Voldemort se rompió... y que ésa es la razón por la que se ha ido.

Esa declaración sólo sirvió para que, nuevamente, los sollozos se tomaran el comedor.

Dumbledore asintió con la cabeza, apesadumbrado.

- Está vivo, está vivo James- – Dijo, eso los había relajado notablemente a la pelirroja que se acomodaba en su pecho- nuestro - Nuestro bebe está bien.

- El pequeño cornamenta es genial – Comentó Sirius para alegrar a sus amigos, aunque más que nada quería alegrase a él también.

- Pero, cómo, en el nombre en Merlín, mi nieto sobrevivió – Dijo Charlus Potter mientras veía a su hijo y futura nuera mientras abrazaba a su esposa.

Mientras en la tercera generación los hermanos Potter abrazaban a la pequeña Lily que estaba hecha un mar de lágrimas mientras sus primos y amigos la veían con tristeza.

– Mi papi, mi pobre papi, de razón siempre decía que la familia es lo primero, nosotros somos su familia – Dijo la pequeña tristemente mientras sus hermanos no estaban de igual.

— ¿Es... es verdad? —Tartamudeó la profesora Mcgonagall—. Después de todo lo que hizo... de toda la gente que mató... ¿no pudo matar a un niño? Es asombroso... entre todas las cosas que podrían detenerlo... Pero ¿cómo sobrevivió Harry en nombre del cielo?

—Sólo podemos hacer conjeturas —dijo Dumbledore—. Tal vez nunca lo sepamos.

- ¿En verdad no lo sabe profesora? - indago Remus viendo a Mcgonagall.

- No señor Lupin - le respondió - Sin duda, a lo largo de los libros se resolverán muchas incógnitas y se revelaran muchos secretos, lo mejor es que sigamos leyendo.

Dumbledore escucho aquello de una forma un poco distinta a los demás, secretos revelados, será acaso que en alguno de esos libros se descubra algo de su turbio pasado, sin duda sentía vergüenza de cómo había actuado en aquellos años, sabía que los presentes no lo juzgarían con tanta severidad. Solo alguien sabía su pasado, pero no le importaba.

La profesora Mcgonagall sacó un pañuelo con puntilla y se lo pasó por los ojos, por detrás de las gafas.

Lily miro a la profesora Mcgonagall sonriéndole un poco igual que James y Harry, ella les devolvió la mirada sonriéndoles igual.

Dumbledore resopló mientras sacaba un reloj de oro del bolsillo y lo examinaba. Era un reloj muy raro.

- Mejor no pensemos en las cosas raras que tiene – Dijo Sirius sonriendo – Dumbledore tiene muchas de esas y si empezáramos a mencionarlas no terminaríamos nunca – todos los que habían pasado alguna vez por el despacho del director, que eran casi la mayoría, asintieron y le dieron la razón en silencio.

Tenía doce manecillas y ningún número; pequeños planetas se movían por el perímetro del círculo. Pero para Dumbledore debía de tener sentido, porque lo guardó y dijo:

—Hagrid se retrasa. Imagino que fue él quien le dijo que yo estaría aquí, ¿no?

- Hasta Hagrid sale, ¿Por qué yo no tengo ni aun que sea un párrafo en el libro? – Preguntó Canuto tratando de aligerar el ambiente cosa que logro un poco.

—Sí —dijo la profesora Mcgonagall—. Y yo me imagino que usted no me va a decir por qué, entre tantos lugares, tenía que venir precisamente aquí.

—He venido a entregar a Harry a su tía y su tío. Son la única familia que le queda ahora.

- No – Dijo Molly - ¿Por qué no lo dejo con nosotros? Esos Muggles son terribles. Nosotros le hubiésemos dado lo que él merecía, afecto, cariño, protección, pero lo más importante, una familia. Dumbledore, se hubiese evitado aquella tragedia que cambio a Harry por completo.

Dumbledore había perdido por completo aquel brillo en los ojos, sin duda Molly tenía razón, pero lo hecho, hecho esta.

Mientras tanto, en la primera generación, la angustia embargo a la familia

- ¡No! – Exclamó, la angustia se volvió a apoderar de la mujer - ¡No puede decirlo en serio, ellos maltrataran a Harry como no tiene idea, no lo puede dejar ahí!

- Cálmese, señorita Evans - Le pidió McGonagall – Los sucesos que cuentan este libro aún no han pasado en este tiempo, estos libros están aquí para evitar que eso suceda.

- Pero no se pudo quedar con alguno de nosotros - Dijo Canuto - Podemos ser irresponsables- el castaño lo miro - Está bien puedo ser irresponsable, pero aun así estaría mejor con nosotros - eso aligero un poco el ambiente.

- No puedo responder a sus preguntas, joven Black, lo más recomendable es que continuemos.

— ¿Quiere decir...? ¡No puede referirse a la gente que vive aquí! —Gritó la profesora, poniéndose de pie de un salto y señalando al número 4—. Dumbledore... no puede. Los he estado observando todo el día. No podría encontrar a gente más distinta de nosotros. Y ese hijo que tienen... Lo vi dando patadas a su madre mientras subían por la escalera, pidiendo caramelos a gritos.

Molly volvió a fruncir el ceño. Desde luego, ese niño no le gustaba.

Mientras tanto en la primera generación, la mayoría de los presentes aún estaban preocupados, incluso Canuto dijo.

- Sigo pensando que por qué no lo dejaron con nosotros, incluso con uno de sus abuelos, ya sea con los Evans o Potter.

- No pudieron quedarse con él – Respondió McGonagall tristemente. Al escuchar esto James, Lily, Remus y Sirius se estremecieron, pues solo hay una razón por la cual Harry no se podría quedar con sus abuelos. Los cuatro mencionados empezaron a llorar y fueron a abrazar a sus respectivos padres (James, Remus y Sirius con los Potter y Lily con los Evans).

- ¡Ustedes no pueden estar mue… muertos! – Gritó James que estaba abrazando a su madre - ¡No me pueden dejar!

- ¡Es cierto, papá Charlus no puedes morir, me vas a dejar huérfano! – le grito Canuto a Charlus - ¡Y lo peor con estos cuatro ojos y con el señor chocolatín! – Termino de decir, tratando de aligerar el ambiente, que logro solo a medias.

- ¡Canuto! – Regañaron James y Remus dándole un zape cada uno.

- ¡Auch! Me van a deformar

- ¡Pues te lo mereces! – Dijeron los dos.

- Ya chicos no se peleen – Dijo Charlus – Además nosotros no vamos a morir, para eso estamos aquí, para evitar todos los desastres.

- Es cierto, así que dejen de llorar que todavía seguimos aquí – agrego Dorea, dándole un abrazo y un beso a cada uno de sus hijos.

Lily no había hablado en todo ese rato, no podía creer que su futuro fuera tan horrible, iba a perder a sus padres, también a su novio y para colmo su hijo tendría que quedarse con su hermana, que le va a ser la vida imposible, todo por ser un mago.

¡Harry Potter no puede vivir ahí!

- ¡En efecto! – Grito toda la sala.

James y Lily sintieron un renovado aprecio por su profesora, aun en ese preciso momento que ni siquiera conocía al niño, se preocupaba y cuidaba de él.

Mientras tanto en la segunda generación, la gran mayoría estaban de acuerdo con la profesora.

- ¡Eso! – Dijeron, la apoyaron muchos a coro.

- ¿Saben que eso ya ha pasado no? – Preguntó, ahora fue el turno de Neville de hacerse el listo y el resto de bajar la cabeza avergonzados.

—Es el mejor lugar para él —dijo Dumbledore con firmeza

- ¿Cómo va a ser ese el mejor lugar para él? ¡Por favor! - Dijo Molly con firmeza pensando que ella habría cuidado de Harry encantada. Sirius y Lupin asintieron con la cabeza mucho más energéticamente que el resto mientras se echaban la culpa a sí mismos por dejar a Harry con gente tan despreciable.

—. Sus tíos podrán explicárselo todo cuando sea mayor. Les escribí una carta.

- ¿Una carta? – Preguntó el comedor perplejo.

- ¿Es enserio? - Interrogó Seamus sorprendido.

- ¿Se ha vuelto loco? - Inquirió Neville, mirando anonadado al director.

- Por favor, profesor, ¿Realmente cree que puede explicar todo en una mísera carta? – Preguntó Tonks sorprendido de la ingenuidad del mago.

- Una carta no es el mejor medio para explicar porque razón un niño se tiene que quedar con ellos. Siempre es mejor decirlo en la cara - Dijo Molly, mirando severamente a Albus.

El director se encogió de hombros al tiempo que Sirius y Remus entrecerraban los ojos.

Mientras tanto en la primera generación, todos estaban anonadados.

- ¿Una carta? – Preguntó incrédula Pandora – Creo que el profesor fue muy confiado en eso – Y varios le dieron la razón.

— ¿Una carta? —repitió la profesora Mcgonagall, volviendo a sentarse—. Dumbledore, ¿de verdad cree que puede explicarlo todo en una carta?

- ¿Ven? Minnie está de acuerdo conmigo – Dijo Sirius, mientras los demás reían por sus ocurrencias.

¡Esa gente jamás comprenderá a Harry!

- Mi punto exactamente – Comentó Molly, mirando aprobatoriamente a Mcgonagall.

¡Será famoso... una leyenda... no me sorprendería que el día de hoy fuera conocido en el futuro como el día de Harry Potter! Escribirán libros sobre Harry...

- Cosas que si hicieron – Dijo Ginny, acordándose de varios libros que tenía sobre Harry Potter.

- La profesora es adivina – Dijo Ron.

- Ahora estamos leyendo libros sobre él – continuo Hermione.

- Descontando todos los que leíste antes – Dijo Neville sonriendo.

- Y los cuentos que inventaron, Ginny los tiene todos – Dijo sonriendo Bill que se había mantenido en silencio.

- ¡Bill! – Grito Ginny enojada y sonrojada.

Todos los niños del mundo conocerán su nombre.

Los merodeadores esbozaron una sonrisa engreída por lo que dijo, no conocían a Harry en lo absoluto, pero ya lo sentía parte de su muy extraña y particular familia.

Mientras que la tercera generación, todos empezaban a entender por qué Harry Potter era tan famoso, pero además por parecía reticente a las personas, él despreciaba a todos aquellos que se acercaban a él por su fama, ahora comprendían porque no les decía nada.

Mientras en la segunda generación, todos los alumnos de Hogwarts se mostraron de acuerdo con ella ya que, ciertamente, habían crecido escuchando su nombre.

—Exactamente —dijo Dumbledore, con mirada muy seria por encima de sus gafas—. Sería suficiente para marear a cualquier niño. ¡Famoso antes de saber hablar y andar!

- Oye, oye, espera – Dijo Remus – Para tu información Harry si hacia esas cosas, tampoco era recién nacido.

- Es cierto, tenía 15 meses, no 15 días – Dijo Sirius.

- Bueno, perdónenme, pero en mi defensa yo nunca había visto a Harry salvo por fotos que Minerva me mostraba – Dijo Dumbledore.

Los amigos le tuvieron que dar la razón.

Por su parte en la primera generación, todos estaban resignados.

- Aunque no quiera admitirlo, en eso puede que el profesor tenga razón – Aceptó con tristeza Lily.

¡Famoso por algo que ni siquiera recuerda! ¿No se da cuenta de que será mucho mejor que crezca lejos de todo, hasta que esté preparado para asimilarlo?

- Bueno – Dijo Marlene – Eso es cierto, ¡Pero aun así ese sitio no es el adecuado para un niño!

- ¿No era posible dejarlo con otra familia de magos que se comprometiese a alejarlo de la fama hasta que hubiese crecido lo suficiente? – Pregunto Alice.

La profesora Mcgonagall abrió la boca, cambió de idea, tragó y luego dijo:

—Sí... sí, tiene razón, por supuesto. Pero ¿cómo va a llegar el niño hasta aquí, Dumbledore? —De pronto observó la capa del profesor, como si pensara que podía tener escondido a Harry.

Todos se rieron ante la ocurrencia de Minerva.

—Hagrid lo traerá.

— ¿Le parece... sensato... confiar a Hagrid algo tan importante como eso?

—A Hagrid, le confiaría mi vida—dijo Dumbledore.

- Muchas gracias, profesor - le dijo con una sonrisa.

- Lo digo con sinceridad, viejo amigo – Reafirmó el anciano

—No estoy diciendo que su corazón no esté donde debe estar —dijo a regañadientes la profesora Mcgonagall—. Pero no me dirá que no es descuidado. Tiene la costumbre de...

Hagrid se removió incomodo en su asiento, él sabía que era bastante descuidado. Mcgonagall le pidió perdón con la mirada pero este negó con la cabeza, señal de que sabía que era cierto y que no le importaba.

¿Qué ha sido eso? Un ruido sordo rompió el silencio que los rodeaba. Se fue haciendo más fuerte mientras ellos miraban a ambos lados de la calle, buscando alguna luz. Aumentó hasta ser un rugido mientras los dos miraban hacia el cielo, y entonces una pesada moto cayó del aire y aterrizó en el camino, frente a ellos.

- ¿Mi moto? ¿Sera que es mi moto? – Se preguntó Sirius, pero sabía que lo averiguaría en breve

Por su parte, el Canuto de la primera generación estaba expectante. Siempre deseo tener una

La moto era inmensa, pero si se la comparaba con el hombre que la conducía parecía un juguete.

La gente rio con disimulo por esto. Sirius bufo de manera infantil, no le gustaba que dijeran que su moto era un juguete.

Era dos veces más alto que un hombre normal y al menos cinco veces más ancho. Se podía decir que era demasiado grande para que lo aceptaran y además, tan desaliñado... Cabello negro, largo y revuelto, y una barba que le cubría casi toda la cara. Sus manos tenían el mismo tamaño que las tapas del cubo de la basura y sus pies, calzados con botas de cuero, parecían crías de delfín.

- Es Hagrid – Dijo todo el comedor riendo ante la descripción de Hagrid, provocando que ese se sonrojara.

- ¿Crías de delfín? – Rio Tonks – Merlín, estas descripciones son geniales.

Remus se le quedó mirando con cariño al verla sonreír.

- Sin duda estuvo muy buena – Dijo Neville.

- Definitivamente estas descripciones son fabulosas – Dijo Fred riendo, siendo acompañado por su gemelo y muchos otros.

- Oye Herms – Susurró Ron – ¿Crees que así nos describa a nosotros?

- Lo más seguro es que si Ron – Dijo y los dos se pusieron un poco pálidos.

En sus enormes brazos musculosos sostenía un bulto envuelto en mantas.

- Mi bebe – Susurro Lily con lágrimas en los ojos mientras James la abrazaba. Por otra parte muchas soltaron un suspiro imaginándose a un bebe removiéndose en unas mantas.

—Hagrid —dijo aliviado Dumbledore—. Por fin. ¿Y dónde conseguiste esa moto? —Me la han prestado; profesor Dumbledore —contestó el gigante, bajando con cuidado del vehículo mientras hablaba—. El joven Sirius Black me la dejó.

- ¡TENGO UNA MOTO! – Exclamó Canuto mientras empezaba hacer un baile ridículo haciendo reír algunos – Después de que Lily y mamá Dorea dijeron que no iba a tener ninguna moto ¡si pude conseguirla!

- Sirius Black – Gritaron las dos pelirrojas – O te callas y te sientas o tu sueño de tener una moto se desvanecerá – Dijo Dorea y Canuto como un resorte se sentó, causando la risa de todos los presentes incluyendo la de su contraparte del presente.

Por otra parte en la segunda generación, Sirius sonrió con nostalgia.

- Mi moto, recuerda que Lily casi me despelleja vivo cuando saque a Harry a pasear cuando eras bebe.

Algunos rieron por la anécdota, otras como Molly y algunas comenzaron a reñirle hasta que se continuó la lectura.

Lo he traído, señor.

— ¿No ha habido problemas por allí?

—No, señor. La casa estaba casi destruida, pero lo saqué antes de que los Muggles comenzaran a aparecer.

Moody asintió, aprobando el acto de Hagrid.

Se quedó dormido mientras volábamos sobre Bristol.

Nuevos sonidos provenientes de las féminas, tales como "Aww".

Dumbledore y la profesora Mcgonagall se inclinaron sobre las mantas. Entre ellas se veía un niño pequeño, profundamente dormido.

- Que tierno - Murmuraron varias chicas, entre ellas Ginny.

Ginny sonrió con mucha ternura al imaginarse a un Harry de bebe.

- Que tierno – Susurró sonriendo.

Bajo una mata de pelo negro azabache, sobre la frente, pudieron ver una cicatriz con una forma curiosa, como un relámpago.

- Mi pobre bebe, tan pequeño y ya con una cicatriz – Dijo Lily llorando en el pecho de su novio mientras este la consolaba y a su vez intentaba no pensar en su propio dolor.

— ¿Fue allí...? —susurró la profesora Mcgonagall. —Sí —respondió Dumbledore—. Tendrá esa cicatriz para siempre. — ¿No puede hacer nada, Dumbledore? —Aunque pudiera, no lo haría. Las cicatrices pueden ser útiles. Yo tengo una en la rodilla izquierda que es un diagrama perfecto del metro de Londres.

- Creo que no era necesaria la imagen mental – Dijeron algunos.

- Eso debe de servirle mucho cuando viaja por medios Muggles – Dijo Luna.

- Así es, señorita Lovegood – Respondió el director sonriendo.

- ¿Es enserio? – Pregunto Sirius.

Dumbledore hizo el ademan de subirse la túnica pero tanto el gran comedor lo interrumpieron.

- Vale, vale. No hace falta, le creemos – Dijeron algunos incluyendo Sirius mientras algunos se tapaban los ojos con las manos teatralmente.

Dumbledore se rio entre diente y soltó la túnica, que cayó hasta el suelo.

Bueno, déjalo aquí, Hagrid, es mejor que terminemos con esto.

Dumbledore se volvió hacia la casa de los Dursley

— ¿Puedo... puedo despedirme de él, señor? —preguntó Hagrid. Inclinó la gran cabeza desgreñada sobre Harry y le dio un beso, raspándolo con la barba.

- ¡Aw! – Chillaron las chicas.

- ¡Es adorable! - Exclamaron Hermione, Ginny y la señora Weasley, entre otras.

Entonces, súbitamente, Hagrid dejó escapar un aullido, como si fuera un perro herido.

- ¿Cómo hocicos? – Dijo Lunático, luego rio junto a Cornamenta al ver la mirada asesina que le dirigió su amigo.

Mientras que en la segunda generación, Sirius estaba algo indignado.

- ¡Ey! - Profirió Sirius ofendido - Me ofende esa frase.

- Sirius, no hables de más - Le dijo Remus seriamente al ver que la mesa de Gryffindor se encontraba mirándolo curioso, a excepción de quienes lo sabían.

Sirius se calló al instante.

— ¡Shhh! —dijo la profesora Mcgonagall—. ¡Vas a despertar a los Muggles!

—Lo... siento —lloriqueó Hagrid, y se limpió la cara con un gran pañuelo—. Pero no puedo soportarlo... Lily y James muertos... y el pobrecito Harry tendrá que vivir con Muggles...

Muchos bajaron la cabeza. Remus y Sirius se castigaban a sí mismos haber dejado que Peter les traicionara y por dejar a Harry viviendo con esos muggles, algunas veces Harry les decía que él no quiere cometer sus errores, por eso eran pocas las personas que confiaba, pero no la tenían por completo porque nunca confío en nadie.

—Sí, sí, es todo muy triste, pero domínate, Hagrid, o van a descubrirnos —susurró la profesora Mcgonagall, dando una palmada en un brazo de Hagrid, mientras Dumbledore pasaba sobre la verja del jardín e iba hasta la puerta que había enfrente. Dejó suavemente a Harry en el umbral, sacó la carta de su capa, la escondió entre las mantas del niño y luego volvió con los otros dos.

- ¡Piensa dejarlo ahí a la intemperie! - Dijo con desesperación la pelirroja Weasley menor viendo a su director.

- Seria descortés llamar a la puerta a esas horas – Dijo, fue su única excusa con la joven.

- Podría correr mil peligros ahí afuera, podría atacarlo un animal callejero pero "seria descortés llamar a la puerta" - Ironizo con enojo la pelirroja, hasta cierto punto era extraño que le hablara así al director.

- ¿Enserio pensaste en dejar a un niño en el umbral? – Preguntó Molly, fulminando a Dumbledore con la mirada.

- Les aseguro que Harry iba estar bien protegido – Dijo Dumbledore.

Pero ninguna mujer pareció tranquilizarse, así que Dumbledore se apresuró a leer.

Durante un largo minuto los tres contemplaron el pequeño bulto. Los hombros de Hagrid se estremecieron. La profesora Mcgonagall parpadeó furiosamente. La luz titilante que los ojos de Dumbledore irradiaban habitualmente parecía haberlos abandonado.

—Bueno —dijo finalmente Dumbledore—, ya está. No tenemos nada que hacer aquí. Será mejor que nos vayamos y nos unamos a las celebraciones.

- ¿SE FUERON? - Gritaron Molly, Hermione, Ginny y, para sorpresa de muchos, otras más.

- No puede ser tan…- Dijo, la señora Weasley se interrumpió al ser cogida de la mano por su esposo, luego de una mirada fulminante a Dumbledore.

—Ajá —respondió Hagrid con voz ronca—. Voy a devolver la moto a Sirius. Buenas noches, profesora Mcgonagall, profesor Dumbledore.

Sirius cambio su estado de ánimo. Si antes se encontraba total y absolutamente divertido. Ahora su expresión se había puesto sombría. Nadie quiso decir algo al haber esa expresión porque el hombre les atemorizaba.

Hagrid se secó las lágrimas con la manga de la chaqueta, se subió a la moto y le dio una patada a la palanca para poner el motor en marcha. Con un estrépito se elevó en el aire y desapareció en la noche.

—Nos veremos pronto, espero, profesora Mcgonagall —dijo Dumbledore, saludándola con una inclinación de cabeza. La profesora Mcgonagall se sonó la nariz por toda respuesta. Dumbledore se volvió y se marchó calle abajo. Se detuvo en la esquina y levantó el Apagador de plata.

Ese aparato en verdad sería muy útil pensó Tonks anotando mentalmente pedirle nuevamente un apagador como ese.

Lo hizo funcionar una vez y todas las luces de la calle se encendieron, de manera que Privet Drive se iluminó con un resplandor anaranjado, y pudo ver a un gato atigrado que se escabullía por una esquina, en el otro extremo de la calle. También pudo ver el bulto de mantas de las escaleras de la casa número 4.

—Buena suerte, Harry —murmuró. Dio media vuelta y, con un movimiento de su capa, desapareció.

- ¿Por qué lo dejo solo? – Gritaron los Potter, Evans, James y Lily – Es solo un bebe – Dijeron Lily, Elizabeth y Dorea echando chispas por los ojos.

Una brisa agitó los pulcros setos de Privet Drive. La calle permanecía silenciosa bajo un cielo de color tinta. Aquél era el último lugar donde uno esperaría que ocurrieran cosas asombrosas. Harry Potter se dio la vuelta entre las mantas, sin despertarse. Una mano pequeña se cerró sobre la carta y siguió durmiendo.

- Awww - Dijeron de nuevo las mujeres mientras dos parejas estaban hablando entre susurros.

- Mi bebe, tan hermoso y tierno – Dijo Lily con lágrimas en los ojos y ella y James se besaron orgulloso mientras veían al hijo que ellos, juntos, habían concebido.

Sin saber que era famoso, sin saber que en unas pocas horas le haría despertar el grito de la señora Dursley, cuando abriera la puerta principal para sacar las botellas de leche. Ni que iba a pasar las próximas semanas pinchado y pellizcado por su primo Dudley... No podía saber tampoco que, en aquel mismo momento, las personas que se reunían en secreto por todo el país estaban levantando sus copas y diciendo, con voces quedas: «¡Por Harry Potter... el niño que vivió!».

- Es el final del capítulo – Dijo McGonagall.

- Voy a matar a mi sobrino – Dijo Lily con una cara demoniaca.

- Yo te ayudare – Dijo James tranquilamente – Y ustedes chicos.

- Por supuesto – Contestaron Canuto y Lunático – Por cierto, ya entendí el significado del título - comentó Canuto.

Mientras tanto, en la segunda generación, Sirius tenía algo que comentar.

- No me parece justo que allá pasado eso.

- Ya te lo dije Canuto, es una de las cosas que debemos cambiar – Le respondió Remus.

- Sí, creo que tienes razón, Lunático – Dijo Sirius.

- Solo crees - Dijo Tonks con falso tono de indignación – Él siempre tiene razón, por eso es el cerebro del grupo.

Muchos sonrieron ante eso y por la expresión que había puesto el aludido, pero más de uno no pudo evitar notar como la joven salía a la defensa del hombre-lobo, parecía que ahí había algo más que se estaba gestando entre ellos.

- ¿Quién quiere leer? – Pregunto el director.

- Yo – Respondió Sirius – Si se trata de mi ahijado, quiero saberlo.

Mientras tanto, en la tercera generación se planteaban lo mismo, de quien leería ahora, pero la pequeña Potter tenía preguntas.

- Antes de eso, quiero saber una cosa – Dijo Lily Luna mientras miraba a su tía – ¿Quiero saber quiénes son estos sujetos donde mi papá lo dejaron, además del por qué nunca hemos oído hablar de ellos – Preguntó Lily, todos se giraron a verla, pero se sorprendieron al ver que tenía una mirada seria.

- Fue la única familia que tuvo, pero después de una tragedia, nunca se volvió hablar de ellos – Respondió Hermione mientras pensaba en la tragedia que hubo cuando Harry tenía 5 años.


Hola lectores! Aquí esta de nuevo esta historia reescrita. Es la típica historia de los libros, pero con algo de trama original. Espero les guste y me compartan su opinión, dependiendo de como les parezca la forma en que los estoy escribiendo, haré cambios durante la historia. Por ahora disfruten de la historia.

LewisNashSkoll