Disclaimer: El mundo de Harry Potter y sus personajes no me pertenece. Todo es basado en la historia de la aurora J.K. Rowling. Yo solamente hago uso de ellos creando historias, no busco animo de lucro.


Agradecimientos: Quiero darle un especial agradecimiento a Bel potter por permitirme basarme en su historia para hacer y continuar avanzando mi historia, también a todos los autores con los que me inspire para realizar esta historia, haré mi mayor esfuerzo para terminar todos los libros.


Lo escrito en negrita es sacado del libro Harry Potter y La Piedra Filosofal


Capítulo 3 - Las Cartas de Nadie

El profesor Flitwick estaba a punto de comenzar a leer cuando el desconocido que había permanecido en silencio todo el tiempo y solo se dedicó a comer, incluso así no se le pudo ver su rostro, dijo.

– Lamento interrumpir, pero ha llegado nuestro invitado especial, la persona que faltaba para estar presente en esta lectura, Harry Potter acaba de llegar y… al parecer traer invitados – Dijo el desconocido y en su voz parecía sentirse la burla y cierto grado de malicia.

Por la puerta del Gran Comedor, se abrió de golpe y entró por esta un chico alto de 15 años, atlético y algo musculoso, tenía su cabello largo suelto y algo desordenado, en vez de llevar el típico uniforme de Hogwarts con los colores de algunas de las casas, este llevaba una variación diferente al uniforme, en vez de los zapatos negros del uniforme usaba unas botas de cuero con punta de acero altas hasta casi la rodilla, tenía un pantalón negro y una camiseta blanca y en vez de una túnica, usaba una gabardina de cuero donde el interior era rojo y por fuera era negro, llevaba un collar con un símbolo extraño, era parecido a un ojo dentro de un triángulo, sus ojos verde esmeraldas mostraban en ese momento frialdad y serenidad a pesar de estar arrastrando a dos sujetos que pataleaban y pedían ayuda para que fueran liberados, el chico los lanzó frente a la mesa alta de los profesores que se pusieron de pie ante lo que veían, el chico no era más otro que Harry Potter, que en un gesto cínico y burlón hizo una burla a Dumbledore y al ministro y habló.

– Disculpe la demora, director, ministro, estaba en una misión que me fue encomendada por él – Dijo el ojiverde señalando al desconocido que se acercaba a él.

– ¡¿Qué significa esto?! ¡Potter, como te atreves a tratar así a estos funcionarios del ministerio…! – Dijo el ministro, pero fue callado por la mirada del chico que lo vio con una expresión de furia intensa, el chico saco un gran fajo de papeles y se los entregó al ministro, además de los aurores, principalmente a Alastor Moddy, eran copias de lo mismo que le había dado al ministro.

- Señores, lo que tienen en sus manos son pruebas físicas de los movimientos sucios que han sucedido en el ministerio, no de usted ministro, sino de altos funcionarios, como estos sujetos, en los papeles encontrarán pruebas de extorsión, sobornos, y más, pero esto solo pudo ser ordenado y bajo el mando de alguien que usted ministro no sospecharía, su valiosa inquisidora – Dijo el ojiverde mientras todos veían a la mujer con ojos furiosos que observaban al chico con ira.

- Es mentira, como siempre todo lo que dice es mentira… - Dijo, pero Harry alzó la mano y la mujer se cayó mientras estaba ahorcándola, alzó la mano y la mujer flotando se acercó a él y el chico extendió la otra mientras el desconocido le tendía una botella, el chico mostró la botellita a todos y dijo.

- Veritaserum, le suministraré esto en nombre del Wizengamot, y se procederá a interrogarla – Dijo Harry mientras vertía las tres gotas en la boca de la mujer y esta quedaba rígida y con la mirada perdida, Harry la soltó dejándola caer al suelo mientras caminaba en círculos como asechando a su presa – Diga su nombre y fecha de nacimiento para todos – Dijo el ojiverde mientras todos ponían atención dándose cuenta que con Harry había venido algunas otras personas en los que destacaban personas como Amelia Bones, jefa del Departamento de Leyes Mágicas, los eran miembros del Wizengamot, entre otros, estos se colocaron a los lados donde estaban Harry y Umbridge siendo interrogada, prestaban atenta atención al interrogatorio.

- Dolores Janes Umbridge Craknell, nacida el 26 de agosto de 1963 – Dijo la mujer con voz vacía.

- Díganos, ¿Qué actividades ilícitas a realizado en nombre del Ministerio? – Preguntó el ojiverde y Umbridge comenzó a soltar todo, loa crímenes iban desde sobornos, extorsiones, fraudes, estafas, tortura y asesinato de nacidos muggle y muggles, el robo del título del puesto del Wizengamot de los Selwin que se había perdido hacía tiempo, y otras atrocidades que dejaron aterrados incluso al mismo ministro, después de darle el antídoto a la mujer esta seguía diciendo que todo era un engaño del chico – Espero los miembros del Wizengamot presentes tengan presente los crímenes de esta mujer y que si necesita pruebas, estos dos son sus testigos, ahora sugiero el castigo máximo que solo el Wizengamot puede condenar – Dijo el ojiverde, nadie se atrevía a intervenir, ni siquiera Dumbledore ya que había perdido su puesto como Cabeza del Wizengamot y Jefe Supremo de ICM, todos los miembros del Wizengamot alzaron las varitas con chispas rojas demostrando su acuerdo – Dolores Jane Umbridge, se le condena al castigo máximo del Wizengamot, en cuanto a los otros se les condena a prisión perpetua en Azkaban, ¿Podrías hacerlo ya? – Preguntó el ojiverde al desconocido que asintió y puso su varita en la cabeza y comenzó a retorcerse del dolor mientras gritaba y minutos después la mujer se miró las manos y miró aterrada al ojiverde – Ahora vivirás como murió tu hermano, como una maldita Squib – Dijo Harry sonriendo de manera macabra mientras el desconocido la hacía desaparecer y unos aurores se llevaron a los dos hombres rumbo a Azkaban y algunos miembros del Wizengamot se quedaban – Eso es todo de mi parte por ahora, podemos proseguir con la lectura.

Los miembros de que se quedaron se sentaron con sus familiares, como Amelia Bones que se sentó con su sobrina Susan, se saludaron mientras el ojiverde se quedaba frente a la mesa hablando en susurros con el desconocido.

– Harry, no era necesario todo eso para castigar de esa manera a esa mujer… - Dijo Dumbledore, pero fue interrumpido por la risa del ojiverde.

– Y yo le dije hace tiempo que me importa una mierda lo que diga usted, con su estúpida ideología de dar segundas oportunidades y no castigar a los que lo merecen, conmigo las cosas son diferentes, yo no estoy aquí por usted, ni estoy para besar sus zapatos, como otros, yo no hago lo que es fácil o lo que es correcto, yo hago lo que es justo, sus ideas lo han llevado a cometer errores, recuerda lo que me paso, recuerda donde me dejo y donde pase un infierno por su culpa y la de otros imbéciles que tomaron malas decisiones, mis padres y yo tuvimos que cargar con las consecuencias es por eso que yo elegí aceptar que se leyeran estos libros – Dijo mirando a todos en la sala, con una mirada tranquila y serena, pero fría y de acero que no aceptaba intervenciones de nadie - Ahora por favor, podrían darme de comer he estado ocupado todo el día – Dijo el ojiverde mientras se iba a sentar en la mesa de Gryffindor junto a sus amigos.

Al llegar comenzó a saludar a sus amigos, a Ginny, pasando por los señores Weasley que lo saludaron felices y con mucho cariño, el ojiverde incluso se permitió abrazar a la señora Weasley que lo veía con mucho cariño, casi maternal, el señor Weasley estaba feliz de ver al chico, luego saludo a los hermanos Weasley con aprecio en cada uno de ellos, a excepción de Percy que estaba en mesa alta junto al ministro, el ojiverde siguió saludando Tonks con un abrazo, Remus y Sirius que lo veían fijamente, el ojiverde se sentó junto a Ginny y a su otro lado estaban Ron y Hermione mientras frente a él estaba Sirius y Remus, cuando tomo asiento, frente a él apareció una gran cantidad de alimentos que él con rapidez consumía.

– No puedes resistirte a hacer grandes entradas, ¿no, Harry? – Dijeron los gemelos Weasley con diversión y maravilla mientras el chico comía, este solo alzo los hombros como restándole importancia. Muchos lo veían comer, incluso les pareció divertido que tanto Sirius como Ron intentaron coger algo de la comida, pero el ojiverde les golpeaba la mano con fuerza mientras gruñía, al chico no le gustaba que tocaran su comida o le robaran algo, incluso si era tanta como la que había en la mesa, el chico después de comerse todo o cuando estuvo lleno los platos desaparecieron y el chico disfrutaba de un buen trozo de tarta de melaza, su favorita y luego los vio a todos que los estaban viendo sorprendidos, luego vio a su alrededor y dijo.

– ¿No creen que sería más cómodo leer en sillones amplios y cómodos o puffs? - Preguntó causando que todos lo vieran curiosos y extrañados.

- Tienes razón, Harry, por favor, pónganse de pie – Dijo el profesor Flitwick, todos se pusieron de pie, el pequeño hombre hizo desaparecer las mesas que fueron reemplazadas por cómodos sillones, Harry se sentó en uno que compartió con Ginny, Ron y Hermione y junto a este se sentó Sirius, Remus y Tonks, todos los Weasley y amigos de Harry se sentaron cerca de este mientras miraban hacía la mesa alta donde el profesor de encantamientos se disponía a leer, pero Sirius tenía algunas preguntas.

- Harry, si sabías sobre la lectura de estos libros, ¿Por qué no viniste antes? – Preguntó mientras el chico comía de su tarta de melaza.

- Porque tenía cosas que hacer, me contacté con el Wizengamot, les mostré las pruebas y los convencí de venir aquí para hacer juicio, y luego se enterarían de más cosas por medio de una lectura de libros, así que por eso no estuve al inicio de la lectura – Dijo el ojiverde sin dejar de ver su tarta, su padrino alzó una ceja y dijo.

- Si ibas hacer todo eso, ¿Por qué no nos contaste? – Preguntó el animago a lo que el ojiverde finalmente se giró a verlo y mirarlo con expresión vacía.

- Se lo conté a las personas necesarias, además, ¿Acaso ustedes me cuentan lo que hacen en la Orden? - Preguntó de manera retórica, pero Sirius se sintió un poco ofendido y excluido.

- No, pero sabes que Dumbledore… - Dijo Sirius, pero Harry lo interrumpió.

- Y a mí me importa poco lo que diga Dumbledore, ya les dije, yo hago las cosas pensando en el futuro, me deshice de Umbridge, ya no tenemos que aguantarla en el futuro, yo hago las cosas a mi manera, yo no les pido a ustedes que me digan lo que hacen, ni me interesa hacerlo, yo tomó mis propias decisiones, no las consulto con nadie, solo pido un consejo o una opinión y listo, o, ¿tu alguna vez has pensado las consecuencias de tus decisiones? – Preguntándole mientras lo veía de manera fiera, Sirius bajo la cabeza, ¿Acaso él pensó las consecuencias de perseguir a Peter? No, tenía un ahijado que cuidar maldita sea, Harry puede que lo haya perdonado, pero su error siempre estará ahí.

– Bien, Harry, te resumiré lo que han leído, leyeron cuando Dumbledore te dejo con los Dursley…

- La decisión más estúpida que tomó – Dijo Harry mirando al anciano director.

- Leyeron el cómo dormiste durante 10 años en la alacena…

- ¿10 años en ese hueco? Al fin me alegro de haber hecho lo que hice ese día, estoy seguro que el Harry de ese libro es más tranquilo que yo – Dijo Harry halagando al Harry del libro por su paciencia y aguante.

- Leímos sus momentos de magia accidental, pero, sobre todo, el cómo desapareció un vidrio liberando una boa y lanzándosela a tu primo y escapar, lo cual se demostró que habla cárcel…

- Que bien, espero que el Harry del libro sea bueno con las serpientes, porque yo me alegro mucho de haber conocido a Coalt – Dijo Harry sonriendo.

- Por cierto, ¿Dónde está? Note que no la traías contigo – Dijo Ginny sonriendo al hablar de la hermosa serpiente de Harry.

- La deje en el bosque prohibido para que cazara y se alimentara, además se la pasa aburrida aquí en el castillo solo cazando ratas – Dijo Harry divertido recordando una anécdota divertida en su tercer año.

- Y, para terminar, como siempre que hacías magia accidental, terminaste castigado en tu alacena – Dijo el desconocido mientras Harry solo bufaba.

- Castigado, eso parecía en el día, en las noches comenzaba la diversión mientras dormían, aunque me descubrieron y paso lo que paso – Dijo Harry sonriendo un poco, ya no se lamentaba o sentía culpa como antes sobre aquel incidente, incluso pareciera que se sentía … ¿orgulloso?

- Bien, pueden continuar la lectura – Dijo el desconocido mientras regresaba a su rincón y el profesor Flitwick estaba listo para comenzar a leer.

- Bien, el capítulo es… Las Cartas de Nadie

En la primera generación todos se habían puesto a conversar mientras la comida estaba lista, mientras comían comentaban sobre lo que había aparecido en los libros hasta ahora y sin duda, no podían estar más indignados y furiosos con Petunia, su esposo y su hijo, Lily no iba a perdonar tan fácil a Petunia por la forma que había tratado a su hijo, los padres de la chica también estaban molesta con su hija por la forma en que trataba a su sobrino, tendrían una charla muy fuerte con ella cuando terminarán los libros.

Por su parte James y los demás conversaban sobre el hecho que su hijo hablará pársel, les parecía inverosímil, pero era verdad, James no sabía cómo reaccionar al igual que sus amigos, pero Dorea y Charlus compartían miradas y en ellos estaba el entendimiento, había dos posibles razones para eso, magia muy oscura o ADN Slytherin escondido, en todo caso, lo averiguarían conforme avanzará la lectura.

Después de terminar de cenar, se sentaron de nuevo en los sillones cómodos y esta vez fue Dorea Potter la que leería esta vez, la mujer se sentó al frente tomó el libro y lo abrió, alzó una ceja y leyó. – Capítulo 3: Las Cartas de Nadie

En la tercera generación, los chicos se habían tomado un descanso, comieron algunas onces y hablaron entre ellos, sin duda estaban molestos por la manera en que esos Dursley habían tratado a Harry, más aún sabiendo que había pasado 10 años con ellos, aunque tenían la impresión que aún no había terminado de terminar de hablar de ellos y se sabrían muchas cosas.

Cuando ya estaban listo para seguir con la lectura, siendo ahora Victoire la que leyera, abrió el libro y leyó. – Las Cartas de Nadie

Los de la primera generación, algunos quedaron confundidos por el título.

- ¿Las cartas de nadie? - Preguntó curiosos Frank

- Probablemente sean las cartas de Hogwarts - Dijo Charlus Potter - Harry tiene 11 años, así que tiene que estar por llegarle, pero como Harry no sabe nada de la magia la carta no tiene remitente, por lo que creará que no son de nadie la carta.

- Siempre tuve la curiosidad de saber cómo hacían para mandarle la carta a un hijo de muggle, ellos podrían creer que es una broma - Dijo Frank curioso

- Viene un profesor de Hogwarts en persona - Dijo Lily como explicación - O un miembro del ministerio, en mi caso fue un miembro del ministerio.

- Podemos seguir leyendo, Dorea querida - Dijo la profesora a la mujer que asintió.

Mientras tanto en la segunda generación, todos quedaron pensativos ante el título.

- ¿Cómo que de nadie? - Se extrañó Neville.

- A lo mejor se refiere a la carta de Hogwarts - Dijo Dean encogiéndose de hombros.

- Pero solo se recibe una, y dice "cartas" - Replicó Seamus confundido.

Nadie supo responder aquella interrogante, pero sabían que Harry debía saber el motivo de ese título. Y en efecto cuando la gente lo miró, él hizo un gesto de impaciencia y rodó los ojos haciéndoles ver que a él no le había pasado eso, sino al Harry del libro. Después, le pidió al profesor que siguiese leyendo. Flitwick siguió sin demoras.

La fuga de la boa constrictora le acarreó a Harry el castigo más largo de su vida.

Sirius, Remus, Tonks y los señores Weasley apretaron los puños fuertemente; pero de momento, no quisieron emitir comentario alguno ni hacer nada. Querían leer cuál y qué tipo de castigo era antes de reaccionar.

- ¿Qué día es el cumpleaños de tu primo? - le preguntó Hermione inteligentemente.

- Como si recordará el cumpleaños de esa bola de cebo que debe estar pudriéndose - Dijo Harry soltando un bufido, todos soltaron un suspiro, resignados, al saber que no podían deducir cuanto tiempo paso castigado el Harry del libro.

Las caras de todos se oscurecieron al oírlo. ¡Aquello era tan injusto! Y más teniendo en cuenta que los Dursley sabían por qué sucedía y que Harry no podía controlarlo.

Mientras tanto, en la primera generación, los más cercanos a la pareja bufaron de molestia junto con ellos, no entendían como eran capaces de castigarlo por algo que no podía controlar.

Cuando le dieron permiso para salir de su alacena ya habían comenzado las vacaciones de verano y Dudley había roto su nueva filmadora, conseguido que su avión con control remoto se estrellara y, en la primera salida que hizo con su bicicleta de carreras, había atropellado a la anciana señora Figg cuando cruzaba Privet Drive con sus muletas.

- ¡Y seguro que ni le castigaron! - Se quejó Ginny.

- Que mocoso más irresponsable - Murmuró Molly. Ella y su marido no tenían mucho dinero para comprar regalos a sus hijos, pero se esforzaban en ellos. En cambio, Dudley tenía todo lo que quería y en una semana lo rompía.

Por parte, la primera generación también estaba indignada.

- Ese maldito cerdo mal educado – Increpó Andrómeda molesta.

- Ese mocoso necesitaba un ajuste de actitud – Comentó Gideon

- Como siempre yo te apoyo, hermano – Agregó Fabián.

- Pero que niño tan mal educado – Dijo Elizabeth enojada – No puedo creer que ese niño sea mi nieto.

- Lo sé, Lizzie, pero recuerda quien le enseño todo eso – Le dijo John, la mujer tuvo que darle la razón al hombre.

Harry se alegraba de que el colegio hubiera terminado, pero no había forma de escapar de la banda de Dudley, que visitaba la casa cada día. Piers, Dennis, Malcolm y Gordon eran todos grandes y estúpidos, pero como Dudley era el más grande y el más estúpido de todos, era el jefe.

- Una buena forma de verlo, a mí también me dio esa impresión - Dijo George, esa era la impresión que le había dado durante la lectura.

Los demás se sentían muy felices de practicar el deporte favorito de Dudley: cazar a Harry

Más gruñidos se escucharon a lo largo del comedor tras esa declaración. A nadie le estaba gustando la empezada del libro.

- ¡Albus! - Gruñó Minerva enojada en la mesa de profesores.

Dumbledore la miró con tristeza. No quería hablar de eso por el momento debido a que todo lo que había oído lo hacía sentir culpable, más aún con Harry despreciándolo por lo que hizo.

Mientras tanto, en la primera generación, todos estaban molestos por lo que se leía.

- Ese maldito hijo de perra – Comentó Canuto a lo que Remus lo vio extrañado por usar esa frase - ¿Qué?, Si lo digo yo, no está mal - Sus amigos negaron con la cabeza por sus estupideces.

- Señor Potter, usted que es miembro del Wizengamot y conoce las leyes, ¿hay alguna laguna legal que me permita vengarme de esos chicos? - Preguntó Lily lo más inocentemente posible.

- Lamentablemente no, querida - Contestó el hombre con una ligera sonrisa de diversión – Tendría que esperar a que se proponga una ley y eso tomaría años

- ¡Jo! - Protestó Lily haciendo morritos. James sonrió con una sonrisa orgullosa.

Por esa razón, Harry pasaba tanto tiempo como le resultara posible fuera de la casa, dando vueltas por ahí y pensando en el fin de las vacaciones,

Muchos asintieron con la cabeza, porque consideraron mejor salir a fuera que quedarse en casa de los Dursley.

cuando podría existir un pequeño rayo de esperanza: en septiembre estudiaría secundaria y, por primera vez en su vida, no iría a la misma clase que su primo.

- Pero, ¿Cómo se puede alegrar de eso? Su lugar es aquí en Hogwarts con los leones - Increpo con sorpresa un azabache.

- James, recuerda que no sabe de nuestro mundo - Le recordó la pelirroja haciendo que su novio se sonrojara.

Dudley tenía una plaza en el antiguo colegio de tío Vernon, Smelting. Piers Polkiss también iría allí. Harry en cambio, iría a la escuela secundaria Stonewall, de la zona.

- Pero si el Potter del libro acaba de cumplir once, se supone que vendrá a Hogwarts - Dijo confundido Zabini, era un chico de origen italiano, su padre fue mortifago, pero murió en la primera guerra después de nacer, su madre se casó varias veces, pero siempre sus esposos fallecían, todos la llamaban la "Viuda Negra" pero en realidad solo era simples accidentes, Blaise era uno de algunos de Slytherin que hablaban con Harry de manera directa y sin un tono despectivo.

- Piensa un poco Blaise - le contestó Theodore Nott era un chico que había crecido odiando a su padre, este era un mortifago que se salvó de Azkaban, pero el hombre ocultaba muchos secreto, pero la razón del odio de Theo hacia su padre era por que este había matado a su madre, Theo era uno de los pocos de Slytherin que le hablaba a Harry de manera amistosa - Potter se crio como un Muggle, ¿Cómo quieres que sepa que vendrá a Hogwarts si ni siquiera sabe que este colegio existe?

- Ah, claro - Dijo el moreno sonriendo.

Mientras tanto, en la primera generación.

- Por supuesto que no, irá a Hogwarts - Dijo James sonriendo orgullosos.

Sirius, Remus, James y los gemelos Prewett se pusieron firmes y empezaron a cantar el himno del colegio de forma solemne como si de un himno militar se tratase.

- Se han puesto a pensar que Harry no sabe nada de la magia y que por lo tanto no tiene ni idea de la existencia de Hogwarts – Dijo Marlene a los bromistas.

Los cinco hombres se congelaron en su sitio.

- De todas las injusticias que ha cometido Voldemort, el hecho de que un Potter no sepa de la existencia de Hogwarts es la peor - Dijo James molesto - Mi pobre niño, menos mal que pronto le llegará la carta.

- Si, Harry será de los de mi equipo - Intervino Sirius, todos le miraron sin comprender - Harry considerará más su hogar Hogwarts que la casa de sus tíos.

Lily y James se entristecieron por eso, su hijo se merecía tener la mejor vida de todas y sin embargo lo había pasado tan mal con los Dursley.

Marlene le dio una colleja al animago por haber dicho aquello, Sirius la miró molesta, pero reconoció que no debió haber dicho aquello.

Dudley encontraba eso muy divertido.

—Allí, en Stonewall, meten las cabezas de la gente en el inodoro el primer día — Dijo a Harry — ¿Quieres venir arriba y ensayar?

- Por supuesto que no – Exclamaron Dorea, Elizabeth, Lily, Marlene, Alice y Pandora, mirando indignadas al libro.

Muchos asintieron de acuerdo con ellas.

—No, gracias —respondió Harry—. Los pobres inodoros nunca han tenido que soportar nada tan horrible como tu cabeza y pueden marearse. —Luego salió corriendo antes de que Dudley pudiera entender lo que le había dicho.

- Muy buena esa – Felicitaron los gemelos riendo junto a los demás bromistas y la mayoría del Gran comedor.

- Eso sin duda son genes de merodeador – Dijeron los gemelos mientras Sirius y Remus asentían de acuerdo, ellos sabían que tanto le Harry del libro y el de esa sala tenían un poco de ese gen.

El Gran Comedor se llenó de risas rápidamente.

- ¡Esto es genial! El Harry del libro con diez años ya tenía más sentido del humor del que llegó a tener Lunático - Dijo sonriendo mientras Lupin bufaba.

McGonagall daba gracias que Harry estaba más interesado en conseguir tranquilidad y paz, por eso se esforzaba en aprender todo lo que pudiera, pero si enfocara todo ese ingenio y esfuerzo en bromas y travesuras sin duda sería el terror de Hogwarts y los gemelos sin duda serían sus más fieles secuaces, estaba segura que ella no podría dar abasto con tanto trabajo sin mencionar que nunca los atraparía, puede que supiera que eran ellos, pero de que le servía sino podía atraparlos.

Los gemelos, por otra parte, miraban interesados a Harry, tenían pensamientos parecidos a la profesora, pero a ellos les parecía muy interesante lo que pensaba el Harry del libro, pero ¿Pensaría así el Harry que estaba con ellos? Él no toleraba que se hicieran bromas a los inocentes, solo a los que se lo merecían, además de que había momentos para eso, pero sobre todo que no se debía desperdiciar tiempo en bromas sino en aprender, pero eso no negaba que al chico odiara las bromas, quizás le gustaran, pero prefería hacerse más poderoso que hacer bromas.

- Aunque no veo razón para que salieras corriendo – Dijo Draco Malfoy sonriendo, él conocía de cerca las burlas, pues en Slytherin no era bien visto que fuera demasiado inteligente, aunque a él las burlas le resbalaban. Abrió la boca para aclarar por qué. Porque había varios que lo miraban confundidos, pero fue interrumpido por alguien más.

- Porque tu primo podría estar hasta año nuevo pensando y no se enteraría de lo que le quisiste decir – Dijo Astoria, y le sonrió a Draco, en parte para disculparse por haberlo interrumpido y el chico solo le sonrió de vuelta al ver que habían pensado lo mismo. Blaise le dio un codazo en las costillas y sonrió burlón, pero el rubio no le hizo caso.

Mientras tanto, en la primera generación, los merodeadores reían orgulloso del ingenio de su hijo, sobrino y… en ese momento a un amigo le llego una duda.

- Oigan, Cornamenta, pelirroja – Los llamó y ambos voltearon a verlo - ¿Si cumplirán con su promesa? - ellos no entendían de lo que hablaba - Sí recuerden, cuando se hicieron novios me dijeron que si los dejaba de molestar sería el padrino de su primer hijo.

- ¡Ah eso! – Recordó Lily con una sonrisa – Bueno, el puesto le quedaría mejor a Remus - le envió una sonrisa traviesa - Pero está bien, si puedes ser su padrino.

Tanto él como el azabache festejaron la decisión de la joven, después de eso continuaron con la lectura

Un día del mes de julio, tía Petunia llevó a Dudley a Londres para comprarle su uniforme de Smelting, dejando a Harry en casa de la señora Figg.

- Ya va ver esa niña cuando regresemos – Dijo Elizabeth molesta – Yo no la eduque de esa forma.

- Él no ira a ese colegio, Harry irá al mejor colegio de magia del mundo - Dijo Fabian - Como nuestros sobrinos.

- Si, y estoy seguro de que serán amigos - Continuó Gideon - Y serán el grupo más rebelde y problemático de Hogwarts

- Cierto - Dijo James - Y junto con mi hijo serán la pesadilla de McGonagall

De repente James se encontró colgando por el tobillo.

Minerva daba ligeros toques con la varita para que el animago se moviera de un lado al otro de la estancia al cual chillaba y gritaba para que lo bajaran, Sirius, como buen amigo, lo intentó, pero acabó también colgado del tobillo por la profesora.

- Mas les vale educar a sus hijos para que no me den guerra o me aseguraré personalmente de castigarlos a ustedes cada vez que ellos se porten mal – Dijo McGonagall.

- Cuenta con nosotras, profesora - Dijo Marlene señalándose a sí misma y a Lily que asentía conforme con lo que decía su amiga.

La profesora hizo que James y Sirius dieran un par de vueltas por la habitación antes de dejarlos caer de cualquier manera en el suelo.

Aquello no resultó tan terrible como de costumbre. La señora Figg se había fracturado la pierna al tropezar con un gato y ya no parecía tan encariñada con ellos como antes. Dejó que Harry viera la televisión y le dio un pedazo de pastel de chocolate que, por el sabor, parecía que había estado guardado desde hacía años.

Molly y Remus arrugaron la nariz. La primera se prometió hacerle una tarta a Harry en cuanto pudiese y el segundo se lamentó por la pérdida del pastel de chocolate.

Aquella tarde, Dudley desfiló por el salón, ante la familia, con su uniforme nuevo. Los muchachos de Smelting llevaban frac rojo oscuro, pantalones de color naranja y sombrero de paja, rígido y plano. También llevaban bastones con nudos, que utilizaban para pelearse cuando los profesores no los veían.

Todos los alumnos estallaron a carcajadas.

- Después dicen que nuestra ropa es ridícula - Dijo Draco.

Todos, la mayoría con pesadez le dieron la razón, sin parar de reír.

Tras cinco minutos la lectura siguió.

Debían de pensar que aquél era un buen entrenamiento para la vida futura.

Los adultos del lugar negaron con la cabeza en señal de desaprobación.

- Esos profesores ineptos... ¡Alerta permanente! - Gritó asustando a muchos, menos a Harry que parecía aburrido con la lectura, los demás después del susto rieron.

- Por dios que ocurrencias de esos Muggle – Comentó McGonagall, varios estuvieron de acuerdo con ella.

- ¿Acaso son cavernícolas? - Preguntó Bill irritado, no creía posible tanta majadería.

- Yo George – Dijo George golpeándose el pecho con un puño y con voz golpeada - Tú Fred - añadió golpeando el pecho de Fred con el puño.

La carcajada que provocó eso fue monumental, y Sirius y Canuto parecían estar ladrando más que riendo.

Mientras miraba a Dudley con sus nuevos pantalones, tío Vernon dijo con voz ronca que aquél era el momento de mayor orgullo de su vida.

- ¿En serio? - Dijo escéptico George con una ceja alzada -. ¿Ese es su mayor orgullo?

- ¿El que el cerdo de su hijo lleve pantalones nuevos? - Dijo Fred.

Fingieron un estremecimiento y dijeron a la vez:

- Menos mal que nosotros apuntamos a algo más en la vida que ver a un cerdo con pantalones...

Tía Petunia estalló en lágrimas y dijo que no podía creer que aquél fuera su pequeño Dudley, tan apuesto y crecido. Harry no se atrevía a hablar. Creyó que se le iban a romper las costillas del esfuerzo que hacía por no reírse.

Todo lo contrario que en la sala. Los hombres reían rodando por el suelo, las mujeres reían con ganas, los ojos de Dumbledore brillaban con diversión y Alastor tenía una extraña mueca en su cara, que podía interpretarse como una sonrisa.

A la mañana siguiente, cuando Harry fue a tomar el desayuno, un olor horrible inundaba toda la cocina. Parecía proceder de un gran cubo de metal que estaba en el fregadero. Se acercó a mirar. El cubo estaba lleno de lo que parecían trapos sucios flotando en agua gris.

- Ewww - Dijeron muchos, en general del sector femenino.

— ¿Qué es eso? —preguntó a tía Petunia. La mujer frunció los labios, como hacía siempre que Harry se atrevía a preguntar algo.

- Por Dios, Petunia es tu sobrino - Se quejó John.

—Tu nuevo uniforme del colegio —dijo. Harry volvió a mirar en el recipiente.

- Su nuevo uniforme tiene que estar mojado y oler mal? - Preguntó Arthur extrañado - ¿Eso es típico de los uniformes muggles?

- Por supuesto que no - Protestó Hermione pareciendo furiosa – Solo que, al parecer, esa mujer no le compraba ropa a Harry, creo que puedo imaginarme que es ese intento de uniforme. Es que... Esos... ¡Agrrr! - Gruñó Hermione sin encontrar palabras - Al cerdo le compran uno nuevecito con frac y sombrero y yo que sé qué otras tonterías, ¡y con Harry ni se molestan en comprarle uno! ¡Aunque fuese de segunda mano o algo así!

- Lo peor es que no me sorprende después de todo lo que hemos oído - Bufó Sirius.

- Sí, pero uno podría pensar que intentarían guardar las apariencias para que nadie sospechase que tratan a su sobrino peor que a un perro - Dijo Remus y el animago se giró para mirarle mal - ¡Oh, no empieces, Canuto! ¡Ya sabes a lo que me refiero!

Nadie excepto Harry entendió este intercambio. ¿Empezar con qué? ¿De qué estaban hablando?

- ¿Podemos seguir? - Les llamó la atención Harry - Sabemos que no lo necesito el Harry del libro porque ira a Hogwarts así que no importa.

—Oh —comentó—. No sabía que tenía que estar mojado.

Eso hizo que todo el mundo estallase en carcajadas y Snape volvió a sonreír al recordar la manera de bromear de Lily. Arthur por otro lado sonrió con petulancia.

- Harry está de acuerdo conmigo – Dijo.

- Me encanta ese humor, Harry - Dijo Sirius tratando de dejar de reír.

- Buena esa – Felicitaron los gemelos entre risas.

- Si, aunque su tía no tenga cerebro para entender el sarcasmo – Dijo Tonks con una sonrisa.

Los Merodeadores, sus amigos y amigas no pudieron evitar girarse a ver a Lily que bajaba la cabeza avergonzada, ella daba siempre respuestas de ese tipo, sobre todo cuando James la invitaba de nuevo a salir, respuestas sarcásticas y mordaces. Sin duda la mujer le había heredado eso de su hijo.

—No seas estúpido —dijo con ira tía Petunia—

- Usted es la estúpida que no reconoce el sarcasmo - Dijo duramente Ginny.

Estoy tiñendo de gris algunas cosas viejas de Dudley. Cuando termine, quedará igual que los de los demás.

- ¡¿IGUAL?! ¡CLARO QUE NO QUEDARA IGUAL! – Exclamo Lily molesta.

- Tranquila, Lily, eso aún no ha pasado – Dijo James tratando de tranquilizar a su novia.

- Pues puede que aún no haya pasado, pero para nosotros si pasará y paso en el libro – Dijo Elizabeth – Así que cuando vea a esa niña le dejare en claro unas cuantas cosas.

Por su parte en la segunda generación.

- Maldita mujer - Dijo Molly con rabia - ¿Cómo puede tratar a su propio sobrino de esa forma? - todos asintieron de acuerdo

- Lo que me gustaría saber a mi es ¿POR QUÉ? - Dijo Tonks todos volvieron a asentir

Harry tenía serias dudas de que fuera así, pero pensó que era mejor no discutir. Se sentó a la mesa y trató de no imaginarse el aspecto que tendría en su primer día de la escuela secundaria Stonewall.

- No tendrá ningún aspecto porque Harry irá a Hogwarts - Habló Remus, rodando los ojos.

Muchos asintieron con la cabeza, de acuerdo con él.

Seguramente parecería que llevaba puestos pedazos de piel de un elefante viejo.

Todos se volvieron a reírse. Los pensamientos del Harry del libro eran muy divertidos y ayudaban a aligerar el ambiente, sin duda los pensamientos eran muy parecidos, pero escucharlos de un Harry muy diferente al de ese mundo era muy extraño, pero agradable. Por otro lado, los únicos que no reían eran los gemelos Weasley, muy extraño en ellos, pero es que en ese momento estaban ocupados apuntando esto para que no se les olvidase la idea que se las había ocurrido para un nuevo producto para su tienda de bromas.

Dudley y tío Vernon entraron, los dos frunciendo la nariz a causa del olor del nuevo uniforme de Harry. Tío Vernon abrió, como siempre, su periódico y Dudley golpeó la mesa con su bastón del colegio, que llevaba a todas partes.

- Ese niño ya me está cansando – Dijo Marlene.

- Tranquila, este seguro es el último capítulo que escuchamos sobre él y su familia – Trato de animarla Alice.

- No estaría tan seguro, cariño – Dijo Frank – Todavía nos falta otro capítulo donde aparecen ellos seguramente.

- Entonces ya no interrumpan para ya no escucharlos más - Dijo Pandora también ya harta de escuchar a esos Muggles.

Todos oyeron el ruido en el buzón y las cartas que caían sobre el felpudo.

—Trae la correspondencia, Dudley —dijo tío Vernon, detrás de su periódico.

- Vaya, hasta que va a hacer un poco de ejercicio - Ironizo Sirius

—Que vaya Harry

—Trae las cartas, Harry.

- Ah, eso ya me parece más normal - Gruñó, enfadado.

- Soy yo ¿o es la primera vez que le llama por su nombre? - Preguntó Fred.

- Sí, es la primera - Contestó Remus pensativo - Seguro que sólo le llama por su nombre cuando quiere algo.

—Que lo haga Dudley.

- ¡Sí! - Gritaron la gran mayoría.

- ¡Así se hace! - Le dijo Sirius.

—Pégale con tu bastón, Dudley.

- Ni te atrevas a pegarle a mi ahijado, Dudley - Torció Sirius.

- Maldita Morsa - Dijo Arthur con desprecio.

- Era de esperarse que dijera eso- Dijo Madame Pomfrey.

- Claro en lugar de decirle a su hijo que haga lo que se le pidió, lo incita a golpear a Harry - Dijo Molly.

- Quisiera saber qué demonios pasa por la cabeza de ese hombre - Dijo Tonks.

- Yo sencillamente no sé qué es lo peor que trate a un niño como un elfo doméstico o peor como un animal - Dijo McGonagall - O que este criando a su propio hijo para que sea un delincuente, porque eso es lo que va a pasar como esto siga así

- Las dos cosas están mal, Minerva- Dijo Kingsley.

Harry esquivó el golpe

- ¡Bien! - Exclamó el comedor, aliviado.

Y fue a buscar la correspondencia. Había tres cartas en el felpudo: una postal de Marge, la hermana de tío Vernon, que estaba de vacaciones en la isla de Wight; un sobre color marrón, que parecía una factura, y una carta para Harry.

- SIIII, HOGWARTS, HOGWARTS, HOGWARTS - Comenzaron a cantar y a aplaudir todos los estudiantes. Parecía que se encontraban de fiesta. Los profesores miraban con diversión a sus alumnos. No se podía negar, la situación lo ameritaba.

Por su parte, en la primera generación, todos estaban ansiosos.

- Le llegó la carta de Hogwarts - Dijo James emocionado y prestando toda su atención a la lectura en ese momento, aunque no era el único, Lily estaba tan ansiosa como él, quería saber cómo iba a reaccionar Harry probablemente no se lo creyera. Se cogieron de la mano esperando el momento.

Harry la recogió y la miró fijamente, con el corazón vibrando como una gigantesca banda elástica. Nadie, nunca, en toda su vida, le había escrito a él.

- Nadie - Se sorprendió Lily que se volteó a ver a sus amigos - ¿Y se puede saber en dónde diablos están ustedes?

- No lo sabemos Lily, recuerda que nada de eso ha ocurrido aun - Se defendió Remus.

- Pues ojalá sea por algo importante – Terminó la mujer.

Pero en la mente Alice Longbottom aparecía la misma pregunta que esos dos jóvenes se hacían, en donde diablos estaban y porque habían dejado desamparado al hijo de James y Lily Potter.

¿Quién podía ser? No tenía amigos ni otros parientes.

El estado de ánimo del comedor cayó abruptamente.

Perdón Harry. Si hubiese estado en libertad, nada de eso te hubiera pasado Pensó Sirius con tristeza.

Y le tengo envidia a Harry. Yo siempre estuve acompañado por mi familia y él no, ¡Cómo pude ser tan imbécil! Se regañó Ron con amargura.

¡Pobre Harry! Yo siempre quise hacer amigos, pero nunca los hice porque era muy mandona… y él, aunque es simpático, no tenía a nadie por culpa de su primo Sollozó Hermione.

¿Por qué habré impedido que le enviaran cartas? Los ojos de Albus Dumbledore ya no brillaban.

Por tener esta maldita condición, Harry, el hijo de uno de mis mejores amigos, tuvo que pasar por eso... ¡Merlín! ¿Por qué dejaste que pasase por eso? Pensó Remus con amargura.

Harry, Harry, Harry, ¿Por qué te tuvo que pasar todo eso? Es inhumano lo que te hicieron, ¿Por qué Merlín? ¿Por qué dejaste que él pasase por eso? Es que no parece lo que mi madre me contó del famoso Harry Potter... ¡Diablos!... ¿Por qué tenía que sufrir así? Ginny trataba de no llorar.

¡Pobre de mi niño! Él pasando todas esas penurias mientras el mundo mágico hablaba del gran héroe. Si Lily y James estuviesen aquí, sí tan solo ellos hubiesen podido criar a su hijo... Meditó la señora Weasley a punto de llorar.

Esos muggles, los odio. No merecen ser personas. El señor Weasley apretó los puños.

Harry estaba mirando tranquilamente recostado en el sillón viendo el techo encantado que se ponía nublado sin prestar atención a su alrededor, el Harry del libro la tenía dura, pero si tan solo hubiese tenido la magia se hubiese librado de esos malditos Dursley, fue cuando sonrió y dijo.

– ¿Siempre me pregunte que paso con las cartas que nunca me llegaban? Apuesto a que mucha gente tanto al Harry del libro como a mí me escribieron mucho, ja, hubiese sido divertido ver esa cantidad de cartas, que pensaría mi yo de los libros, se volvería loco sin saber quiénes eran y por qué le escribían, jajaja – Dijo la mayoría a pesar que estaban tristes sonrieron, ese era el Harry de ellos, no se ocultaba en su tragedia, sino que siempre le veía el lado divertido a todo, aligero un poco la tristeza, pero la melancolía aún estaba allí.

Ni siquiera era socio de la biblioteca, así que nunca había recibido notas que le reclamaran la devolución de libros.

Sirius apretó los puños, enrabiado y recriminándose por haber sido tan estúpido al perseguir solo a aquella rata traidora.

Sin embargo, allí estaba, una carta dirigida a él de una manera tan clara que no había equivocación posible.

Señor H. Potter Alacena Debajo de la Escalera Privet Drive, 4 Little Whinging Surrey

- ¡Si! – Se alegró todo el comedor – ¡Es la carta de Hogwarts! – Exclamaron, pero sus gritos fueron interrumpidos por dos pelirrojas.

- ¿Si sabían dónde dormía porque no hicieron nada? – Preguntaron indignadas Ginny y Molly, algunos sonrieron por la frase dicha a la vez por las dos pelirrojas.

- Porque, Molly y señorita Weasley, las direcciones se escriben gracias a una pluma mágica que escribe las cartas y sabe a quién y adonde enviársela – Le contesto McGonagall a las mujeres pelirrojas mientras se giraba a ver a Dumbledore – Albus, me parece que la pluma automática no tiene tantas ventajas como pensamos – Murmuró McGonagall con el ceño fruncido – No vale la pena si nos perdemos cosas como estas.

- Tienes razón, Minerva – Respondió Dumbledore con el semblante serio – A lo mejor tendríamos que pensar otra forma antes de que empiece el curso nuevo. No podemos permitir que se nos escape otro caso como este.

La jefa de la casa de Gryffindor asintió decidida a que esto que estaban leyendo no ocurriese nunca, aunque ella se tuviese que leer personalmente los cientos de cartas que se enviaban cada verano.

El sobre era grueso y pesado, hecho de pergamino amarillento, y la dirección estaba escrita con tinta verde esmeralda. No tenía sello.

- ¿Sello? – Pregunto Astoria - ¿Qué es un sello?

- Es un pedazo de papel que los Muggles pegan en las cartas para enviarlas – Explico Hermione – Pagando por ellos es como se paga para que el cartero lleve tu carta.

- ¿Carteros, dices? – Pregunto el señor Weasley intrigado - ¿y dicen que ellos llevan las cartas en lugar de las lechuzas?

- Arthur, ahora no – Le corto la señora Weasley con suavidad – Ya se podrán conversar de eso al terminar el capítulo.

Hermione sonrió al señor Weasley, que la seguía mirando emocionado, y asintió para que supiese que si se lo explicaría. El hombre acabo con una sonrisa tan amplia que la chica tuvo que apretar los labios para no echarse a reír con fuerza.

Con las manos temblorosas, Harry le dio la vuelta al sobre y vio un sello de lacre púrpura con un escudo de armas: un león,

Todos los de Gryffindor, tanto del pasado, presente y futuro aplaudieron y gritaron creando todo un ruido posible, para celebrar la aparición de su casa, incluso los del futuro que eran de esta casa lanzaron una bengala al aire que se transformó en la enorme cabeza de un león rugiendo mientras todos veían fascinados esto.

Un águila,

Todos los miembros de la casa de Ravenclaw de las tres generaciones aplaudieron con fuerza imitando a los leones, y al igual que con estos, los del futuro lanzaron una bengala que se transformó en un águila que voló por la sala cantando.

Un tejón

La casa de Hufflepuff no se quedaron atrás e hicieron lo mismo que las dos casas, y fue esta vez el mismo Teddy que lanzo la bengala que se transformó en un tierno tejón que saltaba, rebotaba y rodeaba por el aire.

Y una serpiente,

Obviamente la casa de las serpientes no se quedaría atrás, y esta también celebraron y al igual que con los demás del futuro, lanzaron una bengala mientras salía una colosal serpiente que reptaba por el aire mientras se reunía con los otros animales.

Que rodeaban una gran letra H.

El comedor entero estallo en vítores mientras los merodeadores del fututo apuntaban a los cuatro animales y entre ellos apareció una enorme H mientras sobre ellos se materializaba un enorme dragón que rugía sobre ellos mientras todo el mundo se levantaba con el puño en el pecho y exclamaba.

- ¡Draco dormiens nunquam titillandus! – Exclamaron con fuerza mientras todos se ponían de pie y hacían el mismo gesto.

- ¡Nunca hagas cosquillas a un dragón dormido! – Exclamaron todos mientras los profesores aplaudían emocionados al igual que todos los demás al ver el gran cariño que los alumnos le tenían a esa escuela que para algunos había sido su segundo hogar.

— ¡Date prisa, chico! — Exclamó tío Vernon desde la cocina—. ¿Qué estás haciendo, comprobando si hay cartas-bomba? —Se rió de su propio chiste.

- ¿Conocen los howler? - Preguntó sorprendida Astoria.

- Jejeje no - Le contestó amablemente Harry, era una de las chicas que le caían muy bien - Se refería a bombas de fuego, son inventos muggles - Astoria se sonrojó y le sonrió, y esta vez a Ginny no le causó ninguna gracia, no le gustaba la forma en que miraba a Harry. Pero no comentó nada.

- Aun así, ¿Eso era un chiste? Porque no le veo la gracia. - Continuó Fred.

- Es más, no me habría reído ni que me hubiesen lanzado un Rictusempra - Terminó George.

Los alumnos, Sirius y Tonks sonrieron ante lo dicho por los gemelos.

Por su parte, en la primera generación, los merodeadores y los Prewett se miraron entre ellos.

- ¿Eso era un chiste? - Preguntó ofendido Sirius

Fabian se apoyaba pesadamente en el hombro de su gemelo y se agarraba el pecho como si sufriera un terrible dolor a su lado su hermano los sujetaba con fuerza y con cara de sufrimiento.

- DOLOR, ¡QUE DOLOR! - Gritaban los dos como si estuvieran sufriendo un gran tormento.

- Nuestro orgullo de bromistas ha sido herido por eso que el libro llama "chiste" - Dijeron al mismo tiempo.

Los merodeadores se miraron e imitaron a los Prewett, por lo menos Sirius y James, Remus fue inteligente y se volvió a sentar en su sitio, pero Sirius y James sufrieron en sus carnes una buena colleja de las chicas.

Harry volvió a la cocina, todavía contemplando su carta.

En ese momento, Harry se río de repente mientras decía.

- Ay Harry, Harry, Harry, no debiste hacer eso… ¡Alerta Permanente! – Grito Harry de repente asustando a todos causando la risa de Alastor mientras Harry sonreía divertido, los demás se le quedaron viendo extraño.

Entregó a tío Vernon la postal y la factura, se sentó y lentamente comenzó a abrir el sobre amarillo. Tío Vernon rompió el sobre de la factura, resopló disgustado y echó una mirada a la postal.

—Marge está enferma —informó a tía Petunia—. Al parecer comió algo en mal estado.

— ¡Papá! — Dijo de pronto Dudley —. ¡Papá, Harry ha recibido algo!

En ese momento todos entendieron porque se río Harry y se lamentaron de eso, pero Harry le había visto el lado divertido, como siempre.

- Maldito mocoso entrometido - Dijo Molly perdiendo la paciencia, y se ruborizó al ver la mirada horrorizada y fascinada que le daban sus hijos.

Harry estaba a punto de desdoblar su carta, que estaba escrita en el mismo pergamino que el sobre, cuando tío Vernon se la arrancó de la mano.

- ¡Devuélvele esa carta a Harry, es suya! – Exclamó Ginny molesta.

— ¡Es mía! —dijo Harry;

Después de esto Ginny y Harry se miraron sonriendo por esa reacción similar que habían tenido.

Tratando de recuperarla.

— ¿Quién te va a escribir a ti? —dijo con tono despectivo tío Vernon,

- ¡Mucha gente, idiota! - Dijeron muchos, mientras Harry reía al recordar pensar sobre las cartas que posiblemente le enviaron.

abriendo la carta con una mano y echándole una mirada. Su rostro pasó del rojo al verde con la misma velocidad que las luces del semáforo. Y no se detuvo ahí. En segundos adquirió el blanco grisáceo de un plato de avena cocida reseca.

— Pe... Pe... ¡Petunia! —bufó.

- Diez años después y sigue siendo un cobarde - Comentó Daphne en tono despectivo.

- Qué familia tan dramática, ¿No creen? - Comentó Luna con esa voz soñadora que siempre utilizaba, muchos asintieron de acuerdo.

- Damas y caballeros, niños y niñas con ustedes el rey del drama - Dijo Ron haciendo reír al comedor entero.

- No me lo puedo creer – Dijo, puso los ojos en blanco Ginny.

- Será exagerado - Murmuró Tonks - Solo es una carta.

- Tú lo has dicho - Dijo Charlie que, estando sentado a su lado, la había oído - No es que sea un dragón o algo. Esos sí que muerden.

Y los dos rieron al recordar la obsesión del chico por los dragones ya desde Hogwarts. Siempre relacionaba todo con ellos, eran su vida.

Mientras tanto, en la primera generación, algunos disfrutaban del miedo de los Dursley.

- Sí, tengan miedo, tengan mucho miedo.

- ¡Sirius contrólate! - Le grito Lily - Pareces un desquiciado.

- Perdóname, pelirroja, pero aquí el único lunático es este – Dijo y señalo a Remus.

- Ya contrólate o dejaras de ser el padrino de Harry – Dijo ella molesta.

- No, ya me callo - Dijo de inmediato. Si algo sabía hacer esa joven, era como forzar a esos locos a hacer lo que ella quisiera.

Dudley trató de coger la carta para leerla, pero tío Vernon la mantenía muy alta, fuera de su alcance. Tía Petunia la cogió con curiosidad y leyó la primera línea. Durante un momento pareció que iba a desmayarse. Se apretó la garganta y dejó escapar un gemido.

— ¡Vernon! ¡Oh, Dios mío!... Vernon!

- Lo siento, señoras y señores, pero cometí un pequeño error, con ustedes el rey y la reina del drama - Se corrigió Ron provocando más risas, sobre todo la de sus dos amigos.

Por su parte, en la primera generación.

- Que dramáticos, ni que fuera el fin del mundo - Dijo Lily molesta.

- Para ellos lo es - Dijo Remus pensativo – Piénsalo, Lily, Harry ahora pude convertirlos en cucarachas y aplastarlos

Lily sonrió ampliamente.

- Gracias, Remus - Dijo Lily y escribió algo en el pergamino.

James miró lo que su esposa escribía y suspiró.

- Cariño, creo que tengo que explicarte la diferencia entre broma y asesinato.

Se miraron como si hubieran olvidado que Harry y Dudley todavía estaban allí. Dudley no estaba acostumbrado a que no le hicieran caso. Golpeó a su padre en la cabeza con el bastón de Smelting.

- Por Merlín, ¿acaso esta demente? ¿Cómo puede hacer eso a sus padres? Cualquiera de nosotros si lo intentara estaríamos enterrados bajo tierra si hiciéramos eso – Murmuro Bill palideciendo un poco al pensar en la reacción de sus padres.

Los otros hermanos Weasley estaban igual. Hasta se habían quedado paralizados del horror de pensar en lo que le haría su madre si se les ocurriese al menos alzarles la mano a sus padres.

Molly y Arthur los miraron divertidos, sabían que sus hijos jamás harían algo así.

—Quiero leer esa carta —dijo a gritos.

- ¡Harry es quien quiere leerla! - Dijo Ginny con rabia - Es suya.

Flitwick sonrió antes de volver a leer.

—Yo soy quien quiere leerla —dijo Harry con rabia—. Es mía.

Harry y Ginny volvieron a mirarse sonriendo.

Molly estaba radiante al ver como se sonreían Harry y su hija y, al igual que Hermione, fantaseaba con ellos.

Sirius, por el contrario, tenía esa sonrisa burlona en la cara que le hacía parecer diez años más joven.

- ¡Ah! Ya viene la explosión de genio, ya viene, ya viene - Susurró Ron inclinándose hacia delante con anticipación

—Fuera de aquí, los dos —graznó tío Vernon, metiendo la carta en el sobre. Harry no se movió.

— ¡QUIERO MI CARTA! —gritó.

- ¡Uf! El carácter explosivo de Harry a la vista – Declaro Ron, estremeciéndose notoriamente, Hermione y otros reían nerviosamente ya que sabían cómo podría ser Harry molesto.

- Yo diría que heredo el carácter de Lily – Contradijo Sirius esbozando sonrisa.

- No lo sé, Sirius, creo que el Harry del libro tiene el carácter de James y Lily, pero el Harry de nosotros es diferente – Dijo Remus mientras veía al ojiverde sonriendo macabra y divertidamente, extraña combinación, al parecer, si no se equivocaban, Harry quería que el Harry del libro hiciera algo que comúnmente llamaba él, "un bien para la humanidad"

Por parte, en primera generación los merodeadores sonreían.

- Eso me recuerda a ti amor - Comentó Lily besándolo en la mejilla.

- Solo a mí, acaso ya olvidaste los gritos que me propinabas cuando te negabas a salir conmigo - se defendió al azabache.

- El carácter pelirrojo dentro de un Potter, que combinación tan mas explosiva.

- ¡Sirius! - Reclamaron al mismo tiempo

— ¡Déjame verla! —Exigió Dudley

— ¡FUERA! —gritó tío Vernon y, cogiendo a Harry y a Dudley por el cogote, los arrojó al recibidor y cerró la puerta de la cocina.

- Además de gordo debe de ser fuerte porque para levantar a Dudley…- Dijo Tonks poniendo cara de impresionada.

Aquello provoco varias risitas entre los chicos.

Harry y Dudley iniciaron una lucha, furiosa pero callada, para ver quién espiaba por el ojo de la cerradura. Ganó Dudley,

- ¡Ja! Estoy seguro que si tuviera que vérselas con nuestro Harry a esa edad estaría siendo asfixiado por su serpiente o recibiendo una paliza – Dijo Neville mientras sonreía. Sí algo sabia de su amigo era que él, sin importar la edad que tuviera no se dejaría intimidar por nadie y sin duda le daría su merecido a cualquiera que trate de atacarlo.

La mayoría estuvieron de acuerdo, sabían que Harry era alguien que, en vez de dejarse intimidar, es el que intimida y no se deja de nadie.

Así que Harry, con las gafas colgando de una oreja, se tiró al suelo para escuchar por la rendija que había entre la puerta y el suelo.

—Vernon —decía tía Petunia, con voz temblorosa—, mira el sobre. ¿Cómo es posible que sepan dónde duerme él? No estarán vigilando la casa, ¿verdad?

- Absolutamente no – Exclamo Minerva exasperada – Jamás haríamos algo como eso ni los vigilaríamos ¡Por favor! Nosotros tenemos cosas más importantes que eso.

A su alrededor, los demás profesores y magos adultos asintieron de acuerdo con ella antes de que se siguiera la lectura.

—Vigilando, espiando... Hasta pueden estar siguiéndonos —murmuró tío Vernon, agitado.

- Sí, ya, no tenemos nada mejor que hacer – Dijo Bill sarcástico.

- Y si les hubiésemos estado siguiendo nos habríamos dado cuenta de cómo trataban a Harry y no habría pasado allí ni una semana – Continuó Tonks con el ceño fruncido.

- No solo eso, estoy seguro que si así fuera, el Departamento de la Ley Mágica verían que la integridad de un mago está en peligro e intervendrían, eso fue lo que hizo falta aquella vez – Dijo Harry con mirada fría mirando a la nada.

Alastor Moody miró apreciativo a sus alumnos favoritos. Ese tipo de pensamiento era el que buscaba en sus aurores, siempre anticipándose y previendo lo que harían otros. Tonks, pero más que todo Harry tenían eso.

—Pero ¿qué podemos hacer, Vernon? ¿Les contestamos? Les decimos que no queremos...

- ¿Querían impedir que Harry Potter viniese a Hogwarts? - Dijo incrédula Parvati - ¿Harry Potter? ¿Uno de los magos más famosos de la historia?

- Es imposible - Negó con la cabeza Neville - Harry Potter tenía que venir.

- Totalmente - Estuvo de acuerdo Seamus -. ¿Se imaginan la que se hubiese armado si Harry Potter no aparece en Hogwarts?

- Habrían ido a por los Dursley de inmediato - dijo Dean -. Mmm... A lo mejor eso no era tan mala idea. Los enviarían a Azkaban de por vida con que averiguasen la mitad de las cosas que hemos leído.

Por su parte en la primera generación, la mayoría estaban molestos.

- ¡Ni siquiera se atrevan! - Gritaron los merodeadores molestos.

Harry pudo ver los zapatos negros brillantes de tío Vernon yendo y viniendo por la cocina.

—No —dijo finalmente—. No, no les haremos caso. Si no reciben una respuesta... Sí, eso es lo mejor... No haremos nada...

Como si eso fuese a funcionar pensaron muchos.

- Sí, claro, seguro que el mundo mágico se olvidaría o se daría por vencido de que Harry Potter no vaya a Hogwarts – Dijo con sarcasmo Scorpius, pero divertido al pensar que esos Muggles podría pensar eso.

- Seguro que se habrían conformado con enviar solo una carta – Se mofo Albus.

- Y luego seguro que se habrían olvidado todos de él – Dijo James.

—Pero...

— ¡No pienso tener a uno de ellos en la casa, Petunia! ¿No lo juramos cuando recibimos y destruimos aquella peligrosa tontería?

Aquella noche, cuando regresó del trabajo, tío Vernon hizo algo que no había hecho nunca: visitó a Harry en su alacena.

— ¿Dónde está mi carta? —dijo Harry, en el momento en que tío Vernon pasaba con dificultad por la puerta—. ¿Quién me escribió?

—Nadie. Estaba dirigida a ti por error —dijo tío Vernon con tono cortante—. La quemé.

- ¡¿Qué hizo que?! - Gritaron nuevamente los merodeadores - ¡No pueden dejar a mi hijo/sobrino/ahijado sin su carta! - alegaron al unísono.

Mientras tanto en la tercera generación estaban todos aterrados.

- ¿Quemar una carta de Hogwarts? – Se escandalizaron los chicos del futuro.

- Y no cualquier carta – Dijo Rose – La primera carta, la que te confirma que puedes ir a Hogwarts, la que te confirma que eres un mago en el caso de los nacidos de Muggles.

- Estoy seguro que muchos han guardado su primera carta – Dijo Scorpius mientras la mayoría asentía a lo que decía el chico Malfoy.

- No creo que deban preocuparse, dudo que sea la única carta que le enviaron - Los relajo Albus.

—No era un error —dijo Harry enfadado—. Estaba mi alacena en el sobre.

— ¡SILENCIO! —gritó el tío Vernon, y unas arañas cayeron del techo. Respiró profundamente y luego sonrió, esforzándose tanto por hacerlo que parecía sentir dolor. —Ah, sí, Harry, en lo que se refiere a la alacena... Tu tía y yo estuvimos pensando... Realmente ya eres muy mayor para esto... Pensamos que estaría bien que te mudes al segundo dormitorio de Dudley

- ¡Segundo dormitorio! - Exclamó el comedor estupefacto.

- ¿Tenían un dormitorio disponible y lo hacían dormir en la alacena? - Preguntó Remus furioso.

Mientras tanto, la mesa de Gryffindor gruñía por lo bajo ¿Cómo Merlín un compañero sufría así? No entendían cómo y porqué esos muggles se pudieron atrever a tratar a Harry Potter así. Nadie se lo merecía, mucho menos Harry.

Neville, quien se encontraba sentado entre Luna y Ginny, tenía serias dificultades para calmarse Yo sufrí por no tener a mis padres y siempre me dijeron que era casi un squib. Soporte de todo, pero esto supera cualquier cosa. Harry ha sufrido más que yo... ¡Merlín! debería aprender más de él… Estoy aprendiendo de él.

Mientras tanto, en la primera generación, se hizo un silencio sepulcral justo antes de que Lily Potter se levantara de su sitio hecha una furia y le diera una patada a una silla que se rompió en varias partes. Antes de que se echara a llorar de la rabia, James la abrazó por detrás con fuerza y ella se giró para esconder el rostro en el pecho de su novio, ninguno de los dos dijo nada, pero las palabras sobraban, estaba más que claro lo que pensaban.

- Esos desgraciados tenían otro dormitorio y hacen dormir al pobre niño en una alacena -Protestó Marlene sin poder creérselo.

Sirius le pasó un brazo por lo hombros y esta se recostó en el hombre del pelinegro.

- Nos te preocupes, esto se lo devolveremos con creces a esa panda de…- Dijo Sirius sin poder encontrar un adjetivo lo suficientemente malo para esa cosa que algunos llaman "familia".

- No me puedo creer que teniendo otra habitación de sobra le hicieran dormir en la alacena - Dijo Andrómeda como si no pudiera creérselo.

- Pero qué clase de mujer le hace eso a un niño, a su sobrino que tiene la misma edad que su hijo, es que no…- Decía Elizabeth casi gimiendo de la incredulidad y el enfado.

- Sabía que Petunia me odiaba, pero creí…- Decía entre susurros Lily todavía con el rostro oculto en el pecho de su marido.

- Tu hermana no te odia, te tiene envidia, y también envidia a Harry, porque él es como tú, único y brillante y una persona a la que nadie puede evitar querer - Dijo James mirando a su novia con adoración - Lo vi cuando fui a tu casa para que me presentaras a tu padres, envidiaba todo en ti, lo luminosa que eres, lo amable, envidiaba que tus padres siempre te defendieran de ella, y sobre todo envidiaba que tus padres me prefirieran a mi como novio que a esa morsa que tienes por cuñado, vi cómo le molestó que tu padre no parara de hacerme preguntas sobre mi mundo y no le preguntara nada a Vernon.

Lily sonrió recordando el momento, podía verse a sí misma en la mesa de la cocina de su casa hablando tranquilamente con su madre y mirando de reojo a James para ver si necesitaba ayuda con su padre, pero parecía que su novio se desenvolvía bastante bien con el señor Evans, el cual no dejaba de preguntarle cosas sobre Hogwarts, o como era la educación de un niño mago, en que cosas se diferenciaba, por otro lado James le preguntaba a su padre cómo funcionaban los aparatos muggles de la casa o porque los niños muggles iba al colegio (James había sido criado en casa hasta llegar a Hogwarts) . En un momento en que las miradas de James y Lily se habían encontrado y el chico le había dirigido una mirada de amor incondicional, cuando Lily apartó la mirada ligeramente avergonzada (todavía le costaba creer que James estuviera con ella), se dio cuento que su hermana la miraba…y la miraba con celos y envidia por lo que James y ella tenían.

Volviendo al presente escuchó la historia que Dumbledore había vuelto a retomar.

— ¿Por qué? —Dijo Harry.

- Vaya, Potter, no sabía que pudieses ser tan estúpido – Se burló McClaggen - Cuestionar por qué te dan un dormitorio. Eres penoso.

Los Weasley, Hermione, los merodeadores y la mitad del comedor se estaba levantando para maldecir al rubio cuando Harry habló desde su asiento tranquilamente mirando al techo parándoles a todos en seco.

- Mira que eres imbécil, McIdiota (NA: McAsshole jeje todo suena mejor inglés) - Se mofó Harry dejando confundido a Cormac - Así que tú no cuestionarías si yo ahora te hago un regalo, ¿verdad? Digo, en el fondo un regalo es algo bueno, así que no tienes que dudar de mí, aunque nos hayamos odiado desde el primer momento, ¿no? - las mejillas del chico se tiñeron de rosa al darse cuenta del ridículo que había hecho - Piensa antes de abrir la boca, maldito imbécil descerebrado.

El chico apretó los puños, furioso con Harry. Me las pagarás por esto, pensó. Pero sabía que nunca le haría nada, le temía mucho, por eso sus ataques eran más verbales.

Los demás se sentaron entre risitas, contentos de ver que Harry era perfectamente capaz de poner en su lugar a cualquiera cuando le insultaban a él. ¡Ja!, se lo merecía, el imbécil este.

Ojoloco miraba orgulloso a Harry. Eso es mi muchacho, mente ágil, siempre alerta y preparado para responder a un ataque de cualquier tipo, pensaba mirándole orgulloso.

— ¡No hagas preguntas! —exclamó—. Lleva tus cosas arriba ahora mismo. La casa de los Dursley tenía cuatro dormitorios: uno para tío Vernon y tía Petunia, otro para las visitas (habitualmente Marge, la hermana de Vernon), en el tercero dormía Dudley y en el último guardaba todos los juguetes y cosas que no cabían en aquél.

- Y miren para que usaban el lugar - Se exaspero Elizabeth – No puedo creer que mi hija haya maleducado de esa manera a su hijo.

En un solo viaje Harry trasladó todo lo que le pertenecía, desde la alacena a su nuevo dormitorio. Se sentó en la cama y miró alrededor. Allí casi todo estaba roto. La filmadora estaba sobre un carro de combate que una vez Dudley hizo andar sobre el perro del vecino, y en un rincón estaba el primer televisor de Dudley, al que dio una patada cuando dejaron de emitir su programa favorito. También había una gran jaula que alguna vez tuvo dentro un loro, pero Dudley lo cambió en el colegio por un rifle de aire comprimido, que en aquel momento estaba en un estante con la punta torcida, porque Dudley se había sentado encima. El resto de las estanterías estaban llenas de libros. Era lo único que parecía que nunca había sido tocado.

- Quizás no sabe leer - Comentó Luna.

Desde abajo llegaba el sonido de los gritos de Dudley a su madre.

—No quiero que esté allí... Necesito esa habitación... Échalo...

- Debe ser la primera vez que le niegan algo - Bufó Ginny. Entonces se dio cuenta de una cosa - Nos hemos quejado mucho del niño, pero realmente, la verdadera culpa es de los padres que lo han educado.

Molly y Arthur se quedaron mirando a su hija, orgullosos de su madurez.

Harry suspiró y se estiró en la cama. El día anterior habría dado cualquier cosa por estar en aquella habitación. Pero en aquel momento prefería volver a su alacena con la carta a estar allí sin ella.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, todos estaban muy callados. Dudley se hallaba en estado de conmoción. Había gritado,

- Nosotros estaríamos castigados desgnomizando el jardín durante todo el verano si gritásemos a nuestros padres - Dijo Bill pensando en cuánto tiempo durarían los gritos de su madre. Era imposible gritar más alto o más tiempo que ella.

había pegado a su padre con el bastón de Smelting,

- Y con esto ya no volveríamos a ver una escoba en nuestra vida - Dijo Charlie poniéndose pálido.

se había puesto malo a propósito,

- Tendríamos que limpiarlo nosotros sin usar nada de magia y estaríamos castigados en nuestra habitación todo el verano - Murmuró Percy conociendo perfectamente el carácter de su madre.

le había dado una patada a su madre,

Se les cortó la respiración a todos los hermanos Weasley.

- Eso es tener un deseo de muerte - Dijo Fred perdiendo todo el color.

- Estaríamos bajo tierra antes de darnos cuenta – Dijo, estuvo de acuerdo George.

arrojado la tortuga por el techo del invernadero,

- ¿Qué culpa ha tenido el pobre animal? Merlín, si yo hiciese daño a Pig por una rabieta... - Dijo Ron - Probablemente se me echarían encima mis hermanos además de mis padres. Por idiota.

- Es asqueroso, no le conozco, pero creo que le odio - Gruñó Ginny y muchos se mostraron de acuerdo - ¡Y ha tirado una tortuga por la ventana!

y seguía sin conseguir que le devolvieran su habitación.

Los silbos y gruñidos no se hicieron esperar. Todos querían, de algún modo u otro, hacerle daño a ese niño mimado.

- Solo faltaba - Bufó Ginny - Que después del lío que ha montado consiguiese lo que quisiese.

- En otras circunstancias se la habrían devuelto - Dijo Harry – Pero, seguro les preocupaba que los magos que supuestamente estaban vigilando la casa pensasen que no me trataban bien.

Algunos soltaron un bufido. La lógica era absurda, pero encajaba perfectamente con los Dursley.

- Madre mía…- Susurró Tonks horrorizada - ¿A quién se le ocurre pegar a un padre? -Preguntó pensando en los suyos - Y todo por una habitación que no utilizaba. Tenías razón, Ginny, debe ser la primera vez que no le dan lo que quiere. Tienen que estar realmente asustados de los magos para negarle algo a su "Tunante" - Bromeó intentando rebajar la tensión. Algunos sonrieron, pero seguían demasiado pendientes de la infancia de Harry como para que la sonrisa durase.

Harry estaba pensando en el día anterior, y con amargura pensó que ojalá hubiera abierto la carta en el vestíbulo. Tío Vernon y tía Petunia se miraban misteriosamente. Cuando llegó el correo, tío Vernon, que parecía hacer esfuerzos por ser amable con Harry, hizo que fuera Dudley. Lo oyeron golpear cosas con su bastón en su camino hasta la puerta. Entonces gritó.

— ¡Hay otra más! Señor H. Potter, El Dormitorio Más Pequeño, Privet Drive, 4...

- Este chico no sabe pensar - Negó con la cabeza Kingsley - Quiere leer la carta y anuncia a todo el mundo que ha llegado en vez de esconderla. Harry por lo menos tenía excusa, porque era suya y era la primera y todo eso, pero nadie sería tan estúpido como para no saber que van a destruir esta carta también si se enteran de que ha llegado.

Con un grito ahogado, tío Vernon se levantó de su asiente y corrió hacia el vestíbulo, con Harry siguiéndolo.

Harry tuvo el descaro de reírse, provocando que muchos le mirasen perplejos. Él rodó los ojos y le pidió al profesor Flitwick que continuase leyendo.

Allí tuvo que forcejear con su hijo para quitarle la carta, lo que le resultaba difícil porque Harry le tiraba del cuello.

- ¡Vamos, Harry! - Le animó Sirius al Harry del libro.

Harry rió ante el entusiasmo de su padrino por algo que pasaba en el libro.

Después de un minuto de confusa lucha, en la que todos recibieron golpes del bastón,

Los gruñidos se volvieron a sentir y no era precisamente por los Dursley, quienes no importaban, más bien era por Harry.

- Esto no es posible, que es lo que pasa por la mente de esos dos el niño ya los ha golpeado en varias ocasiones con el bastón y no se lo quitan - Dijo la señora Weasley molesta.

- Y por supuesto no dejan que Harry lea su carta – Agregó su esposo también molesto.

tío Vernon se enderezó con la carta de Harry arrugada en su mano, jadeando para recuperar la respiración.

Algunos, que estaban tan metidos en la historia que no se habían dado cuenta de que esto ya había sucedido, gruñeron desilusionados.

- Oh, maldición, Harry – Bufó Sirius - Nunca pensé que fuese tan difícil que recibieses una carta.

—Vete a tu alacena, quiero decir a tu dormitorio —dijo a Harry sin dejar de jadear—. Y Dudley... Vete... Vete de aquí. Harry paseó en círculos por su nueva habitación. Alguien sabía que se había ido de su alacena y también parecía saber que no había recibido su primera carta. ¿Eso significaría que lo intentarían de nuevo?

- Por supuesto que si sobrino/ahijado/hijo/Harry - Dijeron a la vez James, Remus Sirius y los gemelos Prewett.

- Sobre todo, no creo que Dumbledore deje que unos muggles idiotas como ellos le detengan de tener a un alumno de gran talento - Continuaron los gemelos.

Pues la próxima vez se aseguraría de que no fallaran. Tenía un plan.

- Uhh un plan de ese Harry, ¿Cómo será? Espero que haga que los Dursley se queden pegados a las camas, o transformarlos en algún animal mientras toma la carta y la lee, o quizás… - Dijo Harry cada vez sonriendo más perverso con un montón de ideas.

Sus amigos se estremecieron, los planes de Harry eran tan impredecibles, pero efectivos y perversos para con las "victimas"

Los demás estaban sorprendidos por lo que decía.

El reloj despertador arreglado

- ¿Lo habrás alegrado tú? - Preguntó el señor Weasley y al ver que Harry asentía la cabeza suponiendo que él lo habría arreglado, al hombre le iluminó la cara de entusiasmo – Que bien, ¿Me ayudarías a arreglar…?

- ¡Arthur, ahora no! - Lo reprendió Molly, mirando a su marido severamente, este bajó la cabeza y Harry podría haber jurado que por lo bajo dijo "sí, mi amor", aguantó la risa y, tras intercambiar una mirada cómplice con Ginny, que también había escuchado, se volteó a escuchar al profesor que continuó leyendo.

sonó a las seis de la mañana siguiente. Harry lo apagó rápidamente y se vistió en silencio: no debía despertar a los Dursley. Se deslizó por la escalera sin encender ninguna luz.

Moody sonrió, adivinando el plan de Harry. Era la mejor opción para un niño de diez años encerrado en casa.

Esperaría al cartero en la esquina de Privet Drive y recogería las cartas para el número 4 antes de que su tío pudiera encontrarlas. El corazón le latía aceleradamente mientras atravesaba el recibidor oscuro hacia la puerta.

— ¡AAAUUUGGG!

- ¿Qué paso? - Preguntaron todas las mujeres adultas al borde de un colapso nervioso, mientras todos se preguntaban cuanto más tendría que esperar Harry para leer su carta

Harry saltó en el aire. Había tropezado con algo grande y fofo que estaba en el felpudo... ¡Algo vivo!

- ¿Tu tío? - Preguntó Luna.

- ¿Enserio? ¿Cómo lo sabes, Lunita? - Preguntó Harry.

- Algo grande, fofo y que grita como animal herido - Se encogió de hombros como si fuera obvio, luego de unos segundos de silencio se escuchó la estruendosa risa de Blaise, siendo seguida por todo el resto de los presentes.

Las luces se encendieron y, horrorizado, Harry se dio cuenta de que aquella cosa fofa y grande era la cara de su tío.

Las risas volvieron a apoderarse del comedor. Todos imaginaron a tío Vernon tal cual lo había descrito Harry.

Les tomó cerca de cinco minutos dejar de reír, cuando lo hicieron, Flitwick siguió leyendo.

Tío Vernon estaba acostado en la puerta, en un saco de dormir, evidentemente para asegurarse de que Harry no hiciera exactamente lo que intentaba hacer. Gritó a Harry durante media hora y luego le dijo que preparara una taza de té. Harry se marchó arrastrando los pies y, cuando regresó de la cocina, el correo había llegado directamente al regazo de tío Vernon. Harry pudo ver tres cartas escritas en tinta verde.

—Quiero... —comenzó, pero tío Vernon estaba rompiendo las cartas en pedacitos ante sus ojos.

- ¡Será cerdo! - Exclamó Tonks.

- No insultes a los cerdos - Dijo Sirius seriamente.

- Tienes razón, incluso una cucaracha es mejor - Concluyó la metamorfomaga.

Aquel día, tío Vernon no fue a trabajar. Se quedó en casa y tapió el buzón.

- ¿Es que acaso Vernon Dursley jamás se dará por vencido? - Preguntó George, entornando los ojos y sobándose la sien - ¿Es que no se da cuenta que de igual forma Harry recibirá su carta?

- Ese imbécil nunca se daría por vencido. Apenas se enteró de mi origen estaba dispuesto a hacer lo que sea con tal de que nunca supiera la verdad, incluso ser capaz de usar la fuerza - Respondió Harry tranquilo.

Muchos gruñeron, los demás abrieron sus ojos, sorprendido. Mientras tanto, el señor Weasley apretaba los puños. Nunca se había topado con tan macabro muggle y ya comenzaba a odiar a Vernon.

— ¿Te das cuenta? —Explicó a tía Petunia, con la boca llena de clavos—. Si no pueden entregarlas, tendrán que dejar de hacerlo.

- Como si fuéramos a dejar que un hijo de Lily no pise Hogwarts - Protestó Mcgonagall - Estoy segura de que si se pareciera a su madre en personalidad sería un gran alumno

Lily se sonrojó ante el elogio de su antigua profesora de Transformaciones.

- ¿Y yo que? - Protestó James como un niño pequeño.

- Si Harry se pareciera a ti lo mandaríamos a Dumstrang, pero tranquilo que no se quedará con esos odiosos muggles.

James miró a su antigua profesora con la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado.

- Creo que acaba de insultarme, ¿verdad? - Preguntó ligeramente confundido.

- Muy bien, señor Potter, al final va a ser más listo de lo que parece - Dijo con sarcasmo le profesora.

Todos estallaron a carcajadas, Lily besó la comisura de los labios de su esposo cuando este hizo una mueca de niño pequeño, pero luego James se rió y le guiñó un ojo juguetonamente a su profesora favorita que le sonrió con cariño, pues en el fondo el chico era bueno, algo brusco, pero con un gran corazón.

Mientras que, en la segunda generación, todos negaban con la cabeza ante la negación del hombre.

- A este todavía no le entra en la cabeza que estamos hablando de Harry Potter - Suspiró Charlie -. No se van a dar por vencidos por culpa de un par de muggles chiflados.

- Claro que no - Bufó Tonks divertida - Esto se va a poner bueno.

- ¿A qué te refieres, prima? - Preguntó Sirius.

- ¿No te das cuenta? - Dijo con una sonrisa - El hombre se está poniendo histérico, y por mucho que lo siga intentando no va a conseguir que dejen de venir las cartas hasta que Harry lea una y responda. ¡Se va a volver loco! - Acabó riendo.

Todos empezaron a sonreír con anticipación y se inclinaron hacia delante en sus asientos. Era cierto. Esto se iba a poner bueno.

—No estoy segura de que esto resulte, Vernon.

- Una jirafa cara de caballo que piensa - Comentó Fred con un tono que daba a entender que era la mayor rareza del mundo todos rieron a carcajadas.

- Y no resultará - Aseguró McGonagall.

- ¡Di que sí Minnie! ¡Así se habla! – Exclamó Sirius burlón, McGonagall rodó los ojos.

—Oh, la mente de esa gente funciona de manera extraña, Petunia, ellos no son como tú y yo —dijo tío Vernon, tratando de dar golpes a un clavo con el pedazo de pastel de fruta que tía Petunia le acababa de llevar.

- Exacto, somos mucho más inteligentes y, desde luego, no le damos a los clavos con un trozo de pastel - Dijo Canuto - Me sorprende que tú, que te pasas todo el día entre comida, no seas capaz de distinguir un martillo de una tarta. Debe ser que ese intento de cerebro que tienes no puede diferenciarlos - Terminó soltando un bufido enfadado.

Remus se lo quedó mirando divertido, no solo por lo que había dicho, sino porque no parecía haber reparado en que tío Vernon no se encontraba en la habitación.

- ¿Cómo sabes tantas cosas de los muggles? – Preguntó Andromeda. No solo se refería a que Sirius supiese lo que era un clavo o un martillo sino a que ya llevaba tiempo dándose cuenta de que su primo sabía más sobre los no-mágicos que la mayoría de sangre-pura.

- Estudié Estudios Muggles mientras estaba en Hogwarts. En realidad, solo lo escogí para fastidiar a mi madre, pero luego me di cuenta que me podía ser útil ahora que quiero ser Auror. Para casos donde tuviese que tratar con muggles y esas cosas.

Mientras tanto, en la segunda generación, todos estaban sonriendo divertidos.

- Gracias a Merlín – Dijo Flitwick.

- Menos mal no pensamos como ellos - Musitó Theo sorprendido por la cantidad de idiotez que podía contener un solo muggle. Harry rió junto con muchos otros - ¿Son todos los muggles iguales? - Preguntó.

- No - le contestó Harry – He conocido a muchos que son inteligentes y que tienen mente abierta, en especial en asuntos de la magia, pero tuve la mala suerte de ir con unos que tienen mente medieval ante la brujería — Nott asintió en su dirección, dando a entender que comprendía.

- Si porque la gente normal como nosotros…

- No utilizamos un pastel de frutas para clavar un clavo - Dijeron los gemelos divertidos.

- No claro que no utilizan un pastel de frutas – Intervino Tonks divertida.

- Más bien utilizan una cacerola de mamá – Termino de decir Charlie. Y todos empezaron a reír.

- ¡FRED Y GEORGE! ¡¿CÓMO QUE UNA CASEROLA?! – Gritó una enojadísima Molly Weasley.

- ¡Charlie/ Tonks! – Gritaron los gemelos – Ma… mamá eso… eso no es lo que parece – trato de explicar Fred.

- Si mamá, tranquila… tranquila, no es cierto lo que dicen – dijo George – Eso creo – le dijo a su hermano en el oído.

- Harry, ayúdanos – Susurraron los gemelos. Para todos los Weasley y algunos de los presentes, quedaba claro que Harry era el único que podía tranquilizar a Molly Weasley sin que le grite o lo regañe. Harry suspiro y negó con la cabeza, divertido.

- Señora Weasley tranquila – Dijo Molly vio a Harry y se relajó notablemente, la mayoría se sorprendió, pero el más sorprendido fue Arthur, a veces a él se le hacía difícil tranquilizar a su esposa – Que le parece si terminamos de leer y cuando terminemos vemos si alguna de sus cacerolas tiene ese daño y si la tiene la arreglamos, ¿le parece?

- Esta bien, Harry querido – le sonrió y Harry le devolvió la sonrisa.

- ¿Cómo haces eso, Harry? – Preguntó Remus.

- Créenos, nosotros tampoco lo sabemos – Dijeron todos sus amigos. Harry solo sonrió divertido y le dijo al profesor Flitwick que siguiera leyendo.

El viernes, no menos de doce cartas llegaron para Harry. Como no las podían echar en el buzón, las habían pasado por debajo de la puerta, por entre las rendijas, y unas pocas por la ventanita del cuarto de baño de abajo.

La gente aplaudió con entusiasmo.

Tío Vernon se quedó en casa otra vez. Después de quemar todas las cartas, salió con el martillo y los clavos para asegurar la puerta de atrás y la de delante, para que nadie pudiera salir.

- Se está volviendo loco - Rió Sirius, chocando las manos con Remus.

Mientras trabajaba, tarareaba De puntillas entre los tulipanes y se sobresaltaba con cualquier ruido.

El sábado, las cosas comenzaron a descontrolarse. Veinticuatro cartas para Harry entraron en la casa, escondidas entre dos docenas de huevos, que un muy desconcertado lechero entregó a tía Petunia, a través de la ventana del salón. Mientras tío Vernon llamaba a la oficina de correos y a la lechería, tratando de encontrar a alguien para quejarse, tía Petunia trituraba las cartas en la picadora.

Los gruñidos no se hicieron esperar, todos estaban enojados.

- ¡Déjenlo leer su carta! - Siseó Gryffindor, mirando enrabiado al libro.

— ¿Se puede saber quién tiene tanto interés en comunicarse contigo? —preguntaba Dudley a Harry, con asombro.

La mañana del domingo, tío Vernon estaba sentado ante la mesa del desayuno, con aspecto de cansado y casi enfermo, pero feliz.

—No hay correo los domingos —les recordó alegremente, mientras ponía mermelada en su periódico—. Hoy no llegarán las malditas cartas... Algo llegó zumbando por la chimenea de la cocina mientras él hablaba y le golpeó con fuerza en la nuca. Al momento siguiente, treinta o cuarenta cartas cayeron de la chimenea como balas. Los Dursley se agacharon, pero Harry saltó en el aire, tratando de atrapar una.

- ¿Por qué no agarró una del suelo? - Preguntó Ron desconcertado.

- Porque al igual que su padre le gustan las cosas difíciles, como agarrar cosas que se escapan de sus manos - Dijo sonriendo Sirius, recordando cómo su amigo solía jugar con una snitch.

— ¡Fuera! ¡FUERA! Tío Vernon cogió a Harry por la cintura y lo arrojó al recibidor. Cuando tía Petunia y Dudley salieron corriendo, cubriéndose la cara con las manos, tío Vernon cerró la puerta con fuerza. Podían oír el ruido de las cartas, que seguían cayendo en la habitación, golpeando contra las paredes y el suelo.

—Ya está —dijo tío Vernon, tratando de hablar con calma, pero arrancándose, al mismo tiempo, parte del bigote — Quiero que estéis aquí dentro de cinco minutos, listos para irnos. Nos vamos. Coged alguna ropa. ¡Sin discutir!

- ¡Ja! Ya se ha vuelto paranoico - Rio Tonks encantada - Ahora sí se ha vuelto completamente loco.

- Parece una bomba de relojería que va a estallar en cualquier momento - Dijo Hermione sonriendo.

Parecía tan peligroso, con la mitad de su bigote arrancado, que nadie se atrevió a contradecirlo.

- ¿Peligroso o ridículo? - Comentó Draco con asco, esos muggles no le provocaban más que eso.

Diez minutos después se habían abierto camino a través de las puertas tapiadas y estaban en el coche, avanzando velozmente hacia la autopista. Dudley lloriqueaba en el asiento trasero, pues su padre le había pegado en la cabeza cuando lo pilló tratando de guardar el televisor, el vídeo y el ordenador en la bolsa.

La señora Weasley frunció el ceño, molesta.

- Me parece estupendo que por fin empiece a educar a su hijo y a enseñarle que no puede conseguir todo - Dijo en un tono de desaprobación - Pero ese no es motivo para pegar a un niño.

- Cierto - Estuvo de acuerdo el señor Weasley - Molly y yo nunca les hemos puesto la mano encima a nuestros hijos. No está bien.

Los siete hermanos Weasley les sonrieron. Adoraban a sus padres con toda su alma y no los cambiarían por nada del mundo, aunque a veces no entendieran la obsesión de su padre por las cosas muggles o no les gustase que su madre gritase tanto. Los querían y punto.

Condujeron. Y siguieron avanzando. Ni siquiera tía Petunia se atrevía a preguntarle a dónde iban. De vez en cuando, tío Vernon daba la vuelta y conducía un rato en sentido contrario.

—Quitárnoslos de encima... perderlos de vista... —murmuraba cada vez que lo hacía.

- Wow - Se asombraron todos.

- Vale, este muggle no está paranoico. Paranoico es Ojoloco - Silbó Tonks sorprendida e ignorando el gruñido de su mentor - Este está loco. Simple y llanamente loco. Como una cabra.

Todos se echaron a reír. La chica tenía razón al pensar eso. Una cosa era estar paranoico, que por lo menos entonces te quedaba algo de cordura, pero a Vernon Dursley le había superado la situación y ahora era un peligro público.

No se detuvieron en todo el día para comer o beber.

- ¿Nada de comer en todo el día? - Se alarmaron muchos.

La cara de Ron sugería que ese era su propio infierno personal. Un día entero sin probar bocado... Se estremeció solo de pensarlo y le entró hombre a pesar de que no hacía tanto que habían desayunado.

Pero no era el único. Entre toda la tensión del libro y ahora la mención de que no había comida, todos empezaron a tener hambre.

Al llegar la noche Dudley aullaba. Nunca había pasado un día tan malo en su vida. Tenía hambre, se había perdido cinco programas de televisión que quería ver y nunca había pasado tanto tiempo sin hacer estallar un monstruo en su juego de ordenador.

- Vaya, menudo problema - Dijo Hermione sarcástica. Así que es más importante que no has jugado a un estúpido videojuego antes que el que tengas hambre, ¿no?

- No me extraña - Resopló Sirius - Esa bola de grasa podría pasar una semana sin comer y no se moriría de hambre. Solo volvería a parecer una persona normal.

Eso arrancó algunas sonrisas. Harry miró a su alrededor. Parecía que la gente ya había superado la sorpresa de los Dursley y se tomaba las cosas con más calma. Estaba seguro que solo era el comienzo, eran siete libros, seguro que el Harry del libro tendría que lidiar con ellos en cada uno de ellos.

Tío Vernon se detuvo finalmente ante un hotel de aspecto lúgubre, en las afueras de una gran ciudad. Dudley y Harry compartieron una habitación con camas gemelas y sábanas húmedas y gastadas. Dudley roncaba, pero Harry permaneció despierto, sentado en el borde de la ventana, contemplando las luces de los coches que pasaban y deseando saber...

- Tu curiosidad – Dijo Ron divertido – Si hay algo que sin duda tienen en común tú y el Harry del libro es que ambos tienen una gran curiosidad, me pregunto si como tu hacen lo que sea por averiguarlo

Harry sonrió divertido, estaba seguro que sí.

Al día siguiente, comieron para el desayuno copos de trigo, tostadas y tomates de lata. Estaban a punto de terminar, cuando la dueña del hotel se acercó a la mesa.

—Perdonen, ¿alguno de ustedes es el señor H. Potter? Tengo como cien de éstas en el mostrador de entrada.

- ¡Cien! - Exclamaron muchos entre risas y señas de admiración.

- ¡Ja! - Dijo triunfante George - No te esperabas eso, ¿eh, Dursley?

- No puedes escapar de la magia así - Reía Fred - Y seguro que pensaba que ahí ya estarían a salvo.

Todos estaban ansiosos por continuar, por ver cuál sería la siguiente locura que se le ocurriría.

Extendió una carta para que pudieran leer la dirección en tinta verde:

Señor H. Potter Habitación 17 Hotel Railview Cokeworth

Harry fue a coger la carta, pero tío Vernon le pegó en la mano. La mujer los miró asombrada.

- ¡Normal! Esa no es forma de tratar a un niño - Declaró Molly indignada.

—Yo las recogeré —dijo tío Vernon, poniéndose de pie rápidamente y siguiéndola.

— ¿No sería mejor volver a casa, querido? —sugirió tía Petunia tímidamente,

- Al fin esa mujer dice algo inteligente - Dijo Tonks con dramatismo, Lupin sonrió un poco, iba a tomarle la mano, pero se dio cuenta de que ya se la tenía cogida ¿Cuándo se la había tomado? Se preguntó un poco confundido. Tonks pareció darse cuenta de su confusión y luego de sonreírle le apretó la mano con cariño.

unas horas más tarde, pero tío Vernon no pareció oírla. Qué era lo que buscaba exactamente, nadie lo sabía. Los llevó al centro del bosque, salió, miró alrededor, negó con la cabeza, volvió al coche y otra vez lo puso en marcha. Lo mismo sucedió en medio de un campo arado, en mitad de un puente colgante y en la parte más alta de un aparcamiento de coches.

—Papá se ha vuelto loco, ¿verdad? —preguntó Dudley a tía Petunia aquella tarde. Tío Vernon había aparcado en la costa, los había encerrado y había desaparecido. Comenzó a llover. Gruesas gotas golpeaban el techo del coche. Dudley gimoteaba.

—Es lunes —dijo a su madre—. Mi programa favorito es esta noche. Quiero ir a algún lugar donde haya un televisor. Lunes. Eso hizo que Harry se acordara de algo. Si era lunes (y habitualmente se podía confiar en que Dudley supiera el día de la semana, por los programas de la televisión), entonces, al día siguiente, martes, era el cumpleaños número once de Harry.

- ¡Ya falta poco para que cumplas once años, Harry! - Le dijo Hermione emocionada.

- No, Hermione, tengo quince años - Le recordó Harry y muchos rieron mientras Hermione se ruborizaba.

- ¿Y solo por eso se acordó? - Se indignó Hermione recuperándose.

- Ah no es mucha diferencia conmigo, normalmente no esperaba con demasiado entusiasmo mi cumpleaños, incluso cuando me libre de los Dursley

- Hasta para eso eres raro - Comentó Ron, ganándose un golpe en la cabeza, cortesía de su hermana.

Claro que sus cumpleaños nunca habían sido exactamente divertidos: el año anterior, por ejemplo, los Dursley le regalaron una percha y un par de calcetines viejos de tío Vernon.

- ¡Eso es más una burla que un regalo! ¡Es casi mejor que no te regalen nada! - Dijo Ron sintiéndose ofendido por la burla hacia su amigo.

Mientras tanto, en la primera generación, la mayoría estaban tristes y molestos.

- Ay mi pobre niñito - Se lamentó Lily.

- Descuida amor, te prometo que cuando cambiemos todo tendrá la mejor fiesta de cumpleaños - le aseguro - Todos sus cumpleaños se los festejaremos en la vieja mansión Potter, con pasteles de todo tipo, adornos…

- Sí, además le daremos muchos regalos y juguetes para él y sus muchos amigos - Lo apoyo Sirius - Será mejores que los cumpleaños que hace mamá Dorea.

- Y yo te ayudare a estos con estos dos no se excedan demasiado y echen a perder a tu hijo – Dijo Dorea sonriendo tiernamente a Lily.

- Hey - Protestaron ambos, pero la pelirroja sonrió con alegría, a pesar de sus defectos, ellos eran las personas más maravillosas personas que pudo haber conocido.

Sin embargo, no se cumplían once años todos los días.

- ¡Así se habla, cachorro! - Dijo Sirius - Hay que ver lo positivo de la situación.

Todos asintieron con la cabeza debido a que ese cumpleaños, el número once, era especial en el mundo mágico. Los magos y las brujas comenzarían su educación en el colegio más alucinante de la historia. Y eso era absolutamente importante para la comunidad mágica.

Tío Vernon regresó sonriente. Llevaba un paquete largo y delgado y no contestó a tía Petunia cuando le preguntó qué había comprado.

- ¿Descubriría qué era? - Preguntó Tonks curiosa.

Ron resopló divertido antes de que Harry pudiese abrir la boca.

- Es Harry - Dijo como si eso lo explicase todo - Todavía no he visto ningún secreto que esté a salvo con él cerca.

— ¡He encontrado el lugar perfecto! —dijo—. ¡Vamos! ¡Todos fuera!

- Ay, no - Se lamentó Hermione dándose una palmada en la frente.

- Si él opina que es perfecto será mejor mantenerse lo más lejos posible de ese lugar - Dijo el señor Weasley abriendo la boca por primera vez en mucho tiempo.

Hacía mucho frío cuando bajaron del coche. Tío Vernon señalaba lo que parecía una gran roca en el mar. Y, encima de ella, se veía la más miserable choza que uno se pudiera imaginar. Una cosa era segura, allí no había televisión.

- Es un hombre desalmado - Murmuró la profesora Sprout.

Minerva asintió de acuerdo con ella antes de que Flitwick continuase leyendo.

— ¡Han anunciado tormenta para esta noche! —anunció alegremente tío Vernon, aplaudiendo—. ¡Y este caballero aceptó gentilmente alquilarnos su bote! Un viejo desdentado se acercó a ellos, señalando un viejo bote que se balanceaba en el agua grisácea.

—Ya he conseguido algo de comida —dijo tío Vernon—. ¡Así que todos a bordo! En el bote hacía un frío terrible. El mar congelado los salpicaba, la lluvia les golpeaba la cabeza y un viento gélido les azotaba el rostro. Después de lo que pareció una eternidad, llegaron al peñasco, donde tío Vernon los condujo hasta la desvencijada casa.

Los alumnos estaban horrorizados por lo que estaban escuchando. Intentaban imaginarse a sus padres en la situación de ese Dursley, pero ni los que tenían las ideas más descabelladas podían pensar que harían algo así.

Los adultos despotricaban contra Vernon Dursley por lo bajo. Estaba haciendo pasar a su familia por una horrible odisea. ¿Y para qué? Solo para INTENTAR que Harry no recibiese su carta. Es decir, para nada. ¡Menudo estúpido!

- ¿No ve que también está consiguiendo que su mujer y su hijo lo pasen mal? - Preguntó el señor Weasley enfadado. Él tenía clarísimo que el bienestar de su familia era lo primero y no comprendía que este hombre pudiese arriesgar de esta manera el de la suya - Ya he entendido que su meta en la vida es que Harry lo pase tan mal como sea posible - Escupió con desprecio - ¿Pero está dispuesto a arrastrar a su familia en el proceso?

- No lo ve así - Murmuró Remus apretando los puños - Como ha dicho Tonks, ha perdido la cabeza. No está pensando con claridad.

El interior era horrible: había un fuerte olor a algas, el viento se colaba por las rendijas de las paredes de madera y la chimenea estaba vacía y húmeda.

- En teoría quiere proteger a su familia, pero los lleva a un sitio donde se pueden constipar, sin casi comida y parece que va a haber tormenta - Dijo una señora Weasley indignadísima.

Sólo había dos habitaciones. La comida de tío Vernon resultó ser cuatro plátanos y un paquete de patatas fritas para cada uno. Trató de encender el fuego con las bolsas vacías, pero sólo salió humo.

—Ahora podríamos utilizar una de esas cartas, ¿no? —dijo alegremente.

- ¡Que rabia me da este hombre! - Gritó Sirius agarrándose al asiento para calmarse.

Remus también necesitaba aferrarse a algo para tranquilizarse, por eso se alegró cuando vio la mano que Tonks le ofrecía. La tomó con fuerza y le dio un apretón que ella devolvió.

Estaba de muy buen humor. Era evidente que creía que nadie se iba a atrever a buscarlos allí, con una tormenta a punto de estallar. En privado, Harry estaba de acuerdo, aunque el pensamiento no lo alegraba.

- Tranquilo - Se dijo Harry a su yo del pasado - Que ahora es cuando cambian las cosas. Pensó ya que tenía el presentimiento de que algo iría a suceder.

Al caer la noche, la tormenta prometida estalló sobre ellos. La espuma de las altas olas chocaba contra las paredes de la cabaña y el feroz viento golpeaba contra los vidrios de las ventanas.

- Merlín... - Murmuraron algunos imaginándose en esa situación.

Tenía que hacer un frío horrible... Y estaría todo húmedo... ¿Se colaría más agua durante la noche?

Tía Petunia encontró unas pocas mantas en la otra habitación y preparó una cama para Dudley en el sofá. Ella y tío Vernon se acostaron en una cama cerca de la puerta, y Harry tuvo que contentarse con un trozo de suelo y taparse con la manta más delgada.

- No sé ni por qué me sorprendo - Bufó Hermione - Ya sabía yo que le iban a hacer algo por el estilo.

- Mira que hacerle dormir en el suelo mientras ellos están en la cama - Gruñó el señor Weasley. Si él acabase en esa situación con su familia, no dormiría en una cama tranquilamente si alguno de sus hijos estaba durmiendo en el suelo.

Mientras tanto, en la primera generación, la mayoría estaban tristes e indignados.

- Nuevamente, nuevamente tratándolo como si no valiera, maldita la hora en que callo con mi endemoniada hermana – Dijo Lily, la indignación y las lágrimas de dolor, rabia e impotencia de la mujer eran más que evidentes - Nuevamente, nuevamente tratándolo como si no valiera, maldita la hora en que callo con mi endemoniada hermana.

La tormenta aumentó su ferocidad durante la noche. Harry no podía dormir. Se estremecía y daba vueltas, tratando de ponerse cómodo, con el estómago rugiendo de hambre.

Algunos bajaron sus cabezas avergonzados, mientras los restantes miraban a Harry atónitos.

- Es intolerable que un Potter haya tenido que pasar eso - Gruñó Remus, apretando los puños.

- Más sabiendo que los Potter son una de las familias más ricas del mundo mágico - Acotó Sirius, golpeando la mesa, furioso.

Entre tanto, Ron maldecía entre dientes y Hermione se tapaba la boca con las manos. Ninguno de los dos se imaginaba algo como eso. Y ambos pensaron en que debían tener una conversación con Harry en algún momento, pero por ahora debían seguir escuchando la lectura.

Los ronquidos de Dudley quedaron amortiguados por los truenos que estallaron cerca de la medianoche. El reloj luminoso de Dudley, colgando de su gorda muñeca, informó a Harry de que tendría once años en diez minutos. Esperaba acostado a que llegara la hora de su cumpleaños, pensando si los Dursley se acordarían y preguntándose dónde estaría en aquel momento el escritor de cartas.

Todos estaban atentos para felicitar a Harry en el momento justo, sabían que ya había pasado, pero querían hacerlo.

Cinco minutos. Harry oyó algo que crujía afuera. Esperó que no fuera a caerse el techo, aunque tal vez hiciera más calor si eso ocurría.

- ¡Claro que no! - Le dijo Ginny riendo, este le devolvió la sonrisa y Ginny pensó que se derretía ahí mismo, era antinatural que alguien pudiese sonreír de esa manera.

Cuatro minutos. Tal vez la casa de Privet Drive estaría tan llena de cartas, cuando regresaran, que podría robar una.

- No estarías robando, eran tuyas - Dijo Tonks.

Tres minutos para la hora. ¿Por qué el mar chocaría con tanta fuerza contra las rocas? Y (faltaban dos minutos) ¿qué era aquel ruido tan raro? ¿Las rocas se estaban desplomando en el mar?

Alguien, tal vez, podría haber pensado en el sentido oculto tras esos ruidos, pero estaban demasiado atentos para felicitar a Harry en el momento justo como para notarlo.

Un minuto y tendría once años. Treinta segundos... veinte... diez... nueve... tal vez despertara a Dudley, sólo para molestarlo...

- Hazlo - Instó el comedor, mirando esperanzado al libro.

Por su parte, en la primera generación, los merodeadores estaban instando al Harry del libro a que lo hiciera.

- Bien dicho, Harry - Animó James a su hijo.

- Está claro que por mucho carácter Evans que tenga de vez en cuando florece el alma merodeadora - Dijo Sirius orgullosamente.

- Espero que sim hermano - Dijo James con una mano en el corazón.

No hace falta decir que se ganaron ambos una colleja por parte de Lily y Marlene

tres... dos... uno...

- ¡Feliz Cumpleaños! – Exclamaron, fue un grito común, de gente de todas las casas, de gente con la que no había hablado en la vida, de gente que había llevado durante todo el curso pasado chapas de "Potter apesta", todos, en general, le felicitaron.

Harry simplemente los ignoró, solo aceptó las felicitaciones de sus amigos y allegados.

BUM.

- ¿Qué pasa? – Preguntaron algunas mujeres preocupadas.

En la primera generación, algunas mujeres también estaban preocupadas, sobre todo la madre y las abuelas de Harry.

- ¿Qué ha sido eso? - Preguntó asustada Lily.

- Tranquila, cariño estoy seguro de que no fue nada - Dijo James rápidamente para tranquilizar a su esposa, pero al mismo tiempo mirando a McGonagall para que se lo confirmara.

- Harry está bien - Dijo con una sonrisa enternecida, se sentía tan feliz cada vez que los Potter mostraban cariño a su hijo, pero al mismo tiempo se sentía furiosa, si Voldemort no los hubiera matado Harry habría disfrutado de una vida confortable y llena de amor por parte de sus padres.

Toda la cabaña se estremeció y Harry se enderezó, mirando fijamente a la puerta. Alguien estaba fuera, llamando.

- ¡¿Qué?!- Preguntaron casi todos.

- ¿Quién puede llamar a la puerta en esa isla dejada de la mano de Dios? - Preguntó Tonks.

- Debe ser alguien de Hogwarts - Dijo Arthur - Sino ¿Quien más puede ser?

- Seguramente tienes razón - Coincidió Sirius - Al ver que no respondía deben de haber enviado a alguien – Dijo mirando al pequeño profesor para que siguiera.

- Aquí se acaba el capítulo - Anunció el profesor Flitwick.

- Bueno quien leerá el siguiente - Dijo Dumbledore.

- ¿Podría leer yo? – Preguntó Hagrid.

- Claro, Hagrid - Dijo Dumbledore y le paso el libro.

El guardabosques tomo el libro entre sus manos y lo abrió en la página correspondiente.

- Capítulo 4: El Guardián de las Llaves - Leyó Hagrid


Hola lectores! Aquí esta de nuevo esta historia reescrita. Es la típica historia de los libros, pero con algo de trama original. Espero les guste y me compartan su opinión, dependiendo de como les parezca la forma en que los estoy escribiendo, haré cambios durante la historia. Por ahora disfruten de la historia.

LewisNashSkoll