Disclaimer: El mundo de Harry Potter y sus personajes no me pertenece. Todo es basado en la historia de la aurora J.K. Rowling. Yo solamente hago uso de ellos creando historias, no busco animo de lucro.
Agradecimientos: Quiero darle un especial agradecimiento a Bel potter por permitirme basarme en su historia para hacer y continuar avanzando mi historia, también a todos los autores con los que me inspire para realizar esta historia, haré mi mayor esfuerzo para terminar todos los libros.
Lo escrito en negrita es sacado del libro Harry Potter y La Piedra Filosofal
Capítulo 5 – El Callejón Diagon
…
En la tercera generación, los chicos tardaron un poco en levantarse, pero con la ayuda de Hermione todos estuvieron despiertos y listos para el desayuno, sin duda la lectura de ahora en adelante se pondría más interesante ya que llegaba el momento en que el Harry del libro llegaría a Hogwarts, todos estaban ansioso por saber que aventuras viviría y cuando conocería a sus amigos, pero estaban seguros que sabrían mucho más sobre la fama de Harry, por ahora sabían que era el salvador del mundo mágico, pero irían descubriendo más cosas.
Cuando terminaron de desayunar, se dio paso a la lectura donde esta vez el turno fue de James Sirius ya que quería saber cómo fue el día en que su padre entro al mundo mágico y conoció Diagon Alley, se aclaró la garganta y dijo.
- Capítulo 5: Callejón Diagon – Leyó sonriendo - Eso es algo inolvidable - Se auto interrumpió.
…
Los dos merodeadores llegaron al Gran Comedor, que estaba lleno de estudiantes. Eran de los últimos en llegar, pero, después de todo, habían sido de los últimos en irse a dormir. Se sentaron al lado de los Weasley y enseguida Sirius se llenó el plato con todo lo que pudo alcanzar.
- Respira, Sirius - Le recordó Remus entre divertido por la imagen y triste por la causa de todo ese hambre -. Nadie te lo va a quitar.
- Respirar está sobrevalorado - replicó él entre bocados -. Las salchichas están mucho mejor. Si tengo que elegir entre las dos cosas, lo siento, pero me quedo con las salchichas.
Remus puso los ojos en blanco y siguió comiendo mientras los Weasley los miraban sonriendo. En pocos minutos, ya no quedaba ninguna salchicha ni huevos ni beicon cerca y solo entonces Sirius dejó los cubiertos satisfecho.
- Buenos días - Saludó Harry, que llegaba en ese momento con Ron y Hermione.
- Buenos días, Harry - saludó Sirius contento - ¿Todo bien?
- Si, todo bien, solo que me costó trabajo levantar a este pelirrojo – Dijo Harry señalando a su amigo Ronald.
- ¡No quedan salchichas! - Les interrumpió el grito de Ron - ¿Cómo pueden haberse acabado todas?
- Me parece que eso es culpa de este de aquí - Dijo Remus señalando a Sirius.
- ¿Te las has comido todas? – Preguntó, abrió los ojos como platos Ron.
- Todas, todas, no - Replicó Sirius frotándose la parte de atrás del cuello - Solo casi todas. Ya faltaban algunas cuando yo he empezado a comer.
- ¿Cómo has podido comerte todas? - le ignoró el pelirrojo.
- ¡Hey!, que están buenas y tenía hambre - Se defendió.
- Eso ya lo veo - Intervino Harry – Bueno, yo tengo hambre así que voy a comer bastante – Dijo el ojiverde y ante él apareció un montón de comida que consistía en salchichas, beicon, huevos, pan, jugo, fruta picada, y más, compartió un poco con Ron, pero Sirius que quería comer más no pudo porqué Harry, igual que ayer le golpeo la mano, pero algo le pareció curioso a algunos, ¿por qué siempre que Harry tenía hambre aparecía una gran cantidad de comida que Harry come con gusto y no parecía compartirlo con nadie.
El desayuno siguió entre risas y chistes, hasta que Dumbledore se levantó y casi al instante todos se callaron.
- Buenos días a todos. Hoy vamos a seguir con la lectura – Anunció - ¿Quién quiere leer ahora? - Preguntó el director agitando el libro en su mano con una sonrisa. La profesora Sprout se ofreció voluntaria y Dumbledore le entregó el libro.
- Capitulo 5: El Callejón Diagon - Leyó la profesora Sprout con una sonrisa en la boca.
Todos en el comedor se emocionaron al escuchar el nombre del callejón. Por fin aparecía en la historia un lugar que todos conocían.
…
La mañana había llegado, o al menos eso creían, ya que con el tiempo detenido era difícil diferenciarlo, pero sin embargo una fuerte luz entraba por las ventanas y marcaba el momento de despertar, pero en una sala, una pareja se habían levantado temprano para hablar sobre las cosas que han estado leyendo, por ahora solo sabían que debían evitar sus muertes para que su hijo nunca llegue a estar con la hermana de Lily, luego pasaron al momento en que si veían a su hijo debían darle todo el apoyo, pero fue Lily la que dijo que deseaba tener en sus brazos a su hijo y darle todo el amor que se le fue negado a lo que James la miro y dijo.
- Te entiendo Lily, pero si llegáramos a reunirnos con ellos, él podría llegar a tener nuestra edad, o incluso a alguien mayor y con hijos, si es el caso no puedes tratarlo como a un bebe – Exclamó aparentemente sin recordar el año de que serían traídos.
- ¡Tú qué sabes, James Charlus Potter! – Habló con voz desafiante - Aunque trajeran al Harry de 90 años seguirá siendo mi bebe – Terminó con voz maternal
El pelinegro negó divertido con la cabeza, esa joven era tan parecida a su querida madre, cuantas veces le habrá dicho las mismas palabras que acababa de usar.
Después de un rato, la pareja entro al comedor donde estaban todos, al parecer eran los únicos que faltaban, avanzaron hacia los asientos que habían ocupado el día anterior y se sentaron frente a Sirius que tenía la boca llena de comida y de Remus que estaba hablando muy animadamente con Ted Tonks que en esa ocasión se sentó junto él y se dispusieron a disfrutar de su desayuno.
- Vaya, hasta que por fin llegan – Ironizó Canuto cuando trago lo que tenía - Se supone que Harry nacerá en unos años, pero ya comenzaron a practicar, ¿no? - la pareja se sonrojo al escuchar eso.
- Cállate, perro sarnoso, sabes que dormimos con nuestros padres, solo que nos levantamos temprano para hablar - Le increpó James.
- Lunático, Cornamenta me llamo perro sarnoso - Le dijo a su amigo, pero el aludido no le hizo caso - ¡Hey, Remus!
- Si ya lo oí Canuto y estoy de acuerdo con él – Afirmó molesto.
- Ustedes sí que son crueles - Comenzó su teatro Sirius - Tratando tan mal a su magnífico colega, además que se supone que el código dice "amigos antes que mujeres"- realizo algunos ademanes exagerados con las manos haciendo que algunos rieran - Y miren James me dejo por la pelirroja, solo falta para que Remus me abandone por una chica.
- Tu hacías lo mismo cuando nos abandonabas en nuestras bromas para ir con alguna de tus ligues, aunque ahora buscas más a cierta rubia – Dijo Lunático sonriendo divertido mientras miraba de reojo a Marlene que hablaba con Alice, el animago se sonrojo y queriendo salir del tema.
- Bueno y esta vez quien leerá - Desvió la atención el animago, pero en ese momento apareció la profesora McGonagall del futuro hablando tranquilamente con una pareja que nadie había visto nunca, eran muggles por su forma de vestir, y de mirar a cada pequeño detalle de la habitación, estaba claro que estaban bastante sorprendidos. Llevaban una bolsa de viaje y se les veía expectantes
- Señoras y señores, estos son el señor y la señora Granger – Dijo la profesora.
Todos los miembros del grupo se miraron entre ellos, se preguntaban que tenían que ver unos muggles con esta lectura.
- Ellos fueron traídos aquí para formar parte del grupo, ellos deben de saber lo que les deparará en el futuro, además de que ellos son los padres de un personaje muy importante en la lectura que pronto aparecerá – Explicó McGonagall.
- Así que ellos son los padres de la futura sangre nueva de Hogwarts – Comentó Ted sonriendo a los Granger que lo miran sin entender y tal vez un poco asustados por lo de la "sangre"
- Lo que mi marido quiere decir es que su futuro hijo o hija no tiene parientes - Dijo Andrómeda - La mayoría de los alumnos que vienen aquí son magos de nacimiento a excepción de algunos como futuro hijo o hija y mi marido.
Los señores Granger miraron a Ted.
- Usted es de padres sin magia.
- Muggles - Intervino Lily - Así es como los llamamos, yo también soy hija de muggles - Dijo Lily acercándose a la pareja y estrechándoles la mano cálidamente - Mi nombre es Lily Evans, este es mi novio James Potter - Dijo señalando a James que se acercó a estrechar la mano de la pareja.
La señora Granger sonrió afablemente a Lily más confiada.
- Mi nombre es Jane Granger y este es mi marido William, pero le gusta que le digan Will, un placer señorita Evans.
- Por favor, llámame Lily
- Y tú a mi Jane - Dijo la mujer – Tu debes ser la madre del protagonista de la historia que vamos a leer, ¿verdad?
Lily asiente, aunque está claro que no le hace mucha gracia.
- Bueno pelirroja no acapares a los recién llegados, los demás también queremos presentarnos - Intervino Sirius pasando hacía delante.
Lily puso los ojos en blanco.
- Este es Sirius Black, el mejor amigo de mi novio.
- Y tu futuro cuñado, pelirroja que no se te olvide - Comentó Sirius - Bienvenidos a Hogwarts - Termina Sirius con una sonrisa bromista - Donde los sueños se hacen realidad mientras Dumbledore esté de director
Todos rieron ante lo dicho por Sirius.
- Ella es mi… bueno, ella es Marlene McKinnon.
William Granger alza una ceja.
- ¿Que aún no se deciden a dar el paso entre ustedes? – Preguntó entre divertido y escéptico.
Marlene sonrió.
- Yo sí, pero la tendrá difícil ya que no nos llevamos bien
Sirius hizo una mueca.
- Pues para llevarnos bien existen muchas maneras de hacerlo – Comentó con tono sugerente haciendo que ella se sonrojara violentamente y le golpea fuerte en el hombro
Algunos sueltan risitas.
- Mi nombre es Remus Lupin, también soy amigo de ellos.
- Hola yo soy Andrómeda Tonks, el graciosillo de aquí es mi marido Ted.
Al final decidieron seguir con las presentaciones con los padres de James y Lily, luego le siguieron Frank, Alice, Pandora, Xenophilius Lovegood, y luego los hermanos Prewett.
- Nosotros somos Fabián y Gideon Prewett, tenemos una hermana menor que se casó hace unos años y ya tiene 5 hijos, los últimos son gemelos como nosotros, aunque creo que ellos quieren tener una niña.
- Wow, 5 hijos y puede que más - Dijo Will con los ojos desorbitados mirando a los gemelos - Ves Jane se puede tener más de 5 hijos perfectamente ¿Por qué nosotros no podemos tener como mínimo 4? - Dijo el hombre poniéndole carita de pena a su esposa.
Jane frunce el ceño y mira amenazadoramente a su marido.
- No pienso estar de parto 4 veces, confórmate con el hijo que tendremos o una parejita.
Will puso cara entristecida.
- Te entiendo, compañero - Dijo James, dándole palmaditas comprensivas a Will en la espalda - Yo también quisiera tener muchos hijos para poder formar un equipo de Quidditch, pero mi novia solo dice que tendremos apenas dos y eso.
- James no empieces – Le amenazó Lily con una mirada furibunda.
- ¿Qué es el Quidditch? – Preguntó Will totalmente perdido.
- Es el deporte más importante de los magos - Dijo Sirius rápidamente uniéndose a la conversación.
En cuestión de milésimas de segundo los hombres se habían lanzado a explicarle al señor Granger todas las reglas del Quidditch
Jane miraba desconcertada aquel panorama.
- Para que puedas hacerte una idea, el Quidditch es como el futbol para los muggles.
Jane hace un gesto de entendimiento, pero también de descontento.
- Hombres - Dijeron todas a la vez.
Después de aquello se presentaron los demás finalizando con los Malfoy, estos últimos con menos entusiasmo que los demás.
Mientras hablaban de Quidditch y posteriormente de fútbol, así como de diferentes aparatos muggles que William les estaba describiendo sobre todo para Fabián, Gideon y Sirius que parecían ser los más intrigados, Remus y James tenían algo más de experiencia, pero también preguntaban algunas cosas.
Will se preguntaba que iría a pasar con ellos, apenas acababan de enterarse de que en el futuro tendrían un hijo o una hija y que esta sería un mago o bruja, acaban de entrar a ese nuevo mundo para ellos, pero al parecer estas personas ya los consideraban parte de ellos, se preguntaba si su esposa se adaptaría y comenzaría a disfrutar este momento tanto como él.
- Estoy seguro que se adaptarán muy pronto, sobre todo su esposa gracias a mi novia, ella es temperamental – Dijo James a Will sonriendo adivinando lo que estaba pensando Will
- ¿Quién leerá ahora? – Preguntó Lily, James saltó en el sitio asustado de que su novia le hubiera oído.
Will le golpeó en el hombro con camaradería.
- Te entiendo perfectamente - Dijo el hombre sonriendo de lado, James soltó una risilla.
Todos habían terminado de comer y decidieron que era mejor empezar a leer otra vez.
McGonagall les había explicado a los Granger toda la situación del mundo mágico y sobre todo les contó todo lo que llevaban leído, y parecían tan ansiosos por empezar a leer como los demás.
Todos se sentaron tranquilamente en sus respectivos sitios cómodos esperando a quien continuaría con la lectura.
- Permítanme - Dijo Gideon tomando el libro - Muy bien, vamos al Capítulo 5: Callejón Diagon.
- ¡Excelente! - Exclamaron la mayoría.
- Esperemos que ahora las cosas mejoren - Dijo esperanzada Lily.
Harry se despertó temprano aquella mañana. Aunque sabía que ya era de día, mantenía los ojos muy cerrados.
- Mi pobre niño, no se va a creer que fue verdad - Dijo Lily entristecida prediciendo el pensamiento de su hijo.
- Ponte un poco en su lugar, dicho como lo ha dicho el libro, la perspectiva parece un poco increíble – Dijo Ted.
- Algo de razón tienes - Dijo Lily a regañadientes.
- La verdad es que mi ahijado es bastante pesimista, en vez de plantearse, aunque sea por unos segundos que realmente algo así pasó, directamente piensa que es un sueño - Dijo Sirius.
- Se parece al día en que Lily le dijo a James que, si quería salir con él, ¿Te acuerdas, Canuto? - Preguntó Remus a Sirius con una sonrisa, ambos ignorando las malas miradas de James.
- Claro que me acuerdo, mi querido Lunático, era el primer partido de la temporada, Gryffindor contra Slytherin, y el golpeador de Slytherin, lo tiró de su escoba a unos treinta metros del suelo, Lily, bajó corriendo las gradas hasta donde el muy idiota se había caído y le dijo que le quería justo antes de desmallarse por el golpe, consecuencia de ello, cuando James se despertó en la enfermería a la semana dijo que había tenido un "sueño" muy bonito donde Lily se le declaraba, pero aquello era imposible, todavía recuerdo la cara que puso James cuando Lily fue a verlo a la enfermería poco después de que se despertara y ella le confirmara que era cierto – Dijo Sirius riendo.
- Pues a mí lo que más gracia me hizo fue sus caras cuando les lancé una maldición por no haberme dicho que mi "sueño" había sido real
Remus, Sirius y James acabaron estallando en carcajadas.
Vaya trio…pensó vagamente Lily.
Mientras tanto, en la tercera generación, los hijos sonrieron con algo de tristeza, sabían muy bien porqué su padre no quería abrir los ojos, pensaba que había sido un sueño lo que le había pasado, ellos también hubiesen pensado lo mismo si hubiesen estado en la posición de su padre.
«Ha sido un sueño —se dijo con firmeza—. Soñé que un gigante llamado Hagrid vino a decirme que voy a ir a un colegio de magos. Cuando abra los ojos estaré en casa, en mi alacena.»
- Si, ahí está cornamenta - Comentó Sirius sonriendo - Siempre tan pesimista.
- Hey, que yo no soy así – Trató de defenece.
- Claro que si - Dijeron al mismo tiempo sus padres, amigos y su novia - De hecho, a mí siempre me ha sorprendido eso de ti - continuo la joven.
- ¿Qué cosa?
- Que a pesar de que tu baja autoestima siempre esta alta, seas tan pesimista – Aclaró Remus.
James se le quedo viendo de una forma extraña, parecía que no había entendido bien lo que había dicho, pero para no meterse en problemas simplemente guardo silencio y le pidió a su futuro suegro que continuara leyendo.
Mientras tanto, en la tercera generación, algunos de los jóvenes rieron mientras veían al hijo mayor de los Potter.
– Vaya, ahora sabemos quién heredó el pesimismo del abuelo James, pero nuestro padre en los libros también lo heredó, pero creo que Jamsie lo supera – Dijo Albus sonriendo divertido mirando a su hermano que miraba molesto a su hermano.
Se produjo un súbito golpeteo. «Y ésa es tía Petunia llamando a la puerta», pensó Harry con el corazón abrumado. Pero todavía no abrió los ojos. Había sido un sueño tan bonito...
- Ay mi cielo, eso no fue un sueño – Dijo con ternura su madre.
- Y se volverá más bonito si abres tus ojitos verdes de una buena vez, pequeño Potter - Dijeron Gideon y Fabián al mismo tiempo poniendo los ojos en blanco – Parece ser más testarudo que nuestra querida hermana - Terminaron a la vez.
Toc. Toc. Toc.
—Está bien —rezongó Harry—. Ya me levanto. Se incorporó y se le cayó el pesado abrigo negro de Hagrid. La cabaña estaba iluminada por el sol, la tormenta había pasado, Hagrid estaba dormido en el sofá y había una lechuza golpeando con su pata en la ventana, con un periódico en el pico. Harry se puso de pie, tan feliz como si un gran globo se expandiera en su interior.
- Así me sentí yo cuando me di cuenta de que realmente Lily me había dicho que si - Comentó James, más para sí mismo que para cualquier otro, a su lado Lily sonrió y lo besó en la mejilla para después apoyar la cabeza en el hombro de su novio ante la mirada sonriente de los padres de ambos jóvenes.
Mientras tanto, en la segunda generación, todos sonrieron divertidos, les gustaban las comparaciones de Harry.
- Harry, ¿sabes que haces las comparaciones más extrañas que he oído nunca para describir las cosas? - Preguntó Ron divertido - ¿Un globo? ¿En serio?
- Yo que tú no me reiría, Ronnie - Dijo George con una sonrisa traviesa.
- Sí, después de todo, tu descripción no puede tardar mucho más en aparecer - Dijo Fred con una sonrisa idéntica a la de su hermano.
Ron perdió la sonrisa y fulminó a sus hermanos con la mirada antes de girarse hacia Harry entrecerrando los ojos, pero este no le puso atención, aunque estaba sonriendo.
Mientras tanto, en la tercera generación, los hijos Potter sonreían ante las comparaciones que decía su padre.
Fue directamente a la ventana y la abrió. La lechuza bajó en picado y dejó el periódico sobre Hagrid, que no se despertó.
- Menudo sueño más profundo - Se asombró Tonks - Si a mí me tirasen un periódico encima, saltaría del susto que me llevaría.
- Exacto. No se puede bajar la guardia nunca, ni siquiera dormido - Asintió Ojoloco -. ¡ALERTA PERMANENTE! – Gritaron a la vez Alastor y Harry, este último adivinando lo que haría el auror, sobresaltando tanto a todos que más de uno se cayó de su asiento. Otros sacaron sus varitas pensando que había algún peligro antes de guardarlas avergonzados al darse cuenta de que no pasaba nada.
- ¡Ustedes dos si son un caso! - Les regañó la profesora McGonagall - No hace falta que nos des un ataque con esos gritos.
- Tienen que estar todos preparados para lo inesperado, Minerva - La contradijo Alastor, pero sonriendo a Harry ya que había predicho lo que diría - No hay mejor manera que sorprenderles en el momento en el que empiezan a bajar la guardia. Así aprenderán a no hacerlo nunca.
McGonagall solo frunció el ceño, molesta, pero sabía que era una batalla perdida.
Entonces la lechuza se posó en el suelo y comenzó a atacar el abrigo de Hagrid.
—No hagas eso.
- Primero serpientes, ahora lechuzas… - Comentó Sirius - ¿Qué será lo próximo?
- Bueno, ha hablado contigo así que podemos añadir perros a la lista - Rió Remus. No era fácil ver al hombre lobo bromeando, pero al estar rodeado de su amigo y Tonks (sobre todo Tonks) se sentía lo suficiente cómodo y feliz como para dejarse llevar y relajarse
Harry trató de apartar a la lechuza, pero ésta cerró el pico amenazadoramente y continuó atacando el abrigo.
—¡Hagrid! —dijo Harry en voz alta—. Aquí hay una lechuza...
- Tienes que pagarle, Potter - Dijo Zacharias Smith con mofa, otro más de los pocos imbéciles que no entendía la diferencia entre él y Harry - Ni yo soy tan tacaño.
- Ni siquiera sabía de la existencia de El Profeta ni de las monedas de los magos. ¿Cómo quieres que sepa todo? - Le reprochó Daphne - Nadie nace sabiendo todo, serías imbécil si esperaras que sepa todo.
- ¿No crees que defiendes un poco mucho a Potter? - Preguntó Blaise.
- ¿Y eso a ti qué te importa? - Preguntó de vuelta la chica, volteando la cara y dándole un codazo a su hermana que había estado soltando risitas disimuladas – Harry es alguien bueno que no merece que lo traten mal – Dijo Daphne sonriéndole al ojiverde que le devolvió la sonrisa y gesto de agradecimiento.
—Págala —gruñó Hagrid desde el sofá.
—¿Qué?
—Quiere que le pagues por traer el periódico. Busca en los bolsillos.
- ¿Buscar algo en los bolsillos de Hagrid? - Preguntó Remus con una mueca.
- ¿Qué pasa con eso? - Preguntó Ginny - Me refiero, sé que tardará un poco en encontrar el dinero, pero no pasa nada.
- Lunático tuvo que buscar algo en ellos una vez y algo le pegó un mordisco en la mano - Rio Sirius al recordarlo.
- ¿En serio? ¿Qué era? - Preguntó Neville entre curioso y temeroso por la respuesta.
- Nunca lo supimos - Se encogió de hombros - Soltó el abrigo de golpe y no sabíamos en qué bolsillo había metido la mano.
Algunos miraban el abrigo de Hagrid suspicaces mientras el gigante solo se sonrojaba una vez más.
Mientras tanto, en la primera generación, se estaba teniendo la misma discusión.
- Uy, eso le tomara como una hora – Comentó Fabián.
- Esos bolsillos son útiles siempre y cuando sepas donde se encuentra todo - Lo apoyo Gideon.
Mientras tanto, en la tercera generación, algunos sonreían al recordar las cosas que podrían encontrar en los bolsillos del abrigo de Hagrid, una vez Victoire encontró un colmillo de acromantula y tuvieron que llevarla a San Mungo para tratarla, otra vez Dominique encontró un diente de dragón y el mismo Hagrid se lo regalo por que la chica le gustaban mucho los dragones, así entre otras anécdotas de aquellos que buscaron algo en los bolsillos de Hagrid.
El abrigo de Hagrid parecía hecho de bolsillos, con contenidos de todo tipo: manojos de llaves, proyectiles de metal, bombones de menta, saquitos de té...
- Parece el bolso de Mary Poppins - Comentó Hermione.
Harry asintió.
- Tienes razón.
- ¿El bolso de quién? - Preguntó Ron mirándolos con curiosidad.
Hermione paseó la mirada por la habitación y vio que los únicos que lo habían entendido eran los nacidos de muggles. Suspiró e intentó explicarlo brevemente:
- De un personaje de ficción de los muggles. Mary Poppins es una niñera que vuela con un paraguas y tiene un bolso donde cabe de todo.
- Mm…- Dijo Ron, pensativo -Y ¿puede ser que el autor de este personaje fuese mago o un muggle que conociese mucho sobre nuestro mundo?
- ¿Por qué dices eso?
- Es solo que lo de volar con paraguas me ha recordado a las escobas y también que escuché en no sé dónde que había un hechizo para poder guardar infinidad de cosas en una mochila o bolsa. Probablemente lo mencionaste tú…
Hermione cerró los ojos un momento, pensando. Entonces los abrió de golpe y exclamó emocionada:
- ¡Es verdad! ¡El Hechizo de Extensión indetectable! ¡Ron, eres un genio! Ahora quiero hacer una investigación sobre el tema y averiguar si la autora perteneció al mundo mágico. Cuando acabemos con estos libros y los T.I.M.O.S me iré derecha a la…
- Biblioteca - Terminó Ron por ella.
- Bueno, sí - Dijo la chica un tanto irritada - Pero es que tengo que aprovechar la oportunidad: no está permitido sacar libros fuera de la escuela así que cuando llegue el verano no podré averiguarlo.
Finalmente, Harry sacó un puñado de monedas de aspecto extraño.
- Bueno, tampoco encontró cosas tan extrañas - Dijo Remus algo aliviado.
- ¿No te parece extraño llevar proyectiles de metal en el bolsillo? - Preguntó Sirius antes de girarse hacia Hagrid - ¿Para qué los llevabas, por cierto?
- Ni idea - Se encogió de hombros mientras los buscaba en sus bolsillos - Ni siquiera sabía que llevaba algunos encima.
Los amigos del grandullón se echaron a reír al darse cuenta de que lo decía totalmente en serio. Solo Hagrid podría olvidarse de que llevaba proyectiles de metal en los bolsillos.
- Me sigue sorprendiendo la cantidad de cosas que es capaz de contener ese abrigo - Comentó Theo.
- Bueno - Dijo Luna con aire pensativo, pero mirando directamente al Slytherin - Teniendo en cuenta que Hagrid es tres veces más grande que una persona normal, y por lo tanto su ropa también lo es, supongo que la regla de triplicar se aplica a todo, incluso a sus bolsillos y contenidos.
- Aunque así fuera no creo que, aunque multiplique por tres el tamaño de mis bolsillos, ellos puedan aguantar cosas como lechuzas, teteras o lo que sea que tenga - Dijo Blaise negando con la cabeza con aire contrariado.
—Dale cinco knuts —dijo soñoliento Hagrid.
—¿Knuts?
- Son las pequeñas de bronce – Explicó Lily.
- Esa son buenas, pero yo prefiero las sickles de plata – Exclamó Sirius - Son las que más usamos cuando vamos a Zonco.
Tanto los merodeadores como los hermanos Prewett sonrieron en complicidad, esa era su tienda favorita de cualquier otra, excepto tal vez la tienda de artículos para Quidditch.
—Esas pequeñas de bronce.
- Sin duda, Hagrid hizo muy bien - Dijo Harry al ver las caras de los que le rodeaban - De este modo el Harry del libro se iba familiarizando con todo lo mágico. Por mi parte yo lo aprendí por mi cuenta
- O eso o no quería levantarse del sofá - Rió Ginny.
Harry sonrió.
- También es posible.
Harry contó las cinco monedas y la lechuza extendió la pata, para que Harry pudiera meter las monedas en una bolsita de cuero que llevaba atada. Y salió volando por la ventana abierta. Hagrid bostezó con fuerza, se sentó y se desperezó.
- ¿Y dónde se sentó si se supone que quebró el pobre sofá? - Preguntó Blaise con fingido aire condena.
- En el suelo – Contestaron los gemelos, Sirius y Remus a un tiempo, luego se miraron y sonrieron por la coincidencia.
- No hay de qué preocuparse, no lo quebró, sólo lo hundió - Dijo Luna como si la reciente plática hubiera sido más que simples comentarios irónicos o de broma. Harry miró a la rubia y le sonrió.
- ¿Por qué no le echaste una mano al pobre niño si estabas a punto de levantarte de todas formas? - Preguntó Molly frunciendo el ceño.
- En realidad, señora Weasley - Intervino Harry para sacarle del apuro a su amigo – Creo que el Harry del libro no quería molestar a Hagrid, además quizás tardó demasiado en buscar el dinero y con tanto jaleo, pues seguro se despertó.
La señora Weasley se relajó al oír eso y le sonrió al chico, Hagrid le mandó una mirada agradecida al chico, pero él solo le quitó importancia con un gesto.
—Es mejor que nos demos prisa, Harry. Tenemos muchas cosas que hacer hoy. Debemos ir a Londres a comprar todas las cosas del colegio.
- ¡El callejón Diagon! - Dijeron muchos emocionados, Sirius entre ellos pues le encantaba aquel callejón.
Harry estaba dando la vuelta a las monedas mágicas y observándolas. Acababa de pensar en algo que le hizo sentir que el globo de felicidad en su interior acababa de pincharse.
—Mm... ¿Hagrid?
—¿Sí? —dijo Hagrid, que se estaba calzando sus colosales botas.
—Yo no tengo dinero y ya oíste a tío Vernon anoche, no va a pagar para que vaya a aprender magia.
Muchos le miraron con tristeza, pero Sirius se empezó a reír como loco mientras Remus sonreía, todos le miraron sin comprender.
– Oh vamos, Sirius, no te burles del pobre, no sabía la gran fortuna que poseía, a diferencia de mí que me entere a los 6 años – Dijo mientras Sirius dejaba de reír, era cierto, enterarse a tan corta edad que poseía una gran fortuna y títulos nobles era mucho para él, pero luego vieron a Harry sonreír, a Harry se le ocurrió una idea. Él tenía dinero de sobra, es más, estaba seguro que se dedicaría a muchas cosas en el futuro y el dinero le sobraría siempre, claro sería para dejarles algo a sus hijos, pero quería hacer. Caminó hacia el señor y la señora Weasley quienes lo miraban extrañados.
- Saben, siempre quise poder ayudar en su situación familiar - Empezó Harry y vio que el señor Weasley iba a abrir la boca para replicar así que continuó - Sé que no quieren que lo haga, por eso no he dicho nada hasta ahora, pero ahora que sé que tengo más dinero del que voy a poder gastar, pero si algo aprendí es que la familia Potter somos personas de negocios, así que podremos llegar a un acuerdo que nos beneficie a todos, así ustedes no pensaran que se los estoy dando – Dijo Harry sonriendo mientras los señores Weasley lo miraban confundidos, pero nunca se sabía que iría a planear ese chico.
Y con eso dicho volvió a su asiento dejando no solo a Arthur y Molly con la boca abierta sino a todo el comedor.
- Quiero enfocarme en otras cosas, quizás los negocios puedan funcionar para mí… En fin, puede continuar, profesora Sprout.
Todos, completamente impresionados, tardaron un tiempo en volver a la realidad para seguir con la lectura, incluida la profesora.
- Gracias, amigo, en serio - Le dijo Ron con una sonrisa.
- Eso ha sido muy amable por tu parte ¡Tal vez demasiado amable! - Le dijo Hermione muy contenta.
- Es lo más hermoso que has hecho por mi familia, gracias, Harry – Dijo Ginny mientras lo abrazaba y le daba un beso en la mejilla.
Sirius y Remus sonreían muy complacidos mientras pensaban que, definitivamente, James y Lily habrían estado muy orgullosos de su hijo.
Mientras tanto, en la primera generación, los merodeadores sonrieron.
- No te preocupes, hijo tienes dinero de sobra, de hecho, creo que podrías comprarte una casa, un elfo doméstico y vivir por tu cuenta - Dijo James pensativamente.
- ¡Desde luego que no! - Exclamo Lily - Harry no puede estar solo.
- Mejor solo que con esos monstruos, Lily - Dijo su marido molesto.
- Prefiero que lo adopten - Dijo Lily - No digo que no la separen de mi hermana, solo digo que alguien tiene que cuidar de él.
- Pero ese alguien que lo adoptara tiene que ser alguien que realmente lo quiera y no porque sea Harry Potter o por el dinero, y hay muy poca gente capaz de adoptar a un niño como él y tratarlo normal - Continuó James tercamente.
- Estamos seguros que nuestra hermana podría hacerlo, ella lo educaría muy bien junto a sus hijos, acaba de tener unos gemelos, creo que otro más no habrá problema – Dijeron los hermanos Prewett.
- O podríamos hacer nosotros - Dijeron Alice y Frank
- O nosotros - Dijeron Sirius y Marlene - Aunque no sé dónde se supone que estoy yo, quiero decir…soy su padrino se supone que ya debería estar ahí.
- Pero no estás allí, algo debe haber pasado - Dijo James algo preocupado.
Mientras tanto, en la tercera generación, los hijos de Harry sonreían al ver que el Harry del libro se preocupaba por el dinero sin saber que tenía una fortuna esperándole, su padre les había dicho que cada generación hacía su propio dinero, aunque en el caso de Harry no solo trabaja para ganarlo trabajando, sino que se dedicaba a los negocios y otras cosas que había multiplicado bastante su fortuna.
—No te preocupes por eso —dijo Hagrid, poniéndose de pie y golpeándose la cabeza—. ¿No creerás que tus padres no te dejaron nada?
—Pero si su casa fue destruida...
- ¿Por qué iban a guardar su dinero en su casa? - Preguntó Ron confundido.
—¡Ellos no guardaban el oro en la casa, muchacho! No, la primera parada para nosotros es Gringotts. El banco de los magos. Come una salchicha, frías no están mal, y no me negaré a un pedacito de tu pastel de cumpleaños.
- Ese es nuestro Hagrid - Dijo Sirius con una sonrisa.
Mientras, los gemelos se acercaban a Harry.
- Harry, sobre esto… Ya nos habías dado dinero para abrir nuestra tienda y entiendo que eres una buena persona y todo eso... pero esto es demasiado - Le dijo Fred con una sonrisa ladeada.
- Tranquilos, ya hablaremos de esto, además quizás podamos hacer negocios – Dijo Harry mientras sonreía de manera astuta, supieron que no lo harían cambiar de opinión, además algo les decía que ellos también disfrutarán lo que Harry tenía pensado
—¿Los magos tienen bancos?
- Claro que sí - Dijo Bill, olvidando por un segundo que le estaba hablando a un libro, hasta que escuchó la risa de su hermana y para evitarse el bochorno no agregó nada más y dejo que la lectura continuara.
Mientras tanto, en la primera generación, también se discutía sobre los duendes de Gringotts.
- No tienen tantos como los muggles, pero definitivamente son más seguros y son menos corruptos en ellos - Dijo Ted como respuesta.
- Si algo hay que reconocerles a los duendes es que tiene un montón de dinero en sus manos, podrían fácilmente apropiarse de todo para manipularnos y manejarnos a los magos y no lo hacen - Dijo Lily también algo pensativa
- Los duendes son…muy cuadriculados, les gusta manejar el dinero porque piensan que somos demasiado idiotas, y que cometeremos algún fallo gordo y cargarnos el sistema, pero tampoco voy a quejarme, lo hacen bien - Dijo Frank.
—Sólo uno. Gringotts. Lo dirigen los gnomos. Harry dejó caer el pedazo de salchicha que le quedaba.
—¿Gnomos?
—Ajá... Así uno tendría que estar loco para intentar robarlos, puedo decírtelo. Nunca te metas con los gnomos, Harry. Gringotts es el lugar más seguro del mundo para lo que quieras guardar, excepto tal vez Hogwarts. Por otra parte, tenía que visitar Gringotts de todos modos. Por Dumbledore. Asuntos de Hogwarts.
- Hagrid no lo digas en ese tono misterioso - Se quejó Marlene poniéndose una mano en la cara como desesperada - Si ese niño salió la décima parte de curioso que son James y Lily, va querer investigar que es.
Lily y James se sonrojaron y fulminaron a la mujer con la mirada, mientras Sirius la abrazaba y contenía una carcajada.
—Hagrid se irguió con orgullo—. En general, me utiliza para asuntos importantes.
Un asunto importante de Hogwarts, algo les decía que lo que lo que comento Dumbledore la noche anterior era cierto, tendrían que prestar atención a esos pequeños detalles que aparezcan conforme sigan leyendo.
Buscarte a ti... sacar cosas de Gringotts... él sabe que puede confiar en mí. ¿Lo tienes todo? Pues vamos.
Dumbledore asintió, él sabía que podía confiar en Hagrid.
Harry siguió a Hagrid fuera de la cabaña. El cielo estaba ya claro y el mar brillaba a la luz del sol. El bote que tío Vernon había alquilado todavía estaba allí, con el fondo lleno de agua después de la tormenta.
—¿Cómo llegaste aquí? —preguntó Harry; mirando alrededor, buscando otro bote.
—Volando —dijo Hagrid.
- ¿Perdón? - Dijo Tonks incrédula, y no era la única. Mucha gente miraba al gigante con el ceño fruncido como si estuviesen intentando imaginárselo y otros tenían las cejas alzadas por la sorpresa, sin acabar de creérselo.
- ¿Ha dicho volando? - Preguntó Sirius creyendo haber oído mal - ¿En plan pájaro? - preguntó consiguiendo que muchos rieran - Porque las escobas no le sujetan, los animales no pueden sostener su peso y si hubiese llevado mi moto estaría allí.
Todos volvieron a escuchar, pero seguían mirando a Hagrid de vez en cuando.
—¿Volando?
—Sí... pero vamos a regresar en esto. No debo utilizar la magia, ahora que ya te encontré. Subieron al bote. Harry todavía miraba a Hagrid, tratando de imaginárselo volando.
- No puedo - Suspiró Sirius resignado - Imaginármelo - Explicó al ver las miradas interrogativas de muchos - Llevo intentándolo desde que lo ha dicho, pero no soy capaz.
- No te culpo - Dijo Tonks sonriendo - Yo también lo he intentado.
- ¿Cómo diablos fue volando Hagrid? - Preguntó Ron en un susurro. Era como pensar que salía volando una montaña.
- ¡Ron, cuida tu lenguaje! - Le regañó Molly levantando la vista del libro.
- Lo siento, mamá - se disculpó con una mueca. Al parecer no lo había dicho lo suficientemente bajo.
No llegaron a saberlo. Nadie quería preguntar a Hagrid, no fuese a ser algo realmente extraño o peligroso o que le ofendiese. Con Hagrid nunca se sabía.
—Sin embargo, me parece una lástima tener que remar —dijo Hagrid, dirigiendo a Harry una mirada de soslayo—. Si yo... apresuro las cosas un poquito, ¿te importaría no mencionarlo en Hogwarts?
- No le molestara – Habló Ted - De hecho, estará más que feliz que lo haga, recuerdo que hubiera dado lo que fuera por ver que lo hicieran – Comentó recordando cuando le entregaron su carta.
- Sí, pero aun así no debería de hacerlo – Comentó la profesora McGonagall.
—Por supuesto que no —respondió Harry, deseoso de ver más magia. Hagrid sacó otra vez el paraguas rosado, dio dos golpes en el borde del bote y salieron a toda velocidad hacia la orilla.
—¿Por qué tendría que estar uno loco para intentar robar en Gringotts? —preguntó Harry.
—Hechizos... encantamientos —dijo Hagrid, desdoblando su periódico mientras hablaba—... Dicen que hay dragones custodiando las cámaras de máxima seguridad.
- En la entrada a las bóvedas de la familia, hay una pareja de dragones de tierra del Mediterráneo - Dijo Harry sonriendo - Es una espacie bastante rara y en peligro de extinción, que le encanta estar bajo tierra, mi abuelo decidió tener a la pareja para que se reprodujeran.
- Wow esos dragones son muy raros y a diferencia de los otros dragones no son tan peligrosos y son más sociables con los humanos, aunque no es NADA aconsejable acercarse a las hembras en periodo de incubación, primero te chamuscará y luego te preguntarán que hacías cerca de su nido - Dijo Charlie Weasley mirando con entusiasmo a Harry - La próxima vez que vayas a la cámara, ¿Puedo ir contigo? Estoy deseoso de verlo.
- Creo que no hay problema, además son muy amigables si no tienes intención de robar, seguro te agradaran – Dijo Harry sonriendo.
Y, además, hay que saber encontrar el camino. Gringotts está a cientos de kilómetros por debajo de Londres, ¿sabes? Muy por debajo del metro. Te morirías de hambre tratando de salir, aunque hubieras podido robar algo.
- Es por eso que está en la lista de las cinco cosas que nunca deben hacer – Comentó Lily que conocía la lista.
Harry permaneció sentado pensando en aquello, mientras Hagrid leía su periódico, El Profeta. Harry había aprendido de su tío Vernon que a las personas les gustaba que las dejaran tranquilas cuando hacían eso, pero era muy difícil, porque nunca había tenido tantas preguntas que hacer en su vida.
- Podía haberme preguntado, no me habría importado - Le dijo Hagrid sonriendo.
Molly sonrió al ver lo educado que era Harry, ella le tenía por un hijo más y estaba muy orgullosa de él.
—El Ministerio de Magia está confundiendo las cosas, como de costumbre —murmuró Hagrid, dando la vuelta a la hoja.
—¿Hay un Ministerio de Magia? —preguntó Harry, sin poder contenerse.
- Por supuesto - Dijo Fudge petulantemente - ¿Cómo cree entonces que existe un ministro?
- Acaba de enterarse que es mago, es estúpido suponer que sabe todo - Dijo Luna inocentemente, y antes de que el primer ministro explotara luego de ser llamado estúpido ella agregó - Eso le dijiste a Zacharias Smith hace un rato, ¿verdad? - miró directamente a Daphne, esta se puso colorada sin saber qué contestar.
- En realidad dijo que sería un imbécil - Intervino Blaise, guiñándole un ojo a Daphne, mientras todos intentaban aguantar la risa, viendo como Fudge estaba rojo de la ira luego de haber sido llamado estúpido imbécil en sus narices.
Dumbledore se intervino para continuar la lectura antes de que el ministro tomara represalias, por si acaso se atrevía ya que Harry lo estaba viendo fijamente y para evitar que hubiese otro enfrentamiento.
—Por supuesto —respondió Hagrid—. Querían que Dumbledore fuera el ministro, claro, pero él nunca dejará Hogwarts,
Todos miraron al director, esperando que lo confirmara.
- Así es, no pienso dejar Hogwarts nunca - Aseguró y todos aplaudieron al mejor director que Hogwarts había tenido y que, seguramente, fuera el mejor que podría tener. Fudge le miró extrañado ¿Entonces Dumbledore no quería quitarle el puesto de ministro?
- Es cierto, jamás dejará Hogwarts - Dijeron los Weasley al mismo tiempo.
- Le gusta demasiado ver como McGonagall persigue a los alumnos revoltosos, mientras él hace la vista gorda como si no hubiera visto venir la broma - Dijo Remus divertido.
Dumbledore se encogió ligeramente ante la mirada amenazadora de la profesora de transfiguraciones.
- Remus, cállate no querrás meter en problemas a Dumbledore después de lo hospitalario que era con nosotros en su despacho.
- Es verdad, ¿todavía sigues comiendo galletas de coco y chocolate en el despacho?
- ¡Albus! - Protestó McGonagall mirándolo de muy mala manera - Yo los castigo y los regaño y tú en vez de reprenderles los invitabas a comer y les celebrabas la gracia, ¿Te parece normal?
- Lo siento, Minerva, pero sus bromas me parecieron de lo más divertidas y en el fondo son inofensivas
- Eso depende a quien se lo preguntes - Dijo Snape mirando de muy mala manera a Albus.
- Bueno, son inofensiva a mayoría de las veces - Se corrigió Dumbledore.
así que el viejo Cornelius Fudge consiguió el trabajo.
- ¿Cornelius Fudge? ¿Él que está en Wizengamot? ¿Ese idiota de ministro? - Dijo Frank mirando incrédulo al libro.
- El mundo está loco, ¿A quién se lo ocurre poner a ese hombre de ministro? – Preguntó Ted mirando al libro con la misma cara que estaba poniendo Frank.
- ¿Quién es? - Preguntó James.
- Es uno de los idiotas que están intentando hacer la ley contra licántropos - Dijo Remus alicaído.
- ¿Ese gordo medio calvo que siempre está despotricando contra todas las criaturas mágicas? - Preguntó Sirius - Fue a Hogwarts con nosotros solo que iba unos años adelantado, creo que le teñí entero de rosa e hice que se le cayera el pelo - Dijo Sirius pensativo.
Nunca ha existido nadie tan chapucero. Así que envía lechuzas a Dumbledore cada mañana, pidiendo consejos.
Todos miraron a Fudge extrañados ¿Le tacha de loco y le pide consejos? Fudge enrojeció nuevamente, pero esta vez de vergüenza, mientras se escuchaban risitas.
- He de decir que ya no lo hace - Dijo Dumbledore sonriendo amablemente.
- Con razón el ministerio es tal desastre ahora - Dijo Katie Bell. Sprout, al ver que Fudge abría la boca se apresuró a leer, dejando al ministro con la palabra en la boca.
—Pero ¿qué hace un Ministerio de Magia?
—Bueno, su trabajo principal es impedir que los muggles sepan que todavía hay brujas y magos por todo el país.
—¿Por qué?
—¿Por qué? Vaya, Harry, todos querrían soluciones mágicas para sus problemas. No, mejor que nos dejen tranquilos.
- Tengo que estar de acuerdo con esa afirmación - Dijo Jane - Las personas no mágicas tienden a creer que todo se soluciona con magia, que en muchos casos son personas que se dedican a estafarles, pero utilizan la recomendación del "mago o vidente" para tomar una decisión.
- Esas cosas siempre me han parecido una tontería - Dijo Lily - Si ni siquiera en el mundo de los magos la adivinación es una ciencia exacta, así que en el mundo muggle eso es directamente una estafa.
En aquel momento, el bote dio un leve golpe contra la pared del muelle. Hagrid dobló su periódico y subieron los escalones de piedra hacia la calle. Los transeúntes miraban mucho a Hagrid, mientras recorrían el pueblecito camino de la estación, y Harry no se lo podía reprochar: Hagrid no sólo era el doble de alto que cualquiera, sino que señalaba cosas totalmente corrientes, como los parquímetros, diciendo en voz alta:
—¿Ves eso, Harry? Las cosas que esos muggles inventan, ¿verdad?
Todos rodaron los ojos, divertidos, mientras que los de Arthur brillaban, a él le encantaban las cosas que los muggles inventaban para poder arreglárselas sin magia.
- Lo mismo digo Hagrid – Apoyó Arthur - Me gustaría saber cómo funcionan tantas cosas que hacen.
- Arthur, no es momento para tus cosas.
- ¡¿No?! ¿Entonces cuando, mamá? – Preguntó George.
- Sí, siempre has estado reprimiendo a nuestro pobre padre con lo mismo, mamá - Lo apoyo Fred.
Molly bajo la vista un poco avergonzada, era cierto que muchas veces le reclama de su hobbie, pero también era cierto que era una de las cosas que le gusto de él, tal vez debería ser un poco más flexible con su esposo.
Mientras tanto, en la primera generación, se estaba discutiendo sobre que los magos deberían aprender más cosas de los muggles para así poder mezclarse con ellos y no hacer lo que hace Hagrid.
- Si, apenas colocaron la materia de Estudios Muggles el año pasado, así que tomará tiempo para que los magos se acostumbren – Dijo Lily.
- Yo la curso desde entonces - Dijo Sirius - Es la mejor manera de fastidiar a mi madre.
- ¿Y que dan? - Preguntaron los gemelos Prewett curiosos.
- No mucho, es muy nueva, pero gracias a ella aprendí a conducir una moto.
- Moto que luego encantaste para que volara - Dijo Remus señalando a su amigo - Se supone que las motos muggles normales tienen que ir por el suelo y sobre todo tienes que aprenderte las señales de tráfico.
- Eso es aburrido…
- ¿Tienes una moto voladora? - Preguntó sorprendido Will mirando con los ojos como platos a Sirius.
- Claro. La encanté para que volara, no me gustan los atascos, a pesar de que mamá Dorea me regaño por eso pude quedarme con ella.
- ¿Puedo probarla? - Preguntó Will con los ojos iluminados.
- ¡William! - Protestó Jane - Ni se te ocurra subirte ahí, ya tienes peligro en una moto normal por el suelo como para que vayas volando.
El hombre hizo una mueca.
- Jane, cariño no es para tanto…
- ¡Participaste en una carrera ilegal de motos estando borracho, casi te matas! - Gritó la mujer completamente enfurecida.
Will suspiró y volvió su mirada hacía Sirius y James.
- Me hecha la bronca por una locura que hice hace 4 años cuando todavía ni la conocía - Dijo Will.
- Consuélate pensando que mi novia y yo venimos juntos al mismo internado, somos del mismo año y en la misma casa, cuando está enfadada me hecha encara todas las locuras que he hecho - Dijo James mirando comprensivamente a Will.
- Que son muchas - Dijo Lily mirando mal a su novio - Todavía recuerdo cuando te emborrachaste después de un partido y empezaste a hacer un striptease delante de toda la sala común.
- O la vez que borracho como una cuba a las tres de la tarde después de ganar la copa de Quidditch en tu quinto año le gritaste a McGonagall que la amabas y que si no fuera porque Lily te tenía hechizado te casarías con ella - Dijo Marlene.
McGonagall y James se sonrojaron sobre todo la primera.
- Eso no es nada comparado con las cosas que ha hecho Sirius - Dijo James intentando defenderse.
- Tienes razón, Sirius es peor todavía - Afirmó Marlene.
- ¿Se acuerdan del día que se bañó desnudo en el lago? - Preguntó Alice completamente divertida.
- Como para olvidarme de eso - Dijo Sirius pareciendo asustado - Las sirenas del lago casi me violan.
Todos soltaron a reír.
- A mí no me hizo gracia, si no hubiera llegado Dumbledore a saber que podrían haberme hecho. Nunca más volví a bañarme en el lago.
- Eso te pasa por bañarte desnudo - Dijo Marlene mirando de muy mala manera a Sirius.
- ¿Tienen sirenas en ese lago que hemos visto cuando llegamos? - Preguntó Will estupefacto.
Todos asintieron.
- Pero las sirenas no son… ¿guapas? - Preguntó curioso y sorprendido por la reticencia de Sirius.
Los que no conocían la mitología de los muggles se echaron a reír mientras que Lily y Ted ponían cara de desagrado.
- Digamos que las leyendas de los muggles se alejan bastante de la realidad.
- ¿Es que las sirenas son como las de la mitología griega en sus orígenes? - Preguntó Jane.
Lily sonrió, era raro que algún muggle conociera el "verdadero" mito de las sirenas de la antigua Grecia.
- No, pero tampoco son precisamente guapas, ojalá tuviera aquí alguna imagen de ellas - Dijo Lily pensativamente cuando del techo calló un pesado libro al lado de Lily que se sobresaltó.
- La sala te proporciona todo lo que necesites - Dijo McGonagall ante los ojos desorbitados de los padres de Hermione.
Lily cogió el libro del suelo, miró algo en el índice y procedió a buscar la página que le interesaba.
- Esto es una sirena - Dijo mientras le pasaba el libro.
El matrimonio Granger miró la imagen he hicieron unas muecas.
- Ahora te entiendo, Black. A mí tampoco me gustaría que estas cosas me violaran - Dijo Will.
- ¿Es que te dejarías violar por alguien? - Preguntó Jane amenazadoramente.
Will tragó en seco por la mirada de su mujer.
- Solo por ti, cariño - Dijo el hombre displicente.
Jane frunció el ceño de forma lúgubre y asesina.
- ¿Son cosas mías o todas las mujeres ponen la misma cara amenazadora cuando van a echarle la bronca a su esposo? - le preguntó Fabián a Gideon mirando a los Granger, ya que en ese momento la señora Granger miraba de la misma manera que lo solía hacer Molly para regañar a Arthur.
- Creo que tienes razón, hermano, y eso es un buen motivo para no casarnos nunca - Dijo Gideon.
- Que razón tienes, hermano.
Mientras tanto, en la tercera generación, Hugo sonreía.
- Si, los muggles tienen cosas muy interesantes, sobre todo los videojuegos, son tan fascinantes las cosas que inventan – Dijo Hugo sonriendo mientras su madre y sus familiares sonreía divertidos al ver que la pasión de Hugo por los artefactos muggles lo había heredado de su padre y su abuelo.
—Hagrid —dijo Harry, jadeando un poco mientras correteaba para seguirlo—, ¿no dijiste que había dragones en Gringotts?
—Bueno, eso dicen —respondió Hagrid—. Me gustaría tener un dragón.
- ¿Te gustaría tener uno? - Le preguntaron muchos, como si estuviera loco.
—¿Te gustaría tener uno?
Muchos rieron por la coincidencia.
—Quiero uno desde que era niño... Ya estamos.
Los tres pequeños Gryffindor volvieron a reírse al oír esto. Los demás estaban cada vez más confundidos y Hagrid cada vez más sonrojado, aunque por suerte la barba lo ocultaba estupendamente.
Habían llegado a la estación. Salía un tren para Londres cinco minutos más tarde. Hagrid, que no entendía «el dinero muggle», como lo llamaba, dio las monedas a Harry para que comprara los billetes. La gente los miraba más que nunca en el tren. Hagrid ocupó dos asientos y comenzó a tejer lo que parecía una carpa de circo color amarillo canario.
- Para qué quieres esa cosa? - Preguntó George.
- Para mi perro - Respondió con simpleza Hagrid
- Pero Fang no es tan grande - Comentó Tonks pensativa.
- Bueno, es otro perro - Dijo Hagrid un poco incómodo.
- ¿Fluffy? - Dijo Ron con cara agria, aún no olvidaba al bendito perro.
- Aja.
- ¿Qué Fluffy? - Preguntó Sirius intrigado.
- Lo sabrás más adelante, estoy segura que aparecerá en este libro - Dijo Hermione. Aunque descontento, él asintió con la cabeza y continuó escuchando la lectura.
—¿Todavía tienes la carta, Harry? —preguntó, mientras contaba los puntos. Harry sacó del bolsillo el sobre de pergamino. —Bien —dijo Hagrid—. Hay una lista con todo lo que necesitas. Harry desdobló otra hoja, que no había visto la noche anterior, y leyó:
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
UNIFORME Los alumnos de primer año necesitarán:
— Tres túnicas sencillas de trabajo (negras).
— Un sombrero puntiagudo (negro) para uso diario.
- ¿Alguien ha usado ese sombrero alguna vez? – Preguntó Sirius.
- Solo los de primero los primeros día de curso, después se queda olvidado en el fondo del baúl el resto de los siete años - Sonrió Remus.
- Yo solo le he visto una utilidad a ese sombrero, aunque el que lo usaba no debió hacer lo que hizo – Dijo Harry mirando divertido a Percy, este se sonrojo y recordó en el primer año de Harry, el día que iban en el expreso, Percy recién nombrado prefecto, estaba caminando por el tren y se encontró a Neville que iba de compartimiento en compartimento preguntando por un sapo, él comenzó a regañarlo y molestarlo, pero Harry apareció se molestó por que le gritara al chico e hizo que su sombrero creciera y lo cubriera, lo amarró con cuerdas y lo colgó de los tobillos, esa había sido la justicia del ojiverde.
— Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante).
— Una capa de invierno (negra, con broches plateados).
(Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre.)
Por si te olvidas de cómo te llamas - Recordó Sirius con melancolía.
James y él solían bromear sobre ello: en segundo año se intercambiaron la capa de invierno y cada uno pasó a tener el nombre del otro durante una semana. A los profesores no les había hecho demasiada gracia. Más tarde, en quinto, escribieron sus apodos de Merodeadores en las etiquetas y, cuando Remus perdió su gorro, tuvieron que ir preguntando si alguien había visto uno que perteneciera a un tal Lunático lo que hizo que nadie se les tomase en serio y que fuera más difícil todavía encontrarlo.
El animago suspiró pensando en lo feliz que había sido en aquellos tiempos y se prometió a si mismo hacer todo lo posible para volver a serlo.
LIBROS
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:
— El libro reglamentario de hechizos (clase 1), Miranda Goshawk.
— Una historia de la magia, Bathilda Bagshot.
— Teoría mágica, Adalbert Waffling.
— Guía de transformación para principiantes, Emeric Switch.
— Mil hierbas mágicas y hongos, Phyllida Spore.
— Filtros y pociones mágicas, Arsenius Jigger.
— Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Newt Scamander.
— Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentin Trimble.
RESTO DEL EQUIPO 1 varita. 1 caldero (peltre, medida 2). 1 juego de redomas de vidrio o cristal. 1 telescopio. 1 balanza de latón.
Los alumnos también pueden traer una lechuza, un gato o un sapo.
Entonces no sé porque narices tuve que traer una rata Pensó Ron con rabia. El hecho de que Scabbers fuese en realidad el traidor de Colagusano todavía le carcomía y llenaba de rabia ya que si no fuese por él su mejor amigo todavía tendría padres, Sirius sería libre ahora mismo y quizás Voldemort no hubiese vuelto.
SE RECUERDA A LOS PADRES QUE ALOS DE PRIMER AÑO NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS.
- Una regla cruel e infundada - Corearon James, Sirius y los hermanos Prewett ante una sonriente profesora McGonagall del futuro, se preguntaban cómo reaccionarían cuando descubrieran que paso con Harry en su primer año.
—¿Podemos comprar todo esto en Londres? —se preguntó Harry en voz alta. —Sí, si sabes dónde ir —respondió Hagrid.
Harry no había estado antes en Londres.
- ¿Estás segura de que son hermanas biológicas? - Preguntó Jane - ¿Acaso esa mujer pudo ser adoptada?
- No, es mi hija biológica, incluso a darla a luz dio muchas molestias – Dijo Elizabeth
- ¿Y trata así a su propio sobrino? - Preguntó la mujer escandalizada.
- Si, mi hermana odia la magia, no sé si por que le asusta lo que no puede controlar - Dijo Lily - O porque me envidia.
- Creo que tendría que ser lo segundo, es decir a mí me asusta un poco las cosas que podría hacer un hijo o hija mía de lo puede hacer, pero es mi hijo o hija y lo voy a querer, jamás le daría la espalda por ser parte de este mundo.
- Tu eres buena persona y Petunia es una pen... - Dijo James.
- ¡JAMES NO DIGAS PALABRAS SOECES SI NO QUIERES MORIR JOVEN! - Gritó Lily poniéndose en pie y señalando amenazadoramente a su novio.
James se encogió.
- Perdóname, mi amor…
- Ni mi amor ni ¡leches en vinagre! - Gritó furiosa.
Aunque Hagrid parecía saber adónde iban, era evidente que no estaba acostumbrado a hacerlo de la forma ordinaria. Se quedó atascado en el torniquete de entrada al metro y se quejó en voz alta porque los asientos eran muy pequeños y los trenes muy lentos.
—No sé cómo los muggles se las arreglan sin magia —
- Yo opino los mismo Hagrid – Aseguró Arthur con una sonrisa.
Mientras tanto, en la primera generación, Will tenía un pensamiento algo parecido. – Yo me preguntó lo mismo, pero referente a los magos, ¿Cómo se las arreglan sin los artefactos muggles? – Se preguntó con una sonrisa cada vez emocionado de conocer el mundo de la magia.
- Oh mi estimado Will, estamos seguros que usted se llevará muy bien con nuestro cuñado, es un amante de los muggles, le fascina todo sobre ellos – Dijeron los gemelos Prewett, Will sonrió encantado, sería interesante conocer a ese hombre e intercambiar ideas.
comentó, mientras subían por una escalera mecánica estropeada que los condujo a una calle llena de tiendas.
- ¿Escalera mecánica? - Preguntó el señor Weasley - ¿Cómo funciona eso? ¿Usa eclectricidad? ¿Y suben solas, sin usar siquiera magia?
- Arthur, ¿puedes esperarte hasta el descanso antes de ponerte a bombardear a preguntas a Harry y a Hermione? - Preguntó la señora Weasley con el ceño fruncido - No estamos ni a mitad de capítulo y no vamos a terminar nunca, pero el descanso es justo después.
- Sí, cariño - Respondió el hombre.
- Luego se lo explicamos, señor Weasley - Dijo Hermione - Puede preguntarnos también sobre algún otro aparato muggle que haya aparecido, si quiere.
Los ojos del señor Weasley se iluminaron totalmente ilusionados ante la perspectiva de poder aprender sobre tantas cosas muggles.
- Además los muggles utilizan su inteligencia para descubrir y crear cosas que les hagan la vida mucho más fácil - Intervino Hermione - Esto es algo que me he dado cuenta: los magos parecen estar estancados en cuanto a la ciencia o las nuevas tecnologías, es como si se conformasen solo con la magia, pero creo que podríamos aprender mucho de los muggles. Si se combinase lo mejor de los dos mundos se conseguirían grandes cosas.
La mayoría de los presentes asintieron de acuerdo con ella, sobre todo Arthur y Ron.
- Bien dicho, señorita Granger - Sonrió Dumbledore.
- Eso me da algunas ideas – Dijo Harry sonriendo de manera divertida y astuta, los demás se preguntaron qué ideas tenía ahora en mente Harry.
Hagrid era tan corpulento que separaba fácilmente a la muchedumbre. Lo único que Harry tenía que hacer era mantenerse detrás de él.
- Si es tan flacucho como lo era cornamenta a su edad, entonces tenía mucho espacio jajaja - Se burló Sirius haciendo que todos rieran.
- Gracias, Canuto, que bueno es tenerte como amigo - Ironizo el aludido.
- De nada hermano.
Pasaron ante librerías y tiendas de música, ante hamburgueserías y cines, pero en ningún lado parecía que vendieran varitas mágicas. Era una calle normal, llena de gente normal. ¿De verdad habría cantidades de oro de magos enterradas debajo de ellos? ¿Había allí realmente tiendas que vendían libros de hechizos y escobas? ¿No sería una broma pesada preparada por los Dursley?
- Si claro, como si esas bestias tuvieran sentido del humor – Comentó con molestia Lily - Todavía recuerdo el día que Tuney nos presentó por primera vez a la morsa, nos contó un chiste malísimo sobre un jugador de golf o algo así estuve a punto de echarme a llorar cuando terminó de contarlo.
- Mi pobre Lily - Dijo James abrazando a su novia de forma dramática como si la consolara de algún trauma.
- Así que fue por eso que empezaste a salir con James - Comentó Alice con una sonrisa malvada en los labios - Después de ese trauma necesitabas a alguien divertido.
- ¿Por qué si no iba a salir con él? – Preguntó Lily siguiéndole al juego.
James frunció el ceño molesto, se separó de su novia y se cruzó de brazos enfurruñado.
Lily, Marlene y Alice se rieron, la primera abrazó a su novio con una gran sonrisa en los labios y le besó detrás de la oreja.
Por supuesto James se calmó al instante y le dio un beso rápido en los labios.
Si Harry no hubiera sabido que los Dursley carecían de sentido del humor, podría haberlo pensado.
La joven sonrió ante eso.
Sin embargo, aunque todo lo que le había dicho Hagrid era increíble, Harry no podía dejar de confiar en él.
Todos los que conocían a Hagrid sonrieron, sabían que se podía confiar en él. Hagrid sonreía también, alegrándose de la confianza que Harry depositaba en él.
- Hagrid es así - Dijo Ron - En cuanto le conoces un poco es casi imposible no confiar en él.
- Es un poco como lo de Harry - Dijo Hermione.
- ¿Cómo el qué mío? - Preguntó confundido - ¿A qué te refieres?
- La gente tampoco puede evitar confiar en ti, Harry, ni seguirte cuando haces uno de esos discursos morales tuyos - Explicó Hermione encogiéndose de hombros - No sé, es algo que pasa. No se puede evitar confiar en Hagrid igual que no se puede evitar confiar en ti. Desde adultos hasta niños confían en ti.
—Es aquí —dijo Hagrid deteniéndose—. El Caldero Chorreante. Es un lugar famoso.
Era un bar diminuto y de aspecto mugriento.
- Sin duda, la palabra mugriento ya no hace justicia ya que mamá lo remodeló y lo hizo muy agradable a la hora de visitar – Dijo Frank II sonriendo mientras su hermana sonreía también al recordar como su madre compró el Caldero Chorreante y lo remodelaron de manera que había quedado irreconocible.
Si Hagrid no lo hubiera señalado, Harry no lo habría visto. La gente, que pasaba apresurada, ni lo miraba. Sus ojos iban de la gran librería, a un lado, a la tienda de música, al otro, como si no pudieran ver el Caldero Chorreante. En realidad, Harry tuvo la extraña sensación de que sólo él y Hagrid lo veían.
- Es que los muggles no lo pueden ver - Explicó McGonagall - A no ser que un mago los lleve hasta dentro. Es de esa forma como los padres de los nacidos de muggles pueden entrar en el callejón Diagon, solo porque sus hijos los llevan hasta la misma puerta.
- Mis padres no se lo creían hasta que los arrastré hasta dentro del Caldero Chorreante ya que no lo veían - Rio Hermione al recordarlo.
- Y no pueden a menos que un mago se los indique - Dijo Dumbledore - Es como un encantamiento Fidelio, con cada mago como guardián - todos los que no sabían esa información se lo agradecieron en silencio. Incluso Draco, ya que al ser su familia una purista de la sangre no solía relacionarse con sangres sucias y mucho menos con muggles, lo que hacía que no supiera que el Caldero Chorreante fuera invisible para los muggles.
Algunos quedaron confundidos y preguntaban que es el encantamiento Fidelio, pero antes de que el profesor Flitwick respondiera, fue Harry el que lo hizo.
– El encantamiento Fidelio es un hechizo avanzado donde se guarda un secreto, más que todo es un lugar secreto donde nadie lo puede encontrar, lo de guardián es que este es el que guarda el secreto, por lo general es el dueño del lugar, y decide a quien decirle el secreto solo para los de confianza para que puedan entrar – Explicó Harry siendo una explicación sencilla, pero precisa, todos los alumnos de primer año y otros más apuntaban lo que dijo Harry como si fuera un profesor en clase lo que llamo mucho la atención, sobre todo los profesores.
Antes de que pudiera decirlo, Hagrid lo hizo entrar. Para ser un lugar famoso, estaba muy oscuro y destartalado.
- Que sea famoso no significa que sea un bar impecable - dijo Tonks sonriendo -. Pero es cómodo y el dueño, Tom, es simpático. Siempre está dispuesto a reírse un rato con cualquiera que pase.
Nadie podía negar eso. Tom siempre saludaba y sonreía a todo el mundo, y no solo porque fuese bueno para el negocio, sino porque de verdad se llevaba bien con todos los que le saludaban. Normal si lo piensas, ya que ve a un montón de gente en su bar.
Unas ancianas estaban sentadas en un rincón, tomando copitas de jerez. Una de ellas fumaba una larga pipa. Un hombre pequeño que llevaba un sombrero de copa hablaba con el viejo cantinero, que era completamente calvo y parecía una nuez blanda. El suave murmullo de las charlas se detuvo cuando ellos entraron.
- El lugar no ha cambiado nada – Comentó Remus.
- Es como si el tiempo no lo tocara – Continuó Ted que recordaba su primera visita.
- Saben, hasta cierto punto me recuerda la cabeza de cerdo en Hogsmade - Dijo Sirius provocando un bufido en cierta pelirroja.
- Ustedes y sus manías de estar donde no deben – Increpó la joven - Espero que Harry no haya heredado eso de ustedes.
La profesora McGonagall del futuro la vio en forma compasiva, si ese grupo que se hacían llamar los merodeadores la exasperaban con solo ir a la cabeza de cerdo, no se quería imaginar cómo se pondría cuando descubriera todo lo que su hijo hizo durante esos siete largos años.
Todos parecían conocer a Hagrid. Lo saludaban con la mano y le sonreían, y el cantinero buscó un vaso diciendo:
—¿Lo de siempre, Hagrid?
—No puedo, Tom, estoy aquí por asuntos de Hogwarts —respondió Hagrid, poniendo la mano en el hombro de Harry y obligándole a doblar las rodillas.
—Buen Dios —dijo el cantinero, mirando atentamente a Harry—. ¿Es éste... puede ser...? El Caldero Chorreante había quedado súbitamente inmóvil y en silencio. —Válgame Dios —susurró el cantinero—. Harry Potter... todo un honor. Salió rápidamente del mostrador, corrió hacia Harry y le estrechó la mano, con los ojos llenos de lágrimas. —Bienvenido, Harry, bienvenido.
Harry no sabía qué decir. Todos lo miraban.
- Wow sí que son diferentes – Habló Remus - De ser Cornamenta se habría subido a una mesa y habría hecho una reverencia.
- ¡Hey! – Exclamó el hombre.
- Sabes que es cierto, amor, ¿Cuántas veces no lo hiciste en la sala común? - Le recordó su novia a lo que solo pudo guardar silencio.
Mientras tanto, en la tercera generación, la mayoría miraba a James Sirius sonriendo. – Cada vez se demuestra que Papá se parece más a la abuela Lily, pero Jamsie se parece más al abuelo, seguro que él se subiría a una mesa y haría una referencia – Dijo Albus sonriéndole divertido a su hermano.
La anciana de la pipa seguía chupando, sin darse cuenta de que se le había apagado.
Todos se sorprendían más y más de lo que hacía el chico que se fijaba en todo, hasta en la pipa de la señora desconocida de la esquina de un bar mágico en el que acababa de entrar por primera vez. Nadie era capaz de hacer eso.
Ojoloco miraba radiante a Harry. Eso era instinto de auror, algo que no podía aprenderse por mucho que entrenamiento que se recibiese. Era algo que se tenía o no, no había término medio. Pero Harry lo llevaba a un nivel increíble que incluso quizás su ojo mágico no vería ya que lo de Harry era puro instinto, estaba orgulloso del chico, jamás se arrepentiría de haberlo tomado como alumno con apenas 8 años.
Hagrid estaba radiante. Entonces se produjo un gran movimiento de sillas y, al minuto siguiente, Harry se encontró estrechando la mano de todos los del Caldero Chorreante.
- Yo habría querido que me recibieran así - Dijeron al mismo tiempo Will, James, Sirius, Fabián y Gideon.
Muchos miraron a William.
- ¿Qué? A mí también me gusta el protagonismo - Dijo el hombre disculpándose.
Sirius se llevó una mano al pecho emocionado.
- Bienvenido al club de lo que las mujeres llaman HCDE - Dijo Sirius apretándole la mano efusivamente.
- ¿HCDE? - Preguntó Will arqueando una ceja curiosa.
- Hombres Con Demasiado Ego - Dijo James como explicación.
- Me apunto - Dijo William entusiasmado.
Lily, Marlene y Jane suspiraron.
—Doris Crockford, Harry. No puedo creer que por fin te haya conocido.
—Estoy orgullosa, Harry, muy orgullosa.
—Siempre quise estrechar tu mano... estoy muy complacido.
—Encantado, Harry, no puedo decirte cuánto. Mi nombre es Diggle, Dedalus Diggle.
—¡Yo lo he visto antes! —dijo Harry, mientras Dedalus Diggle dejaba caer su sombrero a causa de la emoción—. Usted me saludó una vez en una tienda.
—¡Me recuerda! —gritó Dedalus Diggle, mirando a todos—. ¿Habéis oído eso? ¡Se acuerda de mí! Harry estrechó manos una y otra vez.
- Es todo un honor conocerte Harry, un honor - Dijo de pronto Fred, que se había parado de su puesto y, haciendo una perfecta imitación de Percy, le había estrechado la mano y hecho ridículas reverencias ante Harry. Muchos reían por las idioteces de ese adolescente.
- ¡Ya basta! - Dijo la señora Weasley y todos guardaron silencio, la lectura se reanudó sin más comentarios.
Doris Crockford volvió a repetir el saludo.
- Que efusiva puede llegar a ser la gente - Dijo Ted - Lo van a agobiar así.
- No creo que le haga mucha gracia eso. Mi pequeño no parece el tipo de niño presumido - Dijo mirando significativamente a su esposo.
- Si, cariño, salió a ti - Dijo James poniendo los ojos en blanco.
- Afortunadamente - Dijo McGonagall suspirando aliviada.
- El mundo no podría sobrevivir a otro como James - Dijo Remus llevándose la mano el pecho en señal de alivio.
James le compuso mala cara a ambos.
Un joven pálido se adelantó, muy nervioso. Tenía un tic en el ojo.
—¡Profesor Quirrell! —dijo Hagrid—. Harry, el profesor Quirrell te dará clases en Hogwarts.
Muchos bufaron ante esa "excusa" de profesor mientras que Harry, Ron y Hermione bufaban por otra razón muy diferente.
—P-P-Potter —tartamudeó el profesor Quirrell, apretando la mano de Harry—. N-no pue-e-do decirte l-lo contento que-e estoy de co-conocerte.
—¿Qué clase de magia enseña usted, profesor Quirrell?
—D-Defensa Contra las Artes O-Oscuras —murmuró el profesor Quirrell, como si no quisiera pensar en ello
- Un asco de profesor, si es que se le puede llamar así - Dijo Harry con rencor, todos los que tuvieron clases con él le dieron la razón, aunque sin entender el matiz rencoroso de su voz. No solo por lo que paso en su primer año, sino por que probó una de sus teorías más oscuras.
—. N-no es al-algo que t-tú n-necesites, ¿verdad, P-Potter? —Soltó una risa nerviosa
- No debería decir algo así - Dijo Jane frunciendo el ceño - El niño no nació sabiéndose la materia de memoria simplemente porque derrotó de bebé a un mago oscuro.
- Es cierto, ahora Harry pensará que la gente lo mirará mal si no es el mejor de la clase - Dijo Marlene también molesta.
- Ahora Harry podría sentirse presionado - Continuó Alice.
Las tres mujeres parecían muy descontentas, y aunque las otras no dijeron nada estaba de acuerdo.
—. Estás reuniendo el e-equipo, s-supongo. Yo tengo que b-buscar otro l-libro de va-vampiros. —Pareció aterrorizado ante la simple mención.
Dean dejó escapar una risita, recordando lo aterrorizado que parecía siempre que se nombraban los vampiros en clase.
Mientras tanto, en la primera generación.
- ¿Le tiene miedo a los vampiros? - Preguntaron Gideon y Fabián incrédulos.
- Pero si son de lo más tranquilos - Añadió Gideon
- Es cierto, no es que no puedan hacer mucho daño, pero si no les haces nada son bastante inofensivos.
- ¿Pero no se alimentan de sangre humana? - Preguntó Will curioso.
- Si, pero actualmente lo hacen a partir de sangre donada, no de la vena de una persona directamente - Dijo Remus - Son bastante pacíficos la mayor parte del tiempo, eso sí…ni se te ocurra insultar u ofender a un miembro de su clan o alguien que les importe o te harán papilla
Pero los demás, no permitieron que el profesor Quirrell acaparara a Harry. Éste tardó más de diez minutos en despedirse de ellos. Al fin, Hagrid se hizo oír.
—Tenemos que irnos. Hay mucho que comprar. Vamos, Harry.
- Por fin - Suspiró Bill - Eso estaba durando una eternidad.
- ¿Sigues aguantando eso? - Le preguntó Tonks a Harry con los ojos como platos.
- No me queda otra - Se encogió de hombros no dándole importancia - No me hacen caso cuando digo que no me gusta mi fama o algo así.
- Merlín, yo ya habría huido - Murmuró Charlie.
Algunos estaban empezando a ver qué era lo que tanto le molestaba a Harry de su fama. Todos decían conocerle y le reconocerían en cualquier parte, pero ninguno tenía interés en conocer a Harry de verdad.
Si eso había sido solo una vez, en un pequeño bar mugriento, no podían imaginarse cómo debería de haberse sentido, por ejemplo, cuando llegó a Hogwarts y le miraban y señalaban cientos de personas.
Solo una palabra para definirlo. Incómodo. Realmente incómodo.
Doris Crockford estrechó la mano de Harry una última vez
- ¿Otra vez? - Se sorprendió Charlie - ¿Cuántas veces lleva?
- Ni idea - Tonks frunció el ceño, molesta por ese personaje - Perdí la cuenta hace rato, y esas eran las veces mencionadas. Serían seis o siete veces como mínimo, supongo.
y Hagrid se lo llevó a través del bar hasta un pequeño patio cerrado, donde no había más que un cubo de basura y hierbajos. Hagrid miró sonriente a Harry
—Te lo dije, ¿verdad? Te dije que eras famoso. Hasta el profesor Quirrell temblaba al conocerte, aunque te diré que habitualmente tiembla.
—¿Está siempre tan nervioso?
—Oh, sí. Pobre hombre. Una mente brillante. Estaba bien mientras estudiaba esos libros de vampiros, pero entonces cogió un año de vacaciones, para tener experiencias directas... Dicen que encontró vampiros en la Selva Negra y que tuvo un desagradable problema con una hechicera... Y desde entonces no es el mismo. Se asusta de los alumnos, tiene miedo de su propia asignatura...
- No creo que sea por eso, hay algo en ese tipo que no agrada – Comentó Lily ante la mirada impresionada de su profesora del futuro, esa chica tenía un gran instinto, algo que sin duda le salvo la vida a su hijo en más de una ocasión.
Ahora ¿adónde vamos, paraguas?
- "¿Adónde vamos, paraguas?" - Rio Fred - ¿Estabas hablándole a tu paraguas rosa?
- ¿Tienes conversaciones con él a menudo? - Se mofó George - Seguro que son fascinantes.
- Seguro - Asintió Fred fingiendo estar serio - "Buenos días, paraguas. ¿Cómo estás hoy?"
- "Buenos días, Hagrid" - Contestó George imitando el tono de su hermano - "Oh, bueno, anoche llovió un poco y me empapé hasta las varillas. Creo que voy a coger un resfriado..."
- ¡Fred! ¡George! - Les regañó la señora Weasley interrumpiéndoles -. ¡Ya basta los dos! ¡No quiero oír ni una palabra más sobre este tema!
- Lo siento, mamá - Se disculparon a la vez, pero no parecían arrepentidos en absoluto. Sabían que Hagrid no se había ofendido porque, aunque algo sonrojado, se estaba riendo junto a todos los demás en el Gran Comedor.
¿Vampiros? ¿Hechiceras? La cabeza de Harry era un torbellino. Hagrid, mientras tanto, contaba ladrillos en la pared, encima del cubo de basura. —Tres arriba... dos horizontales... —murmuraba—. Correcto. Un paso atrás, Harry Dio tres golpes a la pared, con la punta de su paraguas. El ladrillo que había tocado se estremeció, se retorció y en el medio apareció un pequeño agujero, que se hizo cada vez más ancho. Un segundo más tarde estaban contemplando un pasaje abovedado lo bastante grande hasta para Hagrid, un paso que llevaba a una calle con adoquines, que serpenteaba hasta quedar fuera de la vista.
—Bienvenido —dijo Hagrid— al callejón Diagon.
- El lugar más mágico después de Hogwarts para un hijo de muggles - Dijo Ted sonriendo.
- Harry se crio como un muggle, el Callejón Diagon será muy importante para él.
- ¿Dónde queda ese lugar? - Preguntó Will pensando que a lo mejor habían pasado cerca alguna vez.
- Está oculto para los muggles, solo si tienes un familiar cercano mágico tendrás permiso para entrar, es el lugar donde compramos muchos de los artículos mágicos imprescindibles en nuestra vida, las varitas, los libros las túnicas, los animales domésticos mágicos.
- ¿Tienen animales mágicos? – Preguntó Jane sorprendida.
- Tenemos algunas mascotas bastante curiosas y algunas mágicas, pero también tenemos las normales, sobre todo, nos gustan mucho los gatos, yo tengo uno - Dijo Lily muy feliz - Me lo regaló mi padre en mi tercer año en Hogwarts.
- Y luego es casi imprescindible no tener una lechuza - Dijo James - Es nuestra principal fuente de comunicación, a mí, mis padres me regalaron una cuando entré en Hogwarts, y si las cosas salen bien, y nosotros sobrevivimos, tengo toda la intención de comprarle una lechuza a Harry, es una especie de tradición familiar.
Sonrió ante el asombro de Harry Entraron en el pasaje. Harry miró rápidamente por encima de su hombro y vio que la pared volvía a cerrarse. El sol brillaba iluminando numerosos calderos, en la puerta de la tienda más cercana. «Calderos - Todos los Tamaños - Latón, Cobre, Peltre, Plata - Automáticos - Plegables», decía un rótulo que colgaba sobre ellos.
—Sí, vas a necesitar uno —dijo Hagrid— pero mejor que vayamos primero a conseguir el dinero. Harry deseó tener ocho ojos más. Movía la cabeza en todas direcciones mientras iban calle arriba, tratando de mirar todo al mismo tiempo: las tiendas, las cosas que estaban fuera y la gente haciendo compras. Una mujer regordeta negaba con la cabeza en la puerta de una droguería cuando ellos pasaron, diciendo: «Hígado de dragón a diecisiete sickles la onza, están locos...».
Lily sonreía divertida recordando que ella hacia lo mismo la primera vez que fue, tratando de ver todas las tiendas y escuchando los murmullos de la gente de cosas que en ese momento no comprendía, sin poder evitarlo su sonrisa menguo un poco al recordar que esa vez estuvo caminado con sus padres y que ahora ella no podía hacer lo mismo con su hijo.
Mientras tanto, en la segunda generación, Arthur sonrió.
- Molly, puede que esa mujer fueses tú - Comentó el señor Weasley - Recuerdo que hace unos cuantos años volviste del Callejón Diagon despotricando sobre lo caro que era el hígado de dragón.
La señora Weasley sonrió con emoción ante la perspectiva de aparecer en el libro. No le importaba que la hubiesen descrito como "regordeta" ya que, además de ser cierto, ella estaba contenta con su cuerpo. Era de esa clase de personas que creían que la imagen física no es lo más importante de todo y así se lo había intentado inculcar a sus hijos.
Un suave ulular llegaba de una tienda oscura que tenía un rótulo que decía: «El emporio de las lechuzas. Color pardo, castaño, gris y blanco». Varios chicos de la edad de Harry pegaban la nariz contra un escaparate lleno de escobas.
«Mirad —oyó Harry que decía uno—, la nueva Nimbus 2.000, la más veloz.»
- ¡Yo quiero una! - Gritaron James y Sirius emocionados.
- Quidditch – Dijo en forma despectiva la pelirroja por ese "fanatismo insano" a dicho deporte como ella le decía.
Mientras tanto, en la tercera generación, los aficionados al Quidditch hablaron.
- Vaya, que reliquia, no se compara con la Saeta 3000 o la Nimbus Dorada, incluso papá le compró una Saeta cuando mamá fue profesional – Dijo James sonriendo.
Algunas tiendas vendían ropa; otras, telescopios y extraños instrumentos de plata que Harry nunca había visto. Escaparates repletos de bazos de murciélagos y ojos de anguilas, tambaleantes montones de libros de encantamientos, plumas y rollos de pergamino, frascos con pociones, globos con mapas de la luna...
-Tienes una facilidad increíble para fijarte en todo lo que hay a tu alrededor - Dijo Dumbledore impresionado. Ya sabía que el muchacho tenía buenos reflejos y otras capacidades fuera de lo común pero nunca se había dado realmente cuenta de hasta qué punto Harry era consciente de todo cuanto le rodeaba.
Harry sonrió modestamente ante el elogio del director y Snape puso los ojos en blanco. Eso, haz que el chico se lo crea más pensó.
Mientras tanto, en la primera generación, Will y Jane miraban con los ojos como platos a todas las cosas que el libro describía.
- Quiero ir a ese callejón - Dijo Will haciendo un puchero.
- Cuando nuestro hijo o hija sea mayor la acompañaremos allí - Dijo Jane.
- Jooooo, yo quiero ir ahora - Dijo Will haciendo un mohín.
Jane puso los ojos en blanco y le indicó a Gideon que lo ignorara y siguiera leyendo.
—Gringotts —dijo Hagrid. Habían llegado a un edificio, blanco como la nieve, que se alzaba sobre las pequeñas tiendas. Delante de las puertas de bronce pulido, con un uniforme carmesí y dorado, había... —Sí, eso es un gnomo —dijo Hagrid en voz baja, mientras subían por los escalones de piedra blanca. El gnomo era una cabeza más bajo que Harry. Tenía un rostro moreno e inteligente, una barba puntiaguda y, Harry pudo notarlo, dedos y pies muy largos.
- Creo que a esa descripción se le olvidó decir que son unos sujetos traicioneros, puntillosos a la hora de hacer un trato y odian a los magos - Intervino Frank.
- Si se llevan tan mal con ellos, ¿Por qué controlan su dinero? - Preguntó Will - Si quieren hacerlos pasar mal pueden hacer que sus ahorros se vayan por el desagüe.
- A los duendes les gusta el dinero, más de lo que pueden odiarnos a nosotros - Contestó Remus.
Mientras tanto, en la segunda generación.
- ¿Cómo que "Harry pudo notarlo"? - Preguntó Ginny sonriendo.
- Sabía que los dedos de las manos eran largos porque los veía, pero noté que sus zapatos eran más grandes de lo habitual así que sus pies también debían serlo - Terminó con una sonrisa y encogiéndose de hombros.
- Realmente te fijas en todo - Dijo la chica asombrada.
Harry inclinó la cabeza agradeciendo el cumplido mientras le sonreía.
Cuando entraron los saludó. Entonces encontraron otras puertas dobles, esta vez de plata, con unas palabras grabadas encima de ellas.
Entra, desconocido, pero ten cuidado con lo que le espera al pecado de la codicia, Porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado, Deberán pagar en cambio mucho más, Así que, si buscas por debajo de nuestro suelo Un tesoro que nunca fue tuyo, Ladrón, te hemos advertido, ten cuidado De encontrar aquí algo más que un tesoro.
Tonks suspiró al escuchar el poema. Siempre que lo leía, desde la primera vez que pisó Gringotts siendo solo una niña, hasta ese instante, esas palabras conseguían ponerle la piel de gallina. Pensar en las cosas que se encontrarían ocultas bajo las cámaras le fascinaba y atemorizaba al mismo tiempo.
- Jejeje no se puede vivir sin el macabro sentido del humor de los duendes – Dijo Harry sonriendo mientras todos lo miraban como si estuviera loco.
Mientras tanto, en la primera generación.
- No hay lugar más seguro… excepto tal vez Hogwarts – Dijo Frank.
- No he visto ninguna medida de seguridad cuando veníamos hacía aquí - Dijo Will - Mi padre era policía, y conozco bastantes medidas de seguridad.
- Somos magos, señor Granger, nuestras protecciones no son visibles a simple vista – Dijo Charlus sonriendo suavemente - Con cada nuevo director de Hogwarts se actualizan las defensas que fueron creadas en un primer momento por los cuatro fundadores de Hogwarts, y la seguridad de los estudiantes se toma muy enserio.
Will pareció aliviado, sabía que su hija tendría que asistir a ese colegio cuando cumpliera 11 años, por su propia seguridad, y saber que era uno de los lugares más seguros…más que el ministerio lo aliviaba.
—Como te dije, hay que estar loco para intentar robar aquí —dijo Hagrid. Dos gnomos los hicieron pasar por las puertas plateadas y se encontraron en un amplio vestíbulo de mármol. Un centenar de gnomos estaban sentados en altos taburetes, detrás de un largo mostrador, escribiendo en grandes libros de cuentas, pesando monedas en balanzas de cobre y examinando piedras preciosas con lentes.
- Mira Harry, el Harry del libro y tú se parecen en eso, en ser muy observadores, te fijas en todos los detalles, pero claro tú tienes más experiencia - Comentó Luna sonriendo y muchos asintieron, por lo que habían visto hasta ahora, el Harry del libro se fijaba en todo, era obvio que era lo mismo o aún más con el Harry allí presente.
Las puertas de salida del vestíbulo eran demasiadas para contarlas, y otros gnomos guiaban a la gente para entrar y salir. Hagrid y Harry se acercaron al mostrador.
—Buenos días —dijo Hagrid a un gnomo desocupado—. Hemos venido a sacar algún dinero de la caja de seguridad del señor Harry Potter.
—¿Tiene su llave, señor?
—La tengo por aquí —dijo Hagrid, y comenzó a vaciar sus bolsillos sobre el mostrador, desparramando un puñado de galletas de perro sobre el libro de cuentas del gnomo. Éste frunció la nariz. Harry observó al gnomo que tenía a la derecha, que pesaba unos rubíes tan grandes como carbones brillantes.
- Sí, definitivamente eres muy observador - Le aseguró Hermione impresionada. A ella le gustaba pensar que era muy observadora, pero viendo lo observador que era Harry ella no podía compararse ni con el Harry del libro.
—Aquí está —dijo finalmente Hagrid, enseñando una pequeña llave dorada. El gnomo la examinó de cerca.
—Parece estar todo en orden.
—Y también tengo una carta del profesor Dumbledore —dijo Hagrid, dándose importancia—. Es sobre lo-que-usted-sabe, en la cámara setecientos trece.
- No creo que sea correcto usar ese tono frente al joven Potter – Razonó la profesora McGonagall - Si es como sus padres de seguro querrá saber más del asunto.
- No cree que está exagerando, profesora – Dijo el joven Potter mientras la profesora lo miraba seriamente, pronto la lectura le daría la razón.
El gnomo leyó la carta cuidadosamente.
—Muy bien —dijo, devolviéndosela a Hagrid—. Voy a hacer que alguien los acompañe abajo, a las dos cámaras. ¡Griphook!
Griphook era otro gnomo. Cuando Hagrid guardó todas las galletas de perro en sus bolsillos, él y Harry siguieron a Griphook hacia una de las puertas de salida del vestíbulo.
—¿Qué es lo-que-usted-sabe en la cámara setecientos trece? —preguntó Harry.
- Sin duda se debe hacer algo con la curiosidad del señor Potter - Dijo con desdén Snape.
- Sin curiosidad no tendrá deseos de aprender - Le gruñó de vuelta Sirius, no tenía ganas de pelear con el pelo grasiento.
- Es increíble como de vez en cuando dices cosas inteligentes - Dijo Tonks sinceramente sorprendida. Algunos rieron por lo bajo, aún sentían cierto recelo contra Black.
- ¡Oye! - Reclamó ofendido - Para tu información Remus, Lily, James y yo éramos los mejores de nuestra generación - Dijo Sirius hinchando el pecho - ¿Cierto, Lunático?
- Dejando fuera a los mejores de las otras casas, algunos de los cuales eran mejor que tú, sí, es verdad - Dijo el hombre lobo con una sonrisa. Sirius bufó ofendido, pero no agregó nada más.
Mientras tanto, en la primera generación, la profesora McGonagall miraba fijamente a James Potter que la veía riendo divertido.
- Ya tranquilícese - Le pidió James - La curiosidad no es mala.
- Cuantas veces terminaron en mi despacho por su "curiosidad" - Rebatió ella - La mitad de problemas en que se metían era por su curiosidad, deberían de aprender de su novia joven Potter.
El chico le envió una sonrisa amable a la joven mientras esta bajaba la cabeza un poco avergonzada. Pero su vergüenza no tenía que ver con su profesora favorita la alabara, sino porque no era la santa Lily Evans que todos conocían, ella misma se había saltado algún par de normas del colegio, pero era la diferencia con su novio y sus amigos estaba en que ella era más cuidadosa y discreta al hacer las cosas para que no la atraparan. Eso era un secreto que solo su mejor amiga Alice conocía.
—No te lo puedo decir —dijo misteriosamente Hagrid—. Es algo muy secreto. Un asunto de Hogwarts. Dumbledore me lo confió. Griphook les abrió la puerta. Harry, que había esperado más mármoles, se sorprendió. Estaban en un estrecho pasillo de piedra, iluminado con antorchas. Se inclinaba hacia abajo y había unos raíles en el suelo. Griphook silbó y un pequeño carro llegó rápidamente por los raíles. Subieron (Hagrid con cierta dificultad) y se pusieron en marcha.
Muchos se estremecieron recordando la velocidad hacia la que iban esos carros.
- Definitivamente odio esos carros - Dijo Neville pálido con solo recordarlos, muchos le dieron la razón.
- ¡De que hablan! Si es divertido - Replicó Sirius sonriendo.
Al principio fueron rápidamente a través de un laberinto de retorcidos pasillos. Harry trató de recordar, izquierda, derecha, derecha, izquierda, una bifurcación, derecha, izquierda, pero era imposible. El veloz carro parecía conocer su camino, porque Griphook no lo dirigía. A Harry le escocían los ojos de las ráfagas de aire frío, pero los mantuvo muy abiertos.
Muchos se frotaron los ojos imaginándose lo que tenía que escocer mientras aumentaba su admiración hacia Harry.
En una ocasión, le pareció ver un estallido de fuego al final del pasillo y se dio la vuelta para ver si era un dragón, pero era demasiado tarde. Iban cada vez más abajo, pasando por un lago subterráneo en el que había gruesas estalactitas y estalagmitas saliendo del techo y del suelo.
—Nunca lo he sabido —gritó Harry a Hagrid, para hacerse oír sobre el estruendo del carro—. ¿Cuál es la diferencia entre una estalactita y una estalagmita?
—Las estalagmitas tienen una eme —dijo Hagrid
- Buena respuesta - Corearon riendo los hermanos Weasley, Sirius, Remus y Tonks.
—. Y no me hagas preguntas ahora, creo que voy a marearme.
- ¿Por qué? A mí, esos cacharros me parecen de lo más emocionantes - Dijeron James y Sirius al mismo tiempo sonriendo como niños.
- Tal y como lo describen son como las montañas rusas de los parques de atracciones - Dijo Will
Lily, Ted y Remus, asintieron con la cabeza mientras que los demás miraran al muggle curiosos por saber que era aquello.
- ¿Montaña Rusa? - Preguntaron los gemelos Prewett curiosos y con los ojos chispeantes.
- Si, una montaña rusa, de un parque de atracciones - Dijo perplejo William sorprendido de que muy pocos parecían saber a qué se refería.
- Los magos saben muy pocas cosas del mundo muggle, algunos ni siquiera saben que es un coche - Dijo Lily mirando con una sonrisa a los magos.
- ¿Por qué? - Preguntó curioso Will y con los ojos brillando de curiosidad - Y si no saben que es un coche, ¿Cómo se trasladan para ir de un sitio a otro?
- Nos aparecemos - Dijo Remus - De repente estamos en un sitio y al siguiente en otro, o utilizamos la Red Flu que es un medio de transporte para ir de una casa a otra utilizando las chimeneas
- O con un traslador - Dijo Sirius — Los magos podemos encantar un objeto para que nos traslade a otro sitio.
William parecía encantado y de hecho casi parecía que iba a saltar a preguntarles un montón de cosas, los gemelos Prewett tuvieron la sensación de que ese hombre era la versión muggle de Arthur Weasley.
- Will, no es el momento, porque no continuamos leyendo y cuanto termine el capítulo puedes pregúntales todo lo que quieras - Intervino su esposa mirándolo reprobatoriamente.
Si, y ella es como Molly reprimiéndolo Pensaron divertido los gemelos.
Su cara se había puesto verde y, cuando el carro por fin se detuvo, ante la pequeña puerta de la pared del pasillo, Hagrid se bajó y tuvo que apoyarse contra la pared, para que dejaran de temblarle las rodillas.
- Tan malos son - Indago Ted que nunca se había subido a uno de esos.
- Son terribles – Aceptó Lily recordando su experiencia y sorprendiendo a varios.
- ¿Tú cuando te has subido a esos carros? - Preguntó James.
- Una vez que fui al callejón coincidí con tu padre en el banco - Le respondió al azabache que miro a su padre que asintió sonriendo mientras James abría los ojos como platos - Al parecer, me reconoció por una de las muchas fotografías que me has tomado en secreto - Dijo con un pequeño tono de reproche al tiempo que él enrojecía de vergüenza – Bueno, esa ves me invito a ver su cámara y por curiosidad acepte, debo decir que hubiera sido una gran experiencia de no ser por esos carros endemoniados.
- Pero, ¿Cuándo fue eso? - Quiso saber el hombre.
- Fue una vez donde te castigue por ser tan insoportable – Dijo la señora Potter.
- Es seguro, porque cuando salimos del banco nos encontramos con la señora P… digo con Dorea – Confesó la joven mientras miraba a Dorea que la miraba fijamente y entendió lo que debía decir – Cuando la conocí me pareció una mujer muy amable y se disculpó bastante por el terco y maleducado hijo que tenía - todos los hombres rieron ante la vergüenza del joven - Y bueno no pude evitar contarle acerca de las cosas que hacías y se molestó un poquito.
- Un poquito – Ironizó Fabián en medio de un risa - Cuando una pelirroja se enoja un poquito significa el apocalipsis, debería conocer a nuestra madre y hermana.
Griphook abrió la cerradura de la puerta. Una oleada de humo verde los envolvió. Cuando se aclaró, Harry estaba jadeando. Dentro había montículos de monedas de oro. Montones de monedas de plata. Montañas de pequeños knuts de bronce.
Todos escuchaban eso con los ojos muy abiertos.
- Y esa era solo la de los gastos escolares - le recordó Sirius.
Todos abrieron todavía más los ojos, incrédulos.
—Todo tuyo —dijo Hagrid sonriendo.
Ron sintió una punzada de envidia, pero rápidamente se avergonzó de sí mismo ya que su amigo había obtenido todo eso a causa de la muerte de sus padres.
Todo de Harry, era increíble.
Sirius sonrió con cariño ante la sorpresa del niño. Le gustaba saber que, aunque él no había podido estar ahí para verlo, Harry había sido feliz.
Los Dursley no debían saberlo, o se abrían apoderado de todo en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cuántas veces se habían quejado de lo que les costaba mantener a Harry?
- ¡Mantenerle! - Rugió Molly enfadada - ¡Le hacían dormir en una alacena, le daban los restos de la comida y ni si quiera le compraban ropa!
Todos gruñeron. Era probable que si los Dursley apareciesen en el Gran Comedor en ese momento completamente todas las personas intentaran hechizarlos.
Y durante todo aquel tiempo, una pequeña fortuna enterrada debajo de Londres le pertenecía.
- Esos malditos hijos de…- le taparon la boca a Lily para que no dijera algo de lo que pudiera arrepentirse, más aún con sus padres allí, aunque ellos también estaban molestos.
- Lo que costaba mantenerlo, ¿Cómo pueden ser tan hipócritas esos malnacidos? – Continuó Alice molesta.
- Juro Petunia que esto no se quedara así – Juró la pelirroja que se había quitado las manos de la boca.
Hagrid ayudó a Harry a poner una cantidad en una bolsa.
—Las de oro son galeones —explicó—. Diecisiete sickles de plata hacen un galeón y veintinueve knuts equivalen a un sickle, es muy fácil. Bueno, esto será suficiente para un curso o dos, dejaremos el resto guardado para ti. —Se volvió hacia Griphook—. Ahora, por favor, la cámara setecientos trece. ¿Y podemos ir un poco más despacio?
- Una sola velocidad - Dijeron Neville y Bill al mismo tiempo, Neville lo dijo resignado y Bill lo dijo con hastío, ya conocía bastante bien el despotismo de los duendes, Fleur a su lado le tomó la mano suavemente y él le sonrió, últimamente lo que más le gustaba de su trabajo eran las clases de inglés que le daba a la chica
—Una sola velocidad —contestó Griphook. Fueron más abajo y a mayor velocidad.
- Sentí lo mismo cuando le dije que fuera más despacio - Dijo Neville estremeciéndose.
- Eso es porque sospechan de la gente cuando les dice que vayan más despacio - Explicó Bill y muchos gruñeron.
El aire se volvió cada vez más frío, mientras doblaban por estrechos recodos. Llegaron entre sacudidas al otro lado de una hondonada subterránea, y Harry se inclinó hacia un lado para ver qué había en el fondo oscuro,
Ginny rió suavemente al leer una vez más la infinita curiosidad del muchacho a su lado, era, en cierto sentido, algo tierno.
pero Hagrid gruñó y lo enderezó, cogiéndolo del cuello.
- Esa maldita curiosidad de los Potter – Increpó McGonagall.
- Pero tampoco hay que quitarle méritos a la curiosidad que tenía la señorita Evans – Agregó Slughorn.
La cámara setecientos trece no tenía cerradura.
—Un paso atrás —dijo Griphook, dándose importancia. Tocó la puerta con uno de sus largos dedos y ésta desapareció—. Si alguien que no sea un gnomo de Gringotts lo intenta, será succionado por la puerta y quedará atrapado —añadió.
—¿Cada cuánto tiempo comprueban que no se haya quedado nadie dentro? —quiso saber Harry.
- ¡Harry! - Gritaron muchas chicas y algún que otro chico - ¡No todos queremos saberlo!
Mientras tanto, en la primera generación, algunos tampoco les gusto esa pregunta.
- Parece que no solo heredó la curiosidad normal de Lily y James, sino que de alguna forma la curiosidad morbosa de Remus también la heredó - Dijo Sirius mirando a sus amigos y a su "cuñada".
- ¿Mi curiosidad morbosa? - Preguntó Remus arqueando una ceja.
- Esa cualidad tuya de preguntar las cosas más espeluznantes - Dijo Lily teniendo que darle la razón a su "cuñado"
- Lily…- Protestó el hombre-lobo haciendo una mueca.
- Lo siento, Rems, pero sabes que en el fondo es verdad - Contestó la mujer con una sonrisa.
- Aunque más podría ser curiosidad Black – Dijo Dorea en un susurro solo siendo escuchada por su esposo que asintió.
Mientras tanto, en la tercera generación, los hijos Potter ahora veían a Teddy.
- Vaya, al parecer, Teddy aprendió de papá su macabra curiosidad, esa cualidad de hacer preguntas morbosas y perturbadoras – Dijo Albus sonriéndole a su hermano adoptivo.
- Eso no es cierto, yo no tengo curiosidad morbosa – Se defendió el metamorfomago.
- Si es cierto, mi amor – Dijo Victoire mientras veía a su novio que se cruzaba de brazos enfurruñado.
—Más o menos cada diez años —dijo Griphook, con una sonrisa maligna.
Muchos sintieron escalofríos por el tipo y la forma en que el gnomo respondió la pregunta, sin duda eran unas criaturas muy siniestras.
Algo realmente extraordinario tenía que haber en aquella cámara de máxima seguridad, Harry estaba seguro, y se inclinó anhelante, esperando ver por lo menos joyas fabulosas, pero la primera impresión era que estaba vacía.
- ¿Qué? ¿Cómo que estaba vacía? - Preguntó desilusionado Sirius reclinándose de nuevo contra el respaldo del sillón. Él, al igual que casi todos en el Gran Comedor, había ido inclinándose expectante hacia delante ansioso por saber qué era lo que había en esa cámara.
- Dice que esa fue su primera impresión, Sirius - Señaló Remus - Así que en realidad no estaba así. Probablemente era algo pequeño en lo que no se fijó al principio.
Con esto todos se volvieron a impacientar. Harry miraba a todos divertido. ¿No se acordaban de que les había dicho que no lo descubría en el banco?
Entonces vio el sucio paquetito, envuelto en papel marrón, que estaba en el suelo. Hagrid lo cogió y lo guardó en las profundidades de su abrigo. A Harry le hubiera gustado conocer su contenido, pero sabía que era mejor no preguntar.
- ¿Qué era? – Preguntó Draco, no puedo evitar preguntar, los comentarios crípticos de Hagrid también habían despertado su curiosidad.
- Tendrás que esperar para saberlo - Dijo Harry sonriendo divertido.
- Si ustedes lo saben, ¿Por qué no nos lo dicen ahora? - Preguntó Lee Jordan de forma infantil, siendo apoyado por muchos de los presentes.
- Porque nosotros estuvimos averiguándolo - Dijo Harry - Y nos parece justo que ustedes sufran de la misma forma nuestra frustración, al menos ustedes estarán así sólo unos días, no creo que nos demoremos mucho en terminar el libro si leer es lo único que hacemos durante el día – Dijo, era algo justo y por lo mismo nadie se atrevió a decirle nada.
—Vamos, regresemos en ese carro infernal y no me hables durante el camino; será mejor que mantengas la boca cerrada —dijo Hagrid.
Después de la veloz trayectoria, salieron parpadeando a la luz del sol, fuera de Gringotts. Harry no sabía adónde ir primero con su bolsa llena de dinero. No necesitaba saber cuántos galeones había en una libra, para darse cuenta de que tenía más dinero que nunca, más dinero incluso que el que Dudley tendría jamás.
—Tendrías que comprarte el uniforme —dijo Hagrid, señalando hacia «Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones»—. Oye, Harry; ¿te importa que me dé una vuelta por el Caldero Chorreante? Detesto los carros de Gringotts. —Todavía parecía mareado, así que Harry entró solo en la tienda de Madame Malkin, sintiéndose algo nervioso. Madame Malkin era una bruja sonriente y regordeta, vestida de color malva.
—¿Hogwarts, guapo? —dijo, cuando Harry empezó a hablar
James sonrió de que le dijeran guapo a su hijo.
—. Tengo muchos aquí... En realidad, otro muchacho se está probando ahora.
- ¿Hará algún amigo aquí? - Se preguntó Lily emocionada.
- Tal vez está allí un hijo nuestro y se hagan amigos - Dijo Alice entusiasmada - Si así fuera secuestraría a su hijo en verano para darle de comer apropiadamente.
- Gracias, Alice - Dijo Lily con una sonrisa enorme a su amiga.
En el fondo de la tienda, un niño de rostro pálido y puntiagudo estaba de pie sobre un escabel, mientras otra bruja le ponía alfileres en la larga túnica negra. Madame Malkin puso a Harry en un escabel al lado del otro, le deslizó por la cabeza una larga túnica y comenzó a marcarle el largo apropiado.
—Hola —dijo el muchacho—. ¿También Hogwarts?
—Sí —respondió Harry.
—Mi padre está en la tienda de al lado, comprando mis libros, y mi madre ha ido calle arriba para mirar las varitas —dijo el chico. Tenía voz de aburrido y arrastraba las palabras
- Porque será que no creo que ese niño sea suyo - Dijo Remus con una sonrisa divertida al ver la mala cara que puso Alice, solo de pensar que su hijo fuera así de arrogante.
- Espero que tengas razón, Remus, no quiero pensar que tengo un hijo tan…- Dijo Frank sin saber cómo terminar la frase.
- Arrogante - Ayudó Will intentando ser solicito, su esposa le pegó por insensible.
Mientras tanto, en la tercera generación, Albus reía divertido mientras algunos lo veían extrañados.
– Esa fue la primera impresión que tuve al conocerte, Scorp, aunque no tienes ese tono despectivo, es seguro que es tu papá – Dijo Albus mientras Scorpius lo miró y puso atención.
—. Luego voy a arrastrarlos a mirar escobas de carrera. No sé por qué los de primer año no pueden tener una propia. Creo que voy a fastidiar a mi padre hasta que me compre una y la meteré de contrabando de alguna manera.
- Repentinamente me acorde del cerdo de su primo – Comentó Marlene a lo que todos asintieron.
- A mí me recuerda a otras personas - Dijo Sirius volteado a ver a Malfoy que estaban poniendo atención a ver si decía el nombre del chico, les parecía, por la descripción, que era su hijo.
Harry recordaba a Dudley
- Definitivamente - Dijo James.
- Es imposible que sea nuestro hijo - Dijo Frank suspirando aliviado y Alice lo secundó.
- ¿Por qué? - Preguntó Will todavía sobándose el costado donde su esposa le había golpeado.
- Porque hace generaciones que no nace un Longbottom que sepa volar en escoba y Alice tampoco es muy dada a volar.
—¿Tú tienes escoba propia? —continuó el muchacho.
- Malfoy - Dijeron Ginny y Luna al mismo tiempo.
- ¿Cómo pueden estar tan seguras? - Dijo con molestia el rubio.
- Rostro pálido y puntiagudo - Dijo Ginny enumerando con los dedos - Voz de aburrido, arrastra las palabras, mimado de primera, ¿alguna otra razón? - Dijo la chica con burla, Daphne soltó una sonora carcajada, siendo fulminada con la mirada por el rubio.
—No —dijo Harry.
—¿Juegas al menos al Quidditch?
—No —dijo de nuevo Harry, preguntándose qué diablos sería el Quidditch.
- ¡Mi ahijado no sabiendo lo que era el Quidditch! - Dijo Sirius de manera dramática haciendo que muchos rieran y que la disputa anterior quedara olvidada.
- Obviamente, no sabía nada del mundo mágico - Replicó Hermione rodando los ojos.
- ¡Mi ahijado no sabiendo lo que era el Quidditch! - Repitió Sirius más dramáticamente que antes y todos volvieron a reír.
Mientras tanto, en la primera generación, los merodeadores también estaban indignados por esto.
- Es inaudito que siendo mi hijo no conozca tan maravilloso deporte, es algo tan maravilloso que hace que la adrenalina se dispare por las venas y deja el cuerpo… - Decía James, pero fue interrumpido por su novia.
- Cubierto de moretones, rasguños y hasta con más de un hueso roto – Terminó Lily en su lugar desaprobando nuevamente ese fanatismo de su novio.
-Vamos cariño, pero si es un gran juego.
- No dudo que lo sea, pero ustedes – Señaló a Sirius y a James - Exageran al punto de la demencia.
El par de amigos se sintió ofendido y se sentaron en silencio aplicándole la ley del hielo a la joven que ni siquiera se inmuto.
—Yo sí. Papá dice que sería un crimen que no me eligieran para jugar por mi casa, y la verdad es que estoy de acuerdo. ¿Ya sabes en qué casa vas a estar?
—No —dijo Harry, sintiéndose cada vez más tonto.
—Bueno, nadie lo sabrá realmente hasta que lleguemos allí, pero yo sé que seré de Slytherin, porque toda mi familia fue de allí. ¿Te imaginas estar en Hufflepuff? Yo creo que me iría, ¿no te parece?
—Mmm —contestó Harry, deseando poder decir algo más interesante.
—¡Oye, mira a ese hombre! —dijo súbitamente el chico, señalando hacia la vidriera de delante. Hagrid estaba allí, sonriendo a Harry y señalando dos grandes helados, para que viera por qué no entraba.
—Ése es Hagrid —dijo Harry, contento de saber algo que el otro no sabía—. Trabaja en Hogwarts.
—Oh —dijo el muchacho—, he oído hablar de él. Es una especie de sirviente, ¿no?
- Ese maldito mocoso, ¿Qué clase de educación ha tenido? - Dijo molesta Andrómeda.
- Creo que pronto lo sabremos, prima - Respondió Sirius sin quitarle la vista a Narcissa y a Lucius que solo ignoraron a los que lo veían.
—Es el guardabosques —dijo Harry. Cada vez le gustaba menos aquel chico.
- Harry tiene buen instinto para las personas eso está claro - Dijo Will - Y además no se deja amedrentar, muchos niños de esa edad negarían que lo conocen para que el otro niño no se enfade con él.
- Will deja de analizar psicológicamente a las personas que el psicólogo de la familia es tu hermano, no tu – Interrumpió Jane mirando a su marido para que se callara.
—Sí, claro. He oído decir que es una especie de salvaje, que vive en una cabaña en los terrenos del colegio y que de vez en cuando se emborracha. Trata de hacer magia y termina prendiendo fuego a su cama.
—Yo creo que es estupendo —dijo Harry con frialdad.
- ¡Así se habla! - Dijeron muchos.
- Me sentiría fatal si alguna vez Harry me habla con ese tono frio que usa a veces - Le confesó Ron a Hermione, la cual asintió muy de acuerdo con el pelirrojo.
—¿Eso crees? —preguntó el chico en tono burlón—. ¿Por qué está aquí contigo? ¿Dónde están tus padres?
—Están muertos —respondió en pocas palabras. No tenía ganas de hablar de ese tema con él.
- Y no tienes que hacerlo cachorro.
- ¿Cachorro, Canuto? No sería mejor decirle cervatillo - Indago por lo bajo James.
- Luego lo discutimos - Le respondió
—Oh, lo siento —dijo el otro, aunque no pareció que le importara—. Pero eran de nuestra clase, ¿no?
—Eran un mago y una bruja, si es eso a lo que te refieres
—Realmente creo que no deberían dejar entrar a los otros ¿no te parece? No son como nosotros, no los educaron para conocer nuestras costumbres. Algunos nunca habían oído hablar de Hogwarts hasta que recibieron la carta, ya te imaginarás. Yo creo que debería quedar todo en las familias de antiguos magos. Y a propósito, ¿cuál es tu apellido?
- Hey, ese no es papá, ese chico es muy despreciable, arrogante y desconsiderado, ¿Acaso papá fue así de niño? – Se preguntó, pero luego miró a Hermione que le sonrió.
- No, Scorpius, ese chico es diferente al Draco de este mundo, estuvo a punto de serlo, pero él conoció a Harry años antes de entrar a Hogwarts, se hicieron amigos, pero Harry hizo que no fuera como su padre, tu padre tuvo una mala influencia por parte de Lucius Malfoy – Dijo Hermione sonriéndole mientras Scorpius sonreía
Pero antes de que Harry pudiera contestar, Madame Malkin dijo:
—Ya está listo lo tuyo, guapo.
- Ella siempre supo cuándo debía intervenir entre sus clientes - Sonrió Remus - Seguramente reconoció a Harry en cuanto entró por lo parecido que es a James y se dio cuenta del poco tacto de la pregunta sobre sus padres. Después de todo eso, seguro que decidió decir algo para salvar a Harry de responder.
- Siempre me ha caído bien Madame Malkin - Dijo Molly y Arthur, a su lado, asintió de acuerdo.
- A todo el mundo le cae bien Madame Malkin - señaló Bill - Siempre trata cortésmente a todos los que entran en su tienda, incluso si no le caen especialmente bien.
- Bueno, en el fondo eso es algo que deben hacer todos los que tengan una tienda, ¿no? - puntualizó Charlie - Digo, si quiere que vuelvan, tendrán que estar a gusto mientras hacen sus compras.
- Bueno, sí, Madame Malkin es simpática con todos. Ya lo tenemos claro - Se impacientó Ron - ¿Podemos seguir leyendo?
- Nunca pensé que le oiría preguntar eso - Le susurró Hermione a Harry y ambos se echaron a reír mientras Ron, que lo había oído, les fulminaba con la mirada.
- Me pregunto qué cara habrías puesto si hubieras sabido en ese momento que era Potter - Dijo Blaise sonriendo a su amigo, para mostrarle que de alguna forma estaba a su lado y que lo entendía. Él también provenía de una familia de mortífagos.
- Probablemente una de idiota - Dijo Daphne con suficiencia, su hermana rio.
- Me lo imaginé con la boca abierta y los ojos agrandados, y eso junto a una túnica en proceso de arreglo lo harían verse…- Empezó a decir la joven Greengrass sonriendo, haciendo que un leve sonrojo involuntario apareciera en las mejillas de Draco.
- Ridículo - Dijeron los gemelos y la profesora Sporut continuó con la lectura luego de un par de risitas.
Y Harry, sin lamentar tener que dejar de hablar con el chico, bajó del escabel.
—Bien, te veré en Hogwarts, supongo —dijo el muchacho.
- Harry, ¿Cómo fue el día en que conociste a Malfoy? – Preguntó Ron mirando curioso a Harry que sonrió y dijo.
- Lo conocí una vez cuando tenía 9 años, iba con Alastor por el callejón Diagon a comprar algunas cosas, nos encontramos la señora Malfoy y Draco, no era el chico que aparece en el libro, al parecer, se veía alegre, quizás porque estaba con su madre, era seguro que si estuviera con Lucius la conversación hubiese sido muy tensa, pero Alastor habló amablemente con ella y Malfoy y yo pues nos conocimos un poco, pero me sorprende lo que pasó – Dijo el ojiverde mientras la mayoría miraba a Draco Malfoy, se dieron cuenta de que él era solo un niño influenciado por alguien tan despreciable como Lucius Malfoy.
Harry estaba muy silencioso, mientras comía el helado que Hagrid le había comprado (chocolate y frambuesa con trozos de nueces).
- ¿Cuándo comemos? - Pregunto Ron ansioso.
- Cuando acabemos este capítulo - Le dijo McGonagall con una sonrisa.
—¿Qué sucede? —preguntó Hagrid.
—Nada —mintió Harry. Se detuvieron a comprar pergamino y plumas. Harry se animó un poco cuando encontró un frasco de tinta que cambiaba de color al escribir.
- Que tierno - Comentó Astoria sonriendo, haciendo que Harry le sonriera y que Draco la mirara mal.
- Sí, debe haber sido tierno ver su carita cuando era niño - La apoyó Angelina.
- Debías ser tan inocente a esa edad - Dijo Daphne sin pisca de burla.
- Sigue siendo inocente, aunque no lo demuestre - Dijo Hermione uniéndose a las chicas.
- Haggy siempge me ha pagecido un chico muy dulce - Dijo Fleur.
- Harry es alguien que puede mostrar dos caras si no se meten con él, pero la mejor cara es la más tierna – Dijo Ginny sonriéndole.
- Pero no solo es tierno y adorable, también divertido cuando se lo propone, es genial esa faceta suya – Dijo Tonks.
- Y todo un caballero, muy educado y con corazón dispuesto ayudar, es simplemente muy bueno mi muchacho – Dijo Molly sonriendo con ternura a Harry.
Todas las chicas decían cosas buenas del ojiverde u otras solo quedaban viéndolo como si tuvieran corazoncitos en los ojos recibiendo miradas enternecidas de muchas chicas, mientras que otras eras bastante agrias de parte de muchos chicos, entre ellas las de Theo, Blaise, Draco e incluso los gemelos. Por su parte Charlie, Sirius y Remus lo miraban burlonamente, este último era lo suficientemente maduro para no ponerse celoso.
Harry simplemente les sonreía a todas en agradecimiento.
- ¿Sabes?, a tu madre le encantaban esos frascos - Sonrió Remus al pensar en su amiga.
- Sí, y cuando James se enteró en sexto curso le compró un paquete entero. ¿Cuántos venían? ¿Treinta? ¿Cuarenta? - Rio Sirius al recordarlo.
- Cuarenta - Respondió el hombre lobo - Pero Lily le dijo que no los quería y le hizo creer que los había devuelto a la tienda. Solo le confesó que los tenía guardados y que los había seguido usando sin que él lo viese poco antes de que empezasen a salir.
- Es verdad - Rio todavía más fuerte Sirius - James se ilusionó tanto cuando lo descubrió que le ofreció comprarle tres paquetes más si ella quería. Pero ella se negó antes de que él pudiese salir corriendo a pedirlos vía lechuza.
Harry sonreía de oreja a oreja escuchando esto. Tener algo en común con su madre tan simple como el que le gustase la tinta que cambia de color la hacía parecer muchísimo más cercana. Ya no solo se parecían en los ojos verdes o en el carácter, sino un detalle, que, por extraño que pareciese, Harry atesoraba mucho más que el resto de cosas.
Cuando salieron de la tienda, preguntó:
—Hagrid, ¿qué es el Quidditch?
- Si, Hagrid, por favor, no permitas que mi hijo llegue a Hogwarts sin saber que es el Quidditch, sería algo horrible – Dijo James al libro.
—Vaya, Harry; sigo olvidando lo poco que sabes... ¡No saber qué es el Quidditch!
- Pero eso cambiara, yo me encargare de enseñarle todo lo que necesite saber – Exclamó James con una sonrisa.
- Incluso sabrá cosas que ni siquiera necesite – Exclamó la pelirroja.
- Hey toda la información es importante.
- De que sirve saber de qué madera era la escoba de no sé qué jugador en no sé qué partido en sabrá Merlín que parte del mundo - Rebatió la mujer.
- De mucho, el tipo de madrera convidada con el jugador y las condiciones climáticas del lugar…
- Podríamos continuar con la lectura - Interrumpió McGonagall con un poco de molestia, aunque ella era una gran fanática del Quidditch y siempre buscaba talento nuevo para el equipo de su casa, le parecía exagerado todo lo que decía el joven Potter.
Mientras tanto, en la segunda generación.
- No lo hagas sentig peog - Dijo Fleur frunciendo el ceño.
- Lo lamento, Harry - Se disculpó Hagrid, Harry hizo un gesto con la mano para quitarle importancia como que con él no era la cosa.
—No me hagas sentir peor —dijo Harry.
- Lo siento, hijo no era esa la idea - Susurró James molesto consigo mismo, su hijo no tenía la culpa de que sus tíos fueran unos desgraciados.
Lily que oyó el comentario de su esposo sonrió enternecida y lo besó cariñosamente, si es que su marido por muy infantil que fuera, a veces, tenía una madurez y una responsabilidad increíble, que sobre todo se manifestaba con Harry.
Le contó a Hagrid lo del chico pálido de la tienda de Madame Malkin. —... y dijo que la gente de familia de muggles no deberían poder ir...
—Tú no eres de una familia muggle. Si hubiera sabido quién eres... Él ha crecido conociendo tu nombre, si sus padres son magos. Ya lo has visto en el Caldero Chorreante. De todos modos, qué sabe él, algunos de los mejores que he conocido eran los únicos con magia en una larga línea de muggles. ¡Mira tu madre! ¡Y mira la hermana que tuvo!
- Exacto - Exclamó James - Y afortunadamente fue Lily la que heredó la magia, creo que me habría suicidado si hubiese sido Petunia la que hubiera heredado la magia.
- Mi pensamiento exactamente - Dijeron al mismo tiempo Alice, Marlene y Pandora.
Mientras tanto, en la segunda generación, todos estaban de acuerdo con lo que decía el gigante.
- Un ejemplo perfecto - Asintió Remus satisfecho.
- Yo todavía no puedo creerme que la pelirroja pudiese tener como hermana a alguien como Petunia - Dijo Sirius con una mueca - Lily era la persona más amable y paciente que he conocido, cuando no estaba enfadada, claro, y me cuesta encontrar alguna buena cualidad en su hermana.
—Entonces ¿qué es el Quidditch?
—Es nuestro deporte. Deporte de magos. Es... como el fútbol en el mundo muggle, todos lo siguen.
- El futbol es genial, pero no creo que sea tan emocionante como el Quidditch - Dijo Will poniendo mala cara - Este último tiene ya de por si cuatro pelotas.
- Yo nunca le vi el atractivo al futbol - Dijo Jane - Me parece una estupidez ver a 7 tipos persiguiendo una pelota
Will pareció ofendido.
- Jane, cariño, son 11 jugadores.
Jane puso los ojos en blanco.
Se juega en el aire, con escobas, y hay cuatro pelotas... Es difícil explicarte las reglas.
- Hagrid no puedes decir solo eso del Quidditch, mi hijo tiene que tener más información, con eso no podrá participar en el equipo de Quidditch
- Señor Potter, creo que tengo que recordarle que los de primer año no pueden tener escobas - Dijo McGonagall dirigiéndole una mala mirada.
- Aunque no pueda debería saber jugar. Y de todas formas si no le explicas como se juega difícilmente va a poder animar a su equipo.
Lily puso los ojos en blanco.
- Yo no me conozco todas las normas y aun así iba a animar al equipo.
- ¡Y así animabas! - Bufó Sirius - El pobre James ahí esperando tus gritos de apoyo y tú te dedicabas a animar a los otros equipos.
James miró acusadoramente a su esposa al recordar lo que decía su amigo.
Lily pareció culpable durante unos instantes.
- Bueno, creo que en el este año compensé mis años anteriores.
James sonrió recordando, en cada partido, Lily bajaba a recibirlo con un beso cuando terminaba.
—¿Y qué son Slytherin y Hufflepuff?
—Casas del colegio. Hay cuatro. Todos dicen que en Hufflepuff son todos inútiles, pero...
—Seguro que yo estaré en Hufflepuff —dijo Harry desanimado.
- Lo siento - Dijo Harry mirando a Hannah y Susan, que eran los más cercanos miembros de esa casa – Me disculpo de parte del Harry del libro, él no conocía la casa.
- No te preocupes - Le dijo Hannah sonriendo, cosa que no pasó desapercibida para Neville.
- Como dijiste, él no sabía nada sobre nuestra casa - Agregó Susan también sonriendo.
Mientras tanto, en la primera generación, James Potter tenía una opinión a esto.
- Pues yo estaría muy orgulloso si quedara en esa casa - Dijo James - Los Hufflepuff son personas muy tranquilas, siempre son justas, trabajadoras y muy amigables.
Lily miró a su esposo con los ojos como platos, aunque no era el único.
- James, cariño, esa ha sido la frase más madura que te he oído nunca - Dijo Lily sonriendo ampliamente a su esposo.
James frunció el ceño e iba a protestar, pero su esposa lo abrazó y lo besó, por lo que James simplemente se calló.
—Es mejor Hufflepuff que Slytherin —dijo Hagrid con tono lúgubre—. Las brujas y los magos que se volvieron malos habían estado todos en Slytherin. Quien-tú-sabes fue uno.
Muchos asintieron y varios Slyhterin sisearon furiosos.
- ¡Eso no quiere decir que no hayan salido buenos magos de Slytherin! - Replicó Daphne, más que nada se dirigía a los demás en vez a Hagrid del libro - ¡Han salido muchos magos de provecho de nuestra casa!
- Es cierto, en todo caso si vemos lo malo de las otras casas no todas demuestra lo que las caracteriza, a pesar de todo, he conocido a Gryffindors cobardes y desleales, conocido Ravenclaws que son demasiado imbéciles y nada inteligentes para pertenecer a esa casa y sobretodo que conocido Hufflepuffs que no son leales, quizás solamente a los de su casa – Dijo Harry dándole la razón a la chica.
- Es cierto - Le apoyó Dumbledore con un brillo en los ojos – Deberían dejar de tener tantos prejuicios contra ellos.
Todos bajaron la cabeza, avergonzados.
—¿Vol.… perdón... Quien-tú-sabes estuvo en Hogwarts?
—Hace muchos años —respondió Hagrid.
Ginny cerró los ojos con fuerza, tratando de borrar las imágenes de Tom Ryddle que habían aparecido de pronto en su mente, pero de repente desaparecieron cuando sintió una mano tomar la suya y las imágenes de Ryddle desaparecieron y al abrir los ojos vio unos ojos verdes brillantes e intensos, Harry la observaba fijamente y luego le sonrió con la sonrisa más hermosa que había visto ella, sentía que esa sonrisa era solo para ella.
Compraron los libros de Harry en una tienda llamada Flourish y Blotts, en donde los estantes estaban llenos de libros hasta el techo. Había unos grandiosos forrados en piel, otros del tamaño de un sello, con tapas de seda, otros llenos de símbolos raros y unos pocos sin nada impreso en sus páginas. Hasta Dudley, que nunca leía nada, habría deseado tener alguno de aquellos libros. Hagrid casi tuvo que arrastrar a Harry para que dejara Hechizos y contrahechizos (encante a sus amigos y confunda a sus enemigos con las más recientes venganzas: Pérdida de Cabello, Piernas de Mantequilla, Lengua Atada y más, mucho más), del profesor Vindictus Viridian.
- ¿Le podían poner un título un poco más largo al libro o es que ya no se les ocurría qué más añadir? - Dijo Sirius sarcástico - Merlín, todo eso para decir solo que es un libro de maldiciones.
—Estaba tratando de averiguar cómo hechizar a Dudley
- ¡Eso ahijado! - Exclamó Canuto con una gran sonrisa - Pero si quieres un buen hechizo yo puedo decirte varios muy buenos.
- Mis hechizos son mejores, Canuto - Protestó James - Siempre fui el mejor en Transformaciones.
- Si, pero eres un poco ortodoxo, mis hechizos son siempre más originales - Contrarrestó Sirius.
- No es que seas original, es que tienes la horrible tendencia a cometer errores que desembocan en cosas divertidas - Intervino Remus.
- ¡¿Pero tú de que parte estás!? – Preguntó molesto Sirius.
- Del de ninguno me gusta molestarlos a los dos.
Varios se rieron por la conversación de los tres merodeadores.
Mientras tanto, en la segunda generación. Muchos rieron con fuerza y tanto los merodeadores como los gemelos felicitaron a Harry.
- Ese sí que es un buen uso - Dijo Remus sonriendo de oreja a oreja.
- Es el espíritu merodeador heredado de su padre. Ya sabía yo que tenía que estar por ahí en algún lado - Rio Sirius encantado con su ahijado.
- El pequeño Harry nos ha hecho sentir orgullosos, ¿verdad, George? - Preguntó Fred fingiendo quitarse una lágrima inexistente.
- Muy cierto, Fred - Asintió él -. Todavía pienso que sigue habiendo esperanza para él para que consigamos que se convierta en un auténtico bromista.
- Les dejo las bromas a ustedes, confórmense con mi opinión y consejo, tengo cosas más importantes en que enfocarme – Dijo Harry sonriendo
—No estoy diciendo que no sea una buena idea, pero no puedes utilizar la magia en el mundo muggle, excepto en circunstancias muy especiales —dijo Hagrid—. Y, de todos modos, no podrías hacer ningún hechizo todavía, necesitarás mucho más estudio antes de llegar a ese nivel.
- Pff Harry fácilmente pudo haberse aprendido esos hechizos, incluso antes de entrar a Hogwarts, si hay algo en lo que Harry es muy bueno es en maldiciones y hechizos y como contrarrestarlos – Dijo Hermione mientras Ron y los demás asentían de acuerdo.
Hagrid tampoco dejó que Harry comprara un sólido caldero de oro (en la lista decía de peltre) pero consiguieron una bonita balanza para pesar los ingredientes de las pociones y un telescopio plegable de cobre. Luego visitaron la droguería, tan fascinante como para hacer olvidar el horrible hedor, una mezcla de huevos pasados y repollo podrido.
Todos miraron a Harry como si le hubiese crecido una segunda cabeza y el más sorprendido era el profesor de Pociones. No era ningún secreto que Harry odiaba las clases de Pociones con toda su alma y que el sentimiento por parte de Snape era el mismo.
- Recuerden que yo renuncie a las clases de pociones hace dos años ya que estaba cansado de la incompetencia y la manera de enseñar de Snape, suficiente tenía con aguantarlo insultándome o mi padre, Dumbledore intentó hacer algo, pero peso más mí poder en el consejo, ahora aprendo mejor solo y les enseñó y ayudo a los que lo necesitan – Dijo Harry con seriedad mientras los demás lo miraban, luego fijó su vista en Snape que lo miraba furioso – Debería agradecer que no lo hice despedir, tengo mis razones para mantenerlo cerca, incluso si es el perro faldero de Dumbledore – Dijo Harry con total desprecio hacía el hombre.
En el suelo había barriles llenos de una sustancia viscosa y botes con hierbas. Raíces secas y polvos brillantes llenaban las paredes, y manojos de plumas e hileras de colmillos y garras colgaban del techo. Mientras Hagrid preguntaba al hombre que estaba detrás del mostrador por un surtido de ingredientes básicos para pociones, Harry examinaba cuernos de unicornio plateados, a veintiún galeones cada uno, y minúsculos ojos negros y brillantes de escarabajos (cinco knuts la cucharada). Fuera de la droguería, Hagrid miró otra vez la lista de Harry
—Sólo falta la varita... Ah, sí, y todavía no te he buscado un regalo de cumpleaños.
Molly, Sirius y Remus miraron a Hagrid agradecidos por comprarle un regalo a Harry.
Harry sintió que se ruborizaba.
—No tienes que...
Muchos miraron a Harry entre tristes porque nunca haya tenido un regalo decente y contentos porque por fin lo tuviera.
Era probable que fuera porque Harry era el protagonista del libro, pero todos sentían ganas de apoyar a Harry en todo lo que le ocurría.
—Sé que no tengo que hacerlo. Te diré qué será, te compraré un animal. No un sapo, los sapos pasaron de moda hace años, se burlarán...
- ¡Eh…! - Protestó Frank - Yo tuve un sapo y era muy simpático.
- Frank, cariño se te estaba escapando todo el tiempo - Dijo Alice divertida - Ese maldito sapo desaparecía cuando querías encontrarlo y cuando no esperabas verlo aparecía, ¿o es que ese bicho sabía que le tenía miedo y solo aparecía cuando yo estaba cerca?
Frank pareció avergonzado y se puso completamente colorado.
- En realidad, solo aparecía cuando estabas cerca de ti, aunque creo que, porque le gustabas, hay un mito que dice que los animales de un mago pueden llegar a tener las mismas emociones que su dueño, supongo que mi sapo sabía lo enamorado que estaba de ti.
Lily, Jane, Andrómeda, Pandora y Marlene suspiraron enternecidas por las palabras de Frank… Alice por otro lado parecía molesta.
- Frank, nos conocemos desde el primer año, y llevamos casados un año, no pienso tragarme tus palabras bonitas como disculpa, ese maldito sapo aparecía cuando yo estaba cerca por que tu madre lo había entrenado para espantarme que no soy tonta.
Frank se sonrojó violentamente y pareció culpable, pero no negó lo que decía su esposa.
Por otro lado, las mujeres que habían suspirado le fruncieron el ceño a Frank mientras sus respectivos hombres no sabían si reír porque sus mujeres se hubiera tragado el cuento chino de Frank, o llorar porque sus mujeres parecieran durante unos instantes encandiladas con lo que decía Frank, y ellos no eran capaces de hacer lo mismo.
Por su parte, en la segunda generación, Hagrid miraba apenado a Neville.
- Lo siento, Neville - Se disculpó Hagrid enseguida al ver que el chico parecía herido por sus palabras.
- No pasa nada, Hagrid - Respondió él con una sonrisa forzada.
- Eso me trae recuerdos, ¿Sabías que tu padre también tenía un sapo cuando iba a Hogwarts? Él iba un curso por delante de nosotros, pero siempre nos llevamos bien y todo el mundo en la torre le había ayudado alguna vez a atrapar su sapo – Dijo Sirius.
Los Gryffindor sonrieron, sobre todo Neville y los que compartían cuarto con el chico. Con Trevor pasaba lo mismo y era una verdadera odisea atraparlo algunas veces.
y no me gustan los gatos, me hacen estornudar.
La profesora McGonagall miró entre ofendida y divertida al gigante. No podía culparle por que fuese alérgico a los gatos, aunque ella misma fuese uno.
- Lo siento, profesora - Se disculpó rápidamente al ver que ella le miraba.
- No tiene importancia, Hagrid. Es perfectamente comprensible - Dijo quitándole importancia.
Te voy a regalar una lechuza. Todos los chicos quieren tener una lechuza. Son muy útiles, llevan tu correspondencia y todo lo demás. Veinte minutos más tarde, salieron del Emporio de la Lechuza, que era oscuro y lleno de ojos brillantes, susurros y aleteos. Harry llevaba una gran jaula con una hermosa lechuza blanca, medio dormida, con la cabeza debajo de un ala.
Se escucharon muchos "Aww" al imaginarse la linda lechuza medio dormida y Harry sonrió recordando ese momento. Había entrado en la tienda y había sido como si Hedwig fuese un imán que atrajese su mirada. A pesar de estar apartada en una esquina oscura sobre un armario, había sido el primer animal que había captado su atención nada más entrar unos pasos en la tienda.
La había mirado y había visto los enormes ojos ámbar de la lechuza mirarle desde la penumbra antes de que ella volase desde el armario hasta su hombro dejando boquiabierto al dueño porque, según les dijo, esa lechuza nunca había confiado en un humano hasta ese momento y nunca, jamás, había hecho eso.
Aunque no le hubiesen dicho eso, no había duda posible. Hedwig iba a ser su lechuza. No se había molestado siquiera en echar un vistazo por la tienda, y apenas había mirado a las que estaban a un par de metros de él. Hedwig era el animal que buscaba y lo sabía instintivamente.
Desde ese momento había confiado ciegamente en ella, en que las pocas cartas que quería enviar las llevaría a su destino, en que le iba a hacer compañía cuando creyó que el resto no se preocupaba por él. Hedwig se había convertido en su amiga, más que en su mascota.
Mientras tanto, en la primera generación, todos estaban enternecidos por la nueva mascota de Harry.
- Oh… que bonita - Dijo Lily imaginándose a la lechuza.
- Yo no soy mucho de pájaros, pero si hubiera tenido una habría sido como esa, completamente blanca - Dijo Andrómeda con una sonrisa melancólica que pronto se transformó en un bufido de sarcasmo puro - Aunque en mi familia solo se compraban lechuzas "Black".
Todos se rieron, sobretodo Sirius y aunque un poco a regañadientes Regulus que siempre le había hecho gracia esa manía que tenía sus familias por las lechuzas negras.
Y no dejó de agradecer el regalo, tartamudeando como el profesor Quirrell.
- Sin duda es tan amable como Lily – Comentó Alice - Es una fortuna que no saliera a su padre.
- Hey – Reclamó este.
- Tranquilo, James, él heredo tú magnifica apariencia, qué más da que no tenga tu maldita actitud egocéntrica – Terminó de forma dulce con una sonrisa inocente.
- Gracias, Lily - Dijo él hasta que recapacito en la segunda parte de la oración, entonces agrego un "oye" acompañado con una mirada molesta y todos comenzaron a reír. Después de ese pequeño interludio cómico continuaron con la lectura.
- Pobre Harry, está claro que no está acostumbrado a que le den regalos - Dijo Jane con una mirada compasiva - Por lo que la profesora McGonagall nos ha contado de cómo lo trataban el niño debe agradecer de veras el regalo.
Will abrazó con un brazo a su esposa sabiendo lo mucho que detestaba Jane los malos tratos contra los niños algo que él compartía con ella.
—Ni lo menciones —dijo Hagrid con aspereza—. No creo que los Dursley te hagan muchos regalos.
- Probablemente nunca le hicieron ninguno - Susurró apesadumbrado Sirius, Marlene a su lado le abrazó, conocedora de lo mal que lo había pasado él con su familia, pero ellos por lo menos le habían dado regalos (no siempre legales), pero regalos, a fin de cuentas
Ahora nos queda solamente Ollivander, el único lugar donde venden varitas, y tendrás la mejor. Una varita mágica... Eso era lo que Harry realmente había estado esperando.
- Eso es lo que todos esperamos - Sonrió Bill.
- Sí, pero los padres casi siempre esperan hasta que eso es lo único que queda por comprar antes de ir a Ollivander - Suspiró Charlie.
- Yo creo que eso es casi mejor - Dijo Remus - Así los niños no están el resto del día jugando con la varita mientras están en las tiendas.
- Cierto - Asintió Tonks - Además, así cada vez estás más ilusionado con la perspectiva de tener tu propia varita. Yo cuanto más me emocionaba, menos atención ponía en lo que hacía y más cosas tiraba, pero seguía emocionándome cada vez más - Dijo sonriendo.
La última tienda era estrecha y de mal aspecto. Sobre la puerta, en letras doradas, se leía: «Ollivander: fabricantes de excelentes varitas desde el 382 a.C.». En el polvoriento escaparate, sobre un cojín de desteñido color púrpura, se veía una única varita.
- Siempre me he preguntado por qué está ahí esa varita - Dijo el señor Weasley en voz alta - ¿De quién fue para que esté ahí expuesta?
- Yo le pregunté una vez con James - Dijo Sirius - Nos contó que había sido una de las primeras que sus antepasados habían fabricado.
- ¿Así que esa varita tiene más de dos mil años de antigüedad? - Preguntó Tonks sorprendida - ¿Funcionará todavía?
- Supongo que sí, ¿no? Si la han cuidado bien todos estos años... - Dudó Remus.
- Claro que funcionaría todavía - Intervino Luna Lovegood sobresaltando a muchos - La Varita de Saúco es más antigua y funciona.
- Oh que interesante, las reliquias, sin duda son fascinantes, ¿no, Luna? – Preguntó Harry mientras Luna asentía sonriendo.
Cuando entraron, una campanilla resonó en el fondo de la tienda. Era un lugar pequeño y vacío, salvo por una silla larguirucha donde Hagrid se sentó a esperar. Harry se sentía algo extraño, como si hubieran entrado en una biblioteca muy estricta. Se tragó una cantidad de preguntas que se le acababan de ocurrir, y en lugar de eso, miró los miles de estrechas cajas, amontonadas cuidadosamente hasta el techo.
- Otro lugar que se quedó suspendido en el tiempo – Comentó Ted y todos asintieron.
Por alguna razón, sintió una comezón en la nuca. El polvo y el silencio parecían hacer que le picara por alguna magia secreta.
- ¿Que sentiste qué? - se extrañó Ron.
- Como lo oíste, una magia secreta - Dijo Harry se encogió de hombros.
- Solo magos muy poderosos son capaces de sentir ese tipo de cosas - Habló Dumbledore.
- ¿Sentir el qué? ¿A qué se refiere, profesor? - Preguntó Tonks confundida.
- A la magia, señorita Tonks - Explicó él - Solo magos especialmente poderosos son capaces de percibirla en el ambiente. Por eso nadie más sabía a qué se refería el libro y, si no me equivoco, también sintió algo parecido cuando llegó a Hogwarts, ¿no, Harry?
- Sí, director - Confirmó Harry.
- ¿En serio? ¿Y cómo es? ¿Qué se siente?
- Fue como dice el libro - Explicó Harry - Es cuando tienes la sensación de que hay algo nuevo que no conoces, pero no malo, aunque tampoco bueno. Solo que está ahí y es... curioso, pero agradable.
—Buenas tardes —dijo una voz amable. Harry dio un salto. Hagrid también debió de sobresaltarse porque se oyó un crujido y se levantó rápidamente de la silla.
Absolutamente nada había cambado, ¿Cuántos de ellos no fueron recibidos en esa tienda de la misma forma que el joven Harry?
Un anciano estaba ante ellos; sus ojos, grandes y pálidos, brillaban como lunas en la penumbra del local.
—Hola —dijo Harry con torpeza.
—Ah, sí —dijo el hombre—. Sí, sí, pensaba que iba a verte pronto. Harry Potter. —No era una pregunta—. Tienes los ojos de tu madre. Parece que fue ayer el día en que ella vino aquí, a comprar su primera varita. Veintiséis centímetros de largo, elástica, de sauce. Una preciosa varita para encantamientos.
El profesor Filtwick asintió varias veces recordando la espléndida capacidad de Lily Evans en su asignatura.
- Lily era increíble en encantamientos - Sonrió Remus - Era a la que mejor se le daba, aunque pociones tampoco andaba lejos, y era la mejor de nuestro curso en la clase de Flitwick.
- Entendía los hechizos a la primera y no había quién la superase en alguno de ellos. Habría sido genial si nos hubiese ayudado con las bromas - rio Sirius.
- Cierto. Cada vez que conseguía hechizarnos a alguno de nosotros, nos costaba días o semanas encontrar el contrahechizo y aprender a hacerlo - Dijo Remus riendo mientras Harry sonreía.
El señor Ollivander se acercó a Harry. El muchacho deseó que el hombre parpadeara. Aquellos ojos plateados eran un poco lúgubres.
—Tu padre, por otra parte, prefirió una varita de caoba. Veintiocho centímetros y medio. Flexible. Un poquito más poderosa y excelente para transformaciones.
Esta vez fue el turno de McGonagall de sonreír orgullosa por su alumno, el cual, a pesar de ser travieso y arrogante era no solo un alumno excepcional sino también una muy buena persona.
- Esa fue la asignatura estrella de James - Sonrió Remus recordando a su amigo.
- Sí, bueno, ya sabemos lo bien que se le daban las transformaciones a James, ¿no? - Dijo Sirius con una sonrisa guiñándole un ojo a Harry y recordando que James había sido al que le había sido más fácil transformarse en animal por primera vez.
Los tres se echaron a reír bajo la mirada incrédula de todos.
Bueno, he dicho que tu padre la prefirió, pero en realidad es la varita la que elige al mago.
- Eso nunca lo he acabado de entender - Dijo Ron frunciendo el ceño.
- Yo sí lo entiendo - Dijo Harry. Lo estaba comparando con lo que le había pasado con Hedwig y Coalt. Él no había elegido ni a la lechuza ni a su serpiente, sino que los dos lo habían encontrado a él y él había estado más que encantado con ello - Yo creo que las varitas no son solo palos de madera con una pluma o un pelo en su interior. Tienen una conciencia o como lo quieras llamar. No quiero decir que estén vivas, pero no son palos muertos.
La expresión de los demás seguía siendo de total confusión, excepto la de Dumbledore, que tenía una pequeña sonrisa orgullosa.
- Cuando encuentran sus varitas, ¿no sienten algo que no había sentido con el resto? - Intentó explicarse de nuevo - ¿Cómo si algo encajase de pronto dentro de ustedes cuando la cogieron por primera vez?
Muchos asintieron dubitativos, pero otros empezaban a asentir comprendiendo lo que intentaba describir.
- Si la varita fuese un palo muerto, sentiríamos eso mismo con todas o con ninguna, ¿no? - Siguió Harry al ver que algunos entendían - Sin embargo, solo es con una y de pronto serías capaz de reconocerla con los ojos cerrados en cualquier lugar y el resto dan igual. Si la varita no te eligiese, no serías capaz de hacer eso, sino que con los ojos cerrados la podrías confundir con la de cualquier otro.
Ahora todos sonreían entendiendo a la perfección lo que Harry había comprendido hacía mucho tiempo. La varita elegía al mago. Ahora la frase sí que tenía sentido. Mientras otros se sorprendían de lo inteligente que era Harry, podría llegar a saber cosas increíbles y explicarlas tan bien para que todos lo entendieran.
El señor Ollivander estaba tan cerca que él y Harry casi estaban nariz contra nariz. Harry podía ver su reflejo en aquellos ojos velados.
—Y aquí es donde... El señor Ollivander tocó la luminosa cicatriz de la frente de Harry, con un largo dedo blanco.
Sirius frunció el ceño.
- ¿Qué hace? - Preguntó.
Dumbledore se apresuró a explicarlo.
- Ollivander siente una gran fascinación por cualquier tipo de magia poderosa o misteriosa, aunque provenga de algo malvado – Dijo, echó un rápido vistazo a la cicatriz de Harry - Así que una cicatriz producida por un Avada Kedavra conjurado por el mismísimo Lord Voldemort en la frente de la primera persona en sobrevivir a la maldición…- Sacudió la cabeza - Bueno, eso debe de ser algo impresionante para él. Más incluso de lo que ya es para cualquiera de nosotros.
Sirius asintió lentamente, entendiendo el punto de vista del vendedor de varitas.
—Lamento decir que yo vendí la varita que hizo eso —dijo amablemente—. Treinta y cuatro centímetros y cuarto. Una varita poderosa, muy poderosa, y en las manos equivocadas... Bueno, si hubiera sabido lo que esa varita iba a hacer en el mundo... Negó con la cabeza y entonces, para alivio de Harry, fijó su atención en Hagrid. —¡Rubeus! ¡Rubeus Hagrid! Me alegro de verlo otra vez... Roble, cuarenta centímetros y medio, flexible... ¿Era así?
—Así era, sí, señor —dijo Hagrid.
—Buena varita. Pero supongo que la partieron en dos cuando lo expulsaron —dijo el señor Ollivander, súbitamente severo.
- Se toma muy en serio las varitas. Más en serio que partiesen una de las varitas que él hizo que el que expulsasen a Hagrid - Sacudió la cabeza el señor Weasley.
- Ya sabíamos que Ollivander era un genio - Dijo George.
- Pero, como todos los genios, se le va un poco la cabeza de vez en cuando - Rio Fred.
- ¡Fred! ¡George! - Les regañó su madre - No digan esas cosas de la gente. Es de mala educación.
- Pero, mamá, es totalmente cierto - Se defendió Fred con una sonrisa.
- Yo creo que es justo eso, el que su cabeza funcione de un modo raro, lo que los convierte en genios - Aventuró George.
- Así que en el fondo decir que se les va la cabeza no es un insulto - Siguió Fred.
- Sino un cumplido - Terminó George sonriendo.
Muchos soltaban risitas, pero su madre solo los miró entrecerrando los ojos.
—Eh..., sí, eso hicieron, sí —respondió Hagrid, arrastrando los pies—. Sin embargo, todavía tengo los pedazos —añadió con vivacidad.
- Eso no sé si le va a gustar - Dudó Bill.
- No. No le va a hacer ni una pizca de gracia - Negó Remus sonriendo - Te has metido tú solo en el problema, Hagrid, porque ahora se va a preocupar por si los estás usando, cosa que ahora sabemos todos que sí que haces.
- Bueno, Hagrid está a salvo siempre que Ollivander siga sin saberlo - Sonrió Charlie.
- Esperemos que nunca se entere - Dijo Tonks imaginándose lo que podría pasar en caso contrario. Si Ollivander creaba las varitas, seguro que sabía manejar una perfectamente.
—Pero no los utiliza, ¿verdad? —preguntó en tono severo.
—Oh, no, señor —dijo Hagrid rápidamente. Harry se dio cuenta de que sujetaba con fuerza su paraguas rosado.
- Yo creo que si los utiliza – Comentó Gideon recordando la cola de cerdo.
- Hemos tratado de hacer magia con el paraguas, pero pocas veces resultan como son – Habló Sirius sin pensar.
- ¡¿Quiere decir que ustedes le enseñaron como usarlo?! – Preguntó McGonagall viendo a los merodeadores.
- Es culpa de Lunático - Dijo deprisa Sirius – Él era el maestro.
- Es que siempre hemos creído que lo de su expulsión es una injusticia, profesora - Comentó Remus en su defensa - No sabemos por qué fue, pero alguien como él no merecía ser expulsado, además siempre que no sean cosas muy complicadas se pueden hacer.
- ¿Cómo ponerle cola de cerdo a un muggle? – Preguntó, McGonagall lo vio con severidad.
- Bueno no, pero en mí defensa he de añadir, que ese hechizo se lo enseño Cornamenta – Dijo y le arrojo el problema a su amigo.
- Ah claro, si cae uno caemos los tres, ¿no? – Ironizó con una sonrisa ya que era cierto, sin importar la situación siempre estaban juntos.
Mientras tanto, en la segunda generación, muchos estaban sorprendidos.
- Es realmente un chico muy observador, señor Potter - Le dijo la profesora McGonagall bastante impresionada.
- Menos mal que eres tú, Harry, el que se fija en todos esos pequeños detalles y no Ollivander - Dijo Remus - O sino Hagrid se habría quedado sin su paraguas en ese mismo instante.
Todos rieron al imaginarse al delgado y larguirucho señor Ollivander intentar quitarle el paraguas rosa al enorme y aparentemente amenazador Hagrid. La imagen era de risa totalmente, sobre todo sabiendo que ganaría el delgado y larguirucho.
—Mmm —dijo el señor Ollivander, lanzando una mirada inquisidora a Hagrid—. Bueno, ahora, Harry... Déjame ver. —Sacó de su bolsillo una cinta métrica, con marcas plateadas—. ¿Con qué brazo coges la varita?
—Eh... bien, soy diestro —respondió Harry.
- ¿Diestro? Pero yo te he visto usar ambas manos, incluso eres capaz de usar dos varitas a la vez – Dijo Ron extrañado mientras todos veían a Harry sorprendidos, usar dos varitas a la vez.
- Alastor me enseñó a ser ambidiestro, pero ya que podía usar ambas manos pues me esforcé en atacar con las dos manos, me sirve cuando me enfrentó a muchos enemigos a la vez - Dijo Harry mientras los demás no dejaban de verlo asombrado.
—Extiende tu brazo. Eso es. —Midió a Harry del hombro al dedo, luego de la muñeca al codo, del hombro al suelo, de la rodilla a la axila y alrededor de su cabeza.
- Nunca he entendido para qué mide todo eso - Se preguntó Sirius en voz alta - Me refiero, no sé qué tiene que ver con la varita que luego te llevas porque si no la conseguirías al primer intento y no probando las que va sacando Ollivander por instinto.
- Además, no mira los resultados y a veces te empieza a entregar varitas antes siquiera de que la cinta terminé de medir - Añadió Tonks de acuerdo con su tío.
Todos negaron con la cabeza igual de confundidos. A nadie se le había ocurrido preguntarle al señor Ollivander, y algunos ni siquiera habían pensado en eso nunca.
- ¿Será toda una fachada? – Se preguntó Harry pensativo - A lo mejor solo lo hace para que los clientes tengan la sensación de que no saca las varitas por instinto. O a lo mejor es algo de los fabricantes de varitas, algo que solo entienden ellos. Hay muchas cosas que solo ellos comprenden.
- Ni idea de cuál de las dos teorías es - Se encogió de hombros Hermione - O si es alguna de esas, ya que estamos con ello, pero ambas me parecen posibles.
- Sí, bueno, muy interesante, ¿Pero podemos dejar de hablar sobre varitas y seguir con la historia? - Se impacientó Ron - Solo nos queda terminar este capítulo antes del descanso.
Algunos rieron suavemente ante la ironía de que el pelirrojo quisiese leer, seguía siendo demasiado raro, pero accedieron a callarse y escuchar.
Mientras medía, dijo—: Cada varita Ollivander tiene un núcleo central de una poderosa sustancia mágica, Harry. Utilizamos pelos de unicornio, plumas de cola de fénix y nervios de corazón de dragón. No hay dos varitas Ollivander iguales, como no hay dos unicornios, dragones o aves fénix iguales. Y, por supuesto, nunca obtendrás tan buenos resultados con la varita de otro mago.
- ¿Cuál piensas que sea el núcleo de su varita? - Preguntó Sirius.
- Probablemente de nervio de dragón - Comentó Remus
- No estaría mal, siempre y cuando no sea pelo de unicornio.
- Eso no tiene nada de malo, Sirius - Le reclamo Lily - Pero para ser honesta yo creo que el núcleo será de una pluma de cola de fénix.
- Uy, esas son muy difíciles de controlar y muy poderosas – Comentó James.
-Mi nieto sin duda lograra controlarla y ser digno de ella – Aseguro Charlus sonrió ante la sorpresa de muchos.
Mientras tanto, en la segunda generación, algunos quedaron confundidos por lo dicho por Ollivanders
- ¿Cómo? - Se sorprendió Ron -. ¿Necesitas una tuya propia?
- Claro, Ron - Asintió Harry confundido - La varita elige al mago y funcionará bien para ese mago, no para cualquiera que la coja y la use, recuerda lo que paso en segundo año
- Pero entonces la que tengo yo... - Dijo Neville sacando su propia varita del bolsillo y mirándola con los ojos como platos.
- ¿Qué le pasa, Neville? - Preguntó Tonks tan confundida como el hombre lobo.
- Es la de mi padre - Explicó él.
- ¿No lo has oído antes, Ron? Por cierto, ¿Qué paso en tu segundo año? – Preguntó Remus.
- Bueno, es que en segundo año yo tenía la varita de mi hermano Charlie y desde primer año no funcionaba muy bien conmigo, y fue peor cuando se partió, pero al año siguiente me compraron una nueva y ese si funcionó muy bien conmigo – Dijo Ron.
- Bueno, eso es porque cuando fuiste a comprarla esta te eligió, pero, ¿Y a ti por qué, Neville? – Preguntó Sirius
- Era de mi padre - Repitió el chico - Mi abuela dice que debería ser como él y debería estar orgulloso de usar la varita que él usó en el colegio, que él lo hizo estupendamente con ella.
- Claro que lo hizo estupendamente. La varita le eligió a él, no a ti – Dijo Sirius, puso los ojos en blanco - Tú necesitas tener la tuya propia para hacerlo lo mejor que puedas o te va a ser mucho más difícil que a los demás. Yo no he hablado nunca con Augusta, pero... – Dijo levantando la mirada hacia su antigua profesora.
- Ya hablaré yo con ella, señor Longbottom - Dijo la profesora McGonagall asintiendo decidida - Cuando empiece el siguiente curso, lo hará con una varita propia. No se preocupe.
- Gracias, profesora - Dijo con una sonrisa brillante - Gracias, señor Black.
- Nada de señor Black - Dijo rápidamente - Solo Sirius.
- Neville - Le dijo Harry en voz baja inclinándose por encima de Hermione. Sabía lo que estaba molestando a su amigo, pero que el resto no tenía por qué saberlo, no aun - Luego tengo que hablar contigo - le envió una sonrisa para que supiese que no era nada malo o preocupante.
- Eh... Claro, Harry. Cuando quieras - Aceptó confundido, pero devolviendo la sonrisa.
De pronto, Harry se dio cuenta de que la cinta métrica, que en aquel momento le medía entre las fosas nasales, lo hacía sola. El señor Ollivander estaba revoloteando entre los estantes, sacando cajas.
—Esto ya está —dijo, y la cinta métrica se enrolló en el suelo—. Bien, Harry Prueba ésta. Madera de haya y nervios de corazón de dragón. Veintitrés centímetros. Bonita y flexible. Cógela y agítala.
- No me gusta - Dijo Lily de inmediato.
Mientras tanto, en la segunda generación, la gente se estaba inclinando hacia delante expectantes en sus asientos, deseando saber cuántas varitas había tenido que probar Harry antes de encontrar la que estaba usando en ese momento.
Harry cogió la varita y (sintiéndose tonto)
- Todos nos sentimos así - Le dijo Hermione sonriendo de manera comprensiva.
- Yo no - Dijo Ron tranquilamente.
- Porque tu si eres tonto - Le dijo Ginny.
- Buena esa, Gin-Gin - Dijeron los gemelos mientras reían junto a muchos otros.
la agitó a su alrededor, pero el señor Ollivander se la quitó casi de inmediato.
- Y eso es molesto - Se quejó Hermione - Te pasa una varita y te la quita, ni siquiera te explica qué está buscando - Dijo la castaña de mal humor, y nuevamente muchos le dieron la razón.
- Tranquila, Hermione, él solo esperaba que la varita reaccionará de inmediato al ser tomada, también está el hecho de que posiblemente la varita no hacía buena armonía con el mago – Dijo Harry con suavidad y serenidad.
Todos se quedaron viéndolo entre sorprendido y extrañados, ni siquiera entendían lo que había dicho salvo por unos pocos que veían al chico orgullosos, sin duda era muy astuto e inteligente.
—Arce y pluma de fénix.
- Arce, no creo que reaccione - Comentó Remus
Diecisiete centímetros y cuarto. Muy elástica. Prueba... Harry probó, pero tan pronto como levantó el brazo el señor Ollivander se la quitó.
—No, no... Ésta. Ébano y pelo de unicornio, veintiún centímetros y medio. Elástica. Vamos, vamos, inténtalo.
- No nada de pelo de unicornio – Dijo Sirius.
- Ya madura, Sirius - Le recrimino Lily.
- Nunca - Dijo con gran seriedad.
Harry lo intentó. No tenía ni idea de lo que estaba buscando el señor Ollivander. Las varitas ya probadas, que estaban sobre la silla, aumentaban por momentos, pero cuantas más varitas sacaba el señor Ollivander, más contento parecía estar.
- Supongo que, al estar todo el día ahí metido, haciendo lo mismo durante años y años, por mucho que le guste su trabajo, se cansa - Comentó Ginny - Y un buen reto hace cualquier situación más entretenida e interesante.
- ¿Cuántas probaste, Harry? - Preguntó Tonks sonriendo.
- No lo sé - Se encogió de hombros no dándole importancia - Perdí la cuenta en torno a veinte.
Todos rieron. La mayoría había encontrado la suya al quinto o sexto intento, y casi nadie conocía a alguien que hubiese probado más de una decena de varitas distintas. Parecía que Harry rompía todas las expectativas de todo el mundo.
—Qué cliente tan difícil, ¿no? No te preocupes, encontraremos a tu pareja perfecta por aquí, en algún lado. Me pregunto... sí, por qué no, una combinación poco usual, acebo y pluma de fénix, veintiocho centímetros, bonita y flexible.
- Esa no me gusta - Dijo Lily de inmediato.
- ¿Por qué no? Si es de fénix como decías – Replicó James.
- Si, pero las varitas de acebo a menudo escogen dueños que están metidos en alguna búsqueda peligrosa y a menudo espiritual.
- Y más que eso, el hecho que esa madera tenga ese núcleo es poco usual – Comentó Charlus interesado - Será muy interesante ver lo que ocurre.
Mientras tanto, en la segunda generación, Sirius sonreía.
- Sí, bueno, ya sabemos que Harry es un mago muy poco usual - Sonrió Sirius - Casi me sentiría decepcionado si tu varita no fuese especial o rara en algún sentido.
Harry tocó la varita. Sintió un súbito calor en los dedos. Levantó la varita sobre su cabeza, la hizo bajar por el aire polvoriento, y una corriente de chispas rojas y doradas estallaron en la punta como fuegos artificiales, arrojando manchas de luz que bailaban en las paredes.
Muchos estaban vitoreando en la sala, en especial los Griffindor, pues se dieron cuenta que los colores que habían emergido de la varita eran los de su casa.
– No creo que sea por que debía pertenecer a Gryffindor, yo creo que fue un efecto que paso al ver que la varita encontró a su dueño, quizás las chispas rojas y doradas se debían a la cola del fénix, por lo general son de ese color – Dijo Harry sonriendo mientras de nuevo todos lo miraban confundidos ya que no sabían que decir, pero Dumbledore si y estaba sonriendo ya que Harry parecía entender algunos secretos de la fabricación de varitas.
Mientras tanto, en la primera generación.
- ¡Sí! mini cornamenta tiene su varita – Alabó Sirius y todos sus amigos corearon. Todos excepto Lily que aún no le terminaba de gustar esa combinación, sin duda sería una varita fuerte, pero el riesgo podría ser muy alto.
Hagrid lo vitoreó y aplaudió y el señor Ollivander dijo:
—¡Oh, bravo! Oh, sí, oh, muy bien. Bien, bien, bien... Qué curioso... Realmente qué curioso...
- ¿Qué es lo curioso? – Preguntó James un poco desesperado
Mientras en la segunda generación.
- ¿Qué es tan curioso? - Preguntó Ginny e ignorando las risitas de Tonks.
Por su parte en la tercera generación.
- ¿Qué es tan curioso? – Preguntó Lily Luna.
Puso la varita de Harry en su caja y la envolvió en papel de embalar, todavía murmurando: «Curioso... muy curioso».
—Perdón —dijo Harry—. Pero ¿qué es tan curioso?
Ginny sonrió al ver que Harry había dicho lo mismo que ella. Su sonrisa, pero, se transformó en un ceño fruncido cuando vio que Fred y George esbozaban una sonrisita de suficiencia y la miraban a ella y a Harry mientras subían y bajaban las cejas. Rápidamente, la chica murmuró un encantamiento. Los dos hermanos pegaron un bote al notar que algo les pinchaba el trasero y Ginny, de nuevo sonriendo, les guiñó un ojo y volvió a centrar su atención en la lectura.
- Eso mismo quiero saber yo - Nuevamente interrumpió Sirius.
- Ya me parecía raro que te comportaras como adulto durante tanto tiempo - Dijo Remus sonriendo.
- Cállate - Le dijo Sirius, conteniendo a duras penas las ganas de sacarle la lengua.
Todos se inclinaron todavía más hacia delante en sus asientos deseando saberlo. ¿Qué era tan curioso?
El señor Ollivander fijó en Harry su mirada pálida.
—Recuerdo cada varita que he vendido, Harry Potter. Cada una de las varitas. Y resulta que la cola de fénix de donde salió la pluma que está en tu varita dio otra pluma, sólo una más. Y realmente es muy curioso que estuvieras destinado a esa varita, cuando fue su hermana la que te hizo esa cicatriz.
- ¿Que, qué? - Gritaron muchos.
- La otra, era de, Voldemort - Dijo Lily con el alma en un hilo.
- No, no puede ser, pero, ¿Por qué?
La duda y las preguntas inundaron el salón.
Harry tragó, sin poder hablar.
—Sí, veintiocho centímetros. Ajá. Realmente curioso cómo suceden estas cosas. La varita escoge al mago, recuérdalo... Creo que debemos esperar grandes cosas de ti, Harry Potter... Después de todo, El-que-no-debe-ser-nombrado hizo grandes cosas... Terribles, sí, pero grandiosas.
- No sé cómo sentirme ante eso - Dijo Arthur frunciendo el ceño.
- Ya sabíamos que Ollivander era extraño - Se encogió de hombros Remus - Y solo está admirando la magia que hizo Voldemort - todos pegaron un respingo excepto Harry, Sirius, Tonks, Alastor, Kingsley y Dumbledore - Y eso hay que admitir que era impresionante - Admitió a regañadientes ignorando los respingos.
- Bueno, tuvo razón en una cosa - Dijo Sirius sonriendo - Harry es un gran mago y va a marcar la historia, más que hasta ahora, me refiero. Va a hacer grandes cosas, y no es por la varita esa.
Harry se estremeció. No estaba seguro de que el señor Ollivander le gustara mucho. Pagó siete galeones de oro por su varita y el señor Ollivander los acompañó hasta la puerta de su tienda.
Al atardecer, con el sol muy bajo en el cielo, Harry y Hagrid emprendieron su camino otra vez por el callejón Diagon, a través de la pared, y de nuevo por el Caldero Chorreante, ya vacío. Harry no habló mientras salían a la calle y ni siquiera notó la cantidad de gente que se quedaba con la boca abierta al verlos en el metro, cargados con una serie de paquetes de formas raras y con la lechuza dormida en el regazo de Harry.
- Recuerdo que mi madre estaba roja mientras subíamos al auto - Dijo Hermione con una sonrisa al recordar su primera expedición al callejón Diagon - Y eso que no llevábamos ningún animal.
Subieron por la escalera mecánica y entraron en la estación de Paddington. Harry acababa de darse cuenta de dónde estaban cuando Hagrid le golpeó el hombro.
—Tenemos tiempo para que comas algo antes de que salga el tren —dijo.
- Eso es importante - Se interrumpió a sí misma la señora Weasley - No habías comido nada desde el desayuno. Por cierto, ¿Harry, tienes hambre, cariño?
- No, señora Weasley, para nada - Respondió él escondiendo una sonrisa. Esa pregunta era tan típica de la señora Weasley.
- ¿Seguro, cariño? Sigo pensando que estás muy delgado - Dijo pensativa.
- Señora Weasley, usted misma ve todo lo que como, solo que mi constitución es delgada, además de que hago mucho ejercicio - Dijo Harry sonriendo a la mujer que asintió dándole la razón al chico.
Le compró una hamburguesa a Harry y se sentaron a comer en unas sillas de plástico. Harry miró a su alrededor. De alguna manera, todo le parecía muy extraño.
- Es como si ya el mundo muggle no fuera real, ¿verdad? - Dijo Hermione con un dejo de ensoñación en la voz, Ron se removió incómodo en su asiento, sabía que Hermione y Harry eran como hermanos, pero eso no le quitaba que se sintiera un poco apartado cuando ellos compartían esos momentos de entendimiento mutuo.
- Exactamente - Dijo Harry - Son como mundos paralelos.
—¿Estás bien, Harry? Te veo muy silencioso —dijo Hagrid. Harry no estaba seguro de poder explicarlo. Había tenido el mejor cumpleaños de su vida y, sin embargo, masticó su hamburguesa, intentando encontrar las palabras. —Todos creen que soy especial —dijo finalmente—. Toda esa gente del Caldero Chorreante, el profesor Quirrell, el señor Ollivander... Pero yo no sé nada sobre magia. ¿Cómo pueden esperar grandes cosas? Soy famoso y ni siquiera puedo recordar por qué soy famoso. No sé qué sucedió cuando Vol... Perdón, quiero decir, la noche en que mis padres murieron.
- Harry no tiene nada que demostrarle a nadie - Dijo Sirius - Tus padres estarían muy orgullosos hagas lo que hagas, aunque estoy seguro de que a tu padre estaría muy desilusionado al ver que su hijo es muy estudioso - Bromeó consiguiendo sacarle una sonrisa al chico.
- Ahora en serio, Harry - Habló Remus - Tus padres estarían orgullosos. Ya lo estaban antes de que cumplieses los dos años. Recuerdo la cara de James cuando dijiste tu primera palabra o cuando empezaste a andar.
- No hablaba de otra cosa - Sonrió Sirius recordándolo - Todo era "Harry ha hecho esto", "hoy Harry ha dicho", "Harry esto", "Harry lo otro", todo le encantaba.
- Y Lily era igual - Rio Remus suspirando - En sus cartas todo era sobre ti y luego había un párrafo sobre otra cosa. Los tenías a los dos idiotizados y ellos le iban contando a todo el que escuchase lo que hacías, mientras rebosaban orgullo por todos lados.
Todos rieron un poco al oír esto y Harry tenía una enorme sonrisa plantada en el rostro.
- Nunca me importo lo que dijera la gente, siempre he seguido mis instintos haciendo no lo que es correcto, sino lo que es justo, no me guío por el bien común sino por el bien de quien lo merece, hago las cosas a mi manera sin arrepentirme de nada, pero en este momento estoy deseoso de conocer a mis padres para decirles todo lo que he hecho y ver que piensan – Dijo Harry mientras miraba a los dos merodeadores.
Hagrid se inclinó sobre la mesa. Detrás de la barba enmarañada y las espesas cejas había una sonrisa muy bondadosa.
—No te preocupes, Harry. Aprenderás muy rápido.
- Y que lo digas, Harry es el más avanzado de todos, el conocimiento que tiene Harry es casi que el de un auror, aprendió de Alastor Moddy, además Harry tiene mucha experiencia lo de Hermione es conocimiento de una chica estudiosa, pero Harry es alguien acción – Dijo Remus comentando lo avanzado que aprendió Harry.
Todos son principiantes cuando empiezan en Hogwarts. Vas a estar muy bien. Sencillamente sé tú mismo. Sé que es difícil. Has estado lejos y eso siempre es duro. Pero vas a pasarlo muy bien en Hogwarts, yo lo pasé y, en realidad, todavía lo paso.
- Siempre te envidié por eso, Hagrid - Dijo Sirius - Estar siempre en Hogwarts tiene que ser muy divertido.
Hagrid sonrió.
- Si, es genial, siempre me gustó estar en Hogwarts, incluso cuando me dan vacaciones como guardabosques, la mayoría de las veces las rechazo porque no quiero irme de aquí.
- Siempre sentí algo de envidia por ti, porque tu podías quedarte en verano y yo tenía que volver con la vieja bruja.
- Todo el mundo adora Hogwarts - Suspiró Bill.
- Yo no me lo podía creer en el tren de vuelta en mi último curso - Dijo Charlie - Y darme cuenta de que era la última vez que me subía a él.
- Todos lo echan de menos y adoran tener una ocasión para volver - Sonrió Tonks - Yo me alegro de haber tenido esta.
Hagrid ayudó a Harry a subir al tren que lo llevaría hasta la casa de los Dursley y luego le entregó un sobre.
—Tu billete para Hogwarts —dijo—. El uno de septiembre, en Kings Cross. Está todo en el billete. Cualquier problema con los Dursley y me envías una carta con tu lechuza, ella sabrá encontrarme... Te veré pronto, Harry.
El tren arrancó de la estación. Harry deseaba ver a Hagrid hasta que se perdiera de vista. Se levantó del asiento y apretó la nariz contra la ventanilla, pero parpadeó y Hagrid ya no estaba.
- Aquí termina – Informó Gideon - Mi querido gigantón creo que olvido algo importante.
- Si, como por ejemplo como entrar a la estación - Continuó Fabián.
- Pero bueno entonces leamos el siguiente capítulo para ver qué sucede - Lo apuró James, pero Lily lo detuvo.
- Espera, cariño – Dijo, este la vio extrañado - Profesora ¿Qué significa eso? - le pregunto a McGonagall cuando noto que la puerta de la sala de menesteres apareció de la nada.
- Eso quiere decir que es hora de que me despida - Les confeso a todos y la vieron sin entender - Yo no vine a leer todos los libros con ustedes, mi deber era permanecer aquí hasta que los chicos que fuera el momento de reunir a las líneas de tiempo y poder infórmales de la situación en la que estamos involucrados - Les explico a todos - Y tal parece que el momento ha llegado – Concluyó levantándose de su asiento para irse.
Lily se sujetó al brazo de James completamente expectante, viendo como la profesora atravesaba aquella puerta, en verdad esperaba y deseaba ver ya a su hijo cuando atreviese esa misma puerta, en ese momento solo podía hacer una cosa, esperar.
...
- Y aquí acaba el capítulo - Declaró la profesora Sprout.
- Este capítulo ha sido más largo que los anteriores - Suspiró la señora Weasley.
- Sí, pero ahora por lo menos tenemos un descanso - Dijo Arthur justo cuando el director empezaba a hablar.
- Como dijimos, ahora vamos a tener un descanso de una hora - Dijo Dumbledore – Podemos aprovechar para disfrutar del buen tiempo en los jardines.
Fue todo lo que necesitaron para ponerse en movimiento.
- Por cierto, Harry, supongo que falta poco en la historia para que nos conozcamos.
- Bien, quiero saber cómo te describe Harry - Dijo Hermione sonriendo, ciertamente las descripciones de Harry eran muy graciosas. Ron gruñó.
- Lo llevas peor que yo, Hermione, al principio no nos caías bien por lo que posiblemente Harry tenga algún pensamiento despectivo hacia ti. Agradece que sea Harry porque yo te detestaba de todas las maneras - Dijo Ron recordando como al principio no se llevaban bien.
- Lo mejor de esta lectura es que leerán por todo lo que paso Harry en Hogwarts, y seguro si nos hacemos amigos se leerá todo por lo que pasamos – Dijo Hermione mientras miraba a sus amigos, Harry sonrió, pero Ron se puso pálido.
- Yo creo que no será divertido, mamá estará escuchando todo y me va a castigar por todo lo que he hecho – Dijo Ron mientras Hermione sonreía.
- Es una ventaja de que no estén mis padres aquí, sino yo también estaría en muchos problemas – Dijo Hermione estremeciéndose ya que no sabría cómo reaccionarían sus padres, pero si vendrían del pasado, ¿Cómo reaccionarían al saber de la magia?
- Desearía que tus padres estuvieran aquí a ver si sigues tan ufana - Dijo Ron mirando molesto a Hermione.
La réplica de Hermione se vio interrumpida por la repentina aparición del desconocido, que se aclaró la garganta.
– Me alegra ver que durante mi ausencia continuaron con la lectura, debo decirles que dentro de poco llegarán los del pasado, es decir personas de la primera generación, así que estén pendientes que vendrán de la sala de los menesteres y vendrán acá al gran comedor, espero estén preparados, por que vendrán los padres de algunos de ustedes – Dijo el desconocido y fijo su mirada en el trío dorado, pero la castaña sintió que la miraba a ella, parecía que la veía con diversión eso podría significar una cosa, sus padres también vendría.
Todos se voltearon a ver expectantes esperando la llegada de los del pasado mientras que Hermione rezaba con toda el alma de que su miedo no se hiciera realidad, fue en ese momento en que las puertas del Gran Comedor se abrieron, y dio paso a un grupo de personas que sin duda los integrantes adultos de la mesa de Gryffindor, se levantaron al ver a las personas y no evitaron una exclamación al verlos.
- Esto no puede ser posible – Dijeron.
Hola lectores! Aquí esta de nuevo esta historia reescrita. Es la típica historia de los libros, pero con algo de trama original. Espero les guste y me compartan su opinión, dependiendo de como les parezca la forma en que los estoy escribiendo, haré cambios durante la historia. Por ahora disfruten de la historia.
LewisNashSkoll
