Hola lectores! Espero estén disfrutando la lectura por que esta historia va para largo, son siete libros en siete partes, esta historia tiene un trasfondo que contara algo que ira sucediendo con el tiempo. Habrá una historia de por medio ya que no terminara con la lectura de los libros y los cambios que sucedan.

Respondiendo reviews.

hpinvidente: Oh créeme Snape va sufrir mucho, de manera emocional y mental, lo que se revelara al final lo golpeara muy duro que incluso desearía morir, el odio de Harry hacia Snape va mas allá de los sentimientos de este hacia Lily, o que haya revelado la mitad de la profecía a Voldemort o que pidió que salvara a Lily en vez de a el y James, el odio de Harry es mucho mas grande que eso. la tercera generación participara y lo hará mas seguido con el tiempo con algunos de sus divertidos comentarios e historias, Ron no sufrirá casi en este libro, lo hará en el cuarto libro y el séptimo, y puede que quizás sufra pequeñas bromas de Harry, ahora como aclare arriba, esta historia no solo se trata de la lectura de los libros, sino de lo que puede suceder después, los cambios se verán en el transcurso de la lectura y tendrá un suceso trascendental.


Disclaimer: El mundo de Harry Potter y sus personajes no me pertenece. Todo es basado en la historia de la aurora J.K. Rowling. Yo solamente hago uso de ellos creando historias, no busco animo de lucro.


Agradecimientos: Quiero darle un especial agradecimiento a Bel potter por permitirme basarme en su historia para hacer y continuar avanzando mi historia, también a todos los autores con los que me inspire para realizar esta historia, haré mi mayor esfuerzo para terminar todos los libros.


Lo escrito en negrita es del libro Harry Potter y la Piedra Filosofal.

Capítulo 9 – El Duelo a Medianoche

- Capítulo 9: El duelo a medianoche - Leyó Fred antes de levantar la vista sonriendo - ¿El pequeño Harry se metió tan pronto en un duelo?

- ¿Quién iba a decir que iba a empezar tan pronto a meterse en problemas? - Dijo George mirando al chico con una sonrisa traviesa.

- Ya sabía yo que su espíritu merodeador tenía que estar en algún lado, aunque no le gustasen no el Quidditch ni las bromas - Dijo Sirius con una enorme sonrisa.

Ante la mención del título los merodeadores festejaron alegres, sin duda esa es la actitud que ellos aprobaban, por otra parte, Lily y Molly veían interrogantes a sus hijos y obviamente con cierto reproche, pero ninguno de ellos sabría cómo terminaría todo.

Harry nunca había creído que pudiera existir un chico al que detestara más que a Dudley, pero eso era antes de haber conocido a Draco Malfoy.

- Debe ser realmente detestable contigo si piensas eso - Dijo Astoria un tanto sorprendida, simplemente por lo que había leído sobre el primo de Harry se daba cuenta de que era odioso, ¿Cuánto incordió Malfoy para ganarle el lugar que ese chico había tenido durante diez años en solo un par de días?

Sin embargo, los de primer año de Gryffindor sólo compartían con los de Slytherin la clase de Pociones, así que no tenía que encontrarse mucho con él. O, al menos, así era hasta que apareció una noticia en la sala común de Gryffindor; que los hizo protestar a todos. Las lecciones de vuelo comenzarían el jueves... y Gryffindor y Slytherin aprenderían juntos.

- Oh, Dumby… ¿Sigues intentando que los Gryffindor y los Slyhterins se lleven bien? ¡Eso solo trae problemas! Aseguró Sirius - Ya verás cómo pasa algo malo en la clase de vuelo - Comentó Sirius negando con la cabeza, aún recordaba la de enfrentamientos que se armaban entre su casa y la de su hermano cada vez que compartían una actividad, y todos en la sala se preguntaban lo mismo.

- La verdad es que no están demasiado bien pensados los horarios - Comentó Remus - Las dos casas que peor se llevan hacen juntas las clases más peligrosas: Vuelo y Pociones.

- Eso es justo lo que estaba pensando - Dijo Molly mirando a Dumbledore.

- La esperanza es lo último que se pierde, aunque sea por una causa perdida - Comentó Lily, que, aunque había sido amiga de Severus, no sentía la misma simpatía por el resto de la casa de las serpientes, menos siendo ella una hija de muggles.

- Esa rivalidad que tienen es estúpida - Dijo Tonks y muchos Hufflepuff asintieron con la cabeza, pero para muchos leones y para muchas serpientes esa rivalidad que tenían hacia la estancia en Hogwarts más interesante.

—Perfecto —dijo en tono sombrío Harry—. Justo lo que siempre he deseado. Hacer el ridículo sobre una escoba delante de Malfoy.

Todos los alumnos resoplaron divertidos. Pensar que Harry Potter podía hacer el ridículo sobre una escoba era tan estúpido como decir que Filch adoraba a los estudiantes.

- No vas a hacer el ridículo, Harry - Dijo para sorpresa de todos Lily, que al ver que la miraban aclaró - Ya te contamos que Canuto te regaló una escoba de juguete cuando cumpliste tu primer año, e incluso entonces sabías volar mejor de lo que caminabas - Eso provocó varias sonrisas.

- Aún no estoy seguro de quién estaba más feliz, si Harry o James - Se unió a la conversación Remus, que había estado más centrado en escuchar y observar a su familia que interactuar con el resto - Harry obviamente estaba feliz jugando y por otro lado James volvía a parecer un niño jugando con su hijo y estoy seguro que hubieran matado a Toffy si no hubiese corrido a esconderse cada vez que jugaban con la dichosa escoba.

- ¿Toffy? - Preguntó Harry, curioso y a la vez encantado por los nuevos datos que le proporcionaban.

- El gato de Lily - Le aclaró Lily sonriendo, aunque todavía se sentía un poco extraño al escuchar hablar a sus amigos con añoranza de cosas que para él habían sucedido hace solo unos pocos días. George continuó con la lectura al ver que nadie agregaba nada más.

Deseaba aprender a volar más que ninguna otra cosa.

- Si deseabas tanto aprender a volar, ¿Por qué dices que no te gusta el Quidditch? - Preguntó James confundido y con una pizca de esperanza. ¿Podría ser que aún pudiesen conseguir que le gustase el Quidditch?

Los alumnos contuvieron la respiración, pensando que ya se había descubierto la broma y que ya se les había acabado la diversión. No obstante, no habían contado con la habilidad de Harry de pensar en el momento.

- Porque el Quidditch no es lo mío - Respondió simplemente con una cara perfectamente seria - Sí es cierto que tenía muchísimas ganas de aprender a volar, pero luego me di cuenta de que el deporte en sí tampoco era tan especial.

Todos soltaron un suspiro de alivio mirándole maravillados. ¿Cómo demonios eran capaz de mentir así, como si no fuese nada del otro mundo? Si ellos no estuviesen metidos en la broma y supiesen que no era verdad, probablemente se lo hubiesen creído.

Los merodeadores se lo habían creído sin ninguna duda. Hicieron una mueca como si les hubiesen golpeado, por lo que no se fijaron en las expresiones del resto.

- Ah. Qué... bien, ... ¿no? - Dijo Canuto intentando sonreír.

—No sabes aún si vas a hacer un papelón —dijo razonablemente Ron—. De todos modos, sé que Malfoy siempre habla de lo bueno que es en quidditch, pero seguro que es pura palabrería.

- Wow, primera cosa inteligente que te escucho decir en todo el libro, hermanito - Dijo Fred con burla.

- Cállate - Dijo Ron de mal talante, lo que hizo sonreír a los gemelos.

- Bueno, tampoco era tan malo - Se defendió el rubio.

- Es cierto, eres muy bueno, pero creo que el puesto de buscador sea lo tuyo, estarías mejor como cazador – Dijo Harry mirándolo, Draco sonrió al ver que el ojiverde le tenía confianza.

A las personas del pasado se les hizo muy curioso que se hablaran de tal forma, por lo que se había leído hasta el momento, ellos eran acérrimos enemigos, pero los de allí presentes se hablaban como amigos.

La verdad es que Malfoy hablaba mucho sobre volar. Se quejaba en voz alta porque los de primer año nunca estaban en los equipos de quidditch y contaba largas y jactanciosas historias, que siempre acababan con él escapando de helicópteros pilotados por muggles.

Todos los muggles e hijos de muggles presentes se rieron y miraron al rubio con sorna.

- Si volaras cerca de un helicóptero sus hélices te harían pedazos - Le dijo Jean.

- ¿Sus qué? - Preguntó Daphne confundida.

- Son las especies de alas que les permiten volar, giran muy rápido y al ser de metal, si te acercas mucho cuando giran te pueden cortar y hacer pedazos - Contestó Justin, cosa que no le gustó mucho a Hermione, lo que hizo reír a sus amigos.

- Si lo hubieras explicado tú, habrías usado muchas palabras técnicas y nadie te hubiera entendido - Le dijo Harry, y aunque le molestara, Hermione tenía que reconocer que era cierto.

Pero no era el único: por la forma de hablar de Seamus Finnigan, parecía que había pasado toda la infancia volando por el campo con su escoba. Hasta Ron podía contar a quien quisiera oírlo que una vez casi había chocado contra un planeador con la vieja escoba de Charles.

Las mejillas de Ron se volvieron del color de su pelo mientras Fred leía ese fragmento con una sonrisa en los labios. Por suerte para él, nadie hizo ningún comentario.

- Para una vez que te dejo la escoba y haces eso… - Se quejó Charlie - Si la llegas a haber roto tendría que haber jugado a Quidditch con las basuras que hay en el colegio.

Todos los que procedían de familias de magos hablaban constantemente de quidditch. Ron ya había tenido una gran discusión con Dean Thomas, que compartía el dormitorio con ellos, sobre fútbol. Ron no podía ver qué tenía de excitante un juego con una sola pelota, donde nadie podía volar.

Hermione sonrió pensando que algún día le gustaría llevar a Ron a ver un partido, a pesar de que a ella no le gustase demasiado el futbol.

- A mí no me molestaría ver uno alguna vez - Comentó Arthur con una sonrisa.

Harry había descubierto a Ron tratando de animar un cartel de Dean en que aparecía el equipo de fútbol de West Ham,

El señor Weasley prestaba toda la atención del mundo, interesando en saber más cosas sobre aquel deporte muggle.

para hacer que los jugadores se movieran. Neville no había tenido una escoba en toda su vida, porque su abuela no se lo permitía. Harry pensó que ella había actuado correctamente, dado que Neville se las ingeniaba para tener un número extraordinario de accidentes, incluso con los dos pies en tierra.

- Ay mi niño, tenías que heredar esa parte de tu padre – Comentó Alice haciendo que muchos sonrieran.

- Pero solo es temporal, mientras crezcas y te entrenes eso desaparecerá – Aseguró Frank con seguridad - De otra forma no habría logrado ser auror.

- La torpeza es un defecto – Increpó Alastor - Pero si se tienen habilidades que se compensen y equilibren los defectos se puede llegar a ser un buen auror – Aseguró sonriendo mirando a Tonks sonrió orgullosa.

Hermione Granger estaba casi tan nerviosa como Neville con el tema del vuelo. Eso era algo que no se podía aprender de memoria en los libros, aunque lo había intentado.

- El volar y el Quidditch no se aprenden en libros – Aseguró James de forma soñadora - Se aprende con practica y experiencia, viviendo las grandes emociones que se siente cuando estas sobre una escoba y…

- Debería ponerme celosa – Comentó Lily interrumpido el monologo del azabache.

- Probablemente si, Lily – Habló Remus - Entre tú y el Quidditch, es difícil saber cuál es más importante para él.

- Cállate, Lunático, nada en el mundo es más importante que mi Lily – Aseguró el hombre abrazando a la chica.

- Y ya se va a poner meloso para que no lo regañe – Terminó Sirius haciendo reír a todos - En serio Cornamenta te convertiste en un faldero.

En el desayuno del jueves, aburrió a todos con estúpidas notas sobre el vuelo que había encontrado en un libro de la biblioteca, llamado Quidditch a través de los tiempos. Neville estaba pendiente de cada palabra, desesperado por encontrar algo que lo ayudara más tarde con su escoba, pero todos los demás se alegraron mucho cuando la lectura de Hermione fue interrumpida por la llegada del correo. Harry no había recibido una sola carta desde la nota de Hagrid, algo que Malfoy ya había notado, por supuesto. La lechuza de Malfoy siempre le llevaba de su casa paquetes con golosinas, que el muchacho abría con perversa satisfacción en la mesa de Slytherin.

- Patético - Dijo, para sorpresas de muchos, Scorpius - Tener que mostrar que tienes algo que Harry no porque te sientes inferior.

Las duras palabras sorprendieron a muchos, y Scorpius recibió el apoyo moral de sus amigos. Lo que no todos entendían es que para el chico era vergonzoso de escuchar en loa libros como era de idiota su padre que le hacía la vida imposible al padre de su mejor amigo.

- Supongo que cuando somos niños no sabemos cómo manejar los sentimientos y los dejamos salir de forma equivocada - Dijo Harry pensativo - Creo que si yo no tuviera amigos reales estaría siempre de mal humor y desquitándome con el resto.

- Eso no lo quiero ver - Dijo Ron en tono quejumbroso, y todos los que habían sufrido del mal humor de Harry le dieron la razón. Astoria le sonrió a Harry pues se dio cuenta de que lo que había dicho lo había hecho en beneficio de su hijo, para que este no se sintiera tan mal, lo que había conseguido, ella hizo una nota mental de agradecérselo más tarde y preguntarle por qué lo hacía.

- ¿Golosinas? - Se extrañó Lucius.

- Sí, los mandaba mi madre – Aseguró Draco sin siquiera ver a su padre mientras que Narcissa lo veía con dulzura.

Un lechuzón entregó a Neville un paquetito de parte de su abuela. Lo abrió excitado y les enseñó una bola de cristal, del tamaño de una gran canica, que parecía llena de humo blanco.

- ¿Te envió una recordadora? – Preguntó Frank.

- Sí, siempre había algo que se me olvidaba – Aceptó el joven.

—¡Es una Recordadora! —explicó—. La abuela sabe que olvido cosas y esto te dice si hay algo que te has olvidado de hacer. Mirad, uno la sujeta así, con fuerza, y si se vuelve roja... oh... —se puso pálido, porque la Recordadora súbitamente se tiñó de un brillo escarlata—... es que has olvidado algo... Neville estaba tratando de recordar qué era lo que había olvidado,

- Saben, desde ese punto de vista ese artefacto es inútil - Comentó Fred.

- Cierto, de que sirve saber si olvidaste algo, es mejor saber que se te olvidado – Secundó George.

- Tal vez lo puedan crear en su tienda de bromas - Les propuso.

- ¡Buena idea, Neville! - Dijeron a coro los gemelos - Y ya en eso podríamos…

- Ya dejen de interrumpir la lectura – Exclamó Molly poniéndolos en cintura.

cuando Draco Malfoy que pasaba al lado de la mesa de Gryffindor; le quitó la Recordadora de las manos. Harry y Ron saltaron de sus asientos. En realidad, deseaban tener un motivo para pelearse con Malfoy, pero la profesora McGonagall, que detectaba problemas más rápido que ningún otro profesor del colegio, ya estaba allí.

- Siempre me preguntado cómo hace eso, profesora - Acepto Harry viendo a la mujer.

- Ese es un secreto, joven Potter - Le aseguró la mujer con tono enigmático.

- Debe ser como su talento de estar presentes cada vez que ocurre algo – Comentó Ginny viendo al trio que le regreso una mirada desafiante.

—¿Qué sucede?

—Malfoy me ha quitado mi Recordadora, profesora. Con aire ceñudo, Malfoy dejó rápidamente la Recordadora sobre la mesa.

—Sólo la miraba —dijo, y se alejó, seguido por Crabbe y Goyle.

- ¿Así nos vemos los Slytherin desde afuera? - Preguntó Theo un poco perturbado, al verlo desde un punto de vista externo, en vez de verse como superiores parecían un montón de críos malcriados.

- No lo sé, pero hay que tener en cuenta la forma de ser del Draco del libro - Dijo Blaise sonriendo con burla.

- Cierto - le siguió el juego Astoria – Él es más idiota y malcriado de lo normal en los libros - Dijo ella provocando risas y la indignación de Draco, aunque no dijo nada y nadie le hizo mucho caso.

Aquella tarde, a las tres y media, Harry, Ron y los otros Gryffindors bajaron corriendo los escalones delanteros, hacia el parque, para asistir a su primera clase de vuelo. Era un día claro y ventoso. La hierba se agitaba bajo sus pies mientras marchaban por el terreno inclinado en dirección a un prado que estaba al otro lado del bosque prohibido, cuyos árboles se agitaban tenebrosamente en la distancia.

- El bosque no es tan malo una vez lo conoces - Dijo James tranquilamente.

- Se supone que se llama "Bosque Prohibido" porque está prohibido entrar en él, no puedes entrar a conocerlo - Dijo Lily un tanto molesta con su esposo.

Ella tenía conocimiento de la gran mayoría de las aventuras de su esposo y amigos, pero no quería que su hijo las repitiera y se pusiera en peligro, pero fue sacada de sus pensamientos cuando escuchó una risa divertida y vio que era su hijo y lo miró fijamente.

- Lo siento, mamá, pero yo he entrado al bosque, aunque yo entró con Hagrid, lo hacía para buscar yo mismo algunos ingredientes extraños para pociones, además me gusta acompañar a Hagrid, pero lo que me causa gracia es como habría sido el día que los fundadores decidieron construir este castillo en estos terrenos, seguro que la discusión sobre construir el castillo junto al bosque fue idea de Gryffindor – Dijo Harry sonriendo divertido, los demás lo veían extrañados.

Los Slytherins ya estaban allí, y también las veinte escobas, cuidadosamente alineadas en el suelo. Harry había oído a Fred y a George Weasley quejarse de las escobas del colegio, diciendo que algunas comenzaban a vibrar si uno volaba muy alto, o que siempre volaban ligeramente torcidas hacia la izquierda.

- ¿Aún conservan esas escobas? – Preguntó con incredulidad Sirius.

- Si no tienen para comprar nuevas, nosotros les podríamos dar un donativo - Exclamó James refiriéndose a él y a su amigo.

- Potter, Black, compórtense como adultos y tengan respeto - Les recrimino la profesora McGonagall.

- Ella tiene razón – Aseguró la pelirroja molesta, esa era una actitud que siempre odio de ellos.

- Pero Lily, no quiero que mi hijo practique con esas escobas – Comenzó el azabache con voz suave - Podría caerse y hacerse daño.

Lily vio con severidad a su novio, pero después la desvió para que no viera como su expresión se suavizaba, al parecer ese argumento había surtido efecto, a ella le molestaba que fueran tan creídos en ocasiones, pero el comentario de la seguridad de su hijo era suficiente para hacerla dudar de su postura.

- ¿Es eso cierto? - Preguntó el director frunciendo el ceño y los alumnos asintieron - No sé porque nadie comunica a un profesor esas cosas… Está bien, las cambiaremos. No esperen nada lujoso, pero nos encargaremos de comprar unas escobas decentes.

Los alumnos aplaudieron con ganas, sobre todo estos que necesitaban de una escoba escolar para volar porque ellos no tenían.

Entonces llegó la profesora, la señora Hooch. Era baja, de pelo canoso y ojos amarillos como los de un halcón.

- ¿Cómo creen que tiene unos ojos así? - Preguntó Ginny.

- A lo mejor fue un hechizo que no salió bien - Dijo Hermione recordando cómo ella había acabado pareciendo un gato ese curso.

- Sí que se parecen a los de un halcón - Dijo Neville - ¿Creen que entonces puede ver igual de bien que uno?

- ¿En serio estamos hablando de los ojos de la señora Hooch? - Interrumpió James incrédulo antes de que pudiesen seguir divagando sobre un tema que NO VENÍA AL CASO - La primera clase de vuelo de mi hijo está a punto de empezar, ¡y ustedes hablan de cómo son los ojos de una profesora!

- Muy buena no pudo ser, Cornamenta. Después de todo a Harry no le gusta el Quidditch - Le recordó Canuto.

- Exactamente. Si descubro qué es lo que fue mal, puedo hacerle ver lo fantástico que es el Quidditch en realidad.

- James, habíamos dicho que no importaba si a Harry no le gustaba ese deporte - Desaprobó Lunático con el ceño fruncido.

- Y no me importa si de verdad no le gusta – Replicó el animago - Pero he pensado...

- Eso es una novedad - Murmuró Tonks con una sonrisita burlona lo suficientemente alto para que la oyesen los más cercanos.

- Que a lo mejor es por alguna pelea que tuvieron con Malfoy en la primera clase - Siguió diciendo dando una mirada fulminante como única señal de que había oído a la metamorfomaga - Si es por culpa de ese oxigenado que a mi hijo no le gusta el quidditch, voy a tener que enseñarle una lección. Y después mostrarle a Harry cómo es de verdad el Quidditch.

- Supongo que es posible - Dijo Lunático dubitativo - Pero no creo que sea eso, James.

- Ya lo veremos.

—Bueno ¿qué estáis esperando? —bramó

- A que ella llegara - Dijeron varios que habían estado en esa clase, haciendo reír.

—. Cada uno al lado de una escoba. Vamos, rápido. Harry miró su escoba. Era vieja y algunas de las ramitas de paja sobresalían formando ángulos extraños.

- Ves, Lily, detalles como eso pueden ser perjudiciales – Comentó el azabache tragándose el comentario de un jugador irlandés en un mundial de Quidditch.

- Ya hablaremos después eso, James - Dijo con rotundidad la joven, pero ya era ventaja que le dijera James y no Potter.

—Extended la mano derecha sobre la escoba —les indicó la señora Hooch— y decid «arriba».

—¡ARRIBA! —gritaron todos. La escoba de Harry saltó de inmediato en sus manos, pero fue uno de los pocos que lo consiguió.

- Un digno Potter/Black - Dijeron a la vez Charlus y Dorea a la vez.

- Extrañaba esas peleas - Suspiro Sirius

- ¿Ves, Lunático? Mi hijo está destinado a jugar al Quidditch - Dijo James tan hinchado de orgullo y emoción que parecía que iba a estallar - Tiene que ser por algo que pasó en la clase que no le gusta.

- Que le obedezca una escoba tan rápido no significa que le tenga que gustar usarlas, James - Le recordó Remus.

- Lo sé, lo sé, ¡pero mi hijo tiene todo el talento para ello! ¡Estoy seguro!

- ¡Pero si aún no se ha montado en la escoba!

La de Hermione Granger no hizo más que rodar por el suelo y la de Neville no se movió en absoluto. «A lo mejor las escobas saben, como los caballos, cuándo tienes miedo», pensó Harry,

- Interesante teoría - Comentó Dumbledore mientras otros se reían por comparar caballos con escobas.

- En la cola se parecen - Masculló Harry bajito, pero hubo quienes lo escucharon y aumentaron las risas.

- Algo hay de eso – Aceptó McGonagall - De cualquier forma, a confianza es clave para realizar prácticamente cualquier actividad.

- Aunque también es malo tener demasiada confianza, como por ejemplo este par - Comentó Dora.

- ¿Qué estás insinuando, sobrina? - Indago Canuto

- Únicamente lo que todos sabemos, Sirius – Atajó Remus - Ahora gurda silencio y deja que continúen.

- ¡¿Yo? pero quien empezó fue ella! – Señaló a la peli rosa.

- Shhh - lo callaron al mismo tiempo Remus y Tonks.

- Por cierto, ¿De dónde demonios te has sacado una idea así? - Preguntó Charlie perplejo.

- La teoría no es mala, pero no sé si es cierta - Dudó Bill - Los caballos son seres vivos, puedes interactuar con ellos, pero, al fin y al cabo y lo siento por todos los fanáticos del Quidditch, una escoba es un pedazo de madera encantado.

Las miradas indignadas fueron tantas y con tan mala uva que el pelirrojo se encogió en su asiento.

- He dicho que lo siento - Se defendió levantando las manos.

- Puede que solo sea un pedazo de madera encantado, Bill - Dijo Harry desviando la atención – Pero como tu bien dices, están encantadas, eso les da vida a las cosas.

- Eso es imposible, Harry - Le contradijo Percy muy seguro de sí mismo - No existe ninguna ley de la magia que indique que pueda pasar una cosa así. Los objetos hechizados se mueven y hacen cosas por los hechizos que tienen, pero no pueden actuar por cuenta propia, como ellos quieran.

- Exacto, los objetos están hechizados por los magos y brujas, en cada encantamiento transfieren algo de su conciencia a ese objeto, pregúntenle al profesor Flitwick o cualquiera que tenga un buen conocimiento en encantamientos, incluso a tu padre que le gusta encantar objetos – Dijo Harry mientras todos lo miraban sorprendidos, Arthur sonrió a su fututo yerno al escuchar que lo tomaba como ejemplo de algo que le gustaba hacer, Flitwick por su parte asentía dándole la razón a su alumno favorito – Ven, los encantamientos tiene una ciencia más profunda que solo encantar objetos para que hagan lo que UNO quiere, un ejemplo es hacer que una piña baile claqué, ¿por qué no hacer que baile la bamba o música clásica? Entienden, así como las escobas ellas eligen si el que las monta tiene confianza – Dijo Harry mientras todos lo miraban sorprendidos y con la boca por el suelo.

y había un temblor en la voz de Neville que indicaba, demasiado claramente, que deseaba mantener sus pies en la tierra. Luego, la señora Hooch les enseñó cómo montarse en la escoba, sin deslizarse hasta la punta, y recorrió la fila, corrigiéndoles la forma de sujetarla. Harry y Ron se alegraron muchísimo cuando la profesora dijo a Malfoy que lo había estado haciendo mal durante todos esos años.

—Ahora, cuando haga sonar mi silbato, dais una fuerte patada —dijo la señora Hooch—. Mantened las escobas firmes, elevaos un metro o dos y luego bajad inclinándoos suavemente. Preparados... tres... dos... Pero Neville, nervioso y temeroso de quedarse en tierra, dio la patada antes de que sonara el silbato.

—¡Vuelve, muchacho! —gritó, pero Neville subía en línea recta, como el corcho de una botella... Cuatro metros... seis metros... Harry le vio la cara pálida y asustada, mirando hacia el terreno que se alejaba, lo vio jadear; deslizarse hacia un lado de la escoba y... BUM... Un ruido horrible y Neville quedó tirado en la hierba.

- Ay mi bebe, no te lastimaste - Dijo apurada Alice abrazando a su pequeño.

- Si, pero no fue muy grave - Le restó importancia el joven.

Su escoba seguía subiendo, cada vez más alto, hasta que comenzó a torcer hacia el bosque prohibido y desapareció de la vista. La señora Hooch se inclinó sobre Neville, con el rostro tan blanco como el del chico.

—La muñeca fracturada —la oyó murmurar Harry—. Vamos, muchacho... Está bien... A levantarse.

- Una muñeca fracturada - Repitió Alice.

- Tranquila, amiga – Trató de relajarla Lily - De seguro Madame Pomfrey lograra curarlo en un momento.

- Creo que tienes razón, al menos no se rompió el cráneo como tu novio – Agregó la mujer.

- ¿El cráneo? - Se extrañaron los del futuro viendo al azabache mayor.

- Es una historia para otro momento - Dijo el aludido desviando el tema.

Se volvió hacia el resto de la clase.

—No debéis moveros mientras llevo a este chico a la enfermería. Dejad las escobas donde están o estaréis fuera de Hogwarts más rápido de lo que tardéis en decir Quidditch. Vamos, hijo.

- Eso me parece imposible – Comentó Remus - Tenido a un hijo de James Potter ahí dudo que se queden muy tranquilos – Explicó el licántropo.

- Si, pero también es mi hijo – Aseguró Lily.

- Lo siento, señora Potter - Le hablo Ginny - Pero en ese momento y en el aspecto del Quidditch si se parece mucho a su padre.

- Por Merlín, y se le infla el ego como a esté cada vez que juega.

- No, él siempre es muy modesto, eso me imagino lo heredo de usted – Aclaró Ginny a lo que la pelirroja mayor sonrío

Neville, con la cara surcada de lágrimas y agarrándose la muñeca, cojeaba al lado de la señora Hooch, que lo sostenía. Casi antes de que pudieran marcharse, Malfoy ya se estaba riendo a carcajadas.

- En realidad eras insoportable - Comentó Theo tranquilamente, mientras Blaise reía y Draco lo fulminaba con la mirada.

—¿Habéis visto la cara de ese gran zoquete?

Los otros Slytherins le hicieron coro.

—¡Cierra la boca, Malfoy! —dijo Parvati Patil en tono cortante.

—Oh, ¿estás enamorada de Longbottom? —dijo Pansy Parkinson, una chica de Slytherin de rostro duro. Nunca pensé que te podían gustar los gorditos llorones, Parvati.

- ¿Solo puede pensar en meterse con el peso del chico? – Preguntó Astoria molesta, esa chica nunca le había caído bien, le parecía que lo único que tenía de Slytherin era lo ambiciosa, porque astuta no era, y mucho menos inteligente.

- No es que esa chica sea muy inteligente - Mencionó Hermione, haciendo eco de sus pensamientos.

—¡Mirad! —dijo Malfoy, agachándose y recogiendo algo de la hierba—. Es esa cosa estúpida que le mandó la abuela a Longbottom. La Recordadora brillaba al sol cuando la cogió.

—Trae eso aquí, Malfoy —dijo Harry con calma. Todos dejaron de hablar para observarlos.

- Obviamente, ellos son como las cabezas de sus respectivas casas en ese momento – Comentó Remus

- Muy cierto, Lunático, hasta yo estaba esperando a que empezaran a pelear - Agrego su amigo emocionado.

- ¡Sirius! - Reclamaron Lily y Narcisa, las madres de los involucrados.

Malfoy sonrió con malignidad.

—Creo que voy a dejarla en algún sitio para que Longbottom la busque... ¿Qué os parece... en la copa de un árbol?

—¡Tráela aquí! —rugió Harry, pero Malfoy había subido a su escoba y se alejaba. No había mentido, sabía volar. Desde las ramas más altas de un roble lo llamó:

—¡Ven a buscarla, Potter!

- Mira que provocar a Harry - Dijo Ron negando con la cabeza y sonriendo.

Harry cogió su escoba.

- ¡No Harry! - Dijo apurada Lily - Me agrada que defiendas a tus amigos, pero te puedes meter en problemas.

- Relájese, casi siempre que hace algo, siempre sale recompensando - Contó Ron como quien no quiere la cosa.

- Espera - Interrumpió Charlie - ¿Le siguió de verdad?

- Claro. Es Harry, no importa del mundo que sea - Dijo Ron como si eso explicase todo, y para él, así era.

- ¡Pero si no ha montado jamás en escoba! ¡No tiene ni idea de cómo manejarla! - Replicó Tonks perpleja.

- ¿Y? Es Harry. Harry no piensa en esas cosas. Más bien improvisa, y lo que cree que hay que hacer, lo hace, así es él, solo hace lo que es justo - Se encogió de hombros el pelirrojo.

- Por eso no soy capaz de detener jamás a Harry si está convencido de algo - Dijo Hermione poniendo los ojos en blanco.

—¡No! —gritó Hermione Granger—. La señora Hooch dijo que no nos moviéramos. Nos vas a meter en un lío. Harry no le hizo caso. Le ardían las orejas. Se montó en su escoba, pegó una fuerte patada y subió. El aire agitaba su pelo y su túnica, silbando tras él y, en un relámpago de feroz alegría, se dio cuenta de que había descubierto algo que podía hacer sin que se lo enseñaran.

- En verdad - Se impresiono James - Eso es, ¡perfecto, mi pequeño! – Dijo lleno de emoción.

- ¿Estas llorando? – Preguntó Lily incrédula.

- ¿Qué? No, ¿por qué estaría llorando? - Dijo de inmediato mientras fingía limpiar unas lágrimas imaginarias muy reales.

- Eso no es justo - Reclamaron varios fanáticos del Quidditch.

- A mí me tomó meses poder volar bien y a ti te sale a la primera - Se quejó Dean.

- Está en su sangre - Se ufanó James, pero no le duró mucho porque Lily lo golpeó en la cabeza para que se callara, logrando así muchas risas.

Era fácil,

- No lo es - Dijeron Neville y Hermione al mismo tiempo.

era maravilloso.

- Sí que lo es - Dijeron todos los que amaban volar.

Empujó su escoba un poquito más, para volar más alto, y oyó los gritos y gemidos de las chicas que lo miraban desde abajo, y una exclamación admirada de Ron.

- ¡Lo tiene instintivo! - Exclamó James tan asombrado como todos los del pasado.

- Será maravilloso cuando puedas entrar en el equipo el próximo año, ¿cierto, Cornamenta?

- Sí, será fantástico - Seguía secándose las lágrimas "falsas"

La gente sabía que Harry era bueno con una escoba, muy bueno en realidad, ¡pero no sabían que lo era tanto! ¡Ni siquiera le habían tenido que enseñar a volar!

- Pero espera un segundo - Interrumpió Lunático confundido - ¿No decías que no te gustaba volar?

- Decía que no me gustaba el Quidditch - Mintió Harry con naturalidad - Volar no me importa, es de las cosas que más me gustan. Pero el Quidditch... No sé, pierde su atractivo.

- Eres un volador innato. De los mejores que he conocido diría yo, seguramente mejor aún que James - Empezó Canuto estupefacto - ¿Y me estás diciendo que no te gusta el Quidditch? ¡¿Estás de broma?!

- No, claro que no - Respondió Harry con la cara imposiblemente seria - Ya te he dicho que yo gastaré una broma el día que me guste el Quidditch.

- Pero...

- Déjale, Cornamenta, a Harry no le gusta el Quidditch - Interrumpió Lunático - No puedes obligarle a jugar.

- Pero... Agh, vale - dejó el tema el animago.

- No me puedo creer que sepa volar por instinto - Murmuró Charlie sin apartar la vista del joven de la cicatriz del rayo.

- Yo tampoco me lo creía, Charlie - Dijo Ron sonriendo de oreja a oreja, claramente disfrutando de la situación - Por un momento pensé que no era cierto que nunca hubiese visto siquiera una escoba antes de su cumpleaños. Parecía imposible viéndole controlarla como si llevase años sobre una.

- Y yo que la primera vez que me elevé tres metros del suelo me emocioné tanto que me olvidé de agarrarme y me caí - Dijo Bill casi avergonzado.

- Y lo que me costó a mí aprender a mantener el equilibrio - Se quejó Tonks - Es casi injusto que Harry lo tenga tan fácil.

Dirigió su escoba para enfrentarse a Malfoy en el aire. Éste lo miró asombrado.

—¡Déjala —gritó Harry— o te bajaré de esa escoba!

- Hazlo - Animaron todos a los que les caía mal el chico, Scorpius se sintió un poco mal de que casi toda la sala hubiese expresado su acuerdo.

Rose le mostró su apoyo apretándole un brazo para darle ánimos.

—Ah, ¿sí? —dijo Malfoy, tratando de burlarse, pero con tono preocupado. Harry sabía, de alguna manera, lo que tenía que hacer.

- ¿Cómo lo va a saber "de alguna manera"? - Gimió Charlie con envidia. Él era el mejor volador de su familia, pero incluso a él le había costado un poco aprender al principio y ahora llegaba este chico y en su primera vez ya le daba mil vueltas.

- Es instinto. ¿Cómo sabes tú respirar? Solo sabes - Se encogió de hombros Harry.

- No me compares volar sobre una escoba con respirar, Harry - Protestó Tonks.

- Pues no sé con qué otra cosa. Por eso me encanta volar, porque es fácil y natural. Puedes ir diez veces más rápido que corriendo y no hay límites. Tienes todo el cielo a tu disposición y nada te puede frenar - Intentó explicarse Harry ensimismado.

Los demás le miraban entre divertidos y exasperados. Menos los merodeadores. Ellos estaban murmurando por lo bajo sobre "voladores innatos" y "chico que te hacían sufrir sin motivo".

Se inclinó hacia delante, cogió la escoba con las dos manos y se lanzó sobre Malfoy como una jabalina.

- ¡Eso es! - Exclamó James entusiasmado, se había perdido el primer vuelo real de su hijo, pero al menos podía leerlo.

Malfoy pudo apartarse justo a tiempo, Harry dio la vuelta y mantuvo firme la escoba. Abajo, algunos aplaudían.

—Aquí no están Crabbe y Goyle para salvarte, Malfoy —exclamó Harry Parecía que Malfoy también lo había pensado.

—¡Atrápala si puedes, entonces! —gritó. Giró la bola de cristal hacia arriba y bajó a tierra con su escoba.

- Adiós recordadora - Suspiró Sirius, sabía que su ahijado era un excelente buscador, pero pedirle que atrapara un objeto tan pequeño en caída libre era demasiado.

- Fue una hermosa recordadora - Asintieron Charlus y Dorea - Pero no te preocupes volaste de maravilla – Aseguró su abuelo.

Harry vio, como si fuera a cámara lenta, que la bola se elevaba en el aire y luego comenzaba a caer. Se inclinó hacia delante y apuntó el mango de la escoba hacia abajo.

Los fanáticos del Quidditch prestaron mucha atención durante aquel fragmento. Les parecía muy interesante escuchar desde el punto de vista de Harry lo que éste sentía mientras volaba.

- ¡Te vas a partir el cuello! – Exclamó, Lily parecía a punto de desmayarse, ¿cómo se le ocurría a su hijo de diez años tirarse de cabeza hacia el suelo en una escoba que montaba por primera vez?

- ¿Cómo que hacia abajo? ¡No sabe frenar todavía! ¡Se va a estrellar! - Exclamó Tonks sobresaltada.

- Pero si no va hacia abajo es imposible que atrape la Recordadora a tiempo. Con un poco de suerte ese instinto que tiene permite que no se estampe contra el suelo - Murmuró Charlie pensando en lo que haría él y dándose cuenta de lo difícil que sería salvar la Recordadora en una escoba tan vieja.

- ¡¿Estás diciendo que solo depende de la suerte y de su instinto el no partirse el cuello?! - Se horrorizó ella.

- Bueno, esas escobas no están en las mejores condiciones y no son tan fáciles de manejar. Y como encima es su primera vez... - Charlie dejó la frase sin concluir, pero todos entendieron lo que quería decir.

- No pasó nada, además les recomiendo que no pierda los nervios por algo tan simple, o para el final del libro colapsará - Dijo Hermione, haciendo palidecer a Lily.

- Así no ayudas - Le recriminó Harry.

- ¿Y tú como lo sabes? - Le preguntó Jean a su hija de forma suspicaz.

- Ella estaba algunas veces conmigo, las otras veces le contaba lo que iba hacer, no quería meterlos en problemas y menos en peligro - Dijo Harry despreocupado.

- ¿Y no intentaste detenerlo? – Preguntó Will también parecía curioso, y sobre todo preocupado, por las acciones de su hija.

- Por qué Harry siempre quería hacerlo solo, y las veces que estaba con él fue por las circunstancias o porque quería mantenernos cerca y fuera de peligro.

Ninguno de los tres se dio cuenta de que su pequeña charla había dejado más que preocupados a los adultos, era raro escuchar a tres adolescentes hablar de sus propias posibles muertes de forma tan despreocupada.

- ¡Merlín! ¿Qué diablos han hecho ustedes en estos cinco años? - Preguntó James Sirius bastante curioso y un poco preocupado.

- Muchas cosas, pero más que nadie, tu padre es el que hacía todo - Contestó Hermione - Ya se enterarán de algunas, y creo que en este capítulo parte una de ellas - Dijo Hermione con una mueca, recordando a Fluffy.

Al momento siguiente, estaba ganando velocidad en la caída, persiguiendo a la bola, con el viento silbando en sus orejas mezclándose con los gritos de los que miraban. Extendió la mano y, a unos metros del suelo, la atrapó, justo a tiempo para enderezar su escoba y descender suavemente sobre la hierba, con la Recordadora a salvo.

- ¡Eso es! - Gritaron James, Canuto y Lunático felices, en especial el primero, que sentía que a pesar de todo aún tenía conexiones con su hijo, aunque fuera a través del Quidditch.

- Sorprendente, ese fue un vuelo impresiónate, hijo.

- Y muy peligroso – Apuntó Lily - Por lo visto también me tendré que preocupar por ti durante los partidos.

- Tranquila, cariño, es algo fenomenal, hasta podría volverse un jugador profesional - Le sobaba los hombros para que se sintiera mejor, y resultaba. Muchos sonrieron ante eso, Harry ya era un jugador profesional.

Los tres se acercaron a abrazar y felicitar a Harry que sonreía divertido, aunque feliz por aquella muestra de cariño, a ellos se le sumaron los aplausos de la gran mayoría de los presentes en el Gran Comedor.

- Eso debió ser digno de ver - Dijo Fred con una gran sonrisa.

- Sin duda hermano - Dijo George que también sonreía.

Luego de un momento en el que muchos saludaban y felicitaban a Harry por su gran vuelo, la lectura se reanudó una vez más.

—¡HARRY POTTER!

Fred había chillado con todas sus fuerzas, intentando imitar la manera de gritar de McGonagall. Muchos pegaron un bote de sus asientos, sobresaltados.

- ¿Tenía que pillarte alguien? – Preguntó, Sirius parecía realmente decepcionado por la mala surte de su ahijado, sin embargo, a James no se pasaron por alto las sonrisas expectantes de los chicos que ya había reconocido como amigos o al menos cercanos a su hijo, por lo que pensó que quizás no todo estaba perdido.

Su corazón latió más rápido que nunca. La profesora McGonagall corría hacia ellos. Se puso de pie, temblando.

- ¿Y tenía que ser ella? - Se quejó una vez más Sirius, sabía que, a pesar de ser muy buena profesora, también era muy estricta con las reglas.

- ¿Algún problema conmigo, señor Black? – Preguntó la profesora mirándolo intensamente.

- Ninguno, profesora - Respondió de inmediato el aludido, sintiéndose como si aún fuera un alumno en la sala de clases. Se escucharon risitas ahogadas en varios rincones de la sala.

—Nunca... en todos mis años en Hogwarts...

- ¿Había visto a alguien con tanto talento en Quidditch? - Dijo Fred inocentemente.

- ¿Había visto a un alumno correr ese tipo de riesgos? - Añadió George.

- ¿O tal vez a alguien que se meta en tantos líos sin proponérselo?

- ¿Quizás se refiere tan solo a que no había visto a un chico tan canijo y con gafas igual?

- No se preocupe, profesora - Dijo Fred como tranquilizándola.

- Para cuando Harry salga de Hogwarts estamos seguros de que habrá tenido de sobra de las cuatro cosas - Asintió George con expresión seria.

- Sigan leyendo, señores Weasley, antes de que decida que ese libro es demasiado peligroso en sus manos - Les advirtió la bruja, aunque una sonrisa le tironeaba la comisura de los labios.

La profesora McGonagall estaba casi muda de la impresión, y sus gafas centelleaban de furia. —¿Cómo te has atrevido...? Has podido romperte el cuello...

—No fue culpa de él, profesora...

—Silencio, Parvati.

- Pero déjelos explicarse, profesora - Dijo Remus sorprendido. McGonagall siempre se había caracterizado por ser justa y escuchar todas las versiones de la historia antes de castigar a alguien.

—Pero Malfoy...

—Ya es suficiente, Weasley. Harry Potter, ven conmigo. En aquel momento, Harry pudo ver el aire triunfal de Malfoy, Crabbe y Goyle, mientras andaba inseguro tras la profesora McGonagall, de vuelta al castillo. Lo iban a expulsar; lo sabía. Quería decir algo para defenderse, pero no podía controlar su voz. La profesora McGonagall andaba muy rápido, sin siquiera mirarlo. Tenía que correr para alcanzarla. Esta vez sí que lo había hecho. No había durado ni dos semanas. En diez minutos estaría haciendo su maleta. ¿Qué dirían los Dursley cuando lo vieran llegar a la puerta de su casa?

- Dumbledore no dejaría que te expulsasen, Harry - Le tranquilizó Canuto - No nos echó ni a tu padre ni a mí y eso que nosotros hicimos muchas más gamberradas que tú…

El director sonrió a su pesar; sí que era cierto que había sentido debilidad por los Merodeadores.

Snape entrecerró los ojos y tuvo que recordar la tregua que habían formado para no hacer ningún comentario. Desde que era joven le había molestado la benevolencia de Dumbledore con Potter y su pandilla, sobre todo cuando éste no les expulsó después del incidente con Lupin. Un incidente que a punto estuvo de costarle la vida.

Subieron por los peldaños delanteros y después por la escalera de mármol. La profesora McGonagall seguía sin hablar. Abría puertas y andaba por los pasillos, con Harry corriendo tristemente tras ella. Tal vez lo llevaba ante Dumbledore. Pensó en Hagrid, expulsado, pero con permiso para quedarse como guardabosque. Quizá podría ser el ayudante de Hagrid. Se le revolvió el estómago al imaginarse observando a Ron y los otros convirtiéndose en magos, mientras él andaba por ahí, llevando la bolsa de Hagrid. La profesora McGonagall se detuvo ante un aula. Abrió la puerta y asomó la cabeza.

—Discúlpeme, profesor Flitwick. ¿Puedo llevarme a Wood un momento?

- ¿Wood? - Repitió James confundido - ¿Quién demonios es Wood?

- El torturador de muchos Gryffindor - Respondió George levantando la vista, muy serio.

- Después de un día con él más de uno no ha podido moverse a la mañana siguiente - Añadió Fred.

- ¿Qué? ¿Quién demonios es ese Wood? - Repitió sobresaltado.

- Si dejases que siguiéramos leyendo ya lo sabrías, James - se impacientó Lunático.

«¿Wood? —pensó Harry aterrado—. ¿Wood sería el encargado de aplicar los castigos físicos?»

- Señor Potter, nunca aplicamos esos tipos de castigos en el colegio - Dijo indignada McGonagall.

- Ahora lo sé, profesora - Respondió Harry con una sonrisa afable.

Pero Wood era sólo un muchacho corpulento de quinto año, que salió de la clase de Flitwick con aire confundido.

—Seguidme los dos —dijo la profesora McGonagall. Avanzaron por el pasillo, Wood mirando a Harry con curiosidad. —Aquí. La profesora McGonagall señaló un aula en la que sólo estaba Peeves, ocupado en escribir groserías en la pizarra. —¡Fuera, Peeves! —dijo con ira la profesora. Peeves tiró la tiza en un cubo y se marchó maldiciendo. La profesora McGonagall cerró la puerta y se volvió para encararse con los muchachos. —Potter, éste es Oliver Wood. Wood, te he encontrado un buscador.

- ¡¿Qué?! - Exclamaron todos en el Gran Comedor, pero ninguno tan fuerte como los merodeadores.

- ¡¿Buscador?! - repitió Canuto.

- ¡¿En primer año?! – Exclamó, Lunático estaba en shock.

Se pusieron de pie encima de la mesa y comenzaron a interpretar un estúpido baile repitiendo las mismas palabras una y otra vez "mi hijo/ahijado es buscador", esa era algo común, cada vez que ganaban un partido de Quidditch, hacían un baile diferente para festejar y esa vez no fue la excepción, pero James se detuvo de repente

- Un momento, ¡Pero si has dicho que no te gusta el Quidditch! - Protestó James girándose hacia su hijo y quedándose aún más confundido cuando todos se echaron a reír, incluso los merodeadores del presente.

- Que a Harry no le gusta el Quidditch... - Suspiró Fred limpiándose una lágrima después de todas las carcajadas que llevaba capítulos reprimiendo.

- Es como decir que a Filch adora a los estudiantes - Explicó George entre hipidos.

- Pero todos... - Empezó Canuto frunciendo el ceño.

- Estaban unidos - Comprendió James abriendo los ojos como platos.

- ¿Qué? – Preguntó, Canuto le miró sin entender.

- Era toda una broma, Sirius - Dijo Lunático mirando a todos a su alrededor, en especial a Harry que sonreía ligeramente orgulloso de sí mismo - Llevan tomándonos el pelo desde que llegamos.

- ¡¿Qué?! – Exclamó, el animago se preciaba de ser capaz de oler casi cualquier broma en kilómetros a la redonda, con excepción de las que le gastaba James de vez en cuando.

- Me parece que Harry ha heredado el mismo talento que tiene su padre para gastarnos bromas - Explicó el joven hombre lobo empezando a sonreír divertido. La broma era muy buena, había que reconocerlo.

- ¿Tú has organizado esto? - Preguntó James perplejo que sonrió aún más ampliamente.

- ¿Quién más podía ser? - Resopló George.

- Ha conseguido que participase todo el colegio, ¡incluso McGonagall! Por no hablar de que también ha participado Snape - Dijo Fred.

- Nosotros también sabemos reconocer una buena broma inocente cuando la vemos y creo que hablo por todos al decir que ya era hora que alguien les ganase en su propio juego – Dijo, la profesora McGonagall le dirigió una fugaz mirada de orgullo a Harry al decir esto.

- Nos la han jugado, Canuto. Estamos perdiendo facultades - Suspiró James antes de abrir los ojos como platos - ¡Mi hijo nos ha gastado una broma, Lunático!

- Sí, James. Creo que de eso ya nos habíamos dado cuenta - Replicó el hombre lobo mirándole como si pensase que estaba un poco lento.

- No lo entiendes - Sacudió la cabeza emocionándose – Mi hijo nos ha gastado una broma. ¡Juega al Quidditch, y probablemente es tan fanático como yo! ¡Entro en primero en el equipo, así que es el buscador más joven del siglo! ¡Y fue Minnie quien le metió en él! ¡Minnie!, ¿no lo pillas, Lunático? La misma Minnie que me dijo cuando le suplique que me dejará presentarme a las pruebas en primer año que ella nunca dejaría jugar a alguien tan pequeño, ha metido a Harry en el equipo sin que se tenga que presentar a las pruebas.

Los ojos de Canuto y Lunático se iban abriendo como platos según hablaba James y los tres se giraron hacia la profesora, que los miraba impasible.

- Sé reconocer el talento cuando lo veo y si ustedes hubieran visto volar al señor Potter, tampoco habrían tardado ni un segundo en hacer todo lo posible por qué no se desperdiciará - Respondió ella haciendo que Harry se ruborizase hasta la raíz del cabello. Eso era un elogio inconmensurable, sobre todo viniendo de la estricta profesora McGonagall.

- Pero, esperen, ¿Harry no tiene casa? ¿Cómo fue que McGonagall descubrió sus facultades de buscador si él no jugaría para Gryffindor, no? – Preguntó James confundido mirando a McGonagall y después a Harry que sonrió de manera arrogante.

- ¿Quién dijo que yo solo sirvo para buscador? Pero loa diré más adelante, hay que disfrutar este momento, luego podrán saber lo que paso – Dijo Harry sonriendo mientras su padre tenía una sonrisa enorme.

- Tú, jovencito, estás en problemas - Avisó señalándole con un dedo - No debiste gastarnos una broma, nadie vence en ese terreno a los merodeadores. Yo que tú dormiría con un ojo abierto a partir de ahora. Y tienes que enseñarme cómo vuelas en el partido que van a organizar.

- ¿Pensabas que me lo iba a perder? – Preguntó, Harry alzó una ceja burlón - Te dije que nadie a quien le gustase el Quidditch tendría que desaprovechar un rato para jugar.

James abrió la boca para replicar, pero se dio cuenta de que era cierto.

- Tú eres demasiado listo para tu propio beneficio - Terminó diciendo orgulloso del chico - No sé yo si deberías saber engañar con palabras así a alguien.

- ¿Por qué? Pensé que los merodeadores y sus hijos tenían que saber hacerlo tan fácilmente como respirar - Respondió Harry inocentemente.

- ¡Pero no a otros merodeadores!

- Ups. Creo que no me había acordado de esa parte - Se encogió de hombros sacando risas de muchos.

- Te lo repito: yo que tú dormiría con un ojo abierto a partir de ahora - le avisó el animago de nuevo.

- ¿No nos ha oído decir antes que es casi imposible pillar a Harry durmiendo y menos con su serpiente? - Le susurró George a su gemelo.

- Va a pagar caro no habernos escuchado - Respondió Fred en el mismo tono - La última vez que intentamos gastarle una broma estando dormido no dejamos de hablar en rimas el resto del día.

La expresión de intriga de Wood se convirtió en deleite.

—¿Está segura, profesora?

—Totalmente —dijo la profesora con vigor—. Este chico tiene un talento natural. Nunca vi nada parecido. ¿Ésta ha sido tu primera vez con la escoba, Potter?

- ¡Es verdad! - Exclamó Tonks dándose una palmada en la frente - ¡Encima era su primera vez en escoba!

- La primera vez que se monta en una y ya le han metido en el equipo sin que se tenga que presentar siquiera a las pruebas - Musitó Bill mirando al chico curioso.

- Tengo que confesar que tengo curiosidad por saber cómo de bueno es - Admitió Charlie casi ávido.

- Luego tendrás tiempo en el partido, Charlie - Respondió su hermano mayor - Me pregunto si será mejor que tú.

- Sigo admirado de que hayas podido volar tan bien en tu primera vez sobre la escoba - Dijo Seamus con un leve dejo de envidia. Todavía recordaba todos los golpes que se ganó mientras era pequeño e intentaba aprender a volar.

Harry asintió con la cabeza en silencio. No tenía una explicación para lo que estaba sucediendo, pero le parecía que no lo iban a expulsar y comenzaba a sentirse más seguro.

- La explicación es que tienes muchísima suerte, Potter - Bromeó Tonks con una sonrisa torcida.

—Atrapó esa cosa con la mano, después de un vuelo de quince metros —explicó la profesora a Wood—. Ni un rasguño. Charlie Weasley no lo habría hecho mejor.

- Creo que esa es mi respuesta - Sonrió Bill girándose hacia su hermano, que tenía una expresión entre excitada y molesta.

- Hay que hacer una competencia para estar seguros - Dijo Charlie con una sonrisa, y no sólo era porque su orgullo estaba en juego, sino que también deseaba competir contra Harry, pues lo consideraba un gran jugador sin importar la posición que estuviera.

- Cuando quieras - Dijo Harry entusiasmado, él también deseaba ver en directo las habilidades de su futuro cuñado, mal que mal había escuchado maravillas de él.

- Nosotros los hemos visto a los dos volar - Dijo Ron señalándose a sí mismo, a los gemelos, a Ginny y a Percy - Y creo que hablo por los cuatro cuando digo que, sintiéndolo muchísimo, Charlie, Harry es mucho mejor que tú.

- ¿No se supone que tienes que defenderme, siendo mi hermano y todo eso? – Dijo, Charlie alzó una ceja sintiendo esa mezcla de diversión y molestia de nuevo, casi eran celos.

- Ya estoy defendiendo a uno - Replicó Ron sin inmutarse mientras Harry sonreía.

Los señores Weasley, Potter y Evans, los merodeadores del pasado y presente, los gemelos Weasley y Prewett y Hermione miraban orgullosos al pelirrojo mientras el resto tenía una expresión de sorpresa. Una cosa era decir que consideraba a Harry su hermano, como ya había hecho antes, pero esto era... Le veía tan hermano suyo como Charlie lo era.

- Bien dicho, Ronnie - Felicitaron los gemelos rompiendo el silencio que se había creado.

- Y sintiéndolo mucho, Charlie - Dijo Fred.

- Tenemos que estar de acuerdo con Ron y con McGonagall -Terminó George.

- ¿Y por qué no hacen una competición en el partido de luego? - Propuso Luna - Cada uno jugando para un equipo, a ver quién coge la snitch.

- Luna, eres brillante - Declaró Sirius con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¡Apuestas! - Exclamó Tonks - Yo he visto jugar a Charlie y, por muy bien que me caiga Harry, es imposible que sea mejor que Charlie después de haber jugado solo unos años. Así que apuesto un galeón por Charlie.

- Yo como Tonks - Dijo Bill sonriendo a su hermano - No he visto a nadie volar tan bien como Charlie.

- Nosotros apostamos por Harry - Declararon los gemelos con firmeza.

- Y yo - Añadió Ron.

- Yo también. Lo siento, Charlie, pero no quiero perder un galeón y sé del talento que tiene Harry- Se disculpó Ginny encogiéndose de hombros, para después ver a Harry que le sonreía.

- Yo apuesto por Charlie - Dijo Percy - Sé que Harry es increíble, pero Charlie también lo es y lleva mucho más tiempo volando.

- Nosotros a ti no te hemos visto jugar, Harry, querido - Confesó la señora Weasley intercambiando una mirada con su marido – Pero sabemos algunas cosas, así que no abstendremos de apostar.

- Nosotros por Harry, ¿verdad, Lunático? - Preguntó Sirius entusiasmado mientras Remus – Hemos visto a Harry volar, así que apostaremos por él.

- A mí me parece que Charlie tiene más posibilidades por experiencia, pero el partido que le he visto jugar a Harry fue estupendo - Dijo Luna - Creo que me quedo con Harry, es el primer amigo que he tenido y siempre tendré fe en él - decidió contenta.

- Yo también apuesto por Harry - Dijo Neville enviándole una mirada de reojo al pelirrojo -. Hace cosas sobre una escoba que jamás le he visto hacer a nadie.

- Yo voy con Harry - Dijo Hermione sonriéndole a su amigo - Sin ninguna duda.

- Bueno, nosotros apoyamos a nuestro sobrino – Dijeron los gemelos Prewett.

- Nosotros vamos por Harry – Dijeron James, Lily, Canuto y Lunático.

- Obviamente apoyaremos a nuestro nieto – Dijeron los señores Evans y Potter.

Los del futuro también apostaron, Victoire, Dominique, Louis, Freddy y Roxanne apostaron por Charlie mientras Teddy, Rose, Hugo, los hermanos Potter, los gemelos Scamander, Frank II y Alice II apostaron por Harry.

- Hey, ¿cómo es que sólo once apuestan por mí cuando 26 apuestan por Harry? - Preguntó Charlie con el ceño fruncido mientras empezaba a embargarle la duda.

- Muy bien, ya hechas las apuestas - Empezó el profesor Dumbledore sonriendo y todos se giraron hacia el - Cuando acabe el libro podrán tener un pequeño duelo amistoso.

Muchos se emocionaron con la idea y, deseosos de acabar con el libro, urgieron a Remus para que continuase con la lectura.

Wood parecía pensar que todos sus sueños se habían hecho realidad.

—¿Alguna vez has visto un partido de Quidditch, Potter? —preguntó excitado.

- No, lo que hace aún más increíble que tenga los instintos que tiene - Sonrió Neville.

—Wood es el capitán del equipo de Gryffindor —aclaró la profesora McGonagall.

—Y tiene el cuerpo indicado para ser buscador —dijo Wood, paseando alrededor de Harry y observándolo con atención—. Ligero, veloz... Vamos a tener que darle una escoba decente, profesora, una Nimbus 2.000 o una Cleansweep 7.

Tonks lanzó un silbido de aprobación y se preguntó al mismo tiempo si realmente le habían comprado una escoba de esas. La Nimbus 2.000 era una de las mejores escobas del mercado cinco años atrás y, de hecho, seguía siéndolo.

—Hablaré con el profesor Dumbledore para ver si podemos suspender la regla del primer año.

- Gracias profesora, en serio no sé cómo pagarle lo que ha hecho - Repetía emocionado el azabache.

- Señor Potter, yo no he hecho, ya sabrá lo que paso en este tiempo – Resaltó la profesora.

- Bueno si, lo que quería decir es que bueno, ustedes entienden – Dijo, no pudieron evitar reír al verlo en apuros.

Los cielos saben que necesitamos un equipo mejor que el del año pasado. Fuimos aplastados por Slytherin en ese último partido. No pude mirar a la cara a Severus Snape en vanas semanas... La profesora McGonagall observó con severidad a Harry, por encima de sus gafas.

- Conozco bien esa mirada - Comentó Remus.

- También yo – Aseguró Tonks - No era la jefa de mi casa, pero aun así todos le temíamos y respetábamos.

—Quiero oír que te entrenas mucho, Potter, o cambiaré de idea sobre tu castigo. Luego, súbitamente, sonrió. —Tu padre habría estado orgulloso —dijo—. Era un excelente jugador de Quidditch.

- Y claro que lo estoy - Dijo James que no había borrado la sonrisa de su cara desde que escuchara que su hijo iba a ser el buscador más joven en el último siglo

- Es verdad - Asintió Charlus - Minerva has hecho algo maravillo por mi nieto estaremos agradecidos por siempre.

- Cambiemos la cosas - Dijo la profesora - Y después me las cobro.

Harry estaba en las nubes, toda su familia estaba orgullosa, y había recibido bastantes abrazos de sus padres y de sus abuelos.

– Además, soy el mejor en muchos años – Aseguró James.

- Y el capitán más paranoico de todos – Aseguró Lunático logrando que su amigo lo viera mal.

- Tal vez, esperen a que lleguemos a la parte de los entrenamientos de Wood y ahí veremos las diferencias – Comentó Fred antes de regresar a la lectura.

—Es una broma. Era la hora de la cena. Harry había terminado de contarle a Ron todo lo sucedido cuando dejó el parque con la profesora McGonagall.

- Ustedes siempre se cuentan todo, ¿verdad? - Dijo Albus Charlus sonriendo, su padre y su tío seguían siendo tan amigos en el futuro como en el presente. Por respuesta Harry y Ron se encogieron de hombros.

Ron tenía un trozo de carne y pastel de riñón en el tenedor; pero se olvidó de llevárselo a la boca.

- Sí que se sorprendió entonces - Dijo Ginny riendo, su hermano era uno de los mayores glotones que conocía, incluso para los estándares de su familia. Ron se limitó a fulminarla con la mirada - Enhorabuena, Harry, eso no había pasado nunca - Le dijo divertida mientras miraba burlona a Ron.

—¿Buscador? —dijo—. Pero los de primer año nunca... Serías el jugador más joven en...

—Un siglo —terminó Harry, metiéndose un trozo de pastel en la boca. Tenía muchísima hambre después de toda la excitación de la tarde—. Wood me lo dijo. Ron estaba tan sorprendido e impresionado que se quedó mirándolo boquiabierto. —Tengo que empezar a entrenarme la semana que viene —dijo Harry—. Pero no se lo digas a nadie, Wood quiere mantenerlo en secreto.

- Bueno, eso será complicado - Dijo Tonks - es casi imposible guardar algo en secreto dentro del castillo- todos asintieron

Fred y George Weasley aparecieron en el comedor; vieron a Harry y se acercaron rápidamente.

—Bien hecho —dijo George en voz baja—. Wood nos lo contó. Nosotros también estamos en el equipo. Somos golpeadores.

- Los mejores que Hogwarts ha tenido nunca…- Dijo George. A su lado, Fred asintió.

Ginny soltó un bufido.

- Viva la humildad.

—Te lo aseguro, vamos a ganar la copa de Quidditch este curso —dijo Fred—. No la ganamos desde que Charlie se fue, pero el equipo de este año será muy bueno. Tienes que hacerlo bien, Harry. Wood casi saltaba cuando nos lo contó.

- Por supuesto, tiene mis genes y fue recomendado por la misma McGonagall – Comentó James con arrogancia.

—Bueno, tenemos que irnos. Lee Jordan cree que ha descubierto un nuevo pasadizo secreto, fuera del colegio.

—Seguro que es el que hay detrás de la estatua de Gregory Smarmy, que nosotros encontramos en nuestra primera semana.

- ¿Lo encontraron en su primera semana? – Preguntó Sirius y los gemelos asintieron orgullosos - Cachorro tu podrías aprender algo de tus amigos.

- Ya cierra la boca, Black – Reprendió Lily.

Fred y George acababan de desaparecer, cuando se presentaron unos visitantes mucho menos agradables. Malfoy, flanqueado por Crabbe y Goyle.

—¿Comiendo la última cena, Potter? ¿Cuándo coges el tren para volver con los muggles?

—Eres mucho más valiente ahora que has vuelto a tierra firme y tienes a tus «amiguitos» —dijo fríamente Harry.

- Bien dicho - Dijo Lily para sorpresa de algunos, pero mal que mal ella era una Gryffindor y siempre le había molestado la cobardía y prepotencia.

Por supuesto que en Crabbe y Goyle no había nada que justificara el diminutivo,

- No tienen el suficiente cerebro para entender el sarcasmo - Comentó tranquilamente Theo mientras se encogía de hombros.

pero como la Mesa Alta estaba llena de profesores, no podían hacer más que crujir los nudillos y mirarlo con el ceño fruncido.

- Eso es Harry, no te dejes intimidar - Felicitó Sirius.

- Como si Harry se dejase intimidar alguna vez - Resopló Hermione por lo bajo. Si no lo hacía ante Voldemort, ciertamente no lo iba a hacer ante Malfoy y ese par de trolls.

—Nos veremos cuando quieras —dijo Malfoy—. Esta noche, si quieres. Un duelo de magos. Sólo varitas, nada de contacto. ¿Qué pasa? Nunca has oído hablar de duelos de magos, ¿verdad?

—Por supuesto que sí —dijo Ron, interviniendo—. Yo soy su segundo. ¿Cuál es el tuyo? Malfoy miró a Crabbe y Goyle, valorándolos.

- ¿Tienen algo valorable? - Preguntó Rose con desgana. Había oído hablar de ellos a los adultos, y ninguno parecía una buena persona.

- No lo creo - Contestó Blaise tranquilamente, a pesar de ser Slytherin no le era muy agradable relacionarse con ese par, eran demasiado estúpidos y no podían aportarle nada que le interesara, si no se contaba con la fuerza bruta.

—Crabbe —respondió—. A medianoche, ¿de acuerdo? Nos encontraremos en el salón de los trofeos, nunca se cierra con llave.

Dumbledore sonrió, en aquel lugar se habían reunido cantidad de bromistas y alborotadores a lo largo de la historia de Hogwarts. El director lo sabía, pero, a pesar de ello, seguía sin cerrarlo ya que, si los alumnos iban a hacer una gamberrada, mejor saber dónde se estaba produciendo.

Cuando Malfoy se fue, Ron y Harry se miraron.

—¿Qué es un duelo de magos? —preguntó Harry—. ¿Y qué quiere decir que seas mi segundo?

—Bueno, un segundo es el que se hace cargo, si te matan —dijo Ron sin darle importancia. Al ver la expresión de Harry, añadió rápidamente—: Pero la gente sólo muere en los duelos reales, ya sabes, con magos de verdad. Lo máximo que podéis hacer Malfoy y tú es mandaros chispas uno al otro. Ninguno sabe suficiente magia para hacer verdadero daño. De todos modos, seguro que él esperaba que te negaras. —¿Y si levanto mi varita y no sucede nada?

- Peleas a lo muggle y le rompes la nariz de un puñetazo – Dijo Sirius muy contento, hasta que Lily le dio un fuerte golpe en la cabeza por dar ese tipo de consejos.

—La tiras y le das un puñetazo en la nariz —le sugirió Ron.

En cuanto Fred leyó esa parte fue el turno del resto de las personas pera reírse. Muchos rieron por la coincidencia y esta vez fue Ron quien recibió un golpe, solo que de Hermione.

- Black, te quiero lejos de mi hijo - Dijo enojada Molly.

- Oye todavía no me conocía - Se defendió el animago

- Por eso - Sentencio la pelirroja - Imagina como será si pasa más tiempo contigo

- Pues lo va a pasar - Sonrió el animago - Vamos a cambiar todo y desde que nazca estará conmigo, Lunático y Cornamenta.

- Si tú me ayudas, yo te ayudo - Dijo Lily.

- Yo igual les ayudo - Agrego Dorea.

- Gracias - Dijeron las dos pelirrojas

—Disculpad. Los dos miraron. Era Hermione Granger.

—¿No se puede comer en paz en este lugar? —dijo Ron.

Algunos rieron.

- En serio, ¿Cómo se hicieron amigos? Quiero decir, ¡Mírense, son inseparables, siempre están juntos! Pero antes se llevaban fatal - Inquirió Lavender extrañada mientras muchos se giraban para escuchar la respuesta con atención.

- Hubo una buena razón - Dijo Harry simplemente.

- Si - Dijo Ron mientras asentía vigorosamente con la cabeza - Una razón "muuuy" grande

Hermione se limitó a sonreír y nadie dio más explicaciones así que todos, con más curiosidad que antes de preguntar, se tuvieron que conformar con eso.

Hermione no le hizo caso y se dirigió a Harry

—No pude dejar de oír lo que tú y Malfoy estabais diciendo...

- Ya claro…- Dijo George con una sonrisa sarcástica.

- "No pude dejar de oír"- Continuó Fred - Todos sabemos que estabas pendiente de cada palabra, Hermione.

La chica les fulminó con la mirada.

Ginny levantó una ceja a modo de advertencia y las sonrisitas de sus hermanos disminuyeron un poco; nadie se metía con su amiga, ni siquiera los gemelos.

—No esperaba otra cosa —murmuró Ron.

—... y no debes andar por el colegio de noche. Piensa en los puntos que perderás para Gryffindor si te atrapan, y lo harán. La verdad es que es muy egoísta de tu parte.

—Y la verdad es que no es asunto tuyo —respondió Harry.

- ¡Harry James Potter!, ¿Cómo puedes decir eso? – Preguntó Lily enojada.

- Perdona, mamá, pero tenía 11 años y no tuve educación con los Dursley, y después con Alastor no aprendí como tratar a las mujeres - entonces Lily resoplo enojada, pero ya no le presto mucha importancia a él.

- Desviar su ira hacia terceros es un truco muy bajo, ¿no, Potter? - Le dijo por lo bajo una pelirroja.

- Tal y como tú lo hiciste con tus hermanos – Resaltó él - Así que de cierta forma es tu culpa por habérmelo enseñado – Aseguró este haciendo que la chica sonriera.

—Adiós —añadió Ron.

De todos modos, pensó Harry, aquello no era lo que llamaría un perfecto final para el día. Estaba acostado, despierto, oyendo dormir a Seamus y a Dean (Neville no había regresado de la enfermería). Ron había pasado toda la velada dándole consejos del tipo de: «Si trata de maldecirte, será mejor que te escapes, porque no recuerdo cómo se hace para pararlo». Tenían grandes probabilidades de que los atraparan Filch o la Señora Norris, y Harry sintió que estaba abusando de su suerte al transgredir otra regla del colegio en un mismo día. Por otra parte, el rostro burlón de Malfoy se le aparecía en la oscuridad, y aquélla era la gran oportunidad de vencerlo frente a frente. No podía perderla.

—Once y media —murmuró finalmente Ron—. Mejor nos vamos ya. Se pusieron las batas, cogieron sus varitas y se lanzaron a través del dormitorio de la torre. Bajaron la escalera de caracol y entraron en la sala común de Gryffindor. Todavía brillaban algunas brasas en la chimenea, haciendo que todos los sillones parecieran sombras negras. Ya casi habían llegado al retrato, cuando una voz habló desde un sillón cercano.

—No puedo creer que vayas a hacer esto, Harry. Una luz brilló. Era Hermione Granger; con el rostro ceñudo y una bata rosada.

—¡Tu! —dijo Ron furioso—. ¡Vuelve a la cama!

- Eso mismo escucho todos los fines de semana que paso en casa, aunque papá nunca está furioso - Dijo Hugo, volviendo a poner en aprietos a sus padres y provocando risas en toda la sala, mientras los rostros de Ron y Hermione se tornaban cada vez más rojos.

Daphne encontraba todo muy divertido, pero también quería saber qué pasaba con el duelo, por lo que lectura continuó.

—Estuve a punto de decírselo a tu hermano —contestó enfadada Hermione—. Percy es el prefecto y puede deteneros. Harry no podía creer que alguien fuera tan entrometido.

—Vamos —dijo a Ron. Empujó el retrato de la Dama Gorda y se metió por el agujero. Hermione no iba a rendirse tan fácilmente. Siguió a Ron a través del agujero, gruñendo como una gansa enfadada.

- ¿Gansa enfadada? - Repitió Hermione entrecerrando los ojos mientras en la sala estallaba una sonora carcajada por la comparación.

Fred, soltando un resoplido, tuvo que dejar de leer porque se atragantaba de la risa.

Ron y Harry también rieron.

- Esa sí que es una buena descripción de Hermione cuando se enfada - Dijo el pelirrojo entre carcajadas.

La chica se les quedó mirando con los brazos cruzados.

—No os importa Gryffindor; ¿verdad? Sólo os importa lo vuestro. Yo no quiero que Slytherin gane la copa de las casas y vosotros vais a perder todos los puntos que yo conseguí de la profesora McGonagall por conocer los encantamientos para cambios.

- No eres la única que gana puntos - Comentó Luna y Hermione se sonrojó, debía reconocer que era muy egocéntrica en aquel entonces.

—Vete.

—Muy bien, pero os he avisado. Recordad todo lo que os he dicho cuando estéis en el tren volviendo a casa mañana. Sois tan... Pero lo que eran no lo supieron. Hermione había retrocedido hasta el retrato de la Dama Gorda, para volver; y descubrió que la tela estaba vacía. La Dama Gorda se había ido a una visita nocturna y Hermione estaba encerrada, fuera de la torre de Gryffindor.

- Esa no es exactamente mi definición de encerrada - Comentó Luna y muchos asintieron.

Más de uno fue incapaz de contener una carcajada, pero intentó disimularla con una tos.

Hermione no se lo tragó. Les lanzó una mirada de advertencia que prometía problemas si no cerraban la boca en ese instante.

- Tienes que reconocer que tiene gracia, Hermione - Intentó Fred con una sonrisa más dubitativa de lo habitual.

- Que intentes detenerles.

- Que les regañes por salir de la torre de Gryffindor.

- Y que los siguieses tú a fuera.

- Y encima te quedes encerrada porque la Dama Gorda se ha ido probablemente a ver a su amiga Violeta...

- Y creo que ya veo lo que quieres decir, Hermione. No tiene ni pizca de gracia, ¿verdad, Gred?

- Ni un poco. Mejor olvidamos el tema, ¿no, Feorge? - estuvo de acuerdo su gemelo rápidamente.

- Yo ya lo he olvidado. Si he oído hablar de ello no me acuerdo - Asintió George sin quitar la mirada de la bruja, que había empezado a deslizar la mano hacia el bolsillo donde guardaba la varita.

- Menudo par de Gryffindors están hechos - Resopló Ginny poniendo los ojos en blanco.

—¿Y ahora qué voy a hacer? —preguntó con tono agudo.

- Las únicas opciones son quedarse allí hasta que el cuadro regrese o acompañarlos – Comentó Andrómeda a lo que todos estuvieron de acuerdo.

—Ése es tu problema —dijo Ron—. Nosotros tenemos que irnos o llegaremos tarde. No habían llegado al final del pasillo cuando Hermione los alcanzó.

—Voy con vosotros —dijo.

—No lo harás.

—¿No creeréis que me voy a quedar aquí, esperando a que Filch me atrape? Si nos encuentra a los tres, yo le diré la verdad, que estaba tratando de deteneros, y vosotros me apoyaréis.

- Que descarada - Dijo Blaise encantado.

- ¿En serio dijo eso? – Preguntó Remus, mientras James volvía a leer la última línea y asentía.

- Que caradura, Hermione - Rio en una carcajada perruna Sirius.

Ginny soltó una risita.

- Vaya, Hermione, cuánto descaro. Aunque, por otro lado, admiro tus recursos y determinación.

La chica sonrió.

—Eres una caradura —dijo Ron en voz alta.

Las vistas se posaron nuevamente entre Ron y Sirius que habían dicho lo mismo.

—Callaos los dos —dijo Harry en tono cortante—. He oído algo. Era una especie de respiración.

—¿La Señora Norris? —resopló Ron, tratando de ver en la oscuridad. No era la Señora Norris. Era Neville. Estaba enroscado en el suelo, medio dormido, pero se despertó súbitamente al oírlos.

Todos miraron a Neville sorprendidos ¿Qué hacía ahí? Mientras este se encogía en su asiento.

—¡Gracias a Dios que me habéis encontrado! Hace horas que estoy aquí. No podía recordar el nuevo santo y seña para irme a la cama.

- Y eso lo saco de ti querida – Resaltó Frank a su esposa que se sonrojo.

- Otra combinación entre padre y madre - Comentó Lily sonriéndole a su amiga.

- Oh, ¡Neville! - Dijo la profesora McGonagall suspirando mientras muchos reían - Sabes que puedes buscarme si te pasa eso, estoy aquí para ayudar.

- La verdad, profesora, en ese momento le tenía algo de miedo - Dijo Neville sinceramente ante la asombrada cara de McGonagall y aumentando las risas de los alumnos.

—No hables tan alto, Neville. El santo y seña es «hocico de cerdo», pero ahora no te servirá, porque la Dama Gorda se ha ido no sé dónde.

—¿Cómo está tu muñeca? —preguntó Harry

Lily y James se alegraron de que a pesar de las circunstancias su hijo se preocupara por sus amigos.

- Al menos alguien se preocupa por el - Se le escapó a Hannah y sonrió a Harry, este le sonrió de vuelta.

- Gracias - Le dijo Neville sonriendo.

- Bien hijo, ante todo procura a tus amigos - Lo felicitó James orgullosos.

—Bien —contestó, enseñándosela—. La señora Pomfrey me la arregló en un minuto.

—Bueno, mira, Neville, tenemos que ir a otro sitio. Nos veremos más tarde...

—¡No me dejéis! —dijo Neville, tambaleándose—. No quiero quedarme aquí solo. El Barón Sanguinario ya ha pasado dos veces.

- Entre más sean más difícil será pasar desapercibidos – Comentó Remus por lo bajo.

- Tú sabes mucho de eso, ¿verdad? – Comentó Tonks que lo había escuchado.

- Por supuesto – Aseguró el castaño.

Ron miró su reloj y luego echó una mirada furiosa a Hermione y Neville. —Si nos atrapan por vuestra culpa, no descansaré hasta aprender esa Maldición de los Demonios, de la que nos habló Quirrell, y la utilizaré contra vosotros.

Algunos rieron, pero Ron se encogió en su asiento al ver la mirada de su madre.

Hermione abrió la boca, tal vez para decir a Ron cómo utilizar la Maldición de los Demonios, pero Harry susurró que se callara y les hizo señas para que avanzaran.

- Para eso era - Confirmó Hermione sonriendo, pero entonces le entró una duda - Oye, ¿Es que cada vez que alguien abre la boca para decir algo intentas adivinarlo?

- Normalmente lo hago - Dijo Harry y entonces vio a Hermione abriendo la boca - Si, Hermione, me refería a que normalmente lo adivino no a que normalmente lo intento.

Hermione, junto a muchos otros estudiantes, miró a Harry impresionada.

- Era solo el principio y ya discutíais…- Dijo Molly con una mezcla de cariño y exasperación.

Ron y Hermione se miraron con afecto, la última parecía haberse olvidado de su reciente enfado.

Se deslizaron por pasillos iluminados por el claro de luna, que entraba por los altos ventanales. En cada esquina, Harry esperaba chocar con Filch o la Señora Norris, pero tuvieron suerte. Subieron rápidamente por una escalera hasta el tercer piso y entraron de puntillas en el salón de los trofeos. Malfoy y Crabbe todavía no habían llegado. Las vitrinas con trofeos brillaban cuando las iluminaba la luz de la luna. Copas, escudos, bandejas y estatuas, oro y plata reluciendo en la oscuridad. Fueron bordeando las paredes, vigilando las puertas en cada extremo del salón. Harry empuñó su varita, por si Malfoy aparecía de golpe. Los minutos pasaban.

—Se está retrasando, tal vez se ha acobardado —susurró Ron.

- Conociendo a los Malfoy como los conozco, ni siquiera se va a presentar – Habló Sirius viendo con odio a Lucius, pues sin duda de él había heredado todo eso.

Entonces un ruido en la habitación de al lado los hizo saltar. Harry ya había levantado su varita cuando oyeron unas voces. No era Malfoy.

—Olfatea por ahí, mi tesoro. Pueden estar escondidos en un rincón. Era Filch, hablando con la Señora Norris.

- Que serpiente más rastrera, se fue de lengua con Filch - Dijo Sirius con repugnancia.

Y esta vez incluso los Slytherin presentes tuvieron que darle la razón, pues ser un delator no era bien visto ni siquiera por ellos, le quitaba peso a su palabra.

- Curioso eso me recuerda a alguien que se fue de lengua con alguien – Dijo Harry mirando con odio a Snape, este lo miró sorprendido, sabía que supiera eso, ¿Qué más podría saber?

Aterrorizado, Harry gesticuló salvajemente para que los demás lo siguieran lo más rápido posible. Se escurrieron silenciosamente hacia la puerta más alejada de la voz de Filch. Neville acababa de pasar, cuando oyeron que Filch entraba en el salón de los trofeos. —Tienen que estar en algún lado —lo oyeron murmurar—. Probablemente se han escondido.

—¡Por aquí! —señaló Harry a los otros y, aterrados, comenzaron a atravesar una larga galería, llena de armaduras. Podían oír los pasos de Filch, acercándose a ellos. Súbitamente, Neville dejó escapar un chillido de miedo y empezó a correr, tropezó, se aferró a la muñeca de Ron y se golpearon contra una armadura. Los ruidos eran suficientes para despertar a todo el castillo. —¡CORRED! —exclamó Harry, y los cuatro se lanzaron por la galería, sin darse la vuelta para ver si Filch los seguía. Pasaron por el quicio de la puerta y corrieron de un pasillo a otro, Harry delante, sin tener ni idea de dónde estaban o adónde iban. Se metieron a través de un tapiz y se encontraron en un pasadizo oculto, lo siguieron y llegaron cerca del aula de Encantamientos, que sabían que estaba a kilómetros del salón de trofeos. —Creo que lo hemos despistado —dijo Harry, apoyándose contra la pared fría y secándose la frente. Neville estaba doblado en dos, respirando con dificultad.

—Te... lo... dije —añadió Hermione, apretándose el pecho—. Te... lo... dije.

- Las tres palabras favoritas de lunático - Comentaron Canuto - Él siempre nos decía eso.

- Porque siempre me daban motivos – Recalcó el castaño.

—Tenemos que regresar a la torre Gryffindor —dijo Ron— lo más rápido posible.

—Malfoy te engañó —dijo Hermione a Harry—. Te has dado cuenta, ¿no? No pensaba venir a encontrarse contigo. Filch sabía que iba a haber gente en el salón de los trofeos. Malfoy debió de avisarle.

- ¿No podías esperar cinco minutos más para ser la sabelotodo? - Preguntó Zacharias molesto, esa chica nunca dejaba pasar una oportunidad para lucirse.

Su comentario le valió las miradas fulminantes de todos los amigos y familia de la chica, por lo que decidió quedarse callado y no agregar nada más.

Harry pensó que probablemente tenía razón, pero no iba a decírselo. —Vamos. No sería tan sencillo. No habían dado más de una docena de pasos, cuando se movió un pestillo y alguien salió de un aula que estaba frente a ellos. Era Peeves. Los vio y dejó escapar un grito de alegría.

—Cállate, Peeves, por favor... Nos vas a delatar. Peeves cacareó.

—¿Vagabundeando a medianoche, novatos? No, no, no. Malitos, malitos, os agarrarán del cuellecito.

—No, si no nos delatas, Peeves, por favor.

—Debo decírselo a Filch, debo hacerlo —dijo Peeves, con voz de santurrón, pero sus ojos brillaban malévolamente—. Es por vuestro bien, ya lo sabéis.

- Peeves puede llegar a ser muy irritante de vez en cuando - Dijo James molesto, puesto que a pesar que las bromas del duende le parecían divertidas, no le gustaba que se metiera con su hijo y con sus amigos.

—Quítate de en medio —ordenó Ron, y le dio un golpe a Peeves. Aquello fue un gran error.

- Sin duda fue un error – Habló Remus - Hay ciertas formas de tratarlo para que haga lo que quieres.

- ¿Y usted como sabe eso? – Preguntó McGonagall viendo su alumno.

- Profesora, este solo es un lobo vestido de oveja - Comentó James risueño – Él era tan travieso como nosotros, de otra forma no hubiéramos sido tan buenos amigos – Aseguró ante la incredulidad de los del presente que lo tuvieron de profesor.

—¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA! —gritó Peeves—. ¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA, EN EL PASILLO DE LOS ENCANTAMIENTOS! Pasaron debajo de Peeves y corrieron como para salvar sus vidas, recto hasta el final del pasillo, donde chocaron contra una puerta... que estaba cerrada.

Se oyeron gemidos de frustración en la sala, pues cada vez se veían más inmersos en la lectura mientras esperaban para saber cómo se habían librado de aquello.

—¡Estamos listos! —gimió Ron, mientras empujaban inútilmente la puerta—. ¡Esto es el final! Podían oír las pisadas: Filch corría lo más rápido que podía hacia el lugar de donde procedían los gritos de Peeves.

—Oh, muévete —ordenó Hermione. Cogió la varita de Harry, golpeó la cerradura y susurró—: ¡Alohomora!

- Bien hecho - Dijo Lily que no quería que atraparan a su hijo, si este ya había salido a romper las reglas, mejor que no lo encontraran.

El pestillo hizo un clic y la puerta se abrió. Pasaron todos, la cerraron rápidamente y se quedaron escuchando.

—¿Adónde han ido, Peeves? —decía Filch—. Rápido, dímelo.

—Di «por favor».

Los merodeadores del pasado comenzaron reír por lo bajo.

- ¿Se puede saber cuál es el chiste? – Preguntó Lily.

- Es que ese truco lo invento, Lunático – Explicó James.

- ¿Qué? - Dijeron todos los del futuro que lo veían como su serio profesor de DCAO

- Sí, cuando se hicieron prefectos – Señaló a su amigo y a la pelirroja - Pasaban mucho tiempo juntos por sus rondas, una vez le pregunte a mi amigo donde estaba Lily para ir a buscarla y me aplico esa broma.

- Lily era mi amiga y no quería que la estuviera molestado todo el tiempo así que - Se excusó el licántropo

- Sorprendente - Comentaron los gemelos Weasley.

—No me fastidies, Peeves. Dime adónde fueron.

—No diré nada si me lo pides por favor —dijo Peeves, con su molesta vocecita.

- Peeves no los delatará - Dijo James sonriendo un poco más relajado.

- Si hay algo que Peeves ama más que molestar a los alumnos, eso es molestar a Filch - Explicó Sirius al ver las miradas curiosas.

—Muy bien... por favor.

—¡NADA! Ja, ja. Te dije que no te diría nada si me lo pedías por favor. ¡Ja, ja! —Y oyeron a Peeves alejándose y a Filch maldiciendo enfurecido. —Él cree que esta puerta está cerrada —susurro Harry—. Creo que nos vamos a escapar. ¡Suéltame, Neville! —Porque Neville le tiraba de la manga desde hacía un minuto—. ¿Qué pasa? Harry se dio la vuelta y vio, claramente, lo que pasaba. Durante un momento, pensó que estaba en una pesadilla: aquello era demasiado, después de todo lo que había sucedido.

La tensión volvió a sentirse en la sala con un poco más de fuerza, al igual que la expectación.

No estaban en una habitación, como él había pensado. Era un pasillo. El pasillo prohibido del tercer piso.

Fred y George abrieron los ojos sorprendidos, ni siquiera ellos se habían aventurado en aquel pasillo, y al parecer su hermano menor sí sabía lo que se ocultaba ahí.

Y ya sabían por qué estaba prohibido. Estaban mirando directamente a los ojos de un perro monstruoso, un perro que llenaba todo el espacio entre el suelo y el techo. Tenía tres cabezas, seis ojos enloquecidos, tres narices que olfateaban en dirección a ellos y tres bocas chorreando saliva entre los amarillentos colmillos.

- ¡Salgan de ahí! ¡Ahora! - Dijo Lily preocupada, y estaba segura que lo único que evitaba que entrara en una crisis nerviosa era el ver a su hijo sano y salvo a menos de un metro de ella.

Y no era la única, James, así como los padres de Ron y Hermione estaban en el mismo estado, y tan pálidos como un fantasma.

Estaba casi inmóvil, con los seis ojos fijos en ellos, y Harry supo que la única razón por la que no los había matado ya era porque la súbita aparición lo había cogido por sorpresa.

- Buena evaluación, ahora reacciona - Susurró Ojoloco como si estuviera entrenando a uno de sus aurores.

Pero se recuperaba rápidamente: sus profundos gruñidos eran inconfundibles.

Lily apretaba con tal fuerza la mano de su esposo que le cortaba la circulación, pero a este no le importaba, pues estaba igual de preocupado que su esposa.

- ¡¿Quieren salir corriendo de una vez?! - Exclamó Tonks aterrada. Eran alumnos de primero contra un perro de tres cabezas. ¡¿Por qué no había estaban corriendo en dirección contraria todavía?!

No era la única que estaba así. Todos miraban a los cuatro chicos que habían estado delante del perro con los ojos como platos y tan pálidos como el papel. Dios, les podía pasar cualquier cosa si no reaccionaban rápido y huían...

- ¿Qué hacen con esa cosa en el castillo? – Gritó Sirius preocupado.

- Es muy peligroso, en especial con tantos niños ahí – Habló Alice.

- El lugar estaba prohibido para los estuantes, creo que no se esperaba que hubiera algunos que romperían esa regla - Comentó Dumbledore con simpleza.

Harry abrió la puerta. Entre Filch y la muerte, prefería a Filch.

- Buena elección - Dijo Sirius tratando de aligerar el ambiente, aunque se notaban las pequeñas arrugas de preocupación que se habían formado en su frente.

Retrocedieron y Harry cerró la puerta tras ellos. Corrieron, casi volaron por el pasillo. Filch debía de haber ido a buscarlos a otro lado, porque no lo vieron. Pero no les importaba: lo único que querían era alejarse del monstruo. No dejaron de correr hasta que alcanzaron el retrato de la Dama Gorda en el séptimo piso.

—¿Dónde os habíais metido? —les preguntó, mirando sus rostros sudorosos y rojos y sus batas desabrochadas, colgando de sus hombros.

—No importa... Hocico de cerdo, hocico de cerdo —jadeó Harry, y el retrato se movió para dejarlos pasar. Se atropellaron para entrar en la sala común y se desplomaron en los sillones. Pasó un rato antes de que nadie hablara. Neville, por otra parte, parecía que nunca más podría decir una palabra.

—¿Qué pretenden, teniendo una cosa así encerrada en el colegio? —dijo finalmente Ron—. Si algún perro necesita ejercicio, es ése.

Las miradas se volvieron a dividir entre Sirius y Ron, al parecer ellos tenían muchas similitudes.

- Mal momento para bromas - Dijo la señora Weasley seria, se había preocupado mucho por su hijo y sus amigos.

- Por el contrario, madre - Dijo Fred

- Lo mejor es hacer bromas en momentos así - Siguió George.

- De esta forma eliminas tensión y se despeja tu cerebro - Completaron ambos, pero se callaron al recibir la mirada amenazadora de su madre.

Hermione había recuperado el aliento y el mal carácter.

—¿Es que no tenéis ojos en la cara? —dijo enfadada—. ¿No visteis lo que había debajo de él?

- ¿Sus patas? Las cabezas eran más preocupantes – Exclamaron James y James Sirius, se miraron al haber coincidido abuelo y nieto.

—¿El suelo? —sugirió Harry—. No miré sus patas, estaba demasiado ocupado observando sus cabezas.

James y James Sirius le sonrieron a su hijo y padre respectivamente.

—No, el suelo no. Estaba encima de una trampilla. Es evidente que está vigilando algo.

- El paquete de la cámara setecientos trece - Dijo de inmediato Lily sorprendiendo a los chicos tanto del pasado como del futuro.

Se puso de pie, mirándolos indignada.

—Espero que estéis satisfechos. Nos podía haber matado. O peor, expulsado.

- Hermione, creo que tienes que poner en orden tus prioridades - Dijo Sirius burlón.

- ¿"O peor, expulsado"? ¿De verdad pensabas que era peor ser expulsado que morir? - Preguntó atónito Charlie.

Bueno, no exactamente - Se ruborizó ella - Pero me encantaba estar en Hogwarts y la magia y todo eso y habría dado cualquier cosa con tal de no tener que irme.

- ¿En serio dijiste eso? - Preguntó Astoria sorprendida por tamaña estupidez.

- Era una niña - Se defendió la castaña.

- Espero que ya hayas puesto en orden tus prioridades, jovencita - le dijo Will a su hija, no le gustaba que ella fuera tan dependiente de los estudios, por muy inteligente que fuera.

Ahora, si no os importa, me voy a la cama. Ron la contempló boquiabierto.

- Como en el baile de navidad del año pasado - Le recordó Harry sonriendo pícaramente y tanto Ron como Hermione se ruborizaron tanto que era imposible distinguir cuál de los dos era el Weasley.

—No, no nos importa —dijo— Nosotros no la hemos arrastrado, ¿no? Pero Hermione le había dado a Harry algo más para pensar,

- ¿Otra cosa más? – Preguntó Rose sorprendida de que su tío fuera tan tenaz con los misterios del castillo.

- Siempre tengo cosas en la mente - Dijo Harry simplemente.

mientras se metía en la cama. El perro vigilaba algo... ¿Qué había dicho Hagrid? Gringotts era el lugar más seguro del mundo para cualquier cosa que uno quisiera ocultar... excepto tal vez Hogwarts. Parecía que Harry había descubierto dónde estaba el paquetito arrugado de la cámara setecientos trece.

Ahora fue el turno de los del pasado en ver asombrados a Harry. Después de la impresión Lily miro de forma maternal al chico y le revolvió amorosamente su cabello dejándolo como a su padre, a pesar que no haber estado con él mientras crecía, su hijo había heredo gran parte de sus padres y eso le gustaba.

Moddy se sorprendió de la capacidad de deducción del chico, aunque él también lo había deducido, no debía olvidar que el chico solo tenía once años en ese entonces, y no pudo evitar preguntarse de qué sería capaz el muchacho con el entrenamiento adecuado, estaba seguro que sería tan bueno como el Harry allí presente.

- ¿Qué? ¿Cómo puedes seguir pensando en eso cuando ha estado a punto de matarlos un perro de tres cabezas? - Se asombró Tonks. Ni siquiera ella, siendo una auror en prácticas, se centraría tan rápidamente en sacar información de una situación potencialmente peligrosa.

- El peligro ya había pasado así que no tenía sentido seguir pensando en ello - Le quitó importancia sin hacer caso de cómo los ojos de todos estaban a punto de salirse de sus órbitas - Solo conseguiría distraerme de lo que de verdad importa, que en ese momento era averiguar qué demonios hacía ese perro en la escuela rodeado de estudiantes.

- ¿Y por qué ibas a querer averiguarlo? - Preguntó Remus - No es tu responsabilidad.

- Tenía curiosidad - Se encogió de hombros tranquilamente, como si fuese lo más normal - Y nunca he creído en las coincidencias así que si habíamos acabado allí sería por algo. No iba a ignorarlo porque sí.

- Increíble - Dijo Tonks - Nunca se me habría ocurrido que el paquete estuviera en Hogwarts.

- Ni a mí tampoco, Tonks – Dijo Alastor - Esta claro que Harry es un gran auror.

Fred alzó una mano para llamar la atención de los presentes.

- Ya se ha acabado el capítulo - Anunció. Pasó la página y le entregó el libro a su gemelo - Querías leer, ¿verdad?

- Ajá. Vamos a ver, el título del siguiente capítulo es… "Halloween"

- Pero antes deseo hacerle un par de preguntas a nuestro director ― Agregó con una mirada que James conocía bastante y estaba contento de no ser el receptor de aquella mirada.


Hola lectores! Aquí esta de nuevo esta historia reescrita. Es la típica historia de los libros, pero con algo de trama original. Espero les guste y me compartan su opinión, dependiendo de como les parezca la forma en que los estoy escribiendo, haré cambios durante la historia. Por ahora disfruten de la historia.

LewisNashSkoll