—¿Alguna vez has tenido la sensación de estar a punto de caer por un precipicio? — Sus ojos color chocolate miraban atentamente a los esmeralda del otro, mientras una de sus manos apartaba los mechones rubios que le dificultaban contemplar ese rostro de facciones tan hermosas.
—Si, pero ¿y eso qué? — Preguntó de vuelta el rubio, pero el moreno continuó hablando como si no lo hubiera escuchado, aun así una fugaz sonrisa surco su cara, desapareciendo cuando prosiguió.
— Estás parado muy cerca del borde, incluso la mínima brisa podría tirarte, y tu gritas por ayuda a las personas que te rodean, gritas tan, pero tan fuerte que hay un momento en que tu voz se quiebra, pero a pesar de eso parece que nadie te escucha, y por supuesto, nadie voltea a mirarte, hasta se podría decir que parecen ignorarte, nadie te tiende una mano. Entonces lo escuchas, esa parte de tu mente que siempre está ahí, preguntando y diciendo "¿vale la pena?", "¿para qué seguir luchando?", "todo sería mejor si simplemente desaparecieras"...
—¿Por qué me estás diciendo esto? — El rubio se incorpora bruscamente en su lugar, mirando con una mezcla de miedo y confusión a su acompañante.
— Porque es exactamente así como me sentía antes de conocerte. — El moreno se incorporó también y acarició con suavidad la mejilla del rubio, para después acercarlo a él y unir sus labios en un beso.
