Capítulo 2. Reencuentros
Café Moguri. 4:10 p.m.
—¿Ven, seguro que está aquí? —pregunta su hermano.
Los gemelos entran a una cafetería acogedora, no muy grande pero si lo suficiente para que varias personas puedan ir con su pareja o un grupo de amigos a pasar el rato. El recinto es cuadriculado y con una decoración cálida usando como colores predilectos el salmón, blanco y el rojo oscuro.
Ventus se fija que no hay muchas personas en el lugar, por lo cual al no estar sobresaturado de clientes se puede hablar con tranquilidad sin necesidad de gritar o perderse partes de la conversación. Busca con la mirada un lugar alejado para conseguir mayor comodidad.
—¡Que poco confías en tu hermano! —simula enfado ante el comentario—. Podemos sentarnos allí junto a la ventana. Es una mesa para seis personas —Señala una mesa cerca de la ventana.
—¿Quieren algo para tomar bellezas?
Unas mesas más allá de donde se encuentran resuena la dulce voz de un joven. La voz viene directo de un mesero pelirrojo, que coquetea con un grupo de chicas de su edad. Roxas no lo pensó dos veces para abalanzarse por detrás y acto seguido abrazarlo.
—¡Ah! ¿Pero qué demonios? —pregunta sorprendido.
—¿Ya tan rápido coqueteando con los clientes? —Axel voltea a su izquierda para fijar la mirada en Ventus quien se acerca a él.
—¡Axel! Estúpido pirómano pelirrojo tenía mucho tiempo sin verte —habla de forma apresurada atropellando sus palabras.
Mientras Axel analiza la situación el grupo de chicas empieza a admirar la tierna escena, mientras murmuran cosas como "¡Ay! pero que tierno" "Hacen una linda pareja" "Es tan romántico"
En nuestra historia entra otro personaje que tiene un papel importante que desarrollar. Conocido como pirómano y amante del fuego. Les presento a Axel, el pelirrojo que siempre tiene que decir ante una situación incómoda. Axel es un joven estudiante universitario de tez blanca y ojos verdes, tiene un tatuaje en forma de lágrima debajo de cada uno de sus ojos. Es mucho más alto que su mejor amigo Roxas, le lleva más de 10 cm de altura, motivo por el cual muchas veces el rubio lo usa como objeto de burla.
Como breve historia de la vida de Axel, les contaré que el pelirrojo conoció a los gemelos porque vivían en el mismo vecindario, lugar del que se tuvo que mudar al momento de entrar a la universidad de Vergel Radiante por cuestiones de lejanía. Actualmente vive en un apartamento con su amigo Demyx que cursa en la misma universidad. El pirómano es una persona que le gusta tomarse las cosas con calma, sin embargo, cuando hay que poner seriedad ante una situación lo hace sin quejas. Le gusta mucho salir con sus amigos de la universidad pertenecientes a un club, muy excéntrico, llamado Organización XIII. Axel no tiene idea del porqué del nombre si con él son 12 miembros, pero tampoco es algo que le de mucha importancia.
—Esto no es muy propio de ti ¿No Roxas? —dice algo sonrojado por el agarre de su amigo.
Roxas al darse cuenta de lo embarazoso de la situación lo suelta, se da la vuelta y va directo a la mesa que mencionó su hermano. Dicha reacción causa gracia a Axel.
—No seas malo con Roxas. Él tenía mucho tiempo sin ver a su mejor amigo. —Las chicas al escuchar la palabra 'amigo' se desaniman.
—Ventus déjame tomar la orden de estas bellas chicas y luego los alcanzo ¿Te parece? —El mencionado responde con un movimiento afirmativo.
El hermano mayor se acerca a su gemelo que tiene la mirada perdida en la ventana, en sus mejillas se puede visualizar el leve color rojo que las decora.
—Parece que la situación de que Sora se haya ido a solas con Riku se te ha olvidado con solo ver a Axel.
—Cállate Ven, sigo molesto porque invitaste a ese tonto —responde sin quitar la mirada al exterior.
—Cuándo aceptes que Sora ya no es un chiquillo para ti solo, te agradará Riku, tienen muchas cosas en común de lo que crees.
El menor molesto por la comparación mira a los a ojos de su hermano. Pone las manos en la mesa y piensa un momento en lo que va a decir.
—No quiero que me compares con… ese —recalca de forma despectiva el 'ese' —. Odio que Sora lo prefiera a él, no me gusta ser dejado de lado.
Ventus lo mira unos segundos tratando de descifrar a su hermano.
—Dime por favor que no vas a hacer lo que pienso —dice Ven. Cruza el brazo molesto y mira al otro que le devuelve una mirada sospechosa—. Roxas no hagas eso. No es bueno jugar con las personas de ese modo —le amonesta como una madre.
—Tú no lo entiendes. —La mirada acusatoria del otro hace que pause un momento—. Es la única forma para que Sora deje a ese idiota y estoy seguro que no me rechazará —termina de decir Roxas orgulloso de sí mismo por idear un plan que según él no puede fallar.
La conversación sobre el castaño se ve interrumpida por la llegada del mesero pelirrojo.
—Hola, Roxas ¿Cómo has estado? —Dice mientras se sienta a su lado.
—Tanto tiempo sin verte y solo dices un "Hola Roxas" —expresa haciendo un puchero. Espera unos segundos, toma aire y prosigue—. Estoy bien. Lo de siempre, ir a estudiar, estar con Ven y regañar a Sora cuando comete una estupidez. Todo es igual. —Se detiene un momento a mirar al ojiverde y luego voltea los ojos hacia otro lado para hablar con un tono molesto y bajo—. La diferencia es que ya no estás tú.
Axel sonrojado lo mira con detenimiento y luego lo rodea con sus brazos.
—Sé que es tu forma de decir que me extrañaste. —Lo abraza más fuerte—. Yo también te extrañé. ¿Cómo no añorar toda esa amargura encapsulada en ese pequeño cuerpo? Eres mi odioso rubio y Ven es el simpático.
—Suéltame maldito pervertido, acosador, pirómano, depravado ¡Axel suéltame! —exclama molesto mientras intenta escapar de los brazos del otro.
Ventus ve feliz la escena. Para el mayor, su hermano tiene un muro muy grande que te impide llegar a él, sin embargo, Axel es el único capaz de derrumbarlo en ciertos momentos.
…...
Sora y Riku pasaron por la casa del peliplata para buscar lo necesario y ahora van de camino a la casa del castaño. Sora se encuentra en plena calle saltando mientras canta una canción de Disney. Para Roxas, que el castaño estuviese cantando en todo el camino sería una gran tortura para él pero para Riku es distinto.
El peliplata entiende muy bien la adoración que tiene su amigo por Disney, principalmente por los años que tiene conociéndolo. Sora puede pasar por fan #1 de la compañía. Tiene todos los videojuegos de las películas animadas, como también varios peluches, ropas, accesorios y como no puede faltar, se sabe los diálogos y las canciones de los filmes. Ese lado infantil es lo que más ama Riku de él, no lo cambiaría nunca, porque es eso lo que hace que llame la atención de todos los presentes en cualquier lugar al que vaya.
—Yo quisiera ya ser un rey. Mira por aquí. —Señala hacia un lado—. Mira por acá. —Ahora al contrario—. Dónde me vean seré una… ¡ESTRELLA! —grita a todo pulmón al saltar y caer con los brazos estirados en forma de una estrella.
Ante el acto del castaño varias personas que van de paso por la acera contraria, se asustan y apresuran su andar sin quitarle la mirada. Examinan al chico como si en algún momento se le saldrá el único tornillo que le queda y los atacará.
Riku se siente un poco avergonzado por lo sucedido. Se pone la mano en la cara y mira a su amigo de pies a cabeza. Sí, este es el Sora que él ama, pero jamás se lo diría. Si lo hacía lo rechazarían de inmediato y perdería esa valiosa amistad que ha forjado desde pequeño. Es imposible pensar que esos ojos azules lo verán de una forma romántica, mucho menos como ven a su amiga pelirroja Kairi. Es por eso que es correcto permanecer a su lado y hacerlo muy feliz. No importa que el salga con Kairi o con otra chica, lo importante es siempre estar ahí para Sora.
—Debes guardar ese entusiasmo para la noche —acota tranquilamente mientras se ubica al hombro del otro—. Solo queda voltear en la esquina y llegaremos a tu casa.
—Je, je. Creo que me excedí un poco —comenta ensanchando más su boca.
Sora pone sus brazos detrás de la cabeza, manía que tiene desde pequeño y lo hace cuando está muy feliz y tranquilo. Riku por su parte se mete las manos en los bolsillos, lo hace usualmente cuando está pensativo o relajado.
Siguen su andar en silencio. Al llegar a la esquina ven en frente de la casa de Sora un convertible rojo, que si Riku no se equivoca es un BMW i8 un deportivo muy caro.
—¡Wow! Riku mira. —Señala con el dedo emocionado.
El menor sale corriendo hasta estar en frente del deportivo, en cambio Riku va acercándose lentamente confundido. Cuando Sora intenta tocar la pintura un objeto redondo golpea en su rostro, haciendo que pierda el equilibrio y caiga de espalda en el suelo.
—¡Ah! Duele, duele… —lloriquea mientras gira en el suelo.
El peliplata sale corriendo, para ver el estado de su amigo. Lo levanta y comprueba que tiene la nariz roja. Luego los dos ven una figura que se posa ante ellos y lo examinan de abajo hacia arriba. Dicha persona tiene unas botas de cuero negro, un jean del mismo color, en el que cuelgan unas cadenas. Lleva una franela roja con el logo de una banda en el medio y unos guantes negros. Lo que más llama la atención son sus penetrantes ojos dorados que resaltan con su cabellera negra.
—Ni se te ocurra tocar mis cosas sin mi permiso —demanda el joven idéntico a Sora.
Riku lo ve desafiante. Sí era ver a Sora pero al mismo tiempo no. Su dulce castaño a simple vista se observa como una persona tierna y alegre, en cambio el de los ojos dorados con su actitud y sonrisa sarcástica lo connotan como todo lo contrario.
—¡Vanitas! Eres un mal hermano —se queja el menor mientras se toca la nariz y chilla de dolor.
—Vaya, esas son las primeras palabras que recibo de mi tonto hermano después de mucho tiempo —comenta el pelinegro con burla y un con falso dolor mientras se lleva la mano al pecho.
—Tú empezaste. —Lo acusa con el dedo—. No debiste lanzarme la pelota en la cara. Le diré a mamá.- con lo último usa tono amenazante y molesto típico de un niño.
Riku nota como su amigo cambia de expresión en menos de un abrir y cerrar de ojos. Sinceramente al peliplata le impresiona lo distraído que puede llegar a ser Sora.
—Espera un momento…
Cuando entiende la situación abre los ojos y esboza una enorme sonrisa, no duda en abalanzarse hacia su hermano mayor con mucha alegría.
—¡Vanitas! ¿Cuándo llegaste?
Vanitas aunque odie y le fastidie las muestras "empalagosas" de amor de Sora, se deja abrazar por el gran tiempo que tiene sin recibir los cariños y mimos de su hermano. Bueno, eso es lo que pensó Riku en ese momento.
—Obvio que hoy- Responde girando los ojos.
—¿Riku recuerdas a mi hermano Vanitas? —pregunta emocionando.
La emoción cambia a confusión al ver como los dos se lanzan miradas asesinas. Sora mira a su hermano y luego a su amigo sin entender lo que está pasando.
En las pocas veces que Riku tenía la desagradable oportunidad de ver a Vanitas, terminaban peleando por la insoportable actitud abusiva que tiene con su hermano menor. Para el peliplata Roxas pertenece a la lista de las personas que odia, pero ese azabache parado frente él supera al rubio por mucho, por eso tiene el honor de estar de primero en dicha lista.
Después de un largo silencio el peliplata lo rompe al hablar.
—¿Cómo no recordar a tu abusivo hermano? —arrastra las palabras con desprecio y el otro solo le devuelve una sonrisa cínica.
Vanitas responde con sarcasmo el gusto de volver a encontrarse con el platinado. Dando la conversación finalizada al darle la espalda, se dirige a la casa aún con Sora amarrado a su cuello. En ese entonces, Riku entiende que ese fin de semana sería largo y muy problemático, principalmente por la silueta negra que pasa por el dintel.
…...
La casa de Sora no es muy grande pero es cómoda. Tiene 3 habitaciones: la principal donde duerme los padres, la de Vanitas en la que todos tiene prohibido entrar y la habitación de Sora.
Después de unos diez minutos nuestros tres personajes están sentados en la mesa del comedor teniendo una amena conversación… o eso es le dicen ellos.
El castaño se siente derrotado y molesto, tanto que le cuesta contener las lágrimas y respira pesadamente tratando de mantener la compostura ante esa situación tan injusta para él. Se quedó mudo al mirar a su desalmado hermano. Sora no acepta las palabras de su madre. ¿Cómo es posible que le negaría ir a pasar el fin de semana con los gemelos? Todo porque en un principio no esperaba que específicamente alguien decidiera llegar a casa sin avisar o dar rastros de su existencia. Después de tanto tiempo sin devolver las llamadas, sin ningún mensaje… pero ahí está con su sonrisa de medio lado que le recalca su gran victoria.
Riku se mantiene al margen de todo. Si bien, está disgustado por cómo se ha desarrollado los hechos, sabe que el pelinegro puede ser manipulador y despiadado, no obstante, no esperaba que le jodiera tanto la vida a su hermano. El platinado aprieta los puños del coraje, si no fuera por respeto a la señora Ayers le habría dado una gran golpiza.
El castaño agacha la cabeza para tomarse el tiempo de pensar cómo obtener algo a favor. Su madre en un principio le dio el permiso para poder ir sin ningún problema. Todo iba bien hasta que su hermano abre la boca para hacerla cambiar de opinión. Vanitas le había dicho a su madre que él había regresado con el objetivo de pasar tiempo en familia y que le ofendía el hecho de que Sora se fuera a jugar con sus amigos el mismo día de su llegada. ¿Cómo era posible que su querido hermanito prefiera pasar un fin de semana con sus amigos, que todos los días ve, a con su hermano mayor que ha estado años lejos de su hogar?
Es por eso que su madre cambió de opinión, diciéndole al menor que no iría a ningún lado porque debía pasar tiempo de caridad con Vanitas.
¡No todo está perdido! Sora sube la cabeza con determinación, sabe que su plan no fallaría, conoce bien su jugada para conseguir el permiso. Se levanta de la mesa y toma aire para gritar desde el comedor para que su madre, que se encuentra en la cocina, lo escuche.
—¡Mamá! Y si Vani… —calla al ser interrumpido por Vanitas que lo mira amenazante.
—No te atrevas a hacerlo —murmura entre dientes.
Los dos se retan en silencio. En ese entonces Elisa, la madre de los hermanos, entra a la habitación con unos guantes de cocina y un delantal.
Sora siempre describe a su progenitora como una hermosa mujer delgada, de piel bronceada, y con tiernos ojos azules como los suyos y el cabello largo y alborotado como la pesadilla de su hermano. En cuanto a personalidad es cariñosa y juguetona, cosa que le agrada. Por otro lado, es seria y rígida cuando se trata mantener las reglas establecidas en su hogar por ella misma.
—¿Qué pasa querido?
Riku como todas las veces desde que conoce a la señora Elisa siempre se impresiona con los cambios de actitud que puede tener en un segundo a otro, como en ese momento. Parece mentira que hace unos segundos esa mujer le gritaba a sus hijos porque no iba a tolerar una pelea, para luego regresar de la cocina con su amor maternal.
—Mamá que te parece si… y si Vanitas… —Sora aprovecha ese momento para usar su tono más dulce y suplicante—. Si Vanitas viene conmigo a pasar el fin de semana con mis amigos… Yo no estaría desobedeciéndote —dice lo último apresuradamente dando a entender su objetivo.
—Ni se te ocurra obligarme a ir a esa idiotez o estarás muerto —Rabea el pelinegro sentado en el otro extremo de la mesa rechina los dientes.
El ojidorado no va a perder su batalla por lo que decide hablar.
—¡Madre no lo escuches! —demanda al cruzar los brazos en su pecho.
—Vani quiero escuchar lo que tiene Sora por decirme —agrega de forma dulce mientras levanta la mano para callarlo.
Elisa voltea nuevamente hacia el menor. Mueve la cabeza como gesto para permitirle proseguir.
—Mamá sabes muy bien que muero de ganas por ir. Estaba pensando que si quieres que comparta buenos momentos con mi queridísimo hermano, el pondría venir con nosotros. —El ojiazul sonríe socarrón, mientras que a su hermano no le gusta en camino por donde se están yendo las cosas—. Además, según sus propias palabras él ansía pasar tiempo en familia, en especialmente conmigo. Y lo importante es que él y yo estemos juntos como buenos hermanos que se aman, después de 6 años sin verse. —Coloca sus brazos detrás de la cabeza en señal de victoria.
—¡MAMÁ ESA IDEA ES SIMPLEMENTE ABSURDA! —grita el otro decidido a empezar una rabieta.
—Vanitas, no se grita en esta casa cuando hay visitas —explica pausadamente y haciéndole entender entre líneas que si continúa tendrá graves consecuencias. Carraspea un momento, continúa—. Mi cielo —habla amorosa—. Creo que es una estupenda idea. —Se agacha y lo besa en la frente.
—Solo lo besa porque ese cerebro nunca tiene estupendas ideas —murmura el ojidorado para sí mismo, celoso.
—De esta manera se matan dos pájaros de un solo tiro —menciona la matriarca feliz—. ¡Esta decidido! Vanitas como la autoridad que tengo como tu madre te ordeno a ir a disfrutar de un lindo fin de semana con tu hermano y sus amigos.
—¡Pero mamá! —Se quejó el mencionado encolerizado.
Elisa sabe bien cómo manejar a sus hijos, ella los crió a los dos. Sin embargo, uno de ellos hasta los trece años antes de que se fuera de casa. Conoce una excelente forma de hacer que el mayor de sus hijos aceptara su mandado. Se acerca a Vanitas y lo abraza fuertemente.
—Mi hermoso hijo, sé que no he podido estar contigo por tus estudios, pe-pero que pases tiempo con el pequeño Sora me hace tan feliz. —Llora de forma dramática.
El menor tiene el pecho hinchado de orgullo. Todo salió perfecto, no puede estar más feliz. Ve a Riku que le dedica un pulgar en alto y una sutil sonrisa, y este le muestra los dientes con un leve sonrojo.
Ahora por fin puede ir a donde los gemelos. El único sacrificio que tomó fue el aceptar soportar por un fin de semana a su amargado hermano. Si pudo convivir con Vanitas por diez años cuando eran niños y salir medio ileso ¿Qué podría salir mal ahora que son más maduros?
—Está bien iré. —Acepta resignado—. Para que sepas mamá, acabas de condenar a tu hijo mayor a jugar a las pijamadas con Sora y sus tontos amigos.
—Que buen hijo eres. —Conmovida detiene el falso llanto y deja un gran beso la mejilla de su hijo.
—¡Muy bien! Es hora de irnos con mis tontos ami… ¡Oyé! No son tontos —reclama Sora.
—Espero que mis hermosos príncipes disfruten y la pasen de maravilla —finaliza Elisa antes de regresar a la cocina.
Una vez que la señora Ayers deja la habitación Vanitas se levanta de manera brusca. Esto provoca que Riku también se levante a la defensiva. El castaño se asusta ante esto, esperando una reacción por parte del pelinegro que solo procede a mirarlo fijamente.
—Te diré algo querido hermano —escupe el "querido"—. Te has sentenciado a muerte —dicta con la furia contenida. Sin decir más nada se retira a su habitación.
Sora solo puede visualizar como una sombra negra sube por las escaleras. Traga grueso y ahora solo piensa. Es un gran sacrificio. Pero, ahora la pregunta es ¿Qué no podría salir mal?
…...
Café Moguri. 5:20 p.m.
El acogedor café está más lleno que hace una hora, la música y las voces de los clientes le dan vida al lugar. Los gemelos deciden pedir unos postres de chocolate mientras esperan al resto.
—Sora se ha tardado mucho ¿No lo crees? —comenta Roxas con la vista perdida en los movimientos del pelirrojo, quien ha ido de un lugar a otro atendiendo a las personas y coqueteando con otras.
Ventus traga el último bocado de su pastel y se queda pensativo con la cuchara en la boca. A los segundos saca su celular y ve que marcan las 5:20 p.m.
—Debieron llegar hace media hora. Seguro Sora se distrajo con un gato callejero o algo. —Suspira y desvía la mirada hacia su plato vacío—. Quería invitarle su postre favorito —finaliza sin ánimos.
El gemelo mayor ve como el otro se encoge en su asiento. El ánimo de este ha disminuido desde que el pelirrojo se fue a atender a otras personas. Ven se ha percatado en como su hermano ha pedido una taza café una tras otra solo para llamar la atención de Axel.
El ambiente del café está muy animado, muy contrario a la de ellos que se encuentra muy deprimente por el hecho de que Sora no ha hecho acto de presencia.
—Puedes llamarlo a su teléfono. Sé que Sora tarda en contestar pero quizás solo se quedó un rato más en su casa —dice el mayor tratando de animar a su hermano, quien asiente con la cabeza mientras saca su celular de la chaqueta.
—Voy a llamarlo.
Roxas espera con paciencia que el castaño conteste la llamada pero cae el buzón de voz. Frunce el ceño y vuelve a marcar el número. Irritado guarda el teléfono cuando nuevamente la llamada es dirigida al buzón de voz.
Ventus fija la mirada en la entrada, a los segundos observa como unas orejas de Stich cruzan la puerta seguidamente de un alto peliplateado. Pudo reconocerlos al instante, el suéter de este tierno alienígena es reconocible donde lo vea, solo ha visto uno en todo Travese Twon. Al verlos siente que la paz lo invade, alejando todo rastro de inquietud y aura depresiva. Ventus levanta rápidamente las manos haciendo señas para que el par los ubique. Un Sora sudado y cansado toma asiento frente de él y Riku con su aspecto impecable y nada agotado toma asiento al lado del castaño. Ven se pregunta que pudo haber ocurrido para que el menor se encuentre en ese estado y también el por qué Riku nunca pierde su aspecto impecable.
Antes de que los gemelos digan palabra alguna, el castaño toma lo que queda del refresco de Ventus desesperado, se lo bebe de un solo sorbo y golpea estrepitosamente el vaso de vidrio contra la mesa. Sora se hunde en su asiento y pega el rostro contra la fría mesa para refrescarse.
¡Ahhh! Está tan… fría —dice ameno restregando su cara contra el frío metal—. Que rico —culmina con un tono suave y relajante.
—¿Sora qué demonios te pasó?- Roxas preocupado por su mejor amigo examina su aspecto agotado—. ¿Te viniste caminando?
Riku permanece callado, aunque no lo pareciera él también necesita un respiro por la larga caminata. Sora ignora las preguntas del rubio porque se encuentra muy agotado para un interrogatorio y además de que no deja de pensar en su detestable hermano.
—Ese desgraciado de Vanitas —responde algo casi inteligible con la boca pegada a la mesa.
—¿Vanitas? —preguntan al unísono los gemelos mirándose confundidos.
—¡Sí! El desalmado me hizo caminar hasta acá. —Alterado levanta su cabeza de la mesa—. ¿Pueden creerlo? Tiene un carísimo deportivo pero como venganza no me deja montarlo — comenta indignado —Y para colmo tengo que soportarlo un fin de semana. —Mucho más desanimado que antes se desparrama en la mesa rodeado de una aura depresiva.
—Sora ¿Quién es Vanitas? —pregunta el rubio menor.
Al no tener respuesta por parte del castaño, Ventus decide dirigirse al apacible Riku en busca que este disipe duda alguna.
—¿Tú sabes de qué o quién está hablando?
Antes de hablar, Riku asiente con un gesto más serio de lo normal.
—Es el hermano mayor de Sora —explica neutral.
—¡¿QUÉ?! —Nuevamente los rubios preguntan al mismo tiempo incrédulos por la información dicha, abriendo sus ojos por la impresión.
—Roxas entra en un estado de shock, su cara descolocada lo evidencia por completo. Su cerebro repite la palabra "hermano" una y otra vez sin encontrarle sentido alguno. En cambio Ventus se recompone un poco de su estado de confusión para terminar con sus dudas de si había escuchado la palabra correcta. Se aclara la voz y mira fijamente a Riku muy serio.
—¿He escuchado bien? ¿aca-acabas de decir her-hermano?
Riku asiente nuevamente sin inmutarse por la reacción de ambos.
El caos se genera cuando el gemelo menor vuelve en sí, posa su mirada en Sora, quien ignora toda la situación. Roxas parpadea varias veces y comienza a hablar indignado.
—Espera un momento… —La cara de Roxas refleja completa traición—. Tienes un hermano mayor y… —Lo acusa con el dedo—. Durante estos 6 años de amistad… no me dijiste absolutamente nada… ¿Cómo es posible que Riku lo conozca y yo no? ¡¿CÓMO ES POSIBLE ESO?! ¡ESTAMOS HABLANDO DE TU HERMANO! —sentencia colérico. Se levanta bruscamente de su asiento asustando a todos los presentes cercanos—. Veo que nuestra amistad no significa absolutamente nada para ti —agrega cruelmente arrastrando las palabras.
Por primera vez Ventus ve cómo su hermano le da la espalda a su mejor amigo. Sora asustado ve como el rubio se aleja apretando los puños y sin voltear a verlos.
La rabia consume cada parte del cuerpo de Roxas, simplemente no puede perdonar al castaño. Camina rápido para salir del lugar que durante el proceso tropieza con Axel.
—¡Ey, Roxas! ¿A dónde… —no termina su pregunta al ver como el otro pasa de largo. Intrigado ve hacia la mesa de sus amigos.
Sora se jala los cabellos frustrado. Ventus pierde de vista a su hermano al verlo salir. Riku sigue sin inmutarse ante el conflicto.
—Roxas debe de odiarme —lloriquea el castaño.
El rubio mayor intenta mantenerse en calma. Obviamente que él también se siente enojado ante la omisión de esa información, comprende completamente los sentimientos de su hermano, Roxas debe de sentirse desplazado por el platinado ¿Cómo era posible que Sora nunca le dijera eso? No es como si le dijeran que tiene un primo loco o algo así, en este caso estamos hablando de un hermano.
Ventus suspira, pone la mano en el hombro del menor para llamar su atención. Actuar como Roxas no lo llevaría a nada, lo que queda ahora es calmarlo.
—Supongo que tienes tus razones para no habernos dicho eso —habla con un tono tranquilo para generar empatía— ¿Cómo es tu hermano Sora?
El simple hecho de pensar en la crueldad del pelinegro hace que sus pupilas se dilaten del miedo. Comienza a voltear a todos lados para asegurarse que su endemoniado hermano no está escuchando lo que está por decir.
—Va-Vanitas es un ser malvado. —Toma una pausa para corroborar que el mencionado no se encuentra en el recinto. Traga grueso—. Tiene unos enormes ojos dorados que irradian maldad, cuando se molesta son como rayos laser que penetran tu cráneo. Tiene una sonrisa maquiavélica. Es tan malvado que estoy seguro que en las noches le salen colmillos y chupa la sangre de las inocentes vírgenes. No tiene piedad con nadie y mucho menos conmigo. Hasta… —Sus ojos se aguadan— ¡Hasta se llevó mi preciado "Meow Wow"! Más nunca lo he vuelto a ver.
Sora derrama lágrimas al terminar de contar su historia. Dejando a Ventus más preocupado y confundido. ¿Quién es realmente el hermano de Sora?
…...
Un viento frío golpea contra su rostro, la temperatura del día está bajando dando paso a la noche. Un hermoso cielo pintado de azul y naranja siendo decorado con esponjosas nubes rojas. El atardecer es su momento favorito del día porque le transmite serenidad. Eleva su cabeza al cielo con la esperanza de que su enojo se pierda entre esa hermosa vista.
—Agh ¡Maldición! —Grita Roxas desquitándose pateando una lata.
Sabe que no debió decirle esas cosas a Sora, la rabia no lo dejó pensar. Él realmente no deja que los sentimientos lo controlen de esa manera, siempre y cuando su familia y más apreciados no estén involucrados. El enojo lo sigue carcomiendo para no dejarlo tranquilizarse por un buen rato.
El ruido de un estrepitoso automóvil lo distrajo de su enojo acaparando ahora toda su atención. ¿Quién demonios era el pretencioso que iba a un café nada de lujo con un deportivo de ese estilo?
El ruido del motor no solamente llamó la atención de Roxas, sino de todo el personal y clientela. Las chicas con las cual el pelirrojo coqueteaba miran emocionadas a través del cristal de la ventana. Entre ellas se preguntan: ¿Será alguien rico?, ¿será alguien mayor? ¿estará casado? Y muchas otras preguntas más.
Por otro lado, Axel está embelesado admirando la belleza de la carrocería. Lo que más le fascina es el intenso color rojo del vehículo, no había visto muchos modelos así en su vida, el último que vio fue en la universidad perteneciente al líder de su extraño club.
Muchos esperan expectantes a que la puerta del conductor se abra y revele a su dueño. Lo que no esperan todos es que un joven cercano a los 20 años baje del vehículo. A las chicas les encanta ver a un hermoso joven con aspecto rebelde, en definitiva les atrae la fina ropa que posee y el cómo luce esta en él. Impresionando a sus hormonas femeninas rápidamente las tres se comienzan a arreglar, ponerse labial y a corroborar que no tengan un cabello fuera de su lugar.
Roxas quiere ser disimulado pero su asombro lo tiene embelesado en el rostro del hermano de su mejor amigo, sin quitar un momento la mirada se apena cuando esos arrogantes ojos dorados chocan con los suyos. El rubio se siente diminuto a su lado, el aura que transmite ese joven es en definitiva muy diferente a la de Sora. Vanitas solo le dedica una sonrisa prepotente mientras camina hacia la entrada de la cafetería.
Axel aprovecha el momento para colocarse frente al pelinegro pero al ver su rostro de cerca se queda en silencio unos segundos sin saber que decir. El otro le dedica una mueca de fastidio por estar estorbando su camino, al ver su disgusto el pelirrojo por fin comentar algo.
—Es un hermoso deportivo ¿Te lo compraron tus padres? —Axel no quiere sonar grosero y generar una mala idea, pero él no puede imaginarse que alguien tan joven tenga el suficiente poder adquisitivo para darse ese estilo de lujos.
—Es mío, lo compré con mi propio dinero. —Petulante el pelinegro le hace saber que él no es mantenido por nadie y mucho menos por sus padres—. Mis cuantas bancarias poseen muchos más ceros que las de ellos.
Incómodo ante esa respuesta decide cambiar de tema.
—Mi nombre es Axel, got it memorized? —Se señala la sien con la mano libre—. Si buscas al pequeño Sora, él está por aquella mesa. —Señala con la otra mano que sujeta una bandeja con tazas sucias.
—Vanitas —responde orgulloso, voltea la mirada hacia el lugar señalado y agrega—. Veo que conoces a mi tonto hermano.
Axel reflexiona cuando escucha la palabra "hermano" pero sale de su trance cuando su jefe le indica que vuelva al trabajo y termina por despedirse del pelinegro para volver a la cocina.
El de ojos dorados cambia su expresión facial a una de disgusto mientras se dirige donde se encuentra el castaño ignorando los fallidos intentos de las chicas de atraer su atención. Estando cerca, le da un golpe en la nuca a su hermano haciendo que este se queje del dolor y recibiendo malas miradas por parte de sus acompañantes. Deja caer en el centro de la mesa una bolsa pequeña, sujeta una silla cercana, la voltea para tomar asiento y poner sus brazos en el respaldar en el cual recuesta su barbilla.
Sin esperar alguna palabra de sus espectadores decide sacar a flote su antipática personalidad.
—¿Las fotocopias son parte de tu club? —pregunta insolente, cosa que descoloca al gemelo mayor.
—¡Son mis amigos, idiota! —reclama enfrentándolo
Ventus ve como los dos chicos echan chispa por los ojos. Receloso decide aligerar la tensión
—Eh, supongo que tú eres Vanitas el hermano mayor de Sora —comenta el rubio inseguro.
Los ojos dorados se posan en los azules cielo, puede observar que esos ojos son en definitiva del mismo color de su pequeño hermano, pero lo que estos trasmiten es muy diferente. Detalla bien su rostro tratando de buscar diferencias con respecto al chico que se encontró maldiciendo en la entrada, no pudo encontrar una más que la simple ropa.
Ventus apenado se hunde mucho más en su asiento, le incomoda con demasía la mirada crítica que le da el otro, esperando salir de esa situación nada grata traga grueso cuando percibe como se sienta a su lado el pelinegro. El otro observa su rostro mucho más de cerca sin siquiera parpadear.
—No le encuentro… ninguna diferencia- Murmura Vanitas para sí con una mano en su barbilla.
El gemelo comienza a sudar frío, no le gusta que un desconocido invada de esa manera su espacio personal, literalmente su rostro está a pocos centímetros del otro. Su alma vuelve a su cuerpo cuando escucha la voz de su hermano salvarle.
Roxas sigue molesto con Sora pero su curiosidad por conocer a ese pelinegro pretencioso pudo mucho más que su orgullo, por eso con disgusto regresa a la mesa donde se encuentran. Frunce el ceño al ver la cara de incomodidad que tiene su gemelo por tener a ese desconocido tan cerca, siendo él de gran ayuda le ordena que se aleje. Roxas de vez en cuando tiende a ser muy posesivo con Sora y su hermano, es su forma de demostrar el gran cariño y estima que les tiene.
Vanitas se aleja automáticamente haciendo caso a esas palabras, no tiene ganas de generar una discusión por su atrevimiento, por lo que con un pesado bufido regresa a su lugar. En eso el gemelo menor se ubica al lado de su hermano.
—En efecto me llamo Vanitas y soy el hermano de este idiota. —No toma en cuenta la mirada fulminante que le dirige el peliplata y a los reclamos del menor del grupo—. ¿Ustedes son?
—Yo soy Ventus y él es mi hermano Roxas —responde extendiendo su mano cortésmente, sin embargo el pelinegro ni se inmuta en corresponderle, ante su acción retira su mano de forma lenta e incómoda.
Roxas aprieta los puños y frunce el ceño, no le gustan que traten así al amable Ventus.
—¿Quién de los dos es el mayor?
Los gemelos se miran entre sí confundidos ante tal pregunta que no esperaban.
—Ventus es el mayor de los dos —responde Sora desconfiando de la intenciones del otro— ¿Para qué demonios quieres saber eso?
—Solo quiero saber quién de los dos es la copia barata —culmina sin darle ninguna importancia al asunto.
Roxas queda estupefacto ante tal insulto, mientras que su gemelo se cuestiona si es posible que pelinegro sea más insoportable. Riku disfruta la cara descolocada del rubio y Sora manifiesta su gran enfado con la mirada.
Una hermosa manera para empezar el fin de semana, sin duda será muy entretenida pero quizás no de la forma en que ellos esperan.
Los minutos pasan en un silencio incómodo. Sora y Vanitas de vez en cuando realizan guerra de miradas, los gemelos están cada uno en su celular sin ningún interés y el peliplata está alerta de que el de ojos dorados no decida hacer una de sus desagradables jugadas al menor. Cualquiera que pasara por su lado se daría cuenta del ambiente tan tenso que podría cortarse fácilmente con un cuchillo de mantequilla.
Vanitas ya aburrido de la situación posa sus ojos en la bolsa que ha dejado en la mesa, recordando algo que le da calosfríos. La imagen de su madre reclamándole le vino a la mente. Minutos antes de que saliera de su casa, Elisa le detuvo para entregarle una bolsa de galletas que hizo exclusivamente para Sora y si se enteraba que no se las comía el mencionado, de seguro algo malo le pasaría. Él ya había comido suficientes galletas hechas por su madre pero las que se hallan en esa bolsa aparentemente son más especiales que la que comió cuando llegó. Sin llegar a entender por qué su madre no le dio una bolsa igual y en especial la estricta orden de darle a su hermano la bolsa mañana 14 de febrero, es decir en San Valentín.
La inoportuna atención del pelinegro hacia ese envoltorio de plástico picó la curiosidad de Sora, como todo fisgón que es no duda en preguntar sobre su contenido.
—¿Vanitas qué hay en esta bolsa? —Acerca su mano con intenciones de agarrarla, mas su hermano es rápido e impide que otro pueda rosarla.
—Es una bolsa con galletas que te mandó mamá. —De inmediato la cara del castaño se alumbra y su boca comienza a hacerle agua, deseoso de poder obtener esa bolsa de azúcar en su sangre.
Sora se abalanza hacia la mano de Vanitas que tiene las galletas, no llega a su objetivo porque la otra mano lo detiene, frustrando su cometido.
—No, no…- Vanitas agita la bolsa divertido, mientras niega con su dedo—. Madre fue muy estricta cuando me dijo que te las entregara a partir de mañana. —El menor se desilusiona con lo dicho. Ese cambio de expresión divierte mucho al de ojos dorados, motivándolo a practicar su deporte favorito "molestar a su tonto hermano" —. Pero… puede que yo me las coma primero. —Forma una sonrisa socarrona.
—¡No te atreverías!
—Si no me crees solo tienes que observarme —amenaza al menor.
El castaño piensa que para salirse con la suya tendrá que hacer mención de su madre, la única persona a la que sabe que su hermano nunca va a contradecir ni desobedecer.
—Le diré a mamá que te las comiste. —Le saca la lengua y cruzas sus brazos de forma infantil.
Vanitas burlón ignora lo que posiblemente se vuelva un berrinche de niño pequeño.
—¿Qué es lo procede ahora? ¿Morirnos aquí sentados sin nada interesante que hacer como los perdedores que son o iremos a la casa de los clones de sombra para jugar a las pijamadas?
Los gemelos gruñen bajo.
Ventus, piensa que la única forma de hacer que su grandiosa idea de pasar varios días con sus amigos no se vaya a la mierda es aprendiendo a tolerar e ignorar al recién llegado. Nuevamente desea ser cortes, ya que considera que es la única forma de aligerar las cosas.
—Estamos esperando que nuestro amigo Axel termine su turno, que por cierto dijo que termina a las 6, es decir que nos faltan todavía 10 minutos.
—Genial, no seré yo solo el que haga el papel de niñera.
Todos los presentes pegan un pequeño brinco en su asiento cuando Roxas golpea la mesa con sus dos manos y acto seguido se levanta. Ventus observa como han conseguido la atención de la mesas cercanas, seguro deben de estar pensando que son unos chicos rebeldes busca pleito, siendo una actitud toda contradictoria a lo que le ha enseñado su estricta madre.
—Disculpen, tengo que ir al baño. —En el momento que todos lo ven caminar agrega—. ¡Sora acompáñame!
—¿Eh? ¿Yo? —Se señala así mismo—. Pero si no tengo ganas de hacer pis Roxas.
El rubio le dirige una dura mirada, sin refutar el castaño entiende el mensaje y se levanta obediente a las órdenes de su amigo. Los tres ven como lo dos menores se marchan, nuevamente el silencio incómodo reina en el ambiente.
—Esto empieza a aburrirme —expresa el de ojos dorados jugando con las servilletas de la mesa— ¡Viento llévame a tu casa! —Le lanza la bola de papel.
—Es Ventus —corrige con una sonrisa falsa. Ven siente como una vena palpita en su sien, al paso que van su paciencia se verá reducida al tamaño de un átomo —¿Por qué tengo que llevarte a mi casa?
—¿No es ahí donde se van a pasar la noche?
El rubio asiente.
—Ahí tienes tu respuesta. —Se levanta llevándose la bolsa de galletas—. Tú me irás indicando la dirección, ya yo estoy muy aburrido de estar aquí. —Sin esperar respuesta sale sacando de su bolsillo las llaves de su auto.
Ventus le pregunta en silencio a Riku quien solo asiente con la cabeza respondiendo.
—Yo me encargo de Sora y de los demás.
El rubio resignado decide seguir al pelinegro, era mejor hacerle caso antes de que las cosas se pudiesen salir de control.
Ventus observa el automóvil desde lejos admirando su diseño. Sinceramente él se estaría mintiendo si negase que no está nervioso y ansioso, es la primera vez que tendrá la oportunidad de experimentar que es montar un deportivo. Al abrir la puerta y sentarse en el asiento del copiloto un olor exquisito entre vainilla y coco entraron por sus fosas nasales. Ven pudo sentir la comodidad del asiento de cuero. Él no sabe nada sobre autos pero todo el interior se ve nuevo, pulcro y costoso. No podría costearse uno hasta consiguiese un trabajo digno después de graduarse en la universidad y por supuesto al ya tener todas sus principales necesidades cubiertas. ¿Qué tipo de trabajo tiene Vanitas? ¿Qué tipo de drogas vende? o ¿A quién tuvo que matar el pelinegro para heredar una fortuna? Muchas preguntas se formulan una tras otra.
Vanitas aspira su cigarrillo electrónico con mucha calma mientras observa a su acompañante perdido en sus pensamientos. Está muy disgustado, no quiere estar allí socializando con gente que no conoce, sus planes eran tirarse en su cama y dormir la cantidad de horas que no ha podido disfrutar por su trabajo. Para luego al despertar darse un gran baño de agua caliente y bajar a comer una deliciosa cena casera hecha por su madre. Extraña esos pequeños momentos que pasaban en familia.
Ventus sale de su ensimismamiento cuando una bola de humo circular da en su rostro. No es el olor a nicotina lo que recibe, al contrario de ese olor desagradable que su madre lo despellejaría vivo si encuentra su ropa impregnada a cigarro, nuevamente aspira ese delicioso olor a vainilla mezclado con coco, un aroma que fácilmente se puede volver adicto a ella. Observa ese aparato con esencias a olores exquisitos, las cuales podían o no tener nicotina, algunas personas lo usan para dejar de fumar o por moda, como ha visto a varios jóvenes cuando salía a pasear al parque con su exnovia. ¿Cuál será el motivo del mayor para consumir algo como eso?
El rugido del motor al encenderse genera una sonrisa en Vanitas, entre todos los lujos que se ha dado y se puede dar, está muy satisfecho con esa increíble adquisición. Lo considera como su juguete favorito.
—¡Muy bien! Ve diciéndome cuál es el camino.
—Mi casa queda en el pueblo cercano, llamado Twilight Tow, son 20 minutos de camino y con tráfico puede llegar a 30 minu… —Toma una pausa cayendo en cuenta sobre algo— ¿Por qué no usas tu GPS?
—Podría llegar fácilmente pero no tendría forma alguna de entrar a tu casa sin una llave, además, tengo tanto tiempo sin estar pasar por estas calles que me gusta la idea de tener un guía turístico personal. Sujétate bien, llegaremos en 15 minutos. —Sonríe de forma coqueta, cosa que a al rubio avergüenza y pinta sus mejillas de un leve rojo casi perceptible.
El rubio le ruega a todos los dioses posibles que conoce el no provocar un accidente y morir tan joven teniendo una larga vida por delante.o una larga vida por delante.
