Capítulo 5. Olvido
Todo está mal, absolutamente todo, ya se ve tres metros bajo tierra siendo sepultado a su joven y cortar edad, nunca podrá casarse ni tener hijos. La mala suerte y la desgracia lo habían llevado a esto… un completo caos, o eso es lo que piensa Ventus mientras se jala sus cabellos dando vueltas en círculos viendo el desastre que le rodea. Está a punto de tener un ataque, la ansiedad está por consumirlo, quiere gritar, llorar, reírse y huir de su desgracia, ni el dolor de su cabeza debido a la resaca puede apaciguar el desbarajuste interior del joven. Cada tanto saca cálculos matemáticos en voz alta de las horas faltantes para la llegada de sus padres y así comenzar a sacar las probabilidades de encontrar la mejor solución y rogándoles a todos los dioses que ha conocido a través de libros y series que la suerte esté por un momento de su lado.
Se detiene en seco al caer en cuenta que cada vez le cuesta respirar más a punto de perder la cordura. Respira hondo por la boca con un intento de controlarse, debe tomar la calma, así no puede solucionar nada, además que la resaca le recalca su imprudencia de anoche. Lastimosamente no recuerda nada de lo que pasó o como las cosas llegaron hasta ese estado, ni muchos menos puede tener la leve idea de dónde están los demás. No hay ningún rastro de vida cercano a él.
—¿Por qué no puedo recordar nada? ¿Qué fue lo que pasó aquí? —comenta para sí misto en un vago intento de recordar algo.
Él nunca ha tenido una mala memoria, más bien era muy hábil para su edad mas el alcohol le había jugado de mala manera.
—¡Agh! —Se sostiene la cabeza con ambas manos—. Cada vez que intento recordar siento que mi mente va a explotar. ¿Dónde demonio estará Roxas? —Frustrado respira para hacer que el oxígeno llegue a su cerebro, que permite un mejor funcionamiento del órgano—. Lo último que recuerdo fue jugar Just dance y… bailamos un grupo coreano que impresionantemente al hermano de Sora le gusta… Pero, ¿qué pasó después?
Fija su vista el televisor para observar a la consola debajo de esta y así confirmar que no era algo que había soñado pero el desastre no le daba alguna otra pista.
Rendido por los momentos arrastra los pies con pasos lentos apoyándose de las paredes y demás objetos para evitar caerse, cada cierto tiempo se tapa los ojos con la mano libre por la luz solar que invade la sala a través de las cortinas. Al llegar frente a la puerta del baño del planta baja piensa que necesita con urgencia tomarse una pastilla para su dolor de cabeza, como también refrescarse el rostro y quitarse el olor al alcohol. Gira la perilla con pereza pero la misma no cede, confundido vuelve a girarla pero no se produce ninguna novedad, duda un poco al tocar la puerta con golpes suaves. No hay respuesta, extrañado, lo intenta nuevamente.
—¿Hay alguien ahí? —"Dum, dum" — ¿Hola? —Pega su oreja en la fría madera para escuchar nada más que silencio.
Lo más probable es que no haya nadie adentro y que de alguna manera la puerta ha quedado trabada, siendo esto añadido a la lista de cosas por hacer redirige su trayecto al baño de la planta superior que comparte con su hermano. Le toma mucho esfuerzo subir las escaleras que por primera vez en años le parecen una infinita tortura, su cuerpo aún entumecido indica lo incómodo que es pasar una noche en el rígido suelo en vez de su acolchada cama. Al estar arriba reconoce que la tormenta del caos no hizo no llegó por esos lares, siendo un alivio al significar menos que limpiar.
Mucho más calmado abre la puerta de baño relajando su respiración, agarra un poco de agua con las manos, la frescura lo invade para terminar de despertarlo y de hacerlo sentir más centrado, por último ingiere las pastillas que están a tras del espejo.
—¡Buff! Bien Ventus, estás completamente destruido —se habla en voz baja mirando su reflejo, su horrendas ojeras y ropas resaltan lo desaliñado que está—. Eres tan patético… —Frunce su ceño en un intento de recordar más aunque el dolor es lo único que se hace presente—. No puedo recordar y tengo un mal presentimiento de todo esto.
Cayendo en cuenta que hasta ahora no le ha dado importancia a la hora del día, busca su celular no encontrándolo en ninguno de sus bolsillos. "Quizás se me cayó al suelo mientras dormía, espero no haberlo perdido en serio... ¿Hasta qué hora nos quedamos despiertos?" Voltea hacia la ventana viendo como la intensa luz del sol atraviesa los cristales "es más del mediodía… ¿Dónde está Roxas?
Con pasos pesados camina hacia la habitación de su gemelo esperando encontrarlo ahí, pensando que posiblemente este si haya tenido la oportunidad de poder dormir cómodamente en su cama y no en un tieso piso de cerámica como él. Al girar la perilla y abrir lentamente la puerta genera un chirrido casi macabro como en la películas de terror, siente un calosfrío recorrer su espina dorsal, la escaza luz no le permite definir la figura que duerme rítmicamente sobre el colchón, temeroso enciende la luz cegándolo por momentos mientras sus ojos se acostumbran a la habitación iluminada. Al divisar esa reconocible cabellera rubia el coraje lo inunda.
No es justo
Él ocasiona todo este desastre y tiene el privilegio de dormir cómodo.
Con una sonrisa traviesa abre la puerta lo máximo que puede para después contener el aliento por lo que está a punto de hacer.
¡Boom!
El estruendoso golpe penetra en los tímpanos sobresaltándolo de su siesta, logrando su cometido, su hermano comienza a gritar hecho una furia contra la persona que acaba de torturar a su cerebro. Sin percatarse que el culpable de lo ocurrido es su mismo gemelo, se lleva ambas manos hasta su cabeza con un vago intento de apaciguar el dolo, sin embargo, su mano izquierda nunca llega hasta su objetivo quedando a mitad de camino, jala nuevamente su mano atorada produciéndole un calambre e irritante malestar. Ventus se rié internamente por las reacciones de su hermano, era de esperare ya que este no tiene mucha paciencia y la mayoría de las veces que se molesta le salen por la boca varias obscenidades.
Nada es preocupante hasta que fija su mirada en el rostro de su hermano, palidece de momento abriendo la boca de asombro, pareciera que unos matones se encargaron de desquitarse con Roxas, su ojo derecho se encuentra hinchado y con leves tonos morados como también parte de la mejilla y labios con raspones y sangre seca. Ventus se formulan múltiples preguntas como ¿Quién hizo esto? ¿Hubo una pelea anoche? ¿Tendrá más golpes en todo su cuerpo?
—¿Pero qué mierda? No puedo mover. —Siente su muñeca atrapada e inmóvil por algo frío que le rodea— ¡¿Y estas esposas?!
Roxas se queja haciendo una rabieta intentando liberarse del metal que le aprisiona mas lo único que logra es hacerse más daño, al contrario de su gemelo ahoga un grito al ver su situación y se apresura a auxiliarlo.
—¡Ventus quítame esta basura! Ahg… Siento que mi rostro fue un saco de boxeo.
—¡Oh mi Dios! ¿Roxas, qué te sucedió? ¿Cómo fue que terminaste así? —El mencionado niega con la cabeza alegando que no recuerda nada— ¿Te duele mucho? —pregunta preocupado tocando la zona afectada con la punta del dedo.
—¡Auch! Me duele como los mil demonios, pero no importa ahora solo quítame esta porquería.
La habitación está hecho un desorden, hay muchos objetos regados por los estantes y el suelo, además que debajo de la cama solo hay una capa de polvo, sin ningún rastro de la pequeña llave plateada Ventus vuelve a alterarse desahogando su frustración con su hermano.
—Te dije que era una mala idea ¡Ahora todo esto es un desastre! —comienza gritar—. Tu ojo hinchado, las esposas, la casa, mi relación con Mei… —Enumera todo con rapidez sin darle mucho tiempo de respirar.
—Ventus, por favor cállate… —interrumpe cansado—. En este preciso momento no estoy para uno de tus regaños… ¿Espera qué? ¿Qué tiene mi ojo?
—E-está hinchado al estilo el jorobado de Notre Dame y cada vez está más morado, es como si hubieras recibido una paliza.
—Eso explica porqué me duele simplemente parpadear. —Intenta pararse con la intención de mirarse en el espejo olvidando que sigue aprisionado— ¿Por qué nuestra madre tiene estas cosas en casa? Alistarse al ejército le ha arruinado el cerebro.
—¡Roxas!- le reclama
—Ya… ya… juro que mataré al responsable de esto.
—Aquí no está la llave… —Se sienta a su lado agotado mentalmente.
—Solo recuerdo de anoche unas partidas de póker que absurdamente ganó Sora.
Ventus acomoda algunos mechones de su hermano detrás de su oreja, para contemplar bien el hematoma.
—La persona que te hizo esto tenía muchos deseos de destrozarte la cara... —calla por unos momentos sin saber bien como decir lo siguiente—. Rox, no llevo mucho tiempo despierto y tampoco he revisado bien la casa, pero no he visto a ninguno de nuestros amigos ¿crees que estén bien?
Tomando la atención completa de su gemelo se miran directamente a los ojos mostrando completa preocupación. Si Roxas ha terminado en su cama esposado con un tremendo golpe en el ojo sin apenas recordar nada de anoche ¿Cómo habrán terminado los demás?
—Ventus ¿Dónde está Sora? ¿Será que la persona que me agredió le… le hizo algo también?
Ventus abre sus ojos de la sorpresa al analizar que la falta de los demás puede significar que haya pasado algo muy malo. Aterrado se levanta rápido corriendo y soportando el dolor de su todavía adolorido cuerpo, abre con rapidez la puerta de su cuarto al ser el más cercano y sin pensarlo mucho grita el nombre del menor.
—¡Sora!
Entre las sábanas sobresale una cabellera oscura y puntiaguda, le entra el alivio al forzar la vista al visualizar al castaño enrollado descansando plácidamente, sin embargo, comienza a dudar al encender la luz y acercase al chico.
—Sora despier...- Se calla al escuchar gruñidos muchos más gruesos.
Un momento, ese no es el tierno castaño, es…
—¿Vanitas, eres tú?
—No… Soy Iron Man imbécil. —responde malhumorado—. Ahora cállate y déjame dormir de una puta vez.
—Eish, no me hables así —responde disgustado por el poco tacto del otro— No me importa. Vanitas debes levantarte— lo sacude un poco.
—No pienso ir a esa maldita entrevista —contesta con una voz gruesa y adormilada, ocultándose más entre las sábanas dando completamente la espalda al rubio.
—¿Entrevista? ¿De qué hablas?
Con la paciencia al límite responde con otro gruñido alegando que no va a despegarse de la cómoda cama, ni porque le echen una jarra de agua fría, como anteriores veces ha sucedido.
Ventus al entender que el otro no va a obedecerlo elige la fuerza bruta al halar las sábanas que no ceden mucho por la fuerza del pelinegro, que es mucho más de lo que esperaba. Al forcejar por ambas partes Vanitas comienza a enfurecerse de ser interrumpido e inicia una discusión.
—No voy a ir a esa ¡Mal-di-ta! entrevista, estoy harto de trabajar con una desgraciada agenta apretada. —Hala con mayor fuerza la tela y desesperación—. No tienes el derecho de explotarme aunque seas mi ¡manage!…- en el momento que la tela es retirada por completo el pelinegro se da media vuelta para encarar a la persona que ocasiona su mayor dolor de cabeza para gritarle que se vaya al diablo— ¿Ve-Ventus? ¿Qué demonios haces aquí?
—Estas es mi habitación genio —declara con obviedad, causando que el mayor se percate que no se encuentra en el lugar que soñaba—. Soy yo el que debería preguntarte ¿Qué haces en mi habitación y qué fue eso último que dijiste? — pregunta con burla por la palidez y desorientación del ojos dorados.
—Nada —responde secamente desviando su mirada del gemelo avergonzado por haberlo confundido con otra persona.
—¿Estabas soñando? —pregunta divertido
-—Creo que estás imaginando cosas —corta para que no pregunte nada más. Con un bostezo talla su rostro con dificultad—. Maldi… Siento que en mi cabeza se celebra el fin de año ¿Qué mierda nos dio de beber el fosforito ese?
Ventus lo observa y reconoce que al igual que él y su hermano no recuerdan nada. Pero, el chico a diferencia de Roxas está ileso, no tiene alguna marca ni está esposado a su cama, y esa última parte le da gracias a dios por evitar eso porque sería una terrible imagen mental muy difícil de borrar.
—¡Ventus! ¡Ventus! —Hacen aparición a lo lejos los gritos desesperados de su hermano.
Vanitas sube su mirada y fulmina molesto de donde proviene el ruido, ideando que debería callarse de una puta vez si no quería que le cosiera la boca sin un poco de anestesia.
—Has que tu fotocopia se calle o yo mismo lo haré —amenaza Vanitas levantándose de la cama.
—¡¿Tú esposaste a mi hermano en su cama?! —lo acusa pero al mismo tiempo pregunta.
—¿Qué? —ríe divertido ante la ocurrencia tan absurda— ¿Por qué me estás acusando de tener algún fetiche sexual con tu copia barata?
—Olvídalo, entonces no fuiste tú —susurra lo último para sí mismo.
Un poco de luz ilumina un parte de toda la neblina de su mente, con pasos rápidos deja al pelinegro aturdido y con las esperanzas que su memoria no le engaña, llega a la habitación de sus padres en busca de ese pequeño objeto plateado. Tanto en la habitación como en el baño no hay rastros de que una persona haya estado en las últimas 24 horas, solo resaltan en una esquina un par de gavetas abiertas. Ventus que sí sabe bien las mimas contienen objetos muy peculiares de su madre y por el miedo a encontrar algo indebido nunca se ha interesado en chismosear su contenido, resignado a ese momento la única pista de utilidad es ahí adentro.
Mete la mano revolviendo sin éxito de encontrar el duplicado de las llaves, frustrado voltea todo su contenido haciendo que las cosas se esparzan por el piso, dando finalmente con el repuesto de las esposas.
Se devuelve por el pasillo con una sonrisa de triunfo, alabando a su ego por así de observador, sin embargo, al llegar Roxas solo le dedica un ceño fruncido y con recriminaciones de que por un momento se sintió abandonado. El hermano mayor ignora ese tal hecho y comenta con gran alegría que ha encontrado la pequeña llave gris mostrando dicho objeto colgando de su dedo índice y pulgar. Roxas celebra mentalmente al analizar que por fin su muñeca será libre de tal sufrimiento.
—¡Vaya! tú sí que tuviste mucha diversión anoche, eh. —La voz sugerente de Vanitas hace acto de presencia que divertido observa el panorama que le muestran. Ahora después de echarse un poco de agua para aclarase se encuentra más despierto y con un mejor humor—. Yo pensando que es a tu hermano el que le gusta ese estilo de juegos en la cama.
Los gemelos se sonrojan entendiendo la burla anteriormente dicha, por una parte Roxas se dedica a insultar a recién llegado y a exigir que lo suelten, y Ventus lo acusa con la mirada, deteniendo sus acciones para escanearlo y encontrar la verdad ante esas palabras dichas.
—¿De verdad no tuviste nada que ver? —Seguido de esa pregunta Roxas se paraliza en su lugar asustado por las ideas que se está planteado su hermano, dejándolo en shock al sentirse violado, que a decir verdad el llegar a esa idea es completamente absurda porque no siente ningún tipo de dolor o incomodidad en su parte trasera.
—Lo siento por matar tus ilusiones de detective, pero debo aclarar que no soy fan de las imitaciones, prefiero lo original, ya sabes, lo de marca —aclara desinteresadamente subiendo una ceja siendo pasado de alto por los hermanos al no entender la referencia.
Ventus con mucho cuidado utiliza la llave para soltar a su hermano que con un suspiro de libertad toca su mano en la zona afectada totalmente entumecida por la posición, el rubio mayor se retira del recinto cantando su victoria, dejando a los otro dos en un incómodo silencio.
—Ventus… —Roxas rompe el silencio para aligerar el ambiente, no le gusta que esos ojos dorados escruten mucho en su habitación—. Ventus me dijo que no hay rastro de Sora o de los demás chicos.
Las perlas doradas voltean rudamente hacia el rubio, indagando con un poco de asombro si sus palabras son ciertas, seguido de unos segundos sin decir nada el mayor se retira en busca de su hermano, razonando que una de las formas más rápidas de contactarlo es a través del teléfono, lo saca de su bolsillo desbloqueándolo inmediatamente, el reloj indica que son las 2:30 p.m. eso quiere decir que pasó toda la mañana durmiendo o es eso llega a deducir.
Teclea sobre el contacto registrado como "El mocoso" que comienza a repicar. Si algo le ha sucedido a su hermano bajo su tutela está seguro que su madre será capaz de confiscar todo su dinero por la cual ha trabajado durante todos estos años que ha estado afuera. Arruga su entrecejo al caer la contestadora llevándolo a llamar nuevamente mientras se forma en su garganta un mal presentimiento.
Sin éxito baja las escaleras para seguir con su búsqueda pero el gemelo menor le bloquea el paso al estar petrificado en el último escalón observando el caos ocasionado. La vista es lo más parecida a esas películas de facultad donde hay mucho sexo, drogas y alcohol, sin embargo, lo último es lo único que no se aleja a la realidad. Vanitas impresionado, sin palabras que decir, siente los pasos apresurados de Ventus acercándose a ellos, le da a cada uno un par de pastillas y agua para pasarlas de un trago.
—Tengan, es lo mejor que puedo darles.
—V-Ventus… La casa… Mamá… va a matarnos… iremos a la escuela militar —tartamudea con sus grandes ojos fijos en un punto en específico, sin apartarlo en ningún momento.
Su reflejo cruza de brazos con el ceño fruncido listo para empezar su reclamo como todo hermano mayor debe.
—Esto lo provocaste tú al ignorar mis advertencias, te dije claramente que era una estúpida idea caer ante la persuasión del alcohol y aun sabiendo que somos menores de edad y sin supervisión de un adulto responsable, porque ambos sabemos que la edad que tiene Axel no indica que sea una persona responsable. Además, que nunca puedes negarte a las locuras del pelirrojo. Ambos somos culpables, yo por no poder detenerte y tú por no escucharme, pero según nuestro acuerdo debes hacerte responsable de todo esto y limpiar todo antes de que nuestros padres regresen.
-Pero Ventus….
-Nada de peros, tú mismo dijiste que te encargarás de hacer los quehaceres de la casa por un mes. Bien, ya puedes empezar desde hoy.
-Pero…
-Nada de peros- Ventus no baja su firmeza ante su hermano.
-¡Cállate y mira!- señala con el índice el jarrón favorito de su madre hecho trozos en el piso, que su gemelo no había visto por estar dándole la espalda, apenas Ventus comprende lo que el otro quiere decirle correr desesperado hacia el objeto.
-¡No!, no, no, no puede ser… Tiene que haber una forma para- Se tira al piso agarrando las piezas con las manos para poder intentar reconstruir lo irrecuperable.
Este jarrón traído de la china es una pieza invaluable que su madre recibió de regalo de un diseñador famoso que trabaja para la revista de fotografía que tienen sus padres.
Una mano fría sujeta su brazo para detenerlo y evitar que se pueda cortar con los fragmentos. Ventus con los ojos llorosos sube la vista y los enfoca hacia algo que le provoca un ataque de pánico. Sin saber cómo encontrar un argumento lógico, parte de la cortina se encuentra negra, quedando como evidencia el pedazo faltante que fue consumida por el fuego, en definitiva son cosas que sus padres notarán sin importar sus esfuerzos.
Su respiración errática no le permite contener aire en sus pulmones, la presión que siente en el pecho es horrible, sintiéndose asfixiado, las náuseas y la sudoración aparecen a penas a los segundos. Ventus por muy tranquilo y calmado que se pueda ver comparado con su gemelo, ha presentado a lo largo de su corta vida varios episodios de ataques de ansiedad y pánico que tienen a ser poco frecuentes, pero aparecen principalmente cuando su zona de confort se mueve en demasía o cuando algo se sale por completo de su control.
Los presentes prestan atención a la crisis por la que pasa el rubio, por lo cual Vanitas se apresura a sentar a Ventus en el mueble para evitar que se caiga o se lastime. Desorientado por lo que acontece, el pelinegro le comenta que no es algo tan grave, no hay necesidad de reaccionar de esa forma. Claramente al sentir que no es escuchado posa sus ojos dorados en Roxas en busca de una explicación.
—¡Ventus! Tienes que calmarte. —Se acerca y posa sus manos en las mejillas de su hermano para que este concentre su vista en él—. Ventus mírame. Estás teniendo un ataque de pánico —con una voz dulce intenta calmarlo pero solo logra que la hiperventilación empeore.
—Que-quemada…
—No puedes permitir que empeore o tendremos que llevarte al hospital.
—Ventus ¿me escuchas? —El mencionado solo lo mira fijamente—. Para evitar que empeore el ataque que estas sufriendo debes escucharme. —Roxas ve como el pelinegro habla seriamente con un tono fuerte pero nada intimidador—. Lo primero que debes hacer es reconocer tu miedo y no verlo como algo malo, es importante que durante el proceso respires lentamente. Vamos a inhalar, lo harás conmigo Ventus ¿Entendiste?
El mencionado asiente con la cabeza aún si poder calmar los pálpitos de su corazón, sin embargo, presta atención a las indicaciones de Vanitas
—Inhala —El pelinegro aspira el aire siendo seguido con dificultad. Los pulmones de Ventus con lentitud se llenan de oxígeno—. Exhala.
Deja salir todo ese aire junto con un gran peso.
—Funciona…
—Ahora contaremos hacia atrás —le explica al ver como el rubio disminuye el ritmo de su pecho.
—cinco… cuatro… —comienza el pelinegro con voz alta
—Tres… dos… uno.
—Ahora deja salir, todo el aire retenido y piensa que está bien tener miedo —habla Vanitas con un tono dulce, recibiendo un asentimiento inseguro como respuesta.
Vanitas se levanta.
—Todo tiene solución no hay que precipitarnos, podemos arreglar todo eso, y lo que no… —Observa el jarrón en el suelo—. Repondremos uno nuevo lo más parecido posible. Esto no hará que sus padres no los castiguen pero va aligerar las cosas. Pero por ahora lo más importante es mantener la calma y encontrar a Sora.
Ventus ya mucho más tranquilo y avergonzado por sus acciones agrace a ambos por la ayuda. Ambos hermanos se acercan para unirse en un abrazo de consuelo.
—No te estreses tanto.
—He… he llamado a Sora varias veces pero no contesta. —Rompe la burbuja creada por ambos
—Eso me recuerda que no encuentro mi teléfono —agrega Roxas
—Ni yo el mío.
Soltando un suspiro cansado piensa en una solución, solo se le ocurre separarse para buscar y estando todos de acuerdo comienzan con la búsqueda de los demás por lo que queda de la casa.
Diez minutos más tarde los tres se reúnen en el salón principal, sin ninguna novedad de Sora, ni de Riku y Axel.
Lastimosamente ellos siguen desaparecidos así como también el teléfono de Roxas.
—Lo único que encontramos fue mi celular debajo de la mesa —comenta cada vez más preocupado.
—¿Puedes ver si hay alguna llamada anoche o fotos que nos digan algo sobre lo ocurrido o dónde pueda estar mi hermano?
Ventus se queda perplejo por un momento, es la primera vez que el pelinegro se dirige a Sora como su hermano sin ningún insulto o sarcasmo de por medio. Pero dejando eso de lado se concentra en las posibilidades de poder encontrar algo en su celular, al desbloquearlo observa con dolor unos segundos la ausencia de la foto de él con su ex novia como fondo de pantalla, en su lugar hay una foto de él con su hermano comiendo helados, no es que menosprecie esos dulces momentos con Roxas, simplemente que es muy difícil aceptar un cambio como ese en su vida.
—Solo tengo registrado un par de llamadas que realicé a Riku a las 4 de la madrugada pero al parecer no me contestó ninguna.
—Eso quiere decir que para esa hora ya Riku no estaba con nosotros —intuye el gemelo menor.
—Quizás Sora esté con Riku en este preciso instante
—No tengo ningún mensaje más allá de mi mamá preguntando qué fue lo que cenamos y si habíamos dormido bien.
—Sé que sonará extraño pero… ¿Revisaste la galería?
Dubitativo revisa la carpeta de las últimas fotografías. Las carpetas se encuentran casi vacías, no era un amante a la fotografía como su padre, solo capturaba esos pequeños momentos importantes y graciosos que considera importantes.
—Claramente hay varias fotos de anoche, principalmente de Sora y Roxas bailando, pero más allá de eso no tenemos nada que nos ayude. —Se ve interrumpido por los intentos de su hermano de exigir ver las dichosas fotografías rezando por dentro que no haya hecho el ridículo—. Voy a intentar llamar a Riku.
Esta vez al marcar el número de Riku fue enviado directamente al buzón de mensajes aludiendo que el teléfono se encuentra apagado. Niega la cabeza para informar a los otros sobre las imposibilidades de contactar al mencionado.
—Puedo intentar llamar a Sora nuevamente, hasta ahora lo he llamado como 15 veces y el idiota no me contesta ninguna.
Las tonadas repican una tras otra sin ningún tipo de esperanza, el ambiente pensado que los cierne no los deja pensar con tranquilidad, no se les ocurre que más hacer para dar con el resto, también cada uno intenta con todas sus fuerzas recordar algo más que pueda ser significativo.
Ventus perdido en sus pensamientos percibe algo a lo lejos, muy bajo y casi inaudible, parece un efecto de su imaginación que está jugando con él, más se resiste a aceptar que ha comenzado a delirar.
—Oigan —susurra poniendo mucha más atención.
Los otros chicos lo no toman en cuenta y siguen en su charla sobre como poder contactar con el castaño siendo en última instancia llamar a la casa, no era ideal alarmar a la Señora Ayer, pero hay una posibilidad que el chico haya regresado a casa sin decirle a nadie.
Ventus con el ceño fruncido emprende su búsqueda al familiar sonido, siendo más audible frente a una particular puerta, no obstante, antes que pueda corroborar si de ahí proviene esa tonada que se ha callado por completo.
—¡Vuelvan a llamar a Sora! —le exige al rockero que aturdido ante la repentina orden realiza la acción prestando mucha atención a los movimientos del rubio quien pega su oreja a la puerta.
—¡Es aquí! —Grita de alegría—. ¡Estoy seguro! es la canción de la Sirenita ¡Es el teléfono de Sora! —Exclama contento por su hallazgo.
Los otros dos no tardan en acercarse confirmando lo dicho con las esperanzas nuevamente elevadas.
La puerta no se abre, está cerrada con llave.
—Está atascada, es justo la que intenté abrir cuando desperté —explica.
—Lo más probable es que el chiquillo esté allá dentro —señala Vanitas con gran alivio interno, claro no debe de perder su fachada de chico malo.
Varios golpees le propina Roxas con la intención de llamar la atención de quién sea que esté adentro.
—Imposible, no responde —Se rinde.
—Bueno, tendremos que comprar otra cerradura —dictamina Vanitas alejando a los hermanos.
—¿Qué vas a hacer?
Vanitas ya preparado agarra impulso para darle una fuerte patada a la puerta que no cede provocando chillidos de pavor y angustia en los gemelos.
—¡¿Qué haces?! ¿Estás loco? Ya las cosas están muy mal para que también nos quedemos sin puerta —le reclama Roxas al punto de histeria.
Sin responder, observa la puerta con una mano en su barbilla, pensando en las formas de abrirla sin fracturarse el fémur.
—Voy a ir a buscar la palanca salida de una película de terror que vi en el garaje —dice sin observar la reacción de pánico de ambos.
—¿Escuché bien, dijo película de terror? —pregunta Ventus a su gemelo quien solo asiente con la cabeza.
A los segundos regresa Vanitas con ilusión en sus ojos, siempre ha querido hacer ese tipo de cosas digna de películas, con la vista atenta del par coloca la palanca de una forma en la que pueda forzar la cerradura. Cruzando los dedos, suena un sonoro estruendo que inunda el recinto, la puerta se abre chocando con fuerza con una pierna. Ventus grita histérico por el susto, su corazón palpita tan rápido que en cualquier momento se terminaría desmayando, ya tiene suficiente de todo, solo desea que todo fuese una terrible pesadilla que quedaría al olvido cuando se levante.
Roxas empuja nuevamente la puerta con mucho recelo, no estaba preparado para encontrar el cadáver de alguien y mucho menos de uno de sus mejores amigos. El cuerpo de Sora tendido en tan estado deplorable los alarma a todos, lo bueno es que su pecho se mueve a un tranquilo compás.
En definitiva no está muerto.
La puerta es abierta completamente con mucho cuidado para no lastimar al menor que se encuentra apoyando su cabeza en el inodoro. Un fuerte olor nauseabundo los aleja por reflejo, manchas de vómito decoran la ropa y el rostro pálido del joven.
—¡Oh por Dios! —Exclaman los gemelos al mismo tiempo.
—Tú sí que me generas gran dolor de cabeza —habla sosteniéndose la cabeza por la vergüenza ajena, con un gran bufido se dirige a los rubios—. Debemos bañarlo. Ayúdenme a ponerlo en la tina.
Con gran coordinación y con mucho desagrado logran colocar a Sora en la tina para darle un buen baño. Los hermanos se ven entre ellos sonrojados al pensar que tendrán que desnudar al chico, ninguno podría ser capaz de tal cosa y por eso con una orden implícita Vanitas es seleccionado para tal tarea.
—Roxas. Debes buscar algo de tu ropa que le pueda quedar y también… —Se voltea a verle la cara y cae en cuenta que el ojo del mencionado está cada vez más grande—. Vamos debemos curarte esa herida. Vanitas, tú te encargas de Sora.
El pelinegro asiente sin mucho que decir aprobando que ambos se vayan.
—Creo que no permitiré que vuelvas a beber nunca más.
Saca los zapatos, medias y todo de la parte de arriba, dejándolo solo con su pantalón puesto, antes de abrir el grifo revisa los bolsillos sacando el teléfono del menor para evitar que se moje. El agua templada cae con tranquilidad, llenando poco a poco la tina. El pelinegro junta sus manos para recoger un poco de agua para lavar el rostro y quitar los residuos de vómitos.
No quiere admitirlo, pero se siente muy culpable por el estado de Sora, si él en vez de ser un hermano responsable y atento no habría terminado las cosas de esta forma, no obstante decidió comportarse como un idiota sin ningún tipo de responsabilidad y permitir que un primerizo bebiera sin reparo solo para burlarse, que equivocado estaba.
En un abismo donde una oscuridad profunda es lo único que se visualiza, su alma pesa como si estuviera en el fondo del mar, no puede respirar no hay ni un poco de aire que pueda calmar a sus pulmones. La falta de oxígeno de hace más evidente con el paso del tiempo, le duele, le arde, necesita con urgencia llegar a la superficie pero no puede moverse. Intenta gritar por ayuda más no se oye nada ni siquiera su propia desesperación, voltea a todos lados en busca de una salida, algo que lo ayude a parte del negro que le rodea. Levanta el rostro al divisar una luz tenue muy pequeña que en cualquier momento son un solo suspiro pareciera que se apagará para siempre.
Tengo miedo
El terror de morir solo lo invade, el frío se instala en su cuerpo como pequeñas puñaladas que se clavan en todas partes de su cuerpo. El agua está helada.
—Sora…
Sus movimientos desesperados se paralizan al escuchar como a lo lejos una voz familiar lo llama.
—Sora… ¿Me escuchas?
Esa voz desconocida lo llama nuevamente y como un acto milagroso el miedo se empieza a disipar y de forma muy lenta sus pulmones son llenados de ese ansiado oxígeno.
—Sora…
—¿Riku? —El castaño confundido desea que el miedo se vaya por completo, solo necesita a Riku a su lado para sentirse seguro, para sentir la calidez que le transmite el platinado.
—¿Riku, eres tú?
—¿Qué sucede Sora? Tú no te rindes tan fácil ¿Dónde quedó tu espíritu? —El platinado habla con burla mientras el menor se sigue hundiendo en lo más profundo.
—Y-yo…
Sonrojado por la vergüenza se ha quedado sin palabras, no sabe cómo decir lo que realmente siente y quiere, en ese momento no le importaba las burlas o los reclamos, solo quería sentirse seguro.
—Yo tengo miedo Riku… Yo te ne-necesito aquí conmigo —revela apenado.
Silencio
Se produce un silencio que le eriza la piel.
—No… —responde la voz seria y dolida.
—¿Riku?
—¿Por qué lo permitiste?
Sora se confunde ante su pregunta, siente el dolor y la decepción en su tono, no entiende a qué quiere llegar y menos porqué suena tan destruido, tan dolido como si él fuera culpable de su dolor.
—¿De… de qué estás hablando? —Susurra asustado, con miedo de dañar más al otro.
—¡Lo dejaste! —Grita sobresaltando al chico— Yo… No quiero volver a verte, no quiero volver a verte nunca más —agrega despectivo.
—Es-espera… ¡Espera! —estira la mano para intentar alcanzar la pequeña luz que cada vez se aleja más.
Riku ¿Qué fue lo que te hice?
—¿No lo recuerdas…? No, no lo recuerdas, tampoco es algo que te importe —Se ríe dolido, para después soltar un bufido— ¡Adiós Sora!
—¡Riku! Rgresa…
De repente una fuerza lo hala hacia abajo con gran velocidad, la presión de sus pulmones vuelve con mayor intensidad, necesita respirar, no le queda casi nada de aire, sin embargo, lo gasta junto con sus últimas fuerzas para gritar su nombre.
—¡Riku!
Abre los ojos abruptamente agarrándose el pecho donde sentía esa presión tan real, da con insistencia grandes bocanadas de aire, sintiendo como nuevamente es capaz de obtener oxígeno. Su vista nublada comienza a tomar forma poco a poco, levanta sus manos al verse rodeado de agua sus pocas prendas se encuentran empapadas.
—¡Gracias a Merlín que al fin despiertas! —comenta su hermano aliviado.
—Riku… —murmura el nombre del platinado recordando lo que estaba soñando, lo sintió tan real, su odio, su dolor y decepción.
¿Qué he olvidado? ¿Qué fue lo que permití? ¿Yo te causé todo ese dolor?
—Como que el agua hizo que tú cerebro tuviera un corto cirquito.
Sora parpadea varias veces fijando su vista en el rostro del pelinegro quién se levantaba con cansancio.
—Los gemelos te dejaron algo de ropa, no encontraron tu bolso. Deberías cambiarte ahora que estás un poco consciente. ¿Me estás escuchando? —llama su atención sacándolo de sus pensamientos.
—¡Riku! —Se levanta de golpe causándole un gran mareo por el cual casi cae contra el piso pero las manos de su hermano lo sostienen encharcándolo todo.
—¡Ten más cuidado imbécil! Ya deja llamar a ese como una tonta joven enamorada —Le reclama—. Deberías agradecerme a mí en vez de pensar en ese idiota que te abandonó, mira que mucho he hecho por ti para limpiar tu propio vómito.
—¿Dónde está Riku?
—Dios aquí vamos de nuevo —voltea los ojos harto del peliplata—. No lo sé, ahora cámbiate y no hagas otra tontería como la de ahora —Y cierra la puerta de golpe dejándole solo.
Encerrado en esas cuatro paredes sin nadie más a su alrededor ve su ropa encima de la tapa del inodoro junto con su teléfono. Termina de sacar su ropa empapada para secarse con la toalla. Luego lo primero que hace es agarrar su teléfono una vez que sale completamente de la tina, le queda solo queda 6% de batería, no hay rastro de mensajes ni notificaciones más allá de su madre y algunos canales de videojuegos a los que está suscrito.
No hay rastro de Riku.
Yendo directamente al chat de Riku.
Riku
Ultima conexión a las 4 a.m.
Mi Sora 💖
Rikku estss bienn? 3:40 a.m.
A fónde bas? 3:42 a.m.
fónde estás? 3:48 a.m.
Regrueza 3:50 a.m
Porrrr queee noo contestss mis mensakes… o llamadaf? 💔💔 4:00 a.m.
Me dehaste en visto!😮😮😠 4:02 a.m.
Si no me contestss ahora me voi a molestar 😤😤 y
tendrás que comprar un gran Heeelado Rikku…
respndeme yaaa 4:03 a.m.
No estoi molesto, yano quiero un helado
grande me conformo con una paleta. 4:03 a.m.
RIKUUUU? 4:05 a.m.
Te neceito… 4:10 a.m.
Leyó todos los mensajes que le mandó al platinado en la madrugada y tristemente ninguno fue respondido. Todos los mensajes están mal escritos debido al grave estado que tenía.
Se sintió más solo que nunca, y un gran vació se formó en su estómago, la culpa de algo que desconoce no lo deja en paz. Riku no era de ignorarle por mucho que pelearan, lo máximo que pasaba eran minutos sin hablarse. Con las esperanzas bajas manda dos últimos mensajes que desea con todo su ser sean respondidos.
¿Riku, estás bien? Estoy preocupado… 1:15 p.m.
Por favor respóndeme. 1:16 p.m.
"Te necesito" ese último y tercer mensaje es borrado ante de que sea enviado, con un sabor amargo busca el historial de llamadas para confirmar el rechazo del peliplata.
—15 llamadas… no contestó ninguna…
Agacha su cabeza deprimido dejando correr por sus mejillas unas pequeñas lágrimas. Duele, duele mucho y no sabe cómo hacer para dejar el dolor. Quiere llamarlo, necesita escucharlo pero tiene la corazonada de que no va a ser atendido.
¿Qué hice para que te alejaras completamente? Tú solo haces eso cuando lastiman tu corazón.
Vuelve a presionar la pantalla para llamar, con el corazón echo un puño y un gran nudo en la garganta suena la contestadora, el teléfono está apagado. Él sabe que nadie contestará, pero muy en el fondo quiere seguir intentando hasta cansarse.
Derrotado toma la ropa para colocársela con una tremenda lentitud, sus ojos no detienen las lágrimas, no hay razón para retenerlas, lo mejor es dejarlas salir. Al ver su reflejo entiende lo que significa la lejanía de Riku. Su rostro rojo e hinchado revela las horas que estuvo llorando antes que despertara.
—¿Qué fue lo que te hice, Riku?
