Capítulo 6. Ignorado
Sora abre la puerta con lentitud perdido en sus pensamientos, tratando de recordar una y otra vez si eso fue una especie de sueño. Sale a la realidad al escuchar las quejas de dolor de Roxas, quien se encuentra refunfuñando en el mueble que siente alivio al colocar algo de hielo en su ojo.
—¡Oh por el rey Mickey! —exclama asombrado el castaño acercándose a su amigo— ¿Qué te pasó?
Sin embargo, el rubio ignora su pregunta para centrar su atención en el estado del menor.
—¡Sora! —Sonríe al verlo—. Qué bueno que te encuentras mejor, bueno no del todo. —Se percata de los ojos rojos del menor.
Sora responde con una mueca melancólica.
—¿Te encuentras bien?
Asiente sin ganas. Algo en definitiva estaba mal con el castaño, pero sería muy imprudente preguntárselo directamente, así que lo deja pasar, cosa que el menor agradece, pues este todavía sigue muy confundido para estar dando explicaciones, que el mismo no entiende.
Vanitas pasa de largo de los chicos mientras arrastra consigo dos bolsas de basura, atrayendo así el interés del castaño en su alrededor, no recordaba haber causado tanto desorden.
—¿Qué… qué fue lo que sucedió?
—Tampoco recuerdas.
Un mareo repentino ataca al menor que se ve en la obligación de sentarse, han vuelto las náuseas, siente su garganta seca y raposa, la cual arde como los mil demonios. La afirmación del rubio le atrajo a su mente la voz dolida de Riku "¿No lo recuerdas…?"
—Ten Sora, te ayudará a sobrellevar la resaca. Debes tomar todo el agua, estás deshidratado—
—Gracias— responde sin ánimos.
Ventus se acerca al castaño para determinar su estado, le alivia mucho que este se encuentra bien, aunque le alarma que los ojos de Sora van de un lado a otro en busca de algo, su estado nervioso y ansioso no son buenas señales.
—Ventus… ¿Sabes dónde está… —se le atoran las palabras por el miedo de pronunciarlo, toma un gran bocado de aire y prosigue—…Dónde está Riku?
—Hemos estado llamado a su celular pero al parecer está apagado, tampoco sabemos algo de Axel.
—Creo que deberíamos ir a esa cafetería de ayer —interviene Vanitas desde el umbral—. Si él empezó a trabajar dudo que hoy tenga el día libre siendo San Valentín.
—Mm… creo que es una buena idea —contesta Ventus—. Podemos empezar buscando por ahí.
Sora fuerza una quebrada sonrisa. Quizás así pueda encontrar alguna respuesta o a Riku, pero…
¿Riku quería ser encontrado?
—¿Por qué no quieres ir en mi deportivo?
—Eso es porque como te he dicho varias veces, claramente me he cuestionado sobre la condición mental de la persona que decidió que era buena idea darte una licencia de conducir.
—¡Pero tú no eres mayor de edad!— Refuta el pelinegro.
—Pero… tengo una licencia especial que me permite manejar un vehículo en caso de una emergencia en un rango de espacio determinado— explica Ventus sin despegar en ningúnn momento su mirada de la vía.
—¡Esto ni siquiera es una emergencia! —se queja.
Durante todo el trayecto el piloto como su copiloto han discutido buscando argumentos para contradecir al otro. Por un lado, Vanitas como niño malcriado quejándose por no permitirle usar su juguete nuevo, y por el otro, Ventus actuando como madre neurótica transportando a su hijo que apenas podía valerse por sí mismo. La precaución que poseía el gemelo lo podía llevar al extremo de querer controlar todo, por lo mismo no iba a permitir que el chico a su lado pusiera de nuevo en peligro su vida o la del resto, sin importar cuanto le dijera el pelinegro que debería tomarse la vida con más calma.
Sora absorto de todo en el asiento trasero deja que sus pensamientos vuelen, una y otra vez su mente repite las palabras de Riku y este intenta encontrar algún indicio de la actitud del platinado, nunca había pasado tanto tiempo viendo la pantalla de su celular esperando una señal, claramente el chat de su mejor amigo sigue sin ningún tipo de novedad. Se volvería loco si se permite continuar en ese estado. Resignado vuelve a bloquear la pantalla para dirigir su mirada perdida a la ventana.
—Podías haberme dejado manejar.
"Aquí vamos de nuevo" piensa Ventus al comprender que sin duda alguna Vanitas no da su brazo a torcer y estarían así hasta llegar a su destino.
—Nos van a multar por ir como una tortuga en la autopista.
—Contigo al volante no nos multarían, nos llevarían detenidos por intento de homicidio —contrataca Ven.
—Estás exagerando —objeta con el ceño fruncido.
—Para tu información ir a 60 kilómetros por hora es de una persona precavida.
—Querrás decir para un anciano —se mofa.
—Yo no soy un… —Se queda con las palabras en la boca intentando buscar la correcta capaz acallar a su acompañante, más su indignación se esfuma al ver por el retrovisor la lágrima que cae por la mejilla del castaño— ¿Sora estás bien?
—Sí… estoy bien —dice no muy convincente mientras limpia todo rastro.
Sora pensaría que su hermano se interesaba por su bienestar, quien se voltea a dedicarle unas dulces palabras decoradas por una cínica sonrisa.
—No te preocupes tanto mocoso, todo va a estar bien.
El castaño conoce bien a su hermano sin importar que tengan más de 8 años sin verse, por eso admira en el fondo de su ser el intento del moreno en animarlo, que prediciendo sus siguientes palabras no se siente sorprendido en que arruine su imagen sensible.
—No nos van a llevar a la cárcel por el anciano este— señala con los ojos al conductor.
Sí, ese es su hermano Vanitas.
—Te lo digo, no soy un…— siendo callado por a mano levantada de su acompañante que indican que han llegado a su destino.
Café Moguri. Día de San Valentín.
Una vez estacionado el vehículo con las indicaciones y burlas del pelinegro, los cuatros jóvenes entran al café. Globos y flores de diferentes tonalidades del rojo, son el principal elemento de la decoración empalagosa (a opinión de Vanitas) y dulce (desde el punto de Sora), que recubren todo el local. Es el ambiente perfecto para la cantidad de parejas que vienen a disfrutar de un momento romántico acompañado de un buen postre.
—A mis ojos le acaban de dar diabetes— comenta Vanitas asqueado.
—¿Qué esperabas? Es el día del amor y de la amistad— le responde con obviedad.
—Hay mejores formas de celebrar el amor, y a mí se me ocurren varias— agrega con tono insinuante que Ventus obviamente entendió pero prefirió hacer oídos sordos.
Siendo inocente la dulce mente de Sora no es capaz de descifrar el mensaje oculto ante lo dicho.
Los tres chicos escaneaban el lugar con los ojos en busca de su amigo, siendo interrumpidos por una tímida mesera que se acerca a ellos con las mejillas un poco sonrojadas.
—Bienvenidos al café Moguri, para el día de hoy tenemos una promoción a las parejas obteniendo un 50% de descuento en nuestros postres. Sí quieren puedo llevarlos a una mesa de tres para su cita.
No es que fuera una persona en contra de la homosexualidad y mucho menos en pleno siglo 21, ver y conocer ese tipo de parejas es algo común aunque siga habiendo personas conservadoras que piensen que salir con alguien de un mismo sexo es un pecado. La realidad es que no está acostumbrada a las relaciones de tríos. No quería ser imprudente con sus palabras pero terminó logrando el efecto contrario.
—¡No somos pareja!— exclama Ventus alterado.
—Solo hemos venido de paso, estamos buscando a un trabajador llamado Axel —responde Vanitas sin inmutarse.
—Oh yo… Lo siento, no debí confundir las cosas. —La mesera baja la vista avergonzada y hace una reverencia para disculparse por sacar conclusiones—. Axel se encuentra al final atendiendo a unos clientes, si necesitan cualquier cosa estoy a sus servicios. —Sin más que decir la chica continúa con su labor.
El pelirrojo cambia los máteles para la próxima pareja a su lado. A simple vista se puede notar el aspecto agotado, que por mucho que haya dormido un par de horas estas no le permitieron recuperar su energía por completo. No obstante, debía mantener sus ánimos para los clientes o si no tendría una amonestación por parte de su jefe.
La palabra impulsividad define a Sora quien no se tomaba dos segundos para pensar algo, él solo lo hace y después piensa, una actitud no del todo positiva, muchas veces ha tenido que pagar sus consecuencias por no tomarse la vida con más tranquilidad. Y es en ese preciso momento que no tardó en caminar entre las mesas y lanzarse de lleno encima del pelirrojo sobresaltando a la pareja.
Sora se considera una persona valiente y que podía aguantar lo que se propusiera, ahora es lo contrario su desesperación lo desborda, ha intentado mantenerse calmado durante el camino para no alterar a los demás terminando en llegar a su límite. Con un llanto desesperado zarandea a un confundido Axel, a quien le preguntan con urgencia paradero de su mejor amigo y sobre todo por qué lo ha estado evitando.
—¿Dónde está Riku? ¿¡Dónde está Riku!? —atropella sus palabras sin darle chance al otro de recomponerse.
La resaca agregada a la voz aguda del chico le aturde, hace una mueca al sentir su tímpano timbrar hasta el punto de creer que su cabeza va a explotar.
—¿Qué hiciste con Riku? —exige el menor zarandeándolo bruscamente creyendo que el chico frente a él tiene algo que ver con la desaparición repentina del de ojos aguamarina.
Tales actos incomodan a las personas a su alrededor, en específico la pareja que comienza preguntarse si fue buena idea escoger el lugar que se conocieron para celebrar su primer aniversario. Nunca imaginaron ver un escándalo de ese tipo, que según sus pensamientos inició debido al descubrimiento de un triángulo amoroso o que el castaño fue víctima de una infidelidad y ahora no dudará de atacar salvajemente al involucrado.
La expresión de miedo de los clientes fue lo suficiente para hacer a chico alto reaccionar que con gran calma aleja a Sora.
—¿Qué mierda crees que haces? —Llega Vanitas a poner un poco de orden al halarlo por la camisa y regañar a su hermano.
Axel realiza un leve asentimiento para dar las gracias al rockero. Se dirige a los clientes a su espera con una forzosa e incómoda sonrisa para invitarlos a sentarse, le da a cada uno el menú especial para el día y se dedica de darles la bienvenida de la mejor forma que puede y pide disculpas por lo sucedido. La pareja con recelo siguen las indicaciones sin despegar su mirada del chico a punto de un mar de lágrimas, solo podían pensar que no para todos ese día sería especial.
"Pobre chico"
El trio se vio arrastrado hacia un pequeño almacén sin que nadie los viera, justo después de que mayor terminara de tomar la orden y los encerrara ahí para poder hablar en privado y evitar que Sora siga atrayendo la atención. Suspirando con cansancio se lleva la mano al entrecejo esperando que Sora termine con sus lloriqueos. No imaginó que su segundo día de trabajo fuera tan ajetreado y agotador.
—¿Tienes maquillaje? —pregunta el pelinegro detallando la capa delgada que cubre rostro del mayor para obviamente disimilar las manchas oscuras bajo sus ojos.
Ventus tuerce los ojos debido a la pregunta irrelevante.
— Axel ¿Por qué te fuiste sin avisarnos? Bastaba con decir que hoy trabajarías.
El mencionado se recuesta en la puerta con los brazos cruzados y comienza a explicar que había despertado en el sillón sin tener la menor idea como había acabado ahí, sin embargo, al ver la hora tuvo que salir corriendo al trabajo porque se le hacía tarde, en un principio intentó despertar a Ventus pero este no se movió ni inmutó, por eso decidió dejarlo estar y que más tarde le enviaría un mensaje. Claramente olvidó avisarlos, no ha tenido tiempo para descansar y que además no se preocuparan por él no siendo la primera vez que ha ido a trabajar después de una noche pasado de tragos.
—Eso no es importante —se hace escuchar el castaño que fue dejado de lado —¡Necesito saber dónde está Riku!
—Ten piedad de mis oídos y deja de gritas, por favor.
—¿Cuál es tu insistencia en verlo, eh? —Vanitas encara a su hermano que empezaba a cansarlo con el tema de encontrar al platinado.
Sora no da respuesta, solo baja la mirada mordiéndose los labios debatiendo que podía decir.
—Lo siento Sora, no tuve tiempo para hablar con alguno y tampoco lo vi cuando iba saliendo. No sé dónde puede estar. ¿Por qué? ¿Le ha pasado algo?
—No lo sabemos, no sabemos nada de él, no contesta ni su teléfono. —aclara el gemelo.
El pelirrojo cambia su pose relajada a una de alerta cuando percibe que le falta un gemelo y preocupado pregunta sobre su paradero.
—Un momento ¿dónde está Roxas?
Todos giran a ver al chico pelinegro que comienza a reírse no de forma muy disimulada ganándose una mala mirada por parte del rubio.
—Roxas está en casa, se quedó a limpiar el desastre como parte de nuestro trato, además que debe encontrar su teléfono o deberá inventarse una buena excusa para nuestra madre.
—¿Por qué le tienen tanto miedo?
El más alto se adelanta y responde primero que el rubio.
—Es una ex capitana de alto rango militar.
El pelinegro deja escapar un silbido debido a la impresión, no era algo que se esperara.
—Pero Roxas y Ventus exageran, no es tan estricta como la hacen ver.
—Eso solo lo dices porque mamá te adora al igual que papá.
—No puedes negar mis encantos. —Mete la mano en su bolsillo y saca un aparato—. Por cierto, no tienen que preocuparse, he tomado el celular de Roxas al ver que el mío no tenía batería, pero ya sabes el resto.
—¡Agh! ¡Pueden callarse! Necesitamos encontrar a Riku —Explota el castaño hastiado que no le den ni la más mínima importancia.
—Oye tranquilo. No hay que alterarse, Riku sabe cuidarse solo y bastante bien. —El amante del fuego trata de calmar las emociones desbordadas del menor pero solo recibe una mueca de súplica, espera que entiendan por una vez como se siente. —Puede que esté deambulando por ahí, no debe estar lejos. Tengo una idea. Pueden buscarlo en el centro comercial de aquí cerca y aprovechan de preguntarle a Demyx si lo ha visto o sabe algo de él.
—¡Pero Riku no debe estar solo! —grita frustrado llevándose las manos por la cabeza.
Los presentes no entienden a qué se refiere el castaño. No cabe duda que algo entre ellos había pasado y Sora está desesperado por encontrarlo.
—Debo encontrar a Riku, sufre mucho cuando está solo. —Sin dejar que nadie le respondiera sale del lugar hastiado azotando la puerta tras de sí.
Una vez más vuelve a marcar al teléfono de su mejor amigo en vano. Son contadas las veces en que una pelea entre los dos los ha separado, en su infancia el castaño ha de reconocer que sus celos aumentaban cuando Riku le demostraba ser mejor que él en todo incluso en sus videojuegos favoritos. Las diferencias entre ellos se resumían en hacerle la ley del hielo al mayor para evidenciar su descontento, la cual no duraba mucho porque al platinado disfrutaba de las rabietas del menor y con certeza tendría que ir tras el castaño pidiendo su perdón con un helado o con algo referente a Disney. Sí, Sora era muy sencillo de contentar y él no había cambiado mucho desde aquella vez hasta ahora, se ha vuelto un poco más maduro por supuesto, los años nunca pasan en vano.
Pero…
Al llegar a la adolescencia Riku se volvió mucho más frio y distante, algo en él había cambiado. El castaño por muy despistado que fuese nunca perdía detalle de la actitud de otro, lo analizaba tratando de entenderlo. Un día en la escuela después de que Riku fuera castigado al asustar a unos jóvenes mayores que se burlaban de Sora, en ese momento descubrió que el mayor oculta su dolor cada vez que se siente frustrado o cuando algo lo está consumiendo y para completar tampoco es de hablarlo o expresarlo con un par de lágrimas como haría el resto.
No, su Riku no es así.
El mayor prefiere alejarse de todos, demostrar que él está bien por mucho que por dentro sufra una tormenta y Sora sabe bien que al estar solo no obtienes la sanación, al contrario, la herida se vuelve más grande y profunda. Desde entonces el menor se prometió a sí mismo que sin importar sus rabietas o tontas discusiones nunca se despegaría de su mejor amigo, porque por mucho que no revele el origen de su dolor simplemente se alegraba por tener como consuelo su presencia y muchas veces eso bastaba para que volviese a ser el de antes.
A pesar de todo, este día es diferente.
Esta vez está alejado, no quiere su presencia, no quiere ser consolado. O eso intuía Sora.
—Esto le está afectando más de lo que pensé —habla el rubio impactado.
—No me queda mucho tiempo, cuando termine los ayudaré en encontrar a Riku.
—No, déjanos eso a nosotros. Regresa con Roxas, debes ayudarlo y procurar que se cuide a sí mismo.
—¿Le pasó algo? —Levanta una ceja.
—Digamos que fueron un poco rudos en los juegos de anoche.
Y como si lo dicho fuera la mejor broma Vanitas se ríe solo de su chiste mientras Axel abre los ojos de la impresión al entender el doble sentido.
—Se me acabó el tiempo, deben irse. Busquen a Riku y yo iré con Roxas —culmina sacándolos a todos del almacén.
—¿Dónde encontraremos a ese supuesto Demyx? —pregunta Vanitas al rubio a su lado que come una barquilla. Los tres habían parado antes un momento para llenar sus estómagos vacíos, además de intentar animar al menor, cosa que no lograron. Cabe acotar que Ventus se ha preguntado si el hecho que el pelinegro haya pagado toda la cuenta es un simple gesto de amabilidad o querer alardear de su poder adquisitivo.
—Demyx es amante de la música por eso decidió abrir su propia tienda, pasa la mayoría del tiempo atendiendo y practicando con sus instrumentos —explica mientras caminan a la par por los pasillos del centro comercial repleto de personas.
A unos pasos más lejos se encuentra Sora arrastrando sus pies con pesadez, su silencio y su aspecto apagado lo hacen ver como un ser sin alma que vaga por los mundos sin motivo alguno. Conforme iban pasando los minutos perdía su mirada en el horizonte dejándose llevar por las multitudes.
Esto es preocupante.
—De pequeño deseaba mucho que se quedara mudo, era imposible hacerlo callar. Hoy en día después de muchos años sin verlo creí que sería igual, pero sinceramente nunca imaginé que fuera tan perturbador. No hay rastro del mocoso del antes. —Los dos dirigen una mirada de soslayo hacia el castaño que sigue sus pasos.
—Su silencio, es muy aterrador —confiesa Ventus.
Los tres chicos mantienen el paso entre la multitud, y al igual que la cafetería Moguri, en todos lados hay decoraciones referentes al día del amor, así como parejas felices pasando de un lado a otro. Ha de acotar que nunca faltan ciertas parejas que no tiene algún pudor y dan espectáculos de cómo es posible comerse entre sí sin recibir algo de oxígeno. A algunos solteros no les agradaba mucho ver esta serie de presentaciones en vivo y en directo, de alguna manera sentían que se mofaban de su soledad. También, está el grupo de solteros que salen con amigos a divertirse, no todo se trataba de noviazgos, por algo es el día de la amor y la amistad. Pero definitivamente es un día netamente comercial, y por esto último, no podía olvidar esas personas que salían corriendo a las tiendas a comprar los regalos a última hora.
—Ahí está la tienda de música. —Señala el gemelo con el dedo quién se queda tieso al sentir una corriente de aire pasar con deprisa por su lado.
Sora salió corriendo como si su vida dependiera de ello, dejando a los otros dos muy por detrás.
El lugar contenía una gran cantidad de distintos instrumentos, de cuerda, viento, percusión, entre otros, además de instructivos, partituras, y discos de vinilo y álbumes de diferentes artistas de diversos lugares. El lugar no era muy grande, todo estaba organizado perfectamente en los estantes y en diferentes secciones, de manera que fuese más cómodo para los clientes. Demyx se encuentra detrás de la caja registradora concentrado en afinar su Sitar, mientras los pocos clientes dan un paseo observando la mercancía y las ofertas presentes por la fecha.
Sora no mide su velocidad al entrar por lo que se sorprende al encontrar a Demyx en el piso maldiciendo mientras trata de tranquilizar su respiración, vaya susto que le provocó el menor al abrir la puerta de esa forma que terminó haciendo varias maniobras para evitar que su preciada Sitar se hiciera trizas contra el suelo.
—¡Demyx! Necesito tu ayu… —Sora se asoma tras el mesón al no ver a nadie— ¿Qué haces ahí? —llega hasta el joven y lo ayuda a levantarse.
—Veamos. —Coloca su Sitar en el mesón con cuidado y exhala con fuerza—. Descubrí que estar en el suelo hace que mi inspiración llegue… —comenta con ironía mientras examina su instrumento. El castaño no puede evitar pensar lo extraño que es el chico frente de él para hacer ese tipo de cosas. Demyx agotado que lo escruten con la mirada sin decir nada pregunta sin el más mínimo interés— ¿Qué te trae por acá?
Recordando el motivo de su visita.
—¿Has visto a Riku?
Ansioso por la respuesta se siente ignorado cuando Demyx actúa como si nunca lo hubiese escuchado, concentrado en únicamente en encontrar los implementos para empezar a encerar su Sitar. Sora no lo piensa dos veces en arrebatarle dicho instrumento de forma veloz ocasionando un chillido por parte del otro exigiendo que se lo devuelva.
—¿Dónde está Riku? —pregunta nuevamente con un tono más autoritario.
—¡Devuélvemela! No toques a mi preciosa con tus asquerosas manos. Sora vuelve a insistir sin hacer caso a sus lloriqueos, estaba harto que las personas no se lo tomaran en serio. —No sé de qué hablas, no lo he visto por ningún lado —sentencia Demyx obteniendo la victoria al arrebatarle sin problemas al otro aflojar su agarre decepcionado— ¿Qué te sucede? ya actúas igual a Roxas —culmina al dar dos pasos atrás con recelo.
La conversación es interrumpida cuando las campanas de la puerta indican la entrada de otros clientes.
—Bienvenidos… —El músico voltea con una sonrisa hacia sus nuevos clientes que se transforma en una mueca— Ah genial, más interrupciones.
—Hola a ti también Demyx —responde amablemente Ventus.
—Adivinaré, los mandó Axel. —Recibe un asentimiento como respuesta —Díganle que yo no le debo ningún dinero que todo lo que les dijo seguro es parte de su imaginación— Hace un gesto con la mano para echarlos de su tienda pero levanta su mirada al no sentir ningún movimiento por parte de los chicos. Saltando en su puesto se percata de la existencia del pelinegro al frente suyo—. ¡AH! ¿Qué clase criatura maligna es esa? Es como la versión diabólica de Sora. —Anonado compara a Vanitas con Sora posando su vista de un lado a otro—. No te comas mi alma no tiene un buen sabor. —Se termina escondiendo debajo del mostrador.
—No es muy inteligente por lo que veo.
En ese momento Ventus se cuestiona qué clase de amigos tiene y cómo terminó con ellos.
Sora decide aclarar las cosas ya que el músico se rehúsa a salir de su escondite.
—Es solo mi hermano Vanitas, aunque sí es malvado —susurra lo último para no ser escuchado.
—¿Hermano?
Del mostrador se asoma con lentitud el rostro de Demyx que comprueba lo anteriormente dicho.
—Je, je… Ya lo sabía. —Se levanta orgulloso como si estuviera tomándoles el pelo desde un principio—. Solo estaba actuando. —Sin embargo, se encoge en su lugar al recibir los ojos dorados hacia su persona. Carraspea un poco—. ¿Cómo es que no sabía que tienes un hermano?
—Es una larga historia que será para otro día. Axel no nos mandó por dinero, queremos saber si has visto o sabido algo de Riku.
—Mmm. —Se queda pensativo por unos segundos—. Lo siento, no lo he visto y no sé nada. Ahora que ya resolvimos el misterio ¿Desean comprar algo? Tengo ofertas especiales por el día de hoy.
—Demyx esto es serio —agrega el gemelo dedicándole una mala mirada.
—Ya, ya entendí. No hagan tanto escándalo. —Quita su Sitar del mostrador y la coloca en un estuche atrás suyo— ¿Ya llamaron a su celular?
—Demyx, no estaríamos aquí si ese fuese el caso.
—No soy tan bruto genio —comenta indignado—. Con su teléfono podemos saber cuál es su ubicación exacta.
—¿En serio sabes hacer eso? —El castaño debido a la emoción se monta en el mostrador invadiendo un poco su espacio.
—¡Obvio que no! —exclama— ¿Acaso me tomas por un cerebrito?
Sora se desilusiona bajando sus ánimos al suelo al perder la única oportunidad que tenía de encontrar a Riku. Se siente que van de un lado a otro sin un rumbo fijo. Por otra parte, el pelinegro se cansa de las incoherencias. "Par de idiotas" Agotada su paciencia se aleja del grupo hastiado llevando su concentración a cosas de mayor interés dentro de la tienda. Todo es mucho mejor que seguir escuchando.
—Mi novio es el genio— dice orgulloso de su novio al tener tales habilidades en la tecnología—. Él fácilmente puede rastrearlo sin problema.
—¿Dónde está tu novio? —No todo estaba perdido, todavía el castaño puede aferrarse a esa opción y sin duda no lo dejaría ir, por eso nuevamente emocionado invade aún más el espacio de Demyx quien lo termina alejando colocando su mano en el rostro del chico.
—Él está trabajando. —Toma una pausa—. Por eso estoy aquí. Al parecer no puedo competir contra unos simples y aburridos libros. —concluye dramático y dolido con la idea que tenga que esperar que el otro se desocupe.
—¿Entonces? —interviene Ventus.
—Solo tengo que llamarlo y preguntarle cuando puede. Mientras tanto denle una vuelta a la tienda… ¡Y compren algo! Me lo deben por ayudarlos.
Ninguno de los chicos se mueve del lugar examinando los movimientos del mayor.
—¿Qué están esperando? Tengo clientes que atender.
Ambos voltean a tras suyo visualizando a un par de personas esperando su turno. Los dos se alejan disculpándose. Sora le comenta a Ventus que estará afuera buscando a Riku, que apenas sepan algo que le avisen. El rubio asiente sin decir nada observando como el castaño se va, y una vez solo decide dar un vistazo dentro de la tienda.
A solo un par de pasillos más adelante se encuentra el pelinegro interesado en algunos álbumes.
—¿De verdad escuchas Kpop? —pregunta el rubio para romper el hielo una vez estando a su lado.
Vanitas se toma el tiempo para responder, cosa que incomoda al gemelo.
—¿Algún problema con eso?
—Sí, digo n-no, no. —¿Porqué demonios balbucea?—. Es solo que pensé que no aparentas que escuches ese tipo de música —intenta arreglar su error.
—¿Según tú que tipo de música debo escuchar? —inquiere serio intimidando un poco más con los brazos cruzados.
—E-eh… Rock, metal… ya sabes solos los típicos géneros que…
Lo interrumpe.
—¿De verdad, Ventus? Creí que eras más que eso. —No podía creer que el otro estuviera cayendo en los mismos clichés de siempre impuestos en las películas y series juveniles—. ¿Acaso crees también que tengo una pandilla y tengo problemas con la policía? Son solo estereotipos, las personas pueden escuchar el género que quieren sin importar como se vistan.
—Yo…
Quedándose sin palabras nota que el pelinegro le da la espalda y se aleja sin querer escuchar más excusas o darle el tiempo de disculparse.
Y Vanitas que creía que el gemelo mayor sería un chico más listo.
Sin saber cómo refutar lo dicho piensa un poco que sí se ha dejado llevar por la apariencia del otro, hasta había considerado que este tenía algún tipo de negocio de contrabando debido a su deportivo, sinceramente nunca pensó que se sentiría decepcionado consigo mismo por sacar conclusiones. Tenía intenciones de volver con Demyx pero se ven interrumpidas ya que está atendiendo a un grupo de chicos que llegaron hace unos segundos.
Pasea por los pasillos manteniéndose alejado del pelinegro para darle un poco de espacio. Desinteresado observa los álbumes en las estanterías, no tiene planes de comprar algo, además considera que hoy en día ya no se usa CDs, y era algo obvio, los CDs limitan el número de canciones, y para agregar las tecnologías están tan avanzadas que existen plataforma de streaming que permiten escuchar la canción se quiera desde móvil. Actualmente los aficionados o los muy fanáticos se volvían coleccionistas al compran en dicho formato.
No obstante, siendo contradictorio con sus pensamientos para en seco y deja su mente en blanco en un punto fijo.
No debe ser verdad, debe ser una ilusión. Se restriega los ojos y observa nuevamente que el álbum sí está enfrente de él. Pensó que jamás lo encontraría pero ahí está el álbum de edición limitada de su banda favorita.
Fue hace un par de años que por casualidad había descubierto a esa banda, todo empezó con la recomendación de un extraño, haciendo caso a sus palabras escuchó una canción, y luego otra y otra, hasta que terminó el álbum entero. Había descubierto a su banda favorita. Por lo que, años siguientes se obsesionó con conseguir toda la mercancía y una de esas era ese CDs de edición limitada que contenía canciones que no serían publicadas en ninguna plataforma. Y para su mala suerte la piratería le había fallado, fueron pocas las plataformas que intentaron montar el contenido de forma ilegal, pero todas eran en mala calidad y la mayoría no duraba mucho.
De esa forma se volvió el típico fanboy yendo de tienda en tienda en busca de su preciado CD, más no obtuvo éxito, todos los encargados respondían de la misma forma, no conocían de la existencia de esa banda (Cosa que comprende ya que es de un país muy lejano) Luego optó por conseguirlo por internet pero todo estaba agotado.
Había perdido sus esperanzas.
Ahora las cosas eran diferentes, la esperanza volvió al posar sus ojos en lo que tanto había buscado. Con manos temblorosas se acerca para tomarlo, no quiere estropearlo. La portada viene decorada únicamente con el logo de la banda y el nombre de la edición en letras rojas, un diseño simple y elegante. Comprobando que lo que sostiene en sus manos es lo que tanto ha deseado lo voltea para leer el tracklist y en efecto ese es. Vuelve a leer el título con muchas emociones a flor de piel, quería llorar, sin duda alguna ese sería su propio regalo de San Valentín.
—Por lo menos tienes buen gusto. —Una voz masculina susurra en su oído generándole un cosquilleo en su columna vertebral.
Al estar tan ensimismado no se percató de la cercanía del pelinegro que casi lo mata de un susto, y para mayor pánico por poco se le resbala lo que tiene en las manos e intuye que Vanitas lo hizo apropósito.
Lo encara insultándolo en su mente.
Sin embargo, su cerebro desecha rápidamente la idea de estar enojado dándole mayor importancia al hecho de que el pelinegro conoce a dicha banda.
—¿Conoces…?
—Sí —afirma con orgullo.
—Yo… no puedo creerlo, nunca antes había conocido a alguien que los escuchara. Como son de un lugar bastante lejano es muy desconocido aquí. —El asombro no cabía dentro de su ser.
"Oh dios, al fin tengo alguien con quien hablar"
Con ojos soñadores decorando su rostro lindo da inicio a un monólogo para expresar su fanatismo—. Es mi banda favorita, los he estado escuchando desde que tenía 11. Pienso que son geniales y las letras de sus canciones son increíbles, llenas de tantos mensajes. Y mi miembro favorito por muy cliché que sea es el cantante y… ¡Dios! El vocalista tiene una de las mejores voces que escuchado y lo más asombroso es que se desconoce su identidad. En los conciertos y presentaciones siempre trae puesta una máscara. En efecto Unverse es…
—¿Ventus?
Toda la magia y emoción se fueron en cuestión de segundos debido a la interrupción de una dulce voz que proviene del principio del pasillo. El rubio de alguna forma había terminado muy cerca del pelinegro que tiene fijo sus ojos dorados en los suyos, al caer en cuenta de su cercanía se siente intimidado y lleno de vergüenza por haberse dejado llevar por la emoción y cómo única forma de resguardarse desvía la mirada a sus propios zapatos.
—¡Ventus! —La voz lo vuelve a insistir más fuerte para que sea escuchada.
Al escuchar esa voz de nuevo se siente mucho más pequeño y temeroso, no está listo para lo que viene, no para enfrentar la realidad. Sus manos tiemblan, su respiración se corta y su rostro palidece. Con recelo examina a la persona dueña de la voz, desde los lindos deportivos hasta la coronilla. A en la punta del pasillo está la chica que muchas veces le robó suspiros y que invadió su mente durante las clases.
No está preparado para dar explicaciones, no quiere enfrentar a lo que tanto le ha huido y por eso se esconde detrás del pelinegro con la idea de sentirse más seguro.
"¿Señor por qué hoy?"
La joven caucásica y cabellos castaños claros cruza de brazos disgustada ante la falta de palabras de su exnovio.
—Ho-Hola Mei. —logra por fin decir tímidamente después de varios segundos.
