Capítulo 7. Galletas Paopu.

Al final del pasillo se encuentra una chica delgada de aspecto agotado, sus grandes ojeras y su rostro demacrado evidencian que no ha conciliado el sueño y no ha comido bien en los últimos días. Ventus se repite constantemente en su cabeza que el deplorable estado de la joven es únicamente su culpa, nunca debió haberla dejado de esa forma, pero no lo soportaba, no toleraba la idea de sentir que la traicionaba al estar a su lado sin poder corresponderla de la misma forma, la chica había dado todo de sí y él no.

Tomó en consideración que podría haberse aburrido de ella a los meses de salir, cosa que no entendía, la relación marchaba bien sin inconvenientes o fuertes discusiones, ella iba a su casa un par de veces a la semana, hasta se quedaba a cenar a petición de su madre, tuvieron un par de citas y hablaban de todo tipo de cosas, confesaron sus mayores miedos y secretos. A simple vista una fructífera relación.

Pero… Ventus concibió que no podría seguir.

El miedo le invadió cuando se quedaron a solas en su casa, los padres de la chica no estaban y al ser hija única la casa quedó solo para ellos. El rubio nunca pensó el rumbo que llevaría ver una simple película, inocentemente no reparó que la chica a su lado ignorara el largometraje para concentrarse a hacerle mimos a su novio. Ya a sus 16 años no era un tema tabú ni nuevo que las hormonas salieran a flote, son adolescentes, es obvio que ella buscara experimentar ese tipo de cosas. En un punto en que el Ventus no recuerda, la chica terminó encima de él dándole besos más hambrientos y apasionados que normalmente ellos se daban. No le disgustaba, la verdad era lo contrario, le gustaba esas nuevas sensaciones hasta que la chica insinuantemente empezó a rozar su entrepierna mientras dedicaba su atención a su cuello. La incomodidad se hizo presente y aunque su pequeño amigo respondiera positivo al estímulo su mente se volvió un caos. No estaba listo para dar ese paso y su boca seca no emitía ningún sonido para detenerla. Asustado la empujó con fuerza cuando una mano empezó a bajar a invadir su ropa interior, su novia perpleja del rechazo se le quedó mirando mientras él se alejó como un animal indefenso.

Desde ese día empezaron a distanciarse un poco, muchas veces la chica le preguntó si es que no la consideraba atractiva o lo suficiente para ella más no recibía respuesta alguna. Ventus contradictorio a su personalidad empezó a ser más reservado sin ser capaz de aclarar las cosas porque sinceramente ni el mismo entendía que había sucedido. Se sentía avergonzado consigo mismo; y apenado buscó disculparse con Mei, no obstante, cuando ella decidió volver a ir lento pero igual de cariñosa y romántica que antes no fue lo mismo para el rubio. Algo ese día comenzó a instalarse muy en el fondo de su corazón, eso no es lo que aspiraba y así tres días antes de San Valentín terminó con ella de la forma más amable que pudo, al final actuó como cobarde al ser fue capaz de revelar lo que pasaba dentro de su mente. Le dolió mucho haber lastimado a un alma tan inocente debido a sus inseguridades.

Para Vanitas no pasa desapercibido el temblar de las manos del chico a su lado, que incómodo y sintiendo el terror recorrer su cuerpo busca refugiarse en su espalda. El mayor no hizo ningún movimiento mientras posa su mirada analítica en la joven frente de ellos. No entendiendo porqué lo usa como escudo.

El rubio pretende buscar las palabras correctas que salgan por su boca pero nuevamente se ha quedado en blanco.

La joven que en un principio luce una sonrisa contenta al recibir el saludo termina borrándola por completo al dar un paso adelante y recibir como respuesta uno hacia atrás manteniendo la distancia entre ellos. Al cabo de unos segundos su desconcierto transforma su rostro en una de completo enojo dedicada a ambos jóvenes, su postura se vuelve rígida, alertando de esta forma a ambos jóvenes, principalmente al pelinegro que no está de ánimos de recibir rabietas ajenas.

—Dime que esto es una broma… —susurra aguantándose las lágrimas que quieren escapar de sus ojos grises—. Es una broma ¿verdad? —levanta el tono.

—¿Q-qué es broma? ¿A qué te refieres M-Mei? —logra articular el rubio arrugando parte de la camisa de Vanitas que sostiene en puños. Vanitas solo levanta una ceja planteándose internamente no intervenir.

La chica cierra sus puños con fuerza mientras mueve la cabeza de un lado a otro, cierra sus ojos y muerde sus labios conteniendo algo que al parecer no sabe cómo expresar.

—¡De esto! —explota señalando a su alrededor, dejando confundidos a ambos chicos debido al tono de decepción que empezó a emplear la chica quien está al borde de un colapso—. ¿Por qué no confiaste en mí? Yo creí que podíamos arreglar lo nuestro y que solo era un malentendido, que solo estabas asustado y confundido. Antes todo era perfecto, no debía terminar de esta forma… Yo hasta te compré un regalo. —Muestra una pequeña bolsa que ocultaba en su espalda mientras suplica al rubio volver con ella—. Por favor, Ventus volvamos, yo te quiero, yo te amo.

El pelinegro se encuentra impresionado por los repentinos cambios de humor, no hace más que unos segundos la joven irradiaba enojo para tornar a la tristeza y volver al enojo al ser nuevamente rechazada.

—Y-yo también te quiero Mei —dice Ventus intentando calmarla. Vanitas entorna los ojos cansado no quiere escuchar una telenovela en vivo y en directo pero sus intenciones de escape fueron interrumpidas por el fuerte agarre en su espalda que era lo único que mantenía en pie esas piernas que temblaban por lo que está por decir—. Yo te aprecio mucho pero lo nuestro ya no funciona… No puedo corresponderte de la misma forma.

—¡Soy una tonta! —entra en llanto tapándose el rostro con ambas manos llamando así la atención de las demás personas dentro de la tienda—. Yo lo único que he hecho es llorar por ti, no he dormido y comido pensando en qué pude fallar pero nunca pensé en esto, yo creí en ti, todo este tiempo te consideré alguien sincero y dulce… pero eres cruel… ¿Por qué no me lo dijiste?

Las mujeres podían se aterradoras cuando se molestaban y mucho más cuando no entiendes por completo el motivo de su enojo y de alguna manera descubrías que desde un principio era tu culpa y ya no habría forma de enmendar tu error.

—Yo hubiera entendido perfectamente y no te habría juzgado… ¡¿Por qué no me lo dijiste?! ¿Es que tampoco nuestra amistad significó algo?

El sentimiento de culpa no lo deja tranquilo, no quería que las cosas terminaran de esta forma, él solo quería tiempo para organizar su mente para explicarle a Mei el motivo de su ruptura. Aunque no lo tenga del todo claro, una cosa sí y es que nunca llegó a amarla, confiesa que se sintió alegre y dichoso de su compañía, ella es una chica directa e inteligente como también muy bella, lo que la llevó a resaltar entre el resto, a pesar de eso, no conquistó su corazón y eso lo supo en los últimos días cuando prefería un abrazo amistoso que besar sus labios. Le duele el entender perfectamente lo devastada que está, a ninguna persona le gusta que lo rechacen principalmente cuando menos se lo esperan.

—¿No dirás nada? ¿Vas a seguir escondiéndote?

—Yo… realmente no sé qué decir. —Baja su cabeza adolorido.

Y soltando lo que tanto había contenido, a lo que estaba negada a ver todo este tiempo y no lo aceptaba hasta ese momento, ya no puede seguir haciendo la vista gorda a sus deducciones.

—¡Decirme que eres gay! —revela helando al gemelo que se queda tieso ante tal suposición, no esperaba nada ese giro de los acontecimientos.

Él definitivamente no es gay.

—Debiste decirme que eres gay y que estás saliendo con este chico. —Señala a su acompañante quién en respuesta levanta una ceja impetuoso.

"¡¿Qué?! ¿Por qué todos insisten en que somos pareja?"

Ventus nunca le ha gustado los hombres, en ningún momento se ha sentido atraído hacia ellos, debe admitir que sí hay hombres guapos pero no le atraen de forma sexual. Además, el simple hecho de imaginarse como pareja del pelinegro a su lado le da muchos escalofríos, apenas tienen horas de conocerse y no lo soporta, es engreído, arrogante, sarcástico, grosero y muy molesto, todo lo contrario a Mei. No cabe en su cabeza salir con un hombre y mucho menos alguien como Vanitas, no entiende de dónde sale esa idea tan descabellada.

Más no fue consciente de su cercanía al mayor hasta que posa sus ojos en él, avergonzado por el escrutinio de esos ojos dorados puestos en él se aleja exaltado, sus mejillas arden con mucha intensidad mientras niega con los brazos.

—Y-Yo no… Es-esto es un mal-malentendido… —balbucea tratando de aclarar la situación pero sus palabras se traban en cosas inteligibles.

Para mayor sorpresa y vergüenza el pelinegro lo atrae hacia su pecho, con un agarre firme en sus caderas para evitar que se escape e ignora todo tipo de quejas o preguntas hacia su persona.

Vanitas se dedica a hacer una guerra de miradas con la castaña que lo ve con rencor y envidia.

—Estamos saliendo, ahora que sabes la verdad ya puedes irte a llorar a otra parte. —Dicha confesión cae como un balde de agua fría, hiriendo más sus sentimientos al comprobar que había perdido toda esperanza, pero la simple idea de ser engañada la humilla—. Sácate de tu cabeza que volverán… —El pelinegro sonríe con suficiencia por las expresiones que le devuelve la chica e ignora por completo los intentos de Ventus en llamar su atención al halar su manga.

Ventus no puede dar crédito a lo que está oyendo, eso fue una completa mentira, ellos no son novio, ni están saliendo, ni nada relacionado. ¿A dónde quiere llegar Vanitas al decir eso? Ha arruinado más de cómo estaban las cosas, ahora Mei seguro debe estar odiándolo.

—Eres un… —sus palabras se atoran.

Era obvio que la chica no sabe qué decir, hasta Ventus tampoco, es totalmente inesperado para ambos. No sabe cómo ni cuándo Vanitas lo atrajo más hacia su persona, en un momento fugaz con ojos abiertos llenos de confusión se encontraba bajo la merced del pelinegro quien posó sin permiso sus labios sobre los suyos. El gemelo paralizado percibe por menos de un segundo la textura suave y dulce arrasando con ese pequeño acto su cordura dejándole un gran escalofrío, fue un beso corto sin movimiento ni respuesta pero fue más que suficiente para dejarlo en estado de shock.

Un chico lo acaba de besar… Un chico le robó un beso… ¡Y ese chico había sido Vanitas!

Victorioso le regala una sonrisa burlona—. Ahora lárgate, arruinas mi humor. —La echa con la mano con un tono aburrido y levemente irritado.

—¡Eres un idiota Ventus! —finaliza gritando toda su frustración antes de irse corriendo por la puerta derramando lágrimas.

Al salir Ventus de su trance empuja con fuerza al pelinegro quien lo miraba extrañado, se había quedado en blanco con sus ojos azules fijos en los labios contrarios y no había sido capaz de reaccionar antes de que su exnovia huyera insultándolo. La rabia lo consume y todo gracias a las tontas acciones del insoportable hermano de Sora.

—¿Por qué hiciste eso? —Indiferente se encoge de hombros.

Vanitas chasquea la lengua aburrido de dar explicaciones y de terminar siendo el malo de la película, que según su lógica había salvado al rubio de una absurda y agotadora pelea.

—Es la forma más fácil para que te olvide… De nada.

—Ahora piensa que le terminé porque la engañaba contigo —le reclama con las intenciones de que se retracte y entienda de una vez su error.

—Relájate… Es solo une pequeña mentira ¿Qué tiene de malo? —Vanitas sigue sin entender la exageración del asunto, había mandado a volar a la castaña y ya no estaría pidiendo explicaciones o con las intenciones de volver a acercarse de forma íntima al rubio, Ventus debería estar agradecido con él.

—¡Qué no soy gay! —explota gritándole en la cara sorprendiendo al contrario.

—¿No? Todo este tiempo creí que lo eras —responde en defensa por haber cometido un error de cálculo, desde que llegó y vio al rubio creyó que era gay.

—¿Disculpa? ¿Entonces por qué demonios saldría con Mei?

—¿Por qué terminaste con ella? —contraataca firme acercándose al rubio sin apartar sus ojos dorados.

—Y-yo… —Su seguridad se vio quebrada a medida que sentía que faltaban escasos centímetros entre ellos, nuevamente le viene a la mente la escena del beso y la sensación de la presión de sus labios, tartamudeando logra preguntar lo que lo ha estado torturando— ¿Por-Por qué me be-besaste? —concluye rojo de la vergüenza.

—¿Qué hay de malo con eso? Fue solo un beso, no es nada del otro mundo.

—Somos chicos y apenas te conozco.

—¿Y? Ya sabes mi nombre, eso es suficiente.

—Aagh —grita frustrado pasándose las manos por los cabellos —¿Acaso vas por ahí besando a las personas que se te pasan por al frente?

El mayor no se inmuta ante las acusaciones del rubio, en cambio se queda pensativo con una mano en la barbilla tratando de recordar las ocasiones que se iba a fiesta con sus amigos y terminaba besándose con una chica sin saber nada de ella, su excusa era simple, solo eran besos y eso no hace daño a nadie, en cambio él no era tan descuidado para terminar acostándose con un desconocido, eran contadas las veces que había tenido sexo con alguien.

—En ocasiones no saber el nombre le da un toque de diversión —se burla de la expresión de incredulidad del gemelo quien no puede entender su lógica.

—Estás loco, eres todo un pervertido y aunque hagas ese tipo de cosas no te da derecho de besarme sin mi consentimiento.

—¿Quieres que para la próxima te pida permiso? —le divierte el sentido que ha tornado la conversación. Dios, ese chico grita virgen en todo su rostro.

—¡Si! Di-digo ¡No! No va haber una próxima.

Muy avergonzado e irritado por la risa burlona ocasionada por su error, trata de recoger algo de su orgullo volviendo al punto inicial de la discusión.

—Has arruinado todo. Ahora debo hablar con Mei para arreglar la estupidez que acabas de hacer. ¿No entiendes lo molesto que estoy contigo? Me debes una disculpa, ni en un millón de años te voy a agradecer por haber mentido de tal forma y, lo que es peor, haberme besado.

La canción de su banda favorita da por finalizada esa discusión sin rumbo, la melodía proviene del bolsillo derecho del pantalón de Vanitas, esencialmente de su móvil. Ambos quedan en silencio observando la pantalla, Ventus por más que lea el nombre desconoce al remitente, en cambio el pelinegro lo conoce muy bien y por lo mismo frunce el ceño debatiéndose internamente si debía contestar. Acepta la llamada antes de permitirle hacer alguna pregunta o que continúe con su reclamo. El mayor emplea un tono más grueso y serio cosa que atrajo la curiosidad del otro siendo finalmente ignorado cuando le dan la espalda y se alejan de él.

En otra ocasión con un diferente contexto le daría importancia al rington seleccionado, en cambio la rabia le hace imaginar las mil y un formas que puede hacer para clavarle cualquier objeto puntiagudo a ese acosador arrogante que le había dejado hablando solo, pero termina conteniendo la respiración para reprimir sus intenciones asesinas. Ventus es más metódico y con mayor tolerancia que su impulsivo gemelo, este no hubiera dudado dos segundos en lanzarse encima del otro a darle un puñetazo, por muy tranquilo que parezca tiene un mal control de la ira.

A diferencia de Ventus que actúa de formar diplomática alejándose todo lo posible para despejar su mente. Lo que no esperaba es que atrajera toda la atención del dependiente, que divertido no disimula un poco su estruendosa risa.

—Tremenda telenovela montaron allá ¿Cuándo sale el próximo capítulo? Muero de gana de saber cómo termina. —Le guiña mientras realiza con las manos varios corazones. Ventus pasa de largo con cara de pocos amigos. —Recuerda que tengo promociones para los tortolos. —dice mortificándolo mucho más.

—¡Cállate Demyx! —brama dedicándole una gélida mirada que le pone los pelos de punta.

—Uff… que miedo… por un momento sentí que era Roxas. —Tiembla el músico al verlo salir.

Mientras tanto con Sora.

Unos de los principales encantos que posee Sora es su inquietante personalidad que rebosa de alegría permitiéndose agradarle a todas las personas con las que se relaciona, impidiéndole no estar tranquilo por mucho tiempo, sacando de quicio a Roxas en muchas ocasiones; sin embargo, el castaño nunca lo ha visto como algo negativo, él siempre ha sido así, no es de quedarse en un solo lugar esperando que las cosas le caigan del cielo, su gran impaciencia es que lo impulsa a lanzarse sin pensar hasta conseguir lo que desea.

La pérdida de Riku lo ha desequilibrado de manera tal que en un principio actuaba como un alma en pena esperando algún día desligarse de lo que tiene amarrado al mundo terrenal, luego una nueva gran energía se mueve en su interior gracias a las nuevas esperanzas de encontrarlo. No ha dejado de preguntar insistente a toda persona que pasa por ahí sobre si han visto a un chico de acuerdo con la descripción de la foto de su teléfono. Ha preguntado a más de 30 personas y a las tiendas cercanas obteniendo la misma respuesta, nadie sabe del paradero de Riku.

La falla de su búsqueda ocasiona que sus esperanzas decaigan volviéndolo a meter en esa aura depresiva que lo rodea. Camina sin rumbo en específico hasta que roza con una pareja que entra a una pastelería, el olor del dulce lo impregna atrayéndolo haciendo que sus piernas se muevan de forma inconsciente hasta la vidriera del local. El paraíso del dulce se burla de él al estar separados por un gran cristal, se divisan una gran cantidad de chocolates y postres distinguidamente decorados puestos de forma ordenada y elegante sobre el escaparate. De solo verlo se le hace agua la boca, solo es sus mejores sueños había tenido una gran cantidad de azúcar de frente, se imagina disfrutando de cada uno de los dulces con las intenciones de catalogarlas de mejor a peor y buscaría varias excusas para repetir ese pastel de fresas con crema que un cliente se lleva felizmente a la boca. No puede evitar imaginarse comer ese exquisito pastel con sus amigos en especial con Riku.

Contempla fijamente tal paraíso con una mirada quebrada como un chico solitario con el corazón roto.

—Mis amigas me dijeron que esta es la pastelería. —Otra dulce pareja se detiene a unos metros del castaño. La chica habla risueña mientras atrae más su novio por el brazo.

—¿La que hace esas famosas galletas? —pregunta el joven mientras le sonríe a su pareja con mucho amor.

—¡Sí! ¡Mira ahí está! —Señala la chica a un estante que resalta sobre las demás.

—Debemos entrar y comprar algunas. —Con un asentimiento ambos entran a la pastelería con gran felicidad.

El castaño no pudo evitar prestar atención a la conversación y con gran curiosidad se acerca a ver el estante que señaló la chica segundos antes. Al parecer esas galletas son muy famosas en ese mes y es exclusividad de la tienda fundadora de esa tradición, lo que les llevó a tener una gran fama y demanda en esa temporada.

Se divisa encima de una tela rosa pastel un letrero en grande con letras doradas, debajo de la misma hay una gran cantidad de galletas en forma de estrella con diferentes decoraciones hechos con crema, su variedad de diseños y colores son muy llamativos y cada uno transmite una emoción e intensidad diferente.

—Galletas Paopu —lee Sora llenando de vaho al cristal.

Flashback/Hace 10 años

Los mejores tres días que ha tenido Sora en su pequeña vida y sabe que todavía quedan un par más para que todo vuelva a la normalidad. Ahora rebosa de gran felicidad por tener a su mejor amigo Riku viviendo con él en su habitación y todo empezó cuando la madre del platinado habló con sus padres avisándole que estaría una semana completa en un viaje de negocios, los padres del castaño amablemente se ofrecieron en cuidar a su hijo. De esta manera terminó pasando las tardes jugando videojuegos en compañía de su mejor amigo y en las noches veían juntos esas películas que tanto ama el castaño hasta quedarse dormidos. Ni el montón de tarea que le mandaba la escuela era suficiente para bajar sus ánimos ya que el platinado terminaba ayudándolo.

Su sonrisa resplandece más de lo habitual debido a la salida al cine con su familia y su mejor amigo que le sostiene la mano, que según el otro tiene deber como mayor de cuidar su bienestar y evitar que se pierda.

Los grandes ojos curiosos del castaño viajan de lado a lado observando todo a su alrededor con gran emoción, en todos lados hay personas agarradas de la mano, así como también sostienen flores y enormes globos circulares y en forma de corazón. Cada vez que tenía un globo rojo de frente deseaba tener uno para sí mismo y así tener una gran colección de globos que se amarraría a su cuerpecito para ir volando a todos los lados que pudiese imaginar, sería sin duda la envidia de todos los niños que lo vieran desde el suelo.

Para mayor emoción sus padres se detienen frente a un lugar que a sus simples ojos era el reino del dulce, no puede contar la cantidad de pasteles que ve, lo números no son su fuerte, él solo sabe contar hasta 50 a diferencia de Riku quien fácilmente puede dar con la cantidad exacta, pero eso no es lo importante sino sus ansias de probar un bocado de azúcar que lo tienta con solo existir.

Sin pensarlo mucho y movido por el duce corre hasta su madre para jalar con fuerza su falda y así obtener su atención.

—¡Mami! ¡Mami! Mira —señala con su pequeño dedo al cristal poniendo su mejor cara de cachorro—. Quiero esos corazones de chocolate.

—¡Yo también quiero dulce pero sin esas ridículas formas! —Sale Vanitas de 9 años detrás de su padre haciéndose notar entre todos los presente. No es un gran amante del dulce pero sin duda no dejaría que su pequeño hermano de 6 años fuera el único consentido ese día.

—¡Vanitas! cuida tu lenguaje —advierte la madre a su hijo mayor.

Su padre saliendo a su rescate evitando una posible pelea entre madre e hijo acaricia con dulzura la muñeca de su esposa.

—Elisa, mi amor ¿Quieres que te compre algún chocolate en especial? Hoy es el día en que debo consentir a mi hermosa chica. —Le da un dulce beso en los labios con la finalidad de que acepte su propuesta y en respuesta recibe una sonrisa llena de amor.

—¡Asco! —dice Vanitas volteando hacia el lado contrario ganándose unas risas de los adultos por su tierna reacción.

Minutos más tarde después de las nuevas insistencias de sus hijos se formaron en la gran cola esperando su turno para su pedido.

—Me das una caja de bombones de forma de corazón. Un cheesecake y ah… ¿Ya te decidiste cariño? —Se dirige Elisa a su hijo menor que no podía escoger entre la gran variedad de formas y sabores, cada uno le parecía más delicioso y bonito hasta que vio una gran galleta en forma de estrella, su forma favorita. Le pidió a su amigo Riku que leyera el nombre causándole risa debido a su originalidad.

—¡Quiero las estrellas!

—Muy bien, deme un paquete de esas galletas Paupu y… ¿Qué deseas tú, Riku? —Se dirige ahora al niño platinado que no había pedido nada por pena.

—Lo mismo que Sora.

—Muy bien, dos raciones de galletas. ¿Todo para llevar? —pregunta el dependiente mientras envuelve los pedido en lindas cajas rosadas adornadas con un lazo.

—Sí, por favor.

Al fin había llegado a casa después de unas largas horas de compras, donde terminó comprando nuevos juegos para su PlaySation aumentado así sus ganas para llegar a su habitación. Una vez dentro le recordó a su madre que le había prometido darle las galletas una vez llegaran a casa quién muy sonriente aceptó sus peticiones.

—Aquí tiene mi bebé hermoso sus galletas, no te vayas a comer todas en una sola sentada debes tener cuidado de no atragantarte. —Le entrega las dos pequeñas cajas y le aprieta dulcemente la mejilla anunciando que es libre de ir a su habitación.

Llevó a rastras a Riku con gran rapidez escaleras arriba perdiéndose de vista entre los pasillos. Por otra parte, Elisa le dio un sonoro beso en la mejilla a su hijo mayor al entregarle su cheesecake quien se sentó en la sala a ver la serie de terror que tanto le gusta.

En la habitación del castaño Riku se centra en preparar la consola y probar los nuevos juegos, a su lado se encuentra el castaño abriendo la caja que ve embelesado las galletas que son más grandes que su diminuta mano. Las galletas de cerca lucen mucho más lindas, los colores rosa azul y plateando combinan perfectamente.

Con satisfacción se lleva una galleta a la boca explotando en su lengua una cantidad de sabores dulces y frutales, una exquisitez para su paladar sencillamente divino, una vez terminada la primera galleta y extrañarla prosigue con las siguientes. Sora lleva su mano a la caja consiguiéndola vacía solo quedan migajas en ella, de alguna forma había ingerido todas las galletas mientras veía a Riku jugar.

El castaño deseoso de más azúcar en su organismo divisa la caja intacta de Riku al lado de este, llevándolo a un pensamiento y una sonrisa traviesa se cuelga en el cuello de su mejor amigo restregando sus mejillas llenas de rastros de galletas en las del contrario, utiliza esa maniobra persuasiva que tanto han funcionado hasta entonces convenciéndolo así de que abra su caja de galletas y le dé una.

—Tú tienes tu propia caja de galletas, no debes pedirme más. —Se mantiene firme sin caer en las súplicas del castaño.

—Me las comí todas —revela con las mejillas rojas y sonríe con complicidad

El platinado puede ver como el menor intenta esconder torpemente en su espalda la caja vacía. En definitiva el castaño no cambiaría por mucho que le reclamaran y su deber como mayor correspondía frenar su ingesta descontrolada de azúcares.

—Lástima, estos son mías. —El peliplata sostiene la caja mucho antes de que Sora logre arrebatársela.

—Pero Riku… —Sora comienza a hacer un puchero con su boca para persuadir a su amigo—. Solo quiero comer una más… solo una.

Riku es débil, lo sabe, nunca se resiste a la cara de cachorro del castaño.

—Bien, solo una. —La mirada alumbrada de Sora se enfoca en la mano pálida que se toma su tiempo en deshacer el moño de la caja, al ser abierta no puede evitar pasarse su lengua por sus labios tratando de controlar sus impulsos de comerse todas las galletas de su amigo. Su decepción no se hizo esperar al ver al de ojos aguamarina ignorar sus súplicas y meterse la mitad de la galleta en su boca, lo ha engañado, su objetivo es molestarlo y restregarle que esa caja y su contenido son suyas.

Pero Sora es mucho más inteligente, así que en venganza le arranca la mitad de la galleta y se la lleva directo a su boca satisfecho por su cometido.

Riku está atónito, sabe que eso no debió pasar, él conoce muy bien el significado de esas galletas y el por qué se preparan en un mes tan especial, no hubiera puesto resistencia si el castaño le pedía una galleta entera para él solo, pero compartirla es totalmente diferente.

—Sora no debiste… no debiste hacer eso…

—Ja, ja. Te sorprendí ¿verdad? —El menor no entiende la seriedad del asunto hasta que su compañero niega lentamente— ¿Por qué? Dijiste que me la darías pero me engañaste, así que fui más rápido y la tomé.

—No entiendes Sora… Estas galletas son especiales. —trata de explicar pero es detenido por el menor.

—¡Claro! Son especiales porque te las compró mi mami —dice orgulloso de su progenitora al ser tan amable de cumplir sus caprichos de vez en cuando y de ser tan atenta con su amigo.

—No Sora, no en ese sentido.

El castaño deja de sonreír para míralo confundido mientras dobla su cabeza hacia un lado.

—Estas galletas son especiales porque solo las hacen una vez al año. —Mientras explica bajo la atenta mirada saca otra gran galleta de la bolsa y se la muestra—. Tienen forma de una fruta, que según las leyendas solo existen en Destiny Island.

—¡Woooo! ¡Eso es genial! Es una fruta mágica. —Comienza a saltar divertido por la historia.

—Aunque solo sea una leyenda, estas galletas representan el mismo símbolo de unión que la fruta… —Toma una pausa porque sus mejillas empezaron a enrojecer, le daba mucha vergüenza continuar pero debía decirle la verdad para el menor entendiera que no estuvo bien lo que hizo y no lo volviese a repetir.

—Riku ¿Qué es un símbolo? —Esto sería mucho más complicado de explicar.

El mayor decide obviar la pregunta anterior ya que ni el mismo lo tiene bastante claro y por lo mismo decide llenarse de valor y proseguir con la historia.

—Las personas compran estas galletas para compartirlas con sus seres más queridos, las que están en sus corazones. —Logra decir rojo hasta las orejas con la vista al piso, no tiene el valor de ver la expresión que tendrá el otro, seguro debe ser una de decepción.

El menor contrario a los pensamientos negativos del platinado lleva su mano derecha a su pecho justo encima de su corazón meditando ante la dulce historia que acaba de escuchar. Su corazón es muy bondadoso por lo mismo aprecia mucho a las personas más importantes para él: su familia y su mejor amigo Riku. Con los sentimientos más puros e inocentes sostiene con su mano libre la del otro logrando que los ojos tristes se posen en los azul cielo.

No pudo explicar ni entendía del todo pero esos ojos del mismo color que cielo despejado destellan de una forma peculiar que hizo llenar su corazón de tranquilidad.

—Tú siempre estarás en mi corazón Riku.

Asombrado siente que es imposible estar más rojo que un tomate, las palabras de Sora penetraron en su mente para nunca irse, más sabía que eran producidas por un malentendido por no saberse explicar.

—No es en ese sentido Sora… Las personas que comparten estas galletas quedan unidos por siempre. —Intenta nuevamente hacerse entender claramente fallando en su función.

La expresión de felicidad del menor cambia radicalmente a una de terror, decepcionando al mayor por creer que piensa tan mal de él.

—¡No! ¡No puede ser! Yo no quiero quedar unido a ti para siempre —chilla asustado preso del pánico—. Yo necesito escabullirme para no hacer mi tarea… mi ropa, mi suéteres de Disney se dañarán… no quiero compartir mis helados… y… y necesito ir al baño solo… —Su imaginación voló mostrándole los posibles escenarios que representaba quedar pegado al otro, al cabo de unos segundos comienza a llorar desesperadamente por su desgracia, esas galletas mágicas son una maldición. En un intento de que no se cumpla el hechizo hala su mano pero el mayor no le suelta con las intenciones del calmarlo sin comprender lo que pasa en la pequeña mente del menor— ¡Ya está sucediendo! ¡Quedaremos pegados para siempre! Odio a esas galletas… No quiero comer más nunca esas galletas… —Comienza a hipar hecho un mar de lágrimas.

Llora en el suelo frustrado con la idea de vivir para siempre pegado al cuerpo de Riku. Ahora su plan de viajar por el mundo con globos se hace imposible, con Riku sería mucho más pesado y tendría que convencer a su madre de que le compre más globos; y para rematar sería el hazme reír de todos los niños y su hermano mayor se burlaría de él todos los días, aunque esta última parte ya lo hace. Tiene que desistir a la idea de algún día volar.

El platinado busca abrazar a Sora para consolarlo siendo rechazado por este quien cree que si se deja tocar quedaran más pegados que antes, debe calmarlo antes de que todo se salga de control y Vanitas termine tumbando la puerta con humor de perros con la excusa de que el llanto descontrolado de su hermanito no lo deja ver en paz su serie y le dé una paliza a él por hacer llorar, a sus palabras, al "mocoso"

Acaricia esos cabellos puntiagudos y rebeldes con el fin de ser escuchado, utiliza una voz calmada digna de una madre amorosa que desea que su hijo pare de estar triste.

—Sora, no llores… No pasa nada, no vamos a quedar pegados. —En eso lo suelta con lentitud parando sus las lágrimas quien aliviado no deja de besar su muñeca libre—. La unión a la que me refiero es como la de tus padres, ellos se quieren mucho y por eso están casados, ellos siempre van a estar juntos sin importar cuantos años pasen.

Su mente confundida al fin pudo ver la verdad al comprender que no quedarían pegados para siempre, la verdad es diferente y mucho más agradable, estaría para toda su vida junto a su mejor amigo, con Riku y todo se debe a la magia de esa galleta especial. La calidez en su corazón lo invade, no imagina un mejor futuro que estar rodeado de las personas más preciadas.

Atesorando ese futuro, decide guardarlo en un baúl como un tesoro oculto en su corazón. Limpia sus mojadas mejillas al agarrar otra galleta y partirla por la mitad bajo la atenta mirada del mayor.

Con la sonrisa más reluciente mostrando todos sus dientes de leche y la falta de algunos dedica unas palabras que quedarían impregnadas en el destino de los dos, forjando un vínculo más allá de lo que podrían comprender a su edad.

—Vamos a compartir estas galletas todos los años, así siempre estaremos juntos, porque yo quiero estar siempre al lado de Riku y que él esté conmigo.

Aun pensando que Sora no entendió del todo desiste en explicarse al quedarse perdido en esos hermosos ojos azules que irradian felicidad. Intenta ocultar sus mejillas sonrojadas al aceptar gustoso la mitad ofrecida.

Al final no sonaba nada mal para ninguno pasar toda su vida al lado del otro.

Fin del flashback/Vuelta al presente.

No tenía ni idea de porqué su mente le hace recordar algo como aquello en ese momento, ni siquiera recordaba que algo así había sucedido entre ellos dos, muchas cosas que pasaron hace 10 años ni las recordaba. Su mente no dudaba en torturarlo en el peor momento, es como si estuviese vengando por sus estupideces. No aguanta la vergüenza, solo era un niño risueño e ingenuo pero eso no disminuye sus réplicas a su yo de niño por haber sido tan exagerado y en énfasis cursi al decir algo como aquello.

¿Riku recordará eso?

Sus manos no son suficiente para ocultarse del mundo, desea que la tierra se abra y lo engulle de una buena vez o que venga los extraterrestres y se lo lleven como experimento, todo con el fin de olvidar esas sensaciones que hacen enrojecer en gran medida su rostro.

¿Cómo pudo ser tan inocente y compartir esas galletas con Riku? ¿Por qué pidió específicamente esas galletas? ¿Por qué su madre siempre tiene que consentirlo en casi todo? Le echa la culpa a todos por complicar su vida, era mucho más fácil y menos complicado comprar una tarta de chocolate, se ahorraría muchas cosas… Pero ¡No! ¡Tenían que ser justamente esas galletas!

"Menos mal que se me olvidó y nunca compartimos esas galletas en los siguientes años. Riku se burlaría de mi hasta el día que me muera si recordara"

Lo cierto es que no sabría que responder si el platinado llegase a mencionar algo referente a su recuerdo, huiría como un cobarde, escondería su cabeza dentro de una bolsa y no lo sacaría nunca más. Ni la tonta idea de volar con globos se comparaba con la absurda idea de quedarse pegado a Riku por comer unas galletas.

Compartir esas galletas significa que pasaría su vida con Riku como pareja, esas galletas son para afianzar algo mucho más que la amistad, ellas representan el amor. ¿Acaso él se ha enamorado siquiera? ¿Su relación con Riku va más allá que la amistad? ¿Habría posibilidades de considerarlo amor?

Prefería lanzarse de un puente que seguir siendo martirizado por sus pensamientos, o eso intenta creerse porque a pesar de que sienta el miedo consumirle con la idea de amar al platinado, la realidad es otra, cada segundo que pasa ansía con intensidad que en ese preciso momento ese chico estuviera a su lado rodeándolo entre sus brazos, deseando que nunca se aleje, prefiriendo lidiar con su vergüenza que el vacío que siente su corazón en este mismo instante.

¿Si es solamente su mejor amigo por qué algo de su interior desea muy en el fondo volver a compartir esas galletas con él?

La única solución que vio factible es golpearse la frente contra el muro una y otra vez repitiéndose "tonto" en cada golpe.

No muy lejos de ahí sale Ventus en busca de Sora, mientras más alejado del pelinegro estaría mejor, por primera vez su vida se encontraba muy molesto con alguien con la que tiene dos días conociendo. No quería imaginar cómo serían los días siguientes después del alboroto en la tienda de música. Las ganas del golpear al pelinegro no se iban de su mente y algo le indicaba que por una vez dejase de lado su raciocinio y regresara a ponerlo en su lugar.

Sus alarmas se activan al divisar al menor del grupo frente de una pastelería tratándose de desaparecer del mundo. Ha estado actuando muy extraño desde que lo encontraron en el baño, lo que le hace concluir que algo malo pasó anoche pero lastimosamente nadie recuerda.

Una imagen invade su cerebro generándole una punzada. Recuerda un descorazonado Sora llorando encerrándose en el baño gritándole a todos que lo dejaran solo.

Al fin algo de claridad llegaba aunque sigue igual de difusa y sin sentido, sin un contexto en qué ponerlo.

—¿Sora, estás bien? —No repara en su presencia hasta que pone una mano en su hombro. El rubio utiliza un tono calmado pero con un deje de preocupación.

—¡Ah! Yo… ¡No me mires! —Se aparta con brusquedad del rubio evitando evidenciar su sonrojo.

—¿Sora? —Ventus no recibe respuesta, observa entonces lo que tanto estuvo viendo el chico antes de ser interrumpido.

Esas galletas… ¿Acaso quiere compartir ese galletas con alguien? Quizás a…

—¿Quieres que compre unas galletas? —dice con las intenciones de ayudarlo.

—¡Si!... ¡¿Qué?!... ¡No! —se rectifica y comienza a hacer señas con las manos desesperado—. No quiero… estoy bien —termina con una pequeña mueca apenado

—¿Estás seguro? Porque yo no tengo problemas en…

—¡No!... deberíamos ir con Demyx para ver si ya supo algo de Riku —Arrastra al rubio de nuevo a la tienda.

Sora se propuso hacer como si nada pasara, no quiere que terminar siendo descubierto por sus amigos pero para cumplir su objetivo primero tendrá que tratar de calmar las emociones que revolotean en su estómago.


Hola!

Tengo una duda, no sé si seguir montando esta historia aquí porque no sé sí alguien la lee. Actualmente actualizo esta historia más seguido en otra plataforma. Si quieren que la siga subiendo en esta página por favor déjame un comentario para saber si borro o no el fic.

Si todavía hay un alma leyendo esto no tengo problemas en seguir actualizando, solo espero que las locuras que yo escriba sea de tu agrado ;)