Capitán escarlata.
La mesa en donde se encontraban era sólo para dos personas. Un rincón ideal para dos ninjas que intentaban no ser vistos ni escuchados por nadie.
El bullicio en el establecimiento al que habían entrado les ayudaba en no tener que disminuir el sonido de sus voces, mientras se sentaban pacientes a esperar que tomaran sus pedidos. Ninguno de los dos había vuelto a hablar desde que Iruka había sugerido que fueran por algo de comida, y se lo agradecía. De todos sus compañeros de trabajo, era el de la cicatriz el que se mostraba más elocuente y decente, el más centrado, era por eso por lo que lograba sentirse ligeramente más cómodo y menos juzgado con él.
Pero aquella era una situación distinta.
Se revolvió inquieto en su asiento, su vida se había convertido en una horrible y pesada broma de la noche a la mañana, y no sabía cómo volver a la normalidad. Se sentía un verdadero idiota por no poder controlar la situación en la que se encontraba.
Era un genio de su clan y no podía resolver algo tan inútil. Su padre estaría revolcándose en la tumba que él mismo le había hecho.
Eso no sonaba bien.
Aunque eso quedaba en segundo plano.
Todo su lugar de trabajo estaba divirtiéndose a sus costillas, se reían de él, del gran Itachi Uchiha, por todos los cielos.
Observó al sensei, estaban uno frente al otro. Sus miradas por más que intentaran pasearse por el establecimiento terminaban chocando una con la otra.
Notó como Iruka lo observaba con mucho detenimiento, dudando en hacer la pregunta que, estaba de más decir, sería incómoda para ambos, la intensidad de su mirada sólo se lo confirmaba.
—¿Puedo traerles algo de beber? —la mesera que se posicionó frente a ellos era una civil normal, eso si no mencionaban sus grandes senos cubiertos sólo por un top de red, su rubio cabello y su pequeña cadera moldeada por una apretada minifalda. Sus ojos se enfocaron en ambos ninjas apuestos, regalándoles una mirada demasiado picara, imaginándose a ella llena de sudor y gimiendo entre los dos hombres en una noche desenfrenada—, Por ser ninjas de nuestra aldea el postre se los puedo dar sin costo —insinuó con doble intención.
Iruka se sorprendió al descubrirse siendo el primero en percatarse del coqueteo.
—Yo estoy bien así —comentó un tanto nervioso. Al pasar tiempo con Kakashi, era normal que se enfocaran más en el peliblanco que en él, además, su ex novia Amy seguía robando sus pensamientos más románticos y sexuales. Miró a su acompañante por el rabillo del ojo y notó que el otro no se había dado cuenta de la insinuación.
—Quisiera un té y unos dangos, por favor —habló firme, pero desviando la vista al lado contrario del escote de la chica. No se explicaba cómo podían dejarla trabajar con semejante vestuario, y lo peor, era que ella parecía disfrutar de lo que provocaba en los hombres, no estaba consciente del peligro que la asechaba al hacer algo tan atrevido.
—Regreso en un minuto —después de guiñar un ojo a sus clientes, la chica había hecho tiempo récord al regresar y marcharse, no sin antes dejar anotados su nombre y el horario de su turno en la servilleta de Itachi.
Cuando terminó de comer su pedido y empezaba a disfrutar del calor del té inundando su boca y deleitando su paladar, Iruka carraspeó, en una clara señal de que concentrara su atención en él, por más bochornoso que pudiera ser lo que tenían que discutir.
Suspiró. Si empezaban cuanto antes, tal vez más rápido terminarían. Aunque no había mucha probabilidad de que eso pasara.
—Esto es tan difícil para ti como para mí —comenzó el castaño, mirándolo directamente, pero sin juzgarlo todavía. Su mirada y su personalidad siempre habían sido transparentes para todo el que lo conociera—, pero temo que, si no te lo pregunto yo, los demás lo harán, y ellos no serán muy comprensivos ni discretos —Itachi asintió, dándole un sorbo a su bebida para tratar de ocultar el sonrojo que sus mejillas habían adquirido de sólo imaginar esa alternativa— ¿cómo es, que aún no ha pasado? —preguntó con curiosidad e incredulidad.
No era un secreto que las mujeres en Konoha y en las demás aldeas se morían por salir y tener un amorío con alguno de los dos últimos Uchihas. Le costaba trabajo entender porque él aún no había tenido ni una experiencia sexual, y dudaba que un orgulloso heredero del sharingan utilizara muy a menudo otro tipo de liberación sexual.
—Es que no pasó —confesó Itachi mientras jugueteaba con su taza de té, sin mirar a Umino— de adolescente lo intenté una o dos veces, pero nunca pasó… —recordó con vergüenza a Izumi, Kira y Yuki—… y mientras más grande era más nervioso me ponía, porque todavía no había sucedido. Llegué al grado de sentirme tenso en compañía de una mujer —el azabache observó al castaño, avergonzado de decir uno de sus más íntimos secretos, forzándose a terminar para poder irse y recriminarse en un lugar pacifico— Lo cierto es que no pude hacerlo, y al final sólo dejé de intentar.
Iruka parpadeó sin decir nada, asimilando cada palabra dicha por el virgen, tratando de encontrar como seguir con la plática sin que Itachi quisiera salir corriendo. Desvió su vista al suelo, y luego la regresó al menor.
—¿Lo quieres volver a intentar? —preguntó con una extraña inocencia el antiguo sensei de Naruto.
—Ya es tarde —se aventuró a contestar Itachi dándole un sorbo a su té que estaba por acabarse— en ocasiones, creo que ya es algo tarde para mí —y no mentía. Un hombre de su edad, sin ninguna experiencia sexual ni una relación con más de 5 meses de duración le decían que no estaba preparado para las chicas de su generación, que ya habían experimentado todas esas cosas y que, todo lo que él no hacía aún era todo lo que ellas buscaban en una persona. Querían un contacto que él no les podía dar.
—Debes estar bromeando, los 25 son los nuevos 15 —trató de animar el castaño— no creo que quieras pasar el resto de tu vida sin haber estado con una mujer, o peor que eso —sonrió, sabiendo que lograría su objetivo—, sin conocer el amor. Sin haber experimentado los arrumacos, las miradas coquetas, las palabras dulces, y todo eso —terminó, esperando con ansias una respuesta.
—No sabría que hacer —algo era obvio, él no sabría cómo reaccionar o que decir si algo de eso pasaba. ¿Qué se le debe decir a una mujer para que te ame por el resto de su vida? Él como habría de saberlo si nunca había pasado de un cortejo torpe y sin gracia, pero cuando lo hacía, no había podido hacer el amor con ninguna, y no porque no quisiera. Él no sabía nada del amor.
—Debes arriesgarte —aconsejó el otro muy seguro de lo que decía—, tan sólo mírame —se señaló con ambas manos sabiendo que Itachi ya lo observaba— salí con una hermosa y extraordinaria mujer por 4 meses, los mejores meses de mi vida, hasta que ella me cambió por otro en una misión y en vez de pensar en que pude haber hecho para que me hiciera algo así, yo terminé con ella —contó—, estúpida decisión, me la he pasado arrepentido y abatido por eso los últimos 4 años.
—¿Por qué no regresas con ella? —cuestionó el azabache pensando en lo absurdo que sonaba todo lo que estaba escuchando, preguntándose si Iruka pecaba de inocente o de tonto.
Umino gruñó molesto.
—Ahora sale con un criminal —arqueó su ceja—, es su boba decisión y nada puedo hacer. Debo darle espacio y si ella quiere acostarse con todos los criminales del libro bingo tengo que respetarla —encogió sus hombros y dijo despreocupado— eso es amor.
—Eso suena horrible —más que horrible, era espantoso. Las personas debían estar muy desesperadas si hacían esas cosas.
—Claro que lo es —concordó Iruka— es demasiado sufrimiento, es agonía y desesperación —suspiró— pierdes peso, lo recuperas, la buscas en su departamento y se mudan a otra aldea, le mandas cartas y no las contestan, pero eso es el amor —sonrió tratando de verse convincente.
—Es la primera vez en muchos años que sostengo una conversación tan larga con alguien del trabajo —El Uchiha nunca había hablado tanto con alguien que no fuera su familia, y cuando intentaba conversar con alguien, la personas se aburrían de escucharlo hablar de su amor nato por su aldea. Se sentía bien que eso no pasara.
—Nuestra primera conversación entre compañeros —destacó Iruka—, deberíamos salir el fin de semana, sin presión, sólo para disfrutar —miró esperanzado a Itachi, el cual suspiró.
—Suena bien —no había una razón para no salir con sus colegas de trabajo, al fin de cuentas era para divertirse sanamente, lo que le recordó algo importante—, pero no tendré sexo con ninguna mujer —acordó decidido.
—El sexo será lo último en lo que pienses —seguró Umino.
Una vez que se despidieron al terminar de hablar, el camino de regreso a casa jamás se le había hecho tan pervertido como en esa ocasión.
Parecía que todas las mujeres en Konoha habían decidido salir con la ropa más diminuta y ajustada que tenían a la mano, vistiendo desde tops de red y faldas, hasta únicamente vendas sobre el pecho y shorts que apenas cubrían sus cuerpos. Algunas civiles se le restregaban al verlo pasar, y chocaban accidentalmente con él rozando sus atributos con su persona, transmitiéndole un calor poco sano, cuando pudo huir de aquellos atrevimientos, había visto cerca de su departamento a unos chicos acariciarse de una manera descarada y nada atrayente, poco les había faltado para tener relaciones sobre el polvoso suelo, pero una vez que entró en aquel edificio lleno de ninjas, se podía escuchar los gemidos y jadeos de esos chicos impertinentes. Gracias al cielo que había durado unos cuantos minutos.
Al entrar a su hogar, pon fin pudo relajar sus hombros y dejarse caer sobre su cama, su única y querida compañera siempre sabía cómo relajarlo.
Se cambió de ropa sin levantarse de la cama, y se dispuso a descansar. Se lo había ganado al aguantar todo ese lío.
*/
—Tranquilízate Itachi —Izumi se encontraba arrodillada en el piso, frente a su entrepierna, mientras su rostro lo tenía elevado en dirección al suyo. Le hablaba con la tranquilidad que un niño requería.
—No me han hecho sexo oral jamás —tenía casi 14 años, y no había sentido nunca una necesidad por un contacto tan sucio e íntimo, y sino fuera porque conocía a Izumi de toda su vida, posiblemente tampoco hubiera dicho "sexo oral" en voz alta. Sus piernas se tensaban de vez en cuando y sus brazos temblaban por la incógnita de lo que pasaría después.
—Shisui me dijo como hacerlo —respondió segura la castaña. Shisui era alguien experto en el tema, confiaba en que le había dicho todo correctamente, y aunque le parecía muy poco placentero el consejo que le había dado de morder la punta del miembro de Itachi, sí se lo había dicho era porque era verdad, y debía de ser algo bueno—. Te enloqueceré, Itachi —susurró el nombre del azabache y lentamente deslizó la virilidad en su boca, dando una tímida lamida para luego pasar al consejo del primo de su novio.
Todo iba de maravilla hasta que mordió a Itachi y un grito lleno de dolor se escuchó por toda la habitación, dando por terminada la diversión.
—Quítame la ropa —había ordenado aquella voz femenina pero fuerte. Kira, ella había sido un regalo de cumpleaños de Kisame. Por más que había mantenido oculta una información tan confidencial como lo era su fecha de nacimiento, su compañero azul lo había conseguido y había creído que un buen polvo lo ayudaría a tranquilizar su mal genio. A pesar de que había intentado deshacerse de la mujer que le habían conseguido, esa chica había sabido donde y de qué manera tocarlo para lograr excitarlo.
Había acabado sentado sobre una silla con Kira en medio de sus piernas.
—¿Qué? —preguntó cuándo ella le quitaba la remera.
—Desvísteme —habló ansiosa Kira—, ahora.
Itachi gruñó, había esperado años por ese momento, y cuando estaba pasando tenía que desvestir a la mujer, apenas podía con la idea de tener sexo y ella quería que hiciera algo más.
Llevó sus manos a los costados de la mujer y alzó con brusquedad la red que cubría sus pechos, lastimando los pezones de la peliverde.
—Oye —reclamó su regalo un instante después.
—Ya están por salir —sonrió Itachi, creía que el reproche de la mujer era por su demora en quitarle la ropa.
—¡Auch! —ahora su red se atoraba con su larga cabellera, mientras el azabache seguía jalando para liberarla—. ¿qué estás haciendo?
—Tienes que cooperar conmigo y ayudarme —pidió Itachi aun peleando contra el top.
Para cuando el Uchiha pudo quitarle la red a su obsequio, la calentura había bajado y la vergüenza se había apoderado de él.
Kira había salido furiosa, despotricando mil maleficios contra el clan Uchiha y los hombres que sólo encendían su ser, pero no apagaban su pasión.
Yuki había sido alguien muy difícil de olvidar.
Se habían conocido cuando Itachi se encontraba en una de sus misiones para Akatsuki.
Le había dado la orden de averiguar sobre ella y su desaparecido clan, si resultaba ser alguien peligrosa, entonces debía acabar con su vida.
Pero no pudo hacerlo. Cuando la vio, el cuerpo de esa chica lo atrajo tanto, que había utilizado todo su autocontrol para no ultrajarla, había investigado lo necesario y había salido huyendo antes de que su hombría desplazara a su mente y tomara acción por sí solo.
Tardó dos años para dejar de tener sueños húmedos con esa mujer.
*/
—¡No! —gritó, despertando de su sueño que solía durar pocas horas.
Itachi se lamentó de aquellos recuerdos reencarnados en sueños, estaba sudando y jadeando por una simple pesadilla.
Se había sentado en su colchón y había colocado sus manos sobre su cabeza.
No debía ser tan complicado salir con una mujer ahora, ¿no?
*/
Parecía que Tsunade tenía algo en su contra.
Se le había ocurrido la brillante idea de solicitarle más misiones largas y de alto rango a la Hokage con tal de no pasar más tiempo incomodo con sus "amigos", pero ella había rechazado su solicitud, alegándole que necesitaría de sus consejos durante esos meses. Aunque claramente no le creyó, un cuervo podría mandar el consejo que necesitara sin importar en donde estuviera y cuando se lo comentó a la de coletas, le había dicho que él era un miembro muy importante en su consejo y en la aldea.
Claro que él era importante, más ahora, si se marchaba, ¿de quién se burlarían entonces?
Debía permanecer ahí, donde su dignidad y respeto se perdían con lentitud.
Estaba buscando un documento que Tsunade le había pedido, en un cuarto polvoso de la torre.
Usaba el chaleco verde por petición y era difícil acostumbrarse a volver a usar lo característico de Konoha, su aldea natal y la que siempre tendría su lealtad.
Aunque por Sasuke había tenido que renunciar a ella, a todo.
—Itachi —Iruka llegó sin prisa a su lado, rodeando las cajas de papeles guardados y rompiendo el hilo de sus pensamientos—, ¿estás muy ocupado? —se detuvo unos pasos antes de llegar al azabache.
—¿Qué sucede Iruka-san? —preguntó él, girando su cuerpo para verlo, pero sin responder su pregunta. Claramente estaba ocupado, estaban en su lugar de trabajo y no era su estilo ir a pasear a la torre sin hacer sus obligaciones, si Iruka lo interrumpía debía ser porque tenía algo planeado.
—Saldremos esta noche a tomar algo —el castaño se acariciaba el cuello, esperando una excusa, preparando lo que diría para convencerlo—, y quisiéramos que nos acompañaras, ¿qué dices? Inténtalo y si no te agrada, no lo vuelves a hacer.
Itachi frunció las cejas y acomodó un par de cabellos rebeldes sobre su oreja.
—Vamos Itachi, no pierdes nada con ir —habló Kakashi llegando al lado de Iruka sin dejar de leer su preciado libro naranja—, además, todos aquí tenemos intriga de saber cómo es el curioso cuervo del gran Itachi Uchiha —remarcó el apodo del poseedor del sharingan, haciendo referencia a su miembro. El peliplateado con una sonrisa ladeada baja la máscara, y guiñándole su único ojo visible al azabache salió tan rápido como había llegado al evitar un kunai lanzado en su dirección.
*/
—Esto esta… —en su cabeza pasaban muchas descripciones de un lugar como el que estaba viendo con sus propios ojos, pero si decía algo malo y sus compañeros decidían dejarlo ahí, corría el riesgo de volver a casa violado por alguna chica—… muy lleno —especificó, decidiendo no dar su opinión al respecto.
—Sí, es que hay rebaja en el Sake —después de aclararle ese punto de vital importancia a Itachi, Iruka se separó del grupo, perdiéndose entre la multitud con un vaso de la bebida en rebaja.
El lugar al que habían ido estaba repleto de personas. Mujeres besándose, acariciándose y rozándose en forma de baile entre ellas, a pesar de que la música era de flautas, hombres alcoholizándose, manoseando a lo que pasara frente a ellos sin pudor. Él ni siquiera sabía que existían ese tipo de lugares en la aldea, ni que se hacían ese tipo de cosas en lugares comunales.
Su mirada recorría el piso, el techo, sus compañeros, y nada más. Trataba de no mirar detenidamente a nadie, no quería ver todo el descaro que podían tener los cuerpos rozando con otros, era un espectáculo vulgar y no entendía porque los hombres lucían severamente afectados por las féminas, pero él no.
Observó a Gai, y cuando quiso hacer lo mismo con Kakashi, se dio cuenta que ya no estaba con ellos.
—Escucha Itachi, esto es lo que pasara —habló con firmeza Gai que hasta ese momento se había mantenido al margen— lo que quiero que hagas es que vayas y consigas una mujer para pasar la noche complaciéndose —Itachi hizo una mueca mostrando su desagrado al escucharlo, pero Maito no se detuvo ante eso, lo sutil no funcionaba con su compañero—, utilizando tus instintos —dijo, agarrándose la entrepierna bruscamente con ambas manos al decir "instintos", sin cohibirse ni un segundo.
Itachi, al verlo de reojo arrugó la nariz, maldiciéndose en su cabeza por aceptar esa salida, no conseguiría lograr nada y lo sabía, Gai sólo estaba empeorándolo con sus señas grotescas. Había esperado que todo se solucionara, pero eso parecía estar lo más alejado posible a su realidad.
—Búscala con tus instintos —recalcó, haciendo el agarre de nueva cuenta sin quitar la mirada de Itachi.
—No lo haré —estaba hartándose de todo el asunto, y parecía que sus compañeros creaban nuevas formas para torturarlo. Ya no dejaría que se burlaran de él, debía de recuperar su honor—, ya basta, todo esto es una maldita locura. Iruka me dijo que no habría presión y ahora se va…
—Quiero que busques chicas ebrias —Gai le daba ligeros empujones para que Itachi lo escuchara, y no divagara en pensar que no estaba ahí —, pero no hablo de chicas mareadas, quiero vomito en el cabello, bandas ninja perdidas, shuriken llenos de sake.
—Yo no quiero, eso es algo malo, cuando una señorita se encuentra en ese estado…
—¡Deja de pensar! —Maito sabía que la inexperiencia del azabache podía hacerlo algo ingenuo, pero tenía que enseñarle de lo que se estaba perdiendo, además su actitud inocente empezaba a desesperar su lado más pícaro y pervertido que quería verlo irse de ahí, acompañado de una mujer que le enseñará a relajarse y pasarla bien— Ese tu problema, Itachi, piensas demasiado y para hacer esto, para ser un imán para el sexo, vas a tener que dejar de pensar.
Itachi gruñó por lo bajo, las palabras de su compañero eran las más ilógicas y tontas que había escuchado en todo el mes.
—Escucha, aunque no lo demuestras eres hombre y tienes necesidades, pero en nuestros genes está la solución. Hay un código en todos nosotros, civiles, shinobis, y ninjas hombres en todo el universo, en todas las galaxias, ese código nos dice: aviva "llamas candentes".
—Gai —Itachi gruñó sin importarle lo grosero que podía escucharse—, no me siento cómodo —rascó su nariz y bajo la mirada— avivando llamas candentes.
—Para por un momento, yo no use el término llamas candentes en un tono despectivo como tú.
—Pero eso está mal Maito, ¡No es correcto! —contestó con una ceja alzada y terriblemente indignado.
—Claro que no lo es Itachi, lo que es correcto para ti no funciona, no has logrado nada con esa actitud —el mayor de los hermanos Uchiha reconoció en su interior que ese era un buen argumento, uno que no podía refutar. Debía admitir que hasta sus compañeros más cercanos se habían burlado de sus excelentes valores— deberás probar lo inmoral —Gai estaba convencido de que, si el azabache empezaba a comportarse más atrevido y menos educado con las chicas, se acostaría con alguna de ellas en un dos por tres, por alguna extraña razón, los hombres mal portados siempre atraían chicas de todo tipo, desde las cohibidas hasta las libertinas.
Con esperanza y determinación tatuadas en los ojos del amigo-rival de kakashi, Itachi pensó que la insistencia de sus colegas en que tuviera relaciones podía ser porque estaban tratando de ser amable con él, y no se merecía ese tipo de ayuda.
Por eso soportaría un poco más, la sombra de su pasado como uno de los peores criminales no lo dejaba del todo tranquilo, había cometido tantísimos errores, así que, sí podía distraerse y empezar a manejar una vida ordinaria, estas cosas tendrían lugar en su existir. Él debería comenzar a ceder en ocasiones, Sasuke también se lo había recomendado con anterioridad, en muchas de sus charlas de reconciliación.
Lo haría, por él, por Sasuke, por su familia, por sus compañeros, por la villa.
Justo cuando Gai creía la guerra perdida, un carraspeo forzado se escuchó salir de Itachi.
—Y, ¿cómo sé cuáles están candentes? —se obligó a preguntar, tratando de parecer por completo convencido.
—Debes buscarlas con tu periferia y usarla en cualquier momento —Gai hacia movimientos con las manos, simulando que tenía un gran debate con el Uchiha—, por ejemplo, yo no te estoy viendo.
—¿No? —cómo podía ser eso posible, si estaba frente a él, con sus ojos viendo lo suyos, aunque en un segundo se desviaban y al siguiente volvían a observarlo. Justo en ese instante pasaba— Ah, eso.
—Exacto, no te veo, estoy viendo a una hermosa rubia de cabello corto parada cerca de la entrada.
—Vaya, eso es impresionante, y si lo usa también para sus misiones, pues debe ser muy eficaz en el campo.
Gai suspiró con cansancio.
—Sí, es cierto, ahora ve a atraparlas o se apagaran.
Itachi comenzó a andar, titubeando en el siguiente paso que daría hasta que encontró a una chica que creía que estaba lo suficientemente ebria, era una chica pelirroja y a pesar de que ese color de cabello no le agradaba nada, tal vez le diera una grata sorpresa.
—Buenas noches, ¿le gustaría charlar y tomar algo? —esperaba que la mujer le dijera que no, ansiaba que lo rechazara, nunca lo habían rechazado antes y no se había tomado el tiempo para invitar a salir chicas, no había tenido tiempo de descansar ni ser como realmente quería desde su adolescencia.
—¡Muerta! —gritó Gai desde la pequeña barra donde se había recargado para coquetear— Ella está muerta pero ya tienes la idea —le levantó el pulgar en señal de victoria—, sigue.
El azabache siguió deambulando por el lugar sin atreverse a hablar con las mujeres que parecían querer arrancarle la ropa con los dientes. Miró en todas direcciones y divisó a Kakashi cerca de donde se encontraba, tal vez él pudiera darle consejos o ayudarlo a encontrar a las llamas candentes de Konoha.
—Kakashi-san, ¿podrías ayudarme a buscar mujeres en mal estado? —Itachi alzó una ceja al ver el baile del siempre inexpresivo Hatake. Si su sentido del humor no estuviera casi muerto, seguro ue estaría riéndose. El peliblanco movía los hombros y la cintura a ritmo de aquella melodía que parecía enloquecer a los civiles, mientras tomaba la máscara que cubría su rostro como si estuviera a punto de caer de su lugar.
—¿Te muestro a las mujeres ebrias? —la expresión sincera de Kakashi lo convenció.
—Sí —al fin alguien parecía querer ayudarlo en serio.
—¡Yo! —el ninja que copia se señaló con el dedo índice con insistencia, su único ojo visible parecía brillar por el alcohol en su cuerpo— Yo, capitán escarlata —Itachi recordó el anillo que aun llevaba en uno de sus dedos. Akatsuki nunca había sido su verdadero hogar ni una organización que sintiera como suya, no era su amada aldea ni mucho menos, pero había sido parte de su historia, era su pasado le gustara o no, y el camino que había elegido había valido la pena por completo, el ver a Sasuke, el estar con él ya era una ganancia.
—Olvídalo —Itachi dio media vuelta. Podía estar visitando a Sasuke y Naruto, no debía perder el tiempo en ese tipo de cosas en las que…
—Espera, espera —Kakashi lo tomó del hombro para detenerlo—, unas chicas están aquí para despedir la soltería de una de ellas, y créeme cuando te digo —el peliblanco se acercó a Itachi para que sólo él lo escuchara—, nadie quiere más sexo que una mujer la cual su amiga se va a casar, es muy extraño pero así es —le guiñó su ojo e hizo un ademan con las manos restándole importancia y guiándolo hasta la mesa donde le habían comentado que harían la despedida de soltera.
*/
—Hola chicas —Kakashi había hablado lento pero firme, atrayendo la atención de todas las chicas ahí, pero una de ellas se fijó en el azabache que lo acompañaba—, ¿creen que podamos unirnos dos chicos más a la fiesta?
—¡Claro! —todas festejaron mientras que una hacia espacio y le indicaba a Itachi que se sentara junto a ella, mandándole la mirada más coqueta que le habían mandado desde que tenía 13 años.
—Soy Ayame, siéntate aquí.
*/
Nota de la chica que adapta:
Sí, ya sé que tardé demasiado y lo lamento.
Espero que les guste este capítulo, si creen que la narrativa no es divertida, háganmelo saber, porque algo estaré haciendo mal.
Quería separar los capítulos con los mismos de la película, pero son demasiados, y quiero que este fanfic no llegue a ser tedioso, así que trataré de hacerlo un poco más corto, aun así, tal vez salgan más de 20.
El pasado de Itachi se aclarará con el paso de la historia, así como su relación con Sasuke y porqué lo recuerda cada 10 minutos. Y para las que ya esperan la aparición de Hinata, calma, ya aparecerá, Itachi necesita momentos a solas, además, es importante que se destaque la forma de pensar y actuar suyo, lo solitario que se puede sentir y que puede estar.
Creo que eso es todo lo que debo informar por ahora, espero no tardar demasiado en la próxima actualización.
Gracias a las hermosas que le dieron seguir, agregaron a favoritos esta historia, y que la comentaron, y respondiéndoles:
MikaSyo: ¡Hola Mika! Muchas gracias, la adaptación es algo que nunca había hecho así que tal vez no lo haga bien, pero espero mejorar para darles lo mejor. El humor es algo que me encanta escribir. Lo sé, pero creo que son demasiado apasionados, a algunas mujeres les aterra, pero a otras les gusta, lo eh visto, la pasión es una buena aliada de vez en cuando cx Espero te guste.
Melania Uzumaki Uchiha: Me alegra mucho que te parezca entretenido, ¡ese es el objetivo! Creo que Itachi estaba tan ocupado antes, que no se dio un tiempo para bajar la guardia y gozar del placer de la juventud cx oh, eso pasara pronto, Hina ya aparecerá, Gai es demasiado activo y muy apasionado, creo que tendría algo de suerte. Gracias a ti por leer, lamento mucho la demora. Gracias :D
Patohf: Lo joderan bastante todavía, pero debe aguantar un poco más, su situación es extraña en la aldea.
Mikashimota Z: Gracias :D Tenías razón, alguien necesita sacudir a ese hombre jajaja, Oh, es parte es genial, aquí está al fin.
Carolina: también me sentí identificada con esa conversación, suele pasar más seguido de lo que quisiéramos. Créeme cuando digo que a veces la experiencia no lo es todo, no digas eso. Yo sí sé lo que se siente, no es bonito xD No es malo, la gente lo ve como algo inusual, pero espero que este fanfic transmita lo divertido de la situación. Exacto, Itachi no pensaba en eso y ciertamente no era algo necesario. A mí me encanta, tiene escenas fuera de lugar, pero todo se relaciona cx Casi siempre veo que los fanfics o adaptaciones son en un universo alterno, pero me gusta mucho cuando tratan de hacerlo en el mismo mundo, el ninja en este caso, gracias a ti por leer.
Komorebi-chama: No saben medirse con un miembro del clan Uchiha, sí, un buen genjutsu y todos se controlarían, pero pronto llegarían otros, y otros, nunca se acaban los compañeros que quieren "ayudar". Ya lo verás, sólo hay que esperar un poco más, Gai es enérgico, algo debe de tener. Gracias por seguir leyéndome, en serio te lo agradezco mucho, y me alegra verte por aquí.
SKuchiki: Muy lindo, sólo un poco y finalmente, algún día tendrá que alocarse y probar lo sexual. Disculpa la tardanza, lo lamento de verdad, gracias.
Naruto ni su mundo me pertenecen, tampoco la trama, esa corresponde a la película Virgen a los 40, yo sólo lo adapto a nuestro mundo ninja favorito.
