Naruto es propiedad de Kishimoto. Este sólo es un fanfic.
Pedestal escarlata.
—Me casaré con Sora —festejó la alegre y emocionada prometida— ¡con Sora! —repitió, gritando sin pena mientras alzaba ambos brazos en dirección al cielo. Claramente estaba festejando, pero Itachi no sabía si festejaba su boda, o su ultima noche como soltera.
—¡Sí! —le siguieron las que parecían ser las eternas amigas de la futura novia, y las que estaban más que alcoholizadas—. ¡Hay que celebrar!
Las risas histéricas, descontroladas de las kunoichis y civiles por igual, se perdían entre los cuchicheos de los ebrios que las rodeaban.
—¡Alto ahí, señoritas! —interrumpió Gai mientras tomaba un pergamino de su bolsillo y lo miraba atentamente. Había llegado donde se encontraban ellos cinco minutos después de que se sentaran a charlar. Las mujeres lo miraban con la curiosidad llenando sus miradas—. Tenemos una misión muy importante de rescatar la felicidad de la próxima novia, regalándole una noche de placer sexual —terminó con una carcajada Maito.
Las mujeres gritaron hasta que les faltó aire.
Kakashi se unió con una risa tranquila, tratando de aparentar que el sake aun no lo había afectado, mientras miraba a todas las presentes, analizando quien era la más atractiva y osada de todas. Su mirada se cruzó con la de Itachi, y pudo notar que tenía un vaso de sake en una de sus manos. No había que ser un genio para saber que el muchacho no bebía, si era igual de moral que en el ámbito de la pasión, entonces no le extrañaría ni un poco que no fuera bueno bebiendo.
Sonrió con malicia y puso suma atención a lo que pasaba cerca del azabache, pues siendo virgen o no, seguía alzando igual e incluso más miradas que él.
—¡Yo quiero! —pidió Ayame y giró a un lado, mirando directo a los ojos del Uchiha con picardía, tratando de darle a entender que quería ese placer, pero de parte de él.
Por su lado, Itachi estaba demasiado ocupado tratando de deshacerse de su sake, ya que a él no le gustaba nada esa bebida, y no estaba dispuesto a tomarla con tal de encajar ahí.
Había tomado sake en ocasiones anteriores, claro, pero siempre había sido malo con eso así que optó por prohibirse tomarlo desde que notó lo que provocaba en él.
Ese pensamiento le hizo entender el porque lo veían como aburrido y soso.
Por más que luchaba por cambiar y ser una persona ordinaria de lo que realmente era, no podía, al contrario, creía que mientras más lo intentaba, más retrocedía. La educación y su verdadera forma de ser le impedían relacionarse abiertamente. Aunque dejaba que sus compañeros de trabajo se divirtieran con él, no podía mostrarles realmente lo que le hacían sentir.
No podía.
Ayame le había pedido a Itachi que la acompañara al baño, pues, aunque no lo dijera, se encontraba demasiado ebria como para ir sola y no perderse entre aquella multitud en el regreso, o eso pensaba él.
Ella no tenía intenciones de regresar con el resto de sus amigas, no. Le había puesto el ojo encima a Itachi y no se lo quitaría hasta que ambos estuvieran sudorosos y gimiendo en lo oscuro de su habitación. No dudaba que un chico tan atractivo como lo era el Uchiha debía ser un verdadero dios en la cama. Ella comprobaría con cada parte de su cuerpo si Itachi era de verdad un genio.
Cuando entró al baño, hizo todo lo posible por arreglar su cabello castaño, peinándose con sus dedos para que él pudiera acariciarlo el en momento debido, acunó agua entre sus manos, llevando el líquido a la boca, intentando enjuagarla para quitarse el sabor del Sake. Se arregló los senos, acomodándolos adecuadamente dentro del sujetador, arregló su vestido con escote en V de un color uva y, por último, puso brillo en sus labios que creía apetecibles.
Salió meneando su cadera de forma sensual, de un lado a otro, como lo hacía cuando estaba dispuesta a dormir acompañada de un cuerpo masculino y sexy igual al que la estaba esperando en una pared cercana, con las manos en sus bolsillos y mirada perdida.
Cuando llegó a su lado, con una falsa sonrisa inocente en sus labios, se propuso ser muy calmada, pues Itachi no parecía del tipo de chicos que llevan a mujeres demasiado ruidosas.
—Estoy lista —comentó al hombre, esperando que entendiera que podían empezar con los apasionados besos y la iniciativa de un enloquecedor encuentro nocturno.
—Regresemos con los demás —propuso el azabache cuando ella empezó a acercarse demasiado.
—Hay que quedarnos aquí, platiquemos, Itachi-kun —Itachi estuvo a punto de alzar una ceja, no por la intención "secreta" de la chica, si no por el "kun". No le gustaba que lo llamaran así.
—No creo que… —ella lo interrumpió.
—Es un buen hombre ese Sora, con el que se va a casar Misaki —intentó platicar con él. No dejaría que se fuera así de fácil. Quería disfrutar con él una larga y placentera noche.
—¿Sí? —preguntó Itachi, lamentándose del pobre chico, si supiera que su futura esposa estaba por irse a algún departamento con uno de sus amigos.
—Bueno —Ayame suspiró y desvió su mirada—, lo odie como 3 años porque me engañó —Itachi frunció el ceño y se preguntó cómo podía festejar a su amiga, si le había quitado a su novio y estaban a nada de casarse, de estar juntos el resto de sus vidas y todo gracias a ella—, pero él ha cambiado y me, me alegró —empezaba a enredar sus ideas y pronunciar dos oraciones combinadas, diciendo cosas sin sentido y arrastrar las palabras, señal de que debía irse, estaba preparada para olvidar a Sora con aquel Adonis. Tal vez hasta fuera su nuevo pretendiente.
Itachi le sonrió forzadamente, comenzando a buscar la manera de regresar con sus compañeros, pero ella lo desconcentró.
—Tienes hermosos ojos —enredó sus brazos tras el cuello de Itachi—, ¿te lo habían dicho? —y besó al Uchiha con deseo. Itachi trató de responder el beso, aunque eso era un tanto difícil, pues ella parecía haber olvidado como besar. Cuando se separaron, el hombre ladeo el rostro y ella fue la primera en hablar—. Eres lindo.
Itachi se sobresaltó, pues Ayame había puesto sus manos en la orilla de su pantalón, queriendo jalar la tela.
Ahogó un gruñido.
—Tus manos —comenzó Itachi, tratando de no sonar ni nervioso e incómodo, como en realidad estaba.
—¿Qué? —preguntó Ayame acercando su rostro al del azabache, con sólo unos centímetros de separación.
—Tus manos están en mi pantalón —dijo con torpeza.
—Lo siento —Ayame se extrañó prefiriendo no decir nada y retirando sus manos como si estuvieran siendo quemadas. Muchos solían hacerse los tímidos y decentes, pero en la cama, mostraban su lado animal más asombroso, eso ella lo sabía a la perfección.
Itachi iba a regresarle el cumplido que ella le había dado, pero los labios de la castaña se estamparon bruscamente sobre los suyos.
Fue un beso nada delicado, muy parecido al anterior, y si él había aprendido algo en sus intentos fallidos de novias, había sido a besar, en eso sí que era experto. Sus ojos seguían abiertos, pues no se sentía muy cómodo, pero los abrió desmesuradamente cuando la chica llevó sus manos a su virginal trasero, y lo apretó con fuerza.
Itachi rompió el beso, incrédulo.
—¿Te gustaría ir a otro lado? —susurró la chica, mirándolo con picardía.
Esta podía ser la oportunidad que sus amigos habían querido que tomara.
Su voz se negó a salir, y asintió en respuesta.
Al fin todo ese problema acabaría esa noche.
—Vamos —dijo ella, tomando de una mesa cercana un vaso de Sake, y luego otro, y luego otro.
Mientras caminaban hacia la salida, se encontró a Gai, que estaba a unos metros de puerta, y sin que Ayame se diera cuenta, aprovechando su estado, Maito estiró su brazo, esperando que Itachi chocara su mano con la suya, y para su sorpresa, así lo hizo.
El poseedor del Sharingan giró para mirarlo y pudo leer en los labios del entusiasta sensei un, "Buen trabajo".
Cuando salieron en un silencio más que molesto, Itachi se preguntó que se suponía que debían de hacer.
—¿A tu casa o a la mía? —preguntó la chica, con los ojos entrecerrados a causa del alcohol.
—No tengo casa propia —respondió Itachi, sintiéndose mal por ello. Todo el dinero de Akatsuki lo había guardado, sin tocar nada.
—Entonces a la mía —comentó Ayame, sacudiendo su cuerpo como lo hacía un perro, para librarse de la sensación de pérdida de sentidos—. Vámonos.
Ayame caminó uno, dos, tres, hasta cuatro pasos, pero algo pasaba al llegar al quinto. Su equilibrio salía corriendo, llevándola de un lado a otro. Haciendo un enorme zigzag por las calles de Konoha, o la calle, porque aun no habían pasado de una.
Itachi comenzaba a sentirse terrible moralmente. Ella necesitaba su ayuda y él se la ofrecería. Eso era lo que tenía que hacer, pues no sólo debían pactar el tener sexo, debían sentir confianza y respeto, aunque ellos no se amaran, y con un poco de suerte, eso no les haría notar su falta de cariño.
—¿Estás muy ebrio? —preguntó ella antes de que él pudiera hablar. Al parecer, ella se había dado cuenta de su manera de caminar, pues rodeó los hombros de Itachi con su brazo derecho, apegándolos y regalándole su aliento al azabache, quien hizo una mueca por el desagradable olor del exceso alcohol y botanas baratas.
—No he bebido nada —indicó, rodeando la cintura de la chica por cortesía.
Ella se giró para mirarlo, a sus ojos entrecerrados se le sumaba el fuerte sonrojo y su cabello empezaba a desacomodarse de la coleta que llevaba.
—Grandioso, mi padre me dijo que ya no podía salir con tipos borrachos que sólo deseaban poder metérmela —Itachi la miró con desaprobación. El comentario se le había hecho de lo más desagradable, no era posible que una señorita dijera e hiciera eso. Aunque, tal vez la chica ya no era señorita, si lo pensaba con cuidado.
—E-entiendo —comentó el para no parecer un padre sobreprotector.
—Por que mi padre conocía a Sora, y lo odiaba —confesó ella, poniendo mayor fuerza en el agarre alrededor del cuello de Itachi. Su pie se había doblado con rudeza y no había tenido otro soporte que el apetecible cuello.
—Tal vez sabía que él la traicionaría con su mejor amiga —comentó Itachi no midiendo la gravedad de lo que acababa de decirle, se hubiera armado un escandalo de no ser porque ella no le había prestado atención.
Ayame comenzó a contar toda la historia de los problemas que habían tenido Sora y ella en sus años de novios, los gritos y advertencias de sus padres y los reclamos de sus amigas.
Él desvió la vista mientras empujaba con la cadera a la chica, tratando de que caminara con mayor normalidad, no porque no pudiera cargar su cuerpo, sino que ella se recargaba más de la cuenta en él, pisándolo, golpeándolo sin querer o eructando en su oído, no teniendo consideración por él o su sentido del olfato.
Volvió a poner atención a lo que ella le relataba porque había pegado su rostro a su hombro.
—Él me dijo: eres una maldita p-e-r-r-a, perra —dijo mientras hacia gestos con sus manos para darle énfasis a su deletreo mientras miraba a Itachi buscando su comprensión—. Y yo le dije: Tú eres el perro, perro —alzó su rostro y lo acercó al de Itachi—, ¿no? —preguntó, esperándole que le diera la razón a su profundo análisis.
Itachi asintió nuevamente, no sabiendo que responder y no estando interesado en contestar. El tema le resultaba un poco aburrido.
—Eso mismo pensé —coincidió—, ¿cómo dijiste que te llamas? —el azabache le regresó la mirada, frunciendo el ceño. Era la décima vez que le recordaba su nombre, no podía creer que eso estuviera pasándole. Iba a tener relaciones sexuales con una chica que ni siquiera podía memorizar su nombre.
—Itachi —respondió molesto.
—Escucha Itachi, te voy a dar un consejo —tomó aire cerca del cuello del Uchiha, el cual intentó no darle importancia, así como ella no se la daba a su nombre—, nunca te llames Sora, porque Sora es un hombre y los hombres son idiotas —ambos tropezaron, mejor dicho, Itachi tropezó apretando más la cintura entre sus dedos, sacándole un gemido a Ayame.
—Entiendo —estaban caminado cuando ella alejó su cuerpo del de Itachi y amenazaba con caerse. Él la tomó con más fuerza y la pegó a su cuerpo.
—Cuidado —le gritó ella en su oído. Itachi la miró, pero Ayame también estaba mirándolo—. Me gustas —dijo de repente—, no eres un… —ella iba a continuar, pero apretó sus labios y sus cachetes se inflaron, desinflándose un segundo después. Se había tragado su propio vomito, reflexionó el Uchiha con una mezcla de lastima y asco. La chica rio nerviosa—. Creo que, comí algo que me cayó mal —anunció. Eso no era algo que él desconociera.
Se miraron por un momento, y luego ella lo besó, atrayéndolo por su cuello.
Se besaron a pesar de la incomodidad de Itachi, y el mal olor de ella. El sabor del vomito fue algo que estaba impregnado en los labios y lengua de Ayame.
Itachi jadeó, pero no de placer.
—Estuvo bastante delicioso —celebró ella.
—Eso sabe a Sake —se quejó Itachi en voz alta sin importarle si recibía respuesta.
El azabache retomó su marcha, pero maldijo en voz baja.
Él no sabía donde vivía ella, y Ayame comenzaba a arrastrar más los pies y cerrar sus ojos por más de 5 segundos.
No podría llevarla a su casa, pero dudaba que pudiera decirle a donde tenía que ir.
—Ayame-san —intentó— ¿Dónde vive?
—Sigue derecho —respondió sin pensarlo, haciéndolo dudar de su respuesta, pero él la obedeció— ¿Crees que soy bonita?
—Sí, claro —comentó mirando al frente, tratando de adivinar cual era la casa de su compañera.
—No estás mirándome —se quejó ella al notar que él miraba en otra dirección—. No puedes decir que estoy bonita si no me miras.
—Eres bonita —confirmó tratando de hacerla entrar en razón. Su cerebro pensaba en la opción de meterla a un genjutsu, pero eso sería una manera poco civilizada y muy arriesgada para saber dónde vivía. ¿Funcionaría? Después sólo podría borrarle el recuerdo del genjutsu. Eso no sería nada ético, aunque poco importaba la ética en lo que pasaba. No sabía qué hacer.
—Mírame —pidió Ayame con voz melosa. Al ver que Itachi seguía distraído le gritó cerca de su rostro para que reaccionara— ¡Mírame!
—¡Eres bonita! —gritó también él, perdiendo la paciencia—. Sólo quiero llegar ya —comentó un poco repuesto de la ira.
—No me grites —pidió ella, recargando su cabeza en el cuello de Itachi—. Espero que me llegue el periodo porque estoy gritona y molesta todo el día —su voz salía como si quisiera llorar e Itachi se tranquilizó.
Iba a decirle que no se preocupara por nada más, pero sintió todo el peso de Ayame y giró para mirarla.
Se había dormido en su cuello.
Itachi sabía que no podía ponerse peor la situación.
—Despierte —susurró al aire para que ella le hiciera caso, pero eso no pasó—. Tiene que despertar ahora —pidió.
Sacudió su hombro, haciendo saltar la cabeza de la mujer, provocando que despertara.
—¡Oye! —abrió sus ojos con molestia—. No harás que te monte si sigues actuando así.
Itachi abrió sus ojos y giró su cuello bruscamente, mirándola, pensando en lo que pasaba por la mente de esa mujer.
—Tengo tanta hambre —mencionó ella, pisándolo como lo hacía cada dos minutos—. Llegamos a casa —comentó deteniéndose.
—Lo logramos —celebró Itachi.
Estaban por entrar en una casa color amarillo que era rodeada por unas enormes rejas, cuando dos enormes perros salieron del interior de la casa, uno color café y otro negro, que medían un metro o más, y saltaron la reja, cayendo sobre ellos.
—Aléjense, mis bebes —exclamó molesta ella. Giró para mirar a Itachi y él estaba tratando de quitarse al perro de encima, poniendo sus brazos como escudo, pero no había funcionado. El perro había mordido su brazo—. Vete Kirin, no lo lastimes.
La castaña se sentó en sus rodillas y puso sus manos contra el pecho de Itachi, sus miradas se encontraron.
—¿Estás bien? —le preguntó preocupada.
—Sí —fue la respuesta tajante del Uchiha.
—Eso es genial porque… —Ayame enmudeció sólo para vomitar sobre el pecho del ninja. Manchando su remera negra de un color anaranjado con pequeños trozos de pescado. Llevó sus manos a su boca, cubriéndose y esperando la respuesta de Itachi.
Él sólo giró el rostro, sin mirarla.
—Perdóname —se lamentó mirando el desastre que había causado por pasarse de sake.
—Tenía que pasar —le contestó él.
—Si tú quieres, aun podemos tener sexo —propuso ella, tratando de aliviar un poco el malestar de Itachi ofreciéndole un rato de sexo salvaje.
—Tengo que retirarme, si no le molesta.
—Al menos no tendré que faltar al trabajo mañana —finalizó ella.
Itachi se levantó con cuidado y caminó a su casa.
Su orgullo, dignidad y remera favorita, habían quedado destruidos en aquel lugar.
Gai reía a carcajadas limpias y muy sonoras, Iruka no podía evitar sonreír ya que trataba de no contagiarse por Maito, y Kakashi, por increíble que pareciera, reía suavemente.
—No encuentro la diversión en eso —se quejó Itachi cruzando sus brazos, sin mostrarles una sola emoción en su rostro, sólo en su voz—. No se reirían si una mujer les hubiera vomitado en pleno pecho, salpicándolo por todos lados —el rostro de Itachi se ensombreció al recordar su noche. Pocas veces en su vida se había sentido tan humillado, sin la oportunidad de defender su honor.
Ese comentario logró divertir mucho más a sus compañeros.
—De acuerdo —Gai detuvo su risa, tenía que hablar y para eso tenía que dejar de reír—, déjame aclararte algo Itachi-kun —estaban todos en una de las oficinas de la torre Hokage, serían los próximos exámenes chunin y todos debían de almacenar la información. Kakashi no tenía que estar ahí, pero no tenía nada más que hacer, ni más alumnos que cuidar—, cuando te vas de las reuniones llenas de alcohol, con una chica que se tambalea al caminar, que no puede ni hablar bien y que no sabe ni su propio nombre, deberías ser tú el que la lleve a su casa —comentó Maito como si fuera lo más lógico que hubiera dicho en su vida, poniendo las manos en su cadera y mirando divertido al Uchiha.
—No tengo casa, tengo un departamento —contestó con cansancio. Era relativamente joven y no poseía una casa. ¿Eso también estaba mal?
—De acuerdo, señor solitario —mientras el de anchas cejas hablaba, Kakashi pateó los papeles que Iruka había apilado con tanto esfuerzo, riéndose por su travesura mientras el castaño le mostraba su mirada más aterradora, que no hacía mas que hacerlo lucir tierno—. ¿Quién le pidió que viviera en un departamento que la Hokage ofrece a shinobis excepcionales pero reprimidos?
Kakashi asintió, ignorando los papeles que Iruka le arrojaba al rostro con molestia. A él le habían ofrecido uno de esos departamentos cuando recién entró en ANBU. Eran lindos y privados, restringidos para civiles que no tuvieran una relación cercana con alguno de ellos. Los demás ninjas si tenían autorización, sin importar el nivel. Además, como la mayoría de aquellos shinobis, eran chicos en la misma situación que Itachi, no solían llevar compañía ni mucho menos, pero cuando lo hacían, cualquier ninja de la aldea de la hoja o de la arena podría escucharlos gemir. No se medían y no tenían compasión por los oídos o las vidas ajenas.
—Nadie. No puedo ver lo que hay de malo en eso, no soy el único viviendo ahí —se defendió Itachi.
—No te pongas así —trató de involucrarse Kakashi pero no quería molestar más al Uchiha—. Empiezo a creer que tu problema es que pones la vagina en un pedestal, el pedestal inalcanzable —comentó con rostro pensativo.
—Itachi tal vez crees que es como una Diosa —analizó Gai con seriedad.
—Sí —comentó irritado Itachi, tocándose la frente, tratando de calmarse—, eso debe ser. Ella debe llamarse Vagi-sama —todos miraron al invocador de cuervos. Itachi no tenía ese tipo de humor, y si estaba manejándolo, debían pensar mejor lo que harían para no enojarlo más, aun tenían que lograr que él siguiera saliendo con ellos, o mínimo, que empezara a socializar más.
—Muchacho, tomate todo menos personal. Lo mismo haríamos si el virgen fuera Iruka, o Kakashi —le confesó Gai.
—Creo que seríamos peor —reveló Kakashi, recogiendo varios papeles del piso y regalándole una sonrisa oculta—. Sólo queremos que en tu mente de niño genio, pero tímido —el peliplateado se acercó al azabache hermano de Sasuke y le entregó los documentos—, dejes de ver el tener sexo como una hazaña imposible —Itachi miró a Kakashi con intensidad. Después de todo, había la posibilidad de que ellos también expusieran ante él su parte reflexiva y comprensiva, quizá no eran tan poco considerados como él había creído—. Las vaginas son nuestras amigas, no nuestras enemigas.
El cuerpo de Itachi se había puesto rígido en un instante.
No. Parecía que sus compañeros jamás cambiarían.
—Ya no quiero decir esa palabra —se rindió y dejó que sus hombros se encorvaran ligeramente.
—¿Cuál palabra? —preguntó Maito, temiendo la respuesta.
—Vagina —gruñó Itachi.
—Vagina es una palabra y todos podemos decir palabras —se defendió el de vestimenta verde.
—Eso no significa que todas las palabras sean buenas o cómodas —el Uchiha no se rendiría en aquel debate con Gai.
Iruka hizo un gesto con su cabeza, dándole la razón a pesar de que sabía que no era la mejor respuesta—. Además, Iruka-san —el ex renegado se dirigió a Iruka, girando su rostro, pues el otro estaba de espaldas a él—, me prometió que no me presionaría —Itachi, aunque no quisiera, debía mantener un respeto con sus compañeros de trabajo. Quería hablarles como se merecían, ya que desde que habían comenzado a molestarlo con empeño, él les había dejado de hablar con el formalismo que era debido. Pero lo había analizado y eso no era correcto, debía ser centrado, no importaba lo que hicieran para enloquecerlo, su control debía volver, sería de ayuda para él y su cordura. Podía ser virgen, pero seguía siendo Itachi Uchiha, ex ninja renegado, asesino, genio y hermano de Sasuke y ese siempre sería él.
—Yo no te presioné —aclaró Iruka con tranquilidad, desligándose de toda responsabilidad que quisiera echarle el novato de la pasión.
Itachi alzó ambas cejas por un segundo. El único en el que podía resguardarse ahora estaba dándole la espalda.
En cierto punto él volvía a tener la culpa. Se preguntaba como podía ser llamado genio del clan Uchiha y ser tan ingenuo a la vez.
—Disculpen —escucharon una voz femenina desde la entrada de aquella oficina y los cuatro hombres giraron sus rostros para mirar a la mujer—. Hokage-sama me ha dicho que ustedes podían ayudarme con algo.
Era una hermosa mujer, joven, delgada, caucásica, con radiante cabello azul, mirada inocente y perla…
… mirada perla…
Si recordaba bien, era el clan Hyuga el que poseía esos únicos ojos.
Mientras él contemplaba a la chica con melodiosa voz, sus amigos lo observaron y en un trato silencioso donde sólo fueron suficientes algunas miradas y gestos, pues decidieron retirarse del lugar con un plan improvisado.
Todos sabían a la perfección de quien se trataba, pero suponían que Itachi no lo sabía, por su larga ausencia y su desinterés en aquellos temas.
—Por ahora estoy muy ocupado —Gai se posicionó frente a Hinata, parpadeó pensativo y decidió que no la llamaría por su nombre, dejaría que Itachi lo averiguara por su cuenta—, pero Itachi podrá ayudarte.
—¿Uchiha-san? —preguntó confundida Hinata, ella sabía que el hermano mayor de Sasuke había establecido una buena solución con la Hokage y con Konoha, pero no sabía que él estuviera trabajando hombro con hombro con la de coletas.
Gai salió de aquella oficina, pasando de lado y despidiéndose de la peliazul con un movimiento de cabeza.
—Sí, él esta capacitado para eso y más —aclaró Iruka.
—Yo tengo prisa así que, después nos vemos pequeña —se despidió Kakashi, recordando como anteriormente, la Hyuga perdía el control con su ex alumno.
—Hasta pronto —se despidió ella de todos los senseis que parecían estar muy ocupados de repente. Kakashi e Iruka salieron después, dejando solo a Itachi y Hinata. Los dos chicos no sabían que estaba pasando, pero no podían hacer nada al respecto.
Itachi caminó en dirección a la chica, con documentos oficiales en mano y con un rostro indescifrable. Se detuvo a unos cuantos pasos y miró sus perlados ojos.
—Uchiha-san —saludó ella, sorprendiéndolo y sacándolo de sus pensamientos.
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Nota de adaptadora:
¡Hola!
Sé que he tardado en actualizar, sinceramente quería hacer esta actualización el 14 de febrero, para que fuera un regalito para ustedes, pero ya no me dio tiempo. Y créanme que he estado con mucha inspiración, pero mi madre está prohibiéndome escribir con tal de pasar un curso en el cual estoy metida UmU Lo siento chicas.
Espero que les guste el capítulo, me he divertido de lo lindo escribiéndolo, y lo mejor está por venir, todavía faltan dos o tres capítulos para que Hinata empiece a tener más protagonismo, pero creo que la espera, con esta comedia, no es tan larga, ¿o sí? :C
Muchas, miles de gracias a las hermosas que ponen esta historia en favoritos, la siguen, y dejan sublimes comentarios, y respondiendo a estas linduras:
MikaSyo: ¡Hola! Siento que se esté demorando tanto :c Que bueno que si este divirtiéndote! Jajaja, ese apodo es perfecto para Itachi… Uf, le costara un sharingan! Ayame fue, un desastre cx Sasuke, Sasuke, Sasuke, Itachi no piensa mucho en otra cosa…
Melania Uzumaki Uchiha: Siento tanto tardar mucho TmT Me alegra el día saber que esta historia está alegrándote cx Itachi es el más lindo :3 nunca fue tan social y luego con esas experiencias pues… Que bueno que te haya gustado C: Aquí los senseis son tremendos jajaja, Espero que te guste y disculpes a esta pobre alma.
Mikashimota Z: Jajajaja, le dan con todo a Itachi cx jajajaja, No! Iruka no se le ofreció! O sí 7u7 xD es broma, jajajaja Mika! Traviesa! Un cuervo es lo que deseo cx Gai puede no ser atractivo pero su pasión y su llama de la juventud lo hacen insaciable jajajajaja ¡Sí! Se nota que no son los mejores consejos que pueden darle a Itachi, eso se tenía que notar cx jajaja Imagínate lo que Sasuke no ha hecho xD que bueno que si te estés divirtiendo amiga! Jajajaja xD y yo! Siento tardar tanto… tu sabes lo que ha pasado..
Makaa-chan: Lo lamento, espero que este capítulo sea de tu agrado… sí, pero tardará algo en volver a una situación normal.
Komorebi-chama: Sí, Itachi nunca ha sido muy social y cuando se trata de esos temas, no sabe muy bien lo que hacer ahora que no tiene que engañar a nadie, así es! Ellos son buenos pero sus consejos son terribles cx Exacto! 7u7 Sí sabes de esto jajaja es que es Gai.
hana16lyen: Gracias! Es muy agradable leer que en serio te guste C: Itachi es un dulce,
Funimis: jajaja, muy pervertidos pero excelentes ninjas cx Sí, la virginidad es un tema muy delicado ahora, muchos se burlan de los que ya no lo son y muchos otros hacen lo contrario… Al fin aparece, pero no por mucho, aun falta un poco de historia para que ella entre en escena totalmente, me he divertido mucho escribiéndolos a ellos, y sé que muchas ya esperan la aparición e interacción de Hinata, pero aun tardara un poco. Gracias C:
Sin más espero que no me odien y que, si gustan de esta adaptación pues que pasen para leer esta nueva actualización.
Espero que las chicas mexicanas que me lean estén bien después de tantos sustos sísmicos. De igual manera espero que todas estén muy bien.
¡Besito en la frente a todas!
