Como entrenar a tu dragón no me pertenece, yo solo escribo esta historia utilizando sus personajes, por pura diversión. Si algún personaje no pertenece a la película, serie o libros, es invención mía.

Todo por amor

Eskol había explotado a tal punto de echar a todos de la casa. Bueno… casi a todos. Los únicos que se quedaron, además de Hipo, Astrid y Estoico; fueron Patán, Patapez, Brutacio, Brutilda y Bocón, todos escuchando el drama familiar que se había armado, mientras comían de los pochoclos del gemelo.

Estoico se mantenía alejado de la situación, con su nieta en brazos, por precaución de cualquier cosa. No solo sabía del duro carácter de su padre, sino también del fuerte temperamento de Astrid que parecía temblar de rabia y miraba al hombre como si fuera una depredadora mirando a su presa y saltara a comérselo en cualquier momento.

-¡¿Cómo que hija Hipo?! ¡Explica que sucede aquí!

-Ya lo explique- Hablo firmemente, aun tomado de la mano de Astrid –Ellas son Astrid; mi esposa, y Asdis; mi hija.

-¡¿Hija Hipo?! ¡¿Hija?! ¿Qué estupideces dices?

-Ninguna estupidez abuelo.

-¿Me dices que esta… esta…- Eskol señalo a Astrid despectivamente –Mujerzuela, se atrevió a darte una niña?

Astrid exploto tras las palabras del viejo. Antes de conocerlo ya le caía mal y sentía ganas de matarlo, ahora lo mataría. Suerte que traía su hacha con ella siempre.

-¿A quién le dice mujerzuela? – Se zafo del agarre de su marido y se le acerco amenazante. –Escúcheme bien viejo, no sé quién se cree que es para hablarme así. Pero no permitiré

-Tu escúchame a mi niña malcriada. Los Haddock hemos sido un linaje de descendencia masculina por 400 años, y eso no cambiará ahora por tu culpa.

-Lo mismo dije- Hablo Patapez siendo callado con un "Shshhh" de parte del resto de espectadores.

-¿Por mi culpa?

-Por tu culpa y de esa bastarda que estoy seguro ni siquiera es hija de mi nieto.

Todos quedaron en silencio tras esas palabras. Inclusive los padres de la niña se congelaron en su lugar, con los ojos como platos y procesando las palabras. Mientras Astrid discutía con el hombre, Hipo se había quedado alerta por si algo pasaba, sabía que ella necesitaba y debía dejarle a su abuelo las cosas claras, pero que el hombre dijera eso, nunca se lo imagino, a pesar de que sabía que era capaz de todo.

Astrid logró reaccionar antes que nadie y su mirada cambio a una de ira pura. Ahora sí, Eskol era hombre muerto.

La rubia se abalanzo contra el hombre pero fue detenida por el brazo de su esposo, que la sostuvo de la cintura.

-¡Suéltame Hipo!-Demando intentando zafarse del agarre.

-Debería darles vergüenza- La chica se detuvo, controlando la ira que la comía por dentro, y miro a Eskol, escuchando lo diría. –Hipo no puedes ser tan idiota. No puedes creer que esa niña sea en verdad hija tuya. No solo no puedes controlar a tu mujer sino que eres lo suficientemente ingenuo como para haberte dejado engatusar por esta cualquiera.

En un descuido Astrid se soltó del agarre de Hipo y se acerco al hombre.

-Oiga bien,- Dijo mientras le golpeaba el pecho con el dedo, desconcertando aún más al Eskol -Que yo no he engatusado a nadie. No soy una cualquiera y usted no es nadie para insultarnos ni a mí, ni a mi hija.

Sin previo aviso, el hombre levanto su mano y le dio una fuerte cachetada al la rubia, haciendo que esta se tambaleará hacia atrás por la fuerza del golpe, habría caído al suelo de no ser porque Hipo la sostuvo y la mantuvo de pie.

Todos estaban en silencio, literalmente con la boca abierta, Brutacio incluso se había quedado con la boca llena de palomitas a medio masticar.

Al principio Astrid no lograba entender las cosas, estaba con la respiración errática, la mirada perdida en el suelo y los brazos de Hipo sosteniéndola. Cuando su mente reacciono en lo que había sucedido, no podía creerlo, nunca nadie le había pegado, ella era Astrid Hofferson, la chica más ruda y valiente de Berk. Al poco tiempo la indignación se fue para abrirle paso al odio, odio puro y sed de venganza.

Intento abalanzarse contra Eskol y matarlo, pero de nueva cuenta su marido la detuvo, sosteniéndola con un brazo por la cintura, la alejo del hombre y contra toda expectativa le propino un puñetazo a su abuelo. Que se tambaleo hacia atrás y choco con la pared.

De nuevo todos quedaron en silencio, con el hombre tocándose incrédulo la zona afectada, bajo su ojo.

-Ya te lo he dicho- Hablo el castaño apretando los dientes y haciendo aún más fuerte el abrazo hacia Astrid, como si intentara darle más valor a sus palabras con ese simple gesto, demostrando que no la dejaría por nada –Astrid es mi esposa y Asdis mi hija, no importa cómo se hayan dado las cosas. Así es, y no puedes hacer nada para cambiarlo, acéptalo.

-No Hipo, el que no entiende eres tú. No puedes tener una niña, ¡no sirve!

-¿No sirve? ¡¿No sirve para qué?!

-¡Para gobernar Berk!

-¿Por qué no?

-¡Simplemente porque no y punto!

La niña comenzó a llorar en brazos de su abuelo quien en vano intentaba calmarla. Astrid se acerco y la alzo arrullándola para que callara mientras Hipo y Eskol seguían discutiendo. Sin embargo Asdis parecía no querer guardar silencio, como si supiera que la mala vibra del lugar era por la intolerancia que su bisabuelo tenia hacia a ella, aunque la hubiera conocido recientemente.

-¡Calla a esa niña de una vez!- Grito Eskol.

-¡Eso intento, pero está nerviosa!- Grito la efusiva madre. Efectivamente, la niña estaba nerviosa, con el aire tenso que se había adueñado del lugar y los gritos de los vikingos allí presentes, además de que el nerviosismo de su madre y latir rápido de su corazón no ayudaban a que pudiera calmarse.

-¡Ya basta!- Grito Hipo a su abuelo –Si no puedes aceptar la realidad es tu problema- Fue al lado de Astrid y la tomo de la mano, dirigiéndose a la puerta. –Yo estoy feliz con mi familia, todos estábamos bien hasta que llegaste. El problema aquí eres tú, si las cosas no te gustan lárgate.

Al abrir la puerta, un par de vikingos chismosos cayeron al suelo, afuera de la casa estaba lleno de gente que quería escuchar el drama.

Sin importarle mucho, el castaño se abrió paso entre la multitud y la pareja se fue de ahí.

(&-&-&-&)

En la casa de Hipo, la pareja estaba en la cama. Astrid estaba sobre las piernas del castaño, recostada contra él, mientras el chico se dedicaba a pasarle un trapo mojado sobre la roja mejilla.

-¿Estás bien?- Pregunto Hipo, acariciándole con el pulgar la mejilla.

-Ya te dije que no duele.

-Mentirosa- Astrid se rio un poquito y levanto su cabeza del pecho del chico, para dejarle un breve beso en los labios.

-Te amo- Susurro ella. Dándole varios y pequeños besos en los labios.

-Yo también te amo.

Hipo le devolvió los besos a la chica. Por primera vez en esos miserables dos días, por fin tenían un momento de paz y tranquilidad. Ellos disfrutaban de su vida llena de aventuras, con su adorada hija descansando en la cuna junto a la cama.

Unos golpes en la puerta se escucharon, haciendo que a joven pareja se separara.

-Dioses, justo ahora- Se quejó el castaño. Astrid se rio un poco y le dejo otro corto beso.

-Descuida, yo iré, de todos modos este día no podría ser peor.

Hipo se recostó completamente en la cama, agradeciendo que la chica se levantara. La rubia se dirigió escaleras abajo hacia la puerta, al abrir se encontró con la última persona que esperaba ver.

-¿Qué haces aquí?- Pregunto, mordiendo las palabras con desprecio y viendo fijamente a Eskol.

-Para mí tampoco es un gusto verte- Respondió con desprecio.

-¿Qué haces aquí?

-¿No es obvio? Vine a quedarme.

-¿Qué cosa?

El hombre cruzo la puerta, empujando a la chica de paso. Astrid no pudo evitar pensar que a todos se les estaba haciendo costumbre eso.

Reparo en las maletas que el hombre dejaba en el suelo.

-Oiga escúcheme bien. Yo sé que a las personas de mayor edad puede que les… crucen locas y extrañas ideas por la mente pero no permitiré que venga y solo… se instale en mi casa, así como así. Así que largo- Apunto la puerta, firmemente y segura de cada una de sus palabras. Eskol la miro unos segundos y luego volvió su atención a las maletas con su ropa.

Astrid no pudo evitar gruñir, apretando los puños. Ya no le quedaba ninguna duda, en esa casa, correría sangre.

-Usted no puede venir he instalarse en mi casa.- Ese fue el grito que despertó a Hipo. El chico se estaba durmiendo justo cuando los gritos de Astrid lo despertaron. Dioses, él la amaba verdaderamente pero a veces le gustaría que no fuera tan… vikinga y mantuviera una discusión sin la necesidad de gritar.

Se disponía a dormir nuevamente cuando reconoció la segunda voz, dioses su abuelo estaba ahí. Y si no hacía algo, estaba seguro que correría sangre.

El chico se levantó de un salto de la cama y en el proceso cayó al suelo golpeándose la cabeza. Con dolor volvió a ponerse de pie y bajo como pudo las escaleras.

-¡Silencio!- Grito desde las escaleras -¿Qué diablos sucede aquí?

-Hipo…- Astrid señalo a su abuelo y las maletas en el suelo. Hipo no pudo evitar decir un "Ohu", entendiendo la situación. Dioses, ese hombre no tenía limites ¿Cómo se le pudo haber ocurrido que seguiría su orden de marcharse? –Has algo- Ordeno Astrid. Y con solo verla, con los ojos fijos en él, los puños apretados, derecha y dura, supo que si no actuaba a quien mataría seria a él y no a su abuelo que era el culpable de toda la situación.

-¿Dónde dejo mis cosas Hipo?- Pregunto Eskol, ignorando completamente a la rubia.

-¡En la calle!- Grito Astrid, y para desgracia del pobre chico, otra discusión empezó.

Definitivamente Astrid se equivocó al decir que su día no podría ser peor. Mientras ambos vikingos discutían, el castaño se masajeaba las cienes con los dedos, después de esto tendría jaqueca para una semana.

No quería pelear con su abuelo, al contrario quería que las cosas entre ellos terminaran bien, pero tampoco podía recibirlo con los brazos abiertos en su casa, de lo contrario Astrid lo mataría. Por su mente pasaban miles de soluciones para quedar bien con el hombre pero en todas ellas el final de la historia era Berk velándolo tras su muerte a manos de Astrid.

Al final llego a una decisión, arriesgada, pero una decisión al fin y al cabo. Después de todo el que no arriesga no gana ¿cierto?

-Muy bien ya basta- Ambos vikingos callaron y le pusieron atención a Hipo –Abuelo…- Tomo aire, listo para arriesgar –Puedes dejar tus cosas en la habitación del fondo, la que antes era de mi padre.

-¿Qué?- Pregunto la indignada Astrid.

-Por fin alguien utiliza sentido común aquí- Se quejó el hombre mientras se dirigía al lugar, dejando a la pareja sola. Astrid mirando a Hipo con una mirada asesina, como un depredador listo para saltar, matar y cobrar venganza.

El chico solo se dio la vuelta y subió las escaleras, al sentirse más incómodo de lo normal ante la fiera mirada de su esposa. Hipo se fue al otro lado de la habitación esperando a Astrid, la cual subió rápidamente y entro lista para despedazarlo.

-Si quiera dame tiempo para despedirme de mi hija- Rogo, mientras ella se acercaba tortuosamente lento.

-No.

-Entonces solo dame dos minutos para explicarte mi plan- Astrid se detuvo, pensándolo con la mirada clavada en el suelo y el ceño fruncido.

-Un minuto- Concedió.

-Tal vez si mi abuelo pasa tiempo aquí, se permita ver y conocer mejor a Asdis, así la empezara a amar, apreciar o como mínimo aceptar.

-¿Y si eso no pasa y me debo aguantar al viejo en vano?

-Entonces…- Lo pensó un poco, apretó las manos y cerró los ojos, respirando hondo y listo para firmar su sentencia de muerte.- Entonces tendrás todo el derecho a matarme.

-¿Cuánto tiempo?

-Contando el día en que llega, generalmente suele quedarse una semana. Por lo que solo lo tendremos aquí cinco días.

-Cinco días Haddock.- Amenazo apuntándolo con su hacha.

El chico trago duro, rogando a los dioses que su plan funcionase. Y su abuelo podía ser tan intolerante que estaba seguro no solo habría un hombre muerto en esa casa, sino dos.

Astrid apago la luz de las velas y se fue a acostar, Hipo la siguió y rogo aquella noche porque todo saliera bien. Sin embargo un pequeño Terrible Terror anaranjado llego a su ventana, llamando su atención.

Hipo se paró y vio que este tenía una carta pegada a su pata. La tomo y le hizo un par de caricias al animal hasta que este se fue.

-¿Qué sucede?- Pregunto Astrid.

-Es de mi padre.

Hipo la abrió leyendo cada palabra con el ceño fruncido, bajo la atenta mirada de la rubia.

-Dioses no puede ser- Se quejó el chico y tiro el papel arrugado al suelo.

Hijo tu abuelo preparo sus cosas

Y se dirige hacia allá. Tiene la loca idea de quedarse en tu casa…

(&-&-&-&)

Dos días habían pasado desde que Eskol se instaló en su casa, Hipo nunca considero el suicidio pero ahora entendía a las personas que tomaban esa decisión, y si no fuera porque no estaba dispuesto a dejar a Asdis con esos dos locos, entonces ya se habría matado.

-¡Ya le dije que soy guerrera no cocinera!- Gritaba Astrid.

-¡Como mujer casada deberías saber cocinar!

-¡Pues no sé, y punto! Aunque si quiere que le cocine algo lo hare con todo gusto pero si termina envenenado no será mi culpa.

-¡Si no sabes cocinar entonces si quiera atiende tu casa, esto es un desastre!

-¡¿Qué es un desastre?!

-¡La casa completa! ¿No ves los calcetines tirados?

-¡Esos son de usted! ¡Y yo no tengo porque juntarlos!

-¡Hipo!- Gritaron al unísono.

El castaño estaba en su habitación, hecho un ovillo en una esquina, con la niña en frente. –Dioses- Se quejó echando la cabeza hacia atrás. –Recuerda siempre Asdis el sacrificio que tu padre hace por ti.

-¡Hipo!- Volvieron a llamar. El chico tomo a la niña y se dirigió a las escaleras.

-¡Ya basta!, ¿Qué sucede esta vez?

-Dile a tu querido abuelo que yo no soy ninguna sirvienta para andar limpiando lo que él tira- Hablo, con los dientes apretados, las manos en puños y tratando de contener su ira para no sacarse en frente de su hija y dejarle algún trauma. Aunque para ese punto, el traumado era Hipo, que no sabía hasta cuando soportaría tener a dos muy eufóricos y orgullosos vikingos amantes de la guerra en la casa.

-Abuelo… -Hablo el castaño –Astrid tiene razón, ella no tiene por qué andar juntando lo que ninguno de nosotros tira. No te cuesta nada dejar tu ropa donde deberías dejarla.

-Si esta… esta…

-¡Cuidado con lo que diga!- Amenazo Astrid, he Hipo le dirigió una mirada de advertencia a su abuelo para que cuidara sus palabras.

-Si esta mujer, no junta las cosas de la casa, entonces si quiera que cocine. Eso es deber de toda mujer casada.

-Abuelo, nosé si lo hayas notado pero Astrid y yo tenemos un acuerdo y una forma de vivir juntos y en esta forma el que ella cocine no entra. Puedo ir al gran salón a buscar comida si quieres.

-¿Al gran salón? Hipo solo llevo dos días aquí, el primero también fuiste por comida allí. Yo no andaré como mendigo pidiéndole comida a otros cuando deberían de cocinar aquí.

-Bien… Entonces Astrid y yo prepararemos la cena. ¿Feliz?

-¿Ustedes?- Pregunto indignado.

-Si abuelo nosotros. Generalmente cocinamos ambos. Así que si quisieras hacerme el favor de ir a tu cuarto hasta que la cena este lista, te lo agradeciera mucho.

El hombre se fue refunfuñando mientras que la pareja no pudo soportar suspirar. Hipo termino de bajar las escaleras y dejo a la niña en una cuna junto a los sillones, habían preferido tener dos ya que resultaba tedioso tener que bajar la que estaba en su cuarto cada vez que ellos se quedaran en el living.

-Muy bien ¿Vamos?- Pregunto el castaño a la chica frente suyo. Ella solo respondió con un "vamos" y se dirigieron a la cocina.

-Bien, ¿Qué hacemos?- Le pregunto Hipo.

-No sé, ¿Qué le gustaría a tu abuelo?

-Dioses- Susurro el chico por la ironía de su lady – Emmm, ¿Qué te parece una sopa de calabaza?

-Sopa entonces…

Ambos se pusieron a hervir el agua y cortar las verduras. No solo habían llegado al acuerdo de cocinar juntos por la pésima comida de Astrid, sino que era una buena excusa para estar juntos y se divertían haciéndolo. Aunque ahora el clima entre ellos era tenso y pesado.

Astrid se cortó con el cuchillo un dedo mientras picaba la comida.

-Ahu- Se quejó.

-Déjame ver- Pidió Hipo, aunque no fuera nada de otro mundo una cortada pequeña, que para Astrid no significaba nada teniendo cicatrices peores.

El chico tomo su mano y de un rápido movimiento logro besarla en los labios.

-¡Hipo!- Se quejó ella.

-¿Hace cuánto que no me besas?

-Dos días. Estoy muy enojada contigo.

Hipo la tiro hacia él de la mano y la pego a su cuerpo, luego la hizo girar dejándola de espaldas a él, mientras le daba pequeños besos en el cuello.

-¿Qué haces?

-Dos días me parecen una eternidad.

-A mí me parecen una eternidad por tener a tu abuelo aquí.

El chico la volvió a hacer girar y la pego a su cuerpo mientras bailaban al ritmo de la imaginaria canción.

-¿Te acuerdas de nuestra boda?

-¿Hablas de como tu padre y los míos seguían desaprobando nuestra forma de hacer las cosas?

-Y de como tu padre casi me castra cuando se enteró que te embarace.

Hipo logro sacarle una pequeña risa a la chica. –Descuida Babe, sabes que yo no lo habría permitido.

Hipo la volvió a girar, bailando ambos en el reducido espacio de la cocina, Astrid poso sus manos en el cuello del chico.

-¿Hace cuánto no me dices así?

-También dos días- Comento ella con gracia.

-Esta situación nos está trayendo problemas ¿No crees?

-Totalmente.

-¿Aun planeas matarme si las cosas salen mal?

-No lo sé. Tal vez…

-Al menos ya no me respondes que si a la primera.

-Solo tal vez Babe, no te confíes.

-Tranquila My lady. Con que logre aceptar a Asdis está todo bien.

-¿Aceptarla? Ojala, pero tu abuelo se queja con todo lo que pasa en torno a ella.

-My lady no sé si lo notaste pero mi abuelo se queja de todo- Ella rio enterrando su rostro en el cuello del chico.

-Dioses sí. ¿Acaso ese hombre no siente amor?

-Tiene un muy rara forma de demostrarlo.- Respondió para darle otra vuelta.

-¿Cómo era contigo?

-¿Conmigo? Pues… tacaño, aunque así es siempre, cada vez que me veía me daba un mísero caramelo, y se lo compraba a gitanos por un pobre doblón de cobre, no sé si no era medio doblón.- La chica se volvió a reír. –Pero así es él.

-¿Y para tu cumpleaños?

-Para mi cumpleaños eran dos caramelos. Uno cuando llegaba y otro cuando se iba. Creo que habría preferido darme hachas o martillos, pero ya todos sabeos que eso habría sido un desperdicio.

Ambos volvieron a reír, apegándose más el uno contra el otro, siguiendo con la imaginaria canción y bailando en el poco espacio que tenían entre ollas y mesas.

-¿Cuántas veces te visitaba por año?

-Solía venir dos veces, a veces tres. No te preocupes My lady, de hecho yo también pensaba que no me quería, pero con lo tacaño que es, un caramelo significa mucho.

-¿En verdad crees que llegue a querer a Asdis?- Pregunto ella, apoyando su cabeza en el hombro del chico.

-Si…

-¿Estás seguro?

-Pues… como te dije, yo también pensaba que él no me quería. Tiene una muy rara forma de demostrar el amor como vez. Pero además de eso, como yo no era el mejor ejemplo del prototipo vikingo, pues… pensaba que el ser débil era motivo suficiente para tener su odio. Pero luego aprendí que no, él solo es tacaño.

-¿Entonces si crees que llegue a quererla?

Hipo la miro directo a los ojos. Ese azul cielo que ella y la niña compartían, ese color que lo tenía tan enamorado. –Estoy seguro- Ambos se regalaron una sonrisa. Astrid tomo el rostro de Hipo entre sus manos y se besaron. Ella enredo sus brazos en su cuello, mientras el castaño la sujetaba de la cintura, pegándola más a él, y profundizando el suave y lento beso.

El ruido de las hoyas los hizo separarse de repente y girarse. Hipo destapo la hoya y de esta salió una gran cantidad de vapor. Entre ambos lograron sacar el caldero del fuego.

-Casi- Dijo Astrid.

-Sí, si la comida se nos quemaba mi abuelo me mataba.

-Te amo Hipo.

Volvieron a besarse una vez más, esta vez solo un roce, no tan profundo o largo pero era perfecto para ellos.

-Te amo Astrid.

Volvieron su atención a la cocina sin saber que desde la puerta, eran escuchados por Eskol, con el ceño fruncido y una expresión pensativa. Se alejó de la puerta para acercarse a la cuna, donde la bebe lo miro directamente mientras jugaba con sus manos y piecitos.

Lo que nadie se esperaba era el suceso que se daría en un par de días…

(&-&-&-&)

Era de noche en Berk, Astrid más que feliz, faltando solo un día para que el viejo se fuera de su casa. Pasaba esa noche y a la mañana siguiente su vida volvería a ser la misma. Claro que como el hombre no había mostrado ninguna mejora con su opinión de la niña, ella tendría que darle una paliza a Hipo. Pero por lo menos se libraba del viejo.

Ella caminaba con una sonrisa de oreja a oreja por Berk y la niña en brazos. Se supone que debía verse con Hipo en un rato para arreglar un tema de la silla de Tormenta, que se había roto y no se sujetaba bien al cuerpo de la Nadder.

-Muchcacha- Astrid se dio la vuelta encontrándose con Eskol allí, ¿Qué se le habría perdido al hombre ahora que era culpa suya?

.

.

Hipo sobrevolaba los bosques de Berk buscando las ovejas del silencioso Sven, al parecer se habían escapado de su corral causa de una broma de los gemelos. Junto a él tenía a Tormenta, la dragona de Astrid. Tal vez el problema con la montura no le permitiera volar a ella, pero como los Nadders eran excelentes rastreadores, se la pidió prestada para ayudarlo a terminar más rápido el trabajo.

Y sí, lo estaba ayudando demasiado, ya tan solo le faltaban tres ovejas y podría reunirse con la chica a trabajar el problema de la montura.

Tormenta se dirigió en picada al suelo, sacándolo de sus pensamientos, luego volvió con una oveja entre sus patas.

-Perfecto Tormenta. Ve a dejarla a la granja- La dragona gorgoteo para luego dirigirse al lugar indicado. –Vamos amigo, solo faltan dos.

-¡Hipo!- El nombrado se dio la vuelta encontrándose con Patapez montado sobre Gordontua.

-¿Qué sucede?

-Necesito tu ayuda. La otra vez acordamos arreglar el inventario de los terribles terrores para el correo aéreo ¿Recuerdas? Pero con tu… drama familiar, pues… no se pudo.

-Sí lo sé, ¿Es demasiado urgente Patapez?

-Pues… para empezar, dejar a los gemelos a cargo del entrenamiento de los Terribles terrores no fue gran idea. Algunos, por no decir la mayoría, hacen bromas en lugar de entregar el correo o tardan demasiado en llegar.

-Si… ni me lo digas- Menciono recordando la tardía carta de su padre informándole de la decisión de su abuelo sobre vivir con ellos. –Bien… ahora me faltan encontrar solo dos ovejas más y termino. ¿Esto no puede esperar a mañana? Le prometí a Astrid arreglar la silla de Tormenta al terminar.

-Podría esperar, pero los vikingos andan muy enojados con este tema. Ya sabes con las bromas y eso, además algunas de las cartas son llevadas a Brutacio y Brutilda, ellos las leen disque para enterarse del drama de las vidas de los vikingos.

-Dioses, bien… solo espero que Astrid no se enoje tanto como para tener otro motivo para matarme- Susurro al final, más para sí mismo que para su compañero.

-Pero si quieres te puedo ayudar Hipo, además solo faltan dos ovejas.

-Gracias Patapez, vamos.

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-¿Qué quiere?- Pregunto despectivamente Astrid.

-Vine a dejarte las cosas claras antes de irme.

-¿Las cosas claras? Creo que entre usted y yo todo está claro.

-Escúchame, primero que nada vine a decirte que no me importa de qué linaje desciendas, tengo claro que los Bog-Burglar eran una tribu formidable, pero tu niña no me agradas en lo más mínimo como esposa de mi nieto.

-Me importa poco su opinión si de todos modos mañana se va de mi vida.

-En segundo lugar, quiero dejarte en claro que no acepto ni jamás aceptara a la bastarda que tienes por hija.

-¡Cuide su boca señor! Que a mi hija usted no me insulta sin pagar las consecuencias, y menos en mi cara.

-Yo no me trago el cuento de que sea hija de mi nieto. Y menos en la situación en la que ustedes se casaron.

-Todo Berk sabe que es hija nuestra y yo no he chantajeado a nadie. Además Hipo confía plenamente en mí.

-Sí lo sé, esa confianza ciega que tiene mi nieto en ti. No me agradas por más ascendencia real que tengas.

-Pues es su problema, le repito que no me importa. Mañana usted se va y desaparecerá de nuestras vidas.

La chica se dio la vuelta, dispuesta a marcharse y ser la última en tener palabra.

-Alto ahí- Intento pararla Eskol, sin embargo ella seguía su caminata si mirar atrás. El hombre desenfundo su espada y la paso tan cerca de ella que la chica la sintió rosarla. Se dio rápidamente la vuelta, encontrando a Eskol en guardia listo para atacar y recibir ataque. Era un reto y ella jamás rechazaba un reto, sin embargo tenía a su niña con ella y no podía arriesgarse a que saliera lastimada.

El hombre se movió y volvió a rozar su espada contra ella, tan cerca de su rostro pero con un movimiento tan medido que ni la raspo.

La gente se había agrupado alrededor de ellos al ver la situación. -¿Miedo Hofferson? ¿Dónde está la guerrera que no puede atender su casa? Ya te he dicho que no me agradan ni tu ni la niña, tal vez con el tiempo mi nieto se consiga una mejor esposa que le dé hijos de verdad.

Tras esas palabras, el hombre volvió a atacar, solo que esta vez, Astrid saco su hacha de su espalda y le devolvió el ataque. La estaban retando, un reto a vida o muerte tal vez, para que Hipo quedara "libre" de ella.

Los ataques y las defensivas comenzaron, aunque ella tuvo siempre presente en su mente defender a su hija mayormente, antes que nada. Y una pelea en la que concentras tu fuerza en un brazo para dar y bloquear ataques, y concentras fuerza en el otro para sostener a un bebe y mantenerlo alejado de los filos de las armas, era realmente difícil. Pero ella era Astrid Hofferson y este maldito viejo la tenía cansada.

.

.

Entre Hipo y Patapez habían encontrado a una de las ovejas mientras hablaban de lo que podían hacer acorde a la situación del correo aéreo, tan solo les faltaba hallar a la última y podrían irse.

-¿Cuál es la oveja que falta Hipo?

-La negra. Y esa ha sido siempre la más difícil de encontrar.

-Sí, lo sé. ¿Y Tormenta? ¿Con ella debería sernos más fácil?

-Si pero esta algo cansada, además ya es muy entrada la noche, y todos nos queremos ir. ¿Tienes alguna idea de donde pueda estar?

El rubio puso una mirada pensativa mientras el silencio del lugar era solo llenado por un "Mmmm" que hacía casi inconscientemente. No solo Hipo sino que el Furia y la Nadder, rogaban porque se le ocurriera algo, solo querían encontrar al escurridizo animal he irse.

-Ya se- Hablo muy animado el rubio -¿Recuerdas que una vez nos dijeron que a la oveja negra le gustaba estar cerca del pozo de agua y más de una vez se ha caído ahí?

-Tienes razón. Gracias Patapez, vamos.

Los dos chicos y los tres dragones se dirigieron al pozo de agua, sin embargo les llamo mucho la atención un tumulto de gente reunida. Solo esperaba que los gemelos no le hubiesen hecho otra broma a Patán dejándolo atascado en algún lugar.

Al descender, todos se abrieron paso entre la gente, lo cual no fue nada difícil con tres grandes dragones, lo sorprendente era que había silencio, nadie parecía estar festejando o gritando algo, y eso era aún más raro con el ruido de metal contra metal chocando, lo que solo significaba que se llevaba a cabo una pelea.

Sin embargo otro sonido se escuchó en medio de los murmullos de la gente y el acero, el llanto de un niño, y como padre a Hipo eso le preocupo mucho.

Al quedar en frente de la multitud, el chico vio cómo su adorada lady se batía en un duelo contra nada más y nada menos que Eskol. Y lo más alarmante era ver como su hija estaba en medio de la pelea siendo sostenida por el brazo de su madre, que la apretaba contra sí, protegiéndola del metal.

Sin embargo era de esperarse que Asdis llorara al estar en medio de tal situación. Ya no le cabía ninguna duda, a esos dos, los encerraría en un loquero, juntos.

-¿Cansada? Puedes rendirte en cualquier momento. Ya te dije que no te aceptare como esposa de mi hijo y hare lo que sea para que ustedes se separen.

La chica parecía cansada, aunque todos sabían que seguiría hasta el final, pero el peso que el cuerpecito de su niña provocaba en su brazo izquierdo, no la ayudaba en nada, y a eso había que sumarle la preocupación por protegerla antes que a ella.

Eskol dirigió la punta de su espada a la niña, solo que con un rápido movimiento, la madre aparto el arma con su hacha, pero se desequilibró cayendo al suelo.

Tormenta intento salir en defensa de su ama, pero Hipo la detuvo allí, con expresión muy enojada, harto de la situación, era hora que de verdad le dejara a su abuelo en claro las cosas. Nada ni nadie lo separaría de Astrid. Nunca.

Cuando el filo de arma se dirigiría a la rubia, Hipo la aparto poniendo su espada de por medio. Si él mismo no enfrentaba al hombre entonces tal vez nunca pararía.

La chica se paró de su lugar, reforzando el agarre a la niña y la pareja miro desafiante al hombre.

-Hipo piénsalo bien- Pidió Eskol -¿En verdad deseas arruinar tu vida al lado de una mujer que no cumple con sus deberes hogareños y que solo ha sido capaz de concebir una niña?

-Ya te he dicho que soy sumamente feliz al lado de Astrid. Y te lo dejare en claro a como dé lugar.

-Si no puedo desprenderte de tu mujer me obligaras a hacerlo de la niña.

Los choques de metal volvieron a empezar, esta vez una espada y un hacha contra la espada del ex jefe de Berk. Hipo prefirió no encender fuego el arma, a sabiendas que la bebe si podría salir muy mal lastimada esta vez.

Y su objetivo no era lastimar a nadie sino dejarle en claro a su abuelo su posición.

Entre ataques y defensas ambos lograron hacer retroceder al hombre, siendo él quien más luchaba por defenderse que por atacar. Después de varios minutos en los que habían luchado por defender a su hija, cada vez que la espada se dirigía a ella, lograron quitarle de sus manos el arma a Eskol, quedando este completamente desarmado ante la seria mirada de su nieto.

-Hipo piensa en lo que haces.

-No lo necesito. Estoy seguro de cada una de las decisiones que he tomado hasta ahora. Ve a mi casa y prepara tus maletas, mañana mismo tu barco zarpara.

El hombre les dirigió una última mirada al matrimonio y se fue, al poco tiempo los chismosos vikingos se fueron del lugar dejándolos solos.

Hipo tomo a Asdis en sus brazos para que Astrid lograra descansar su brazo. La chica se apoyó en él y cerró los ojos. Tormenta no tardo en acercársele y olfatearla para comprobar que estuviera bien. Astrid solo rio y le acaricio el hocico con cariño.

-¿Vamos a casa?- Propuso Hipo.

-Hipo no quiero verme con.

-Pero solo se quedara esta noche y ya tiene más que en claro cuál es mi posición. No pasara nada my lady.

Astrid le tomo la mano y todos se fueron caminando hasta su hogar, lentamente y disfrutando de la hermosa noche estrellada en Berk. Astrid reposaba su cabeza en pecho del chico y tranquilizaba su acelerada respiración.

Al llegar, dejaron a los dragones en sus corrales y se dirigieron adentro, donde Eskol ya se había ido a dormir y ellos harían lo mismo.

Subieron al cuarto, he Hipo se encargó de cerrar todas las cortinas.

-No lo sé Hipo, no me siento segura. Es que… esto ya llego a un gran extremo. Tú lo viste, lo que… lo que quiso hacernos.

-Lo sé Astrid- El chico se acercó a la cama y se arrodillo frente a la rubia sentada en esta, para estar a su altura. –A mí también me preocupa pero él se ira mañana y se… que tal vez me estoy tomando demasiado a la ligera la situación pero conozco a mi abuelo, ya no intentara nada. Él sabe que las consecuencias por hacernos algo las pagara caro.

La chica suspiro y asintió lentamente, y ayudo a Hipo apagando las velas.

-No sé Hipo sigo sin estar…Dioses- EL chico la tomo en sus brazos estilo princesa -¿Por qué n puedes dejar de hacer tantas preguntas?

Hipo la dejo en la cama y la beso. Astrid enredo sus dedos en su cabello y profundizaron aún más el beso, mientras sus manos le acariciaban la suave piel del torso.

Se separaron con las respiraciones agitadas y él le regalo una sonrisa, de esas que solo hace cunado planea algo. Hipo dejo breve beso en el cuello de Astrid, luego se paró y la cubrió con las sabanas. Fue hasta la cuna y tomo a la pequeña niña dormida, en sus brazos. Se acostó en la cama y la dejo junto a su madre.

El castaño abrazo a su esposa de atrás, disponiéndose los tres a dormir en la oscura habitación. Hipo suspiro y se apegó aún más a la chica, intensificando el abrazo.

-¿Pasa algo?- Pregunto ella.

-Solo… tenía la esperanza de que mi abuelo llegara a aceptarla.

-Hipo…- Astrid se giró quedando frente a él – Lo se… a mí también me habría gustado- Paso una de sus manos por los castaños cabellos, enredando sus dedos en algunos nudos que este tenía, pero que le dejaban al chico ese aspecto desordenado pero lindo que tenía. –Si te hace sentir mejo, ya no tengo tantas ganas de matarte.

Ambos se rieron un poco, Hipo la tomo de la cintura y la acerco contra si para besarla. Luego volvieron a acostase, él la abrazaba a ella desde la espalda, mientras Astrid abrazaba a la niña y ambos juntaban sus manos en ese pequeño abrazo. Y así estuvieron hasta dormirse.

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Hombres con fuertes brazos y tatuajes en estos, se ayudaban entre sí para subir cajas y cajas a los barcos. Uno de ellos daba órdenes a sus compañeros, otros subían y bajaban de los barcos a través de la plancha.

Hipo y Astrid miraban la situación en el puerto, cuando despertaron en la mañana, Eskol ya se había ido, a pesar de los sucesos Astrid acompaño a Hipo, junto a Asdis. La verdad era que quería cerciorarse de que el hombre se fuera, y sabia del desánimo que el castaño tenía con toda la situación, como habría preferido que las cosas se dieran de otra manera.

-¿Crees que las cosas habría cambiado en algo si los gemelos y los chicos no hubiesen armado el escándalo en casa de mi padre?

-No lo sé… tal vez su primera impresión no habría sido tan… violenta. Pero no sé si las cosas hubieran cambiado.

Hipo asintió con la mirada perdida en el suelo. Astrid lo miraba y no pudo evitar pensar en que tal vez le estaba afectando más de lo que pensó el hecho del rechazo de su abuelo.

-¡Hipo!- El nombrado miro hacia atrás y ahí estaba su padre. –Hijo me entere de lo que sucedió ayer, ¿Están todos bien?

-Por suerte no pasó nada grave. Te dijo Bocón ¿cierto?

-Bueno… ya sabes que gracias a él me entero mayormente de todo.

-Lo escuchamos animándonos en la pelea- Hablo Astrid. Los tres se rieron un poco por las extrañas ocurrencias del herrero.

-Como sea, debo irme. Hipo ya hable con tu abuelo…

-Lo supuse, tranquilo pa, todos estamos bien.

Tras una última sonrisa el hombre se fue. El castaño volvió a suspirar en verdad deseaba que las cosas no hubiesen terminado así. El tiempo pasó rápido viendo los embarques y algunos desembarques por cosas que salina mal. Cuando quisieron acordar su abuelo estaba a punto de irse y era momento de las despedidas.

El hombre se acercó a la joven pareja que sujeto fuertemente sus manos.

-¿Volverás?- Pregunto Hipo, podría ser una pregunta un tanto desconcertante pero no para Astrid, ella sabía que a pesar de todo el chico no odiaba a su abuelo.

-Si tú quieres…-Respondió cortante. La rubia no pudo evitar enfurecerse ¿Acaso por una vez ese hombre no podía dejar de lado su orgullo solo por su nieto?

-Abuelo no me gustaría que las cosas terminaran así- Pidió en tono de súplica el chico.

-Ya es hora de irme.

Hipo bajo la cabeza y suspiro.

-Adiós- Se despidió su abuelo. El chico extendió una mano y el hombre la tomo, despidiéndose formalmente así. Sin embargo, al separarse, Hipo se la miro sorprendido, Eskol avanzo un par de pasos y se detuvo.

-Dos son para ustedes, el tercero para mi nieta, tal vez encuentren alguna forma de dárselo aun sin que ella tenga dientes. No lo sé y no me importa.

El hombre se fue caminando y se subió al barco principal. Estos no tardaron en comenzar su vuelta por el mar.

En su mano, Hipo tenía tres caramelos, sonrió al verlos y volvió su vista a los barcos que se alejaban por el horizonte.

-¿Qué tienes ahí?- Pregunto Astrid curiosa.

El chico no pudo evitar sonreír y con solo muéstraselo, fue suficiente para confundirla.

-No entiendo- Dijo ella –Pero si nos odia…

-No nos odia.

-Bueno… Me odia.

-Tampoco te odia.

-¿Estarán envenenados?

-Astrid- La reto Hipo - ¿Qué clase de hombre crees que es mi abuelo?

-Uno que está dispuesto a matar a una niña de tres meses solo por sus estúpidos ideales machistas.

-No iba a matarla, ni a ti, ni a ella, ni a mí ni a nadie. Exceptuando a Bocón por decirle viejo…

-¿Cómo puedes estar tan seguro?

-Porque si algo no tolera mi abuelo es que le remarquen su edad…

-¡No eso! Hablo de cómo puedes estar tan de que no nos iba a matar.

-Bueno… anoche estuve elaborando una extraña teoría. Y esto…- Mostro uno de los caramelos –Lo comprueba todo.

-No te entiendo.

-Astrid ¿No te pareció que los movimientos de mi abuelo eran demasiado calculados? Él nunca tuvo la intención de matar a nadie.

-Hipo no lo sabes…

-Sí lo sé. Además fíjate que antes de irse nos dijo "Dos son para ustedes, el tercero para mi nieta" –Hablo imitando al hombre

– Lo que significa…

-Significa… que solo quería ver hasta donde era yo capaz de llegar por ustedes. Quera saber que tan dispuesto y enamorado estoy. Además aquí hay tres caramelos; uno para mí, otro para Asdis y otro para a ti. En el fondo también te quiere, a su manera, pero te quiere.

-¡Me pego la primera vez que nos vimos!

-Lo sé, y eso no se lo perdonare nunca. Pero eres la primera mujer además de mi abuela, que lo ha enfrentado así.

-¿Tu abuela?

-Ufff, no tienes idea de lo que era esa mujer. A pesar de todo y sus malditos ideales mi abuelo se casó por amor. Y aunque él no quiera admitirlo quien llevaba el mando era ella- Cometo al final con gracia, contagiando a la chica a su lado.

-¿En serio?

-Si, a veces daba pena ver como ella lo tenía. Si mi padre logro casarse con mi madre fue gracias a ella, que lo tenía corto y no lo dejaba quejarse, por lo que no le quedo de otra más que aceptarla.

-¿Crees que vuelva?

-Estoy seguro. Sera muy orgulloso, pero volverá.

-¿Quieres?- Hipo le ofreció el dulce a la chica, que solo miro el caramelo con una mueca.

-No aceptare nada que venga de ese hombre.

-¡Dioses Astrid, no puedes ser tan orgullosa!

-¿Hablas que tienes el orgullo más grande que la cabeza?

-Solo cómelo.

-No quiero.

-Vamos my lady.

Después de unos minutos de discusión, Hipo logro convencerla, aunque como toda ridícula pareja, él se lo dio en la boca. Pero aun saboreando el dulce, la chica no dejaba de tener una orgullosa expiración y no aceptaría que el chico tenía razón en cuanto a que los caramelos eran ricos.

-¿Sabes que más resuelve esto?- Pregunto Hipo.

-¿Qué cosa?- Dijo ella confundida, sin entender al castaño.

-Me refiero al cariño de mi abuelo hacia Asdis. ¿Sabes que más se resuelve?

-¿Qué?

-Que ya no me mataras- Comento aliviado.

-Eso no lo sabes, en menos de cinco minutos puedes meter la pata dándome razones suficientes para hacerlo.

-Astrid- Se quejó, haciendo reír a la chica.

-Sabes Hipo… creo que tu abuelo esta orgulloso del golpe que le diste en casa de tu padre.

-¿Tu crees? Pero si fue un golpe. ¿Quién se enorgullece de eso?

-Ay Hipo, somos vikingos recuerda eso…

-Bueno… eso es verdad. ¿Te parece si vamos a casa? Pronto será la hora de la cena.

-Bien… pero esta vez cocinas tu solo, yo estoy cansada.

-¿Cansada de qué?

La chica le dio un codazo en las costillas mientras se dirigían a su hogar. Al fin y al cabo, la visita que Hipo creyó sería la peor de su vida, resulto salir mejor de lo que se esperaba.

Después de todo, ambos estaban dispuestos a cualquier cosa por el otro, y por esa pequeña personita que los unía aún más y era una prueba de su amor, una prueba que no importaba nada, nunca desparecería. Ellos no dejarían que nada le pasase, porque el amor es lo que nos impulsa a hacer lo imposible, a hacer cosas de las que no nos creemos capaces, cosas inimaginables que tal vez jamás se nos han pasado por la mente y es prueba de que por amor lo hacemos todo.

Taran taran, he aquí el final. Pude haberlo publicado antes, me faltaba muy poco para terminar de escribir pero como he estado un poquitín ajetreada no he podido, pero eme aquí.

La escena que le dio origen al fic en general, fue la parte en que Eskol pelea con Astrid y luego Hipo se une a la batalla. Me lo soñé tal cual… (Incluso ella tenía a la bebe en brazos)

EvlR: Ahora que lo pienso tienes razón pareciera que Hipo y Astrid cambiaran de lugares con el tema de la bebe. No lo sé, me imagino a Hipo como un padre cariñoso y juguetón mientras que Astrid también se preocupa por el bienestar de su hija y la protege (claro que a su manera con hacha en mano XD). Espero haber dejado en claro en este capi que los ojos de la niña son azules, habría preferido verdes para que tuviera algo de ambos padres, pero mi imaginación no me lo permitió. Como habrás notado al final me decidí por Asdis, ese nombre lo he estado leyendo en otros fics y me encariñe con él. Desgraciadamente uno de los fics lo borraron aunque vi que la autora lo comenzó de nuevo hace poco. Sin embargo tenía una lista larga de nombres y cuando digo larga es larga (o lo que diez nombres son para mí una lista larga). Como vez, Eskol en contra de todo pronóstico termino amando a su nieta, a su manera, pero la quiere, incluso a Astrid XD. Creo que eso es todo por hoy. Gracias por comentar y ojala te haya gustado el capi y nos leamos pronto. Saludos.

Gracias por los Follower a: Perses19 y LoribethSantos. Muchas gracias chicos, espero hayan disfrutado el capi, ya saben que con este simple gesto me animan mucho. Saludos.

Gracias por los favoritos a: LoribethSantos y Bunny12. Muchas gracias por poner mi fic en sus favoritos, sé que lo digo siempre pero en verdad me animan a seguir. Ojala nos leamos pronto. Saludos.

Ufff, creo que eso es todo, si se me olvido alguien hágamelo saber, sin vergüenza. Me gusta dar créditos a quienes unen mis fics a sus follows, favoritos o a mí me ponen como autora favorita o comienzan a seguirme. Son gestos muy especiales para mí. Gracias a todos, incluso a los lectores anónimos. Un gran abrazo.

Saben que acepto ideas para un mini fic o one-shot. Claro que tienen que ser cosas pequeñitas, si me lo dan muy detalladamente quiere decir que ustedes ya tiene la idea en mente y estaría muy bueno que se animaran a escribirlo. Después de todo aquí todos somos autores novatos (o por lo menos la mayoría), con ganas de compartir nuestras ideas.

El prox mini fic estará basado en hechos reales. No se asusten, no será de terror, creo que sería más bien comedia (o lo que me salga). Sera también de tres capis o menos. Estoy entre un Au común y corriente sin salir del universo HTTYD o un Au Modern ¿Ustedes que opinan? Su opinión la tomare muy en cuenta y si no saben lo que quieren o les da igual supongo que elegiré con un ta te ti.

Ojala les haya gustado el fic, nos leemos en la siguiente historia. CHAUSIS…

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