¡Hola a todos! He aquí el origen de este one-shot.
Estoy traumada. Hace poco leí un fic en ingles que me traumo. Se trataba sobre que a Astrid sus padres la obligaban a casarse con un hombre porque este había ofrecido un gran "dote de novia" por ella. Hipo no podía igualar esa suma de dinero y ni siquiera sus grandes logros contaban en algo para ello. Por lo que una noche antes de la boda ellos intiman para que su primera vez le pertenezca solo a Hipo.
En si el acto es muy bonito pero ustedes saben que yo me traumo fácil con esto, ni Hipo ni Astrid pueden casarse o hacerlo con otras persona que no sean ellos. Y peor aun si los están obligando.
Yo tenía la esperanza de que Hipo impidiera la boda pero eso no paso y ¡Astrid se casó! Creo que al final ella tiene un hijo de Hipo, (aunque un está casada con el otro hombre) la verdad no sé, porque me saltee todo hasta el final para ver si Hipo irrumpía la boda.
Con el paso del tiempo mi trauma desapareció un poquito pero decidí escribir un one-shot con el mismo conflicto (Astrid obligada a casarse con otro) pero con un final feliz estilo Fanatasy!
Sin más preámbulos ¡A leer!
Summary: ¿Raptar a la novia obligada a casarse contra su voluntad? ¿Abandonarlo todo por amor? ¿A su padre? ¿Su vida? ¿Su gente? ¿Huir para vivir felices por siempre? ¿Hasta donde se llega por amor? -Yo doy mi vida por ti Astrid...-Tu eres mi vida Hipo.
Rated: T
Personajes principales: Hipo y Astrid (18 años)
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El viento soplaba con fuerza y elevaba su cabellera rubia y suelta en ondas. Astrid estaba sentada al borde del acantilada mirando el mar, para muchos parecería una estupidez o una locura o tal vez un intento de suicidio pero daba igual para ese punto de la historia. Por fin tenía todo lo que quería. Lo había estado esperando por años; ella, la aldea, sus amigos, Estoico… sus padres.
Sus padres, los mismos que ahora arruinaban esto que todos habían esperado.
Hace unos meses Hipo por fin se le declaro. La beso en ese hermoso atardecer en la orilla del dragón y dieron por oficial lo que tenían. Tres años esperando ¿Qué clase de chica espera tres años a que un chico se le declare? La respuesta, una muy enamorada.
Si bien no podía decir que era amor cuando ellos tenían quince años, lo que si era, era un profundo sentimiento de cariño, cariño que con los años creció y cuando empezaron a salir todas las emociones salieron a flote y podía decir sin dudar que sí, efectivamente ella ama a Hipo Haddock.
Pero ahora no podía decirlo en voz alta.
¿Por qué?
Porque sus padres, los que cada noche le preguntaban qué pasaba con el niño Haddock, los que la empujaban a empezar algo con él, los que daban su total consentimiento a aquella relación, esos padres, ahora la habían vendido.
Porque no existía otra palabra para lo que habían hecho. La vendieron al mejor postor. O como ellos lo llamaban, la comprometieron con un buen hombre de un excelente estatus.
Buen hombre para ellos. El tipo había ofrecido cien monedas de oro, una docena de ovejas y dos barcos por ella. Y sus padres aceptaron.
Hipo podría ser el hijo del jefe pero no poseía esa cantidad. Entonces la revelación la golpeo. Ellos no querían que ella estuviera con Hipo porque les parecía un buen muchacho para ella, sino porque en ese momento él era el mejor para ellos. Hipo era el hijo del jefe, heredero al trono de Berk, primer jinete de dragones, el primer vikingo en conquistar los cielos a espaldas de una Furia nocturna y acabar una guerra de 300 años. Eso era Hipo para ellos. Era una escalera para ascender el nombre de los Hofferson de los mejores guerreros de clase baja a los mejores guerreros de clase alta cuya hija pronto seria esposa y con el tiempo también jefa de Berk.
Y eso valió nada cuando un extranjero treinta años mayor que ella, llego con sus montañas de oro y dijo haberse enamorado a primera vista de ella.
Ella amaba a Hipo, nadie más tenía el derecho de entrar a su vida. Pero para sus padres no conto así.
Una mano cálida le toco el hombro y ella giro levemente la cabeza para verlo.
-Puedes caerte sentada tan al borde.- Hablo con suavidad el castaño, arrodillándose a su altura.
-¿Importa?-Pregunto ella nostálgica, al borde de las lágrimas. Estas prácticamente cubrían sus ojos y no le importaba que en poco tiempo seguro caerían y se resbalarían como cascadas por sus mejillas.
-Y mucho… me muero sin ti Astrid.
-Y yo me muero sin ti Hipo…- Su respuesta había salido con hilo de voz de sus labios, siéndole imposible hablar sin gemir –Y eso es lo que pasara porque no puedo estar a tu lado…- Sin importarle ya más, los sollozos aumentaron y las lagrimas cayeron de sus ojos. Hipo la atrajo hacia si en un abrazo y ella enterró su rostro en su pecho apretando la tela de su túnica.
El dolor que le apretaba el pecho salía al exterior en forma de lágrimas y lamentos. Hipo sabía que no había palabras para tranquilizarla ahora, más que abrazarla, frotarle la espalda con suaves caricias y ser su soporte como ella lo era con él.
-Te amo- Pronuncio sollozante la rubia –Te amo y no quiero dejarte.
-Solo quiero que seas feliz- Juntó sus frentes y ambos cerraron los ojos. El sol había terminado de ocultarse dando paso a las estrellas y el cielo nocturno.
Su cabello olía riquísimo, a diversas flores y esencias. Producto del baño aromatizante que su madre la había obligado a darse para "estar lista para su noche de bodas".
-Te amo My lady, y no te dejaré ir…
-Sabes lo que significa My lady- No era una pregunta, era una afirmación.
-Significa que eres mía. Que ya está dispuesto así, que nuestros corazones están atados y nadie tiene derecho a sacarte de mi lado.
-Ya lo hicieron…- Volvió a sollozar enterrando su rostro en su pecho, recibiendo caricias en la cabeza de parte del amor de su vida. Porque eso era él, era el amor de su vida, la única vida que tenía y no podía disfrutarla con él.
-Pase lo que pase- Susurro el castaño. -Al final estaremos juntos… aquí o en el Valhala.
-¿Por qué no en ambos?
-Sabes que haría hasta lo imposible por evitar esto.
-Ese hombre tiene todo Hipo, poder, dinero…
-Eso no lo es todo.
-Pero bastó para comprarme- Exclamo entre dientes -¿Qué pasaría nos opusiéramos a esto? Si nos enfrentáramos a él o a mis padres, tiene los contactos como para enviar a la muerte a uno de nosotros. Y no soportaría que te mataran por mi culpa.
-Jamás seria por tu culpa Astrid. No digas eso. Yo doy mi vida por ti.
-Tú eres mi vida Hipo.
El castaño abrió grandes los ojos, he inmediatamente la estrecho en fuerte abrazo. Ambos sollozando, grabando en sus mentes el calor del otro, el olor y el sentir de sus brazos rodeándolos.
Poco a poco las palabras de cariño comenzaron a ser susurradas, aparecieron pequeñas caricias en la espalda o brazos, luego los besos en la frente o mejillas, todo dio paso a besos pequeños en los labios hasta aumentar el calor en la pareja. Y entonces la palabras fueron susurradas, las que le permitían hacerla suya esta noche, ella no le daría el privilegio a nadie más si no era él. Pertenecerle únicamente al amor de su vida, regalarle su primera vez, algo imborrable que sería el recuerdo de la primera noche juntos, los primeros besos, los primeros jadeos. Se lo prometieron, ella era la única que tenía el derecho a hacerle el amor y él era el único con el derecho de hacerle el amor.
Las estrellas como único testigo de la promesa de amor eterna. Una promesa sellada en el pasto al aire libre, firmada por besos, caricias y gemidos, culminada por una pareja abrazada en el suelo cubriéndose entre sí del frio viento que les calaba la piel desnuda.
Estaba frente al espejo de su habitación, su madre terminando de arreglar su cabello y posicionando la corona nupcial sobre él. El único objeto que ella podía usar que iba a raíz con sus tradiciones. Tenía puesto un vestido blanco largo, muy ajustado en su opinión, con algunos bordados y las mangas largas pese al calor del verano.
Todo había sido hecho a capricho de su "prometido", dijo que con esto se casaban las mujeres de donde él venía. El dinero cegó tanto a sus padres que ni siquiera les importo que este tipo exigiera una boda totalmente fuera de sus costumbres, si o si dispuesta según las de él.
Hacía calor, el vestido era ajustado y la falda caía en estilo campana, las mangas eran largas porque nadie más que él tenía derecho de verla y su típica remera manga corta mostraba demasiada piel, según él. A pesar de eso el escote era realmente ajustado, haciendo resaltar sus pechos para deleite de su futuro esposo.
Una vez casada con este hombre tendría que cambiar sus propias tradiciones, hasta su forma de vestir, ya que ya no podría utilizar las mangas cortas o la falda con púas o los leggins. En su lugar serian vestidos como este, manga larga para no mostrar sus brazos pero ajustado en el busto para resaltarlo para su marido. Calor en verano pero muriéndose de frio en invierno a causa del horrible escote revelador.
Decir que odiaba a sus padres era decir poco. Nunca en ningún momento dejo de mirarlos con desprecio.
Ella había soñado su boda con Hipo tantas veces. Tal cual como las tradiciones vikingas las dictaban. Una hermosa boda al atardecer en la playa. Utilizando la corona nupcial, podía casarse con la ropa que comúnmente usaba u optar por algo más para la ocasión. El único cambio en la vestimenta, al casarse con el hijo del jefe, sería tener que utilizar algún tipo de piel sobre ella (ya sea en forma de capa o como abrigo u otra cosa) que mostrara su estatus como futura jefa o actual jefa. Y su cabello debería ir recogido (en un moño, cola de caballo u otra forma) o trenzado de la forma en que ella quisiera pero jamás suelto a no ser que fuera para su marido en su lecho matrimonial o libremente en su casa para comodidad propia. Esa era la única regla estricta que tenían. La consumación pública había sido desacreditada hace mucho.
Pero no, toda la fantasía fue tirada por la borda. Como este tipo no era de Berk y no compartían cultura, el jefe no podía hacer nada para evitar esto.
Volvió a contemplar su reflejo, "hermosa" había dicho su madre. Ella no se veía así…
Hipo no dejaba de dar vueltas por la fragua, sus manos recorrían su cabello en muchas ocasiones. Y tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para no llorar.
Por obvias razones no fue invitado a la boda, probablemente si hubiese sido invitado ya habría hecho alguna estupidez o locura.
La puerta de la fragua se abrió rebelando a un vikingo de una pierna y un brazo, que pasaba con una expresión cansada. El vikingo se detuvo frente a su aprendiz, suspiro y negó con la cabeza.
-No puedo creer que no vayas a hacer nada- Dijo Bocón cansado.
-¿Y qué puedo hacer? Porque si tienes algún idea Bocón en verdad soy todo oídos.
-Yo solo tengo una Hipo. Ve y detén esto. Pero estoy seguro que tú tienes un plan más elaborado.
-¿Un plan más elaborado? ¿Qué? ¿Entrar y raptarla? ¿Llevármela lejos y vivir felices por siempre?
-Exactamente muchacho. Exactamente…
-Aun así Bocón ¿Cómo? Es una sala llena de vikingos dispuestos a-
-A ayudarte Hipo. Te ayudaran se los pidas o no. Confían en ti como vikingo y… como futuro jefe de Berk.
El chico suspiro -Mi padre te pidió que vinieras a decirme esto ¿cierto?
-Puede ser… sí. Él debe ser testigo de la boda como jefe. Pero agradécelo. De otro modo ya te habrían tirado de la oreja, regañado y obligado a hacer algo aun sin un plan.
Hipo volvió a suspirar y se dio la vuelta, apoyado en la ventana de la fragua. Ya era de noche, a esa misma hora la noche anterior había estado disfrutando de los suaves gemidos de su lady bajo él.
-¿Qué hago Bocón?
-Una estupidez Hipo… o como Astrid las llamaba una Hipo idea.
Sonrió. –Bien… necesito tu ayuda.
El herrero sonrió y carcajeo de alegría –Ese es mi muchacho.
Las puertas del gran salón se abrieron de par en par, la balada de los músicos empezó a sonar, los vikingos se pusieron de pie y Astrid debió entrar lentamente por el pasillo. Su rostro con una mirada sombría pese a lo que le había dicho su madre sobre sonreír y las señas que le hacía para que lo hiciese. Ella jamás le regalaría una sonrisa a sus padres o al tipo frente a ella.
Una vez que llego a su lado, el hombre la tomo de la mano, fría y dura. No como las manos cálidas, callosas del trabajo en la herrería pero suaves, a las que ella tan acostumbrada estaba. Frente a ella el hombre designado para llevar a cabo la ceremonia comenzó a hablar.
Nada como sus tradiciones. Los vikingos tenían a gente especial para llevar a cabo estas ceremonias, ¿Qué le daba el toque especial si era algo que pudiera hacer cualquiera? El vikingo frente a ella hablaba de los deberes de un marido en el trabajo y de los de una esposa en la casa, también hablaba de los deberes de la mujer para con el hombre en la intimidad. Nada como el respeto mutuo, el amor ante todo y el compromiso que planteaba la sociedad vikinga.
No podía creer que tendría que besar a ese hombre terminado la ceremonia, sus labios solo le pertenecían a Hipo a nadie más. Y luego seguiría la noche de bodas, donde esas horribles y viejas manos la recorrerían con total derecho. Apretó los labios reprimiendo un gemido. Esto tenia que ser una horrible pesadilla.
Logró ver a Estoico por el rabillo del ojo. Se veía triste, deprimido y la miraba compasión he impotencia.
El aire frio le caló por la espalda enviándole series de escalofríos por la columna y enfriando las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos. Al final una de ellas se le escapo, cerró los ojos con fuerza, apretando los labios y reprimiendo un sollozo. Tenía la cabeza gacha, no veía nada, no quería ver a nada ni nadie.
Se escuchó un portazo, el frio se acabó, el sonido de pasos presurosos tras ella… no, paso, y el metal chocando contra la superficie de madera.
El vikingo que relataba se calló, todos se callaron. Ella abrió los ojos y se dio la vuelta rogando porque sus sospechas fueran ciertas y no fuera un engaño del destino. Pero efectivamente tras ella un Hipo Haddock caminaba presuroso hacia ella.
La chica abrió grandes sus azules ojos cristalinos y de un movimiento sorpresivo aparto su mano del agarre del hombre y troto unos pasos hasta encontrarse con el chico. Desgraciadamente no había quedado tan lejos del hombre como le habría gustado solo a unos tres pasos de distancia.
-Hipo- Susurro sin aliento.
-Por favor no hagas esto.- Rogo él en un susurro pero no hablaban lo suficientemente bajo como para que en el salón no los escucharan.
Ella quedo con la boca medio abierta sin saber que decir.
-Perdón- Se disculpó él –Me corrijo, no dejare que hagas esto Astrid. No te casaras.
La chica abrió y cerró la boca un centenar de veces como un pez. – ¿Qué?- Pronuncio por fin. Hipo tomo suavemente su mano, dejándole pequeñas caricias en esta con su pulgar.
-Dije...- Repitió suavemente, con una sonrisa y una cálida mirada en su rostro –Que no dejare que te cases.
-Que osadía.- Hablo el hombre tras ella –Ordenar de esa forma a una mujer-
-¡Él no me obliga a nada!- Grito Astrid. Las primeras palabras directas que le decía al tipo desde que lo había conocido.
-Nadie puede obligarte a nada My lady- Volvió a hablar Hipo, tan suavemente como si la interrupción jamás hubiese pasado. –No pueden obligarte a casarte, dices que no y es no Astrid.- Hipo entrelazo con un poco más de fuerza sus manos, llevo la otra a la mejilla de la rubia y tiernamente acerco sus rostros para un pequeño beso. Todos en el salón jadearon, algunos mantenían sus expresiones de asombro y a otros la sorpresa los acompañaba de una sonrisa tirando de la comisura de sus bocas, como era el caso de sus amigos.
Tras ellos el "prometido" de Astrid estaba a punto de estallar, con tic en su ojo izquierdo, las manos temblando y cerrándose en puños. Tomo la espada de un vikingo a su lado y la desenvaino. Pero antes de hacer cualquier cosa las puertas del gran salón se abrieron, de ella entro corriendo y gritando un vikingo con la lengua afuera como un loco y una expresión que daba miedo: Bocón.
En lugar de su mano faltante había una taza de hidromiel y en su otra mano un martillo alzado en el aire. El rubio herrero corrió en dirección al hombre que lo miro con una expresión horrorizada mientras el "loco" corría hacia él.
Hipo tomó de la mano a Astrid con más fuerza llamando su atención, ella lo vio y él le sonrió. Para seguidamente empujarla corriendo por las puertas del gran salón.
-¿Hipo qué haces?- Preguntó ella una vez que llegaron al helado viento de la noche y bajaban presurosos las escaleras.
-Rapto a la novia. ¿Te gusta la idea?
Ella rio –Me encanta Babe.
La pareja corrió por las calles del pueblo a toda la velocidad que podían con el vestido de Astrid y la pierna de metal de Hipo.
-¿Amor a dónde vamos?
-A tu casa.
-¿¡A mi casa!?
El chico rio. –Si.
Una vez que llegaron, afuera de esta había unas cuantas maletas y un Chimuelo junto a una Tormenta esperándolos.
-Explícame amor.
-Mientras yo hacía un poco de tiempo en la ceremonia Bocón corrió a mi casa y empaco unas cosas mías y las trajo aquí junto con Chimuelo y Tormenta. Antes de que yo irrumpiera en la boda lo ayude a bajar tus maletas que por cierto parece que tu madre empaco con anticipación para cuando te… mudaras- explico él mientras juntos enganchaban las cosas a las sillas de montar de los dragones.- Luego él entro corriendo al gran salón fingiendo estar ebrio y loco para darnos tiempo de huir. No es el plan más elaborado que he hecho pero henos aquí.
Astrid tiro al suelo una de las maletas que estaba enganchando, tomo a Hipo del cuello de la camisa y lo acerco a ella para un beso, rodeando sus brazos alrededor de su cuello.
-Te amo- Le susurro ella –Vámonos de aquí.
Terminaron de enganchar las pocas maletas restantes he Hipo monto a Chimuelo, con un hábil movimiento la tomo de la cintura y la sentó frente a él en sus piernas estilo princesa, ya que el vestido le habría hecho imposible sentarse como normalmente lo hacía.
Chimuelo y Tormenta alzaron vuelo, a Astrid se le escapo un grito por la rapidez con la que la Furia llego al aire y por el vértigo que le daba la posición en la que estaba. Miraron Berk desde la altura, era hermoso.
-¿Qué harás con tu padre amor? ¿Abandonarlo?
-Le deje una carta, Bocón le explicara el resto y probablemente él ya sabía que yo haría algo así.- Astrid enredo sus brazos alrededor de su cuello y dejo su cabeza apoyada sobre su pecho.
-Te amo.
Hipo beso su cabeza –Te amo My lady.
-¿Por qué aún no han salido a buscarnos? ¿Por qué no nos prosiguieron los guardias de ese hombre?
-Porque todo el pueblo lleva años esperando vernos juntos. Y están de nuestro lado… los están deteniendo.
Astrid le sonrió a Hipo, una cálida sonrisa acompañada de una cálida sensación que pensó que nunca más sentiría otra vez. Lo beso. Un beso pequeño en los labios pero que era más que suficiente para ambos.
Con una última mirada y un movimiento al pedal de Chimuelo, la Furia Nocturna y la Nadder emprendieron vuelo lejos de Berk. Volaron unas horas con los jinetes abrazos disfrutando de su calor y el alivio de estar juntos.
Después de unas horas llegaron a un pueblo lejos de Berk, donde tenían mucho territorio para urbanizar pero sin embargo un pequeño pueblo se alzaba bien iluminado a la atura de la costa. Hipo y Estoico había ido una vez a implementarles la verdad de lo dragones que pronto se asentó en ellos.
No llevaban mucho dinero pero les alcanzo para alquilar una habitación por unos días con unos establos para los dragones.
Una vez en la calidez del cuarto, los besos en el cuello no se hicieron esperar. Las manos de Hipo se arrastraron por el torso de la rubia acariciándola con afán y amor, finalmente sus manos encontraron el cierre del vestido en la espalda, lo deslizo suavemente y este cayó al suelo de un rápido movimiento.
Los susurros de amor le siguieron, con las palabras más dulces que tuvieran para pronunciarse. Más caricias y besos, terminando envueltos en las sabanas del cálido colchón gimiendo sus nombres en palabras de amor. Hasta dormirse en los brazos del otro por el resto de la noche. Como siempre seria…
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Muy bien, espero les haya gustado. Háganmelo saber en un hermoso review :D. Como dije antes, esto es un one-shot por lo que es un capitulo único pero estoy muy (demasiado) tentada a hacer de esto una historia completa, ¿Qué opinan?
EvlR: ¿En serio pensaste que había matado a alguien? Jaja, bueno en cierto modo esa era la intención. Me alegra que te haya resultado gracioso, ojala este cap te haya gustado. Nos leemos pronto. CHAUSIS
Gracias por los Followers y favs a: Haru Kuga y Melgamonster.
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