Día 19. Sábado

Por la mañana se llevó al recluso a enfermería debido a que se le encontró desmayado, según el diagnóstico del doctor, habría perdido mucha sangre. Se le otorgaría un día de descanso.

A mediodía, hubo dos explosiones en la penitenciaría, ambas simultáneas, una en el área de enfermería y la otra en el área de descanso de reclusos. Se están haciendo las investigaciones para averiguar la identidad de los responsables del atentado. El preso político, Valentín Arregui, escapó. Las autoridades a cargo decidieron ocultar este hecho de la prensa. Se desplegó una búsqueda secreta tras el fugitivo.

"No sabía bien a donde iba, lo único que sabía era que, por el momento, estaba a salvo. Ya decía yo que la voz de esa enfermera me parecía conocida… la mujer de mi querido amigo, fallecido ya, ¿quién lo hubiera pensado? Arriesgándose así para salvarme el pellejo… Esa mujer vale oro… Dios, qué débil estoy… si no hubiera sido recogido por mis camaradas no hubieran servido las explosiones… Gracias… Gracias…"

Ya era una mañana tibia de domingo. Valentín Arregui despertó en una cama suave, con sábanas viejas, pero cálidas.

- Qué bueno que despertaste ya, compadre –le saludó una voz conocida. Enfocó la mirada y lo reconoció rápidamente.

- Compadre Juan, que gusto verte… -su voz sonó queda, aún se sentía debilitado.

- No hagas mucho esfuerzo, ya has hecho mucho.

- ¿Dónde estoy?

- En casa de un aliado.

- ¿Cómo está la situación?

- Tú siempre yendo al grano. Bueno perdiste sangre, así que el doctor Zevallos te hizo una transfusión.

- No, dime la situación de afuera.

- Pues la policía te busca, pero no han hecho público tu escape.

- ¿Por qué crees que sea?

- Los de la policía quieren guardar la imagen. Que se diga que los revolucionarios cometieron un atentado en la misma penitenciaría y sacaron a uno de los suyos los dejaría muy mal parados y, ya sabes, la prensa está toda censurada.

- ¿Estamos en buen lugar,?

- Al venir el tío Julio perdió a los que nos seguían. Este lugar es seguro por el momento.

- La que me sacó de la cárcel…

- Era la mujer de Pedro, viuda por culpa de los hijos de puta del gobierno.

- Sí, lo sé ¿Ella está bien?

- Pues aún no han sospechado de ella, pero escapará antes de que lleguen a interrogarla.

- ¿En serio?

- Así es, ella y su hijo.

- ¿Pero cómo?

- El camarada Pedro era inteligente. Hizo un plan de resguardo para su familia en caso de que él ya no estuviera aquí, o fuera atrapado.

- ¿Y cuál era el plan?

- Mandarlos a ambos al extranjero. La viuda ya tenía todo listo para irse, pero decidió sacarte de ahí porque para ellos eras como parte de la familia.

- Lo sé, le debo la vida.

- Oye, descansá un rato, voy a traerte algo de comida de la buena.

- Todo me sabría a gloria ahora que estoy fuera.

- Ya me imagino la porquería que es estar ahí dentro.

- No todo fue malo.

- ¿Así? Contámelo luego entonces –se retiró de la humilde habitación, dejando a Valentín solo con sus pensamientos.

"No todo fue malo. Molina, por ejemplo. Oh mejor dicho, Molina fue lo único bueno que me pasó ahí dentro… Es vergonzoso pensar en eso… No estoy ya en la cárcel, pero sigue estando en mi cabeza. Aunque, ¿Quién podría olvidarlo? Molina y su particular forma de ser, su forma soñadora de ver las cosas, sus manos frías, sus labios suaves… No, no puedo seguir pensando en eso"

- Despierte compadre –dijo a la vez que lo sacudía suavemente.

- ¿Eh? ¿Qué pasó? ¿Estamos en peligro? –se despertó sorprendido, alerta de que se presentara cualquier amenaza que lo hiciera tener que huir.

- No, no. Solo que tenía que despertarlo.

- ¿Cuánto tiempo he dormido?

- Pues, te digo, ya es lunes.

- Vaya que he dormido como un tronco.

- Pues sí, y eso le hace bien. Pero bueno, la razón por la que vengo a molestarte es que hay una reunión en el piso de abajo, y si ya te encontrás mejor sería bueno que nos acompañes.

- Claro hombre, yo ya me siento mucho mejor ¿De qué va la reunión?

- Ya lo sabrás, acompáñame.

Ambos hombres bajaron para reunirse con el resto de revolucionarios en la sala del modesto hogar, dando un total de seis personas en el lugar. Valentín reconoció a todas ellas. Estaban los miembros de su antiguo grupo de acción, los camaradas Mari y Julio, el líder José y el doctor Zevallos. A todos los saludó afectuosamente.

- Qué alegría verlos.

- Al contrario Valentín, qué alegría verte a vos –dijo sinceramente la joven Mari.

- Sí, te creíamos perdido compañero –agregó el camarada Julio, abrazando por los hombros al aludido.

- Yo también me creía perdido.

- Bueno, bueno. A lo que venimos Arregui, que no podemos perder mucho el tiempo.

- Sí José, ¿de qué es lo que va esta reunión?

. De la situación que estamos afrontando en este momento ocasionado por tu escape.

- ¿Cómo está la situación? –preguntó, tratando de alejar el pinchazo de culpa.

- Nos están atosigando por todas partes –dijo la joven.

- Quieren encontrarte como sea –secundó el llamado camarada Julio.

- Pronto este lugar no será seguro Arregui –finalizó el líder del grupo.

- Entonces debo seguir huyendo.

- Eso no servirá de nada.

- ¿Cómo dice?

- Arregui, ¿ha pensado un poco en lo que va a hacer en el futuro?

- Ciertamente no pero...

- Valentín –intervino la joven– ellos conocen tu rostro y tu nombre… lamentablemente, así no nos podés ayudar más.

- Pero… esto es por lo que vivo, esta es mi lucha.

- Lo sé, es la de todos aquí, pero creemos que, en tu situación, ya no hay mucho que puedas hacer sin que seas descubierto.

- ¿Qué quiere decir eso? Porque suena como si me estuvieran echando.

- Es por el bien de la causa y por el tuyo propio –agregó el camarada Juan.

- No voy a abandonar…

- Valentín –intervino esta vez el cabecilla con voz solemne– todos aquí sabemos que eres un revolucionario de corazón. Peleas por la igualdad. Nadie desconfía de vos, sabemos que no nos traicionaste, que eres leal, pero no podemos pedirte más, y no puedes dar más por ahora, así que te tenemos que pedir que dejes esto.

La noticia le cayó como un balde a de agua fría. Había luchado mucho todo ese tiempo. Había decidido que su vida la iba a dar en pos de la causa, en pos del cambio, de la justicia e igualdad. Ahora el destino le había jugado en contra. Su vida era un riesgo para la causa… Su sola presencia era un peligro, la gente a su alrededor sería tomada como cómplice, no podría ir a ningún lugar sin temer la presencia policial, su identidad ya se había hecho conocida, ya no tenía nada bajo qué ocultarse, ¿acaso hubiera sido mejor morir en manos de sus carceleros? No quería creer eso. Ahora tenía que hacer lo que era mejor para la revolución.

- Si esta es mi única opción por ahora… –tomó aire y cerró los ojos un segundo. Suspiró y se entregó a la rendición de sus ideales como la última y mejor opción para todos– lo haré.


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