Capítulo 3: Seguir adelante

Candy se quedó una semana más en el Hogar de Pony, la tía abuela Elroy la había mandado llamar en cuanto piso la mansión de las rosas. Después del escape de la muchacha se quedó en Londres para amortiguar un poco el escándalo en el colegio y desde que no aprobaba la decisión de William de adoptar a la chiquilla, no le importó en absoluto el destino que hubiese tomado, aunque se imaginó que el único lugar que podría albergarla sería el orfanato donde se crió.

Paso las fiestas navideñas en compañía de sus demás nietos, Archie y Stear trataron de persuadirla para que iniciará una búsqueda exhaustiva, pero ella los aplacó, dejándoles muy en claro que lo que le pasará a ella sería sólo su culpa por escapar de esa manera y manchar el buen nombre de la familia.

Pero la situación cambio en cuanto George le informó a William los recientes eventos y él le ordenó, porque no había otra forma de decirlo, que Candy era su hija adoptiva y que era su deber apoyarla en lo que decidiera hacer y también le recordó que muy a su pesar, Candy era la segunda en la línea de sucesión. Aquello la hacía hervir de coraje y rabia, jamás le perdonaría a William esa decisión. Jamás.

/o.O/

Candy llegó puntual a la cita con la matriarca de la familia Andley, su corazón latió de nervios todo el camino. Sólo pudo escuchar algunas de las cosas que George le recomendó, decir lo siento, acatar las reglas de la tía, no objetar. Esa iba a ser una larga conversación.

Llamó a la puerta.

- Pasa, Candice – fue la respuesta de Elroy.

- ¡Buenas tardes, tía abuela! – le dijo Candy – me alegra mucho verla, después de tanto tiempo.

- Me enteré que habías vuelto al hogar de Pony después que escapaste del colegio en Londres sin mi permiso.

- Así es señora Elroy, he venido a pedirle disculpas y a explicarle mis motivos.

- ¡Siéntate! – ordenó. La chica obedeció sin chistar – No necesito decirte que gracias a tu escape del colegio comenzaron las murmuraciones y el nombre de la familia estuvo en boca de todos durante dos semanas.

- Tía…

- ¡Silencio, Candice! En mi opinión, William es un tonto al seguir teniéndote como hija adoptiva, pero lo hizo sin considerar mi opinión y no te negaré que me haría muy feliz que él te repudie, pero él ha rechazado mi petición y según sé, la tuya. Por ello no puedes seguir haciendo tu voluntad, y con todo lo que le debes a esta familia mi deber es hacer de ti una señorita digna de llevar el apellido Andley, George me ha dicho que quieres estudiar música, qué instrumento sabes tocar.

- El violín, tía, mi amiga Paty…

- Muy bien, Dorothy – Candy vio a la mucama de la familia Leagan en la mansión de las rosas y le sonrió – trae el violín del desván.

Los minutos que la mucama tardó en regresar le parecieron largos a Candy bajo el escudriño de su tía.

- Muy bien, toca algo para mí – le dijo, a Candy le pareció notar ironía en su voz, suspiró profundo y tomó la partitura de la canción que Paty le había enseñado a tocar.

Nada de lo que hiciera la rubia podía sorprender de buena manera a Elroy Andley, o eso pensó hasta que escuchó a Candy tocar el violín, sin duda aún necesitaba practicar, pero llegaría lejos, de eso estaba segura. Su difunto hermano, padre de William, tocaba el violín, ella estaba segura de que si no se hubiera dedicado a los negocios, seguramente la música hubiera sido su camino, pero sus padres no le permitieron tomar esa senda, él heredó los negocios y el mando de la familia. Pero Candy no heredaría esa responsabilidad, lo haría su esposo al fallecer William, a menos que él sentará cabeza y tuviera un hijo varón.

- De acuerdo – si Candy pensó que la felicitaría, se equivocó – En Nueva York hay una escuela de música, Juilliard creo que se llama, hace 9 años que la fundaron, pero ya se hizo de prestigio. Este año quiero que estudies en casa, vivirás aquí en la mansión, contrataré un instructor de música para ti, pero también quiero que tomes algunas clases con una institutriz. Te llevaré a fiestas y reuniones con el club de damas de Chicago y te comportarás como una. En el colegio tenías vacaciones en verano, pero yo sólo te daré tres semanas, podrás ir a donde tú quieras, pero con Dorothy como tu acompañante, una dama de sociedad no puede quedarse sola.

- ¿Viviré con usted? – preguntó Candy, deseando que ella dijera no.

- Por supuesto, has demostrado que necesitas vigilancia extrema. Sólo viajaré ocasionalmente a Londres para visitar a los chicos – Elroy notó la confusión en la expresión de Candy – Ellos terminarán su educación en el San Pablo, Candice. Puedes ir a tu habitación, el lunes comenzarás tus clases.

- ¿Podría pasar los cinco días que faltan en el Hogar? – se atrevió a preguntar, Elroy la miró con una expresión de molestia, pero así como Candy, la matriarca no quería estar a solas con la chica.

- Sí, dile al chofer que te lleve y te traiga el domingo por la tarde, para entonces tu profesor y la institutriz estarán en la mansión.

- Gracias, tía abuela, con su permiso – Candy se portó como le enseñaron en el colegio, Elroy pensó que no todo estaba echado por tierra.

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Candy visitó la mansión Leagan, pero sólo por fuera, antes de ir al Hogar, la servidumbre con la que convivió el tiempo que estuvo ahí la saludo, algunos osados hasta platicaron con ella por la reja.

También tenía que dejar a Klin en el hogar, sabía que la señora Elroy no aceptaría a su pequeño amiguito, pero eso lo haría el domingo, no era necesario que Klin sintiera el estrés de una nueva despedida, como cuando se fue Annie.

La rubia paso los días con sus amigos, cabalgo con Tom, quien la miraba con curiosidad cuando pasaban por la vieja cabaña.

- ¿Sabes, Tom? – le dijo el sábado en la tarde – Ahí me dijo que me amaba.

- Pronto estarán juntos de nuevo, Candy – le reconfortó su amigo.

- Tom, Terry prometió escribirme al Hogar, en ese momento no sabía dónde viviría, ¿podrás mandarme sus cartas a la mansión?

- Sí, Candy, lo haré.

- Gracias.

Se dieron un abrazo y se despidieron, ninguno sabía cuándo se volverían a ver y en qué circunstancias.

El domingo, antes de que el sol saliera, Candy se levantó y se dirigió a la cocina, nunca había disfrutado las despedidas, encontraría el auto de los Andry en el sendero. Pero justo en el momento en que Candy tomó su maleta la hermana María gritaba como histérica.

- Señorita Pony – gritaba – no están los niños.

- ¿Qué? – contestó la amable anciana - ¿ya los buscó bien?

- Sí, señorita Pony.

Candy, los buscó y los encontró en el bosque, John estaba escalando un árbol para así poder ganarse el título de jefe en cuanto, Jimmy fuera adoptado por el señor Cartright. La rubia y los niños volvieron al hogar, Candy sintió que pasaría mucho tiempo antes de que volviera a ese lugar.

Después del almuerzo, Candy buscó a Klin, estaba en el padre árbol, todo revolcado.

- Klin, esta vez no podré llevarte conmigo – se agachó frente al animalito – voy a vivir con la tía abuela Elroy y no será como en el colegio o la casa de los Leagan, estaré muy ocupada y no podremos estar juntos – Klin hacía ruidos de tristeza – prométeme que no me seguirás, ¿de acuerdo?

George llego puntual a la cita, Candy se despidió de sus dos madres.

- Muy bien, Candy, este es el camino que tú has elegido – le dijo la mujer mayor.

- Me gustaría verte pronto tocando tu violín.

- Será muy pronto, hermana María.

Las tres mujeres se abrazaron, Candy no estaría lejos, pero ya no podría visitarlas. Iba a la mansión para cumplir su sueño y pondría en ello su empeño.

Candy abordó el auto y por la ventana vio a su familia, des despidió de todos. Jimmy batallaba para mantener quieto a Klin, el animalito pataleaba y lloraba.

- No te preocupes por él, Candy, yo lo cuidaré – prometió el ex jefe del hogar.

- Muchas gracias, Jimmy, adiós, Klin.

Klin se soltó de los brazos de Jimmy justo cuando el auto arrancó y lo persiguió por un largo trayecto.

- Nos veremos pronto – grito la chica, con los ojos inundados en lágrimas.

/o.O/

Candy llegó a la mansión de las rosas antes de la hora acordaba por la tía abuela, pero Dorothy la llevó rápido a su habitación para cambiarla y ponerla más presentable.

- ¿Y todos estos vestidos? – preguntó la rubia.

- La señor Andry los mando comprar para ti. Hay para cada evento al que te llevará – Candy suspiró y sonrió de medio lado con resignación.

Durante la cena, la señora Elroy le presentó al señor Kennet McCarthy su instructor de música, un hombre de mediana edad diestro con el violín, pero que su artritis lo había obligado a retirarse a la enseñanza. Y la señorita Amanda Miller, su institutriz, pesé a lo que Candy se imaginó, ambos tenían rostros amables y de inmediato se sintió a gusto con ellos, después de todo, no sería un año tan largo.

/o.O/

- Señorita Candy, toque de nuevo esa pieza – le dijo por enésima vez el señor Kennet.

El señor Kennet había iniciado las clases de Candy hace tan solo 4 meses atrás, las primeras veces, la chica salía hastiada ya que pensó que de inmediato se dedicaría a tocar, pero el instructor había insistido en que primero debía conocer la historia del violín, sus partes, cuidados, la forma correcta de sujetarlo y afinarlo.

Sólo un mes después empezaron con partituras sencillas, dando por hecho de que Candy no estaba muy formada en lo que era la lectura musical.

- Estás notas – dijo señalando el pizarrón – pertenecen a cada cuerda del violín. Este "MI" situado en el cuarto espacio del pentagrama es la primera cuerda, es decir, la más fina y obvio, la cuarta cuerda es la más gruesa – el señor Kennet tenía tendencia a decir "obvio" por aquí y por allá cada que su conversación se o permitía - segunda cuerda "LA", espacio adicional en el pentagrama, es decir, tercera cuerda, obvio, es "RE" y cuarta cuerda, fíjese bien, señorita Candy, tiene dos rayitas encima es la nota "SOL" – y después tomó en violín en sus manos y tocó en orden las cuerdas. Señorita quiero que toque las cuerdas pasando el arco – Candy tomó el instrumento y paso el largo por todas las cuerdas sin usar los dedos.

El maestro McCarthy era muy dedicado, Candy le había gustado mucho como estudiante, pese a que ella tenía principios básicos y sabía tocar el violín no conocía las partes ni nada, le dijo que el talento era una parte para destacar y la técnica era el resto.

Terminaron la clase a las 4:30 de la tarde, la chica tomaba el té con su tía todos los días a las 5, pero aquel día, la matriarca había avisado con una nota que no podría cumplir con el compromiso.

Candy recibió una carta precumpleaños de Terry le decía que le estaba yendo bien en la compañía Stanford, le platicaba dónde vivía y qué obra estaba ensayando.

- Terry – dijo con un suspiro y abrazó la carta – Pronto será mayo, los chicos deben estarse preparando para el festival. La rosa que Anthony creó para mí estará en flor.

Candy se perdió en sus recuerdos, pero un extraño globo aerostático se aproximaba a ella.

- Qué será – pero algo salió mal y en ese momento el globo se desinfló, Candy gritó.

Los sirvientes y los profesores de Candy se acercaron a ver el incidente.

Candy escuchó una risa familiar debajo del globo.

- ¿Stear? – preguntó cuando un joven se asomó - ¡Eres tú!

- ¡Hola, Candy! Nunca creí que te vería tan pronto, ¡qué alegría! – la abrazó.

- Caramba, hermano, tus inventos siempre nos traen problemas – se quejó otra voz familiar - ¡Candy! – corrió a abrazarla.

- ¡Archie!

- No has cambiado nada, Candy, sigues siendo un ángel.

- Ustedes tampoco han cambiado.

Ese era el compromiso de la tía abuela, había ido a recoger a sus sobrinos desde la noche anterior, sabía que los chicos y la rubia, que poco a poco se había ganado su admiración, iban a querer platicar a gusto y por ello se quedó en casa de los Leagan.

- La tía abuela Elroy nos trajo de vuelta porque el peligro de guerra se ha vuelto inminente en Europa – le contó Archie mientras los tres cenaban – Elisa, Neil y Annie también volvieron.

Los tres charlaron hasta pasada la noche, tenían tanto que contarse. Candy les hablo de sus clases, de Terry, del Hogar de Pony y de que poco a poco mejoraba la relación con la tía abuela, los chicos quedaron un poco sorprendidos con esa noticia, pero se alegraron.

La tía abuela volvió la mañana siguiente, se le veía un semblante diferente desde que habían vuelto sus nietos, Candy comprendió que Archie y Stear eran sus dos favoritos y de alguna manera trataba de llenar el vació de Anthony.

El domingo siguiente celebró una fiesta de té para darle la bienvenida formalmente a sus nietos, Elisa y Neil no dejaban de mirar con desdén, mientras la chica caminaba a lado de la tía abuela saludando a los recién llegados.

- ¿Puedes creerlo, Neil? Esa arrimada en una fiesta de sociedad.

- ¡Es de no creerse, Elisa! Escapa del colegio y la premian.

- ¡Es una malnacida! Ese debería ser mi lugar, yo debería ser la siguiente matriarca de los Andry no ella – vociferó la pelirroja, estaba harta de Candy.

- Sólo que seduzcas al anciano abuelo William.

- ¡Cállate, Neil! Ya le haré pagar a esa huérfana.

Elisa estaba deseosa de seguir con ese juego en contra de Candy, no sabía que pronto, aquellas niñerías dejarían de tener importancia en su vida.

Continuará…

Espacio para charlar

¿Cómo están? Nuevo mes, nuevo capítulo, jajaja. Este fic me gusta mucho, como se habrán dado cuenta he usado diálogos de los capítulos en que Candy estudia enfermería pues de alguna manera la historia seguirá cierto curso con la original, solo que para lo que deseo crear no me sirve que Candy sea enfermera. También voy a eliminar a algunos antagonistas y convertirlos en aliados. Pero bueno, la historia ya va tomando forma, ¿les esta gustando? Espero que me dejen conocer sus impresiones :D

Muchas gracias a quienes se tomaron el tiempo de dejarme un review:

Yoliki, Kamanance, Sol Grandchester, Storman, Marina, Aurora y Alondra.

Nos vemos en el siguiente capítulo.

02 - jun - 2017

Ceshire...