NOTA: CAPÍTULO CON ESCENAS NO APTAS PARA MENORES DE 13.

Capítulo 5: Lo que en verdad quiero… estar así, por siempre

Terry estuvo en la fiesta de la compañía, firmó autógrafos, hablo con los hombres más importantes de Chicago y saludo a Archie, Stear, Annie, Elisa y a Michel, quien según le dijeron era el que estaba cortejando a heredera Leagan.

Cuando sintió que la hora era adecuada para retirarse, se disculpó con los asistentes y se retiró del lugar.

- Terry – lo llamó Susana.

- Dime Susu

- ¿A dónde vas?

- Tengo una cita con alguien – respondió escueto.

- Es con ella, ¿verdad? – por primera vez el castaño vio un brillo desconocido en los ojos de la chica - la chica de la azotea - él no respondió.

- ¿Has venido sólo a decirme eso? – estaba impaciente.

- No vayas, Terry, por favor.

- Lo siento, Susana, adiós – y se marchó sin más, no era ajeno a las atenciones de la rubia, pero él era fiel a Candy.

Llegó a la mansión a la media noche, no sabía dónde vería a Candy así lo que lo más sensato que se le ocurrió fue esperar en la reja.

La rubia vigilaba desde su puerta, la tía abuela estaba en su recamara, pero por la rendija de la puerta se veía un destello de luz, aún no se dormía. Fue a su cama y se recostó, diez minutos después volvió a su posición de vigilancia, la luz ya no se filtraba, pero sabía que la matriarca no tenía precisamente el sueño muy pesado. Espero diez minutos más y después se arriesgó. Con pasos felinos cruzó el pasillo hacía las escaleras, miró en todas las direcciones y bajo de tres escalones, volvió a mirar y bajo, hasta que llego al piso, la puerta estaba cada vez más cerca.

Abrió la puerta y le agradeció a los cielos que no rechinara, no era prudente salir por el camino principal, alguno de los guardias o sirvientes de la casa podrían verla, optó por zigzaguear y trepó por un árbol que la ayudo a acercarse al enorme muro que daba a la calle.

Pero no pensó que la bajada sería tan alta. Cuando miró hacía la reja para bajar por ahí, vio a Terry esperándola.

- Shh… Terry – lo llamó, él se giró y sonrió, sacarrón.

- ¿Qué tenemos aquí?

- No bromees, ayúdame a bajar.

Él prometió atraparla, pero la caída era alta y Candy tomó velocidad, así que en el impacto, ambos terminaron en el suelo, riendo como dos pequeños.

- Ouch – se quejó Terry al levantarse, se había lastimado un poco.

- Lo siento, pero dijiste que me atraparías.

- Y tú no dijiste que te habías pasado con los pastelillos.

- ¡Ey! – le pegó en el brazo.

- Bien pecas, estamos en tu ciudad, qué podemos hacer.

- Bueno… - Candy salía tan poco que apenas y conocía la ciudad, la única vez que tuvo oportunidad de recorrerla fue cuando llegaron a Chicago, pero no podía recordar muchos lugares.

- ¿No la conoces?

- Algunos lugares, pero no con exactitud.

- Candy… - algo cambió en el tono del castaño - ¿podemos ir a mi hotel y platicar? - La rubia se sonrojo hasta la punta de los cabellos.

- No… no creo que sea correcto.

- Vamos, Candy, será como en la cabaña. Además – levantó su nariz triunfante – soy muy famoso y si me ven con una linda chica como tú, mañana apareceremos primera plana – Candy abrió sus ojos verdes con sorpresa y pánico. Y luego los entrecerró.

- Eres un sucio tramposo.

- Se debe tomar ventaja cuando se ama.

Aquello había terminado con la discusión, Terry llevo a Candy a su hotel, y como la rubia hiciera antes para salir de la mansión, vigilaron en silencio el momento justo para entrar.

- Lo logramos – celebró Terry al cerrar la puerta de su habitación.

- Viajas ligero – observó la chica al ver una maleta sobre uno de los sillones.

- Sólo estaría aquí una noche – dijo con pesar, ella también sintió que la separación estaba a la vuelta de la esquina – Ven, sentemos a platicar, quiero que me cuentes todo.

Candy sintió como su corazón latía. Parecía irreal estar con él, tanto como lo fue la primera vez que estuvieron solos. Terry la tenía tomada de la mano y la guió al pequeño sillón de la habitación. Se quitó el abrigo y la ayudo a quitarse el suyo. No paso desapercibida la ropa que ella lucía y por un momento perdió el control de sí mismo. Candy se sonrojó hasta la punta de los cabellos y al levantar la vista, notó que él también lo estaba. A pesar de todo lo que ya habían vivido, se sintieron tan avergonzados como aquella vez en el zoológico cuando él la abrazó sin darse cuenta de lo que hacía.

- Discúlpame, solo puedo ofrecerte un vaso de agua, el servicio del hotel cerró hace un par de horas - se apenó al ver la jarra sobre la mesa de centro - no sabía que vendríamos aquí o hubiera preparado algo con anticipación.

- No te preocupes, de la emoción yo tampoco planeé nada - sonrió, pero era evidente el nerviosismo por estar a solas con él en un lugar tan íntimo.

Él se sentó y Candy lo siguió, sentándose en el extremo opuesto, pero Terry la atrajo a su cuerpo, acomodándola sobre su pecho y la rodeo con los brazos, platicaron por un par de horas, querían conocer cada detalle de sus vidas, de lo que habían logrado. La rubia bostezó y Terry vio el cansancio en sus ojos.

- Tal vez deberíamos dormir – sugirió.

- No creo poder llegar a la mansión despierta.

- Quédate conmigo, quiero dormir nuevamente a tu lado, por favor.

- Terry… - el castaño la besó, tiernamente, la extrañaba tanto, sentía que habían pasado muchos años desde la última vez que estuvieron juntos.

- Desde que nos conocimos mi vida gira en torno a ti – confesó.

Candy sabía lo que él pretendía, podría decir no y él lo hubiese aceptado, ante todo la respetaba y nunca la forzaría a nada. Pero estaba cansada de aceptar el destino y las separaciones, quería ganarle una vez a la vida.

- ¿Confías en mí? – preguntó Terry

- … - bajó la mirada, incapaz de seguir exponiéndose al calor de los verdiazules ojos – Sí – fue un murmulló, pero él lo escucho perfectamente.

- Te deseo – confesó, mirando su pecho, quería perderse en su piel, recorrer su cuerpo y saberla suya – quiero estar contigo.

Se inclinó para besarla, ella puso sus manos sobe el pecho del castaño con los puños cerrados, correspondiendo su beso con más fervor. El rubor cubría las mejillas de la rubia y él las besó, extasiado con su inocencia.

Volvió a su boca, ella dudaba, pero Terry le inspiró confianza al sostenerla por la cintura, acercándola para que la distancia no significara nada nuevamente para ellos.

Ella estaba ansiosa por ponerse al nivel del chico, responder a sus caricias, aprender qué le gustaba, cuando él la beso de nuevo, ella abrió la boca, invitándolo a entrar, saborear el néctar de su lengua, aquello terminó con el poco control que aún le quedaba a Terry y la tomó en brazos para llevarla a la cama, donde la deposito con delicadeza.

Candy llevaba su camisón debajo del abrigo, en caso de regresar a la mansión y tener que correr a la cama para no ser descubierta, Terry se deshizo del abrigo de Candy y la miró, embelesado, agradeció que el verano siguiera y que ella llevará la ropa más reveladora que la que usaría en inverno. Apartó uno de los tirantes y dejo al descubierto el seno de la chica, aquel descubrimiento de inmediato se reflejó en el pezón de la chica, que se puso rígido, él tomo aquello como una invitación para besarlo. Candy se tapó la boca con las manos, tenía miedo de esas nuevas sensaciones, de dejarse ir.

- No sientas vergüenza, Candy – le dijo, besando su cuello y regresando a su boca – gime si lo deseas – Terry se colocó sobre ella, invitándola a recostarse en la cama, en ningún momento dejo de besarla y su mano se posó en el seno desnudo, lo masajeo despacio. Ella puso sus manos en la nuca del actor y acarició su cabello, bajando por su espalda y regresando, una caricia que hizo que el corazón de Terry aumentara su ritmo. - ¿Me deseas? – preguntó, con voz ronca.

- Mucho – respondió ella.

Terry no quería forzar mucho a Candy, así que poniéndose de rodillas, se desabrochó el saco y continuó con la camisa, Candy seguía recostada sobre las almohadas y le miraba, pero ansiosa por sentir su piel como él la suya, acarició el pecho desnudo, el castaño se sintió satisfecho con su iniciativa y de nuevo se colocó sobre ella, besándola. Se acomoó para quedar a su lado y acariciar sus piernas, ella no pudo evitar sentir un escalofrío. La levantó un poco y deslizo el camisón, dejándola desnuda de arriba, ella se cubrió.

- No, mi amor, eres hermosa, quiero verte completa – retiró las manos de sus pechos y le sonrió, estaba totalmente sonrojada.

Terry volvió a sus labios, quería llenarla de él, de sus besos, lentamente bajo su cara por el cuerpo de la chica, hasta posarse en ese pezón rosa que lo maravillaba, Candy soltó un delicioso gemido de placer que lo enloqueció más, pero estaba dispuesto a aguantar hasta llevarla al éxtasis a ella primero.

Mientras alternaba entre los pezones de la rubia bajo su mano delicadamente y levantó el resorte de la pantaleta.

- Terry – cerró las piernas, avergonzada.

- Candy, no te haré daño, lo prometo. Te amo.

- Yo también te amo, pero esto es nuevo para mí, no puedo evitar sentir que no estoy a tu altura.

- Candy… - separó las piernas femeninas nuevamente, introduciendo un debo en el centro de su ser. Candy encorvó la espalda, excitada.

Ambos gimieron cuando él introdujo más su dedo en ella, recorriendo cada pliegue dentro de ella, buscando el punto donde sabía que explotaría.

- Ah, ahí – rogó la rubia al borde de la locura, mientras Terry movía con más rapidez su dedo, ella dio leves sacudidas y los gemidos, que inútilmente trato de retener, salieron de lo más profundo de su pecho. Él estaba extasiado, deseoso de introducirse en ella.

Candy había tomado cursos sobre lo que una esposa debía hacer la primer noche de bodas, sabía que era un tema que incomodaba no solo a la clase, en el San Pablo, no era una monja quien daba ese tipo de clases y la señorita Amanda también lo había llevado a colación en alguna ocasión.

Sabía cuál era su papel en el acto y aún en esos tiempos, que ella consideraba más modernos, el papel de la mujer no dejaba de ser el de un objeto que debía satisfacer los instintos más profundos de su esposo. Ella no tenía por qué demandar algún tipo de consideración. Pero había caballeros, como lo era Terry, que no estaban de acuerdo en solo entrar y salir de la mujer que tomaba para alcanzar el extasis, él quería que ella gozará aquella experiencia, que experimentara los placeres de amar y poder expresar físicamente ese amor. A ninguno de los dos se les paso que aquello estaba mal para la sociedad, que una mujer no debe yacer en el lecho de un hombre sin estar casados, él sabía que en algún punto aquella falta recaería más en Candy que en él, pero también estaba seguro de que la amaba y fueran cuales fueran las consecuencias, él estaría a su lado para asumirlas.

Ella estaba completamente dispuesta a él, mojada y deseosa de seguir con el ritual que habían comenzado sin proponérselo.

Terry se despejo de la ropa que aún lo aprisionaba y también se deshizo de la única prenda que aún cubría el cuerpo de Candy, él le sonrió paa darle seguridad, ella completamente avergonzada, miró al techo.

- ¿No te gusto? – preguntó, inocente el castaño.

- No es eso… - murmuró, sintiendo un calor no sólo en sus mejillas al bajar la mirada y explorar la anatomía masculina.

- Prometo no lastimarte – le dijo mientras la abrazaba con fuera y ella correspondía colocando sus manos alrededor de su cuello, sin esperarlo, él se introdujo en ella y entonces se dejo guíar por el instinto, su cuerpo sabía qué hacer, cómo moverse y simplemente se abandonó a ello.

Él la miraba mientras se movía, inspirándole confianza, mostrándole su deseo, beso sus pezones nuevamente y ella arqueó la espalda, solo ellos saben cuánto tiempo duro aquello.

Y entonces una última embestida sacudió el cuerpo de Candy provocándole aún más sensaciones de placer y él se paralizo soltando un gemido.

- Te amo, te amo – gritó mientras se dejaba ir, su voz era ronca, placentera.

Se dejo caer sobre ella con suavidad, Candy lo abrazo, subiendo y bajando su mano mientras acariciaba la ancha espalda de él.

Estuvieron así un largo rato, hasta que el cansancio hizo mella en ellos y lo único que se escuchó en aquella habitación fue la tranquila respiración de dos jóvenes amantes.

Continuará…

Espacio para charlar

Este capítulo es cortito, pero quise dedicárselos únicamente a ellos. No soy muy de escenas eróticas, no me gusta hacerlas grotescas, pero tampoco ser muy descriptiva, espero que de la forma en que la plasme les haya gustado.

Tengo el capítulo 7, pero el 6 no me motivo para escribirlo, es la separación, oh, lloro, lloro y quizá por eso no he querido escribirlo. Pero ahora que ya no tengo más escritos, eso me dará algo de presión para terminarlo. No desesperen.

De los nombres del hijo de Candy y Terry me dejaron estas opciones:

Ethan

Adam

Liam

Edward

Matthew

Alexis

Damon

Hayden

William no lo tomé a consideración porque Elroy no quiere tener nada que ver con ese niño, así que no le pondría ese nombre.

Alexander tampoco lo tomé a consideración porque tengo un fic llamado Un día a la vez (incompleto y que no creo terminar) donde así se llama el hijo que ambos adoptaron.

Espero que me ayuden con sus votos.

Me preguntan dónde esta Albert, él saldrá en el siguiente capítulo, se verá también el cambio de Neil y veremos a una furiosa Elisa hacer entrar en razón a Stear para que no vaya a la guerra.

Gracias por leerme, es por ustedes que continúo con esta historia.

Yoliki, Lydia Grandchester, invitada "Guest", Lizethr, Iris Adriana, Miriam7, Sayuri, Aurora, otra intivada "Guest", Flor, Dianley, Phambe (espero que tus dudas quedarán resueltas)