Capítulo 6: Falta de compasión
Parte 2
Candy decidió contarle a Albert que así se llamaba su hermano quien también había ido al frente y cuando descubrió que en ese hospital había un hombre con sus mismas características corrió a su encuentro. La rubia había ideado la forma de visitarlo casi todos los días, Neil la ayudo pidiéndole a la tía abuela que le permitiera llevarla y traerla del conservatorio.
Albert tenía episodios de desesperanza, se molestaba con Candy por llamarlo por un nombre que no era el suyo, pero la pecosa, paciente como era, lo tranquilizaba dándole ánimos para que continuara con su recuperación.
Le hacía visitas de 15 minutos y siempre se iba un poco triste compadeciendo a su amigo, pero prometiéndose que le ayudaría a recordar su pasado.
/o.O/
En Nueva York una rubia corrió llamando al hombre de su afecto, sus compañeros le indicaron que se había ido a su departamento y también le hicieron notar que era un tipo muy raro, que además no gastaba nada de dinero, si no era necesario, se preguntaron para qué ahorraba, dejando a una Susana sumida en sus pensamientos.
- Pasaje de ida y alojamiento – hablo consigo mismo el castaño, mirando un folleto de viaje – creo que eso será suficiente.
Alguien interrumpió su conversación al tocar la puerta.
- Pase – respondió a la persona en la entrada y Susana Marlowe asomó la cabeza antes de entrar.
- Hola – saludó, alegre – tengo algo que decirte – se aproximó a Terry mostrándole sus presentes. Él ignoró la amabilidad de la chica.
- ¿Cómo encontraste este lugar? – demandó, sintiéndose molesto con a la rubia por invadir su espacio.
- Pregunté en el teatro – respondió sin perder la calma. Ella alagó su departamento y luego pidió una taza de té, pero él se la negó, alegando que no tenía comida para alguien de la categoría de Susana.
- ¿Qué es lo que tienes que decirme? – demandó, por segunda ocasión, la ojiazul sonrió, haciendo acopio de su paciencia.
- Ya se ha decido el próximo estreno. Será Romeo y Julieta.
- ¿Romeo y Julieta? – repitió incrédulo.
- Sí y muy pronto empezarán las pruebas.
Terry siguió conversando con Susana, se notaba un cambio en su actitud, pero todo se debía a que pronto, si lo hacía bien en las audiciones, tendría su primer protagónico y cumpliría una promesa muy importante.
Dejo su departamento decidido a obtener toda la información que fuera posible y la rubia lo llamo para acompañarlo, pero él no se detuvo.
Siempre tan malvado conmigo pensó Susana.
Romeo y Julieta… si consigo ser Romeo podré traer a Candy a Broadway para el estreno y para convertirla en mi esposa. ¡Qué bueno sería!
En cuanto regresara del teatro le escribiría a Candy, aunque ella no contestaba nunca. Pero pronto se verían.
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En una de sus visitas a Albert, le comentó a Candy que aunque estaba en una nueva habitación, todos los empleados del hospital lo hacían sentir que no era bienvenido. Ella hablo con el director del hospital, un tal doctor Lenard, pero eso no ayudo en nada, el anciano galeno era tan cabeza dura como su tía, quien la presionaba para que ensayará día y noche. El conservatorio daría su primer concierto oficial presentando a los nuevos alumnos y Candy tenía un solo y tocaría de nuevo con su cuarteto de cuerdas. Le escribió a Terry sobre lo de Albert, pero él nunca respondió. Se imaginó que estaba muy ocupado y deseo poder verlo pronto.
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Terry sintió que el suelo pronto cedería ante su insistente caminata de un lado a otro, estaba pensando en Candy, en conseguir ese papel, era de crucial importancia que él fuera Romeo. Se convenció a sí mismo que debía concentrarse, no podía perder ese papel. Aquella audición decidiría todo su futuro… y el de Candy.
Algunos días después, Terry estaba fumando y pensando en Candy, nuevamente una rubia interrumpió sus pensamientos al entrar abruptamente.
- Terry – canturreó Susana.
- ¿Qué haces aquí? –se estaba fastidiando de las invasiones de la chica - ¿por qué no te acostumbras a llamar primero?
- ¿Ya te enteraste? ¡Felicitaciones! – le dijo ignorando sus reclamos.
- ¿Cómo? ¿Me eligieron a mí? – el semblante de Terry cambió por completo al saber que él sería Romeo.
- Tú eres Romeo y yo Julieta- continuó la ojiazul. Si ella dijo algo más, Terry no se enteró, salió rumbo al teatro para comprobarlo por sí mismo.
Cuando leyó su nombre en aquel pedazo de papel sintió que por fin su sueño se hacía realidad, aunque su felicidad se vio opacada por las acusaciones de sus compañeros sobre el nepotismo de Robert Hathaway, con quien se reunió para aclarar el punto.
- Señor, necesito hablar con usted.
- Me alegra verte, Terry, yo también tengo que hablar contigo. ¿Ya viste el reparto? Es una gran oportunidad – el director se sirvió una copa.
- Justamente de eso quería hablarle – Terry estaba serio.
- ¿Qué pasa?
- Quiero saber si he sido el mejor en la prueba.
- ¿Qué quieres decir?
- ¿O acaso alguien le pidió el personaje para mí? – Hathaway se sorprendió por la pregunta del joven actor.
- ¿Lo dices por Eleanor Baker?
- Sé que estuvo aquí – sentenció.
- ¿Por quién me tomas, Terry? – por primera vez desde que llegará, el joven se sintió desconcertado – las conexiones no significan nada en el mundo del teatro, debes ganártelo solo. Recuérdalo, tu talento es lo único que cuenta – hizo una pausa para tomar de su copa y Terry lo contempló, incrédulo ante lo que escuchaba – yo decidí el reparto, Terry, ¿no confías en ti mismo, qué te pasa, Terry? – el aludido estaba sopesándolo, a él jamás le importó la opinión de los demás, pero con su sueño no podía darse ese lujo, el ascenso de su carrera dependía de la crítica de terceros.
- Discúlpeme, me alteré un poco.
- Esta bien, no te preocupes, de aquí en más escucharás muchos rumores, pero tienes que crecer si quieres sobreponerte, ¿entiendes? – el experimentado hombre en ese medio bebió nuevamente de su copa, Terry se dijo a sí mismo que no permitiría que el nombre de su madre lo aplastará nunca más, crecería como actor más que ella.
Después de aquella promesa silenciosa, le escribió a Candy para invitarla a Nueva York a verlo actuar como Romeo. Si ella no contestaba haría un viaje a Chicago para verla, sin embargo aquel propósito se quedó en eso, pues con los ensayos apenas tenía tiempo para descansar.
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Candy siguió practicando su solo, la presión que sentía sobre sus hombros era enorme, aunado a ella estaba el hecho de que Albert pronto sería dado de alta y no sabía cómo podría ayudarlo más. En su estado no estaría tranquila sino lo tenía cerca para velar por su amigo. Extrañaba a Terry, ya había pasado más de un mes que se separaron de nueva cuenta. Deseó ir a Nueva York, pero el concierto a la vuelta de la esquina y Albert la retuvieron en Chicago.
Una tarde tocó su solo para el rubio, quien disfruto la hermosa melodía, Candy podía transformarse cuando tocaba, como si tuviera un vínculo con la música con el que lograba cautivar a cualquiera que la oyera. Cuando toco la última nota suspiró y miró a Albert sonriendo y con los ojos cerrados.
- Me gustaría darte un regalo por tu primer solo, pero estoy quebrado
- No te preocupes, el dinero no me interesa, pero puedes ir a verme.
- Eso me encantaría, cuánto falta para el concierto.
- Un mes más o menos. Todos están muy nerviosos. ¿Sabes? Mis primos se encuentran en la ciudad, hoy nos lo dieron libre y aprovecharé para pasear con ellos, ¿quieres acompañarnos?
- No, no, son tu familia, me sentiría como un intruso – se disculpó, con una intención oculta que paso desapercibida para la rubia.
- De acuerdo, te traeré algo cuando vuelva mañana.
- Gracias – y vio como la rubia se alejaba bailando – Candy…
- ¿Sí?
- No… nada… olvídalo.
Candy pasó la tarde con sus primos amigas, incluso los Leagan se unieron y aprovecharon para despedir a Michel quien debía volver al frente dos días después, Elisa trato de animarse, pero Candy notaba su mirada ausente y desesperada por tener que despedirse de su novio.
Michel, anticipándose a los planes de Stear le pidió a Candy cederle su lugar a Elisa en el aeroplano del chico Conrwell, sobra decir que Michel no le insistió mucho a la rubia para convencerla.
Con ayuda de los demás hizo una manta que extendieron mientras Elisay Stear caían con ayuda de sus paracaídas que decía simplemente "Cásate conmigo". En cuanto Elisa se dio cuenta, gruesas lágrimas salieron de sus ojos, estaba conmovida, como nunca antes lo había estado. Una vez que sus pies tocaron el suelo, Michel se arrodillo y esperó la respuesta de la mujer que amaba.
- Sí, mi respuesta es sí – él se levantó y colocó un extravagante solitario en el dedo anular de la heredera Leagan.
- Volveré, te prometo que haré lo que sea para volver a ti – y para sellar esa promesa, la dio un beso que estaba cargado de sentimientos. Él la amaba, no cabía duda y haría lo imposible por no perecer en el frente.
Dejaron a Elisa y Michel solos unos minutos y fueron a la mansión a merendar con la tía abuela, que estaba feliz de tener a sus nietos con ella por ese día. Ellos eran dignos representantes de la familia Andley, pero le faltaba William. Estaba preocupada pues el último telegrama que le envió decía que iba rumbo a Europa para después volver a Estados Unidos, pero un mes había pasado desde entonces y no tenía nuevas noticias. George estaba buscándolo y si el patriarca no se reportaba en una semana más, él viajaría a Londres y ella recorrería el país en busca de alguna pista que pudiera indicarle su paradero, aunque en un par de días partiría a la mansión de las rosas solo para revisar la vieja cabaña del bosque.
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Annie, Paty, Stear y Archie regresaron a sus casas la mañana siguiente, Candy los despidió antes de ir al conservatorio y al salir se dirigió al hospital.
- Señorita Andley – le llamó con urgencia una de las enfermeras de la recepción.
- ¿Sí?
- ¿Viene a ver al paciente de la habitación 208? – a Candy le pareció que la enfermera parecía nerviosa y avergonzada – Yo soy… fui su enfermera – empezó a narrar – ayer tuvimos nuestro examen para titularnos y con todo el movimiento y exaltación debido a ello no notamos que… - se interrumpió y la miró a los ojos para después desviar la mirada a sus zapatos como queriendo que estos le indicaran qué más decir – el paciente de esa habitación desapareció.
- ¿Desapareció? – la pecosa trago en seco - ¿Cómo puede ser eso posible? – le increpó a la joven enfermera que se moría de vergüenza.
- No sabemos con exactitud, solo dejo esta carta – tomó un sobre del escritorio y se lo tendió – de verdad lo lamentó – solicitó en un tono muy afectado. Candy ignoró a la abochornada sanitaria y leyó la carta de Albert, que contenía solo tres párrafos.
"Gracias por todo Candy.
Nunca te olvidare.
Albert sin nombre"
- ¡Se ha ido! – se cubrió la boca con las manos y en sus ojos se pintó la desesperación - ¡Albert! Tengo que encontrarlo – y salió corriendo del hospital con una opresión de su pecho.
Candy busco en todos los rincones de la ciudad, lamentó mucho que Stear y Archie ya no estuvieran en la ciudad y no quiso molestar a Elisa porque eran sus últimos días junto a su prometido. Ella sabía que sola no podría encontrarlo pronto, empezaba a hacer frío y la noche amenazaba con imponerse complicando aún más su empresa. Neil estaba con la tía abuela, sabía que si se presentaba en la mansión, la matriarca le impediría salir nuevamente.
Gruesas lágrimas bañaron los ojos de Candy, estaba desesperada, agotada y muy preocupada por Albert.
Candy recordó todos los encuentros con su amigo y pensó en como nunca tuvo que preocuparse por él, fuera donde fuera porque sabía que sus caminos siempre se cruzarían. Pero ahora había perdido la memoria y ella quería cuidarlo, no podía dejarlo de esa manera a la deriva.
- ¿Dónde estás Albert? – le preguntó a la luna llena que parecía su única aliada iluminando su camino. Había buscado en los callejones y en la parte baja de Chicago. El último lugar donde sus pasos la llevaron fue el Parque Lincoln, en la banca donde sus amigos y ella habían tocado - ¿Cómo no se me ocurrió antes? – en el parque había un lago y árboles, pensó que si Albert aún conservaba su esencia estaría ahí, siempre buscaba espacios abiertos.
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No supo cuánto tiempo estuvo ahí, pero se dio cuenta del transcurrir de las horas al mirar el cielo oscuro. Albert pensaba en Candy y en lo buena que había sido con él sin tener un motivo, al menos no uno que el comprendiera.
- Muchas gracias, Candy, pero no puedo ser una carga para ti – reconoció el rubio, esperando que sus palabras alcanzaran a la pecosa. Te devuelvo el nombre que me diste, junto con la memoria perdí mi pasado, no tengo ningún futuro. Perder el pasado también es perderse a uno mismo. ¿Cómo viví, qué clase de vida tuve? El hombre vive de acuerdo a sus esquemas del pasado y así construye los del futuro, pero yo no sé nada de mi pasado… ¿Cómo viviré hoy y mañana? ¿Quién soy? ¿Cuál es el esquema de mi vida? – Albert solo oía las voces de sus pensamientos - ¿Cuánto tiempo tomará, un año, cien años, mil existencias, cuánto necesitaré para recuperar mi vida? No podía ser una carga para Candy. ¿Y si volviera al frente? – Pupe voy a viajar hacía mi pasado, ¿quieres venir conmigo? – tomó sus cosas y a la pequeña mofeta y camino, con una sola idea en la mente.
- ¡Albert! – escuchó a lo lejos y supo que era Candy, pero no se acercó, no quería que ella lo encontrara, pero se permitió mirarla de lejos.
A la luz difusa de la luna ella es sutil y elegante. Aunque su ropa ha pagado el precio de su búsqueda, parece no importarle. Nuevamente el caudal de lágrimas apareció, reclamándole al fantasma de Albert por haberla abandonado. El rubio avanzo hacia ella, con calma, la mujer de los ojos verdes lo miro con una mezcla de esperanza y curiosidad. A él le impresionó la belleza de aquellos ojos y se asombró que le impresionara. Por fin Candy lo vio y corrió a su encuentro, pegándole en el pecho e insultándolo, el caballero dejo que la chica desquitara y sacara lo que sentía contra él. Una vez que los espasmos cesaron, él le pidió que lo dejara ir, que no fuera tan buena con un extraño y entonces supo que no lo era para Candy, que se conocían, que eran amigos. E hicieron un viaje al pasado a través de los recuerdos de la pecosa. Pero él siguió insistiendo en marcharse, incluso se molestó ante su insistencia. Pero la ojiverde no iba a desistir tan fácilmente, corrió para alcanzarlo y lo tomó del saco, Albert pudo oler su perfume delicado, sutil como ella. Se giró para ver aquellos ojos verdes nacidos para reflejar la belleza de la vida y no aquel dolor tan desgarrador que él le estaba provocando al querer marcharse.
- Déjame cuidarte, aunque sea dejarme darte una pequeña parte de lo que tú me diste – rogó aun con llanto. Y le confesó que era huérfana, que a pesar de que había sido adoptada a él lo consideraba su hermano, su verdadero hermano y eso nunca cambiaría. Ella busco la protección de su abrazo, la tela de su chaqueta para enjugar las lágrimas y la caricia de sus manos en el cabello y al tenerla así tuvo que admitir que se sentía en paz.
Albert le explicó que no podía volver al hospital, porque se había despedido del director y ya no tenía heridas aparentes, salvo la pérdida de memoria y no consideraba que eso convenciera al terco doctor para readmitirlo.
Esa noche, Candy llevo a Albert con su amigo Connor, él era de Indiana y estaba ahí para estudiar música, vivía en un mini departamento que Candy comparó con la cabaña de juegos que estaba en la mansión de la tía abuela. Su familia apenas podía con ese gasto, pero él lo agradecía como si de una gran mansión se tratara porque estaba cumpliendo su sueño gracias a los esfuerzos de su familia. De hecho, con la rubia habían acordado dar varios conciertos callejeros para ayudarlo, pero con la condición de que fueran cuando la matriarca Andley no estuviera en la ciudad.
Al día siguiente hablaron con el casero de su amigo y lo único que tenía para rentar era un departamento de dos habitaciones, Candy dejo a Albert instalado y fue a despedir a su tía abuela a la estación. Sabía que en ese mismo momento Elisa y Michel también se decían adiós, pero mantuvo su distancia para no incomodar a la pareja, ella misma había tenido que despedirse de Terry y sabía que no era algo fácil.
- Cuídate, Candice, no descuides tus clases – fue la despedida de la matriarca.
- Sí, usted también cuídese tía abuela – y contrario a lo que esperaba la rubia, la señora Elroy le dio un beso en la frente, antes de abordar el tren. Candy sintió algo muy cálido donde la anciana había posado sus labios, aunque severa y estricta, sabía que su tía tenía un corazón bondadoso, esos meses que habían vivido juntas sintió que era parte de una familia – Adiós, tía abuela – agitó su mano con una sonrisa que la señora correspondió, era la misma que le dedicaba a Archie, Stear y en su momento a Anthony.
/o.O/
Aún puedo ver el tren partir y tu triste mirar
esconde aquellas lágrimas, volveré.
Era su prometido. No importaba por qué la amaba o ella a él, solo importaba lo que sentían. Él la aceptó sin condiciones. Era el causante de sus sonrisas, su apoyo cuando requirió de consuelo y su guardián cuando de protegerla se trató. La otra mitad de su alma y tenía que decirle adiós. Adiós, ¡qué palabra tan imperfecta era aquella!
- Por favor, no llores – Michel la estrechó en sus brazos – regálame una de tus sonrisas, permíteme llevarme eso de ti – ella levantó la cara y le sonrió.
- Te escribiré todos los días – atinó a decir – prométeme que te cuidarás, por favor, tienes que regresar a mí – sus ojos cafés lo miraron suplicante, no podía pedirle que no hiciera nada heroico así como tampoco pudo decirle que no se fuera.
Pronto estaremos juntos, te quiero tanto amor
el tiempo pasa espérame, volveré.
Piensa en mí siempre así
que el tiempo pasará.
- Elisa, antes de irme quiero decirte algo importante – le dijo repentinamente, no pensaba hacerlo, pero no quería cargar con ese peso en caso de que sucediera - no me incumbe esto, pero… - dudó – no sé cómo decirte esto, así que lo diré, me preocupa tu primo Stear.
- ¿Strear? – levantó una ceja de desconcierto.
- Veo en sus ojos ese brillo que he visto en muchos soldados jóvenes. Chicos que quieren encontrar un propósito a su vida, una razón y lo único que encuentran allá es agonía y muerte. Y no quisiera que él fuera uno de esos chicos. Entiendo las razones de ir a la guerra, pero desde mi punto de vista, como médico, no concedo a un joven como él matando a otros. Es tu familia, pero quería decírtelo antes de partir.
El tren anunció su próxima salida. Y los amantes supieron que el final estaba cerca y se besaron, como si no existiera nada más que ellos y su amor. Cuando se separaron los ojos de ambos estaban surcados por gruesas lágrimas.
Oh vuelve vida mía.
Amor, amor, amor.
Piensa en mí siempre así, volveré.
- Te amo – susurró mientras besaba la frente femenina.
- También te amo, Michel.
Él abordo el vagón y, lentamente, el tren comenzó su marcha. Elisa no corrió detrás del tren, únicamente alzó la mano y dijo adiós. Un adiós que sería eterno.
Desde que tú has partido
ha comenzado para mí la oscuridad.
En torno a mí, vive el recuerdo
de los días bellos de nuestro amor.
Candy la vio y se acercó a ella, no le dijo nada, solo la abrazó y dejo que llorara, nadie mejor que una mujer enamorada para entender a otra.
Continuará…
Espacio para charlar
Este capítulo tiene diálogos de Examen para dos, Vuelo al infinito y El desaparecido señor Albert.
Los fragmentos son de la canción Volveré.
Sí, lo sé, lo sé fue un capítulo de relleno, pero en verdad necesito esas escenas para lo que viene después, aunque quizá eso explica por qué este fic que era planeado para que tuviera únicamente 5 capítulos se ha extendido, si leyeran mi argumento no sabrían de dónde sale tanto, de verdad imagine que aquí pondría la separación, pero no, sigue y sigue.
Espero que el siguiente no se extienda y pueda por fin escribir por qué se van a separar Candy y Terry y por qué no saben nada de Edward (sí, al final ese nombre gano por votos y porque escribí varias escenas con los 4 nombres y ese fue el que más me convenció)
Según mi memoria IRIS ADRIANA fue quien puso ese nombre primero, espero que me puedas indicar si ese es el Nick que quieres para tu firma que puedes ver en:
http: (doble diagonal) imgur . com(diagonal) a (diagonal) xjPE2
(no olvides quitar los espacios)
Yoliki, lamento decirte que la memoria de Albert va a tardar mucho más de lo que se vio en la historia, así que no, no lo va a ver George.
Chica que firma como Guest, jajaja, yo también estoy sufriendo mientras escribo, jajaja, pero prometo un final feliz.
Miriam7, oh, me lees el pensamiento, sí, por ahí va la cosa.
Alondra, a veces quien más dice querernos más nos daña, la tía vuela podrá querer a Candy, pero eso nunca le impidió actuar en pos del nombre de su familia.
Iris Adriana, gracias por el voto, pues no sé por qué quise usar a los Leagan, cuando fui formando las historias alternas me gusto mucho, de hecho habrá un cambio de parejas y Paty puede terminar con Neil, jajajajaja, pero aún no me planteó el final para ciertos personajes, lo tengo como borrador y por eso los use como aliados.
Candice White, sí, será un final feliz aunque el camino a él será complicado.
Phambe, debo admitir que me encantan tus reviews y no solo a mis fics, vi el que pusiste para defender Todo y Nada de mi amiga Odet la chica de Terry de una tal Ross, desconozco si ella tuvo la oportunidad de agradecerte, pero después de todos los dimes y diretes que su fic provoco está muy agradecida por las personas que la defendieron.
Pues sí, parece que Terry es un tipo frío y eso, de hecho en muchas historias parecen ponerlo como un experto en el amor físico (yo misma lo use así), aunque no me lo creo, por su personalidad dudo que sea ese tipo de aristócrata, pero bueno, todo se presta a interpretación y como dijiste a la traducción en cada país, por ejemplo cuando Terry ve a Candy trabajando en la clínica feliz, recuerda la separación y ahí según le pidió matrimonio y ella le contesto que lo pensaría, así que también eso a veces confunde un poco. Y en este capítulo trate de desglosar lo que él sentía al verla porque de verdad ni la tolera, así que trataré de conservar un poco eso en este fic.
Con respecto al otro comentario, voy a respetar el accidente de Susana y a usar a la mamá de ésta para crear un malentendido y que Candy regrese de Nueva York como en la serie, con el corazón partido, la tía abuela al no contar con Albert se plantea casar a Candy a como dé lugar, pero descubre que está embarazada y pues ella será quien aleje al niño de sus padres. Como esta es una historia adaptada pues no creo echar a perder la sorpresa siendo que muchas conocen la película, pero si creen que doy muchos spoiler, me contendré.
Otra chica que firma como Guest, gracias por seguir la historia.
Dianley, Candy siempre se caracterizó por inocente y bueno, quizá después de la perdida que sufrirá cambie un poco esa personalidad, debería!
Qué más les digo, gracias por su paciencia, como saben estoy con 3 historias alternando mi tiempo para escribirlas (bueno, 2 porque una ya está escrita y solo estoy editando), espero que no desesperen mucho.
Les deseo un excelente resto de semana.
28 – jun – 2017
Ceshire…
