CAPÍTULO DEDICADO ESPECIALMENTE A PHAMBE, MUCHAS GRACIAS POR TUS RETROALIMENTACIONES.
Capítulo 6: Falta de compasión
Parte 6
El sol salió entre las nubes, la noche anterior empezó a llover, pero por fin se veía cómo astro sol se condujo tranquilo para alcanzar su punto máximo en el cielo. Por fin era lunes, el habitante de aquel pequeño departamento despertó sintiendo que su corazón latía con una mezcla de miedo y excitación. De inmediato miró a su pequeño buro y sonrió a los boletos que se encontraban sobre él, llevando sus pensamientos a Candy. En unos minutos más Nancy tocaría a su puerta y le retaría por tener una pila de diarios sobre su mesa, dispuesto a deshacerse de ellos y que por la función nocturna no debe ir al teatro hasta después de medio día, tomó el primero, lo ojeó, cuando terminó lo puso a un lado, así poco a poco, regresando de los eventos del sábado, viernes, cuanto estaba dispuesto a tomar el del jueves, la puerta se escuchó y entró la señora de la limpieza.
- Buenos días, joven Terry – le dijo la mujer que cubría a Mary.
- Buenos días, señora Nancy – ella era amable y eficiente, pero a Terry no le gustaba que le hiciera conversación.
Mientras ella se fue a la cocina, él bebió de su café y tomó el diario del jueves y como hiciera con los demás, lo examinó sin mucho interés, detalles mínimos sobre el conflicto bélico, suspiró pensando en su padre. Llegó a la sección de sociales y ahí en la página 6 estaba una fotografía de ella, lucia realmente atractiva, iba del brazo del detestable Neil Leagan y había un funesto encabezado que le destrozó el alma.
LLEGA EL DÍA MÁS ESPERADO PARA LA FAMILIA LEAGAN ANDLEY
Después de una fugaz relación llena de amor y respeto, Candice Andley y Neil Leagan decidieron anunciar su compromiso, celebrando una gran fiesta el pasado miércoles en punto de las 20:00 hrs, a la cual asistieron amigos y familiares de la feliz pareja. Fue una noche muy agradable para ambas familias ya que recibieron gratas felicitaciones y muy buenos deseos por su próxima boda.
Se quedó paralizado, leyó y releyó la nota sin comprender una palabra de lo que estaba ahí escrito. En un primer momento creyó que aquello era una broma de mal gusto, que eso no le podía estar pasando a él. Candy no podía casarse con Neil. ¡Eso era inconcebible! Con el Elegante o con el Inventor era algo más cercano a la realidad, pero ¿Neil Leagan? El bastardo que la acorralo con sus amigos para hacer con ella quién sabe qué cosa, no, simplemente era una broma cruel, la familia de Candy seguramente la estaba presionando, debía ir a su lado lo más pronto posible y si era necesario, llevarse de Chicago. Había ahorrado lo suficiente para darle una vida digna a Candy, si antes no se la llevó a Nueva York fue simplemente porque ambos debían encontrar su camino, madurar, al igual que su amor. Ahora ambos estaba a casi nada de la cúspide y por fin podrían estar juntos, su familia ni nadie iba a interferir con sus planes.
Aventó los diarios ante la mirada atónita de Nancy y escuchó un golpe seco en el laminado de madera. Buscó entre los diarios deshojados y encontró un sobre. ¡Era una carta de Candy! La primera que llegaba en mucho tiempo, se apresuró a abrirla y vio el collar con el zafiro que le diera como regalo de despedida y también estaba el solitario con el que le había pedido que se casara con él en la estación de Chicago, no había nada más. Se quedó ahí, de rodillas.
- ¿Está bien, joven?
- No – atinó a decir. Tuvo la sensación de que algo se había bloqueado en su cabeza y en su corazón, quiso gritar, destruir el lugar, pero su cuerpo no le respondió – No es cierto, no es cierto – trataba de convencerse de que todo lo que le estaba pasando era una pesadilla y que en cualquier momento despertaría.
- ¿Joven Terry? – escuchó que lo llamaban.
- ¿Cuándo llego esta carta? – tomó fuerzas y se levantó, dirigiéndose peligrosamente a la pobre señora - ¿Cuándo? – la tomó por los hombros y la zarandeó con los ojos oscuros por la furia.
- No… no lo sé – dijo Nancy – yo no la recibí.
Aquello bastó para que la soltará del agarre, si Nancy no lo había hecho y él no había visto a Mary, eso quería decir que había llegado el viernes, el correo tardaba al menos una semana en llegar, Candy le había mandado sus regalos devuelta para comprometerse con Neil.
Terry tuvo recuerdos borrosos de lo que hizo ese día, sabía que había ido a la presentación para la fiesta, también recordaba haber ido a la fiesta y cuando lo creyó prudente, se retiró, con maleta en mano fue a la estación de trenes y espero poco antes de la media noche para abordar y dirigirse a Chicago.
/o.O/
Candy despertó de su sopor y se encontró en su casa, más específicamente, en el departamento que compartía con Albert, en su habitación con su camisón de dormir y pensando en Terry, en que no fue a verla al concierto, uno de los momentos más cruciales de su vida profesional porque ese fin de semana él se había… comprometido con otra.
Candy no quería que Albert la viera llorar y sufrir por Terry, era suficiente, estaba cansada de llorar e intentar olvidarlo, no podía seguir mintiéndose a sí misma, ya no tenía más fuerzas para ordenarle a su corazón que no amará más a Terry, aunque le doliera siempre lo llevaría ahí, lo amaría con toda su alma, pero no volvería a verlo. Él no podía corresponder sus sentimientos pese a las promesas que le había hecho, promesas que ahora eran vacías y sin sentido. Todo estaba perdido y no había nada más que hacer.
Albert la vio levantada y cuando iba a embromarla se detuvo ante el semblante de profunda tristeza de Candy.
Candy ya no podía ocultar más su desesperación, la angustia por todo lo vivido las últimas 80 horas subían desde su corazón hasta su garganta, quería contarle a alguien porque de no hacerlo se ahogaría de tristeza.
Lloró por ella, por su confusión, por su pobre y dolido corazón. No sabía si volvería a ser la de antes, su rompimiento con Terry la consumía por dentro, debilitándola, no podía parar de llorar, no sabía si algún día lograría hacerlo.
Ninguno de los dos se movió, solo hasta que la vio caer de rodillas se acercó y ella se aferró a los fuertes brazos que la sostuvieron.
- ¿Qué ocurrió en Nueva York? – preguntó Albert en un susurro.
- Albert, Albert. Terry… él… - se interrumpía para sollozar, incapaz de decir la frase completa – va… a… casarse… con… otra…
- ¿Cómo? ¿Él te lo dijo?
- No – también negó con la cabeza – no lo vi – y le contó todo.
- Candy…
- Aún tengo en mi memoria su olor a lavanda…
Albert la miró y supo que era una mujer enamorada que había perdido contra un hombre.
- Aún en la distancia, siento que su recuerdo me acecha y me persigue a donde quiera que voy. No sé cómo continuar.
Candy se sintió como un adicto sin su vicio, cayendo lentamente en la abstinencia.
- Llora, Candy, llora si es lo que necesitas. Es lamentable que el amor tenga solo cierta duración y una intensidad propia por ello no lo podemos forzar, no sé qué paso con Terry, quizá el problema fue que alguien más conquisto su corazón, suele pasar que hasta la pareja más unida, se tambalea en ciertas ocasiones. No puedes dejarte vencer, es importante que cuando estés lista, dejes ir las cosas que te hacen daño. Tu vida no empezó ni terminará con Terry.
Candy pensó que Albert tenía razón, quizá su amor no había sido lo suficientemente fuerte y maduro para perdurar a pesar de la distancia, quizá otras personas intervinieron para ponerlos en la cuerda floja y el primero en caer fue él. Pero entonces ¿cómo lo olvidaría? ¿cómo lo perdonaría, si es que alguna vez lo hacía? Sintió que no iba a poder con tanto dolor, con tanto rencor, sintió que de no hacer nada se ahogaría y lo único sensato que pudo hacer fue llorar para aliviar su pena, sí, lloraría una última vez, en los brazos de su amigo gritaría y dejaría caer un caudal de lágrimas, clamaría el nombre de aquel que la traicionó y esperaría al mañana, con los primeros rayos del sol, su corazón se calentaría y ella podría seguir con su vida sin mirar atrás, recobrar su fortaleza y ser feliz nuevamente.
Y así fue, se quedaron sentados en la cama de Candy, Albert la oyó llorar hasta que la luz tiño el cielo del otro lado de la ventana. Sintió que el cuerpo extenuado de Candy se deslizaba en una especie de duermevela y la sostuvo así, con todo el afecto que le tenía.
/o.O/
Su llegada a la estación de Chicago le regalo una imagen de ordenado caos, la gente gritaba en todas direcciones, personas se arremolinaban tratando de subir al tren, mientras él intentaba bajar. La gente empujaba y avanzaba, él iba de incognito así que nadie le abriría el paso, debía pasar como un pasajero más que llegaba a la ciudad.
Solo había estado un par de días en aquella ciudad, no conocía a nadie ni sabía qué hacer, la única persona que conocía ahí era a Candy y dudaba mucho que ella supiera siquiera de su llegada.
Lo más sensato que se le ocurrió fue tomar un coche de alquiler, era miércoles y casi pasaban de las 5 pm debido a un retrasado de un par de horas en el trayecto, así que suponía que Candy estaría en su casa preparándose para la cena y se dirigió a la mansión Andley.
Tocó la puerta y una mucama le abrió, sin siquiera presentarse y dando un ligero empujón a la joven entró en la residencia.
- ¿Quién es usted? ¡Deténgase! – gritó la mucama, persiguiéndolo, pero él no le hizo caso, y sin más obstáculos en el camino, llegó al enorme comedor de la casona.
- ¿Qué significa esto? – gritó escandalizada la señora Elroy - ¿quién es usted?
- Soy Terrence Grandchester – se anunció parco – y he venido a ver a Candy. Dígame dónde está.
Elroy Andley levantó una ceja, contrariada y un poco burlona, como si ella tuviera que dar cuentas sobre sus actos a un jovenzuelo como él, si Terry creyó que la matriarca estaría dispuesta a darle toda la información que demandaba y sobre todo con la actitud prepotente con la que se había dirigido a ella, estaba muy equivocado.
- ¿Dónde está Candy? – repitió a gritos perdiendo la poca paciencia que tenía con su interlocutora.
- ¿Se le perdió algo que le pertenezca? – respondió cínicamente, ella conocía a los tipos de su clase y no se iba a dejar inmutar por él.
- No tengo la más mínima intención de perder mi tiempo con usted… señora, lo único que me interesa saber es dónde está ella – dijo igual de alterado.
- Ella no vive más aquí.
- ¡No estoy para bromas! Hace mucho que no sé nada de ella y vine aquí para corroborar que no le haya sucedido nada a causa de su familia.
- Puede revisar la casa y darse cuenta por usted mismo que no hay rastro de ella aquí.
Más se tardó la anciana en decirlo, que Terry en hacerlo, recorrió la casa en tiempo record abriendo todas las puertas de las habitaciones, haciendo una rápida inspección, pero no la encontró, definitivamente no había rastro de ella.
- Me sorprende que siendo tan amigos – y escupió aquella palabra con desazón – no supiera que ella hace tiempo que se mudó con su prometido.
- No le creo nada, esa noticia es falsa, Candy y yo tenemos un acuerdo y usted ni el estúpido de Leagan tienen cabida en nuestras vidas.
- Pues si ese no es mi asunto, no veo cómo viene a exigirme cuentas sobre lo que ella hace y decide con su vida.
- Si claro, no crea que no sé que ese compromiso es solo para conveniencia de su familia y su buen nombre. Lo único que ustedes han traído a la vida de Candy es sufrimiento y alejarla de lo que realmente ama – respondió aún más alterado de lo que ya estaba.
- ¿Se le olvida acaso que fue ella quien decidió continuar usando el apellido de la familia y todas las obligaciones que eso le conlleva? Yo ni siquiera la quería más en mi familia, en cambio usted estaba con ella y no hizo nada para que desistiera de seguir siendo una Andley. ¡Qué posición tan cómoda la suya venir a reclamar ahora, qué fácil que ahora que Candice tiene un futuro y una carrera usted venga a decirme que lo único que le hemos dado es dolor y sufrimiento!
- Se queja como si eso no hubiese beneficiado a su familia, pero sepa esto señora, yo estoy enamorado de Candy, ella no es un peón más para enaltecer el nombre de mi familia ni objeto canjeable cuando sea conveniente, ella es la mujer que quiero para compañera por el resto de mis días.
- ¿Qué está insinuando, señor Grandchester?
- No lo insinuó y sé que entiende lo que digo, así que le exijo que me diga dónde está Candy.
- En primer lugar, usted no tiene idea de mis intenciones con Candy, lo que dice son sus ridículas figuraciones. Le di la oportunidad de que eligiera un buen partido para casarse, el padre de Candy así lo ordenó y ella eligió a Neil Leagan – le contestó la mujer perdiendo los estivos – Dice amarla, ¿y quién le asegura que ella le corresponde? La distancia seguramente ha hecho mella en ese amor adolescente que tuvieron en el San Pablo, pero ambos han cambiado, ella ha madurado y aceptado que tiene un deber para con su familia, un deber en el que usted sin nombre y apellido no tiene cabida. Si ella ha demostrado lo poco que usted le importa, por qué no desiste en sus intenciones, aunque no dudo que sean buenas, pero puedo asegurarle que Neil tiene mejores que las suyas.
- ¿Mejores que las mías? ¿Neil Leagan? Qué cinismo el suyo, ¿acaso no conoce la fama de su querido sobrino?
- Pero al menos él ve por su felicidad, él está para ella, apoyándola en su carrera, o dígame ¿por qué en esta foto es él quien la escolta al primer concierto donde interpreto un solo? ¿Dónde estaba usted? – le tendió el diario con la foto abarcando la sección de sociales. Eran Neil y Candy, ella se aferraba al brazo de él y ¡le sonreía! Terry dio un respiro para calmar sus celos, él sabía lo que una buena foto podía hacer en la publicidad de un evento, no iba a dejarse engañar con trucos amarillistas.
- ¡Ella sabía dónde estaba yo! Ambos acordamos seguir nuestros sueños.
- Crea eso si le ayuda a calmar su conciencia, señor Grandchester – le dijo, clavando la estocada.
- No puede alejarla de mí
- Otra vez con lo mismo, ya le demostré que Candy no vive más bajo mi techo, que se fue a hacer su vida a lado de Neil. Usted debería saber que nadie tiene el poder de manipular a esa chiquilla voluntariosa.
- ¿Me está diciendo que su pomposa familia permitió que ella viviera con un hombre que no es su esposo?
- Es por ello que se anunció el matrimonio, para evitar más habladurías.
- ¡Está loca! ¡Ella me lo hubiera…! – ¿se lo hubiera dicho? ¿Acaso no lo había hecho al mandarle de regreso sus regalos y su promesa?
- De acuerdo, como esta situación no nos está llevando a nada, le daré la dirección de Candy para que se cerciore de lo que le he dicho – le tendió una nota que Terry leyó y algo en su memoria se precipito 999 Kinzie, era la dirección que venía en el sobre que dejaron sobre su mesa.
Terry no dijo nada más, se giró para volver sobre sus pasos.
- Señor Grandchester – lo llamó Elroy, él giró la cabeza para mirarla sobre el hombro – Candy es feliz, prométame que no destruirá su felicidad si corrobora que todo es cierto.
Él no respondió, se mordió los labios y salió de la mansión.
/o.O/
Uno de los aliados más poderosos del destino es la circunstancia, la encargada de crear un momento que puede cambiar nuestras vidas sin siquiera esperarlo. Después de eso, es solo cuestión de tiempo para el efecto domino se produzca.
Esa tarde la circunstancia se puso del lado de Elroy Andley. Se valió de la falta de comunicación entre ellos, de una plática pasada donde Neil le dijo qué hacía los miércoles. Sabía que se había precipitado y aquello podía volteársele en cualquier momento, pero optó por lanzar la moneda al aire y esperar que su plan diera un golpe certero al amor de esos dos.
Terry esperó enfrente del edificio, sin animarse a tocar, miraba a todas las ventanas con la esperanza de verla asomada y que su figura le diera la fuerza que necesitaba para verla. Sentía que estaba perdiendo, empezaba a dudar de su amor, todos los eventos parecían reales y era precisamente eso lo que lo aterraba, verla y escuchar de su boca que todo era cierto.
La certeza le llego a los pocos minutos, por la calle principal escucho su voz y solo a un segundo de correr a su encuentro también escuchó a Neil Leagan.
- ¿Crees que compramos suficiente? – dijo irónico al ver las dos bolsas repletas de víveres.
- No, no creo, ¿sabes últimamente tengo mucha hambre? – dijo comiendo su dona, dejando un rastro de azúcar glass en su labio
- Espera… - Neil paso la bolsa de su mano derecha a la izquierda y le limpio la boca con sus dedos, celos fue lo único que logro despertar aquella escena en Terry, pero la cosa no terminó ahí, ella de pronto se aferró al pecho masculino - ¿estás bien? – murmuró, sin que el espía pudiera oírlo, ella negó con la cabeza.
- Últimamente siento mareos, será solo un momento – el sonrojó en la cara del caballero no pasó desapercibido por un par de ojos verdiazules que centellaban llenos de furia.
- De acuerdo, haré algo al respecto – le dio las bolsas, justo en el momento en que Candy iba a remarcar que hacerla cargar no la ayudaría a que pasara el efecto del vértigo, Neil la tomó en brazos y la levantó en vilo, la rubia no pudo evitar reír ante la situación, ella trataba de que las bolsas no cayeran al suelo y Neil se tambaleaba con ella en brazos.
Y a pesar de eso, la escena parecía algo más significativo para Terry, ¿qué tanto puede significar un abrazo? Una simple expresión de cariño, todo mundo daba y recibía abrazos de sus seres queridos, no había nada de malo en ello. ¿Por qué algo tan simple como eso era un detonante para Terry? ¿Por qué ver a la mujer de sus sueños en brazos de otro y que ese otro fuera precisamente Neil Leagan lo paralizo llenando de odio, de ira, pero especialmente de dolor? ¿Por qué tenía que ser él?
Otro caballero en ese espacio pensaba lo mismo acerca de los abrazos, tenía a la mujer que amaba sosteniéndose de su cuello para no caer, llevando a su corazón a latir de manera desbocada, y sin embargo, sabía que ese latido no era ni sería correspondido nunca.
- Creo que es hora de hacer más ensaladas y menos postres, Candy – le dijo para aligerar el ambiente y acallar los traicioneros latidos de su corazón.
- ¡Ey! No es culpa mía que cocines bien – aunque Candy sentía que estaba subiendo de peso, no era notorio, pero de pronto se vio con problemas para cerrar el cierre de un vestido, mientras subían por la escalera, Terry se quedó mirando la escena.
¿Tenía algún sentido alcanzarla para encararla? ¿Acaso haberla visto a lado de Neil Leagan no había sido suficiente? Sabía por Candy que Elisa había cambiado, pero ella misma le había dicho que no la sentía del todo sincera y sin embargo, permitía que el imbécil de Leagan la tomara entre sus brazos olvidando todo lo que ese y su hermana le habían hecho en el pasado. Verla tan confiada y feliz con él solo logró cavar un hoyo dentro de su pecho. ¿Quién dice que el amor no duele?
/o.O/
Albert miró la escena por la ventana del departamento y soltó un suspiró cargado de tedio. ¿En qué momento sus sentimientos habían cambiado? En un primer momento había sentido afecto y gratitud por la joven rubia y de pronto se había descubierto experimentando emoción, alegría, amor…
Entendía perfectamente a Neil de querer estar a su lado, de protegerla, de cuidarla porque ambos estaban irremediablemente enamorados de Candy y sin embargo, ninguno tenía alguna posibilidad de entrar a su corazón.
Por el rabillo del ojo vio a un joven mirando hacía dentro del edificio, pero solo fue un segundo.
/o.O/
Corrió para salir de esa ciudad, no quería seguir viéndola así y sin embargo tuvo miedo, miedo a seguir sin ella cuando todo lo que había hecho era precisamente para lograr lo contrario. Cómo afrontaría el hecho de la soledad, de la traición, esas que pudren los anhelos y aniquilan la sonrisa.
La noche era oscura y la nieve caía desbordada del cielo, fundiéndose con sus lágrimas. Se detuvo frente a hotel donde la hiciera suya, contemplando el cielo mientras los recuerdos le carcomían el corazón. ¿Tenía sentido recordar? No, no lo tenía, pero era una forma de despedirse de ella y del momento en que su vida tuvo sentido, porque en ese instante sintió que moría de dolor.
Se sentó en cuclillas para no gritar y proferir mil maldiciones. Nuevamente el destino se había burlado de él, cuando por fin creyó que la maldición que lo tenía preso a la soledad y a la tristeza se rompería, ella volvía para jactarse y escupirle en la cara. "¡Estas condenado, nunca podrás escapar de tu miserable existencia!"
- ¿Por qué Candy, por qué? – imploró al cielo una respuesta en medio del llanto, mientras la imagen de la pecosa le inundaba de zozobra. – Señorita pecas, tarzán con pecas. Los días del colegio San Pablo nunca volverán, el tiempo no retrocede, todo risas y alegrías – evocó lo agradable de esos recuerdos, cuando ella estaba a su lado, convidándole su calidez, amarrándolo con su presencia - Candy, si esta era nuestra separación, hubiera sido mejor no conocerte – aquel simple hecho ahogó su corazón, al mismo tiempo que vació su alma. Permaneció así, deseando poder acostarse, y no despertar nunca más.
Con la poca fuerza que aún le quedaba se puso de pie y continuó su camino, sus pasos eran flojos, con la mira puesta en el piso cubierto de nieve. Y de pronto otro sentimiento lo inundó, la ira contra ella, la frustración por creer en su amor. El dolor de saber que no podría borrar con facilidad su presencia, su olor, sus ojos, su cuerpo fundiéndose con el suyo. La nieve había logrado empapar su ropa, haciéndolo sentir frío, uno equiparable solo con el de su corazón.
Llegó a la estación de trenes, abordó el primero que lo alejó de aquella ciudad, todo el trayecto continuó con su lamento. La amaba, bastante, más que a nada en el mundo, pero su amor no había sido suficiente para sortear la distancia. Para él nunca nada era suficiente, el amor siempre lo había dañado, el amor de sus padres, el amor de Candy, de una u otra forma él nunca se había sentido merecedor de sentimiento tan potente, tan imperfecto, entre más amaba más resultaba herido.
De acuerdo, aprendí la lección le respondió a la vida, al destino, a quien fuera el encargado de asir los hilos de su vida y que lo había condenado a implorar las sobras de amor que los demás tenían para él, sin nunca poder sentirlo verdaderamente.
Sintió un escozor en sus verdiazules ojos, el dolor trataba de manifestarse dentro de sus pupilas. De su bolsillo sacó el solitario que le diera, apretándolo con dolor, con enojo. ¡Qué ganas de deshacerse de aquel objeto que marcaría el inicio de una vida a su lado y que se había convertido en el símbolo de su desgracia!
Por fin el tren anunció el arribo a la estación de Nueva York, el reloj marcaba las 11 de la mañana. Llegó a su departamento y maldijo su suerte, por el pasillo que lo conducía a su puerta la señora Marlowe caminaba hacia él, con los ojos llorosos y el rostro desencajado. Sin saber por qué ni tener la oportunidad de esquivarla, ella lo abofeteo tantas veces se lo permitió él antes de tomarla por los brazos.
- ¿Qué le pasa, señora?
- ¿Qué que me pasa? Cómo puede ser tan insensible, ¿acaso no sabe que Susana está muerta por su culpa? ¡Usted la mato! – lo apuntó con el dedo y volvió a su acometida de abofetearlo y arrojando un montón de papeles que seguro eran los recados en los que solicitaban su presencia en el hospital.
- ¿Cómo? – sobó su mejilla enrojecida por los golpes de la mamá de Susana.
Flash Back
Su intención no había sido la de morir, únicamente deseaba llamar su atención, pero con pesar descubrió que después de 2 horas nadie había acudido a ayudarla como si a nadie le interesara que había salido de su habitación y subido a lo alto de aquel desgastado edificio.
Justo cuando decidió que era momento de regresar la fuerte ventisca que caía sobre la ciudad de Nueva York cerró la puerta, ella como pudo intentó abrirla, pero no lo consiguió. Se encogió para cubrirse, pero su delgada bata no era suficiente para hacerle frente al inmenso frío de la noche.
Una hora más… todos sus intentos fueron inútiles y la desesperación empezaba a hacer mella en ella, sin pensarlo siquiera soltó una carcajada llena de ironía y dolor, mientras una brisa helada le cortó la cara.
Dos horas más… la agonía empezó y parecía no tener fin, sintió frío, mucho frío, en todo su cuerpo. Soltó un desgarrador sollozo que se elevó por los aires y se desvaneció con la nieve que atentaba contra su vida, cayendo cada vez más fuerte. Su llanto se intensificó conforme fue consciente de que su cuerpo se entiesaba.
Muerte era su único pensamiento, la única resolución a la que consiguió llegar. Pretendió llamar la atención de un hombre que claramente no estaba interesado, poniendo en peligro su vida, simplemente para despertar en él sentimientos de arrepentimiento y culpa, y ahora así como así, la vida le había cobrado la osadía de ser egoísta, en su cabeza solo resonaba un pensamiento: morir. No quiso rendirse y sin embargo sabía que era el único camino posible.
Su atención se centró en dejar de sentir y solo dejarse ir, ya no había temor en su mirada, solo resignación al inminente final permaneciendo quieta y aceptando la muerte como una lección. Nuevamente sintió frío y cerró los ojos, estaba a punto de terminar, lo sabía, lo percibió y lo aceptó. Cerró los ojos por última vez y por fin, ya no sintió nada.
Fin Flash Back
Fue al hospital y en su memoria quedó grabada la imagen de la muerte, Susana tendida, inmóvil y glacial, con una sábana blanca cubriendo su cuerpo, sin latido, sin expresión. Sin vida.
Mirándola así sintió el peso de la culpa sobre su espalda, había elegido a una mujer que no lo amaba por sobre una que le había salvado la vida y lo único que consiguió fue provocar su muerte.
Las manecillas del reloj siguieron avanzando, no supo cuánto tiempo estuvo en aquella cantina, ahogándose en alcohol, se presentó al teatro en un estado deplorable, pero si alguien lo notó fingió no hacerlo. La presentación para la prensa había alabado su trabajo, reconociéndolo como uno de los mejores Romeos en mucho tiempo, pero en ese momento, olvido todo, no le importaba nada más, esa noche no solo derrumbo los cimientos de su carrera, arruino la reputación de la compañía Stanford y además la credibilidad de los críticos que lo habían puesto muy por encima de un nivel al que nunca podría aspirar.
En su departamento todo estaba en silencio, ahogó su llanto apoyando los brazos en las rodillas. Tras sus parpados nuevamente recordó a Candy, a pesar de su traición, de haberle fallado, aún la amaba. Quiso creer que todo había sido una pesadilla, que pronto despertaría, que la realidad era mucho menos tortuosa que lo que estaba viendo en ese momento.
Nuevamente sintió el dolor, la angustia, una infinita pena. Estaba derrotado, cansado, se aferró a sus rodillas y se permitió llorar, no podía soportar más la agonía. Empezó a sentir frío y fue consciente de que mañana sentiría mucho más dolor y frío que ahora y así sucesivamente, hasta el final de sus días porque sin ella nada más tenía importancia.
Continuará…
Espacio para charlar
Este capítulo fue muy difícil para mí, por ello es que decidí partirlo y dedicarle todo a Terry, a su sentir. No sé si logré que pudieran comprenderlo, pero me siento satisfecha con el resultado.
Por esa simple escena en donde Terry ve a Candy con Neil, es que los hice sus aliados y no los antagonistas, había creado un personaje, pero cuando escribía esas partes, no terminaba por convencerme el personaje, quería que fue algo desgarrador para Terry y que mejor que usado a Neil, por qué en serio es inconcebible que ella pueda sonreírle y dejarse abrazar por él!? No me lo pareció con ese personaje creado, no me daba el ímpetu que requería la escena en general, así que lo deseche, aunque para las que leen UN DÍA A LA VEZ ese personaje que no apareció aquí lo hizo allá, es el doctor Bryan O´Malley.
Yoliki, muchas gracias por seguir leyendo.
Becky7024, sí pobre Candy, ambos engañados y sintiéndose traicionados, aunque creo que para Terry fue peor. Te comentó que la tía abuela nunca verá a Albert, al menos no hasta que él recupere la memoria.
Guest, ahora sí estamos más cerca del nacimiento de Edward.
Phambe, entiendo tu aprensión al personaje de Elisa, pero quería quitarlos del camino como antagonistas, y sí, pude deshacerme de ella como lo hice con Annie, Archie y Patty, pero algo me movió el personaje que decidí crearle una historia alterna, quizá fue porque por esos días estaba leyendo An Ocean Away y en ese fic Elisa es la amiga incondicional de Candy y Annie es quien intenta quitarle a Terry, así que use esa idea y conforme escribía sus escenas me gustaba más hacía donde dirigía su historia. Acepto que a muchas puede resultarles aburrida esa parte, pero como he expresado antes, la primer persona para la que escribo siempre es para mí y me siento conforme con ese agregado a la trama.
Y era un fic corto hace ya 6 capítulos, no pensé que tuviera tanta historia para contar, pero aunque no lo creas, estaba desesperada por llegar a este punto y pesé a todo, creo que la historia está bien.
Espero que este Terry te haya convencido, sé que es un personaje de pasiones muy fuertes, sin embargo, también es sensible y ha sufrido mucho, ver a la mujer que ama en brazos de otro, lejos de alterarlo, lo dañó, en esta historia es mi percepción del personaje, necesitaba llevarlo al borde del abismo para que perdiera todo, pues en la película, él renuncia a todo para formarse una carrera lejos de lo que ama.
Miriam7, ya empezó el drama y creo que Terry no salió bien librado de ello, ojalá hayas disfrutado el capítulo.
Alondra, te aseguro que Candy no se casará con Neil, esa nunca ha sido la intención. No sé si fue suficiente castigo para las Marlowe, pero bueno, al parecer Terry pagó un precio muy alto por tantas mentiras a su alrededor.
Gracias por seguir esta historia.
P.D.: Como ya les había dicho con anterioridad mi tiempo para estar sentada con la laptop y ponerme a escribir es muy poco, si acaso serán 2 horas por la noch veces por semana, ahora pienso que fue una pésima idea subir tres historias simultaneas y en base a eso, llegue a la conclusión de que voy a dejar por un tiempo este fic, no se preocupen, no voy a dejarlo inconcluso, pero de todas mis historias es a la que menos recepción y gusto de los lectores le veo, y dado que tengo poco tiempo para escribir, me parece ilógico dedicarle tiempo a una historia que no está gustando. He estado actualizando cada dos semanas, pero ese tiempo se verá duplicado para este fic, me disculpo con las chicas que esperan una continuación y es por respeto a ustedes que no lo dejaré sin final y espero que entiendan mi posición. Pues según las estadísticas de FF la part fueron las menos leídas y eso de alguna manera es decepcionante, por ello he llegado a esta resolución. Faltan 3 capítulos más.
Gracias y nos vemos en el siguiente capítulo.
9 – agos – 2017
Ceshire…
