Bueno chicos y chicas espero que les guste, es mi segundo lemon, pero espero poco a poco ir mejorando, tambien mi meta es subir 2 capitulos por semana, uno el miercoles y otro el sabado.
Recuerdos
La noche estaba completamente oscura, las estrellas y la luna no se observaban en el firmamento, la luna nueva acababa de comenzar, serian 8 noches muy estresante para Inuyasha, Kagome no entendía por que se negaba a pasar esa semana en su época, ahí el estaría mucho más seguro, pero el solo había negado moviendo la cabeza, mientras que le decía que tenía que aprender a protegerla siendo un humano.
Kagome se miró una última vez al espejo, esta noche se pondría el traje de sacerdotisa, ya no era la niña de 15 años, tenía ya 19, había cambiado mucho esos cuatro años, sus poderes de sacerdotisa eran fuertes, pero todavía no lograba controlarlos, cuando entraba en pánico se bloqueaba, tenía que poner toda su concentración en ellos, su cabello seguía igual pues a si siempre le gusto, su rosto ya no era tan redondo dejando de ser infantil a un poco más alargado y su cuerpo, valla que cambio, era más alta sus piernas eran torneadas gracias a todo el ejercicio físico que había hecho esos años en la época antigua, sus pechos crecieron mucho más que los de sango, su cintura se marcó más haciéndola pequeñita y sus caderas y trasero se ensancharon dándole una figura muy delicada y deseable, se sentía feliz, pues ya en nada se parecía a Kikyo ahora Kikyo parecía una niña a su lado, ella había quedado atrapada en ese cuerpo de barro si ningún cambio quedándose en la edad de cuando murió, mientras que Kagome se había desarrollado, tomando el aspecto de una diosa.
Su relación con Inuyasha había cambiado tanto, el todavía no se atrevía a decirle sus verdaderos sentimientos, pero ya no era para nada grosero con ella, la trataba delicadamente, como si fuera a quebrarse, ya no buscaba a Kikyo cuando la sacerdotisa estaba cerca, o se atrevía a llamar al hanyō, él tomaba la mano de Kagome en su garras y se presentaba con ella ante la kikyo de barro, por supuesto que Kagome era feliz, en ciertas ocasiones había sorprendido a Inuyasha observándola y no precisamente como amigos, en los ojos dorados de él se asomaba la llama del deseo, eso la hacía sentirse tan feliz, el, la deseaba como mujer, mas no se atrevía a tocarla, a dar el siguiente paso, tal vez porque al perder su virginidad perdería los poderes de sacerdotisa y no podrían reunir la perla para por fin destruirla.
Tomo su mochila con algunas golosinas para sus amigos, Sango no tardaría de dar a luz y Miroku parecía tan estresado, a cualquier mínimo movimiento que hiciera su esposa, Shippo estaba entrenando duro, es verdad que le dolió dejar al zorrito que fuera a entrenar, él era un hijo para ella.
Inuyasha estaba en medio del bosque, Miroku y Sango estaban con la anciana Kaede, desde que Sango se embarazo no se apartaba de la vieja sacerdotisa, los malestares de embarazo dejaban exhausta a la exterminadora, era gracioso que podría hacerle frente a demonios y seres malignos sin importar sus heridas, pero el embarazo la noqueaba sin poder si quiera oler comida por que las náuseas se presentaban al instante, el monje estaba peor, pues se empeñaba en no separarse de su esposa, no dejarla caminar por miedo a que se cayera, quien diría que el matrimonio lo aplacara, seguía igual de pervertido pero toda esa perversión solo dirigía a su esposa.
En la rama más apartada de ese lugar, se encontraba el príncipe Daiyōkai, vigilando a su medio hermano, esa humana no estaba, no encontraba su olor cerca y eso le inquietaba más, desde ese maldito sueño con la humana.
Flashback
Se sentía tan bien, no podía respirar por la agitación y nuevas sensaciones descubiertas, estando dentro de esa estrecha humana, empezó a mover sus caderas en un vaivén frenético, los grandes pechos de ella subían y bajaban, mientras que pequeños gemidos de placer salían de la pequeña boca de esa Miko, se acercó y la beso, no fue un beso tierno, no, era un beso exigente quería tomar todo de ella, la quería a sus pies, que esos ojos azules solo lo vieran a él, que ella suplicara para que el la volteara a ver, quería ser el primero que disfrutara esa piel tan lechosa, se daba cuenta que con solo presionar con la más mínima fuerza pequeños cardenales aparecían y por una milésima de segundos, su mente voló en imaginar cómo se vería su marca sobre ella.
Fin del flashback
Eso lo despertó sobre saltado, miro para todos lados dando se cuenta. que fue un sueño muy real, pues se encontraba en la habitación de su castillo, el gran ventanal colaba la luz de la luna que descendía a la cama inmensa del Daiyōkai y por primera vez en más de sus 300 años sudo frio por un sueño, la maldijo una y otra vez, como era posible que esa hechicera se metiera en sus sueños, para perturbarlo en tomar aúna human como compañera, y lo que definitivamente lo llevo a tomar la decisión de poseerla para quitársela de la mente fue la reacción que causo en él, pues una dolorosa erección se asomaba entre su hakama, como pudo ser posible que solo un sueño lo excitara de tal forma.
Regreso al presente en el momento que el olor a luz solar y agua limpia que ella emanaba impactara su nariz, sintió su poder espiritual tan fuerte pero se notaba que todavía muy inestable, para ella era mucho poder en un cuerpo humano, se veía tan majestuosa para ser un ser insignificante, su hermano tenia suerte de que una hermosa mujer se enamorara de él, la vio acercarse hasta donde estaba el hibrido y se permitió contemplarla, ese cabello negro azulado tan sedes, ese rostro que rivalizaba con la belleza de un ser sobrenatural, sus senos firmes su cintura tan pequeña y las caderas llenas listas para que ella pariera cachorros.
-llegas tarde Kagome
-lo siento Inuyasha, mi mamá no me dejaba partir hasta que mi mochila atuviera llena de comida, quieres cenar? Traigo ramen
No necesito más que la cara iluminada del hanyō para saber que su respuesta era positiva
Se acercó al fuego y empezó a preparar la cena, bajo las miradas ambarinas una por supuesto bien oculta, le entrego el bowl lleno de fideos humeante, se sentaron a cenar. Pero el por ahora humano estaba nervioso, esta noche se le declararía a Kagome, le pediría que se casaran, que ella se convirtiera en su compañera.
-Kagome…. Yo
Nunca en toda su longeva vida se había sentido tan nervioso, como en ese momento, por el amor de los dioses, se había enfrentado a enemigos mortales, había luchado con heridas de gravedad y con solo estas palabras sentía sus piernas flaquear.
Sesshomaru podía oler el nerviosismo de su medio hermano algo muy raro en él y su pulso acelerando una conducta muy extraña, hasta que el sonido muy breve pero claro lo hiso ponerse alerta, solo unos segundos bastaron para que el olor a sangre se esparciera en el aire y el grito de angustia cruzar la noche.
