Despertó de golpe, sintiendo toda la carga emocional, ¿que había hecho? Se había entregado a un hombre que no amaba, al medio hermano de la persona, que ella amaba, ¿pero por qué?. Cuando lo vio entrar en la tienda todos sus sentidos se alteraron, cuando sintió el aroma masculino, en un momento sin darse cuenta ya se encontraba entre los brazos de él y lo beso, en ese momento tan efímero y eterno a la vez. Todo se fue al caño, lo deseó y lo disfrutó. Una pequeña parte de su cerebro sabía que estaba haciendo mal, pero se sentía tan bien, él fue tan pasional y ella deseaba todo de él, se dejó hacer y deshacer, ahora ella se sentía miserable, con qué cara iba a ver a Inuyasha a los ojos, el nunca se lo perdonaría.

-despertaste mujer.

Él estaba parado, solo cubierto con la parte inferior de su yukata, su torso perfecto y esas líneas que cubrían todo su cuerpo, ella las había recorrido y tocado hace un par de horas.

-Yo…

Su voz se quebró y lloro, lloro lagrimas amargas, pues el arrepentimiento la golpeo limpiamente, su cuerpo estaba adolorido, sentía en su entrepierna los rastro de ella y de él confirmando que lo que había pasado entre ellos no era solo un sueño, miro su cuerpo, su hombro ardía, sus ojos se abrieron de par en par cuando vio la marca de la luna sobre ella.

-como ves, me perteneces y no hay marcha atrás, solo por esta vez te permitiré que hables con el Hanyō, para que se entere de que eres la lady del oeste.

Las dos manos de Sesshomaru, estaban convertidas en puños hirientes sobre sus palmas que sangraban gota a gota al suelo, tenía que controlarse y no hacerle daño a ella, se lo debía después de todo, ella lo había escogido a él, esa noche se le entrego, seguía herido por lo que había escuchado de los labios de esa humana, el nombre de su hermano salir mientras que él le hacia el amor, luego cuando despertó la olio, olio su arrepentimiento y su dolor, pero hecho estaba el pacto, ella era suya y de nadie mas.

Salió de la tienda, tenía que concentrarse en sus ejército, esa mañana había llegado mensajero del palacio, Inuyasha seguía inconsciente, pero ya había salido del peligro, se le había puesto cadenas que lo detendrían, repeliendo su poder demoniaco, dentro de dos días su campamento se levantaría y entonces esa mujer tendría que darle la noticia a su medio hermano, de que ahora ella era su cuñada.

Memije, entro a la tienda con comida para la nueva lady, eso le había sorprendido, pero sabía que si su amo había elegido a esa mujer era porque ella era digna, olio el dolor de la Miko pero, no podía compadecerla, lo que su amo pidiera ella se lo conseguiría, y si él quería el amor de ella, Memije se lo conseguiría, el plan era fácil, esa poción no podía dejar olor ni huella, no era una poción de amor era solo de deseó, pero en cuanto mas deseará esa Miko a su amo, más cerca de amaro estaría, sentía la confusión de ella, se había entregado a un hombre que no amaba y no sabía el por qué, su cuerpo lo deseaba, así que Memije pondría la posión en el alimento de ella, en su bebida, en las esencias del baño, haría que esa mujer amara a su amo aunque su vida dependiera de ello.

-pero mírate mi lady tendremos que darte otro baño, parece ser que el amo le hiso pasar una noche muy intensa para ser una simple mortal.

Kagome no decía nada solo se sentía morir, le avergonzaba que esa vieja arpía viera su cuerpo y los estragos de la noche que había pasado con Sesshomaru en la cama, se enrosco cuando la Yōkai se acercó a ella, vergüenza oh miedo no sabía

-tranquila niña, deja que te ordene un baño ya mande a un mensajero a que te trajera ropa digna de la esposa del lord, y las demás sirvientas traerán agua, para que tomes un baño relajante, tu cuerpo empezará a sentirse adolorido y no solo por el hecho de que te apares con el amo, si no por los cambios ahora que estas vinculada, tu cuerpo humano tomara más resistencia poco, a poco.

-yo… no… se… que… me… paso… anoche…, me entregue al medio hermano del hombre que amo, nunca más poder mirarlo a los ojos, no sé si Inuyasha me perdone algún día.

Soltó en llanto Kagome cubriéndose los ojos

-shsh niña tranquila, vele el lado bueno, eres la lady del oeste, el amo Sesshomaru es un demonio muy apuesto, muchas estarán decepcionadas cuando se anuncie que tomo pareja, y cariño si tanto hubieras amado como dices a ese Hanyō, no crees que te hubieras resistido al amo, será mejor que aceptes la consecuencias de tus actos y siéntete agradecida, el lord Sesshomaru es un lord justo jamás te faltara nada material, ni protección, no te debes preocupar, el jamás te engañara, está en la ley de lo Daiyōkai perros, al tomar a una compañera le sereran fiel de por vida, y tu cariño también le serás fiel a él, si llegaras a engañarlo automáticamente es pena de muerte para ti y para tu amante, oh quieres que de por sí ya desprecian a ese pobre mestizó, imagina lo que le harían, no solo una muerte rápida si no una larga tortura.

Entraron las otras tres Yokais para ayudarla a bañar, Memije, rápidamente vacío la poción en el agua eso haría que durante el día ella deseará a su amo, no tan intensamente como, si bebiera de la posion, más tarde se encargaría de cocinar algo especialmente para ella en la noche y que volviera a entregarse al amo.

La vistieron con un hermoso kimono color rosa, con hilos de oro y camelias bordadas en las mangas y cuello, las zapatillas de un color rosa metálico muy cómodas y hermosas a la vez, le recogieron el cabello en un moño medio suelto, que dejaba uno que otro rizo descendiera por su cuello y por ultimo un broche de sakuras, hecha de un jade rosa muy valioso, traído desde la punta más alejada de Japón. Dejaron que los hombros quedaran al descubierto, para que pudiera verse la marca de clan Taisho, a si se sabría que ella es la lady del oeste, la segunda persona con más autoridad en la región.

-lady es usted una mujer hermosa, hablaron al unisonó las tres Yokais, mientras que Memije se sentía complacida por el aspecto de ella, su amo la volvería a tomar esa noche, lo sabía a pesar de que olía su profunda molestia por que la lady no lo amaba como él quería, mas no se negaría a entregarle lo que ella quisiera y gracias a esa poción ella solo lo desearía a él, Cuando por fin la marca este sellada, ella no deseará a otro hombre que no fuera el suyo, gracias a esa posión, era un plus, pues no tendría que estar preocupándose porque ella se arrojara a los brazos de otro macho, con tal de calmar su apetito sexual.

-Tráiganle algo de carne, arroz, fruta, vino, agua, leche dulce con miel, ella tiene que estar fuerte si queremos que la diosa luna nos conceda la bendición de que el amo tenga un primogénito.

Esas palabras retumbaron en Kagome, como volverse a acostar con Sesshomaru, no, no quería, ella quería ver a Inuyasha y explicarle todo, pero que le explicaría, que ahora ella era de su hermano y que no había nada más que hacer, la sola idea de tener un hijo con el lord del oeste le ponía la piel de gallina.

Gano todos lo combates con sus soldados, oh en verdad eran unos buenos para nada oh él era un excepcional guerrero, todo el día ella estuvo presente en su mente, su compañera, tendrá que hacer los preparativos para, la presentación, una mera cuestión política pues la marca era lo que en verdad importaba, y ella ya la tenía, tendría que lidiar con un Inuyasha, ciego de dolor eso el sabia, a pesar de saber que ella lo amaba, se le entrego, esa duda cruzaba su mente, ella nunca pareció ser una mujer de muchos hombres, es más, llego virgen a su cama, Inuyasha no la había marcado como suya, entonces si parecía que ella amaba a su medio hermano, por que se había entregado a él, dudas le quedaban pero había que hacer muchas cosas, si todo marchaba bien, la presentación como su compañera seria la próxima primavera, casi un año pero suficiente para hacerla como se esperaría del gran lord.

Cada paso que daba desviaba las miradas con asombro, en verdad el amo Sesshomaru había elegido una compañera hermosa, digna de la casa de la luna, a pesar de ser humana su poder espiritual era fuerte, los soldados lo sentían, cuando llegaran al palacio ella seria la envidia de muchas Yokais que aspiraban a ser concubinas, amantes de su amo oh la pareja, pero ahora que el la había tomado, ya n tendrían esperanza.

-Sesshomaru…..

Hablo Kagome pero en ese instante guardo silencio, que le pasaba a su cuerpo, ella quería hablar con él, quería explicarle por qué ella no podía ser su compañera, pero en el momento que lo vio su marca empezó a arder, no de una forma molesta ni dolorosa, si no indicando que su compañero estaba tan cerca, la poción empezaba a hacer efecto, sin poder detenerse se acercó a él, tratando de alcanzarlo se puso de puntillas, y él se agacho para escuchar el susurro.

-llévame… a... la … cama..

Los ojos de Sesshomaru se abrieron un poco, la olía estaba excitada, y esas palabras, que no hace rato estaba arrepentida, eso no importaba ahora, él también la deseaba, pero tenía que comportarse delante de sus soldados.

La abrazo, besándola, haciendo que ella se separara de el por la falta de oxígeno,

-regresa a la tienda, mujer, esta noche si tanto me deseas iré a cumplir mis responsabilidades como tu esposo, pero ahorita tengo que encargarme de nuestra gente.

Las mejillas de Kagome estaban sonrojadas y sus ojos abiertos mostrando confusión, mientras que con una mano tocaba sus labios por aquel beso, su mente repetía las palabras que habían salido de ella.

No, porque cada vez que estaba en la presencia, de Sesshomaru pasaba esas cosas, su mente decía que no, pero su cuerpo la traicionaba.

Memije llego corriendo para guiar a su ama a la tienda principal, el solo las observo alejarse, sabía que los soldado podían oler la excitación de su mujer y más la suya, como deseaba a esa humana, esa noche que se le presentara en la tienda la tomaría salvaje, duro y brutal, para que ella recordara quien era su compañero, para que olvidara a su medio hermano y para rogarle a la diosa luna engendrar un heredero.