La aldea estaba en reconstrucción, el ataque del Kyubi fue un evento muy devastador, pero gracias a la intervención de los shinobis de Konoha, el daño fue minimizado. Lamentablemente, varios de esos valientes soldados habían caído y entre ellos, uno de los mas grandes y poderosos ninjas que la aldea pudo tener. Minato Namikaze.

El funeral de todos los caídos fue un día después, cuando ya había sido estabilizado el, lloraron a los caídos y los despidieron con todos los honores. Pero debían seguir con sus vidas.

Una de las novedades que ya se esperaban, era que Hiruzen volvió a tomar el mandato de la aldea.

El único que logro salvarse, fue Bardock, aunque estaba en estado crítico en el hospital de Konoha, había entrado en estado de coma, algunos de sus órganos fueron retirados y reemplazados por otros. Aun así, aquella inmensa herida cerraba a paso lento. Era increíble la fisionomía saiyajin, pues esta herida seria mortal para cualquier shinobi, pero no tanto para los de su raza. Bueno, si lo era, pero era mucho mas resistente, porque un humano moriría en ese momento (siendo Minato la excepción al soportar mas para decirle las palabras de apoyo y amor a su hija)

Gine caminaba por la calles de Konoha, llevaba una niña recién nacida en brazos, estaba tranquila al haber comido antes, a un lado, Rycelo caminaba. Algunas personas solo se inclinaban en respeto y admiración al saber que ella y su esposo, junto a el resto de ninjas, fueron quienes repelieron al zorro. Eso le daba un poco de vergüenza, pues no estaba acostumbrada a ser el centro de atención. Por eso solo reía de forma nerviosa y saludaba.

Aunque había algo que no le agradaba y era las malas miradas que le dirigían a la bebé, sabia que la creían el zorro. Era algo irreal, algo incrédulo, de alguna manera las personas se enteraron de que el zorro estaba conectada con la niña, pero erróneamente creían que ella era el zorro.

Aunque ella ya sabía, que no importa la raza o de que planeta sea origen. El odio y resentimiento siempre inundaba el corazón de las personas.

—Es raro…

—¿Qué pasa Rycelo-chan? —preguntaba curiosa a su hijo.

—Siento energías raras, emociones negativas, feas y con malas intenciones. Es raro—mencionaba el chico, el era sensible a ese tipo de sentimientos—se dirigen hacia nosotros, no, mas bien a Naruko-chan. ¿Qué esta pasando mamá?.

Gine suspiro, su hijo era demasiado perceptivo y eso a veces era un problema. ¿Cómo explicarle a un niño de 4 años la situación?.

—Eso lo entenderás cuando seas mas grande—respondió amable la mujer

El niño no volvió a preguntar, quería hacerlo, pero sentía que su madre no estaba de humor para hablar, así que mejor no insistía para no fatigarla ni molestarla. Quería pasar tiempo con sus tres "hermanos", pero no podía de momento al estar ocupados en la reconstrucción, en caso de Kakashi y Gai. Rin estaba atareada en los casos médicos, pues en este momento estaban tan bajos de personal, que hasta los estudiantes estaban laborando.

Quería ir a jugar, pero debía escoltar a su madre, en especial ahora que de momento, estaba a cargo de la bebé. Gine era capaz de defenderse por si sola, pero Rycelo sentía que su deber de hijo era mantenerlas protegidas. Además de que eso fue lo que le dijo Bardock una vez.

-(0)-

"Recuerda Rycelo, nuestro deber es proteger y querer a nuestras mujeres. Porque las amamos".

"Creí que era porque nos asustaba mamá enojada".

"...Si, también por eso. ¡Pero también es porque las amamos!".

-(0)-

Seriamente Rycelo asentía, su padre tenia razón.

Entro al hospital, iba a visitar a su amiga, que estaba internada. Debía estar con ella en estos momentos tan fuertes y tristes, ella también lo estaba, pues Minato era un gran amigo y dolía mucho su perdida. Debía estar con ella en estos momentos.

Cuando llego, las muestras de respeto hacia ella y su hijo no se hicieron esperar, no así con la bebé que cargaba en sus brazos. Ella solo recibía miradas de miedo y odio.

Estaba aliviada de que Naruko estuviera bajo su cuidado hasta que Kushina saliera del hospital.

No le dio importancia, pues no valían la pena. Subió las escaleras hasta el tercer piso, donde estaba su amiga. Cuando llego a su habitación, solo respiro hondo y toco la puerta. Quien la abrió, fue la castaña Rin.

—Hola Rin-chan—saludo con una sonrisa la pelinegra.

—Hola Gine-san, me alegra que este bien—respondió también con una sonrisa, pero Gine sabía que al igual que ella, solo fingía. Estaba muy afectada por la muerte de su mentor—adelante, pase por favor. A ella le hará bien su visita. Si quiere me quedare con Rycelo-chan

Gine asintió y entro dejando a ambos afuera, ahí en la cama, estaba Kushina, se la veía decaída y melancólica, estaba triste por obvias razones. Sentía que una parte de su mundo estaba destruido, observaba por la ventana, como los aldeanos reconstruían como podían la aldea. Suspiro triste y quería volver a llorar.

En momentos así, recordaba como su esposo la abrazaba y consolaba, le sonreía y le diría con voz suave que todo estaría bien y que pronto todo pasaría y volvería a la normalidad. Lastima que esas palabras no saldrán mas de su boca, porque ahora era el quien se fue y no volverá jamás.

Se sentía sola, aun cuando habían personas que estaban ahí para ella, se sentía sola. Ellos no eran Minato, no eran su esposo, el estaba muerto y enterrado. Le dolió que ni siquiera pudo asistir al funeral, pues había despertado no hace mucho. Solo tenía a su hija como prueba y fruto de su amor.

—Kushina-san, hola. Alguien vino a verte—esa voz la devolvió a la realidad, cuando volteo a ver quien la llamo, supo que era su amiga saiyajin. Sonreía de forma leve y no venia sola.

Ahí estaba ella, su pedacito de cielo que era su única cadena que no la dejaba caer en la locura, aquella que evitaba que tomara la decisión de dejar esta vida y cruzar al otro lado. Debía seguir por ella, era el último regalo de Minato antes de caer.

—Hola Gine-san—sonreía también de forma ligera, pero de forma triste. Aun así, sus ojos brillaron un poco mas al ver a su hija—¡mi bebé!, hola Naruko-chan. ¿Estas bien? —preguntaba cariñosa y maternalmente, mientras sonreía un poco mas y acariciaba una mejilla de su hija.

—Es una bebé muy revoltosa a pesar de ser una recién nacida—mencionaba con un poco de diversión la pelinegra mientras se sentaba en una silla cercana—no he podido dormir tranquila por dos días jeje, es muy enérgica.

—Toda una Uzumaki-Namikaze a decir verdad—mencionaba también un poco divertida la pelirroja, admirando a su hija—¿Cómo vas?, ¿ya lo has asimilado? —preguntaba un poco triste la pelirroja

Gine suspiro, claro que no, todavía no lo había asimilado. Su esposo aun estaba vivo, pero no sabia por cuanto tiempo. En algún momento lo perdería, era un milagro lo que paso con el. Los ninjas médicos lograron salvarle la vida, aun cuando no podían usar chakra medicinal para cerrarle la herida, Bardock era todo un guerrero, incluso estando al borde de la muerte, seguía luchando por vivir. El no era alguien que caería sin pelear.

—Algo, aun no tengo noticias—Gine se rascaba la cabeza un poco frustrada, no tenia idea del estado de su esposo. Pues los médicos lo trataban día y noche, tratando de evitar que muera. Por lo que Gine no ha podido ir a visitarlo—pero, tengo que hacerme a la idea—mencionaba triste la pelinegra.

—"¿Hacerte a la idea?" —preguntaba confundida la pelinegra, hasta que abrió los ojos en sorpresa—Gine-san, no….

—Hay que ser realistas—mencionaba triste pero serena la pelinegra—el no es inmortal o invulnerable o un dios, es un mortal y a todos nos toca en cualquier momento. Debo, debo ser fuerte para las posibilidades.

Kushina sabía que Gine sufría, pero que debía ser fuerte por su hijo. La pelirroja sentía admiración por la pelinegra, así es como ella también estaba actuando por el bien de su hija. Debía ser fuerte por ella.

-(0)-

Por otra sección del hospital, un grupo de médicos suspiraban y salían agotados, el paciente había sufrido de otro paro cardiaco, no sabían como funcionaba el cuerpo de un saiyajin, pero agradecían que sean sumamente resistentes, porque lograron salvarle la vida nuevamente.

Salieron del cuarto, habían tratado al saiyajin por 6 horas seguidas, debían descansar y comer algo.

Cuando no había nadie, una persona salió de las sombras, con la agilidad y sigilo, digno de un shinobi de élite. Se infiltro en la habitación del saiyajin, no sin antes cerciorarse de que nadie la viera. Cerro la puerta despacio.

Cuando volteó, su corazón casi se sale de su pecho. El saiyajin estaba inconsciente, tenia un gran vendaje en su abdomen, pero que sobresalían algunas muestras de costura, al parecer habían hecho una reconstrucción de su abdomen y algunos injertos de piel. Esperaban que cicatrizara correctamente.

Quería llorar, verlo en ese estado tan lamentable le afectaba demasiado. Se acercaba hacia el para verlo mejor, cuando estuvo a un lado de el, tomo una de sus manos y la acariciaba cariñosamente. Sus manos eran callosas pero varoniles, le dolía bastante verlo en ese estado entre la vida y la muerte. ¡Dios!, ¿Cómo Gine podía estar tan tranquila con Bardock en este estado?.

Se quito la capucha y se pudo apreciar a la persona, era Mikoto Uchiha, la esposa de Fugaku.

La pelinegra veía con ojos afligidos al saiyajin inconsciente, se sentía culpable por no haber participado en la lucha y así evitar que le sucediera aquello. Pero estaba ayudando a evacuar a los aldeanos, no podía entrar en batalla.

Pero el verlo mortalmente herido, no le era posible el evitar culparse. Quería llorar y desahogarse ahí mismo, pero no podia, debía ser discreta. Una sola lagrima que cayera en el suelo y fuera encontrada, seria suficiente para dar con ella. Eso la metería en serios e incomodos problemas.

No puedo….¿olvidarte?...¿superarte?….¡no puedo hacerlo! —pensaba afligida la Uchiha, se había prometido olvidar a el esposo de su gran amiga Gine. ¡Pero no podía!, era imposible, Bardock le hizo recordar sensaciones que antes su esposo le transmitía. Fugaku ya no era el mismo esposo de antes, había olvidado como serlo, ahora solo era un líder y ella, solo era la esposa del líder. Amaba a Fugaku, pero lo que mas temía poco a poco se estaba cumpliendo, ese amor se iba desvaneciendo por esa personalidad de su esposo. ¿Qué debía hacer? —talvez….talvez algún dia….¿uh?.

Se altero cuando sintió que numerosas presencias se acercaban, estaba asustada, pues estaba tan ensimismada y concentrada en Bardock, que olvido poner atención en el lugar. Su capitán estaría muy decepcionado, ¡les había enseñado a nunca bajar la guardia!.

No tenia tiempo, no podía escapar. Así que solo podía esconderse y rogar que no la descubrieran, se adentro a las sombras y espero a que todos llegaran.

Pero se llevo una desagradable sorpresa.

—Debemos hacer esto, ¡rápido!.

No habían entrado ninjas medico, sino un grupo de cinco shinobis, anbus al parecer. Pero algo que la hizo fruncir el ceño, era que no eran de un tipo conocido. No tenían mascaras animales, eran totalmente llanas, ella nunca había visto este tipo de anbus. Algo no andaba bien aquí.

Y lo siguiente se lo confirmo.

—Bien, es momento de actuar. Ahora que este simio molesto esta indefenso—el que parecía ser el líder, ordenaba y en segundos, el resto de anbus empezaban a escudriñar en las cosas. El líder estaba enfocado en tratar de sacar al saiyajin de forma segura y sin ser detectados—debemos hacer esto rápido.

—¡Hai!—exclamaron los shinobis obedeciendo.

Según ellos, el plan iba como lo planeado, la taza de éxito era clara. Pero ellos no contaban con algo, una furiosa mujer oculta, había sacado sus conclusiones con solo escuchar las pocas palabras del líder.

Raiz….ese infeliz de Danzo.

Las molestias empezaban a acumularse en sus adentros, por lo que decidió que lo siguiente seria lo apropiado.

—Simio asqueroso, serás útil a donde te llevaremos—decía con repulsión el líder al saiyajin.

Eso fue todo lo que pudo soportar Mikoto, que desenvaino un Tanto. Este día se iba a derramar sangre.

Y ella lo disfrutaria.

*Momentos despues…..*

Los médicos volvieron después de su receso, sonreían satisfechos, estaban relajados y llenos, tuvieron una muy buena comida y una satisfactoria siesta. Ahora debían volver al trabajo, ese saiyajin no iba a recuperarse solo.

Cuando abrieron la puerta…..

—Buenas tardes Bardock-sama.

Todo estaba normal, tal cual lo habían dejado antes de partir a su descanso, el saiyajin seguía inconsciente, esperaban que despertara para que la aldea se volviera a sentir segura. Pues era algo muy conocido y admitido, que a pesar de ser solo dos (Rycelo aun era muy niño), los Bardock eran una poderosa línea de defensa.

Lamentablemente no mostraba signos de mejora, pero tampoco de empeoraba, seguía de medio a medio.

—¿Uh?—preguntaba uno de los médicos confundido, pues encontró algo que no había notado antes en el lugar—¿esta mascara es de alguien? —preguntaba confundido al ver aquella mascara blanca sin marca alguna.

Todos negaron igual de confundidos.

-(0)-

Rycelo estaba algo aburrido en el parque, pues aunque había muchos mas niños ahí, el no quería jugar, quería entrenar. Los niños eran puestos ahí mientras los adultos trabajaban en la reconstrucción de ciertas partes en la aldea.

Era bueno, pero estaba aburrido, el no era como los demás niños, esta bien, le gustaba divertirse algunas veces con ellos, pero lo que mas disfrutaba, era entrenar y volverse mas fuerte. Podría jugar después, ahora quería entrenar, estaba tentado a salir corriendo al bosque para volver a competir con los lobos, pero lastimosamente no podía hacerlo, sin decepcionar a alguien que ella quería mucho.

—Ya llegue, Rycelo-chan

Rin, la castaña llegaba sonriente con un par de helados, la chica había usado su tiempo de receso para llevarse a Rycelo al parque, para que se distraiga un rato y tomar un helado.

Rycelo no quería herirla, no mas de lo que ya estaba, pues a pesar de que su tono de voz denotaba normalidad, su chakra era todo lo contrario. Estaba triste, devastada, la perdida de uno de sus senseis fue un duro golpe para ella. Nació sin padres, en un orfanato, perdió a muchas personas queridas que siguieron el camino shinobi, ahora se le sumaba el deceso de Minato.

Era demasiado para alguien como ella y sabia que para Gai y Kakashi era igual, todos tres habían perdido a personas muy especiales a ellos. Rycelo sabía que sufrían y por eso debía volverse fuerte.

—Gracias Rin-nee—el niño ciego sonrió y le dio una lamida—¡hiii!, ¡menta!, me encanta la menta.

—Jaja, lo se. Pero sigo pensando que la vainilla sabe mucho mejor—respondía divertida la castaña

Ambos comían en silencio y era algo incomodo para Rycelo, pues normalmente hablaban y hablaban animadamente, hasta que terminaba el día. Ahora el estado de animo de ella estaba muy bajo y eso no le agradaba.

Esta bien, que el también estaba muy dolido por la perdida de su querido tío y admitía que quería llorar a cantaros, pero no podía hacerlo, no quería decepcionar al rubio que lo observaba desde el cielo. A temprana edad el supo que habían momentos para llorar, pero por ahora, no era tiempo, eso podrá ser después. De momento no quería llorar, a su tío Minato lo conocía como el segundo hombre mas valiente, porque jamás sintió temor bajo ninguna circunstancia o lloro por algo. El y su padre, eran hombres fuertes, poderosos, que no se amedrentaban bajo ninguna circunstancia o momento. El debía seguir el ejemplo de ambos, ser un shinobi/guerrero valiente y digno de ser ambos.

No se preocupaba por su padre, porque sabia que el era muy fuerte, en cualquier momento despertaría como si nada y lo primero que haría seria entrenar y comer.

—Rin-nee, dime. ¿Estarías triste si yo muriera?.

Ante esas palabras, el rostro de Rin se tiño de azul en terror, hasta soltó su helado. ¿Cómo un niño podía preguntar eso?.

—Rycelo-chan!, ¿Por qué preguntas eso? —pregunto alterada.

El niño no respondió, solo "veía" su helado, era de vasito y por eso no se embarraba al derretirse. Estaba pensativo y triste por la situación, no sabía que pensar ahora. Alguien muy preciado para el había muerto y eso afecto mucho a todos.

¿Qué sentirían si el llegara a morir en acción cuando se volviera shinobi?.

—Yo, preferiría que me odiaras….

Esas palabras estaban afectando mucho a la castaña, ¿Por qué Rycelo estaba diciéndole cosas tan frías e hirientes?. ¿Acaso lo había molestado de alguna forma?, no entendía que pasaba, esas palabras tan feas no debería salir de la boca de un niño tan bueno como lo era Rycelo.

—Rycelo!, ¿Por qué dices esas cosas tan feas? —preguntaba ahora seria y molesta, por primera vez en su vida le hablaba con dureza al pelinegro, pero aun cuando le doliera, debía hacerlo.

Aun así, el niño no cambio de su actitud.

—Yo seré shinobi, ¿recuerdas?.

—Si, ¿Por qué lo preguntas? —el tono de voz aun era serio en ella.

—La vida de un shinobi es corta, bueno, hay excepciones en donde algunos pueden jubilarse y tener una vida normal—eso lo sabia al ser su padre quien siendo como es, le mostro desde joven, lo dura y difícil que era la vida—Rin-nee, lo mas probable es que yo muera en combate.

—Basta…ya no hables…—pedía la castaña en voz baja.

—Es la verdad y lo sabes—respondía tranquilo el niño—es una realidad innegable

—Detente!, no sigas! —pedía ahora un poco mas alto, pero se podía distinguir un sollozo en el.

—Prefiero que me odies, a que sufras si un día llego a morir—decía melancólico—piensas que lo ocultas bien, pero se que te duele mucho la perdida del tío Minato, así como la de Obito-nee y el estado de oto-san. Por eso, quiero evitarte ese dolor, si puedes hacerme ese favor Rin-nee, hazlo. Ódiame por favor, así no sufrirás si algún día llego a part….

¡PAF!

Rycelo abrio sus ojos en sorpresa y un poco adolorido, su cabeza había sido virada un poco al ser abofeteada su mejilla. Rin estaba muy enojada, pero lloraba, ese pedido por parte de Rycelo le había dolido demasiado. ¿Cómo podía pensar eso?.

—¡No digas tonterías Rycelo! —exclamaba molesta la castaña, aun cuando no quisieran creerlo, esa bofetada le dolió mas a ella que a Rycelo mismo. Jamás creyó que un día le alzaría la mano a su persona mas importante—¿Cómo voy a odiarte?, ¡eres la persona que mas quiero!, se como te sientes y yo lo siento por ocultarlo, ¡pero no puedes pedirme eso! —se tranquilizaba la castaña y observo a un cabizbajo pelinegro—no puedo odiarte Rycelo-chan, eres muy importante para mi. ¿Entiendes eso?.

—Si, lo se. En verdad lo se—el pelinegro alzaba la mirada afligido, estaba un poco decaído a decir verdad—pero mira como quedaste tras la muerte de todos ellos, estas triste, deprimida, desanimada. Yo no quiero ser el causante de esas cosas si llego a caer en batalla.

Rin respiraba con normalidad, sentándose a un lado del niño, entendiendo sus sentimientos. Pero aun cuando fuera el quien lo pidiera y sus intenciones eran buenas, no podía hacerlo. Lo quería mucho.

—Así es la vida Rycelo-chan, es algo inevitable, algunas veces justa, otras injusta. Te quita y te da—empezaba a explicar la castaña observando el firmamento—pero no queda otra que vivirla, pero podemos hacerlo a nuestro modo. Sufriremos, reiremos, lloraremos, seremos felices, tristes. Solo podemos vivir Rycelo-chan. No puedo odiarte aun cuando seas tu quien me lo pida.

Rycelo suspiro cansado y derrotado, por mas que tratara de convencerla, no iba a lograr nada. Por eso mejor se puso otra meta en mente.

—Bien, no me queda de otra. Ya que no quieres odiarme—decía determinado volteando a "ver" a la confundida chica—deberé volverme fuerte, ¡el mas fuerte del mundo! —exclamaba parándose en la banca, sorprendiendo a Rin por ese arrebato—así nadie podrá eliminarme y así no vas a sufrir—señalo a la castaña con su dedo mientras sonreía.

Rin primero pestañeaba repetidas veces por esa declaración del pequeño saiyajin, pero segundos después, esbozo una sonrisa cálida, enternecida y aliviada.

—¿Por qué no pensaste en eso antes, tonto? —preguntaba sonriente pero limpiándose las lagrimas con un brazo—te hubieras ahorrado la bofetada.

—Jeje, si, creo que debí pensar mejor en eso jeje—se rascaba la nuca riendo nervioso el saiyajin.

Mientras esos dos seguian en lo suyo, no se percataban (o eso creian) que desde las sombras, unas figuras los vigilaban. Eran esos anbu especiales, los esbirros de Danzo, observaban tranquilamente. Esperando que dieran un solo paso en falso, el plan era aprovechar todo el caos del ataque anterior y obtener al primogenito Bardock.

Raíz iba a moldearlo como debe ser, un shinobi es un arma viviente. Rycelo debía seguir las ordenes de Danzo por la grandeza de Konoha.

La calle ahora estaba vacia, no habia muchas personas, donde estaban era un distrito no tan afectado por el ataque. Asi que rl resto de personas y shinobis estaban en otros lados de la aldea que mas necesiten ayuda. Los Anbu Ne veian que era una gran oportunidad, era el momento adecudado para apoderarse de ese mocoso tan poderoso. Empuñaron silenciosamente sus kunais y estaban por entrar en acción.

Solo que no recordaron algo muy importante...

—¡Ahora!—ordeno quien parecia ser el líder.

Nunca se metan con los seres queridos de un saiyajin.

—¡Haaaa!.

¡Foooosh!.

Rycelo habia reaccionado a tiempo y se despego de la castaña, para luego abrir la boca y soltar un poderoso ataque energético. Fue tan fuerte que desintegro al líder y a cinco anbus ne de un solo golpe.

Los ingenuos se confiaron, creyeron que por ser ciego y solo un niño, seria algo facil el capturarlo. Rycelo los había sentido hacia mucho tiempo, sus hostiles y repugnantes chakras eran muy notorios para el. Por eso, acatando los consejos de su padre, mejor espero a ver si tenian intenciones hostiles o solo los estaban vigilando. Al final fue lo primero y por eso actuó.

Rin se sorprendió por el actuar del infante pelinegro, pero su sorpresa se elevo aun mas, cuando vio las cenizas de esos desconocidos anbus, caer al suelo. Ahi entendio lo que pasaba, por lo que rápidamente se levanto de la silla con el pelinegro en brazos, el cual seguia serio.

El resto de los Anbu descendian al suelo, encarando a ambos. Rin fruncio el ceño molesta y con un poco de temor, queria mantener a salvo al hijo de sus maestros.

—Entrega al niño...—ordenaba uno de los anbu.

—Ni lo sueñen—respondía la castaña seria—dejenlo en paz.

—No es una opción, las ordenes son llevar a este niño. Te mataremos al no cooperar—respondió otro de los anbu sacando un kunai—¡ahora!.

Se lanzaron hacia ambos, Rin estaba espantada y la boca de Rycelo empezaba a brillar nuevamente.

Pero no fue necesario que volviera a atacar.

¡Braaaaam!.

Un meteoro cayo velozmente, aplastando a aquellos infames, creando una cortina de polvo y escombros voladores. Los dos estaban asombrados por lo repentino, incluso Rycelo canceló su próximo ataque.

Cuando se discipo el polvo, Rin veia asombrada quienes habian llegado. Rycelo sonreia al reconocer las firmas energéticas.

—¿Gine-sensei?, ¿Mikoto-sama?—decia la asombrada castaña.

Asi es, ambas pelinegras, matriarcas de sus respectivas familias, habían llegado al lugar.

—Que suerte la de encontrarte cerca—decia Gine mientras veia seriamente a los anbus bajo sus pies—malditos bastardos, ¿como se atreven a meterse con mi hijo?.

—Si, mucha suerte—respondia seria mientras tenia unos hilos rodeados en los anbu ne—bastardos, los del hospital no eran los únicos—pensaba molesta la bella pelinegra.

La castaña suspiro aliviada, la verdad era que dudaba acerca de poder siquiera, ser una distracción contra aquellos anbu. Ella ya no era mas una shinobi, era una civil y futura doctora. De acuerdo, era mas fuerte de lo normal a pesar de tener dañada su red de chakra, pero eso no la volvia mas fuerte que un ninja de rango anbu.

Debia dar gracias a Kami por darle otro dia mas de vida, lo curioso era que en ambas ocasiones, fue la propia Gine quien la salvo en ambas ocasiones.

—¿Estan bien?—preguntaba preocupada la esposa de Bardock. Salia del cráter junto a Mikoto, la cual dejaba a los anbu amarrados con esos cables.

—Si, lo estamos mamá—respondia el infante pelinegro, pero en eso su mirada cambio a una de confusión—¿se desvanecieron?.

—¿Que dices, Rycelo-chan?—preguntaba curiosa la matriarca Uchiha.

—Ay no puede ser—decia la matriarca Bardock con una mano al rostro.

Todos se llevaron una desagradable sorpresa al ver nuevamente el cráter, estaba vacio, sin ninguna evidencia de que anbus ne hubieran estado ahi. Los demas no esperaban aquello, pero Gine si, despues de todo, no era la primera vez que ella y su esposo trataban con esa raíz podrida.

Mas parecían fantasmas que alguna especie de raiz.

—¿Que sucedio?—preguntaba confundida Mikoto.

—Las explicaciones, puede que Hiruzen-sama te explique—respondia Gine ya resignada a la perdida de esos anbu—en fin, vamos a casa chicos—ambos asentian y luego la pelinegra volteo a ver a la Uchiha—¿nos acompañas Mikoto?, hare un poco de te.

—Claro, ¿por que no?. Gracias por invitarme—aceptaba con una ligera sonrisa la Uchiha.

Asi todos se dirigían a la residencia Bardock.

-(0)-

Habian pasado algunas horas, pero el ambiente aun seguia tenso y pesado, pues las personas aun estaban muy afectadas por el dia del ataque. El temor aun estaba presente en la aldea, pues los habitantes estaban al tanto de la condición de Naruko y en su error, pensaban que ella era el Kyubi y no su contenedor.

Gine ahora estaba en su hogar, con su familia e invitadas. Pero eso no era lo que venimos a ver.

En uno de los rincones mas profundos, ocultos y oscuros de Konoha, se encontraba una persona, sentada en lo que parecia ser un trono. El lugar era lujubre y oscuro, solo la luz de las antorchas en las paredes, medio iluminaban el lugar.

Tambien había humedad, mucha a decir verdad, pues hasta unos cuantos charcos de agua rodeaban el lugar y unas goteras caian de algunos tubos. El tipo no estaba solo, frente a el estaban varios ninjas anbu estaban frente a el, inclinados y con sus identidades ocultas con sus mascaras y capuchas. Estaba tranquilo, pero bastante estresado al no haber logrado ninguno de sus objetivos este dia.

—Hoy no logramos nada, ni uno de esos Bardock estan en mis manos. Solo fracaso—mencionaba Danzo, quien era el que estaba sentado en el trono—maldita sea, incluso en muy precarias condiciones, son demasiado poderosos e intocables. Repitanme sus informes.

Un anbu se levanto de forma robotica.

—Fuimos emboscados por una persona desconocida cuando tratamos de obtener al líder Bardock—informaba demasiado tranquilo, como si no fuera humano—era demasiado fuerte, pudo con todos nosotros. No pudimos obtener nada.

—¿No pudieron ver su identidad o algo que deje indicios de quien era?—preguntaba Danzo, estaba demasiado tenso.

—Nada Danzo-sama, era un shinobi muy poderoso y cuidadoso. No dejo nada que mostrara su identidad—terminaba su informe y volvía a arrodillarse.

—Ustedes tambien—ordeno la momia señalando al otro grupo.

El líder de escuadron se levanto.

—Tratamos de obtener al niño Rycelo—comenzaba a informar a su líder—pero algunos fuimos erradicados por el própio niño y el resto, por la esposa de Bardock y la de Fugaku Uchiha.

Danzo azotó su puño en el posabrazo de su trono, apretando los dientes y puños en ira, nada le salia como queria. Todo habia fallado y no obtuvo nada, todo este daño y caos no fueron suficientes para obtener algo de los Bardock.

Solo quedaba esperar a tener a la hija de Minato en sus manos, la jinchuriki del zorro demoniaco, tambien podría ser una arma perfecta. Era conocido, que los contenedores de los biju no tenian una vida facil. Eran odiados, despreciados y alejados de los demas. Siempre cayendo en el odio y oscuridad, volviendose armas perfectas de sus aldeas. Por eso el fue quien esparcio los rumores de que ella era el zorro, para que asi creciera con todos esos sentimientos negativos. Volviendola vulnerable y manipulable mentalmente, asi podrían usarla en el futuro como el arma perfecta de Konoha. Una que ni los Bardock lograran parar.

Aunque...

Recordo uno de los tantos informes que sus anbus le habían mandado, cuando espiaban la lucha de los Bardock y los padres de Naruko contra el Kyubi. Uno de los anbu, para suerte de Danzo, había quedado atrapado dentro del domo de diamantina que Kushina creo. El vio toda la sangrienta batalla, hasta cuando ambos varones fueron atravezados por la garra del zorro demoniaco.

Pero no todo quedo ahi.

Lo vio, con sus propios ojos, vio la magnificencia del verdadero poder de los Bardock. Aquella transformación dorada, cuyo poder era tan inmenso que logro superar al Kyubi, de un segundo a otro pudo derrotar al zorro con solo dos golpes. Logrando ser dividido y sellado.

Ese poder, era inmenso, magnifico y sublime. Cuando Danzo leyo el informe, quedo extasiado, ese poder debía ser de el. Las posibilidades eran inmensas, Konoha se elevaria por sobre las demas con todo ese poder. Debia obtenerlo, solo en sus manos podría usarlo de la forma sabia y correcta. Solo con raiz el mundo llegaria a la verdadera paz y tranquilidad.

Por eso lanzo aquellos atentados contra el moribundo Bardock y el pequeño Rycelo, porque uno era incapaz de protegerse al estar casi muerto y el otro solo era un niño indefenso, que no daria lucha o problemas, admitía que se equivoco al creerlo, pues algunos de sus ne fueron desintegrados con solo un ataque de ese niño. Querian a Bardock para analizar su cuerpo y asi descifrar el origen de sus poderes y a Rycelo, porque lo mas probable era que el pequeño heredara todos sus poderes. Seria un Ne perfecto en sus filos. A Gine no le haria nada, pues ella estaba sana y sin problemas lograria diezmar a los Ne que enviara contra ella.

Debia aprovechar a los dos debiles.

Debe haber alguna forma, de alguna manera podría conseguirlo. Ese poder debe ser mio—pensaba ansioso Danzo, tenso y estresado por no obtenerlos. Tanto poder en frente de el y no podía obtenerlo. Un poder para doblegar a un Biju con tanta finalidad.

Ahora seria mas dificil el obtenerlos, pues apostaba que ahora le informarian a Hiruzen y este tomaria cartas en el asunto. Volviendo aun mas dificil el obtener a los saiyajin.

—¿Cuales son las ordenes señor?—preguntaba uno de los tantos Ne que estaban ahi.

Danzo solo suspiro para tranquilizarse.

—Solo vigilaremos de momento—ordenaba la momia seria y firme—nuestra prioridad ahora es mantenerlos controlados, esas bestias demostraron que pueden llegar a ser un inmenso peligro para la aldea. Debemos controlarlos.

—¡Hai, Danzo-sama!.

Sus subditos no lo cuestionaron, eran demasiado leales como para hacerlo, fueron entrenados para ello despues de todo. Luego de eso, se disiparon y dejaron solo al líder. El cual quedaba solo pensativo.

Obtendria de una forma u otra esos desconocidos y asombrosos poderes.

-(0)-

No estaba seguro de lo que ocurria, pero si tenia una idea al recordar y saber lo que sucedio. No podía hacer nada, solo el quedarse ahi relajado, acostado en ese extraño pasto violeta y cielo rojo y negro. Con un brote en su boca y usando sus brazos como almohadas.

Queria volver, ansiaba volver, pero no sabia como hacerlo. Estaba solo, hasta que alguien le hablo.

Oye, ¿cuanto tiempo piensas seguir dormido?.

—Bueno, no se si te has dado cuenta, pero estoy casi de este lado...

Es verdad, estas en un grave predicamento. Solo podemos esperar a que te recuperes o mueras.

—Tus palabras no son muy alentadoras—Bardock se sentaba en el pasto, viendo con desinteres al ser que había aparecido—¿deseas algo de mi, Kai?.

Aquel que había aparecido, era el dios creador del universo 11. Caminaba tranquilo hacia el saiyajin, con un porte elegante y sus brazos tras la espalda.

—Solo vengo a visitarte—respondía tranquilo ya a un lado de el saiyajin y luego observaba el cielo y puso un gesto complicado—el limbo es un lugar tan deprimente como siempre.

—¿Que esperabas?, es un sitio para las almas de las cuales no se sabe sus destinos—respondia tranquilo el saiyajin observando las almas de quienes estaban ahi. No tenian halo porque aun no estaba escrito sus destinos—yo solo espero volver a la vida, no puedo quedarme aqui.

—Esto causa un ligero problema en lo que se planeo—mencionaba Kai preocupado por la situación—se supone que debes vivir, la profecía aun no se cumple. Ademas de que despertaste tu verdadero poder.

—Ah si, sobre ello. ¿Era el super saiyajin?—preguntaba curioso el pelinegro a la deidad.

—Creo que tu sabes la respuesta a aquello—respondia divertido y el saiyajin solo bufo molesto—es un poder muy grande, creo que eso para ti es suficiente, ¿no?.

Bardock solo dejo escapar un suspiro.

—Bueno, no importa. Me basta con que me sirva—respondia ya sin importarle mucho aquello—es un poder increible—mencionaba observando su mano.

—Debo admitir que si, es un poder increible—admitía el dios, el podia ver aquel resplandor dorado al rededor del saiyajin a pesar de que este no lo hubiera activado. Bardock había desbloqueado parte de su poder verdadero en su lecho de muerte—no se compara a un dios, pero es muy aceptable.

—Je, hasta los dioses pecan de arrogancia.

—¿Crees tener derecho de decir aquello?—preguntaba divertido el dios, dejando callado al saiyajin—me lo imagine.

Quedaron en silencio tras aquella extraña plática, observaban como algunas almas cruzaban al otro lado y luego se decidia el destino. Mientras que otras se desvanecían, dejando en claro que volvieron a la vida.

Bardock esperaba que tuviera la fortuna de ser parte del segundo grupo, queria volver a la vida con su familia. Ademas de querer explorar el poder del super saiyajin y volverse mas fuerte.

—Espero en serio sobrevivas Bardock, eres divertido.

—Me halaga saber que mi vida te divierte—mencionaba despreocupado el saiyajin—aunque, yo tambien lo deseo.

—Bueno, debo retirarme. Haznos a todos un favor y revive.

Tras esas palabras, el dios desaparecio tras una estela de luz.

—Como si esa fuera mi decisión.

El saiyajin volvió a acostarse en el pasto, manteniendo la esperanza de salvarse y asi volver. Queria ver a su familia y a los demas, pero por sobre todo, queria algo mas. El queria venganza contra aquel que causo todo esto.

Sin duda alguna despedazaria al imbecil que provoco las muertes de Minato y todos los demas. ¿Se creia malo?, el le mostraria lo que es ser malo de verdad.

Aunque tenia una pena encima que no le diria a nadie. Por alguna razón, no vio a Minato por ultima vez.

-(0)-

Nuevamente Rycelo estaba solo, pero esta vez cerca de su casa, asi su madre y Rin podrian auxiliarlo si llegara a haber otro complot en su contra. Las tres mujeres estaban pasandola bien en su reunión, mientras que el se aburria afuera. No había como entretenerse, pues Kakashi y Gai estaban muy ocupados en algo importante y eso era, ayudar a reconstruir la aldea.

Queria entretenerse un poco, por eso queria que estuvieran aqui esos dos. Porque aun cuando le patearan el trasero, era muy entretenido y divertido el pelear. Era un guerrero y la lucha estaba en su sangre.

Dio un pequeño bostezo, pero aun asi su aburrimiento no cesaba. Incluso trato de distraerse haciendo equilibrio juntando rocas de varios tamaños, estando el en la cima. Fue entretenido por un tiempo, pero al final no fue suficiente, entre sus dedos circulaba una pequeña rama seca, girando a una buena velocidad. Solo se levanto y se estiro nuevamente.

—Ay que aburrido estoy—mencionaba el niño decaido—quisiera que pasara algo interesante, me muero del aburrimiento. Un combate ligero seria suficiente.

—¿En serio eso basta?.

Rycelo se asombro cuando escucho aquella voz, pues no habia sentido su presencia, pero no se alarmo al reconocer quien era. O mejor dicho, quienes eran.

Un pelinegro de unos 11 años, cabello y ojos negros, con ligeras lineas pasando por sus ojos. Una camisa gris oscura y de cuello alto, ademas de unos pantalones azules largos hasta las pantorrillas. En sus brazos cargaba a un bebé enrrollado en una manta.

—Itachi-san—el pequeño Rycelo se acercaba con una ligera sonrisa, aunque se sorprendio al sentir un diminuto chakra en los brazos de el—¿ese es tu hermano menor?.

—Asi es, su nombre es Sasuke—respondia tranquilo y presentandolo al pequeño saiyajin, el cual divertido le hundia ligeramente un dedo en su mejilla. El bebé estaba tranquilo—que raro, normalmente no se deja tocar facilmente.

—¿En serio?—preguntaba curioso Rycelo.

—Si, ni siquiera a Izumi la deja tocarlo—respondia un poco sorprendido el Uchiha—pero veo que le agradas.

—Ja, que bueno—respondia el pequeño saiyajin—por cierto, ¿a que han venido?.

—Mamá me dijo que le traiga a Sasuke—respondio el pelinegro tranquilo—fue un poco dificil llegar, el camino que construyeron para el paso de personas es util. Aunque siguen habiendo algunos animales salvajes que se colan.

—Jaja, lo siento por eso—se reia mientras se rascaba la nuca apenado—de esos a veces me encargo yo, pero son muy tercos.

—Son animales despues de todo—respondia Itachi con calma y tranquilidad—bueno, ¿mamá esta aqui?.

—Si, esta adentro—señalo a su casa—puedes entrar con confianza.

—Gracias—el Uchiha agradecio con una ligera sonrisa y se encaminaba hacia la casa—luego podemos tener ese combate amistoso que deseas—respondio el muchacho volteando a verlo.

—¡Claro que si!—exclamaba emocionado el infante.

Asi el Uchiha entro a la casa, siendo recibido amablemente por la feminas de la casa, la matriarca Uchiha tomo a su bebé en brazos de forma cariñosa y maternal. Itachi quedo dentro de la casa a pedido de las mujeres, pues pronto estaria la cena y querian saber sobre sus avances como shinobi. Eso lo apenaba un poco.

Mientras afuera, Rycelo se estiraba y hacia calentamientos. Pronto se le quitaria el aburrimiento.