—¡Gaaagh!
Un anbu o eso parecía, moría lentamente, pues tenía un puño atravesándole el pecho hasta la espalda, la sangre de su boca caía por la parte inferior de la máscara. No tenía salvación alguna.
¡Crack!
El sujeto retiro de golpe su brazo, haciendo que un geiser de sangre brotara del pecho de ese anbu, el cuál cayo muerto de espalda al suelo. Creando un charco de sangre. Observo de lado a lado sin importarle la situación.
Era rodeado por un gran número de cuerpos de shinobis de la hoja, todos muertos en batalla al parecer. El sujeto chisto molesto por eso, pues acabo con varios compañeros ninja, todo por su irracional rencor contra alguien que no se lo merece. Pero el odio volvía idiotas a las personas.
—Idiotas, no debieron intentar esta estupidez. Sabían que no me dejarían opción—era Bardock quien seriamente le hablaba a los cuerpos, sus manos y armadura, tenia algunas manchas de sangre. El los había asesinado al no dejarles opción.
Ya habían pasado algunos meses, milagrosamente había sanado por completo y de forma perfecta, siendo sincero, se podría decir que es gracias a Minato que se salvo en realidad. Pues de el sacaron los órganos que a Bardock le faltaban por los daños, milagrosamente eran compatibles y se los trasplantaron, era casi una ironía de la vida que a pesar de haber sido ser atravesados por el abdomen por igual, hallan sido dañados diferente por dentro. Pues Minato no fue afectado en algunos órganos.
Cuando despertó, fue la alegría absoluta para su esposa e hijo, además de algunos amigos y conocidos, como el sandaime y los miembros de su antiguo escuadrón. Kushina también estaba contenta por ello, pero también estaba un poco triste y envidiosa. Pues ella quedo viuda mientras que Gine aun mantiene a su esposo
Quisiera haber podido correr con esa suerte.
—¿Ya podemos salir?.
—Si, ya no hay peligro. Salgan.
Gine abría una puerta, sacando un poco la cabeza y mirando hacia todos lados, para asegurarse de que su esposo estaba en lo correcto. Suspiro aliviada al confirmarlo, así que salió. Pero no estaba sola.
Kushina estaba ahí también, un poco herida, pero abrazaba con fuerza un bulto de tela, era su hija la cual dormía plácidamente, sin enterarse del peligro que había corrido. La pelirroja sonrió al verla dormir tan tranquila, le enternecía verla tan tranquila. Su hija era una tierna bendición.
Ojalá los demás pudieran verla de igual forma.
—G-Gracias por salvarnos—agradecía la pelirroja sentándose cansada.
—Estamos aliviados de llegar a tiempo—respondía aliviada la pelinegra, también sentándose en el pasto. Estaba un poco tranquila al sentir que ya no había peligro.
—Que montón de idiotas—replicaba Bardock cruzándose de brazos y viendo seriamente los cuerpos—conociendo las leyes se atrevieron a atacarlas.
El odio era un factor que siempre acompañaba en la naturaleza humana, así como los demás sentimientos y emociones. Peor aun, los negativos se intensificaban mucho mas en el podrido mundo shinobi. El ataque que recibió Kushina esta noche lo demostraba.
El odio irracional hacia una inocente infante, que no tenía idea del porque caía sobre ella tanto odio y hostilidad. Llevo a los Bardock a salir en busca y rescate de las Uzumaki.
Solo habían salido a pasear para que la bebé tuviera un poco de aire, solo tomo unos minutos para que fueran perseguidas y rodeadas por shinobis furiosos, que no les importaba que Kushina era la esposa del difunto yondaime, ellos solo querían algo y lo conseguirían a como de lugar. Venganza.
Sin importar la ley marcial que impuso el sandaime, sobre hablar o atentar sobre la vida de las Uzumaki, a ellos no les importaba nada de eso. Solo querían eliminar al monstruo que había destruido parte de la aldea y asesinado a varios de los residentes. Era justicia según ellos.
Por suerte los Bardock sintieron como el chakra de la pelirroja fluctuaba y descendía, eso les dio la alerta adecuada. Dejaron a Rycelo al cuidado de los dos chicos y salieron volando a toda velocidad, alarmándolos aun mas cuando sintió varios chakras rodeándola con intenciones muy hostiles. Ni bien llegaron y acabaron con todos.
Minutos después, llego el sandaime en persona, acompañado de varios anbu. Se sorprendieron por la masacre que había ahí, pero luego vieron a Kushina y su estado. Entendieron la situación de inmediato.
—Bueno, viendo la situación. Supongo que no tuvieron mas opción—mencionaba el anciano, recibiendo un asentimiento del saiyajin—Kushina, ve al hospital para que las revisen. Gine-san por favor acompáñelas.
—¡Hai!—respondía la pelinegra.
—¡Anbus!, acompáñenlas.
—¡Hai!, hokage-sama.
—Despliéguense.
¡Fush!.
Los anbus y las féminas desaparecieron en un estallido de velocidad, dejando solo al viejo hokage y al saiyajin. Los cuales veían los cuerpos tirados por todo el sitio.
Era todo un desastre ese lugar.
—Si quieres yo solo me encargo de esto, anciano—proponía el saiyajin observando el panorama.
—No, esto también es uno de mis deberes. Debo hacerlo—respondía el anciano quitándose el sombrero kage—comencemos de una vez, es momento de la limpieza. Estilo de fuego: ¡jutsu ola de fuego!.
¡Foooosh!.
El anciano lanzó un poderoso jutsu ígneo, Bardock solo lanzó una poderosa ráfaga de energía dorada con una mano. Debían barrer y limpiar por completo la zona.
Ambos ataques se combinaron y arrasaron la zona, por suerte era un lugar montañoso y rocoso. No había zonas verdes o incendiarias, nada que pudiera intensificar flamas o destruir de mas, no quedo ningún cuerpo. Hiruzen suspiraba cansado, ahora debía volver a la torre hokage, para inventar excusas de sus muertes. Caídos en misiones era lo mejor.
—Es la cuarta vez en dos meses, anciano—mencionaba el saiyajin observando la zona ya limpia—no se detendrán y lo sabes, ¿qué vas a hacer?. No podemos matar a todos porque la aldea se quedaría sin shinobis.
—Desgraciadamente, el odio, temor e ira, están muy aferrados al alma de los shinobis. No solo en los de konoha—mencionaba el anciano imitando al saiyajin—esto debe seguir, la ley seguirá. Aquellos que saben de esto, están empezando a temer. Puede que bajen la intensidad de los atentados.
—Espero que no estés equivocado anciano—decía dudoso el saiyajin.
—Yo también—respondía el kage volviendo a ponerse su sombrero kage y encendía su pipa—bien, regresemos de una vez.
¡Fooosh!.
Ambos desaparecieron en un estallido de velocidad, el saiyajin estaba sorprendido al ver como el anciano a pesar de su vejez, era muy hábil y veloz, eso lo hizo sonreír. Bueno, era un kage después de todo. No importaba su edad.
Y el mendigo fumaba su inseparable pipa mientras lo hacia.
—Juraría que la anciana te había prohibido volver a fumar—decía curioso mientras volaba a un lado del anciano.
—Si bueno, lo que ella no sepa, no le dará coraje. Así que estoy bien de momento—respondía el kage saltando de árbol en árbol a alta velocidad, recordando como Biwako le había prohibido fumar por un tiempo. Le preocupaban sus seniles pulmones—¿qué tal vas tu?.
Bardock suspiro tenso y observo sus manos de forma pensativa, sabía a que se refería Hiruzen. Sobre ese poder dorado.
—No he podido volver a despertar ese poder—respondía de forma estresada—por mas duro que entrene y sin importar el tiempo, no logro volver a activarlo. No lo entiendo.
—Talvez despierte bajo situaciones especiales—sugería pensativo el anciano mientras corría—el ataque del Kyubi debió haber sido un factor.
—Bueno anciano, no pienso dejar que alguna bestia vuelva a atravesarme nuevamente sin importar que despierte mi poder oculto. Gracias—respondía con escozor el saiyajin, no quería volver a pasar por un estado de media muerte nuevamente. Fue horrible—prefiero seguir entrenando.
—Jaja, lo se. No te sugerí aquello—respondía divertido el anciano—debe haber alguna forma, Bardock, según lo que me contaron, lo despertaste al ver como estuvo por matar a Gine y Naruko. Esa podría ser la clave.
—¿Cómo podría serlo? —preguntaba curioso y confuso el pelinegro.
—Se dice que todo poder, esta conectado con las emociones y sentimientos de uno. Talvez de eso se trate contigo—mencionaba el anciano sin dejar de ver al frente—viste a tu esposa y ahijada en peligro, tu estrés, temor y miedo, disparo tus emociones y despertó tu poder oculto. El control de tus sentimientos y emociones podría ser la clave.
—Mis emociones y sentimientos…—decía Bardock en voz baja, la verdad el no estaba muy familiarizado con entrenarse mental y espiritualmente, como un saiyajin, solo pensaba en hacerse mas fuerte físicamente. Talvez era momento de hacer un cambio—puede ser…
—Puedo ayudarte en ese ámbito si lo deseas.
—….Lo pensare.
Hiruzen solo reía en voz baja por la terquedad y orgullo de Bardock, era muy divertido. Así siguieron su camino.
-(0)-
Amanecía en la aldea escondida entre las rocas (Iwagakure), el anciano Líder de la aldea se despertaba de una noche de sueño. Aunque se quejaba de vez en cuando, pues la vejez ya le estaba pasando factura, su espalda le empezaba a doler apenas despertaba. Como odiaba envejecer.
Pero eso no le quitaba lo peligroso, pues era un ser de poder descomunal. No podía ser tomado a la ligera.
Se levanto de su cama, estirándose un poco para quitarse la pereza, sintió un enorme alivio cuando escucho y sintió un ¡crack! en su espalda, fue un premio doble sin querer. Pues se quito la pereza de encima y arreglo momentáneamente su espalda, talvez era una señal para decirle que seria un buen día. Debía aprovechar su buena suerte.
El anciano Tsuchikage flotaba dirigiéndose, hacia la salida de su hogar, pues ya se había aseado y desayunado. Ahora debía ir a la torre Tsuchikage para comenzar su labor de líder, o eso esperaba. Pues algo llamo su atención.
Algunos ruidos, como algo siendo quemado y el viento siendo cortado. Así que se dirigió al patio de su casa, se llevo una gran sorpresa al llegar.
¡Foooosh!.
Un muñeco de entrenamiento estaba ardiendo, a los lados, otros estaban carbonizados, así como la pared de piedra atrás. Estaban entrenando al parecer.
Aunque la pregunta era, ¿quién?.
Al virar su cara, noto que ahí estaba su hijo en ley, observando seriamente al frente y de brazos cruzados. Cuando volteo a ver, se llevo una ligera sorpresa, pues frente a los muñecos quemados, estaba su pequeña nieta. Ella era la que entrenaba mientras su padre la supervisaba.
Se notaba cansada y algo estresada, jadeaba agotada y se apoyaba de sus manos y rodillas al suelo. Había estado entrenando desde la muy temprano.
—¿Desde que hora esta entrenando?—pregunto curioso el anciano.
—Cinco de la mañana—respondía serio el padre de Kurotsuchi sin dejar de observarla—no ha parado desde entonces.
—Vaya, la levantaste muy temprano. Es bueno que aprenda desde ya—mencionaba serio el anciano—así se volverá una excelente shinobi.
En eso, para confusión del Tsuchikage, Kitsuchi negó con su cabeza. El no fue el responsable.
—Yo no la levante, fue al revés. Ella me exigió entrenar desde mas temprano—respondió serio asombrando un poco al anciano por esas respuestas—esta muy determinada.
—¿En serio?—pregunto incrédulo Oonoki, pues si bien su nieta era muy entregada y determinada en sus entrenamientos, no era muy madrugadora. Kitsuchi asintió—bueno, eso es algo nuevo. Aunque muy beneficioso.
—Jaja, usted sabe el motivo del porque entrena con tanto esmero.
Oonoki no entendía por el momento de que hablaba su yerno, hasta que recordó un evento pasado. Eso lo hizo sonreír al recordar.
La batalla contra Rycelo en Konoha.
Donde fue prácticamente humillada, golpeando su ego y orgullo de iwa-nin. Ella era demasiado terca y orgullosa como para aceptar aquella derrota, no lo iba a dejar así. Ella ganaría la próxima vez.
Pero no solo por eso, el sabía que su nieta quería que fuera como fuera, Rycelo este con ella. No sabia si se había enamorado del hijo de Bardock, pero estaba seguro que lo quería para ella. Pues según sus propias creencias, ellos dos estaban destinados el uno al otro. No podía haber error.
Ella era fuerte y el, lo era mucho mas. Así que era lógico que estén juntos, así halla amor o no. Solo debían unirse y ya. Era el deber de ambos el hacerlo.
—No voy a rendirme, voy a ganar los exámenes chunnin. ¡Vas a ser mi marido!, pero debo volverme mas fuerte hasta entonces. ¡esta vez yo ganare!—pensaba muy determinada la pelinegra mientras jadeaba ya mas recuperada, en eso se levanto. En sus ojos se veía la determinación—¡Sigamos!.
Kitsuchi solo suspiro, se dirigió hacia los muñecos calcinados y los quito, para dejar enganchado algunos nuevos. Luego se alejo lo mas que pudo.
—Ya esta, puedes seguir. Pero no te exc…..
—¡Estilo de lava!: ¡bala de magma!.
¡Boom!.
Interrumpió a su padre, pues antes de que pudiera terminar su pedido, ella disparo una poderosa bala de magma. La cual destrozo al muñeco y casi la pared de piedra, la cual dejo una ligera grieta con quemadura casi derretida.
Kitsuchi y Oonoki suspiraron, esta chica era demasiado impulsiva y energética. Demasiado para su edad, pero luego sonrieron ambos. Esos eran muy buenos atributos.
Kurotsuchi seria una kunoichi muy poderosa en el futuro.
-(0)-
En Konoha, mejor dicho en la casa de los Bardock, una muy peculiar escena se veía. Pues habían cuatro personas, de cabeza, estaban encadenados de los pies, hacían flexiones en ritmos distintos. Se esforzaban bastante en seguir con su rutina de entrenamiento.
Una muy rara a decir verdad, pero muy eficaz. Pues gracias a que lo hacían sin camisa, se notaba que incluso el mas pequeño de ellos, estaba algo tonificado. Algo raro para su edad.
—¡Vamos Rycelo!, te estas quedando atrás—decía Bardock sin dejar de hacer sus repeticiones.
—¡Mas esfuerzo Rycelo!—un muy animado y energético Gai animaba al pequeño, mientras hacia sus propias repeticiones. Era el mas rápido de los tres jóvenes—¡aprovecha el poder de tu juventud!.
—¡Llevo 483!, ¡eso es un logro para mi!—exclamaba el pequeño algo cansado pero sin dejar de hacerlo, aunque era increíble la cantidad que logro hacer con su pequeño cuerpo, pero debía ser por su genética saiyajin. Aunque lo mas increíble era que el niño supiera contar hasta tan elevado número—¡pero seguiré!.
—¡Esa es la actitud!—respondía Gai con una sonrisa muy brillante.
Kakashi solo seguía entrenando sin decir una sola palabra, pues el creía que necesitaba tener toda su concentración en este ejercicio, para así ignorar el dolor. A pesar del poco ortodoxo entrenamiento, admitía que tenia buenos resultados. No por algo han entrenado así por años y se han vuelto muy fuertes shinobis.
Además tenía que terminar rápido, pronto debía volver al trabajo. Reemplazar al anbu que protegía a Kushina y Naruko.
Eran observados por el dúo femenino de la casa, pues estaban sentados en el pasillo de madera que conectaba al patio. Comían su desayuno ahí, pues era entretenido y divertido verlos entrenar de ese modo. Era su distracción.
—¿En cuanto tiempo creen que termine?—pregunto Rin mientras comía un pan al vapor.
—No lo se, pero supongo que pronto. Ellos prefieren desayunar caliente—respondía tranquila la saiyajin bebiendo una taza de té—mira, ya terminaron ahí.
Ambos adolescentes estaban sentados, quitándose los grilletes y cadenas de sus tobillos. Mientras que Bardock ayudaba a Rycelo a desengancharse, ya que el era muy pequeño. Era gracioso verlo agitándose en el aire.
Kakashi y Gai se pararon, con el anbu sobándose el cuello para quitarse la ligera tensión en esa área y su cuello. Gai solo estiraba los brazos, se notaba que era el menos afectado al verlo tan energético. El chico estaba acostumbrado al trabajo en extremo duro.
—¡Uf!, nada como sudar un poco en la mañana—decía Gai muy animado—me siento lleno de energía, ¿ustedes no?.
—Tu siempre estas lleno de energía sin importar la hora—respondía Kakashi con su clásico tono aburrido y desinteresado—bien, me retiro. Debo ir a mi misión.
—¡Espera Kakashi!—Rin se acercaba corriendo al peliplata, el cual volteaba a verla. Cargaba una franela envuelta en sus manos—no te vayas sin comer algo, no podrás concentrarte con el estomago vació. Así que llévate esto.
Kakashi observo la franela que la castaña le extendía con una sonrisa, este solo suspiro agradecido por eso. Así que lo tomo.
—Gracias Rin—le dijo con una sonrisa o parecía, pues su único ojo descubierto estaba curvo. Rin también le sonreía—adiós a todos.
Desapareció en un estallido de velocidad, ante la atenta mirada de todos, los cuales se despedían. Bardock solo alzo un brazo mientras se dirigía a su casa.
Después de un rato, cuando ya estaban mejor, los otros dos jóvenes lo siguieron, la castaña también. Entraron a la casa, los varones entraron directamente a la mesa. Las féminas estaban en la cocina.
En la mesa habían vasos y platos, además de bebidas. Para que se refresquen mientras esperaban.
—¡Tengo tanta hambre que podría comerme un oso!—exclamaba el pequeño saiyajin con una sonrisa.
—Tu si podrías comerte uno—respondía divertido el chico con peinado de tazón, pues conocía muy bien el apetito de los saiyajin. Rycelo reía apenado rascándose la nuca—pero un apetito tan grande es señal de buena salud.
Bardock solo esperaba la comida, estaba hambriento pero debía ser paciente. La comida de esas dos valía la pena la espera.
Cocinaban como un par de ángeles, pues en cada comida, sentían un toque y placer divino. ¿Kai tendría algo que ver en esto?, podría ser posible, pues un sabor tan bueno no era algo mortal. Gine no cocinaba tan bien en el planeta Vegeta.
Aunque bueno, siendo sincero no había mucha variedad de ingredientes ahí. Solo carne, pocas frutas y verduras. En este planeta habían mas variedades, así que Gine puede haberse emocionado de mas. De ser así, botaba todo su orgullo al suelo y le agradecería con un gran abrazo. Eso haría sin duda alguna.
Eso no es necesario….pero de nada.
—¿Eh?—se preguntaba mentalmente el saiyajin al escuchar aquella voz en su mente—¿Kai?.
—Bardock-sensei, ¿esta bien?—preguntaba Gai al ver a su maestro actuar tan raro, pues observaba de un lado a otro. Como buscando algo.
—Ah si, no pasa nada—volvió a su tono serio de siempre.
—Ya estamos aquí.
Las féminas llegaron, empujando un carrito de comida, con varios platos de comida. En grandes cantidades, haciendo babear a todos los varones, pues se veia delicioso y olía igual. Sus estómagos rugieron al unísono.
La masacre de comida no se pudo evitar, al menos por parte de los saiyajin, pues Gai a pesar de comer bastante, era mucho menos que el par de saiyajin. Era humano después de todo.
Las mujeres solo bebían te mientras observaban divertidas a los hombres, ellas ya habían comido. Aunque Gine comió aun mas.
—Rin, deberías unirte a los entrenamientos. Te vas a oxidar si no entrenas como se debe—sugería Bardock serio como siempre, mientras comía una enorme chuleta de algún animal. Talvez uno de esos gigantescos jabalíes del bosque de la muerte—recuerda lo que te dije alguna vez….
—"Podrás dejar de ser kunoichi, pero eso no significa que dejaremos que te vuelvas una debilucha. Te formaremos para que puedas defenderte como se debe"—citaba divertida la castaña fingiendo la voz de Bardock, cosa que le dio gracia a los presentes. Menos a Bardock—si, lo recuerdo—respondía con una sonrisa.
Bardock solo bufo avergonzado y seguía comiendo.
—Tsk. Mi voz no suena así—respondía en voz baja el saiyajin volviendo a comer.
—No se preocupe sensei, no he dejado de entrenar. Lo hago siempre con Gine-san—respondía sonriente la castaña y la saiyajin asentía.
—Bueno, al menos no perderás forma. Te volverías mas fuerte en nuestros entrenamientos—decía el saiyajin mientras comía y los otros dos asentían.
—¡Oye!, mis entrenamientos son muy buenos. También la volverán fuerte—respondía cómicamente indignada Gine.
—Se lo agradezco sensei, pero no creo soportar un entrenamiento tan….severo. Por así decirlo—trataba de no ser irrespetuosa, pero no soportaría esos entrenamientos tan barbáricos. Terminaría muerta por agotamiento extremo—por eso decidí entrenar con Gine-san.
Ella recordaba cuando entrenaba con el y los demás, (Obito aun vivía) siempre terminaban casi falleciendo del cansancio sus compañeros varones, ella siendo un poco mas delicada era muy extremo todo esto. Aunque si tenia buenos resultados.
Por eso, para el bien de su vida, decidió mejor entrenar con Gine. Pues a pesar de ser menos extrema, tenía buenos resultados. No como los de Bardock, pero si para volverla una de las personas sin chakra mas fuertes y mejores entrenadas de la aldea. Era una kunoichi por así decirlo.
—A las mujeres saiyajin no les importaba eso—Bardock recordaba a las mujeres de su raza, que eran en extremo fuertes y entrenaban sin importar sus limites. Solo volverse guerreras cada vez mas fuertes—ah bueno, si eso decidiste allá tu. Pero si veo que empiezas a debilitarte, retomare tu entrenamiento por mi cuenta. Quieras o no.
Rin trago grueso en nerviosismo, la mirada severa y muy seria de su maestro de cabello negro la asustaba, bastante en realidad. Era como una bestia a punto de matarla si cometía el mas mínimo error.
Cosa en la que no se equivocaba, solo que Bardock la mataría a base de entrenamiento extremo. Eso la aterraba.
—H-Hai…
—Mi entrenamiento también es bueno—respondía la pelinegra cruzada de brazos.
—Lo se, pero eres demasiado suave. Eso le quita efectividad—respondía tranquilo el saiyajin mientras seguía zampándose de comida—deberías ser mas severa.
—Soy lo suficientemente severa—respondía la saiyajin cruzándose se brazos.
Hubieran seguido discutiendo, pero Rin debía ir a sus clases de enfermería, por lo que Gine como siempre, la acompañaría. Mientras que los otros tres seguían comiendo, pero un poco mas rápido. Pues Bardock y Gai debían ir a la torre Hokage por misiones.
Rycelo se fue con las mujeres, pues no lo podían dejar solo en la casa. Podría pasarle algo.
Dejaron a la castaña en el hospital, para luego dirigirse hacia la casa de una buena amiga, Kushina, pues la pelirroja ya estaba en su residencia. Normalmente estaría en el hospital, pero la pelirroja era una mujer muy fuerte y por eso, ese mismo día le dieron el alta. Pasarían a visitarla.
Al llegar tocaron el timbre de la casa, la cual fue abierta por la pelirroja cargando a la bebé. Sonreía al ver que tenia visitas.
—¡Hola madrina!—respondía enérgico como siempre el pequeño saiyajin.
—Hola Gine, Rycelo-chan. Pasen por favor.
—Es bueno verte en buen estado Kushina—decía la pelinegra entrando a la casa.
Cualquiera diría que la casa estaría un poco desordenada y algo sucia, porque enviudo hace poco y ahora con una carga extra de ser madre soltera, pensando que talvez eso la llevara a sufrir un poco de depresión. Pero ese no era el caso de la pelirroja.
La casa estaba ordenada y limpia como siempre, como si nada hubiera pasado. Lo único nuevo era la bebé.
A la niña la dejaron en una cuna cercana, con Rycelo cerca de ella. Parecía protegerla al estar sentado a un lado de ella, distrayéndose un poco al escuchar un sonajero que tomo de por ahí.
Eso les causaba un poco de gracia a ambas.
—¿A que debo su visita?—preguntaba curiosa y animada la pelirroja mientras cargaba a su hija.
—Bueno, queríamos saber como estabas, ya sabes. Por lo de anoche—decía tratando de que Rycelo no entendiera.
—Oh, ¿eso?, no te preocupes. Estamos bien—respondía entendiendo a su amiga pelinegra—soy una mujer demasiado fuerte como para ser derrotada por algo tan simple.
Kushina Uzumaki era lo suficientemente fuerte y temeraria, como para decir que un ataque shinobi de varios rangos, era algo "simple". Pero era de esperarse de la habanera sangrienta.
Gine solo reía nerviosa por su amiga.
—Veo que ya estas mejor—ahora decía sonriendo de forma comprensiva, haciendo suspirar a la pelirroja al entender de lo que hablaba.
—Si, ya han pasado meses desde aquello, Minato se fue de mi vida. Debo aceptarlo—decía un poco deprimida, haciendo sentir mal a Gine por tocar el tema. Aunque la Uzumaki pronto recupero su actitud de siempre—pero ya lo llore lo suficiente, no puedo quedarme sumergida en el dolor. Debo seguir adelante.
—Kushina….
—Debo hacerlo, no solo por mi. Sino por nuestra hija—mencionaba sonriéndole a su hija desde lejos—ahora ella es mi fuerza, mi vida. Mi todo.
Gine veia con una sonrisa a su amiga, la verdad era que estaba preocupada por ella, pues perder a su esposo debió ser un duro golpe para ella y vaya que en realidad lo fue. Pero ella sabía que ya no debía seguir llorando, ya no era tiempo de eso. Debía seguir viviendo por ella y su hija.
Amaba a Minato y aún lo hacia, pero el ya no estaba ahí y su hija ahora era su mayor prioridad. Su motivo de vida.
—No es fácil para ti ahora, ¿verdad?—preguntaba Gine de forma comprensiva y algo divertida.
Kushina solo suspiro al saber a que se refería.
—Si, volver al servicio activo shinobi será un poco difícil. Hace mucho que me retire—mencionaba la pelirroja suspirando un poco tensa—pero solo lo será al inicio, cuando vuelva a acostumbrarme, volveré a ser temida como antes. Nadie se meterá con nosotras.
Decidía la mujer muy determinada y encendida, mientras sonreía maliciosamente, sus ojos brillaban de rojo y apretaba un puño. Algo curioso era como su cabello se agitaba como las 9 colas de Kyuubi, aun cuando ya no era su Jinchuriki. Se veía cómicamente amenazante.
Gine solo la veia con una gota cayendo de su nuca, Kushina si que era una mujer bastante temible cuando se lo requería, pero luego reía nerviosamente. Su amiga no era de quienes se abandonan a la depresión.
Pero también había algo que la preocupaba, el ataque de ayer en la noche. Era muy peligroso que sea una a las filas ninja nuevamente, habiendo tantos detractores de Naruko. Podrían aprovechar que ella no este cerca y así tratar de atentar contra su vida.
—¿Con quien quedara Naruko mientras estés en servicio?.
—Con Biwako-sama, o incluso con los Akimichi, ellos se ofrecieron voluntarios. Les gustan mucho los bebes.
—Eso es verdad—respondía Gine divertida mientras veia a su hijo, el cual jugaba con la bebé tocándole la nariz mientras ambos sonreían—consienten demasiado a Rycelo cuando pasa tiempo con ellos.
Era cierto, pues el clan Akimichi era muy conocido, no solo por ser los shinobis mas robustos de la aldea, sino por la calidez y familiaridad que ellos emanaban dentro del clan. Eran muy poderosos, pero al mismo tiempo, unas muy buenas personas. Una buena combinación.
Rycelo se lo pasaba muy bien cuando pasaba con ellos, tanto así que ya los consideraba familia. Estaba alegre, porque si había algo que le encantaba a Rycelo, era hacer amigos y con su carisma a pesar de su muy joven edad, no le era nada difícil el lograrlo. El pelinegro era muy apegado a los Akimichi.
—Son muy buenas opciones—respondía la pelinegra aliviada, pues la bebé estaría muy segura en esas manos. Pues nadie estaría dispuesto a meterse con ella si estaba bajo su cuidado—ellos lo mantendrán a salvo.
—De eso estoy segura—respondía la pelirroja muy segura y confiada, ella estaría mas tranquila en las misiones. Además de saber que su hija estará muy bien alimentada—podre estar tranquila.
—¿Cuándo comenzaras?—pregunto con curiosidad.
—En un mes, podre entrenar y prepararme para volver a pulir mis habilidades. Ya que me he oxidado un poco—admitía un poco frustrada mientras se veía en el espejo, había ganado un poco de peso por el embarazo, pero aun así se veía muy bien gracias a los genes Uzumaki. Ella se veía decepcionada por su apariencia—comenzare lo mas pronto posible—volteaba a ver a Gine con ojos esperanzados—¿me podrías ayudar con eso?.
—Oh, claro. No hay problema—respondía Gine alzando su pulgar.
—¡Gracias!, ¿Cuándo comenzamos? —preguntaba agradecida y emocionada la pelinegra.
—Cuando puedas.
La Uzumaki sonreía emocionada, pronto volvería a ser una de las kunoichis mas fuertes de la aldea. Solo debía poner mas empeño.
-(0)-
Bardock estaba parado en la oficina del Hokage, para su sorpresa, Kakashi estaba ahí. Al parecer harían equipo en una misión, debía ser algo serio para tener que ir junto a un Anbu, pues vestía el uniforme anbu junto a la mascara de perro (Inu) sabían quien era gracias a su chakra. Ademas Bardock y Gine eran los únicos que sabían de su rango.
¿Qué estaba haciendo ahí?.
Aunque el peliplata estaba un poco ansioso y dudoso, pues se suponía que su misión principal era vigilar a la esposa de su difunto sensei rubio. Pero eran ordenes del hokage y no podía contradecir o negarse.
El Hokage veia una hoja con informes, algo muy serio a decir verdad, pues ponía en riesgo la seguridad de la aldea. Aunque también era algo ilógico en estos tiempos, pues no hace mucho que había terminado la tercera gran guerra ninja, un ataque entre aldeas, no era buena idea. No solo Konoha, sino que ninguna aldea estaba recuperada tras la guerra. No se arriesgarían a declarar otra guerra estando tan débiles.
De ser así, ¿por qué ahora?. Debían ser renegados, esa era la única explicación lógica que podía haber. Aunque no sabían que ganarían con eso.
—Hubo otro ataque en la frontera, fue demasiado fuerte. Destruyo a muchas construcciones y eliminaron a los centinelas guardianes—informaba el líder de la hoja bajando el informe—no se sabe de parte de quienes, ya que solo portaban sus aditamentos ninja, sin ningún tipo de uniforme o característica que los relacione a alguna aldea. Tampoco bandas—era una situación preocupante, pues podría influir en el caos y generar pánico. Pues temerían de una nueva guerra.
—¿Renegados?—preguntaba Bardock de brazos cruzados.
—Es lo mas probable—respondía el sandaime un poco intranquilo—su misión es investigar la zona de desastre y proteger una caravana, la cual llevara trabajadores, materiales y herramientas para reconstruir la parte afectada por la batalla. Deben estar preparados para un posible ataque—ante esa orden, ambos asintieron. Hiruzen luego hizo un ademan de mano, para sorpresa del dúo, un nuevo anbu apareció a un lado. Con mascara de cuervo—serán acompañados por este nueva adición a las filas anbu.
—¿El hijo de Mikoto?—se preguntaba mentalmente asombrado al saiyajin, pues ya conocía al chico. Pudo reconocerlo por su chakra—bueno, escuche que era un prodigio entre los mismos Uchihas. No debería de sorprenderme.
—Itachi Uchiha—pensaba también sorprendido el peliplata bajo su mascara—la nueva adición de los anbu, un chico demasiado bueno siendo shinobi a tan corta edad. Sera de gran ayuda.
Por su apariencia, complexión y baja estatura, no parecía mas de 8 años, pero aun así, vestía el uniforme Anbu y una katana. Solo que a diferencia de Kakashi, usaba una mascara de cuervo. Mientras que el mencionado usaba una de perro.
Era asombroso para un niño llegar tan lejos, incluso para el saiyajin. Pues aun para los niños de su raza, llegar a tal nivel era muy difícil.
—Cuervo, iras con ellos y harás esta misión. ¿Bien?.
—Hai, Hokage-sama—fue la seca respuesta del chico y se coloco a un lado de ambos.
—El líder de la misión será Bardock, recogerán a la caravana dentro de dos días en un pueblo cerca. De ahí viajaran hasta la frontera—informaba el anciano seriamente, recibiendo una afirmación del trio—bien, despliéguense.
¡Fooosh!.
Los tres desaparecieron de la oficina del Hokage.
Los tres se dirigían hacia la salida de la aldea a máxima velocidad, los shinobis corriendo y el saiyajin volando. Con ambos tratando difícilmente de seguirle el paso al pelinegro.
El trio aterrizó en la enorme puerta de la aldea, saliendo tranquilamente esta vez. Pues ambos chicos se notaban cansados, ya que Bardock se le olvido que ellos no podían seguirle el paso por tanto tiempo. Así que mejor lo hacía de forma tranquila.
Aunque a los tres se les cayo una gota por la cabeza al ver a los "siempre confiables vigilantes" de la muralla, dormidos y roncando con total tranquilidad. Bardock solo suspiro, este par nunca cambiaba. Aunque se le hacía irónico que ellos siempre sean los primeros en saltar a la pelea en caso de un ataque.
¡BAM! (×2).
—¡Iteeee!—exclamaron ambos al sentir en sus cabezas, unos potentes golpes. Casi les reiniciaban sus cerebros—¡¿estamos bajo ataque?!—exclamaba Kotetsu empuñando un kunai.
—¡No pasaran de aqu…!, ¿eh?—Izumo exclamaba también molesto levantándose y también armado, pero se confundió al ver quien fue el que los golpeo—¿Bardock-sama?.
El saiyajin los observaba de brazos cruzados y muy serio, tanto así que ambos vigilantes se tensaron y los nervios empezaban a traicionarlos. El saiyajin era muy respetado y temido.
—Vamos a salir de misión—respondía serio y entregaba la orden de su misión—estaremos fuera por un tiempo.
—C-Claro, no hay problema. Solo firme aquí su salida—decía Izumo sonriendo nervioso, no quería recibir otro potente golpe del saiyajin. Eran demasiado dolorosos.
Bardock solo suspiro, firmando como líder del equipo por los tres. Ahora solo debían dirigirse a su misión.
Los vigías solo suspiraron aliviados al verlos irse, eran bastantes veces los que Bardock los había despertado de este modo. Se sobaban la cabeza por el dolor actual y el psicológico que le dejaron los anteriores, ese Bardock no tenia piedad de nadie. Pero así era el y todos lo sabían.
Pero bueno, debían seguir trabajando en sus puestos. Así que se olvidaron momentáneamente de aquello h volvieron al trabajo.
Durmiéndose segundos después.
Ahora los tres volaban a una velocidad decente, pues Bardock no quería perder mucho tiempo, por eso tomo a ambos chicos y empezó a volar, quería volver a la aldea lo mas pronto posible. Pues tenia un ligero mal presentimiento.
Para Kakashi esto no era una novedad, ya había volado junto a su sensei en el pasado, pero Itachi era un caso aparte. Mentiría si dijera que no estaba asombrado, pues era la primera vez que volaba sobre el cielo, estaba un poco asustado, incluso alguien como el, estaría asustado en su situación actual. A miles de kilometro en el cielo.
Pero también admitía que le era muy emocionante.
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Oscuridad, era lo único que se podía ver, era lo que el deseaba, como el líder de este grupo infame, no quería que su organización estuviera en una posición tan obvia. Debía quedarse entre las sombras.
Estaba insatisfecho, veía su manos, la cual sostenía un pequeño frasco, el cual tenía un líquido rojo. Chisto molesto al ver que solo le quedaba este poco.
Era una muestra valiosa, algo que ya había desperdiciado demasiado. Era sangre de Bardock.
—No sirve de nada, mis hombres no soportan cargar este ADN—pensaba decepcionado y molesto el líder de raíz, pues en cada intento de usar ese material genético, fallaban rotundamente. Sus agentes morían al no asimilar la sangre, incluso aquellos que tenían su mismo tipo de sangre. Morían al no soportar la carga de dicha genética—ya he perdido a demasiados activos, ya no tengo los recursos suficientes para gastarlos así como así. No desde aquello—recordaba el día que trato de obtener al bebé Rycelo, un día muy oscuro para el y raíz. Casi lo pierde todo.
Moría de rabia al recordar aquello, varias de sus bases, junto a varios shinobis Ne. Fue una masacre unilateral, tal cantidad de furia y destrucción, solo era superado por el caos y destrucción ocasionado por el ataque del zorro de las nueve colas.
Y lo mas increible, era que no fue Bardock quien lo ocasiono. Sino su esposa.
Gine al enterarse de el rapto de su bebé, estallo en una furia indescriptible, destruyo la habitación del hospital donde estaba descansando al despegar de su cama. Estaba muy enojada.
No, ¡furiosa!, demasiado a decir verdad, pues hasta Bardock perdió su enojo y fue sustituido por asombro, nunca vio a su esposa de ese modo. La ira de una madre era demasiado peligrosa, en especial si es una saiyajin. Gine era de cuidado.
Danzo no sabía como era posible, pero la mujer encontraba base por base, destruyéndolas junto a sus shinobis, una a una. Ya que el ki del bebé aun era muy débil, ella solo podía perseguir la firma energética que dejaba su rastro. Por eso las bases Ne era destruidas, porque al no ver a su bebé ahí y solo haber Ne, su furia se descontrolaba y lo destruía todo.
[N/A: Danzo no sabe de la habilidad especial de sentir la energías de los saiyajin, solo un pequeño grupo lo sabe]
Y así era en cada base que encontraba.
Danzo gruño en furia al recordar ese día, pues a pesar de que ese bebé era muy importante para sus ambiciones, no podía darse el lujo de perder a tantos shinobis y recursos. A pesar de su frustración e ira, debía ceder al niño. Al cual dejo abandonado en una de las bases, para que Gine lo encuentre, cosa que hizo y eso logro que su ira fuera apaciguada. Danzó perdió mucho esa noche.
Solo le quedo una base, que era la principal. Su jugada casi le costo todo.
—Tsk. Malditos simios…—pensaba molesto y con resentimiento al ver ese frasco en sus manos.
Esa sangre fue lo único que logro obtener del saiyajin varón, pues lo recogieron del lugar donde Bardock y Minato fueron atravesados por las garras del Kyubi. Un valioso item según Danzo.
—Danzo-sama.
Un Ne se aparecía de la nada a un lado de su líder, el cual solo volteo ligeramente a verlo.
—¿Qué sucede?—preguntaba neutral Danzo.
—El plan ya fue ejecutado—respondía el anbu sin alzar la mirada—el saiyajin ya abandono la aldea junto a dos Anbu.
El pelinegro esbozo una ligera sonrisa satisfecha por ello, eran excelentes noticias. Podría actuar libremente mientras estaba fuera.
Pues fue el quien mando a atacar la frontera, eso ocasionaría que Bardock fuera enviado a la misión. Pues era el quien se encargaba de las misiones mas peligrosas. Así lo llevarían a una trampa.
Sabía que era traición el haberlo hecho y que se jugaba la vida si era descubierto, pero debía arriesgarse. Todo por el bienestar y superioridad de Konoha.
—Bien, eso esta muy bien. Podemos iniciar—dijo el pelinegro ansioso por comenzar—según lo que se, ese sujeto esta muy débil, no ha recuperado del todo sus fuerzas. Ahora es un buen momento para atacarlo.
—¿Ordenes?—pregunto el shinobi.
—Tal como fue planeado, debemos actuar ahora. Que el trio se encargue de el—ordeno el pelinegro sin voltear a verlo.
—Como ordene—respondía el shinobi desapareciendo de ahí.
Danzo sonreía confiado, pues se daba por vencedor, que tendría a Bardock a sus pies sin dudar. Estaba débil y por eso seria mas fácil el capturarlo, el trio especial se encargaría de el. No sabía que estaba cometiendo un grave error que le sumaria perdida a sus filas.
Jamás acorrales a un saiyajin herido.
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En una zona rocosa, en un lugar oculta por las sombras, se encontraban tres sujetos. Todos cubiertos por rasgadas túnicas y capuchas de color negro, a pesar de eso, se notaba que eran de diferentes complexiones. Cada uno era diferente.
Uno estaba apoyado en sus cuatro extremidades, como si fuera un animal. Además de que parecía estar olfateando el aire.
El tercero era muy llamativo, pues era un tipo enorme, casi llegando a los tres metros. Se notaba que era muy musculoso, además que en su espalda llevaba un enorme martillo. Era del tamaño de una persona.
El tercero era alguien normal, o eso parecía por su tamaño y complexión física. Estaba de brazos cruzados y esperando que su misión comenzara.
El que parecía animal seguía olfateando el aire, gruño cuando noto algo con su nariz. Era el objetivo de ellos tres.
—Lobo, ¿tienes algo?—pregunto el normal del grupo al ver el comportamiento de su compañero.
—Se acerca, muy rápido. Desde el cielo—informaba Lobo observando el cielo—no viene solo, esta acompañado. Dos jóvenes vienen con el.
Eso descoloco un poco a los otros dos.
—Esto es algo inesperado, Danzo-sama no menciono nada de esto. Que raro—se llevaba una mano al mentón pensativo—bueno, eso no cambia nada, la misión sigue adelante. Es nuestro deber.
—Los aplastaremos así como lo hicimos en la frontera—mencionaba serio el gigante del grupo, en eso vio el cielo y gruño un poco al notar algo. Todos lo hicieron en realidad—creo que ya vamos a comenzar.
En el cielo, una estela volaba a gran velocidad. Ya sabían de quien se trataba.
Este día se volvería muy pesado para todos.
