Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Aquí les traigo el segundo capítulo de esta historia, espero que la disfruten!
Disclaimer: Los nombres de los personajes no me pertenecen, la historia es de Angelicacuario Beatlemaniaca y de Dante Ackerman. La historia está escrita en conjunto con Yaoi´Blyff, acérquense a su perfil en Fanfiction y deleítense con sus creaciones!
Advertencias: Violencia intrafamiliar, palabras altisonantes, nada más por ahora. Oh, apareció Eren, ¿alguien se lo esperaba? Wow, esto se pondrá bueno.
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"Ella se pinta el rostro para ocultar su rostro, sus ojos son como el agua profunda,
el deseo no existe para la geisha, el sentimiento no existe para la geisha.
La geisha es una artista del mundo etéreo; ella baila, canta, te entretiene todo lo que quieras.
Lo demás son sombras, los demás es secreto."
Película: Memorias de una Geisha
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Historia se despidió de Ymir, y después de asegurarse de que su amiga se fuera del edificio, se fue ella también. Se tomó su tiempo para llegar a casa, quería estirar ese momento de paz lo más que pudiera. Una vez allí, entró despacio, siendo lo más sigilosa posible. Vio a su madre tumbada en el sillón, sosteniendo una botella de lo que parecía ser vodka. Historia ya se había acostumbrado tanto al olor a alcohol, que apenas sí lo sentía. Se acercó para saludarla, pero no hubo respuesta para ella. Su madre estaba muy concentrada hablando sola, aparentemente. Era un discurso muy familiar: acerca de lo miserable que era, lo sola que se sentía, y lo mierda que fue la gente con ella. Historia suspiró y siguió de largo hasta llegar a su habitación. Le dolía ver a su madre así, pero la prefería mil veces antes de a esa madre violenta, golpeadora, descontrolada. Se sentó en la cama y vació su mochila. Tenía poca tarea y lo mejor iba a ser sacársela de encima lo antes posible. No le llevó más de media hora terminarla, y al rato se encontraba soñando despierta tirada de espaldas en su cama.
Era popular y pretendientes no le faltaban, incluso hasta había recibido el desprecio de ciertas chicas porque decían que Reiner era demasiado para ella, que si no le gustaba se lo dijera de una buena vez. Claro que todos habían sido ataques por la espalda, notas anónimas dejadas en su casillero, en su banco, pintadas con labial en los espejos de los baños donde la tildaban de zorra, fácil y otras idioteces. Con el tiempo aprendió a que ese tipo de mierda le resbalara, lo cierto era que tenía demasiados problemas serios como para encima hacerse cargo del odio de personas que no la conocían.
Reiner era muy apuesto, debido a que entrenaba a diario y corría mucho tenía un cuerpo privilegiado. No iba a negar que era atractivo, pero no le producía nada en especial, hasta incluso algunas veces era tan pesado que ella se ponía a pensar en otras cosas mientras él hablaba de él mismo, que era su tema favorito y más recurrente. Él decía, y se llenaba la boca hablando, de lo linda, buena y perfecta que era ella, ¡ja! Sí, claro. Ese orangután no tenía idea de las cosas por las que ella debía pasar
Y aunque le costaba admitirlo, ella sabía que a veces lo usaba, para que le comprara alguna cosa deliciosa o le compartiera el almuerzo, le llevara los útiles o le regalara alguna cosa. Además los halagos nunca estaban de más. A veces reflexionar sobre eso la hacía sentirse una mala persona, porque en resumidas cuentas solo lo estaba utilizando y en pago por esos favores tenía que aguantarse esas miradas lascivas que el chico le echaba a sus tetas, o a su falda, o cualquier parte de su cuerpo que estuviera un poco expuesta. También sabía que tener al líder del equipo de fútbol a sus pies, hacía que muchos le tuvieran cierto respeto y no se metieran con ella. Qué mierda era relacionarse con la gente de la escuela, pero mucho menos que con su madre, claro estaba.
Qué ganas tenía de encontrar a alguien que la quisiera de verdad, que no se fijara únicamente en su cara linda, que tuviera la decencia de escucharla, de estar verdaderamente interesado en sus problemas, que la pudiera abrazar, reconfortarla y darle la seguridad con la que tanto soñaba ¿Cuándo llegaría alguien así a su vida? ¿Cuánto más tenía que sufrir y ser miserable? Una gota se deslizó por su rostro, hacía mucho que no lloraba, que no drenaba la tristeza de su corazón. Antes lo hacía más a menudo, antes, cuando no tenía la fortaleza para resistir, cuando llegaba tan herida por dentro por esos ataques, esas palabras, esa gente que se daba el lujo de opinar sin importarles cuánto la dañaban en el transcurso. Poco a poco se hizo resistente a todo eso, endureció su carácter y logró formar esa coraza que ahora portaba tan orgullosa.
Pero hasta las mejores corazas tienen sus grietas, y había momentos como estos en que ya no soportaba más. Trató de limpiar sus pensamientos o acabaría con los ojos en compota de tanto llorar. Se permitió pensar en ese pequeño rayo de luz, de esperanza que había recibido por la tarde. Ojalá ese hombre lindo fuera su profesor, ojalá pudiera conocerlo más. No podía dormir pensando en quien le estaba quitando el sueño. Quería saber su nombre, quién era, qué materia enseñaría, si estaría en pareja o soltero. Se encontró sonriendo más de una vez, y eso la divirtió. ¿Hacía cuánto no encontraba un motivo para sonreír? Sí, estaba Ymir que era su amiga, una amiga incondicional, pero faltaba algo, y parecía haberlo encontrado en ese hombre bajito.
El hambre que sintió la distrajo de momento, lo que significaba otro problema más. ¿Qué iba a comer? Fue hasta la cocinita a ver qué quedaba, y en la heladera encontró un tupper con lasaña. Una sonrisa le inundó la cara. Eso claramente era obra de la vecina, que a veces les llevaba si hacía comida demás. Agarró un plato y se sirvió la mitad, dejándole la otra a su madre, sabía que si no lo hacía estaría en grandes problemas. Volvió a su cuarto y, después de devorarse lo que le supo a manjar de los dioses, se echó a dormir. Sabía de antemano que las ojeras la afeaban y después de pensar tanto necesitaba relajarse y disfrutar de un reparador sueño.
El día siguiente lo empezó con otro entusiasmo. Siempre estaba linda, siempre estaba prolija, pero esta vez le había puesto más esfuerzo de lo usual. Historia tenía un vestido rosa pastel que había usado muy pocas veces de más chica, había sido regalo de su madre cuando todavía no era una alcohólica perdida. Como no había crecido mucho de estatura, todavía le iba a la perfección: un poco más ajustado en las caderas y su pecho, pero se le veía increíble.
Bastó poner un pie afuera de su cuarto esa mañana para que recibiera un golpe en la cara.
Al principio, algo aturdida, no entendió qué era lo que había pasado, hasta que vio el bolso en sus pies, y a su madre parada en la puerta de entrada. Ni siquiera le dio tiempo de atajarse.
—M-mamá...
—¿Qué mamá ni qué nada? ¿A dónde crees que vas? ¿Vas a la escuela o te vas a prostituir, pendeja?
Historia intentó pasarla de largo, no quería empezar ese día de una manera tan fea, pero cuando le pasó por al lado, su madre le metió otro golpe con el puño cerrado que le hizo arder la cara.
Hizo lo que solía hacer en estos casos, correr. Tomó su bolso y salió corriendo antes de que la cosa se pusiera peor. Al principio su madre la golpeaba en zonas no visibles, o le tiraba de los cabellos hasta hacerla lagrimear de dolor, pero bueno, no se notaban esas marcas. Ahora se ensañaba en golpearla en la cara y eso que no tenía toda la estabilidad porque la resaca del día anterior la dejaba tambaleante. Salió sin maquillarse, era demasiado temprano, las siete de la mañana, pero ya no quería volverse, prefería quedarse sola por las calles que regresar a su casa.
Le hacía frío, con el apuro ni una chaqueta había sacado, de manera que le escribió a Ymir, su amiga era madrugadora, así que era más que seguro que ya estaría en pie. Le dijo que la esperaba donde siempre y que si hoy podía venir un rato antes mejor. Le contestó de inmediato que ya mismo estaba yendo.
Cuando llegó Historia estaba tiritando de frío, le dijo que no sea tan descuidada y le prestó una campera que tenía en el asiento de atrás. A pesar de que la rubiecita no quiso darle un beso y se mostró esquiva, Ymir notó la mejilla derecha hinchada y un poco colorada, además que su actitud era extraña, por lo general ella siempre era la alegre y positiva de las dos, especialmente por las mañanas.
—¿Qué te pasó en la cara? —le preguntó de frente, sin rodeos.
—Ah, na-nada, es que... amanecí, así, parece que al parecer tengo alguna infección en un diente y se me ha hinchado, me duele un poco.
—Uh, no te dejes estar entonces, tienes que ir a un dentista, cualquier cosa yo te acompaño —le siguió la corriente, pero sin creérselo demasiado.
—Gracias.
Historia notó que Ymir estacionaba unas cuadras antes de llegar a la escuela.
—¿Qué pasa?
—Voy a comprar unas chocolatadas calientes, está haciendo frío, ¿te parece bien?
A Historia se le hizo un nudo en la garganta, casi se larga a llorar de la gratitud que sentía en ese momento, por lo que sin poder hablar asintió. Ymir compró las bebidas calientes y le acercó los vasos.
Como era temprano así que fueron de las primeras en llegar, incluso ni se veía a los docentes todavía.
—Quiero fumar un poco —avisó Ymir sacando el paquete de cigarrillos mentolados que le gustaban tanto.
—Bueno, te espero adentro, ¿sí? —dijo la chica que estaba con un poco de frío, cuando vió que su amiga asentía entró al lugar y fue hacia su salón.
Una vez que se sentó en su pupitre y notando que faltaba bastante para que llegaran los otros, no pudo evitar largarse a llorar, tratando de refrenar los ruidos, pero sin mucho éxito. Sacó un espejito de mano que siempre tenía junto a su maquillaje y se miró el rostro, abrió la boca, había un poco de sangre, capaz una cortada interna, nada serio, pero era un cúmulo de cosas que ya no quería aguantar, que la destrozaban por dentro. Necesitaba llorar y aliviarse un poco, y no quería que Ymir la viera así.
Cuando sintió que se le estaba terminando el aire en sus pulmones, levantó la cara para poder respirar bien, pero se ahogó al descubrir que no estaba más sola. Tenía una mano cerca de su cara, y estaba sosteniendo lo que parecía ser un pañuelo de tela ¿Cómo fue que no se percató de que había entrado? Ese tipo era sigiloso como un gato.
Su primer instinto fue echarse hacia atrás y cubrirse la mayor parte del rostro, pero cuando vio de quién se trataba, se quedó sin habla, inmovilizada.
Era el hombre hermoso del día anterior, ese con antebrazos musculosos y corte militar. Tenía ojos grises que parecían plateados, y su piel era blanca como la nieve.
—¿Te puedo ayudar? —preguntó. Sonaba tranquilo. Era relajante escuchar su voz. Una voz grave, firme, pero arrulladora.
Quería decirle que sí, que se podía sentar a su lado. Pero no podía dejar que la viera así. No quería que su primer encuentro fuese tan patético. Así que negó y se abrazó a sí misma. El hombre asintió y guardó su pañuelo adentro del mono verde que estaba usando. Ahí se percató Historia, de que se trataba del nuevo conserje. Tenía una correa del cuello del que colgaba una credencial, por el agua en sus ojos no llegó a leer nada de lo que decía.
—Lamento haberte molestado, que estés bien —el hombre se alejó de inmediato, tomó un trapeador que estaba reposando en la puerta del salón y desapareció tan sigiloso como entró.
Historia dejó de llorar, estaba en shock... ¡Ese dios griego era un conserje! Bueno, no tenía ningún prejuicio con ningún tipo de trabajo, solo la había tomado desprevenida y además... ¡No! La había visto sin maquillaje, con el rostro todo lloroso, y encima que había tenido la atención de acercarse a ayudarla ella lo había esquivado como la peste. Mierda, ¿acaso algo más podía salirle peor?
Se limpió el rostro como pudo y tomando su set de maquillaje se dirigió al baño, tenía una reputación que mantener, no podía permitir que a vieran así. Era sabido que cuando las personas te ven mal te tratan peor, así que tenía que hacer algo con su rostro sufriente. Esconderlo de nuevo, como siempre hacía.
Se lavó la cara, se secó y con la precisión que había aprendido a través del tiempo se maquilló para quedar adorable como siempre, sacó un pañuelo blanco y se lo puso a modo de vincha de una manera muy cool. La verdad tenía que disimular un poco el cabello alborotado, ya que no había tenido tiempo de acomodárselo antes de salir. Cuando lo creyó conveniente salió del baño y volvió al salón. Era fuerte, muy fuerte, podía con esto.
Ya había algunos chicos y chicas yendo y viniendo por el pasillo, algunos la saludaron y devolvió el saludo a los que creyó convenientes. Luego ingresó a su curso. Ymir ya estaba allí, en otro costado Jessica con su novio Diego, ugh, eran tan melosos, y en un rincón un chico que no supo reconocer ¿acaso era alguien nuevo? Miraba aburridamente por la ventana hacia el patio, un chico medianamente alto, de tez morena y ojos claros, con ropa de marca y buen gusto.
No le prestó mayor atención y fue donde Ymir, sacaron sus carpetas para la clase de inglés y se pusieron a conversar de todo un poco. Reiner pasó por la puerta y la saludó desde allí levantando la mano y presumiendo sus pectorales de gorila musculoso.
Ymir rodó los ojos y de inmediato la profesora Rita entró al salón. Saludó a todos que se pusieron de pie, y presentó al nuevo alumno. Dijo que se llamaba Eren Jaeger y que venía del norte. Varios cuchichearon sobre su aspecto. Ahora que lo veía mejor tenía unos enormes y expresivos ojos verdes. Sin embargo tuvo una especie de sensación de rechazo, como un dolor en la barriga, algo desagradable, ¿por qué sería?
El chico era en efecto bastante guapo y su presencia imponía atención. El problema era su sonrisa. Tenía una sonrisa rara, como... sobradora. Este chico, Eren, pasó por su lado y se sentó a dos asientos de Historia. Lo miró bien y se percató de lo bien vestido que estaba. Zapatillas y ropa de marca, mochila de primera, y no podía faltarle un IPhone x en la mano.
Era un nene bien. Un nene que combinaría con su estilo, con sus amigos. Cuando Eren la miró, Historia le sonrió. Él le devolvió la sonrisa, pero se notaba demasiado perfeccionada.
La clase empezó y la siguiente fue la de matemáticas, con esa odiosa monotonía sobre números y demás cosas complejas que no tardó en aparecer. Algunos estaban prestando atención, otros hacían que prestaban atención, y el resto se distraía con sus celulares. A Historia le costaba particularmente las clases sobre ciencias exactas, eran las que más le costaba entender. Trató de concentrarse. No podía reprobar, no quería, además ya venía bastante floja en esa materia y si se seguía descuidando terminaría reprobando la misma. No quería ni imaginarse lo que le sucedería si su madre se enteraba de una cosa así, por lo que puso todo su empeño en entender. En ese sentido envidiaba a su mejor amiga que parecía entender todo con una facilidad abrumante ¿No podía compartirle algunas de sus super neuronas inteligentes? Le vendrían bien.
Se le hicieron largas las dos horas corridas, y para cuando por fin terminó, no se cuestionó dos veces en salir como si su silla quemase. Tenía algo importante que hacer. Fue de nuevo al baño, quería cerciorare de que todo en su atuendo y maquillaje estuviera impecable.
Una vez satisfecha, salió más segura de sí misma, y fue directo a donde creyó que lo encontraría.
Se acercó a la sale de profesores y ahí estaba. Sabía que los conserjes solían descansar en ese lugar, y no se decepcionó al entrar.
—Hola, permiso —saludó en voz baja. Eran los únicos allí. Como no obtuvo más que un simple cabeceo (que no supo qué significaba), se acercó.
—Yo... quería pedirle disculpas. Hace un rato, cuando me ofreció el pañuelo... bueno, me tomó desprevenida y no supe cómo reaccionar. Tuve un mal día, es todo.
Sentía que necesitaba explicarse. Ese hombre no parecía afectado, pero no quería que creyese que ella lo había rechazado porque era un simple conserje.
—Descuida. Por eso mismo me fui. Supuse que necesitabas estar sola.
La joven sonrió, su voz en verdad calmaba y le dieron ganas de escucharlo un poco más.
—Mi nombre es Historia —se presentó con más confianza.
—Historia, un nombre curioso. Soy, Levi.
Por un rato se quedaron en silencio, el conserje sin sacarle sus acerados ojos de encima. Historia pensó que la estaba mirando demasiado, y aunque en parte le gustaba, se sentía un poco incómoda, en medio de ese silencio y sin personas alrededor.
—¿Quién te golpeó? —preguntó de pronto, e Historia sintió su cara arder de pena. Por eso la estaba mirando tanto.
—Ah, eh... es, nadie, es una infección en la muela.
El hombre hizo un gesto de molestia pero no dijo nada. Historia aprovechó el silencio para retirarse con un saludo por lo bajo. Seguro Ymir y los demás ya estaban sentados en el bufete, y la verdad es que tenía algo de hambre.
Cuando entró al bufete, vio la mesa en la que estaban sus compañeros. Buscó a Ymir con la mirada y vio que el chico nuevo, Eren, estaba sentado junto a ella. Se acercó para unírseles.
Se sorprendió al encontrar a Eren sentado en la misma mesa. Normalmente siempre se sentaba con Ymir en solitario, a veces la cafetería se llena demasiado entonces no les queda otra opción que dejar que otros se sentaran con ellas. Aunque estaba vez no había tantos, la hora pico estaba terminando.
El muchacho tenía una lonchera de primera, llena de filete de carne y puré de papas que se veía increíblemente apetitoso. Saludó y se sentó al lado de su amiga, quien la miró mientras volvía a llenarse la boca. Ymir siempre traía una cantidad abundante de comida, Historia sabía que lo hacía por ella más que nada. Sin embargo se quedó escuchando al chico recién llegado que conversaba con una chica de cabello negro y lacio y que no le sacaba los ojos de encima. Su rostro le parecía familia... mmm, ah sí, era Mikasa, la capitana del equipo de volleyball, esa del aura rara y un tanto emo. Y estaba con ese chico rubio, Armin, a quien no soportaba. Era un nerd, pero no era ese el motivo, sino que muchas veces le hacían chistes diciéndole que era su hermano gemelo perdido, cosa que aborrecía.
—En el colegio anterior teníamos menús saludables para elegir todos los días —contaba Eren, mirando alrededor con un poco de desdén—. Aquí se puede oler la grasa a un kilómetro de distancia, desagradable. Como sea, temprano estuve recorriendo las instalaciones. Es un lugar bastante humilde, pero bueno, no había lugar en los otros colegios y siendo mitad de año no quedó otra que aceptar que me inscribieran aquí. No se lo tomen a mal, ustedes son cool, me agradan.
A la jovencita le pareció un tipo de lo más pretencioso, no tenía empacho en largarse a decir cosas tan odiosas como esa de su escuela. Está bien, no tenían las comodidades y lujos de una institución privada, pero no estaban del todo mal, y a nivel nacional tenían un excelente promedio educacional. Ymir también estaba atenta a lo que decía el chico y eso la sorprendió un poco.
—Por cierto, no sé si lo notaron pero, el conserje... —se quedó callado como pensando en qué decir.
—¿Te refieres al empleado nuevo? —Dijo Armin acomodándose sus anteojos—. Lo han contratado en reemplazo del anterior, hubo un gran escándalo al respecto, al parecer ese hombre se involucraba con alumnas o algo así.
—¡En buena hora! —Replicó el joven para sorpresa de todos en la mesa—. No me malinterpreten, lo que quiero decir es que en buena hora lo contrataron, es un tipo muy lindo, ¿no?
—Es un enano —habló Mikasa mirando sus uñas negras y sin expresión en el rostro.
—Ya saben lo que dicen de los enanos —retrucó Eren moviendo sus cejas de manera insinuante y cómica—. En fin, es todo un bombón. ¿Estará soltero? ¿Tú qué crees? —le preguntó a Historia. Automáticamente las mejillas de la rubia se le incendiaron, y trató de disimular su vergüenza cubriéndose la cara.
—No sé de quién hablas –respondió haciéndose la desentendida.
Eren empezó a sonreírle pícaramente, hasta que vio algo en ella que lo detuvo.
—¿Qué te pasó en el rostro?
—Oh, eh... es la muela de juicio.
—Creí que era una infección —reprochó Ymir por lo bajo. Historia la miró desconcertada.
—¿No estás un poco joven para que te salgan las muelas de juicio? —siguió Armin. Parecía que el viento no estaba soplando a su favor.
—Uh, bueno, creo que mis muelas no entienden nada de edades –respondió visiblemente molesta. Luego se levantó. No tenía ganas de lidiar con todo eso.
Fue caminando por el pasillo, y cuando se dio cuenta, estaba en frente de la entrada a la sala de profesores. Otra vez.
Levi seguía ahí, sólo que ahora estaba disfrutando de su almuerzo. Miró de reojo la cabeza amarilla asomándose por la puerta que estaba abierta.
—¿Será que esta vez sí te puedo ayudar? —había ironía en su voz, pero no era malintencionada. Historia le sonrió. Qué lindo era...
—Sólo estaba paseando un rato –respondió sin saber qué decir o cómo justificar su presencia.
Levi iba a abrir la boca, pero un ruido fuerte lo calló. Un ruido que provenía del estómago de la rubia. Si Historia antes sintió vergüenza, no podía explicar lo que sentía ahora.
—Se ve que no comiste. Si no te molesta compartir, este sándwich es muy grande hasta para mí —dijo cortándolo por la mitad. Se veía delicioso. Podía ver el tomate, el queso, la carne.
—Oh, muchas gracias, pero en realidad acabo de terminar de almorzar —Levi la miró de reojo como si no le creyera—. Es en serio… ¡Ah! ¿Ese es Rotchmandy?
Levi miró al costado donde reposaba un tomo de uno de sus escritores preferidos. Rotchmandy escribía sobre novelas policíacas y de terror, combinaba ambos géneros de una manera magistral, al estilo de Stephen King pero sin sonar tan fantasioso, de hecho creaba una atmósfera que poco a poco te iba sumergiendo en mundos oscuros y corruptos. Leerlo era una delicia. Le sorprendió muchísimo que una joven tan adorable supiera de ese tipo de literatura, o que al menos se viera interesada a decir por el brillo en sus ojos
—Sí, me gusta mucho su manera de narrar, después del primer tomo me di cuenta que valía la pena seguirlo.
—No lo puedo creer, nunca vi un tomo de él en vivo y en directo, ¿puedo? —dijo estirando su mano con intenciones de tomarlo, Levi notó que los bonitos dedos estaban limpios y asintió.
—Y... ¿Cómo es que lo conoces si nunca has visto sus libros?
—Oh, bueno —dijo la joven mientras lo hojeaba con cuidado—, espero no te deje una mala impresión de mí, pero son difíciles de conseguir y bueno, he leído un par pero on line. En verdad es genial, mi favorito es "Los cuervos que no volaban".
Levi abrió sus ojos, era un libro complejo para entenderlo y asombrosamente era su favorito también, porque involucraba pájaros, que era otra de sus aficiones.
—Personalmente me parece un título estupendo, además los cuervos son hermosos, tienen esa rara mezcla entre maldad y belleza.
Historia sacó su celular de inmediato y le mostró el salvapantallas, era una bandada de cuervos sobre un espantapájaros.
—Me encantan las aves en general, pero los cuervos son especiales. No le temen a nada, son audaces y el negro les queda tan bien.
Se quedaron hablando durante el resto del almuerzo. Levi le ganó por insistencia e Historia terminó comiendo la mitad de su sándwich, el cual estaba exquisito.
El hombre era lindo, agradable, inteligente. Tenían tanto en común.
Maldijo la campana anunciando el final del recreo, pero acordaron en juntarse alguna vez para hablar más de sus aficiones. Levi le dijo que si prometía cuidarlo, le prestaría uno de sus libros más adelante. Historia estaba encantada.
Ese día, después de todo, había terminado inesperadamente bien.
