Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Aquí el nuevo capítulo, perdón la demora "cosas pasaron", pero al fin está completo, el próximo vendrá en menos de los que esperan yyyyy... traerá muchas interacciones con el conserje más hot de la escuela. Recuerden que esta historia es una comisión y la estoy escribiendo junto a Yaoi´Blyff.


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, nosotras solo los usamos para fines de diversión en el fandom.

Advertencias: Violencia intrafamiliar, palabras altisonantes, lenguaje vulgar, nada más por ahora.


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"Los ganadores nunca se rinden y los que se rinden nunca ganan".

Vince Lombardi

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Historia no paraba de mirarse en la chaqueta de Levi frente al espejo del baño, ni de sonreír. Se sentía en la nube nueve, a pesar de la vergüenza que le dio cuando la paloma le ensució su ropa. De algún modo había valido la pena.

Se abrazó a sí misma y aspiró el aroma de las mangas. Olían a él. Levi siempre olía bien. Era una esencia masculina y dulce a la vez. En verdad tóxica. No deseaba quitársela nunca. Pero debía si no quería ensuciarla. Fue hasta su habitación y con algo de pena se la sacó. Eligió la mejor percha que tenía, y la colgó cerca de la ventana para que se airease. Si bien ella no olía mal, quería conservar su original olor. A Levi.

—Historia— la llamó su madre. Ella salió de su cuarto y fue hasta donde se encontraba la mujer. Se la veía muy quieta, y sus ojeras eran tremendas—. Ve a comprar algo de carne. Haré un guiso.

La rubia no quiso tentar a la suerte y evitó cualquier comentario sarcástico, ya que ver a su madre así no era algo común. Se acercó y tomó el dinero que le extendía. Ni preguntó de dónde había salido. Fue hasta la carnicería más cercana y demoró bastante, ya que había mucha gente pues algunos cortes de carne estaban en oferta ese día. Cuando consiguió lo que necesitaba volvió.

Entró a la casa y guardó la carne en la heladera. No faltaba mucho para que se hiciera tarde, por lo que, si su madre iba a cocinar, lo haría pronto. Le extrañó no verla en el living, lugar donde siempre estaba.

—¿Mamá? Traje la carne.

De pronto, su madre salió de su habitación, e Historia tuvo un mal presentimiento. ¿Qué hacía allí?

Le iba a preguntar, pero como la mujer no dijo nada, supuso que estaba anticipándose en vano a pensar en negatividades.

—Bien. En unas dos horas tendré la comida lista— dijo y le pasó de largo sin mucho más.

Historia fue hasta su cuarto y ni bien abrió la puerta, llevó las manos a su boca para evitar largar un gemido de angustia.

La chaqueta de Levi estaba destrozada. Esa loca le había cortado las mangas y hecho agujeros por todos lados.

Su primer pensamiento fue ir hasta donde su madre y enfrentarla, gritarle… pero sabía en qué resultaría. Saldría perdiendo, como siempre. Lo único que hizo entonces fue juntar cada pedazo de chaqueta y guardarlos en una bolsa. Más luego vería qué hacer. No podía devolverle eso a Levi.

Su máquina no andaba bien, pero aún conservaba hilos y agujas, De alguna manera se las ingeniaría para arreglarla. Tal vez podía lograr un efecto rústico y todo. Tan sólo esperaba que Levi no se fuera a enojar con ella. Pensaba que no, dado que el hombre era un santo, pero uno nunca podía estar demasiado seguro. Lo mejor iba a ser tomar precauciones.

Después de serenarse lo más que pudo, salió de su habitación. Su madre la llamó e hizo fuerza para no dejar que una sola mueca de enojo se le escapase. Sabía que tarde o temprano esa mujer pagaría por todos sus males. Por el momento… lo mejor iba a ser aguantar un poco más. Además, tenía hambre, y un guiso sonaba bien de momento.

La mujer se había esmerado, no era la mejor comida del mundo, pero el hambre era traidor. Así que con muchos ánimos puso la mesa y sirvió agua helada que tenían en una jarra en el refrigerador. Era algo peculiar, casi nunca comían juntas, mucho menos si la mujer cocinaba, así que podía deberse a dos razones, o bien recibió algún giro de dinero de sus abuelos maternos en el sur (mucho no se acordaban de ellos, pero muy de vez en cuando aparecía un dinero suyo), o su madre se había visto con Rod, su detestable padre.

Realmente que el tipo no tenía escrúpulos, con todo el daño y el mal que les había hecho, no dejaba de aparecerse de tanto en tanto, siempre en las horas que Historia estaba en la escuela, claro, sus visitas no tenían nada de familiares, sino más bien encuentros sexuales con su madre. Historia esto lo sabía porque siempre había cierto tipo de "pistas". El dinero era una de ellas. Y, también, a veces los encontró justo…

Todavía recordaba una vez que había llegado temprano y que tuvo que esperar afuera, había visto el auto del tipo y los indecentes sonidos que surgían de las ventanas abiertas de esa casucha de mala muerte. Se había escondido en el patio, no quería tener que enfrentar la cara de los vecinos, aunque no le importaba su reacción, y además no era su culpa, pero igualmente era molesto. Al menos ahora tenían el cuidado de hacerlo cuando ella no estaba.

Historia era muy joven, pero solía preguntarse por qué su padre era así. ¿Qué sacaba con martirizar a la mente enferma de su madre de esa manera? Siempre prometiendo cosas que los tres sabían nunca llegarían a cumplirse.

Trató de hacer esos pensamientos y recuerdos a un lado.

Una vez que se terminó el primer plato se fue a servir más, había que aprovechar cuando había guiso, y más si tenía carne. Ya con el hambre más calmado levantó la mirada de su plato y contempló a su progenitora. Su alcoholismo, insomnio, el estar encerrada todo el tiempo y su amargura en general habían arruinado un poco su precioso semblante, sin embargo no se podía negar que cuando se arreglaba (incluso notaba restos de rouge y un poco de delineador) se destacaba de inmediato.

—Estás linda hoy— susurró intentando halagar a su madre de alguna manera, sin embargo ella la miró contrayendo sus facciones.

—Cállate, no creas que por decir una tontería así me vas a engañar. Solo te pido que no me vayas a caer embarazada, porque te rajo a patadas de aquí. Pensé que no ibas a cometer los mismos errores, pero en fin— suspiró—. Lo que se hereda no se hurta.

—No sé a qué te refieres— replicó Historia con la voz dócil y suave, incapaz de hacerle frente a esa mujer. Realmente la confundía, no tenía idea de qué le hablaba.

—No te hagas la tonta. Serás zorra. Ví esa chamarra, ha de ser del tipo que seguramente se está aprovechando de ti. No tengo dinero, así que ve al hospital a pedir anticonceptivos. Y que no me entere yo que te hayan visto encamándote por ahí con cualquiera porque te dejo calva, ya me oíste.

Automáticamente se le cerró el estómago. Dejó caer la cuchara a un costado, sintiendo el mismo dolor de siempre, de todos los días, pulsando y latiendo en medio de su pecho. No importaba cuanto se esforzara, a los ojos de su madre ella siempre era una fácil y una idiota. Decidió levantarse e irse a su cuarto. Dejó las sobras en la olla, lavó los platos y otros enseres que había, se dió una ducha breve y se fue a acostar.

—Vete a la mierda, madre…— murmuró a su almohada.

Esta vez, sin embargo, no iba a quedarse dormida de tanto llorar. Estaba harta de eso. Quería seguir adelante. Quería salir de toda la mierda que la rodeaba. Lo merecía, después de todo. Y lo lograría. Siempre que intentaba hacer las paces con su madre, la muy bruja buscaba la manera de sabotear sus intentos. No valía la pena ponerse a discutir por cosas que no iban a prosperar de ninguna manera.

Krista lo había intentado todo, siempre se decía que algún día su madre apreciaría sus esfuerzos, que una vez que la rescatara de ese pozo depresivo y horrible podrían ser una familia, podrían formar hermosos recuerdos, pero con el tiempo todas esas esperanzas habían ido muriendo poco a poco. Le costaba mucho aceptar que la realidad era bastante simple: su madre no la quería y no lo haría en un futuro. Cerró los ojos, mientras antes se durmiera mejor.

Se levantó más temprano de lo usual. Ese día había un pequeño acontecimiento en la escuela, y eso era el famoso día del "amigo invisible". Consistía básicamente en dejarle un regalo a alguien, sin decirle de parte de quién, por el simple hecho de alegrarle el resto del día. Ya sabía a quién le daría un regalo. Bueno, a quienes… Ymir siempre estaba para ella, así que no podía olvidarla.

Agarró los dos chocolates que había conseguido, a veces lograba encontrar conseguir una que otra cosa gracias a sus encantos (o gracias a la vecina, que se compadecía de ella de tanto en tanto y a veces le daba algo de dinero), y los guardó en su bolso. Salió rápido de su casa. No quería arriesgarse a que su madre viera lo que llevaba, se estaba cansando de esa maldita bruja.

Ymir la fue a buscar al edificio de siempre. Historia le tiró el chocolate en la mochila de su mejor amiga, pues sabía que no la revisaría sino hasta más tarde, y cada una fue a hacer sus cosas: Ymir a fumar, Historia a… buscar a alguien.

Cuando la rubia se encontró frente a la puerta de la sala de maestros, habiendo ido con la esperanza de ver a Levi, lo vio. Sólo que, no estaba solo.

—Eren, gracias, pero… ¿no se supone que sea anónimo el regalo?

El pendejo le estaba entregando una bolsa enorme con la inscripción de "La Chocolatier". Una maldita chocolatería francesa que quedaba en el lugar más caro de la ciudad. Maldito Eren y su maldito dinero.

—¿Y entonces cómo sabrás que fui yo el que te eligió el regalo?— le oyó preguntar con tono coqueto, y la vena de su frente estuvo a punto de estallar. Pero lo que más le jodió fue ver la sonrisa cómplice de Levi. ¿Acaso él…?

—Oh, Historia. Buenos días.

—Buenos días, Levi. Hola, Eren.

No demoró mucho en intercambiar ningún tipo de patética excusa para irse otra vez, ya que sus ánimos se encontraban por el subsuelo. No podía competir con Eren, ni con sus regalos. Se fue hasta su aula y se sentó a esperar que el día pasara rápido.

La clase sirvió para distraerla, al igual que el almuerzo, que lo pasó a solas en las gradas, viendo a algunos alumnos correr. Estaba agradecida de que ese día fuera a terminar pronto, hasta que lo vio acercarse hasta su posición.

—¿Me puedo sentar?

Ella asintió y corrió su falda para dejarlo acomodarse mejor.

—Oye, no estoy haciendo esto para fastidiarte. Simplemente Levi me gusta, ¿OK? Si puedo conseguir que esté conmigo, lo voy a hacer. Y si crees que no eres lo suficientemente buena y por eso prefieres quedarte aquí de víctima dando lástima, por mí está bien. Lo que quiero decir es: lo que yo haga es por mí, es asunto mío. Y de Levi, a lo sumo. Y tú deberías hacer lo mismo. Si quieres a Levi, haz algo para que se note, nadie te lo impide. En todo caso, que gane el mejor.

Y… eso era… ¿una sonrisa? ¿Una sonrisa en verdad honesta? Historia no pudo evitar sonreírle también. El pendejo tenía un punto. No iba a quedarse sentada haciéndose la pobrecita. No. Iba a pelear por lo que quería. Y quería a Levi. Eren se volvió menos despreciable para ella, sabía que no la tendría fácil, porque aunque el chico podía ser irritante por momentos, lo cierto es que era muy atractivo y con Levi se deshacía en regalos y halagos, pero no iba a amedrentarla, ella también tenía lo suyo y no iba a bajar los brazos tan fácil.

Cuando el adolescente se levantó para irse, Historia no dudó en buscar al conserje. Ni bien lo encontró, le entregó el chocolate, y le plantó un beso en la mejilla. Levi la miró sorprendido. Historia, al notar ese silencio incómodo, estaba a punto de retractarse y pedirle disculpas por tomarse tal atrevimiento, pero al ver un leve sonrojo en la cara de Levi se limitó a sonreír.

—Haces muchas cosas por mí, eh, quiero decir por mi bienestar, así que me pareció justo darte esto como muestra de mi agradecimiento.

—No te hubieras molestado, Historia, en serio y por cierto —dijo rebuscando en el bolsillo de su mameluco para luego sacar un chocolate fino con envoltorio dorado—. Para ti, no te vi en el resto del día y seguramente te hicieron regalos hoy, pero bueno.

A la chica casi se le sale el corazón del pecho, aceptó de inmediato los pómulos completamente rojos y se retiró a paso alegre apretando la golosina entre sus manos. Como había dicho Eren. Que gane el mejor, en efecto.

Levi tuvo mucho trabajo ese día, en general los alumnos dejaban los envoltorios de sus regalos por todas partes, los basureros estaban atestados, la genial idea era un bodrio porque le habían dado trabajo extra. Demoró más de la cuenta para dejar todo en perfecto estado. Pero lo hizo.

Decidió pasar por la dirección del establecimiento para hablar con Erwin, para pedirle colaboración, tal vez alguna campaña de concientización sobre la limpieza y el orden. El director atendió a su pedido y estuvo de acuerdo con ello, de hecho, al día siguiente habló con los alumnos en el izamiento de la bandera sobre el tema, y todos parecieron entender lo que el director proponía. Una vez que finalizó esa charla y cada uno fue a hacer sus quehaceres, Erwin llamó a Levi a dirección, se puso más serio, y le dedicó unas palabras que dejaron reflexionando al conserje.

—Escucha, quiero que sepas que estoy muy impresionado de tu desempeño, de verdad hacía mucho tiempo que no veía una persona que se tomara en serio el tema de la limpieza— comenzó el director—. Estoy seguro de que eres la persona idónea para este trabajo. Sin embargo hay detalles que me preocupan un poco. Ya tú sabes sobre la mala experiencia que hemos tenido en el pasado con el otro conserje. Lo hablamos.

Levi asintió y se cruzó de brazos prestándole toda la atención al hombre.

—Bueno, recuerdo haberte dicho que tuvieras cuidado en tu relación con los alumnos, debido a que la imagen de la escuela ha quedado resentida por las acusaciones tan graves de acoso y abuso sexual —Levi asintió de nuevo, esperando entender a qué iba Erwin—. Bueno, ya debes saber que los jóvenes llevan y traen chismes que no son reales la mayor parte del tiempo, pero a veces todo gran problema comienza con un pequeño rumor, ya sabes, como una bola de nieve.

—Erwin, ¿podrías ir al grano?— pidió Levi que se estaba cansando de tanta vuelta.

—De acuerdo, bien. Resulta que un profesor dijo que hay alumnos que... te frecuentan, o algo como eso, escuchó a un grupo cuando estaban en la cafetería y uno en especial dijo… bueno, estaba en planes de salir contigo o algo así, ¿te suena familiar?

El conserje enarcó una ceja y parpadeó sorprendido.

—Bueno, no soy de conversar con todos los alumnos, pero...

—¿Es verdad que estuviste almorzando con alguno de ellos en estos días, en la sala de profesores, para ser específico?

—Eh, sí, pero en ningún mom-

—No necesito explicaciones— esta vez Erwin se puso muy serio—. Creí que habías entendido sobre la advertencia de no involucrarse con alumnos, Levi. Pensé que solo eran rumores, pero al parecer me equivoqué. Te voy a pedir encarecidamente que no te involucres con ningún alumno del establecimiento.

—Perdón, Erwin, es que compartir un almuerzo no me parece que esté mal.

—Lo está, Levi, lo está. Nos hemos visto muy afectados no hace mucho tiempo, una denuncia más y sería un desastre, comprometes a todos, al cuerpo decente, a mí, a la reputación de la escuela. No dudo de tu honestidad, al menos por ahora, pero no me des motivos para tener que tomar medidas más drásticas, ¿está claro?

—Sinceramente me parece injusto tener que verme perjudicado por acciones que no he realizado, pero entiendo tu punto. Evitaré el contacto con los alumnos, Erwin.

—Excelente, me alegra contar con tu colaboración. Entiende que no es personal, ¿OK?

Levi asintió y se retiró, esta vez se fue caminando a su casa, necesitaba despejar su mente y pensar seriamente sobre lo que había escuchado y lo que le habían pedido. En cierta manera se sentía molesto, no era su culpa que el degenerado anterior le hubiera dejado el camino minado. No era un joven hormonal que haría cosas indebidas o incorrectas en su trabajo. Admitía que le sorprendía la atención que había conseguido en ese corto tiempo por parte de los alumnos, en especial de Historia y Eren, dos jóvenes que destacaban por su carisma y belleza… pero... diablos… ¿Erwin tendría razón?

Se recostó en su sillón y buscó en su morral la bolsa que le había dado Eren, y el chocolate de Historia. Claramente el chico quería llamar su atención, esos chocolates salían una fortuna, y Eren no era conocido por hacerle regalos a todos. Sin mencionar que en varias de sus charlas notó indirectas bastante directas de parte del adolescente. Levi no era idiota. Él también había sido joven y sabía lo que era sentirse atraído por alguien. Había tenido tanto novias como novios, también, y se daba cuenta cuando un chico quería con él. Eren era un buen candidato, sólo que… mierda, era muy joven. Al igual que Historia, sin ir más lejos. No iba a mentir, sí los estuvo mirando con ojos coquetos los últimos días, al menos disimuladamente, pero sabía que todo lo que le pasara por la cabeza tenía que quedarse ahí. En su cabeza. Eran fantasías y ya. Levi les llevaba unos cuántos años, y aunque era lindo saber que conservaba su encanto y que dos de los chicos más lindos de la escuela estaban detrás de él, tenía que poner los pies en la tierra y recapacitar. Recordó la charla con Erwin entonces, y se maldijo por permitirse ciertos pensamientos indebidos. Tenía que poner un límite, sino todo se le iba a ir de las manos tarde o temprano.

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Historia no apoyó la aguja sino hasta terminar de bordar el último detalle. Trabajó con mucha dedicación, y aunque tuvo que esforzarse por demás, y sí, eso implicó no dormir y seguir de largo hasta el día siguiente, logró que la chaqueta de Levi quedase hermosa. Era obvio que algo le había pasado, y sabía que tenía que darle explicaciones, pero esperaba que todo resultase bien después de todo. El bordado del ave Fénix había quedado muy bonito. Historia era en verdad una profesional, y con poco podía hacer grandes cosas. Lo había aprendido a la fuerza.

Envolvió la prenda en dos bolsas, quería evitar que su madre la encontrase nuevamente. La guardó en su mochila y después de arreglarse lo mejor que pudo, salió. Se encontró con Ymir y su excusa por las ojeras que adornaban sus ojos fue que se quedó mirando películas. Ymir asintió sin decir mucho.

Con el tiempo su amiga había aprendido a respetar los espacios de la rubia, sabía de sobrada cuenta que podía contar con ella para todo, que era su confidente incondicional, sin embargo se resentía cuando la chica se guardaba las cosas para sí. Había cosas que las había deducido por su cuenta, notaba su incomodidad y que sintiera vergüenza, sin embargo la lastimaba al no demostrarle su confianza. Sin embargo y a pesar de lo esquiva que se mostraba, no podía dejarla a su suerte, eran más fuertes sus sentimientos y si esto era lo máximo que podía obtener lo aceptaría. Aunque no negaba que a veces esperaba que la relación avanzase hacia algún punto más… favorable, ya no sabía.

Cuando llegaron a la escuela Historia fue directo a buscar al conserje. Se le acercó con algo de pena y le extendió el paquete.

—Tuve un accidente. Intentaron robármela y en el zamarreo la rompieron. Hice lo mejor que pude. Lo lamento mucho, Levi.

Levi abrió las bolsas y encontró una prenda que lo dejó boquiabierto.

—¿Esta es mi vieja chaqueta?

Historia asintió.

—Está… increíble. ¿Tú hiciste esto?

—Sí, ¿te gusta?

—¿Bromeas? Me encanta. Pero no debiste preocuparte por una chaqueta, Historia. ¿Qué si te pasaba algo al resistirte?

—Es que no era mía, no podía-

Levi se le acercó, quitándole el aliento de momento.

—Historia, debes tener más cuidado. Esto es hermoso, pero sé más consciente la próxima vez. Si te hubiera pasado algo por esta estúpida chaqueta, ¿tú crees que me preocuparía por una prenda?

—Lo siento… yo-

—Sólo… prométeme que te cuidarás mejor.

Historia volvió a asentir. Levi era mejor de lo que pensaba. Él… en verdad se preocupaba por ella…

De pronto, el semblante del conserje cambió. Y esto la rubia lo notó al ver que el hombre retrocedía.

—Bien, uh, gracias.

—Oye, ¿comemos juntos hoy?

No sabía por qué había dicho eso, si ni siquiera tenía comida consigo o dinero parar comprarla. Fue un impulso. Un impulso del que se arrepintió al ver a Levi poner cara de duda.

—Tengo mucho trabajo. Tal vez otro día. Gracias por arreglar la chaqueta.

Y sin más se retiró dejándola sola en el pasillo, Historia se quedó de piedra, sin entender su reacción. Bajó la cabeza para mirarse la punta de sus zapatos charolados, esos que Ymir le había regalado la otra vez y que le quedaban tan lindos.

Sacudió la cabeza, no iba a deprimirse tan fácil, probablemente el hombre tenía cosas que hacer, es decir, estaba trabajando, no podía pretender que le dedicara el cien por ciento de su tiempo. Ya encontraría algún momento para poder charlar mejor, tal vez a la salida. Se trató de convencer y levantar los ánimos, aunque algo le decía que el ambiente que parecía tan bueno se había puesto raro.

Se fue al curso junto con Ymir, en poco rato iban a empezar las clases. Y su amiga de inmediato se dio cuenta de que algo no marchaba bien.

—¿Pasó algo con el enano? —dijo su amiga despectivamente luego de bostezar.

—No le digas así.

—Bueno, es que tú no te das cuenta porque eres más enana que él.

Historia la golpeó juguetonamente con el codo y se hizo la ofendida.

—Es mucho mayor que tú, y en serio… es solo un conserje, con tu belleza y personalidad podrías conseguir a quien quisieras, de verdad. Hasta yo te puedo dar un mejor futuro que él.

—Ymir, sabes que te adoro, pero no saques conclusiones apresuradas, solo charlamos de tanto en tanto y estoy agradecida porque es amable conmigo, eso es todo, y no quiero que empieces con esa cantaleta de que sólo me ve como un pedazo de carne, porque no es así. Él… se preocupa por mí.

—Como sea, suficiente de hablar de pitufos. Quería agradecerte por el chocolate, ¿por qué lo escondiste en mi mochila?

—Porque quería sorprenderte, además se supone que era el día del amigo invisible —dijo guiñándole un ojo.

—Nadie me tiene aprecio en esta pocilga, solo tú, dudo que otra persona me hubiera regalado algo.

—Me alegro de que te haya gustado —le dijo ignorando el tono negativo de su respuesta.

Al finalizar la jornada salió a buscar al conserje. Ymir se había ido porque tenía cita con el dentista y ella aprovechó para hablar un momento con Levi, le llevó un buen tiempo dar con su paradero. En los recreos incluso, no había estado en la sala de profesores, ni en la cafetería, ni siquiera en el cuarto de servicio, parecía como si se estuviera escondiendo. Sin embargo se negaba a retirarse sin haberlo visto aunque más no fuera una vez.

Finalmente luego de dar varias vueltas, lo encontró en la parte de atrás del gimnasio, del lado de afuera, donde había unos contenedores de basura, le daba la espalda por lo que no pudo ver con quien conversaba, se apostó detrás de uno de los contenedores que eran enormes así que no se podía adivinar su posición y escuchó, la otra voz claramente era la de Eren y parecía alterado.

—¿Por qué no?

—Ya te lo expliqué, Eren, me pones en un compromiso, yo estoy trabajando aquí, y tú eres un alumno de la institución, sin contar que eres menor de edad. Te pido que seas razonable.

—Pero estaba todo bien antes, no entiendo.

—Bueno, ya está, no importa si entiendes o no, esto es lo que voy a hacer y no voy a cambiar de opinión, y ya dieron la salida hace rato, así que deberías ir a tu casa.

—OK, yo entiendo, pero tiene que haber alguna manera.

—¿Alguna manera de qué?

—De que estemos juntos, tú me gustas, Levi, ¿acaso no se nota?

Hubo un silencio donde Historia sintió que se le aceleraba el corazón. Sabía que Eren estaba interesado, pero no se esperaba que fuera con toda la artillería al siguiente día. Pero más que eso era escuchar la respuesta de Levi, eso la ponía extremadamente nerviosa.

—Bueno, no eres exactamente sutil y justamente eso es lo que me puede poner en aprietos muy graves. Ya dejemos esta conversación, tengo que terminar mi turno y tengo otras responsabilidades.

—No me dijiste que no, solo dijiste que estás comprometido por tu posición.

—Eren, en serio, dame un respiro.

—Dame un beso y te lo doy.

—¿Qué? No, tienes que calmarte un poco.

—¿Un beso en la mejilla?

—No, Eren.

—¿Al menos puedes admitir que no es porque no quieras sino porque es complicado?

—Basta, en serio, eres tan testarudo.

—Si yo tuviera dieciocho y no estuviera en esta escuela, ¿me darías una oportunidad?

—Adiós, Eren.

Escuchó los pasos de Levi alejándose a decir por el golpe de puño de Eren contra el contenedor que la hizo saltar en su lugar por la sorpresa. Luego escuchó que suspiraba y se iba a paso veloz. Recién entonces sacó la cabeza para percatarse de que no había nadie más.

En algún punto se sintió aliviada, Levi también le había puesto un freno a los avances de Eren, admiraba la persistencia de su compañero de clases, y se daba cuenta que tendría que hacer su movimiento lo antes posible. No, de ninguna manera dejaría que ganara el corazón de ese hermoso hombre, debía presentar batalla y justamente eso es lo que iba a hacer. Por otro lado… Levi no le había dicho que no quería, sino que no podía…

Se preguntó si tendría oportunidad con Levi de alguna manera. Esperaba que así fuera. Haría lo posible para que eso sucediera. Y creía saber cómo hacer que el conserje cayera ante sus encantos.