Seguramente le llamarían suerte el hecho de que no se viera afectada la integridad del título de la actual mandataria de la organización Hellsing, luego de enfrentarse a los tiburones detractores que culpaban a todo dar a la joven del desastre ocurrido que hundió a Londres, sin embargo fue la fiereza de Integra lo que no permitió que los de cuello blanco pudieran enterrar su honor.
Integra salió victoriosa, con el poder que siempre sostuvo en las manos, solo que, condicionada no sólo a aportar económicamente a la reconstrucción de la ciudad, sino también a prestar su organización físicamente para el alojamiento de miles de afectados y como reemplazo de las instalaciones médicas de segundo y tercer nivel; eso mientras la herida patriótica se sanaba, salvo la de ella, lo de Integra ya no una herida somática, es una herida emocional aparentemente incurable que se creó desde la partida del rey no vivo. La rubia trabajaba día a día como de costumbre, buscaba aumentar su carga laboral para ignorar la ausencia de Alucard, sin embargo el tiempo de dormir ineludible y propuesto por Walter, era un tiempo tortuoso. Integra no solo se sentía desprotegida a pesar de la existencia de la draculina, se sentía culpable, su mente divagaba por el sendero del "Si hubiera…", rodaba por el camino del "Y si yo hubiese" y tropezaba con el pedrusco del "¿porqué?". Era tanta la impaciencia por saber del paradero del vampiro que en ocasiones permitió que la aflicción la quebrantara, que sus lagrimas casi la sofocaran y que su ira la hiriera aún más como el filo de un puñal.
Octubre 27, año 2000.
― Ama, felices veintitrés. ―Entonó la draculina evitando perder completamente la compostura. Integra solo levantó la mirada dejando de ver la pantalla de su computadora portátil, alzó una ceja y viró para observar el calendario estándar que tenía sobre su escritorio.
― ¿Es hoy veintisiete? ― habló la Sir sin dar alguna expresión de emoción, más bien hizo un mohín de intranquilidad.
― S-si, Ama. y es su cumpleaños. ―Victoria expuso el pequeño muffin que traía escondido tras su espalda, y sonrió con nerviosismo.
― Déjalo ahí Seras ― Señaló alguna región visible de su escritorio. ― haz el favor de llamar a Walter, esta tarde es la reunión con la mesa redonda.
Con desánimo la draculina dejó el chocolatoso muffin sobre el escritorio, lo posiblemente alejado de los papeles de trabajo de su Ama y se retiró sin decir palabra alguna, pero para antes de cruzar el umbral de la gran puerta, escuchó un Gracias de parte de Integra, a lo que Seras respondió: ―Es un placer, Ama.
Cuando al fin estaba sola en su oficina detuvo su quehacer, mirando más allá del escritorio a la nada, pensando en lo rápido que había transcurrido el tiempo y lo más pesaroso para ella es que seguía esperándolo a él. Era una gran mentira si ella no continuaba averiguando por la internet y los libros más antiguos y vetustos, las mil posibilidades del paradero del nosferatu, era una mentira que no lo extrañara, era una vil mentira que el tiempo lo desvanecía todo; desde el momento que Alucard desapareció Integra Hellsing se dio cuenta de cuánto lo necesitaba y del verdadero sentir que tenía hacia él. Lo que más le martillaba el corazón, eran los espectros del arrepentimiento de no haberle agradecido, de no haberle revelado por voluntad propia el amor que escondía tras un miserable miedo cargado de hostilidad y rechazo hacia el vampiro. Integra se mordió el labio, estaba enojada consigo misma, con el mundo, con el pasado y con el mismísimo Alucard. El dolor físico le ayudaba a modular el dolor emocional, un dolor que también era producto del miedo a mirar al futuro donde estaba el camino de obligarse a olvidarlo sumando la opción de "sacar el clavo con otro clavo" y el camino de llevar hasta la muerte la culpa y sobre la espalda la ausencia de quien le revolcaba la existencia propia.
Esta no era la primer vez en mucho tiempo que a la líder Hellsing le presentaban estos conflictos, hacía más de un año que luchaba con ello.
El teléfono sonó, y en la línea Walter le anunciaba a su ama que pronto estaría todo listo para la próxima reunión, también le indicó que tenía aproximadamente 2 horas para que se preparara para presentarse ante los nobles de la mesa redonda y su nuevo integrante "Stanley Penwood", quien sería el sucesor del difunto Shelby.
Integra decidió por darse una ducha, desde que el sol tocó el alba había estado trabajando en sus reportes e investigaciones, por lo que el desgaste físico le hizo tomarla sí o sí.
Una vez en su habitación, se deshizo de las ropas transpiradas, usó su bañera y descansó en el medio acuático mezclado con emulsión espumosa de frutos rojos; mientras se aseaba, pensaba en lo detestable que era asistir y verle la cara a ese montón de viejos retrogradas, aparte de eso fingir y mentir que estaba plena con la ausencia de Alucard porque era obvio que le preguntarían acerca de él, solo con el objetivo de crear habladurías sin fundamento, vaya montón de viejos chismosos.
Cuando estuvo lista al fin, ataviada con uno de sus trajes, esta vez color negro y su respectivo lazo rojo con una cruz de plata visible. Salió para cerciorarse de que todo estaba listo y en orden para la siguiente junta. No podía esperar menos de Walter, todo estaba en adecuadas condiciones, lo único que hacia falta era que arribaran los tipos esos, lo cual no demoró mucho. En cuestión de nada iban llegando uno a uno los integrantes de la mesa redonda con su típico estiramiento y fumando los habanos más caros jamás conseguidos en Inglaterra.
―Un placer verla nuevamente Sir Hellsing ―Era el líder, Hugh Islands sentándose en el lugar que le correspondía, luego saludó a los demás presentes y finalmente se dispuso a dar a conocer el nuevo de los integrantes. Stanley Moab Penwood, un caballero de 25 años listo para tomar el poder que heredó de su padre, parecía más competente, por supuesto que sí, era todo un egresado de la universidad de Oxford.
Los nobles más antiguos convergieron en inicial el acta de constitución que traía consigo las reglas antiguas y nuevas a las que debía acoplarse el nuevo integrante, además de algunas otras que había sido agregadas recientemente para mejoría de la composición y acción de absolutamente todos los participantes nobles de la mesa redonda, puro protocolo, todo de lo mismo pero con palabras mejoradas y bonitas o eso pensaba la rubia que fumaba su puro mirando a todos y al mismo tiempo a la nada con muchas ganas de que dicha reunión se terminara. Para finalizar, cada uno de los vetustos además de Integra dio consejos al joven iniciado, le ofrecieron un apoyo ilimitado hasta que sus funciones fuesen apropiadas. El muy honorable muchacho agradeció a todos y es cuando se indicó el final de la junta.
Integra fue la primera en levantarse, cuando hubo despedido a sus colegas prosiguió con salir del lugar, no sin antes ser alcanzada por el joven Penwood.
―Sir Hellsing, me place mucho estar al mismo nivel que usted. Ya sabe, porque tenemos casi la misma edad y me digna que nosotros como jóvenes seamos aceptados en una agrupación tan importante como esta ―Penwood señaló con la mirada a los demás ―si no fuera por usted y el respeto que le tienen, no nos tomarían muy en serio a nosotros los "mocosos" ―río.
Integra hizo un intento de sonrisa con su puro entre los labios. ―Esos hombres son un hueso duro de roer, pero lo hará bien Sir Penwood. permiso
Él asintió con la cabeza y la vio retirarse.
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Cayó la noche; Íntegra estaba leyendo sobre su cama algunos reportes que había recibido a su correo electrónico y como no, el sinnúmero de cartas y postales de un montón de gente estirada que habían enviado sus felicitaciones por sus nuevos 23 años, reservas en restaurantes caros, tarjetas de regalo para ser gastados en almacenes caros, membresías, y cosas aún más inútiles, pero lo que contaba era la intención ¿no?. Al intentar abrir uno de los sobres con su abrecartas, no se percató de la posición de su mano y se cortó a sí misma la palma de la mano, no fue una herida muy grande, tan solo 2 centímetros, sin embargo el sangrado era abundante; maldijo y de su mesita de noche sacó un pañuelo con la que detuvo la fuga y también su pasatiempo de revisar correos. Su reloj de pared ya marcaba la media noche así que prefirió dejar el desorden de papeles sobre la cama, era como una mala costumbre que había adquirido en los últimos meses tanto como lo era pensar al menos unas 5 veces en Alucard antes de ser vencida por el sueño.
Tres y quince de la madrugada, el silencio era perturbador en la habitación de la Hellsing, pero no como para sacarla de su sueño, más ese silencio pudo ser fácilmente turbado con el crepitar que acompañaba la formación de una eminencia oscura, temible y conocida. Este, se acercó sutilmente a Integra quien lucía completamente dormida sin gesto de incomodidad, soñando quién sabe qué, pero la habilidad del recién llegado se dio cuenta que quien habitaba su mente era Arthur Hellsing. Su primer acción al acercarse a ella fue la de dirigir su nariz a la mano izquierda de la figura que yacía en la cama, estaba envuelta en un pañuelo que había absorbido suficiente sangre antes de detenerse la hemorragia. La boca se le hizo agua, sus filosos dientes palpitaban, su distancia sobre la rubia se hizo más corta, tanto que su presencia empezó a sofocarla, a incomodarla, su sueño fue interrumpido, los orbes azules de integra se abrieron y se quedaron mirando fijamente a su contrario, sopesando en si lo que estaba ocurriendo se trataba de otro sueño pero la agudeza de sus 5 sentidos y el dolor intenso de su mano izquierda la hicieron ingresar rápidamente a la realidad, activando su sistema límbico y así mismo ejecutando su huida.
Integra ahora estaba fuera de la cama y contra la pared más cercana, respirando agitada, sudando y sin quitar la mirada de él, ―Alucard.
El aludido río con sorna. El silencio inundó nuevamente la habitación, Integra no sabia que decir o hacer, estaba desconcertada, emocionada, feliz y enojada. Reparó sobre su condición y alineó su postura a una más imponente ocultando todo signo de impresión, reacción que Alucard ya había notado fácilmente.
El vampiro volvió a reír ―típico de ti Integra Hellsing.
―¿Cómo y por qué has vuelto? ―inquirió ella. pregunta estúpida.
―¿No te parezco un buen regalo de cumpleaños? ―el vampiro, sonriendo abrió sus brazos presentando su presencia como algo importante. Ella solo torció la boca.
― Es tu sangre, es irresistible Integra, además. "La lealtad es el camino más corto entre dos corazones." ― termino de decir citando al ensayista José Ortega y Gasset. Integra hizo lo posible por ignorar lo último ―¿Que has estado haciendo?
―Matando cada una de las almas que he absorbido, de hecho aún continúo haciéndolo, además aprendo a dominar el arte se estar cualquier lugar y no estar en ninguno a como me plazca. He llegado aquí con mucho esfuerzo, pero estoy. ―explicó Alucard, también hizo énfasis en que lo que había logrado sería temporal, tan solo por algún par de horas. Aún le costaba dominar la esencia había adquirido de parte Schrödinger. Eso y otros detalles de su ausencia fueron tenidos en cuenta para la conversación que duró hasta las 5 de la mañana.
. ―Debo irme, pero te juro que volveré ― prometió él ―¿Cuando?
― Puede ser esta noche o alguna noche de la siguiente semana o el siguiente mes, no lo sé.
―Alucard se levantó de la orilla de la cama de Integra donde estuvo todo el tiempo sentado.
Ella sin decir otra cosa, solo lo vio ingresar a la sombra de la esquina de su habitación donde él como materia amorfa y absolutamente negra, se mezcló y desapareció. Integra se quedó unos minutos en silencio mirando ese punto de la habitación, luego fijando su mirada a la herida que tenía en la mano. hizo observaciones en su mente, muchas dudas venían a su cabeza y seguramente la próxima vez que le viera, lo atacaría con preguntas.
Beep-Beep, el horroroso sonido de su reloj despertador la sacó de cavilaciones; suspiró pensando en lo mal que pasaría el resto del día pues no había dormido suficiente.
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Gracias por leer, acepto criticas, comentarios, quejas, reclamos y peticiones(?)
