La luz vino al mundo,

Y los hombres prefirieron

Las tinieblas a la luz,

Porque sus obras eran malas.

Integra trataba de lidiar con el sopor luego de ser nuevamente privada de su corto sueño, ella creyó que una media hora más podría repararla pero esos treinta minutos se volvieron dos horas, qué bueno que Walter era muy atento al horario de la Sir y antes de que incumpliera con su horario él ayudó a que despertara; por fortuna este evento no ocurría ocasionalmente.

Integra siguió trabajando en informes financieros, se estaba recuperando del recorte que había propuesto la corona desde "el incidente", Integra veía que todo iba surgiendo poco a poco, su mansión ya era completamente suya y su cargo, por supuesto. Ella ahora estaba más animada, saber que volvería todo a la normalidad y aún más con la llegada de Alucard, que a pesar de ser un ente maligno para ella significaba bienestar. Solo le faltaba averiguar y buscar la manera de que Alucard volviera por completo, teniéndolo como el aliado de siempre y quizás como algo más; mientras tanto todo el peso y responsabilidad de controlar las criaturas siniestras de la noche caía sobre Seras, para ella no era trabajo, sin embargo a la casa Hellsing le hacía falta la experiencia del vampiro mayor.

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Una, dos, tres semanas pasaron, Alucard llegaba a la habitación de Integra organizadamente en días de por medio, puntualmente a las tres de la mañana, ¿y porque a esa hora? para Alucard ese tipo de mitos no significaban nada, él no tenía realmente un motivo a decir verdad, salvo hacer mefistofélica su visita, pero a Integra eso no le afectaba, no como él quería.

Durante todos esos días, el vampiro rogó por sangre, justificando que así podría volver una y otra vez, la joven rubia accedió haciéndose la difícil, ni más faltaba, pero accedió y eso dejo medianamente satisfecho al rey no vivo. Cada noche que él asistía, de la arteria radial de Integra brotaba el plasma viscoso como una bebida para un invitado, 50 mililitros bastaban para no dejarla en un estado vahído.

— ¿Cuándo me lo dirás?

— ¿El qué? —pregunto la rubia haciendo limpieza antiséptica anticipada sobre la diminuta herida que dejaba la punción en su muñeca para la recolección de su propia sangre.

—Que me amas Integra —obvió Alucard. Ella desvió la mirada y automáticamente su rostro tomó una forma de enojo.

—¿Cómo podría yo amar a alguien como tú?

—¿Porqué continúas esforzándote en negarlo? sabes que puedo leerte física y mentalmente

—Te ordeno que no vuelvas a hacerlo.

—Está bien, lo haré. —Alucard sonrió con su típico cinismo— Siempre y cuando escuche de ti lo que quiero.

—Tú no puedes darme órdenes —refutó la Sir volviendo su mirada desafiante sobre la de él

—tu tampoco —sonrió él, se levantó del sillón mientras que místicamente se abría su camisa, en su pecho ya no estaba el sello Cromwell, entonces Integra de nuevo giró la cabeza bruscamente. Le aturdía la idea de contemplar los pectorales y el abdomen desnudos de su contrario.

—¿Y si mejor te vas?

Alucard río revelando el blanco brillante de sus incisivos y caninos, adoraba verla en ese estado, le encantaba generar en ella reacciones que él califica como humanas. Integra se levantó de su lecho y buscó sus habanos para fumarse uno dándole la espalda al vampiro esperando a que diera partida, pero para sorpresa de ella esa figura masculina ya estaba cerca de ella empezando a envolverla con sus brazos.

Paralizada, Integra inhalaba y exhalaba con anormalidad, rápido y superficial y aún peor cuando sintió como su cuello era expuesto y la nariz de Alucard se posaba sobre su piel, en un punto exacto, en ese punto donde la sangre corría en mayor cantidad por una arteria, —carótida externa. —dijo él como alardeando sobre su conocimiento de la anatomía humana; al tacto ella sentía la fría piel de la punta de la nariz de Alucard y él sentía el pulso sanguíneo que iba en aumento.

—Antes de irme podrías… —Él bisbiseó en un tono muy sugerente mientras tomaba la mano de Integra acercando sus gélidos labios sobre la muñeca de esta —darme a beber un poco, ya sabes para volver pasado mañana.

Ella no dijo nada y eso indicaba que era luz verde, Alucard sacó el abrecartas de la gaveta del buró de Integra, la misma con la que ella se había cortado el día primero, con ella hizo una incisión sobre la herida que ya existía y el líquido rojizo, brillante y viscoso brotó pero ninguna gota se desperdició, la lengua de Alucard recogía y relamía cada fracción, este momento solo duró pocos minutos y para que ese punto dejará de sangrar, Alucard hizo presión son su lengua y la sangre dejó de salir, mas ese no fue el fin de su estancia, Alucard embelesado con el sabor oxigenado de la sangre de su dueña continuó usando su lengua para saborear esta vez, la piel de Integra, su antebrazo, luego más y más arriba hasta llegar a su lugar favorito, el cuello; justo ahí se detuvo y ya no eran lamidas si no besos irrumpiendo en la piel de la Hellsing, la misma que no opuso resistencia porque en su mente se decidió a inhibir todo el contraste que se creaba entre el orgullo y el miedo; Alucard notó aquello y sonrió plácido y alegre. Al fin Integra le había dicho sin hablar, lo que él quería, lo que él había esperado por tanto tiempo.

Hubo un momento de inmovilidad por parte y parte, Alucard no resistió un segundo más y fue directo a apropiarse de los dulces labios de ella. Sin oposición, sin resistencia y sin experiencia, ella lo besó a él, esos dos pares de labios danzaron uno sobre otro. Alucard guiaba a Integra, cada movimiento que él hacía con su lengua ella lo imitaba e incluso pudo sentir el sabor metálico de su propia sangre. El beso y el abrazo que sostenía Alucard se volvió más intenso pero en un instante fueron deshechos por Integra para permitirse oxígeno; ahora ella se había girado quedando frente a frente con el mismísimo Rey de la no vida, pero ya no hubo un beso si no una mirada con el choque de sus alientos y el roce de la punta de sus narices; Integra sabía que estaba totalmente descubierta, derrotada. El muro que ella había construido se había derrumbado, todo lo que por mucho tiempo camufló se había exteriorizado.

Alucard sintió como la guardia de Integra cayó, no intentó algo más, tan solo posó su frente sobre la de ella, la abrazó buscando reconfortarla y se mantuvo en silencio.

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Seis con treinta en la mañana, Integra no durmió, mantuvo su estado de vigilia pero durante todo ese tiempo pareció estar en una especie de narcosis desde que Alucard decidiera irse para permitirle descansar, todo el tiempo que estuvo sola, hizo sino pensar en lo que había ocurrido horas atrás, ella aún no podía tragarse la idea de haberse expuesto ante el conde, sin embargo también sentía algo de libertad en ello. Demostrar al fin lo que sentía y pedirse a sí misma lo que quería le quitaba un peso, sin embargo no le quitaba la inquietud. El resto del día tuvo que arreglárselas para rendir con sus deberes sin cometer algún error por su falta de sueño.

Ya casi daban las ocho de la noche del mismo día, Integra tuvo que atender con urgencia un caso de asesinato en extrañas circunstancias en un municipio tranquilo muy cerca de Birmingham.

—Stratford-upon-Avon, Sir Integra —Anunció Walter entregándole algunos reportes. —El helicóptero está preparado. Seras Victoria ya está esperándola allá.

Integra asintió y bufó —tal parece que a nuestros amigos desastrosos les agrada tomar lugares significativos para cometer sus atrocidades, que poco culto de su parte no saber que estos lugares llaman mucho la atención.

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En medio del corto viaje desde su residencia al dichoso municipio, Integra aprovechó para descansar los ojos pues ya le pesaban demasiado, fueron apenas cinco minutos en los que logró dormir aunque internamente ella lo sintió como media hora.

El helicóptero aterrizó con precaución dentro de la zona restringida, no muy lejos de los puntos de infracción, la escena era horrorosa para algunos excepto para ella, había hileras de manchas de sangre como si alguien hubiese trasladado un cuerpo sangrante de un lugar a otro, el olor podrido no hizo siquiera que la jefe de Hellsing se inmutara, ella y tres hombres, dos agentes y un médico forense especializado se guiaron por el camino de salpicaduras que iba desde una casa común hasta dar un arroyo, frente a ellos había un amplio puente muy rustico que se había mantenido durante años, al otro lado del mismo caminada Seras Victoria muy seria, se le veía agotaba por una reciente lucha que había tenido lugar en la arboleda que quedaba del otro lado del arroyo, ella al ver la cara de su ama cambió su semblante, cuando se hubo acercado lo suficiente, Integra notó que en su mano contraria a la que sujetaba su Harkonnen, llevaba del cuello a algo que parecía un joven humano inconsciente; esa escena le recordó esos documentales donde el depredador carga con la boca a su víctima cazada.

—Hombre lobo —Dijo Seras sonriendo a su ama, Integra solo levanto una ceja, justo cuando la vampira levantó el brazo elevando el hombre como si él fuera un pato y ella una cazadora de… patos.

—Bien hecho Seras —Dijo Integra antes de ordenar a los hombres que iban con ella, que trasladaran el cuerpo para que fuera investigado y analizado. Por otra parte, Seras recibió la orden de repasar nuevamente la zona, por si hallaba otra cosa extraña.

Mientras tanto Integra se quedó frente al arroyo, mirando al cielo, no había estrellas y la luz de la luna en ese lugar era opacada por densas nubes; hacía frío y prefirió encender un puro y fumarlo mientras su equipo tomaba muestras y evidencias.

—¡Mi bebe! —una voz ronca y espeluznante la sacó de su deliberar, así mismo como el agarre a la manga de su saco, Integra se zafó rápidamente y se alejó cuanto pudo, al detenerse ya apuntaba con su arma, miraba fijo a lo que parecía una mujer moribunda. Integra apretó los dientes, se dio cuenta que el puro ya no descansaba entre sus labios.

—¿Qué hace aquí? —Cuestionó Integra muy alterada —esta es una zona restringida, ningún transeúnte puede estar aquí. ¡Váyase ahora! —Levantó la voz, su corazón se contraía a mil.

—Mi bebé… ese hombre se lo llevó, ¿lo encontraron? díganme que lo han encontrado.

—preguntó en forma de súplica la mujer harapienta, no se le veía muy vieja, tendría unos veintitantos concluyó Integra, sin embargo ese rostro de horror le quitaba cordura a sus facciones.

—Su hijo no es asunto mío, no es a mí a quien debe pedir ayuda y como ya le dije, usted no puede estar aquí. —Integra mantenía el arma firme.

La mujer hizo caso omiso y empezó a acercarse a Integra rogando que le ayudara a buscar a su hijo, repetía lo mismo por cada paso que daba y entonces Integra no tuvo más remedio que disparar al suelo haciendo que la joven se detuviera con miedo.

No pasaron más de dos minutos cuando unos soldados llegaron oportunamente para contener a la mujer y escoltar a Integra hasta un lugar seguro antes de poder irse a su Mansión.

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Ya estando en el helicóptero de vuelta a casa, Integra no pudo relajarse, aún estaba tensa por la aparición de esa mujer, fue mucha liberación de adrenalina en tan poco tiempo e hizo el intento de calmar su sistema probando otro puro.

—¿Ya se siente mejor, ama? —preguntó Seras preocupada y con dejo de culpabilidad por no estar presente en ese instante.

—todo está bien, no es algo que no pueda controlar. —espetó la Hellsing.

—¿Cómo marchan las cosas con mi maestro? —la dráculina hizo un intento para cambiar el tema.

Que Alucard fuera mencionado hizo que Integra reparara en que había olvidado todo lo relacionado con él, la impresión que le dio esa mujer la tenía cavilando en otras cosas pero al fin volvieron esos pensamientos en donde primaba su vampiro y lo que había ocurrido esa madrugada, Integra prefirió no responder la pregunta de Seras y durante el corto viaje el silencio permaneció.

Doce menos veintitrés minutos en la noche.

Al llegar a la Mansión y después de comprobar que no había más pendientes con respecto al ejercicio de su apellido, Integra Hellsing arribó a su habitación, tiró su traje, se duchó, fumó otro puro y se puso su bata de pijama sin mangas; desechó el habano a la mitad cuando no le provocó más, estuvo quieta sentada en su cama repasando todo lo que había ocurrido en el día salvo lo de esa mujer, expuso la parte delantera de su muñeca y miró detenidamente la incisión de donde Alucard probó su sangre. Dolía. Acercó su muñeca a su rostro rozando la piel de esta sobre sus labios, cerró los ojos y olió la sangre seca pensando en él, pero ese pensamiento se diseminó y fue empujado por el recuerdo de la hilera de sangre que vio en Stratford y apareció la imagen del joven hombre lobo que Seras había abatido, era una imagen repugnante, estaba él con un cuerpo pequeño entre dientes parecía el cuerpo de un bebé.

El estómago se le revolvió, abrió los ojos y se levantó apurada de su lugar, salió de la habitación su respiración era entrecortada, entró a la que era su oficina sin prender alguna luz, conocía tanto ese lugar que automáticamente sabía por dónde y cómo caminar por ese allí. Se detuvo.

Integra ahora estaba frente al retrato de su padre, el óleo había sido hecho nuevamente luego del incidente con Millennium y reposaba como nuevo en el mismo lugar. La luz de la luna que brillaba en el cielo ya despejado, le permitía verlo con claridad.

— Lo siento…— la voz entrecortada de Integra aunque baja, dominó toda la habitación.

— No..., yo lo siento. —Una voz masculina y familiar la alcanzó, no la sorprendió para nada.

Integra no se giró para verle, solo preguntó: —¿Porque?

— Me di cuenta muy tarde de lo que usted y Hellsing significan para mí, en ese entonces aún quería llevar a cabo lo que había planeado desde que tuve contacto con Millennium. Sí, al inicio fingí pero… criarla, verla crecer, querer protegerla, todo eso hizo que mi camino se desviara. —el emisor se detuvo y tragó saliva antes de continuar, mientras que Integra solo escuchaba. —Fue muy tarde porque usted ya había liberado a Alucard, si me hubiera dado cuenta… si yo hubiera estado ahí cuando su tío, el señor Richard…

Cada palabra que decía su mayordomo la sentía como una ráfaga de cuchillas en su corazón, su garganta empezó a doler, sus ojos a inundarse.

— Si yo no hubiera permitido nada de eso, usted sería feliz, usted tal vez amaría y sería amada por alguien que iluminara su camino. Le quité todo eso y por eso lo siento.

Integra pronto se enjugó las lágrimas por debajo de sus lentes, exhalo lentamente para liberar el dolor que le causaba su garganta contraída, cuando se sintió lista giró para verle a la cara. — Lo hecho, hecho está Walter. Si te sientes culpable usa lo que te queda de vida para redimirte pero no para lamentarte por lo que yo he decidido. —confrontó ella.

Silencio.

Juan 3:19