II
A los hijos no hay que entenderlos, solo hay que decirles lo que quieren escuchar.
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—Maldita sea mi vida, maldita sea. Me arruinan la puta vida. —esas palabras taladraron y lograron salir de la habitación llegando fácilmente a los oídos del temible nosferatu que casualmente pasaba por ahí. Su atención fue atraída y claro que por curiosidad se permitió entrar a aquella habitación cuasi desconocida.
"Keep out" pudo leer Alucard en la parte más alta de la puerta, pero eso no lo detuvo para irrumpir. —¿Cuándo te he enseñado a hablar así?
Christabel dió un respingo. La descendiente pelinegra se viró y clavó sus acuosos ojos azules sobre la presencia de su padre, esté último se preocupó y en lugar de atravesar la desordenada mente de su adolecente hija prefirió preguntar.
—¿Pasa algo hija? ¿Tienes problemas en la escuela?
La muchacha al no tener más alternativa y al estar repleta de ganas de desahogarse, optó por vomitar con palabras a su progenitor.
—¡Papá! Es esa imbécil, Sussane. La muy víbora supo que Roger me invitaría al baile de fin de año, ¿y sabes que hizo? Fingió tener un esguince en el tobillo, por lo que Roger accedió a acompañarla todo el fin de semana para realizar las tareas que dejó la señorita Dolcea. —Christabel hablaba y hablaba sin darse un respiro, y Alucard sentado sobre el edredón del calaverico Jack, ponía atención a cada palabra, intentaba entender la gravedad del asunto, meditó y buscó las palabras más adecuadas para responderle a su princesa de trece años.
—Pero calma hija, —sonrió con tranquilidad —Estoy seguro que esa amiga tuya se recuperará pronto y podrán compartir juntas en el baile.
La cara de la adolescente con altura y cuerpo de una jovencita de diecisiete años, se desfiguró a los ojos del Rey no vivo. De esta manera él se dió cuenta que había dicho algo mal, ya habia visto esa cara antes en su ahora esposa, Integra.
—¿No te das cuenta? —la menor puso sus manos en la cintura y miró al techo como pidiendo paciencia. —La muy desgraciada, convenció a Roger de ir con ella al baile y me dejó a mi sin pareja —Dejó salir con los ojos apresuradamente abiertos, haciendo ademanes dramáticos con las manos.
—¿Te refieres a la señorita Dolcea? — preguntó Alucard.
—¡Papá! —gritó con desespero la pequeña Christabel, haciendo pataleta y casi arrancándose su perfecto cabello alisado—¡Aquí nadie me entiende!
La pelinegra jaló del brazo a su padre y lo condujo a la entrada. —Mejor vete papito, estoy segura de que mi mamá te necesita más que yo. —sonrió con hipocresía y cerró con fuerza la puerta.
Alucard por su lado quedó completamente descolocado, en efecto tratar con adolescentes en el siglo veintiuno era todo un reto, caray con estos muchachos de ahora, lo bueno es que el vampiro quedo con un leve alivio de que ese tal Roger no saliera con su pequeñita. . . ya no tan pequeñita.
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