La heredera y preciosísima Hellsing, dhampira por supuesto, crecía saludable, siendo muy popular entre sus amigos, consentida, más por papá porque era su princesa, era la versión Drácul de Integra Hellsing, esa versión pequeña que también obtuvo de la madre no solo del genotipo de su rostro, también sus enojos, su mirada asesina y su seriedad pero ésta a medias.
Alucard daba y hacia lo que estuviera a su alcance para contentar cada capricho de la pelinegra, no era necesario que hubiese un conjuro, un sello o algo parecido para que él a toda merced de su hija hiciera lo que según él hacia que se viera feliz. Eso sin sobrepasar la autoridad de Integra claro, porque esa mujer era como la constitución legislativa de un país, nadie rompía sus reglas, o tal vez un poco sin que mami se diera cuenta.
Pero mami se daba cuenta la mayoría de veces, y mami también era alcahueta; cómo aquella vez que estaba netamente prohibido salir después de las 11 de la noche a buscar lo que no se le había perdido, pero la nenita le rogó a su papito que la dejara irse a la fiesta de su amiga Candice con la excusa de que lo acompañaría a darle cacería a un infortunado hombre lobo que estaba causando estragos innecesarios y el muy condescendiente vampiro obviamente aceptó, y claro que no vio la necesidad de leer la mente de su bebita de 17 años, él solo pensó que harían una fiesta inocente y hablarían de chicos, chismes y que probarían algún licor de bajo porcentaje. Nada malo, algo de chicas.
Lo que papá no sabia –porque no quiso– es que no era ninguna fiesta de alguna amiga de Christabel, era nada más y nada menos que una party hard –como le llaman ahora– de uno de los amigos de su hermano Christopher, irían Darryel y Marschal y también muchas de sus amigas que ya estaban involucradas con muchachos universitarios; a ella, a Christabel, no le gustó la idea de que no la dejaran ir porque... —Duh ¿en serio mamá? ¿solo porque tengo diecisiete?
—Ya lo dije, no irás y se acabó.
Pero se salió con la suya a costillas de su papá.
—Ten cuidado hija. Te recojo a la 1 am. —él rey de la no vida besó la frente de su hija, luego miro a su reloj de mano, eran a penas las 10.30 pm. Tendría que hacer un buen tour para volver en dos horas por ella y llegar a la mansión como si nada hubiera pasado.
—Te amo Pá —la muchachita se bajó del auto y corrió a la entrada de la casa de su amiga, quién la esperaba para luego hacer su escapada a la mansión de los Holleman, sabrá Dios quien carajos eran, pero ahí seria la dichosa fiesta.
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11.00
Decenas de adolecentes invadían el lugar, bailando, bebiendo ponche, la música retumbaba, para Christabel era una maravilla estar ahí, los muchachos conocidos y desconocidos la saludaban y le daban cumplidos, Candice y ella bailaban al ritmo, hablaban a gritos porque apenas podían oír lo que se decían una a la otra, chismeaban, criticaban a otras chicas y a sus vestiduras, se reían, saludaban a quien conocieran y coqueteaban con los más guapos.
—¿Christabel? —la voz que ya conocía, le llamó la atención e hizo que volteara con preocupación
—Da...Darryel. —Sonrió nerviosa.
—¿Qué haces aquí? ¡Christopher no nos dijo que vendrías!
Ella no supo que decir y gracias al cielo su amiga intervino. —¡Chris! ¡Christabel! Tienes que ver esto ¡maldita sea! —Candice la tomó del brazo y la haló guiándola a un lugar en específico que era a solo unos centímetros de dónde estaba. Darryel Islands sólo se quedó observando.
—¿Qué pasa Candice?
—Es Roger, —la amiga de Christabel la ubicó de tal manera que ella pudiera observar detalladamente y en primera fila como Roger, el crush de la pelinegra, se estaba besuqueando de la manera mas lasciva con su peor enemiga.
La dulce carita de Christabel dejó de serlo, ahora su ceño estaba fruncido que daba miedo.
—¿Qué hora es? —Se preguntó enojada sacando su móvil para ver la hora, pero se dio cuenta que la carga no le había durado mucho.
—¿Qué hora es? —Preguntó, esta vez a su amiga, pero ahora ésta no hallaba su móvil. Lo había dejado quién sabe dónde. Entonces Christabel miró el reloj de pared que por fortuna estaba ahí. 01:30 am
—¡Mierda! —Gritó y salió corriendo. En eso Darryel la detuvo.
—¿Todo bien Chris?
Ella con los ojos cristalizados a punto de derramarse, apretó los labios. Buscó a su amiga con la mirada, reparó en que ya no estaba cerca y volvió a mirarlo.
—Llévame a mi casa, por favor. —dijo en un hilo de voz.
Él aceptó.
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—¿Qué hacías allí? —Preguntó al fin el joven Islands ya cuando Christabel hubo colgado, después de hablar con su padre y de contarle la verdad usando el móvil del muchacho.
—Sólo quería ser popular —confesó con un dejo de desanimo hundiéndose en la silla de copiloto del auto de Darryel.
—No es lugar para una nena como tú—. Ella lo miro con enojo y él se incomodó.
—Tengo diecisiete. Ya no soy una nenita.
Darryel río, —eso decía yo. Pero me he dado cuenta que aún en mis veintiún años soy un mocoso inexperto a comparación de mi papá.
—Yo los admiro, a mi hermano, a Marschal y a ti.
—Sin embargo, creo que lo que buscas es encajar además de querer parecerte a Christopher. No tienes porque, así como eres, esta bien. Christopher es un loco, es un vividor y tu no necesitas de eso.
La pelinegra lo miro de reojo e hizo una mueca de desaprobación —Eso suena incoherente viniendo de ti, acabas de salir de la misma casa que yo.
— ja,ja,ja me cachaste. Bueno si, pero no lo hago por ser popular. Solo tengo un objetivo y es pasarla bien con mis amigos. Lo demás me vale.
Christabel no dijo nada más y tan solo se quedó mirándolo. Admitió para sí misma que él era bastante apuesto. —Qué afortunada es tu novia. —pensó ella, pero tarde se dio cuenta que había sido en voz alta.
—Ja, ja. ¿Qué? —sonrió el rubio sin dejar la vista al frente. Y en el momento en que Darryel tuvo que frenar porque ya habían llegado a la mansión Hellsing, ambos se miraron y bufaron al tiempo.
—No tengo novia
—Nada, nada.
Hablaron los dos al tiempo, se miraron y luego rieron con ganas durante unos minutos para luego darse cuenta que Sir Alucard y Sir Integra estaban en la entrada principal esperando por su adorada hija.
—Supongo que ya me voy. —sonrió ella, Darryel notó en las mejillas de Christabel un tono rosado que lo hicieron verla muy adorable.
—Mejor te acompaño, será mejor que tu mamá te vea conmigo—. Christabel asintió y ambos salieron del auto.
Caminaron hasta donde estaban padre y madre. El padre al ver la figura del rubio, cambio su postura a una más imponente y frunció el ceño. Por otro lado la madre suavizó su rostro que la hacia ver entre preocupada y enojada, sintió alivio al ver a su pequeña con alguien conocido y de confianza.
—Sir Alucard, Sir Integra —saludó el joven.
—Má, Pá. —Christabel agachó la cabeza —lo siento.
—Hablaremos con calma en tu habitación. —Pronunció Integra a su hija, luego se dirigió al joven que se hallaba frente a ellos, notándose muy incómodo por la mirada penetrante de Alucard.
—Gracias Darryel, por traer a mi hija. Eres más responsable con ella que su propio hermano —suspiró pesado la rubia.
—No es nada. Para eso estoy... Quiero decir, para eso estamos, me... me refiero a Marschal y a mi. —tragó saliva. Christabel al verlo en esa condición se río por lo bajo.
—Despídete Christabel, él ya tiene que irse. —ordenó Alucard. Pero no se esperaba que ella iría hasta el joven, le rodearía el cuello con los brazos y le plantaría un beso en la mejilla y menos esperó que el muchacho correspondería ese abrazo. Alucard abrió los ojos de par en par con todo el disgusto del mundo reflejado en su cara e Integra en su seriedad alcanzó a sonreír un poco.
—Cuídate Chris.
—Y tu cuida a mi hermano.
Cuando se separaron, Christabel entró en apuros a la mansión, Darryel se despidió cortésmente de los padres de la chica y se retiró hasta su auto para irse de vuelta a la fiesta loca.
—¿No te parecen adorables, Alucard? —Preguntó Integra con malicia.
—Ni se te ocurra Integra—. Alucard ingresó a la casa, era evidente que estaba molesto. Celos de padre.
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