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Desde el otro lado de la puerta, Akane escuchaba todo. Las lágrimas caían de sus ojos, ¿cómo es que no había notado el comportamiento de Ranma?
Decidió retirarse, si había algo más que saber, después se lo preguntaría al doctor; así que se sentó y tomó uno de los libros que se encontraban en el pequeño mueble que estaba al lado del sillón del área de espera.

Tomó el primero, se titulaba "Trastornos y testimonios". Lo hojeó, notó que en este se hablaban de experiencias vividas por los familiares de personas con diferentes trastornos, le pareció algo interesante, tal vez podría encontrar casos parecidos al de Ranma. Así que comenzó a leer.

Durante unos 30 minutos estuvo leyendo algunas experiencias de personas con trastornos del estado de ánimo, en donde platicaban de un joven con trastorno bipolar que terminó hospitalizado debido a alguno de sus actos impulsivos, hasta el caso de una chica con depresión que había intentado (fallidamente) suicidarse más de 6 veces.

La siguiente página, que marcaba el titulo de una nueva sección, estaba arrancada. No le tomó importancia y siguió leyendo.


Bob Naples.

Como dijo su hermana, Bob Naples era un niño tranquilo, silencioso, nada que pudiese calificarse como extraño o peculiar. Sin embargo, su familia jamás hubiera pensado que podría ocurrirles algo como esto.

Bob estaba sentado dentro de un consultorio diminuto en una parte alejada del pasillo. Musitaba y mecía la pierna descubierta que tenia recargada sobre el brazo de la silla. La única prenda que llevaba era el saco de una pijama de rayas rojas y blancas. Un auxiliar trató de cubrirle las piernas con una sábana verde, pero él se rió y la tiró al piso.

Resultó difícil para su hermana Sharon decir en qué momento había comenzado a cambiar Bob. Nunca había sido muy sociable, ; "incluso podrías llamarlo solitario" reveló. Rara vez reía y siempre parecía distante, casi frío; nunca aparentó disfrutar mucho de lo que hacía. Cinco años después de terminar la secundaria, seguía viviendo en casa de su hermana mientras trabajaba en la tienda de maquinaria de su esposo, pero en realidad nunca vivió con ellos, no del todo. Jamás había tenido una novia o novio. Ni siquiera sabían en realidad cuál era su real preferencia en lo que al amor se refiere, aunque en ocasiones hablaba con un par de compañeros de la escuela si llegaban por ahí. Alrededor de un año y medio antes, Bob había dejado de salir por completo y ni siquiera regresaba las llamadas telefónicas. Cuando Sharon le preguntó por qué, él le dijo que tenía mejores cosas que hacer. Pero lo único que hacía cuando no estaba trabajando era permanecer en su habitación.
El esposo de Sharon le había dicho que, en el trabajo, Bob permanecía en su puesto de trabajo durante los descansos y hablaba incluso menos que antes. "A veces, Dave solía escuchar a Bob reírse solo. Cuando le preguntaba que era lo gracioso, Bob levantaba los hombros y se volteaba, y regresaba a su trabajo".
Durante más de un año, las cosas no cambiaron mucho. Hasta que dos meses antes, Bob había comenzado a permanecer despierto toda la noche. La familia solía escucharlo golpear en su cuarto, azotar cajones y de vez en cuando arrojar objetos. A veces se escuchaba como si estuviera hablando con alguien, pero su habitación estaba en el segundo piso y no tenía conexión con el mundo exterior.
Dejó de ir a trabajar. "Por supuesto, Dave nunca lo despidió", continuó Sharon. "Pero estaba somnoliento por no dormir durante la noche, y cabeceaba constantemente mientras trabajaba con el torno. En ocasiones, simplemente lo dejaba girando y se dirigía a la ventana para asomarse. Dave se sintió aliviado cuando dejo de ir".

En las últimas semanas, lo único que Bob decía era "Gilgamesh". En una ocasión, Sharon le pregunto lo que significaba y el respondió "No es un zapato rojo mueble sobre una tecla de retroceso". Esto la impresiono tanto que lo escribió. Después de eso, renunció a tratar de pedirle explicaciones.
Sharon solo podía especular como Bob había ido a dar al hospital. Cuando regresó a casa de la tienda de abarrotes, él se había ido. Entonces, sonó el teléfono y era la policía, que le informaba que lo llevarían al hospital. Un guardia de seguridad en el centro comercial lo había detenido. Estaba balbuceando algo de Gilgamesh y no llevaba nada de ropa, excepto el saco de pijama. Sharon se limpió el rabillo del ojo con la manga de su blusa. "Ni siquiera es su pijama, es de mi hija".


Akane terminó de leer el caso de un hombre estadounidense con esquizofrenia. Recordó que algunos de los síntomas que presentaba el hombre del relato, se parecían a los que manifestaba Ranma en los últimos meses.
—¿Y sí Ranma tiene algo parecido? —Se pregunto a sí misma.

Dentro de las cuatro paredes, Ranma continuaba su relato, terminando de explicar como había sido su último encuentro con Ko-chan, que había sido hace algunas horas.
El doctor movió casi imperceptiblemente la cabeza de manera negativa y se levantó.
—Tengo que salir un momento, espéreme aquí señor Saotome —Y salió del consultorio.

Se paró fuera del consultorio y con la mirada recorrió el lugar en busca de Akane, a quien encontró sentada en el sofá de espera con una de las revistas en mano.
Se acercó a ella y carraspeó para llamar su atención. La mujer levantó la mirada y cerró la revista, colocándola de nuevo en su lugar.
—Señora Saotome, he terminado de entrevistar a su esposo. Ahora, necesito informarle de algunas cosas, acompáñeme por favor — ambos caminaron hasta entrar en un consultorio diferente, donde el especialista le explicó la situación de pies a cabeza.


ACTUALIDAD.

Miraba por la ventana, observando la ruta que desde hace tiempo le era conocida. Quién iba a decirlo. Escuchó un suspiro y volteó hacia su derecha. El hombre del cabello largo dormía plácidamente, y ella curvo ligeramente sus labios.
Siempre le había gustado admirar al hombre cuando estaba dormido, ella decía que aquella era la única manera de sentir su verdadera personalidad, ya que Ranma siempre se había mostrado como un hombre de carácter guerrero y obstinado, a pesar de ser en realidad un joven despreocupado y muy (demasiado) cariñoso. Si, como olvidar las múltiples veces que peleó con otros hombres solo por diversión; o las otras mil en que golpeó a otros tantos en diversos torneos; y ni hablar de aquellas donde casi mata a quienes se habían atrevido a tratar de llamar la atención de ella cuando ya había establecido su noviazgo con el joven. Suspiró. Si a sus 17 años alguien le hubiera dicho que conocería a un chico a quien odiaría al principio, para después casarse con él y después tener que afrontar una situación como la que vivía ahora, se hubiera reído hasta morir.

Retiró la mirada del hombre de ojos azules para sacar un espejo de su bolso. Se miró en él. Sus párpados inferiores estaban hinchados y las ojeras no pasaban desapercibidas, su piel estaba más descuidada de lo que nunca había estado. Y de su cabello ni hablar. Se veía enferma. Nunca imaginó que enfrentar una situación como aquella sería sumamente extenuante. Mas aquello no le importo. Su aspecto era nada comparado al desastre que era su mente, comenzaba a creer que ella también necesitaba una consulta con el psiquiatra.

Estaba distraída mirando un punto fijo, sintiendo como su corazón comenzaba a latir con fuerza y el sentimiento de desesperación se hacía cada vez más grande. Ya no podía más y estaba segura de que en cualquier momento explotaría. Quería llorar. No. Necesitaba llorar. Necesitaba que Ranma la abrazara y le dejara llorar sobre su pecho, empapando su camisa, para que después él besara su frente mientras le decía que todo estaría bien. Como en los viejos tiempos. Sin embargo, los papeles hace tiempo se invirtieron: ahora era ella quien tenía que guardar sus sentimientos y ser fuerte para él.

—Hemos llegado señorita —Habló el conductor.
Akane sacó algo de dinero para entregárselo, y mientras esperaba que el hombre le devolviera el cambio, se encargo de despertar a su marido. Después bajaron.

El ojiazul miro a la mujer. —Akane, luces mal, ¿no prefieres que regresemos a casa? —preguntó.

Ella le devolvió la mejor sonrisa que pudo dar en aquel momento —Estoy bien Ranma. Solo vamos a recoger algunos papeles y regresaremos a casa —En su interior le sorprendía como a pesar de todo Ranma vivía como si nada pasara.

Ingresaron a la clínica y se dirigieron directamente al consultorio del doctor Tamiya.
Antes de golpear para anunciar su llegada, Akane soltó aire.
—Ranma, ¿podrías esperar aquí un momento? —dijo y noto como él no le prestaba atención. Miraba aterrado al techo.

—No te muevas —Dijo. Akane se alarmó, sabía lo que estaba por pasar.

—Ranma, escúchame —tomó sus manos pero Ranma la soltó inmediatamente de manera brusca.

—He dicho que no te muevas Akane. Mira allá —y señaló un punto —Si te mueves, te atacará—
No ahora. Sabiendo que Ranma podría reaccionar de cualquier manera si no le seguía el hilo, se limitó a buscar con la mirada alguien que pudiera ayudarla, más no había nadie cerca. Arriesgándose se movió lentamente para tocar la puerta del consultorio. Lo siguiente que vio fue a Ranma corriendo por el pasillo mientras el doctor salió y fue tras él.


Disorder capítulo 4: Desesperación.


No suelo dejar notas al final de los capítulos. Sin embargo esta vez se requiere. Una disculpa para todas aquellas personas que siguen esta historia. De verdad lamento mucho no haberme dado el tiempo de actualizar esta historia. Sin embargo, aquí estoy de nuevo. Gracias de todo corazón a aquellos se dan el tiempo de leerla.
-TROUBLE.