NO TODAS TUS BUENAS ACCIONES SON BIEN RECOMPENSADAS

ACCIÓN II


.


Habían pasado ya dos meses de que ese nuevo integrante había llegado, ocasionalmente se encontraba con él una o dos veces al día y eso se debía a que el pequeño tenía permitido atacar a su superior en cualquier hora del día, siempre y cuando él se encontrará fuera de su oficina, así que la mayor parte del día estaba como un zorro casando al capitán. Cuando este ya se hartaba le daba un golpe lo suficientemente fuerte para noquearlo y que no causara problemas hasta el día siguiente.

—Buenos días señor Abuto. —saludó al momento que tomó asiento frente al castaño. Por extraño que pareciera ese crio tenía modales y sólo los demostraba frente a él.

—Buenos días —respondió por inercia, un Yato nunca presta atención cuando está consumiendo sus primeros alimentos del día.

Ambos comieron sin decir una palabra más. El mayor terminó primero y puso atención en el niño frente a él. El sesenta por ciento del cuerpo del pelirrojo estaba cubierto por vendas y sus ropajes mostraban muchas rasgaduras.

—Niño, —el llamado solo posó sus orbes azules en el mayor que le habló, demostrando que tenía su completa atención —. ¿Tienes más ropa a parte de esa?

—No señor Abuto, solo empaque tres de mis conjuntos. Pensé que el Harusame dotaba de ropa ya que la mayoría viste lo mismo. —Una conclusión un tanto creativa dada por la observación de un niño.

—Pues no es así, como te podrás haber dado cuenta. —Le echó en cara su error —. Hoy desembarcaremos en el planeta Kokubou, el capitán hará trabajo así que dudo que puedas atacarlo en el transcurso del día. Así que quiero que me acompañes.

—¿Acompañarlo? — Ladeó la cabeza como si de un cachorrito confundido se tratara.

—Sí, cuando aterricemos te quiero en la puerta nueve —indicó para después levantarse de su asiento, ni tiempo le dio de responder.

Caminar por estrechos pasillos en un mar de gente era algo nuevo para él, además de que no debía perder la presencia del adulto que acompañaba, porque amenazó con dejarlo en ese planeta si se llegaba a extraviar.

—¿Qué hacemos aquí? —cuestionó cuando vio que el mayor se había detenido enfrente de uno de los tantos puestos que había visto desde que llegaron a dicho planeta.

—El planeta Kokubou es conocido por ser el lugar donde rufianes, como nosotros, puede llevar a cabo transacciones comerciales sin que sea sospechoso o juzgado. Desde lo más mortal como armas para destruir un planeta entero hasta lo más común como lo que es ropa. —Tras la explicación de Abuto se quitó de enfrente de él y le dejó admirar un gran local de ropa —. Que todos en la séptima tripulación vistamos parecido se debe a que en este lugar nos hacen un descuento y el negro es porque es el color que menos deja ver la suciedad y la sangre.

—Buenas tardes guapo, ¿se te ofrece algo? —Una fémina de rasgos humanoides de piel turquesa se les acercó, dando a entender que trabajaba ahí.

—Buenas tardes, en realidad estamos buscando ropa para él —Lo señalo y la chica desvío su ámbar mirar a donde le indicó.

—Oh pero que lindo —gritó al momento que se agacho lo suficiente para estar a la altura del pelirrojo y abrazarlo con fuerza, tampoco se resistió las ganas de apretarle los mofletes —. Por extraño que parezca si contamos con sección infantil. —Cargó al pequeño Yato en contra de su voluntad y lo llevó a donde encontrarían ropa de su talla, el mayor sólo le siguió.

El gritó de momento atrás llamó la atención de todas las dependientas y justo cuando llegaron al lugar donde habría ropa para el crio ambos se encontraban rodeados de féminas.

—Pero que adorable es.

—Es hermoso, miren lo celeste de sus pupilas.

—Ese cabello tan largo y sedoso.

—Y su piel tan nívea. —Eran unos de los comentarios que las féminas hacían del pelirrojo mientras lo rodeaban,

—Y su padre tampoco está tan mal. —Ahora era el mayor quien tenía encima a las mujeres. El cual se sorprendió por a la conclusión que habían llegado de emparentarlo con el niño.

—Miren esos brazos bien torneados. —El castaño vestía una camisa sin mangas y varias habían aprovechado para tocar sus brazos.

—Su madre ha de ser una mujer muy afortunada. —El comentario hizo enojar a Kamui, tanto que disparó contra quien había osado nombrarla.

—Solo hemos venido por ropa para mí, así que si no es mucha molestia —Sus ojos se habían convertido en agujas, perforando el corazón de todas las que estaban ahí. El miedo se apodero de esas mujeres. Unas habían socorrido a la ayuda de la herida, mientras que otras se encargaban de tomarle las medidas y así traerle ropa que le quedará.

Nota mental, no mencionar a su familia. —Abuto sabía que él se podría volver un hombre muy fuerte si seguía entrenando con su superior, así que lo que menos querría seria hacerlo enojar.

Al final Kamui se había decidió por el mismo tipo de ropa que los Yato utilizan, casi como su uniforme de tripulación, si estaba quedándose ahí, ¿Por qué no también formar parte del séptimo escuadrón del Harusame? Aunque vestir igual que ellos solamente era el comienzo.