NO TODAS TUS BUENAS ACCIONES SON BIEN RECOMPENSADAS

ACCIÓN III


Buenas noches mis monstruitos de la oscuridad, aquí una actualización de nuestro par de Yatos favoritos :3

I love Okikagu: El humo negro si viene de familia, quien sabe desde cuantas generaciones atrás xD, y es que hasta Kagura lo utiliza frecuentemente. Oh yo no quiero a un Kamui calvo :'v. Abuto ha sido más padre de Kamui que lo que ha sido Umi, él mismo lo dijo en el manga, que ha vivido más tiempo como pirata que como familiares de ellos. Y bueno ya no esperes conti, aquí esta :3


Era su día de descanso, eso significaría no resolver los problemas que la cría de Yato había ocasionado, o eso pensó hasta que al abrir la puerta de su camarote ya tenía a más de diez personas mirándolo con furia, y es que empezó a ser así desde que él era el único que podía reprender al miembro más joven sin salir golpeado. Al verlos frente a él, estaba considerando regresar a su cama y no salir hasta que otro día se asome, pero ya era demasiado tarde.

—¿Ahora qué hizo? —No le agradaba que lo vieran como el padre del chiquillo cada que él hace destrucciones por la nave, y que quieran que él lo reprenda o mínimo que escuchara sus pesares, porque ni su capitán había decidió actuar sobre la conducta de aquel pelirrojo.

—Peleo con toda mi flotilla. —El primero en quejarse era un hombre grande y fornido que presentaba algunos hematomas en su cuerpo.

—¿Y luego? ¿Le dieron una paliza? —cuestionó mientras avanzaba por el gran pasillo de la nave para dirigirse al comedor.

—Algo así. —El hombre había volteado la mirada, pues todos los demás estaban interesados en la respuesta.

—Hasta que no lo dejen inconsciente no dejara de darnos problemas. —Ya se encontraba sentado dispuesto a disfrutar sus alimentos.

—También destruyó…

—Buenos días~ —Alguien más había entrado al lugar y aparentaba estar como si nada aunque pareciera una momia vestida con ropajes típicos del clan Yato.

Todos los hombres que lo rodeaban desaparecieron cuando el de rojizos cabellos se sentó frente de él, y es que desde que había cumplido satisfactoriamente su misión de iniciación y sus constantes peleas con otros miembros se había ganado el respeto de los demás tripulantes. Algunos hasta hacían espacio en sus apretadas agendas de piratas espaciales para luchar con él, por eso nadie le reclamaba sobre sus travesuras en el interior de la nave.

−¿Ahora qué hiciste? –interrogó más que nada por curiosidad ya que no le dieron la suficiente información como para regañarlo.

−¿De qué? –respondió con otra pregunta, porqué él no recordaba haber hecho algo malo.

−No lo sé, hoy muchas personas se vinieron a quejar de ti a mi camarote, si sigues de indisciplinado te venderé en Kokubou. –No lo hacía por reformarlo, le valía la clase de persona en la que se fuera convertir, solo quería regresar sus mañanas a la tranquilidad.

−La misma amenaza ya no funciona dos veces~ −El pequeño bribón hasta se encontraba sonriendo.

−Entonces le diré al capitán. –Esperaba que esa amenaza surtiera efecto, porque no se le ocurría otra forma de hacer que ese crío tuviera un poco de consideración hacia los demás.

−No al ancianito no –dijo mientras se agarraba su cabeza con notorio pavor en sus ojos. –Él va muy en serio con lo de darme un coscorrón diario, aunque mis combates con él ya duran un más e inclusive he logrado atinarle tres golpes seguidos. –Su cara de terror se había convertido en una sonrisa.

−¿Entonces por qué haces travesuras? –No se explicaba el porqué de su actuar, en cierta forma tenia lo que le gustaba que era luchar con enemigos fuertes.

−El señor Housen empezó a estar más ocupado que de costumbre y tú te vas de misión que tardan días, me aburro. –Eso sonaba más a una confesión que aun reproche, inclusive hasta logró percibir como su característica antena capilar perdía altitud. –A pesar de que cumplí exitosamente mi iniciación aun no me han dejado ir al campo de batalla con ustedes. –Al fin le había caído el veinte del actuar del niño.

−Es que todavía no has tenido tu integración oficial al escuadrón –respondió como si estuviera en automático.

−¿Integración? ¿Qué es eso? –Alguien estaba emocionado por la nueva información, tanto que su peculiar mechón de cabello daba brinquitos, ahí fue cuando se dio cuenta de su error, se supone que eso era sorpresa.

−Algo que llegará a su debido tiempo.

−¿Y cuánto es ese tiempo? –Kamui estaba impaciente por conocer más sobre el tema.

−Toma un dulce –dijo rápido mientras le lanzaba un caramelo en forma de circulo y vistosos colores que éste atrapó con la boca. –Aun no me has dicho lo que hiciste. –Desvió las preguntas sobre la iniciación, regresando al punto inicial de su conversación.

−Luche con un escuadrón antes de que se fuera de misión. Fui a la lavandería para lavar mi ropa, pero me distraje mientras a lavadora se estaba llenando y se inundó el lugar. Intente ayudar a unos que arreglaban algo en el centro de máquinas, pensé que algo de fuerza les vendría bien, pero resultó lo contrario. –Iba contando las acciones que había hecho con los dedos de su mano, iban tres alzados y notó que le estaba costando recordar la cuarta. –Ayudé en la cocina, pero me comí todos los postres que correspondían a la comida, estaban muy deliciosos.

Si se ponía a pensar, no eran acciones de maldad, era solamente un crío con intenciones de curiosear su entorno, lo normal para su edad; y buscar otras fuentes de diversión aparte de las peleas, algunos podían tener poca tolerancia hacia los niños.

−No hagas buenas acciones que parezcan malas, no ayudes si no te lo piden. Si vuelvo a recibir una queja tuya, diré a la cocina que te reduzcan la porción de alimento –amenazó, sabía que la comida era su debilidad. –Además de que tendrás que ir con el profesor todas las mañanas, mínimo hasta que tengas tu primera misión.

−¿Profesor? Tienen algo como eso –Había pasado más de seis meses en la nave y nunca había escuchado algo sobre eso.

−Que seamos piratas no nos hace unos estúpidos, bueno algunos no aspiran a más y están bien con quedarse como soldados de combate, pero los que estudian desean hacerse de un mejor puesto o aunque sea para idear mejores estrategias para cumplir sus misiones –explicó la importancia de la enseñanza en esa nave.

−¿Y usted estudio ahí? –Estaba sorprendido, realmente él no se lo imaginaba a Abuto como un hombre letrado.

−Estudie lo suficiente, además de que me gusta leer –confesó su gusto culposo, algo que no era común en su especie. –Me imagino que tú también has recibido algo de enseñanza.

−Si. –Sus ojos se volvieron ensombrecidos, rápido concluyó que quien se encargaba de eso era su madre, y eso era un terreno problemático.

−Bueno entonces tenemos un trato. –Extendió su mano frente a él.

−Estudiar y no meterme con los demás con tal de tener mi porción completa de comida. Está bien señor Abuto. –Estrechó su mano con la del adulto −. Y si cumplo con eso bien, me dará su postre.

−Oye –se quejó.

−Ya hemos hecho un trato. –Con su mano libre señaló el agarre −, ya no puede retractarse. –Le dedicó una sonrisa de oreja a oreja y después salió corriendo.

−Pequeño mocoso –mustió para él, había jugado sucio. Pero sacrificaría su postre, por volver a sus tranquilas mañanas.