NO TODAS TUS BUENAS ACCIONES SON BIEN RECOMPENSADAS
ACCIÓN IV
I love Okikagu: En este capítulo sé que te va a encantar más lo que hace la tía Abuto x3, disfruta la lectura :3
Sabía que los padres debían asistir de vez en cuando a la escuela de sus hijos para ver que tal iban en su rendimiento escolar, dicha información se la proporcionó alguno de los dramas que veía cuando la nave agarraba señal de algún planeta, y uno que otro libro hablaba al respecto; pero nunca se imaginó vivirlo en carne propia.
Apenas había pasado una semana de que la pequeña cría de Yato empezó a asistir a la educación que se impartía a los miembros del séptimo escuadrón, no esperaba que empezara a causar problemas tan pronto. Pero tratándose de él no se sorprendía.
Estaba él solo sentado en las uno de los mesa-bancos más próximo al escritorio, el culpable de su estadía en ese lugar estaba parado afuera, tal vez esperándolo, pero el profesor todavía no llegaba a hacerle compañía.
Oyó la puerta abrirse y todo su cuerpo se tensó, como si hubiera sido descubierto haciendo alguna travesura, pero es que en su tiempo frente a un pizarrón pasó sin pena ni gloria. Nunca fue castigado ni alabado; pero ahora se preocupaba por algo que él no había hecho.
−Buenas tardes señor Abuto –saludó el educador mientras se sentaba en la silla atrás de su escritorio.
−Buenas tardes –contestó mientras apreciaba al hombre frente a él, fue el mismo que le enseñó todo lo básico que un pirata espacial debía conocer y un poco más. Solo que su rostro se había arrugado más y su cabello se tiño más de blanco, y los lentes que indicaban la pérdida de la vista.
−Kamui es el alumno más joven que he tenido, −empezó su relato, él ya sabía que se trataba de ese niño; pero no se imaginaba si era para algo malo o muy malo. –Así que me imagino que es el miembro más joven del Harusame; lo cual me sorprendió pero a nadie se le niega la enseñanza. Lo mande a llamar porque sé que usted representa una figura de autoridad para él, inclusive más que Housen sama.
−¿Qué hizo? –Estaba acostumbrado a quejas casi diarias sobre las acciones de ese niño, no era necesario que le dieran un sermón. Aunque el hombre frente a él se empezó a reír.
−Él no ha hecho nada malo. –Se limpió las lágrimas que salieron de sus ojos por la intensidad de su risa; el de castaños cabellos se sorprendió de lo que le había dicho; era la única persona que lo llamaba para no quejarse del pelirrojo.
−¿Entonces? –Si no había hecho nada malo, no hallaba explicación para que lo mando a llamar.
−Quería notificarle del buen comportamiento de Kamui en clase, posee más conocimiento que la mayoría de la clase; del cual le gusta presumirlo con sus compañeros y estos le incitan a pelear pero no lo hace dentro del aula; me quiero imaginar que lo hace fuera. También quiero cambiarlo de hora, sería a una clase más avanzada. Además de que tiene una mentalidad más madura que otros que le triplican la edad.
−¿Más avanzada? –Realmente no se creía nada de lo que le estaban contando y es que ni en sus sueños más locos se imaginó a un Kamui interesado por la escuela o que ese cabeza de chorlito de vez en cuando puede ser maduro.
−Sí. Hizo muy bien en proporcionarle conocimientos previos.
−Espere ¿Me está atribuyendo la inteligencia de él?
−Sí, me imaginó que…
−Él solamente es un conejo perdido, –interrumpió a su interlocutor. –Ni siquiera sé en qué momento me empezaron a ver a mí como su figura de autoridad. Él solo viene aquí buscando más fuerza. Le daré una recomendación si quiere mantenerse con vida, nunca mencione a sus padres. –Había mucha seriedad en sus palabras, pero ver a uno de sus consanguíneos muerto por la manos de ese niño solo porque menciono a su padre; le había causado un gran golpe.
−¿Quiénes son sus padres? –interrogó preocupado, nunca se le había cruzado por la cabeza que ese tierno niño resultara ser tan peligroso.
−El hombre más fuerte del mundo y la maestra del Kouan. –Había escuchado rumores de que Umibouzu se había hecho de una mujer muy fuerte, pero nunca entendió que tan fuerte, hasta que lo escucho de su capitán.
−¿Esos monstros se unieron para formar una familia? –Era un catedrático sabía de historia, y más sobre su propio clan, pero eso sí que lo sorprendía.
−Sí y su hijo es un belicoso cuando se enoja, así que por eso me sorprendió que no me llamara para reportarlo.
−Solo quería la autorización del adulto responsable, ya que él es todavía un niño, para poderlo cambiar de curso –confesó el porqué lo requería.
−Si usted ya lo vio capaz de eso adelante. No es necesario mi voz para eso, él es un hombre que ya se cuida solo. Sí ve que no lo puede controlar ahí entro yo. ¿Alguna otra cosa que quiera tratar?
−No, eso era todo.
−Bueno, me retiro. Gracias por su preocupación hacia él –dijo mientras se levantaba. –Ah y una cosa más, –volteo justo antes de abrir la puerta, −no le debería tener temor por quienes son sus padres. Me imagino que él no quiere vivir bajo la sombra de su padre.
−Tiene razón, ningún niño crece bien si se le compara con alguien –le dio la razón se sentía avergonzado por su actuar.
−Hasta luego profesor –se despidió y abandonó el lugar.
−Tú también has madurado bien, Abuto –murmuró cuando su exalumno ya había abandonado el aula.
−¿Qué te dijeron? –El joven que lo esperaba parado afuera mientras silbaba una canción, lo interrogó ni bien había salido de ese lugar.
−Que eres muy inteligente para estar en tu grupo, así que te van a cambiar a uno más avanzado –respondió, total lo tratado ahí no era secreto.
−¿Un curso más avanzado significa personas más grandes? –cuestionó, pero algo en esa pregunta le causaba ruido, tal vez aquí había un motivo oculto.
−Sí, ¿por qué?
−Ya me había aburrido de pelear con mis compañeros, provocarlos por solo saber más que ellos parecían unos niños chiquitos.
−Mira quien lo dice. Además el maestro dice que nunca peleaste en clase. –Lo cual se le hacía algo raro dado a su carácter.
−Pero yo sí soy un niño. En clase, bien dijiste tú.
−Me suena a que has estado en peleas clandestinas –concluyó después de sus palabras.
−Nadie habla del club de pelea, pero cada clase tiene su propio club. Así que estudie para que me adelantaran y así poder pelear con gente más grande –declaró su plan maestro.
−Vaya, quien lo diría que las peleas serian tu incentivo para luchar. Pues sigue así. –Lo animó, después de todos sus días eran más tranquilos desde que él empezó a estudiar.
−Hoy también me debe dar su postre señor Abuto y si llegó primero que usted me tiene que dar doble. –Después de haber dicho eso salió corriendo hacia el comedor.
−Oye espera eso es trampa –gritó al aire, porque ya el pequeño Yato se encontraba muy lejos de él.
Después de resignarse sonrió, después de todo ese niño se lo merecía. No todos los días te adelantan de curso, independientemente que tu motivo sea pelear con gente más avanzada.
