NO TODAS TUS BUENAS ACCIONES SON BIEN RECOMPENSADAS

ACCIÓN V


Buenas noches mis lectores, ya tenia bastante rato sin actualizar esta fanfic, pero la escuela no me dejaba :'v

Además la inspiración se puso de caprichosa conmigo, tarde más de cinco días en escribir este capitulo, espero lo disfruten tanto como yo disfrute hacerlo x3

I love Okikagu:Yo también quiero una tía Abuto, es tan sensual ese hombre:'v. Algo así seria Kamui, pero quiere estudiar para hacerse más fuerte xD. Ya no esperes más la conti esta aquí x3


Un insistente ruido sonaba en su habitación sacándolo del mundo de los sueños; dicho sonido era producido por unos golpes a su puerta, la cual si no estuviera hecha por un metal resistente a la fuerza de un Yato ya estuviera rota.

Tapo sus orejas con la almohada para ver si ignorándolo el ruido cesaría, pero desistió de la idea cuando ya habían pasado más diez minutos y la perturbación seguía; y prefería atender el llamado a que siguieran molestando sus oídos.

−¿Qué quiere? –Atendió la puerta con los ropajes que hacían la función de pijama y con su cabello despeinado.

−Buenos días señor Abuto. –Conocía a alguien que era lo suficiente educado después de haber hecho alguna maldad. –Ya que es su día libre podríamos hacer algo juntos. –Fue ahí cuando maldijo de haberle dicho que su día de descanso era el mismo que el suyo de deberes escolares −. La nave esta próxima a aparcar a un planeta interesante llamado Tierra…

−Niño, debes aprender a respetar los horarios de los adultos –dijo mientras se rascaba la cabeza y abría lentamente lo ojos.

−Pero señor Abuto ya pasó la hora del desayuno y esta próxima la de la comida.

−¿La hora de la comida? –El sueño abandonó su cuerpo en un santiamén y ya se encontraba buscando alguna ropa que se encontrara limpia para poder usarla ese día.

−Señor Abuto es muy desordenado. –Alguien había aprovechado que dejó la puerta abierta para entrar.

−De seguro tú eres muy ordenado –comentó con cierta burla cuando terminó de ponerse los pantalones.

−Lo soy –respondió con una posición de firmes y si él se ponía a pensar en su pasado, la responsabilidad de la casa caía en sus pequeños hombros así que en cierta forma lo veía lógico que lo fuera.

−Está bien, te creo. –Puso su mano en la pequeña cabeza del niño −. Creo que podríamos comer juntos. –Finalmente estaba listo para salir un rato a la nave y tal vez a bajar a turistear al planeta donde llegarían.

−Vayamos –exclamó entusiasmado mientras salía corriendo de la habitación. Entendía el porqué de su emoción. Él había estado en una misión, la cual duró tres semanas y por ese tiempo no estuvo en la nave.

El pequeño Yato ya se encontraba en la mesa donde solían comer siempre con dos bandejas de comida. Él sonrío al parecer alguien sí que estaba emocionado por su regreso.

−¿De qué trató su misión? ¿Destazo algunos hombres? –El niño estaba interesado en saber los detalles de la misión y es que siempre era así cuando se enteraba que había regresado de alguna.

−No todas las misiones del Harusame son sobre quitarle la vida a alguien. –Con esas simples palabras bastaron para que el ánimo del pelirrojo bajara, inclusive hasta su antena capilar lo había resentido −. Pero esta vez sí –sonrió al ver los ojitos frente a él brillar −, solamente teníamos que recoger un paquete en un planeta un tanto abandonado. Pero alguien se enteró que ese era una entrega para el Harusame y varios querían frustrarla nada más por rencores personales.

−¿Eran muchos enemigos? –Se había emocionado mucho con el relato y quería saber la mayor cantidad de detalles.

−Considerando que nosotros nada más éramos tres y nos decuplicaban en número.

−¿Y eran fuertes?

−Lo suficiente para hacer sudar a tres Yatos experimentados.

−Vaya sería interesante que yo también pudiera ir a ese tipo de misiones. Enfrentarme con gente fuerte o más fuerte que yo. –Ya había recobrado su tono natural de voz e inclusive hasta se encontraba comiendo.

−Ese tipo de misiones no hay que tomarlas a la ligera, podrías perder la vida. Además eres muy chico para tener misiones todavía.

−Pero ya van seis meses desde que tuve mi misión de prueba y ni siquiera me dejan bajar a los planetas que aterrizamos.

−Podrías hacer destrozos y pelear con cualquiera que se te ponga enfrente. Pero sí que han demorado en hacerle su iniciación, el máximo tiempo de espera después de la primera misión son de tres meses. ¿Cómo ha ido tu entrenamiento con el capitán? –Lo único que se le ocurría para que no le dieran misiones es que estuviera dando malos resultados en su entrenamiento personal.

−Bien. El viejo ya me dio un horario fijo y me presta atención, además de que he logrado atinarle varios golpes seguidos, una vez casi consigo moverlo de lugar. –Otra vez el entusiasmo del niño estaba de regreso −, pero últimamente el viejo ha estado ocupado y no…

−¿A quién le dices viejo? –Un hombre con apariencia autoritaria y cabello grisáceo apareció por la espalda del niño, causando un sobresalto a ambos Yatos que estaban sentados.

−Capitán –dijo Abuto poniéndose de pie, varios de los presentes en el comedor le imitaron cuando se percataron de que su autoridad estaba en el comedor. Usualmente él comía solo en su camarote y sabían que sus alimentos eran de primera calidad −. ¿Qué lo trae por aquí? –preguntó por cortesía, porque era sumamente extraño que él estuviera ahí parado detrás de su discípulo.

El mandatario ignoró la pregunta y se giro sobre su propio eje para que la mayoría de los presentes le pudiera ver.

−Hoy es un día de importancia en nuestra tripulación, −empezó su relato con el tono de autoridad que se le caracterizaba −, hoy se une oficialmente un pequeño conejito que ha demostrado tener los colmillos lo suficientemente filosos para hacerle frente a los peligros que enfrenta ser un pirata espacial y ha cumplido con el mínimo requisito de fuerza que se requiere para salir de misión. –Todos los que estaban ahí ya tenían en mente de quien se trataba −. Por eso, para convertirlo en un miembro oficial se le entregara su uniforme y su parasol. −Terminando de decir eso se acercaron a él dos Yatos con cajas en sus manos donde les dio la indicación que las colocaran enfrente al pequeño pelirrojo −. Después de este día se te asignara a una subdivisión del escuadrón y deberás cumplir misiones con ellos.

−Entendido –respondió con voz firme mientras miraba de la misma forma a su capitán.

−Sin nada más que agregar, me retiro. –El jefe ya estaba caminando hacia la puerta, para abandonar ese lugar.

−Capitán –una voz tímidamente se alzó entre todos los presentes −. ¿Podemos ir a celebrar a la Tierra?

−Sí, pero sin causar disturbios, solo he venido a arreglar unos asuntos pendientes, así que estarán libres los que no estén de misión –respondió para después irse.

−Si. –dijeron al unísono todos los presentes, mientras que otros se paraban a felicitar al pequeño Yato. Le habían tomado un poco de aprecio cuando demostró ser capaz de enfrentarse a cualquiera en la tripulación, es incluía al propio capitán.

−Ya eres uno de nosotros.

−Ya podrás patear traseros espaciales.

−Genial tienes tu propia sombrilla, esa es más resistente lo cual lo hace más apta para luchas. –Ese tipo de comentarios le decían al pelirrojo mientras lo alzaban entre varios, para después lanzarlo por los aires y con la misma volverlo a atrapar.

−Será una buena celebración, hace años que no teníamos una. –Ese comentario puso a varios a pensar, ¿Cómo celebrar la inclusión de un niño menor de diez años al Harusame?

−Bueno ahí vemos que hacemos –dijo otro despreocupado −, me imagino que la Tierra ha de tener muchos tipos de entretenimientos. –Muchos asistieron conforme a lo dicho.

Una vez que el pequeño Yato había dejado de recibir atenciones, abrió las cajas que habían dejado frente a él. La primera contenía una sombrilla roja y la otra tenia ropajes negros como los que todos vestían, en eso volteo a ver al de cabellos castaños con ojos acusadores.

−No me mires así, si te decía que eran uniformes ibas a estar de insistente –dijo Abuto cuando notó la mirada que le dedicaba el niño −. Al fin se te hizo, eres oficialmente uno de nosotros. –Le revoloteo el cabello −. Lo mejor sería que lleves a guardar esas cosas, tal vez tengas una animada celebración en tu honor.

−Lo llevaré cuando termine de comer. –Porque para él lo más importante siempre será la comida.

Estaba recostado en su cama, después de la hora de la comida le perdió el rastro a Abuto y todos le rechazaban pasar el rato con él, enfrentándose. Así que se dispuso a vagar un rato por la nave pero fue un poco aburrido así que regreso a su camarote.

Su mirar estaba perdido en el techo, en cierta forma estaba nostálgico iría al planeta al que su madre siempre quiso ir. Pero él decidió abandonar todo para ir en busca de fuerza y nunca más ser mirado desde abajo por aquel ser que le dio la vida. Hasta que de empezaron a escuchar unos ruidos provenientes del exterior.

−Ya entramos a la atmosfera.

Ante tal declaración salió de su habitación y se fue a la ventana más próxima, quería apreciar porque ese planeta era tan especial, lo comprendió cuando un inmenso azul llenaba su vista.

−Todo lo que ves ahí es agua. –El castaño que lo había abandonado estaba nuevamente a su lado −. El planeta está cubierto en un 90% de ese liquido.

−Eso es mucha agua –respondió a la vez que intentaba observar lo más que pudiera, pero simplemente veía azul.

−Si. Recuerda tenemos autorizado bajar, pero no debemos hacer ningún destrozo, así que ni se te ocurra empezar pelea con las personas que te encuentres. Al mínimo comportamiento belicoso te traigo de regreso a la nave. –Bajo amenaza no hay engaño −, y no te querrás perder la deliciosa comida que preparan aquí. –Porque sabía que todo lo que implicara comida, el pelirrojo obedecía sin poner resistencia alguna.

−¿Comida? –El niño lo volteo a ver con ojos brillosos.

−De las más ricas. Así que compor… −No pudo terminar su frase que ya un golpe sacudió toda la nave.

−Hemos aterrizado. –Un anunció que se dio mediante un comunicador. –Partimos en doce horas. Los hombres que no tengan que cumplir con una misión pueden bajar a hacer un poco de turismo.

−¿En dónde estamos? –cuestionó cuando se bajó la nave y lo único que podía apreciar era mujeres con vestidos muy llamativos y hombres con alto contenido de alcohol en su sangre.

−Niño, esto es Yoshiwara –respondió uno de los hombres mientras lo abrazaba por los hombros −. El paraíso en la Tierra, literalmente.

−¿Hay mucha comida aquí? –preguntó inocentemente, ese seria para él su paraíso. Unas sonoras carcajadas se escucharon atrás de ellos.

−Sabes, creo que me iré a divertir, con algo que me encuentre por ahí −. El mismo hombre que antes lo abrazaba ahora lo había arrojado lejos.

−Yo igual.

−Yo también.

Y así los miembros que se habían reunido para celebrar el nombramiento de Kamui como miembro de su tripulación, fueron reducidos a unos cuantos.

−Bueno y ahora ¿dónde será recomendable llevar a este niño? –pensó Abuto en voz alta mientras observaba los lugares con grandes letreros llamativos.

−Hey Abuto. –Uno de los que se habían quedado llamó la atención del principal organizador −. A donde tienen pensado ir ellos, me entere que hay suficiente comida y mujeres muy atractivas atendiéndolo. Podemos dejar al niño que se entretenga con comida mientras nosotros nos divertimos con las mujeres y así seguimos siendo un buen número –dijo con ojitos suplicantes.

−Hey mocoso –habló para atraer su atención. –¿No te importaría comer solo mientras nosotros estamos ocupados? –preguntó cuándo este tenía los ojos sobre él.

−¿Solo? –Ladeo su cabeza como cuando está confundido.

−Sí, sabes así es mejor comer; porque no estas al pendiente de que nadie te robe la comida –le murmuro en su oído.

−Suena bien entonces. Vayamos –respondió, mientras que eso alegraba a todos los hombres que se habían quedado alrededor de ellos dos.

El frente de ese lugar resultaba tan pintoresco y colorido, algo que resultaba completamente opuesto a las vestimentas de los piratas espaciales.

−Bienvenidos. –Una mujer con los característicos ropajes de ese lugar y con belleza despampanante salió a recibirlos −. Por favor tomen asiento –les guio a través del establecimiento hasta que encontraron una mesa desocupada.

−Oh pero si es Abuto y compañía, ¿ya te deshiciste del conejito ese? –preguntó uno de sus compañeros que se había adelantado a ese lugar.

−¿Qué conejo? –preguntó Kamui, mientras todas las miradas se dirigían a ese niño que acababa de entrar.

−Buenas noches caballeros ¿qué se les ofrece? –Otra mujer salió a atenderlos.

−Siéntense, pónganse cómodos. –Una más había llegado a su mesa con unas cuantas botellas de bebidas alcohólicas.

−¿Qué desean ordenar? –La misma mujer que los había guiado hasta el su lugar, estaba ahora con una libreta mientras observaba a todos pero principalmente al niño.

−Yo quiero todo el menú de aquí hasta acá –señaló todo el cartelón excluyendo las bebidas alcohólicas.

−Nosotros empezaremos con una botella –dijo Abuto, mientras todos decaían instantáneamente, la celebración de Kamui no les iba a salir tan barata como pensaron.

La comida había llegado para deslumbrar a todos, cada uno de los platillos se veían demasiado gourmet. Algunos aprovecharon para probar un poco de todo antes de que Kamui les pusiera las mano encima, porque cuando lo hacia la comida ya había desaparecido.

La mesa correspondiente a la celebración de Kamui era la más animada de todas, algunas mujeres que atendían las demás mesas descuidaron su trabajo y se fueron a divertir con ellos y cuando los hombres entraron en estado alcohólico se olvidaron del agujero que esa fiestecita podría dejar en sus carteras y se dedicaron a divertirse y alcoholizarse, mientras el festejado era mimado por algunas mujeres dándole comida en la boca.

−Es tan adorable –expresó una de las chicas mientras recostaba la cabeza del pelirrojo en su regazo para seguir dándole de comer en la boca.

−Está muy rico, dame más por favor –pidió el niño mientras abría su boca.

−Oh me alegra que te guste, lo prepare yo con mis propias manos. –La joven se había sonrojado por un pequeño cumplido que hizo ese niño.

−Te has esforzado mucho, tu comida sabe muy bien –dijo después de terminar con el contenido del plato que la joven le ofreció.

−Prueba también mi comida.

−Y la mía.

Las mujeres rodearon al niño, olvidándose de la compañía que le brindaban a los Yatos más veteranos.

−Parece que va a ser muy popular con las mujeres, si es que desde esa edad ya nos empieza a ganar en conquistas –comentó uno de los Yato hacia Abuto.

−Solo es un hablador que dice lo conveniente para obtener lo que quiere. En el fondo es un manipulador –dijo mientras observaba la escena. –Bien señoritas, el galán no debe comer mucho porque le causara indigestión –comentó mientras señalaba al pequeño Yato que estaba acostado en el sofá con una estomago lo demasiado hinchado que le doblaba a su capacidad.

−Tú debes ser su padre –dijo una de las mujeres mientras dejaban descansar al pequeño Yato para ir a rodearlo a él. Abuto fijó su vista al pequeño que dormía plácidamente, si hubiera escuchado eso de seguro la joven ya tendría un nuevo ombligo con ella.

−Sí, y ahora que han terminado de atender tan bien a mi hijo. ¿No creen que nos podrían servir de la misma manera a nosotros? Después de todo los niños se deben dormir temprano mientras los adultos se divierten –terminó de decir para después guiñarle el ojo a las mujeres, las cuales.

−Claro –dijeron las mujeres, después de todos los mayores son quienes pagan las cuentas.

Al final del día terminó siendo una buena celebración para el pelirrojo.