NO TODAS TUS BUENAS ACCIONES SON BIEN RECOMPENSADAS

ACCIÓN VI

Otra vez ese sonido ensordecedor del metal chocando con otra cosa lo había despertado, maldecía internamente haberse desvelado con la supuesta fiesta que le hicieron al pequeño conejo por ser un miembro oficial del séptimo escuadrón del Harusame, pero el joven se durmió y él siguió la fiesta con los demás adultos, causando que ahora tuviera una resaca inmensa.

—¿Qué quieres? —Que interrumpieran su sueño y además tener una gran pulsación en su cabeza, era imposible despertar de buenas. Además que ambas cosas eran consecuencia del pequeño ser que se encontraba atrás de esa puerta.

—Buenos días señor Abuto. —No sabía porque, pero eso hacía que su enojo hacia él se incrementara.

—¿Qué quieres? —Volvió a preguntar, ahorita no tenía paciencia para él, quería regresar a su lecho.

—Venía avisarle que ahora seremos compañeros de equipo —dijo con una gran sonrisa mientras le extendía una hoja, que él inmediatamente agarro —. Será bueno trabajar junto a usted.

—Ya lo veía venir. —Pues desde que el pequeño se subió a la nave él era visto como una figura de autoridad para él. Tocó su frente después de haber leído la hoja, ya se imaginaba algo por el estilo, pero en sus mejores sueños esperaba que no se volviera realidad, pero al tener dicha orden firmada por el capitán del escuadrón hizo que sus ilusiones se desboronaran.

—¿Su equipo cuando tiene misión? ¿Quién es el líder? ¿Los demás compañeros son fuertes? ¿Le han tocado misiones difíciles? —Con miles de preguntas lo atacó mientras brincaba a su alrededor para demostrar lo emocionado que estaba.

—Para empezar, —se sentó en su cama para mayor comodidad, seguido por el pequeño Yato que se abría paso entre su desorden —, por el momento dudo que tengamos misiones ya que dos de los cinco integrantes están con severas lesiones debido a la última misión.

—Eso quiere decir que son débiles —sacó una apresurada conclusión que le costó un golpe del mayor.

—No todas las misiones se cumplen con fuerza bruta. —Le molesto el comentario que hizo el pequeño Yato, porque sabía que sus compañeros de equipo se habían esforzado por cumplir la misión y que habían estado peleando sin parar por más cinco horas porque los enemigos no les daban tregua, también eran seres vivos no simplemente máquinas de matar.

—Pero si la última misión fue cuando lucharon contra un batallón de quinientas personas —comentó al recordar lo último narrado por el mayor —. Aunque usted sí que me sorprende.

—¿Yo te sorprendo? —Realmente le había extrañado ese comentario, pero algo le decía que no era bueno ya que el pequeño lo veía con ojos de admiración mezclados con desafío—. ¿Por qué?

—Desde que yo he llegado a esta nave, me ha platicado de sus historias en sus misiones, pero nunca ha resultado herido —expuso pues él conservaba muy bien sus recuerdos con ese hombre y nunca lo ha visto vendado y tampoco lo había visitado en la enfermería.

—Se llama ser inteligente, no dejarse llevar por los instintos e ir corriendo al campo de guerra como una bestia —explicó mientras le daba un golpe en la frente para que le quitara de encima esos ojos de interesado.

—-Yo sigo pensando que es fuerte, ¿Cuándo puede pelear conmigo? —cuestionó con gran interés, él había medido fuerzas con casi todos los tripulantes de esa nave, pero no con el adulto que más tiempo compartía.

—No me gusta luchar con los de mi misma especie solo por asuntos banales —dijo restándole importancia, mientras se volvía a acostar dándole la espalda, pensando en que si se aburría lo dejarían en paz.

—Ándele señor Abuto. —Le picaba la parte del cuerpo que le dejo expuesta —. Diga que sí señor Abuto. —Seguía insistiendo, no sabía qué hacer para que el mayor aceptara su propuesta, hasta que se le ocurrió algo —. Si acepta me dejara de ver durante toda una semana. —Esa oferta sonó tan tentadora para el mayor que no tuvo que decírselo ni dos veces y ya se encontraba dándole la cara nuevamente.

—¿Eso es cierto? —cuestionó dudoso, conocía muy bien sus mañas para obtener lo que quiere.

—¿Cuándo he faltado a mi palabra? —Bueno debía reconocerlo, sabía que era cumplidor con los tratos que hacía.

—Esta bi… —No pudo terminar su confirmación porque un sonido extraño lo interrumpio.

Equipo siete, favor de pasar a la sala de asignación de misiones. Equipo siete, favor de pasar a la sala de asignación de misiones —Se oyó a través de las bocinas que están instaladas por toda la nave para comunicar algo entre todos los tripulantes.

—¿Quién es el equipo siete? ¿Tendrán una buena misión?

—¡Idiota! —Le dio otro golpe —. Debes memorizar todo lo que sea referente a tu equipo —dijo mientras le extendía la hoja que llegó a enseñarle a su habitación, donde claramente se podía leer en grande "Equipo 7"

—Ah. Vamos —Tomó al mayor para cargarlo como si fuera un bebé y salir corriendo a donde le habían llamado. El adulto simplemente se resignaba al ser humillado de esa forma, si le veía el lado amable no tenía que esforzarse al caminar. Pero de repente sintió que su transporte se detuvo.

—Señor Abuto —logró apreciar algo de pena en su voz.

—¿Qué?

—¿Dónde queda la sala de asignación de misiones? —Se maldijo a si mismo por haber aceptado tan tranquilamente el transporte.

—Bájame por favor —pidió y vio que el pequeño conejo no le dirigía la mirada así que se abstuvo de darle otro golpe, ya le había dado muchos en el día. —Sígueme —Y él en silencio lo hizo.

No sabía cuál era la razón para que su maestro lo viera con enojo, ¿tal vez se debía a que habían llegado tarde al lugar? ¿O que fuera el ultimo? ¿O tal vez ambos?

—Su misión es esta. —Le extendió un rollo al Yato que llegó junto con él, que inmediatamente hizo la acción de leerlo.

Mientras el veterano leía el contenido del rollo, el pequeño conejo se limitaba a observar a las otras dos personas que estaban antes de que ellos llegaran, intuía que eran sus compañeros de equipo.

—¿Capitán está seguro de esto? —cuestionó, se infiere que había terminado de leer, pero por su cara denotaba sorpresa mezclado con un poco de miedo causando lo mismo en sus otros dos compañeros, pero el reciente miembro del escuadrón se veía feliz e interesado —. Solamente somos tres Yatos y un pequeño conejo, ¿somos suficientes para una cosa de tal magnitud?

—¿Qué tenemos que hacer? —Sin permiso alguno lo escalo hasta llegar a su hombro para poder leer la dichosa información.

—Son tres de ustedes, tu equipo se reconoce por cumplir todas las misiones que se les encarga sin baja alguna. —Alababa eso del líder de equipo ya que siempre se las apañaba para que todos regresaran con vida aunque sea con unas grandes heridas, pero respirando al final de cuentas. Y eso le hacía querer desafiarlo incluyendo que tenían un nuevo miembro al cual quería poner a prueba—. Además tienes otro compañero más que es reconocido por tener bastante fuerza para su tamaño, —señaló al niño que estaba posado en su hombro que inclusive ya le había quitado el pergamino de las manos y se encontraba leyendo —, que si no le damos una buena misión me reclamara.

—Interesante, viejo —exclamó con una gran sonrisa, mientras regresaba a la forma de rollo el papel que leyó —. Recuperar un cargamento de esclavos que un equipo anterior perdió en un planeta inhóspito e inadecuado para nosotros ya que el sol está presente casi todo el tiempo. —Mantenía una sonrisa retadora hacia ese que se le podría llamar su mentor —. O es un cargamento valioso para mandar al equipo del señor Abuto que siempre tiene éxito en su misión o es meramente capricho para ponerme a prueba o quitarle esa buena racha al equipo.

El resto de los presentes se quedaron sorprendidos ante la lengua afilada que tenía ese mocoso, que en cierta forma muchas veces lo pensaron pero no se atrevían a decirlo, al parecer ese chamaco tenia los pantalones bien puestos, mejor que ellos. Pero temían por la vida del pequeño pelirrojo, puede que su capitán lo viera con desafío y le ocasione una muerte instantánea, causando que todos estuvieran con la guardia en alto. Aunque eso fue en balde ya que su autoridad nunca ataco, al contrario empezó a reír.

—Considéralo que son todos esos motivos —reveló la respuesta a las acusaciones —. Así que, ¿Qué harás?

—Regresar de la misión con ese cargamento de esclavos y con la misma cantidad de personas —respondió dejando sorprendido a los miembros del equipo al que era participe.

—Estaré deseando eso con ansias —realmente le agradaba como esa pequeña cría de Yato le retaba, sabía que si se mantenía con ellos puede que llegue a ser un peligroso pirata espacial.