NO TODAS TUS BUENAS ACCIONES SON BIEN RECOMPENSADAS


RECOMPENSA II


Estaba solo con una gran jaula de metal a su lado. Los adultos se habían ido a recorrer el planeta en busca de la nave en la que llegaron para subir el cargamento. Fue demasiado fácil hallarlo, estaba el cargamento sin protección alguna perdido en la deriva de ese desértico planeta.

Ese lugar era demasiado para él, la sombra que su parasol le proporcionaba no era la suficiente para cubrirlo de los rayos ultravioleta que las estrellas más próximas a ese lugar emitían.

−¿Por qué tus compañeros tardan tanto? −La pregunta provenía de una persona dentro de la jaula, y no pensaba voltear hacia quien había tenido el descaro de hablarle, pero por su tono de voz podía deducir que era un niño−. Yo no quiero estar aquí, el calor es realmente insoportable.− En eso si podía concordar−. Hey pequeño pirata, conozco un lugar no muy lejos de aquí donde hay sombra y agua, yo te puedo guiar hacia allí.

−¿Por qué le haría caso a alguien como tú? −cuestionó mientras le apuntaba con su fiel parasol, haciendo que las otras personas dentro de la prisión de metal se alejaran, menos ese quien le había hablado.

−Porque al igual que tú ya me quiero largar de este lugar.

−¿Aunque eso signifique ir de esclavo hacia otro lugar? −preguntaba y es que realmente no le entendía.

−Cualquier cosa es buena para mí. Simplemente que hemos estado pasando de una jaula a otra que ya no conocemos otro estilo de vida, pero mínimo queremos no sufrir tanto. Además sólo le robaron esta carga a tus compañeros para fastidiarlos ya que realmente no somos un cargamento valioso, por un momento pensé que nos iban a dejar aquí y morir, no me imagine de que se fueran a tomar tantas molestias por nosotros. Aunque…

−¿Aunque qué? −No tenía paciencia para esperar a que el terminara de hablar, pues estarlo amenazando con su paraguas le estaba quitando su preciada sombra.

−Tengo entendido que hay una criatura extraña aquí, tal vez le tendieron una trampa y ustedes vinieron directa a ella.

−¿Extraña criatura? −Eso le daba curiosidad.

−Si, le llaman insecto de arena, suele ser inofensiva pero cuando se le molesta puede ser muy fuerte.

−¿Fuerte? −Eso era algo que le llamaba mucho la atención.

−Tal vez tus compañeros murieron en sus manos, porque la despertaron con el ruido de la nave.

−Interesante.

−¿Qué? Tus compañeros podrían estar muertos y te parece interesante.

−¿Sabes dónde está? −preguntó con un tono aún más amenazante que de costumbre.

−Si nos llevas al lugar que te digo, te doy la indicación de donde podría estar esa criatura –habló tan rápido como pudo, pues sentía que estaba haciendo enojar a ese pequeño guardia.

−Me parece un buen trato. –Quitó el parasol de su cara y nuevamente lo utilizó para brindarse sombra. –Van ir saliendo uno por uno y se van a tomar de las manos, primero el joven valiente que se animó a hablarme. –Mantenía una sonrisa, pero más que relajar a sus prisioneros hacían temerle de sobre manera.

Lentamente cada uno de los prisioneros salió, haciendo caso a los que él previamente les había dicho, cargó con una mano la jaula vacía.

−Van a ir caminando en fila sin soltarse de las manos, el que se aleje del grupo lo mataré lanzándole encima la jaula. Todos queremos la misma cosa, salir de este feo planeta así que no hagan nada que atente contra ello –dijo con un tono amenazador. Puede que se vea como un niño inocente, pero empezaba a agarrar las costumbres de los piratas espaciales.

Caminaron durante bastante tiempo, que se sentía que no avanzaban nada porque el planeta se seguía viendo igual sin importar donde posara la vista. Los prisioneros se estaban portando bien, ninguno de ellos hizo alguna acción sospechosa. Aunque el calor ya les estaba pasando factura, algunos ya presentaban síntomas de insolación y él era el más vulnerable a eso debido a su especie.

Quería cuestionar sobre el tiempo que faltaba para llegar a ese lugar, pero no quería dejar expuesto su debilidad. Él iba caminando hasta el final, para observar las acciones de los prisioneros pero en uno de esos todos empezaron a correr.

−Hemos llegado –gritaron al unísono, haciendo que les permitiera correr para llegar al oasis de ese lugar, así que les permitió hacerlo.

Era un pequeño lago rodeado de diferentes palmeras que brindaban una fresca sombra. Todos, incluido él, aprovecharon el cómodo lugar.

Después de unos momentos de relajación buscó con quien había hecho el trato, pero no lo encontraba, hasta que lo vio a un lado de él.

−Tengo entendido que te interesaste en esa criatura por ser fuerte. ¿Crees poder derrotarla? –El joven se sentó a un lado de él invitando a que le imitara.

−No lo sabré hasta que lo intente –dijo con voz decidida.

−Si así lo dices, −le restó importancia a sus palabras−, si quieres encontrarte con el insecto de arena lo más probable es que este donde dejaron la nave. Usualmente suele ser una criatura pacifica que duerme en el interior del planeta, pero el ruido suficiente se le puede despertar.

−¿La has visto? –preguntó por curiosidad, porque no podía ser que alguien de su nivel estuviera tan bien informado de criaturas extrañas.

−Lo escuché cuando quienes nos robaron de las manos del Harusame, nada más nos depositaron aquí y con la misma se fueron diciendo entre murmurios que debían evitar el insecto de arena.

−Interesante, −cada vez estaba más entusiasmado con ir a darle una visita a esa cosa−. Creo que está de más decirlo, −se estaba poniendo de pie para ya irse del lugar−, pero no se vayan de aquí ¿o quieren regresar a esa jaula? −preguntó con sorna.

−Aquí estaremos hasta tu regreso, si es que logras salir con vida −dijo con burla. Lo cual hizo que se ganara un disparo por parte de su carcelero.

−Interesante lo esquivaste, tienes buenos reflejos. −Al parecer alguien se estaba interesando en su prisionero.

−La necesidad de sobrevivir te hace querer ser más fuerte −expuso lo obvio de su existencia.

−Tienes razón. Tal vez cuando regrese seria agradable chocar puños contigo.

−Soy un niño en pleno desarrollo al igual que tú. Debes dejar que los niños vivan para que se conviertan en personas fuertes, al igual que las mujeres pueden tener bebés fuertes −externó su mentalidad.

−Es una buena teoría, pero aun así no te vas a librar de mi cuando regrese.

−Bueno, al menos lo intente.

−Nos vemos. −Después de haber dicho eso emprendió camino.

Con un radio que incluía localización satelital pudo hallar con facilidad el lugar donde estaban sus compañeros.

Los tres estaban a merced de la extraña criatura, cada uno en un tentáculo diferente.

−Señor Abuto, −gritó cuando lo vio en su forcejeo por ser libre de esa extraña criatura.

−Niño. No te acerques, −le dio la advertencia−, ve hacia la nave y dispara los cañones. −Era realmente una suerte de que la nave permaneciera intacta, parece que los ruidosos fueron ellos.

Él por primera vez obedeció una orden sin rechistar, pues su orgullo estaba en juego. Debía demostrarle a ese viejo que era alguien digno de estar en el Harusame, además de hacerlo callar con sus acciones.

Con gran sigilo subió a la nave, tratando de hacer el menor ruido posible. Realmente fue bastante conveniente que mientras navegaban Abuto le enseñara a utilizar el armamento de la nave.

Mientras se dirigía al cuarto de mando, vio la fiel arma del adulto responsable de él.

−Señor Abuto −gritó, captando no solamente la atención del mayor, pues unos tentáculos se dirigían hacia él.

−¿Qué haces estúpido? −Estaba molesto, sí. Porque se supone que debió hacer el menor ruido posible, intentaba frenar a la bestia aplicando su peso como ancla.

−Creo que esto le podría servir de ayuda −indicó antes de lanzar el parasol.

−No eres tan estúpido como creí −murmuró para sí mismo al ver volar su arma hacia él. Sacó su brazo de los tentáculos que lo mantenían prisionero y capturó lo lanzado.

Los disparos hacia el cuerpo de la criatura no se hicieron esperar, haciendo que esta se moviera con más brusquedad y los tentáculos libres se dirigieran hacia la nave.

−Rápido ayuden al mocoso −indicó y después disparó hacia los tentáculos que mantenían prisioneros a sus compañeros−. Echen a volar la nave lejos del alcance de estos molestos tentáculos y mantengan el fuego contra él.

−Sí −respondieron ambos Yatos, que al ser liberados corrieron hacia la nave.

Uno fue directamente al cañón externo para disparar manualmente mientras que el otro fue a la sala de control para elevar la nave.

−¿Y el señor Abuto? −cuestionó el pequeño Yato al ver que su superior no había subido a la nave.

−Él sigue siendo prisionero de esa cosa −explicó el que le hacia compañía en la sala de los controles.

−Pero al continuar disparando alejas al insecto de arena y parece que quiere regresar al interior del planeta.

−Son las ordenes que él nos dio. −Las palabras que dijo no llegaron a nadie porque el pequeño ya no estaba a su lado.

Se lanzó de la proa del barco hacia la arena de aquel planeta con su parasol como compañía, el cual abrió para reducir el tiempo de su caída por la resistencia del aire.

El cuerpo de la bestia ya estaba oculto entre la arena, solo quedaban esos verdosos tentáculos en el exterior, pero que aun así le hacían lo imposible para llegar a su objetivo.

No le importo utilizar su parasol como espada para cortar los tentáculos que se dirigían hacia su persona, despojando al monstro de tres de ellos acelero su proceso de retirada.

El tentáculo que mantenía prisionero al Yato adulto aún se mantenía fuera de la tierra pero él no se encontraba lo suficientemente cerca para llegar a rescatarlo. En su desesperación le disparó, pero aun no era tan bueno en los disparos a distancia y falló.

Corrió un poco más para ver si podía alcanzarlo y cuando la cabeza de Abuto ya comenzaba a ser enterrada se lanzó y aferro la capa del señor con su parasol a la arena retrasando su ingreso al hogar del insecto de arena, pero era una idea peligrosa pues le estaba causando asfixia pero eso le dio el tiempo suficiente para lograr sacarlo de ahí. Claro también recibió ayuda, pues mientras el pequeño tiraba de él hacia fuera, Abuto disparo contra su captor.

Ambos Yatos intentaban recuperar el aire que necesitaban para vivir descansando en la arena, pero debían hacerlo rápido porque los rayos ultravioleta ya le estaban pasando factura sobre su piel.

−Lo lograste pequeño. –Los dos Yatos que se encontraban en la nave habían descendido y llegado hacia ellos, cubriéndolos con su parasol.

−Es bueno contar con compañeros tan confiables como tú –dijo el otro mientras le daba una palmada en la espalda, ocasionando que se ganara una mirada de furia.

−Lo hice, solamente porque tengo una apuesta que ganar con el anciano decrepito, además de que quería probar que tan fuerte era esa bestia –explicó el porqué de su actuar−. Así que la próxima vez intenten ser más fuertes, los hombres débiles no valen para nada. Además debemos ir por los prisioneros. –Tomó su sombrilla y caminó de regreso a la nave.

−Ya oyeron al mocoso, de regreso a la nave, este calor me está poniendo cada vez más de mal humor –indicó el de castaños cabellos siguiendo al niño de quien estaba a cargo.

Con la ayuda de un localizador que dejó en la jaula dieron con el oasis donde había dejado a los prisioneros.

−Vaya pensar que un lugar perfecto para vacacionar estaría en este planeta tan inhóspito –externó Abuto al ver el lugar.

−Vaya, veo que lograste sobrevivir –dijo al momento que lo vio−, me estoy interesando en ti, puede que si te de tu lucha como querías.

−No gracias –respondió tajante−, creo que tomaré en cuenta tu mentalidad.

−¿El mocoso rechazando una pelea? Creo que el calor me está haciendo mal –comentó con sorna, lo cual se ganó una mirada llena de ira−. Es hora de irnos –dijo.

Todos obedecieron, se encargaron de subir la jaula y a los prisioneros por aparte. Y después emprendieron camino a su nave nodriza.

La persona que estaba buscando estaba observando el vasto universo por una ventana.

−Señor Abuto –interrumpió su pensar llamándolo−, ¿en todo el universo hay criaturas tan peligrosas? –cuestionó aunque sabía que era obvia la respuesta.

−Durante todo el tiempo que llevó como pirata espacial esa fue la más peligrosa que había conocido –se sinceró ante él.

−¿Cree que tenga la oportunidad de pelear con más criaturas de ese tipo? –Él definitivamente estaba interesado en fuerza.

−Yo creo que sí, si sigues andando por ese camino que elegiste, aunque creo que pelearías más si llegaras a ser el capitán del escuadrón.

−¿Capitán del escuadrón? –cuestionó con asombro, no se había planteado esa posibilidad.

−Pero es un largo camino que recoger –intentó alejarlo de ese objetivo, ya se estaba lamentando haberle dado esa idea.

−Hablando de capitanes, el viejo se sorprenderá ¿verdad?

−Definitivamente pequeño, definitivamente.


N/A: Tarde pero cumplo :v, ok ya.

Si ya sé no tengo perdón de nadie por actualizar tan tarde, pero bueno este capítulo está enteramente dedicado a mi beta látigo: RasenRouge Aunque mejor dicho todo el fic esta dedicado a ella, pues fue gracias a ella que surgió esta loca idea.

Me disculpó ante las cosas mal narradas que se puedan presentar, ya es de madrugada y no quise corregir, mañana lo hago.

Además de que entre en crisis, porque me tarde mucho escribiendo este cap, *Entró en la etapa de remordimiento del NTR*

Gracias a todos los que leen y comentan esta historia :3

Nos leemos luego.

Pd: Si alguien tiene ideas sobre los nombres y el aspecto físico para los compañeros de Kamui y Abuto se lo agradecería mucho, son dos que estuvieron hoy con ellos en el capitulo y otros dos que están heridos en la enfermería de la nave. Así que sería de mucho apoyo eso

I love Okikagu: tú más que nadie ha de comprender mi dolor (?), las cosas que hacemos por amor :'v, pero bueno, nuevamente le debemos el cap a Rasen xD