NO TODAS TUS BUENAS ACCIONES SON BIEN RECOMPENSADAS


ACCIÓN VII


Lo reconoció, lo había visto en más de una ocasión cuando visitó el planeta natal del pequeño conejo que estaba a su cuidado. El hombre delante de él era su progenitor. A quien el pelirrojo le profesaba tanto odio que no podía ser nombrado en su presencia, porque de hacerlo se desataba una masacre.

Lo identificó por ese color de ropas y ese parasol, no podía ser que en un planeta comercial hubiera más Yatos a parte de los del Harusame. Además de que él y su hijo desprenden la misma aura asesina cuando algo no sale como se lo esperaban, puede que no se parecieran físicamente, pero con su forma de querer matar al prójimo eran muy parecidos.

Ahí estaba frente a él, haciendo fila para comprar lo mismo. Quería hablarle, no sabía porque pero quería hacerlo. Compromiso, ¿quizá?, comunicarle que su retoño estaba bien bajo su cuidado, ¿tal vez? Reclamarle por lo mal que lo educó, muy probable.

La fila cada vez se iba reduciendo más al mismo tiempo que la oportunidad de entablar conversación con ese gran ser. Con Umibouzu, el hombre caza bestias, el único que estaba al nivel de su capitán, ¿era digno de hablarle a él?

—Umibouzu… —Su nombre salió de sus labios cuando lo veía alejarse después de comprar lo que quería, y es que a él ni tiempo le dio de hacerlo por seguirlo—. ...sama —agregó por respeto a lo que cuentan de él.

—¿Si? —El aludido volteo a verlo para encararlo.

—Soy Abuto, un Yato como usted…

—Oh vaya, no es común encontrarme con otro ser de la misma especie y no me ataque en lugar de hablarme sólo para comprobar fuerzas —exclamó con sorna mientras volteaba a verlo y claramente podía apreciar que pertenecían al mismo clan.

—Soy de los que no me gusta pelear con los de mi misma especie, de por si estamos en peligro de extinción como para matarnos entre nosotros, es algo muy tonto, '¿no cree?

—Tienes toda la razón muchacho. Pero supongo que no me hablaste solamente por eso, ¿verdad?

—Así es señor. Soy un Yato perteneciente al Harusame y…

—Le he dicho muchas veces a Housen que no quiero unirme a su tripulación —lo interrumpió, eso le estaba agotando la paciencia, al parecer padre e hijo tenían el mismo don de desesperar a la gente.

—Umibouzu sama, —esta vez lo agregó por mera formalidad—, debería dejar de interrumpir a la gente y escuchar lo que ellos quieren hablar.

—Tienes razón, ¿qué pasó?

—Su hijo se unió al Harusame y yo soy quien está a cargo de su cuidado —dijo lo más rápido posible para evitar ser interrumpido un vez más.

—Vaya con que eso hizo, al parecer está en su etapa rebelde. —No había imaginado ninguna reacción de su parte al darle la noticia, pero creía que lo estaba tomando muy bien—. Agradezco lo que has estado haciendo por mi hijo, al parecer tiene un buen mentor sobre de él, me gustan tus ideales de no pelear con los de nuestra especie, espero que se la puedas inculcar. Me gustaría que me acompañaras por algo de beber en forma de agradecimiento, sé que no es mucho pero también me gustaría saber de él y lo que ha hecho.

—No sé si tengo tiempo. —Volteo a ver la posición del sol y es que tenía antes del atardecer para volver a la nave, sólo había ido a ese lugar porque le había sobrado tiempo luego de hacer su encargo.

—No será mucho tiempo, sé que los piratas espaciales son personas muy ocupadas…

—Esta bien. —Lo pensó mejor y aceptó ya que regresar a la nave seria tener que soportar al pequeño mocoso, no estaría mal que empiece a cuidarse solo o que empiece a controlarlo alguien más, además no muchos podían presumir de conocer al gran cazador de bestias y todavía tener el honor de chocar copas con él.

Estaban en un lugar muy popular de ese planeta por sus bebidas embriagantes, pero no sólo por eso era famoso sino también por sus altos precios y si hacia cuentas mentales el primer trago acabaría con la mitad de su paga.

—No te preocupes por el dinero, yo invito. —Al parecer su rostro lo delataba para que el gran cazador de bestias dijera eso—, el dueño es amigo mío y me deja venir a bebes las veces que quiera.

—Vaya, que buenos beneficios se trae ser un gran cazador —comentó con un poco de mofa mientras ambos se hacían paso entre la multitud de gente que estaba en el lugar para llegar a la barra.

—Dile a Luigi que Umi está aquí —le dijo al bar tender que atendía.

—Entendido Umibouzu sama ¿la misma bebida de siempre?

—Por favor. Ah y coméntale que traje a un amigo.

—Está bien, ¿caballero usted que desea tomar? —le preguntó y realmente no sabía que ordenar, intentaba leer el menú que estaba escrito a mano arriba de la barra, pero a una mala letra que no podía entender.

—Lo mismo que él, por favor. —Fue su método de salida más fácil.

—Entendido.

La persona que lo había invitado al fin se había sentado así que procedió a hacer lo mismo, no sabía cómo entablar una conversación con él, se imaginaba que lo había invitado para que él le informara sobre lo que ha estado haciendo Kamui.

—Él es muy fuerte, puede que en un momento llegue a ser tan fuerte como usted —comentó lo primero que se le vino a la mente, pero no obtuvo respuesta alguna—. Me imagino que el color de cabello lo sacó de su madre porque se nota que los ojos son de usted.

No obtuvo ninguna respuesta de su acompañante, hasta que llegó la bebida y él se la tomó en un solo trago, se sorprendió de la velocidad con lo que lo hizo.

—Todo esto es mi culpa, —al parecer necesitaba un poco de alcohol para aflojar la lengua—, es que no me dio tiempo de explicarle el porqué de mis largos viajes.

—Veo que tiene un brazo de metal, ¿él fue la causa?

—¿Esto? —Alzó su parte del cuerpo biónica—. Lo tomé como un berrinche, pero nunca creí que intentaría secuestrar a mi esposa el mismo día que yo llegara, y es que no me dejó explicarle. —Se había recostado sobre la barra.

—Sí, recuerdo que le dijo al capitán Housen que necesitaba una nave, ¿pero para qué? —Realmente le causaba curiosidad la familia del pequeño conejo, pero no quería ser atravesado por una bala.

—Él creía ciegamente que llevar a su madre a su planeta natal mejoraría su salud, pero no es así, he estado buscando en ese maldito planeta algún maldito cristal de altana, por un momento desistí, pero el día que volví era porque había encontrado uno, uno, luego de cuatro años de búsqueda.

—¿Cristal de altana? —Ya no le estaba siguiendo la historia al gran cazador.

—Con eso, lograre alargar un poco más el tiempo de vida de su madre, pero no sé por cuanto tiempo.

—¿Su madre esta moribunda? ¿No debería estar pasando los últimos momentos de vida con ella? —Al parecer no entendía el actuar del Yato al que estaba cuidado, además de que a gran distancia se puede notar que es un niño de mamá.

—Sí, pero no lo hará hasta que me derrote, por eso me imaginó que huyo de casa, aunque me alegra que lo estés acompañando.

—Sí, realmente se le metió a la cabeza eso de ser el hombre más fuerte del universo. Todos los días entrena con nuestro capitán, o eso intenta, inclusive ya es considerado uno de nosotros, aparte también es instruido… —En su mente pasó lo que le había dicho al profesor dentro de la nave cuando promovió a Kamui a una clase más adelante—. Su esposa es la maestra de Kouan, ¿no?

—¿La conoces? —Se sorprendió que la nombrara de esa forma.

—A todos los Yatos del universo le llegó el rumor de que el cazador de bestias, el hombre más fuerte se había hecho de una mujer muy bella y muy fuerte también, que habitaba en el viejo planeta de los Yatos, la conocida maestra de Kouan.

—Me sorprende la farándula de nuestra especie —comentó con sorna mientras admiraba su vaso vacío—. Es cierto, me casé con ella. Y apuesto que es más fuerte que yo.

—Al parecer también sus genes son los más fuertes también. —Y eso al parecer incomodó a su acompañante porque lo volteo a ver con una mala cara

—¿Y qué más ha hecho ese mocoso? Aparte de unirse a un sindicato criminal más peligroso del universo.

—Si lo describe así si es un poco peligroso para un mocoso de ocho años…

—¿Kamui no le ha dicho su verdadera edad? —Se sorprendió de que dijeran mal la edad de su hijo.

—¿Cuántos años tiene? —Y es que, si ponía atención no sabía mucho del mocoso a su cuidado, sólo a sus padres y la fuerza que tiene.

—Acaba de cumplir diez el verano del año pasado —comentó con monótono mientras le hacía señas al camarero de que le sirviera más bebida.

—¿Cuál es su fecha de cumpleaños exacta?

—El primer día del mes de junio —respondió—, ¿qué ha hecho por el Harusame?

—Ya ha cumplido unas cuantas misiones, en una de ellas me salvó.

—Vaya, joven eso quiere decir que Kamui te estima mucho. Él es demasiado egoísta y también receloso con sus cosas. —Si se ponía a memorar sus vivencias con él pareciera que estaban describiendo a una persona completamente diferente—. Dime… Y se sincero conmigo… —Tomó el valor para preguntar bebiéndose nuevamente su bebida de un solo trago—. ¿Se ha manchado las manos de sangre?

Entendía que esa era una pregunta muy difícil, tanto de hacerla como de responderla, el padre preocupado por la inocencia de su hijo y él preocupado por no saber cómo responder ya que al parecer la verdadera respuesta le rompería el corazón además de que se lo ha de imaginar ya que tomó alcohol para agarrar fuerzas.

—Sí —respondió sin tapujo alguno y es que no se podía suavizar ese hecho, su pequeño hijo ya había acabado con varias vidas—. Cuando mencionan a su madre es cuando más violento se pone —recordó a las vendedoras heridas solo por mencionarla.

—Es un niño de mami —respondió con sorna—. ¿Ha estado en peligro de muerte?

—Sólo la vez que me salvó, de ahí en fuera he procurado que las misiones sean de acuerdo a su resistencia física, aunque aquí entre nos, su hijo tiene mejor condición que unos Yatos veteranos.

—Parece que el oficio de pirata espacial se le está dando muy bien. Aunque yo hubiese querido que estuviera lejos de los campos de batalla y tuviera algún sueldo estable. Algo como un doctor, abogado, hasta chef profesional se lo hubiera pasado. —Mientras el mayor mencionaba cada una de las profesiones que hubiera querido para su hijo por su mente pasaba el pequeño cabeza de cerilla con una bata y luego con un traje pulcro y negro, inclusive hasta el cambió el peinado en su mente para que se viera más realista.

—Su hijo cocina muy bien —dijo al recordar la vez que había cocinado para él—, aunque siento que se comería la comida que preparara.

—Sí, debió de aprender a corta edad para poder alimentarse y también a su madre y a su hermana con un padre ausente. Todo esto es mi culpa. —Nuevamente se estaba lamentando y volvió a caer sobre la barra, colocó su mano en el hombro de él para servirle de consuelo.

Volteo a ver la ventana de mera curiosidad, pero se llevó un gran susto cuando vio el Sol apunto de ocultarse.

—Umibouzu sama, lamento poner fin a nuestra reunión de esta forma, pero si me quedo mi tripulación se marchará sin mí. Agradezco que me haya invitado a tomar una copa con usted, —y es que por estar platicando no le había bebido nada—, si algún día quiere saber sobre lo que está haciendo su hijo, soy el único Abuto en el séptimo escuadrón del Harusame y se nos permite recibir cartas.

—Muchas gracias por cuidar de mi hijo Abuto san.

—Es un buen mocoso después de todo. —Sonrió para después beber lo que estaba en su vaso de un solo trago y salir corriendo de ese lugar.

Al parecer el gran cazador de bestias también era una persona muy resistente al alcohol ya que le costaba trabajo caminar, a duras penas logró subirse a la nave sin caerse.

—¡Abuto san! ¡Abuto san! —Al parecer alguien estaba muy contento de verlo—. ¿Por qué tardó tanto? Nada más iba a comprar algo de comida, ¿no? —Hasta apenas ahorita recordó que no consiguió lo que fue a buscar.

—Cállate mocoso, no cuestiones a tus mayores —dijo eso para después cerrar la puerta de su habitación con llave, necesitaba un descanso lejos de ese mocoso.

Antes de caer dormido sonrió para sí mismo, en cierta forma le hacía sentir especial que el pequeño conejo lo tratara de una forma muy diferente a él y a su verdadero padre.


N/A: Capítulo dedicado íntegramente a mi beta latigo: Rasen Rouge, que por ella es que todavía existe este fic. Me disculpo ante usted por los posibles horrores ortográficos que se puedan encontrar en la historia.

I love okikagu: tú conoces muy bien lo que yo hago por amor y nuevamente lo hice por ello. Muchas gracias por leer y comentar, espero que este cap también te parezca bello *corazón*


Melgamonster 20190403